Temas e ideas

Los temas e ideas que dan el alma de las narraciones.

 

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TEMAS E IDEAS: Por un "trocico" de cielo, por Ancrugon

 

La primera vez que encontró la imagen de la Virgen tumbada en el suelo, de espaldas, con esa expresión neutra de las figuras religiosas entre las dos aguas de la existencia, aferrando al Niño Dios como lo haría cualquier madre ante los imprevistos de la vida y con la mano derecha, la que sostiene el rosario, amputada y reposando sobre el sotobanco del altar, el pobre Javier se llevó un disgusto tremendo.

TEMAS E IDEAS: Esa línea tan delgada, por Ancrugon

 

“Vivir en un pueblo es una maravilla…” eso lo dicen aquellos que sólo vienen por verano o cuatro fechas sueltas al cabo del año, pero ¿qué sabrán ellos de las necesidades de un hombre cuando todo a su alrededor es viejo, caduco, acabado y él está en la plenitud de la vida?... Me paso la vida en el monte con mis ovejas y mis vacas, u ordeñando en el cobertizo, o acarreando la leche hasta la carretera para que la recoja el camión, o segando hierba… y los domingos, como mucho, al bar de la gasolinera a ver si hay alguna cara nueva, de mujer, claro, o al Club, que está ahí, a cuatro pasos, antes de llegar al pueblo grande.

 

TEMAS E IDEAS: Mi ventana, por Ancrugon.

 

 

Hay ventanas para mirar afuera y las hay para mirar hacia dentro. La mía es de las primeras. Ella me ha mostrado, desde mis primarios años, todo un mundo que ha ido variando en mi fantasía a medida que adquiría conocimientos sobre él. Mi ventana ha sido mi maestra y mis alas, pues por ella sé, por ella sueño y por ella deseo. 

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TEMAS E IDEAS: Mi casa, por Ancrugon.

 

 

Siempre he vivido en esta casa; en ella nací y en ella me gustaría morir, aunque a esto último sólo el destino tiene la respuesta. Mis padres, y antes que ellos mis abuelos, la habitaron y por todos los rincones, hasta en los más insospechados, puede descubrirse algo que posea el halo de mi familia. Conozco cada secreto, cada insignificante detalle de ella y puedo relatar minuciosamente los diferentes cambios que ha tenido y las distintas obras o desperfectos que ha sufrido durante mis años de vida.

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TEMAS E IDEAS: Dos apuntes sobre mí, por Ancrugon.

 

 

El primer recuerdo de mi infancia es un indio con penacho rojo que dibujé sobre un papel cuadriculado.

Junto a la ventana del comedor miraba a la tarde que caía con lentitud de pluma mientras todo se llenaba, envuelto en ese silencio suave de las cosas amables, de las sombras amigas y acogedoras de los atardeceres de otoño.

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TEMAS E IDEAS: Naufragio, por Ancrugon.

 

 

Al oír el sonido de la loza chocando contra el suelo, mi curiosidad se impuso y giré la cabeza. La taza seguía meciéndose cadenciosa mientras el plato borneaba como atracción de feria, sólo la cucharilla, brillante y plateada, se mantenía quieta y muda cargada de reproches insalvables. Pero mis ojos pronto se alejaron tras la rotundidad esbelta de unas piernas de mujer que se marchaban decididas sin mirar atrás. Un fugaz pensamiento vino a angustiarme: qué cruel ironía representaban aquellas pequeñas piezas inexplicablemente intactas cuando casi podía escucharse el derrumbe interno reflejado en el asombrado rostro del hombre sentado en aquella mesa, en cuyos labios agonizaban unas palabras que antes de ser dichas ya carecían de sentido. Y en aquel preciso instante tuve la certeza de que aquella mujer sería mía.

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TEMAS E IDEAS: Dibujos, por Ancrugon.

 

Una de mis principales distracciones, de pequeño, era dibujar sobre hojas de papel de “barba” o colorear los dibujos de los cuentos. Era algo mágico ver como mis seres y mundos imaginarios iban tomando forma sobre el horizonte blanco, y como las historias inventadas fluían y se desarrollaban al ritmo que imponía la tarde.

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TEMAS E IDEAS: Cuestión de fe, por Ancrugon

Un nuevo miedo se deslizaba pegajoso por los pliegues de mi cerebro y ese miedo surgió esa mañana, nada más tirarme de la cama, como aparece un grano en el cutis juvenil.

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TEMAS E IDEAS: Cosas cotidianas, por Ancrugon

Yo lo vi todo. Estaba en la cocina, preparando la comida, pues mi marido quiere comer siempre a las dos, ¿sabe?, y él es muy estricto en esto de los horarios, y allí, en la cocina, tengo una ventana muy grande, porque yo pienso que las habitaciones, y sobre todo las cocinas, deben tener mucha luz, eso da mucha alegría a la casa, ¿sabe? Pues bien, dio la casualidad de que yo estaba asomada en ese instante a la ventana, porque escuché algo extraño que me llamó la atención, no se vaya a creer que me paso las horas cotilleando, no, yo no soy de esas, pues yo pienso que cada uno en su casa y Dios en la de todos, ¿sabe? Pues, como le iba diciendo, cuando me asomé, lo vi, lo vi todo perfectamente. Verá, el pobre hombre salió del portal, ¿sabe?...

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TEMAS E IDEAS: Altos vuelos, por Ancrugon

El padre Andrés criaba canarios. La ventana de su habitación estaba cubierta de pequeñas jaulas que desafiaban las leyes de la gravedad y, en su interior, los diminutos cantores se retaban en combates sonoros que eran la delicia de todo el colegio.

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TEMAS E IDEAS: El cortocircuito, por Ancrugon

Las calles, como jovencitas que invitan a la tentación, visten sus trajes de lentejuelas mientras los comercios hacen brillar sus encendidos escaparates; la gente mira y sueña.

         Los semáforos muestran el rojo y todos los vehículos frenan su histérica carrera. Palmoteos insistentes en el aro de sus volantes con la mirada puesta en el color indicador de la liberación.

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TEMAS E IDEAS: Libre albedrío, por Ancrugon.

Sentado en un banco de madera, con la mirada perdida en el ramo de rosas que sostiene con las dos manos entre sus rodillas, se ve a un joven vestido con un impecable traje de chaqueta.

El bullicio de la calle aumenta a medida que desciende la luz del día y crece la de los escaparates, pero él no parece darse cuenta y sólo, de vez en cuando, mira hacia la esquina de la avenida donde, con un ritmo que ya ha llegado a percibir de tanto observarlo, un semáforo va alternando sus colores luminosos.

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TEMAS E IDEAS: Feliz cumpleaños, cariño, por Ancrugon. Junio / Julio 2014

Siempre tan coqueta, se regodeaba con la visión de su pulcra y angelical imagen reflejada en cualquier espejo o cristal donde, a su paso, se transcribiera literalmente y con fidelidad la seductora cadencia de sus pasos y la arrebatadora y hechicera presencia con que la naturaleza le regalara hacía, exactamente en aquel día, veintiún años, sin embargo, la tenaz inseguridad que le perseguía desde aquel remoto instante de aciago recuerdo en que descubrió una imperceptible protuberancia propia de la efusividad adolescente, se empeñaba en descubrir, en un enfermizo ejercicio de hipocondriaca flagelación, hasta las más agazapadas en la explosión de su fresca magnificencia, incipientes y diminutos atisbos de eventuales imperfecciones que le inquietaban como fantasmas dolorosos de un futuro insospechado aunque francamente temido, y el terror oscurecía durante unos segundos el fulgor esmeralda de su mirada de crueldad infantil y sutileza madurada; ....

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TEMAS E IDEAS: Las cosas no cambian, por Ancrugon

 

Para algunos era un tipo extraño, solitario, pensativo, melancólico, quien, cuando le preguntabas algo, parecía despertar de algún profundo sueño y te sonreía de manera bonachona e inocente, sin embargo, para la mayoría solamente era un friki, pero pocos, muy pocos, habían hablado con él más de cinco minutos seguidos y nadie supo nunca cuáles eran sus más íntimos pensamientos.

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TEMAS E IDEAS: La decisión, por Ancrugon

 

- Ya verás – le dijo el otro mientras acariciaba el borde del cenicero con su mano derecha, - a medida que pase el tiempo la cosa será peor…

Y tras un breve receso, dio un largo sorbo a su bebida. Se le notaban la incomodidad, las ganas de irse, lo forzado de la situación.

- Ahora te desesperas – continuó,- pero luego será peor. Mucho peor…

Y con la mano izquierda calentaba sin querer el whisky de su vaso. Miró sin ver alrededor del bar como buscando una escusa, una salida.

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TEMAS E IDEAS: Coincidencias, por Ancrugon

 

Al apearme del tren fui absorbido por una multitud caótica moviéndose en todas direcciones, como en un remolino de aguas turbias tras la avenida de una riada: por aquí un empujón, por allá alguien que tropezaba y yo aferrando mi maletín con fuerza y atención procurando que nada ni nadie me lo arrebatara. Por ello fui incapaz de darme cuenta, en contra de mi normal inclinación, de la presencia de una bonita y joven mujer quien, absurdamente inmóvil en un lugar donde reinaba la total actividad, buscaba con la mirada más allá del maremágnum. Sin poder evitarlo, tropecé con ella y me apresté a disculparme, sin embargo mis torpes palabras se perdieron en el azul de sus ojos que me miraron de forma neutra y ausente. Sin decir nada, reanudó su camino delante de mí, con la más gélida indiferencia, hasta perderse entre el gentío que iba y venía en un frenético deambular.

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TEMAS E IDEAS: Soledad, por Ancrugon

 

Soledad no tuvo una infancia cómoda... En realidad, podríamos decir que la niñez de Soledad no fue ni fácil ni feliz, y no porque Soledad viniese a nacer en el seno de un familia de escasos recursos… bueno, esto es un eufemismo, pues la verdad cruda y cruel es que esos recursos brillaban por su ausencia y Soledad creció con apenas lo más esencial y careció siempre de los caprichos que tenían las otras niñas y a ella le hacían brillar los ojos de envidia, pero no, lo peor no fue eso porque ella lo habría dado todo por bueno si en su vida, a pesar de lo cruel que esto pueda sonar, hubiera existido un vacío, una ausencia…, alguien hubiera dejado de existir en un momento determinado de su corta vida. El caso es que Soledad tenía una enorme sombra en su historia cotidiana que le impedía ser como el resto de las chiquillas de su edad, una agujero negro que todo lo devoraba, sobre todo la alegría y la luz, un monstruo que destruía cada segundo de su existencia como un río de lava ardiente surgiendo de un volcán fatídico, un hombre cuyo nombre le hacía temblar de terror y le infundía unos enormes deseos de salir corriendo y esconderse: su padre.

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TEMAS E IDEAS: El árbol, por Ancrugon

 

Era grande, enorme, tupido, lustroso y, cuando lo mirabas con detenimiento, daba la sensación de dominarlo todo con ese aire de indiferencia propio de las matronas del pueblo.

Seguro que sabía más de lo que callaba...

Pero para mí era un fastidio.

Ya conocía su importancia, sí: el aire de él conseguía el oxígeno, eso lo estudié de pequeño, ¿fotosíntesis, no?; también multitud de aves hacían en él sus nidos; servía de alimento tanto a hombres como a animales, y era encantador oír su voz cuando hablaba con el viento y sentir su frescura en el verano; vale, todo eso era cierto, pero no por ello dejaba de fastidiarme que en mis ratos de volar ocultase a mis ojos el horizonte.

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TEMAS E IDEAS: Padre, cuéntame un cuento, por Ancrugon

 

Era invierno, lo recuerdo muy bien.

En el hogar ardían los troncos con alegre crepitar y todos, tras la cena, nos arrimábamos a su calor formando una media luna frente a la chimenea.

Mi madre, en un extremo, zurcía camisas y remendaba pantalones apedazando culeras y rodilleras que nosotros no tardaríamos en volver a destrozar; a su lado, mi hermano repasaba las lecciones en sus libros o participaba en las aventuras de sus héroes de tebeo preferidos; luego estaba yo, sentado siempre con el gato sobre mis piernas y absorto y fascinado por la danza irrepetible de las llamas; en el otro extremo de este cuarto creciente familiar se sentaba mi padre, quien leía alguna novela de Marcial Lafuente Estefanía atizando, de vez en cuando, la lumbre para que no decayera su energía y, envolviéndonos en un arrullo acogedor, las voces de la radio se adueñaban de la pequeña estancia de la cocina. Fuera, el viento soplaba y la lluvia caía con su repiqueteo en las calles encharcadas y cubiertas de barro...

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Cerrar los ojos

Ancrugon – Junio 2013

 

 

         Fermín tenía, lo que se dice, un verdadero problema: no podía dormir. Pero no era el suyo un insomnio provocado por las preocupaciones ni a causa de algún remordimiento de conciencia, no, lo suyo venía de lejos, de cuando era niño y se pasaba las noches enteras delante del televisor o jugando por la casa, con las consiguientes molestias al sueño del resto de la familia. Y no se crea nadie que el hecho de estar despierto casi siempre – porque, a decir verdad, alguna vez entraba en una especie de sopor parecido al dormir – le afectaba en el rendimiento del día siguiente, ¡qué va!, ¡todo lo contrario!, pues parecía infatigable, lo que se dice un todo terreno, y siempre estaba dispuesto a llevarse trabajo a casa. Incluso de jovencito, al tener más tiempo disponible, se cansaba de hacer el vago y, al final, se decidía a dedicar algún rato a los estudios, por lo que se podría afirmar que llegó a ser un buen estudiante. Tampoco se le veía ausente ni cansado, no, sólo sus siempre rojizos ojos delataban que algo no era normal. Sus padres, preocupados, le llevaron a todos los médicos, curanderos y brujos de los que tuvieron conocimiento y el pobre Fermín probó de la infinidad de fármacos, pócimas y conjuros que le recetaron, pero todo fue en vano.

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El accidente

Ancrugon – Mayo 2013

 

Al oír el frenazo, la gente tuvo la certeza de que algo grave ocurría y hasta el viento quiso detenerse, pues juro que vi una hoja cabalgar sobre sus lomos suspendida en la ingravidez. Luego vino el golpe seco y un grito de mujer que desde la acera había sido espectadora privilegiada, y la hoja se precipitó bruscamente sobre el asfalto sucio de la calle. Todo en décimas de segundo, todo en nada, como ocurren las cosas que suelen cambiar el rumbo del mundo. Pronto una multitud de curiosos rodeó la furgoneta de transporte azul marino con unas enormes letras nevadas en sus laterales: “Pescados Marimar”, decían aquellas gélidas grafías, tortura cruel para una tórrida mañana de julio. El conductor, un hombre regordete y con cara de buena persona, gesticulaba asustado y nervioso; sobre su camisa blanca destacaban enormes manchas de sudor, el mismo que manaba de su pelo hirsuto volviéndose un Niágara sobre su frente. “¡Dios mío! ¡Dios mío!” – repetía sin cesar llevándose las manos de la cabeza a la cara y de la cara al corazón y de nuevo a la cabeza para volver a comenzar. Dos policías llegaron en el acto, impecables, distantes e implacables, como si hubiesen estado escondidos tras la esquina a la espera de que algo sucediera. “¡Desalojen! ¡Desalojen!” - sus voces eran monótonas y profesionales. El hombre sudoroso se echó a llorar al darse cuenta de su llegada. “¡No lo vi! ¡Les juro que no lo he visto!” - sus manos sudaban tanto como sus axilas aunque algo menos que su frente. “¡Se me ha echado encima de pronto!”- balbuceaba en un océano de sudor y ahogado por la angustia.

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Mi primer tren

Ancrugon – Abril 2013

 

 

Mi padre, como tantos otros españoles en la década de los sesenta, viajo más allá de los Pirineos en busca de un trabajo que en su tierra no hallaba. Él lo encontró en el sur de Francia y en aquello que mejor sabía hacer: el campo. Allí estuvo un tiempo separado de su familia, mientras nosotros, en nuestro pueblo lleno de luz mediterránea, esperábamos sus cartas y su dinero. Mi recuerdo de aquella época no es el de una ausencia, no, pues mi madre se encargaba diariamente de hacer real la presencia del padre, contándonos los cuentos que él siempre nos contaba, relatándonos anécdotas que le ocurrieron a él en su juventud, creando una lista de castigos o premios que se le comunicarían a su regreso, escribiéndole unas largas cartas semanales que, con escasas variaciones, eran siempre iguales, pidiendo por él en nuestras oraciones de cada noche, e, incluso, buscando en la radio emisoras francesas que no entendíamos pero que tenían la facultad de acercarnos un poco más.

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El viejo novelista

Ancrugon – Marzo 2012

 

 

- ¡Hola, Miguel! – Éste desvió su mirada del televisor en el que seguía un partido de fútbol sin demasiado entusiasmo.

- ¡Hombre, Rubén, cuánto tiempo! – Y se incorporó sobre la barra para darme la mano. - ¿Qué es de tu vida?

- Pues mira, aquí estamos… - Me regaló una agradable sonrisa esperando algo más de mí. – Acabo de recibir una buena noticia… - continué - y me he dicho que no estaría de más pasar por aquí para celebrarlo.

- ¡Mira qué bien!... ¡Hoy en día no es muy normal recibir buenas noticias!... – Cogió dos vasos de chupito y comenzó a llenarlos. – Pues nada, vamos a brindar por ello… Invita la casa…

- No, no – me apresuré. – Quiero invitarte yo…

- ¿Y eso…?

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Sin palabras

Ancrugon – Febrero 2013

 

 

- A ver, a ver… Quiero que me expliques lo que acaba de ocurrir.

         Cuando mi mujer me mira de esa forma y me habla en ese tono tan tajante, yo sólo tengo ganas de salir corriendo…

- No sé a lo que te refieres, cariño… - intento escabullirme.

- ¿Cómo?... – Se detiene en medio de la calle y ambas, ella, dura, implacable, intransigente, y mi pequeña, confundida e intrigada, me clavan sus dos pares de bellos ojos aguamarina. - ¿Cómo que no sabes a lo que me refiero? – trago saliva… ¡Y es que no escarmiento! - ¿Qué es lo que ha pasado entre esa mujer que acabamos de ver y tú?

 

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El peso de las ausencias

Ancrugon - Diciembre 2012

 

 

Pensar y pensar…, siempre divagando por esos caminos misteriosos donde se agazapan imágenes irreales e idealizadas que se escapan como muchachas vergonzosas al sorprenderlas. ¿Y para qué?... ¿Y por qué no?... ¿Y por qué por qué?...



 En el cielo, seguramente, seguirán flotando las estrellas, pero no se ven… durante el día no se ven, ¿no lo sabías? ¡Todo es azul, muy azul, azul!...

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En la distancia

Ancrugon – Diciembre 2012

 

 

A nuestra llegada al poblado, el caos era sobrecogedor. Las mujeres corrían de un lado para otro gritando frases incomprensibles y levantando los brazos como implorando a la clemencia divina; los niños lloraban casi en silencio, escondidos tras de cualquier objeto o planta capaz de cobijarlos; los ancianos, de ambos sexos, dejaban escapar un sinfín de improperios contra esos seres incomprensibles que mataban porque sí, y los hombres, jóvenes o maduros, las muchachas o muchachos no decían nada… simplemente estaban muertos…

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En la impotencia

Ancrugon. - Noviembre 2012

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En la obsesión

Ancrugon - Octubre 2012

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En la derrota

Ancrugon - Septiembre 2012

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En el desdén

Ancrugon - Julio y Agosto 2012

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En la esperanza

Ancrugon – Junio 2012

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En la soledad

Ancrugon – Mayo 2012

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En la sabiduría

Ancrugon – Abril 2012

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En la noche

Ancrugon – Marzo 2012

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en las palabras

Ancrugon - Febrero 2012

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El final del laberinto

Ancrugon - Enero 2012

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TEMAS E IDEAS: Espejismos, por Ancrugon

 

Con toda seguridad, no seré nada original comparando la vida a un desierto por donde los seres humanos deambulamos en busca de nuestros pequeños oasis de felicidad, pero esta es la imagen con la que mejor sé definir la absoluta soledad del ser a lo largo de su paso por la existencia… ¡Jo!... Apareció mi vena trascendental…

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TEMAS E IDEAS: Contar estrellas, por Ancrugon

 

En el escenario solamente hay un taburete en la parte izquierda. El fondo es un telón. Los personajes que aparecen son: un hombre joven, vestido con un traje de chaqueta usado, sentado en el suelo; otro, más mayor, con bata blanca de doctor, leyendo unos papeles, sentado en el taburete; tres personas vestidas de flores, con un maillot verde y grandes pétalos de colores rodeándoles la cabeza, charlando al fondo, y otras tres, con botas, capas azules y coronas de cartón, dispersas por allí y sin hablar con nadie.

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TEMAS E IDEAS: Esas pequeñas cosas, por Ancrugon

 

Querida Nostalgia:

 

Ya sé que tu misión es la que es, ya sé que tú nos torturas sin ninguna intención maligna, que no te regodeas en nuestros sufrimientos por todo lo perdido, que no te solazas en nuestra añoranza de tiempos mejores, que no lo haces por pura maldad… sino que simplemente eres así…

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TEMAS E IDEAS:  Balada de otoño, por Ancrugon

 

Las notas del piano brotan del salpicadero y se desparraman por todo el coche llenándolo de nostalgias...

 

Llueve...

 

Serrat conduce con su voz grave y segura hacia una realidad pretérita de pequeños momentos, de diminutas vivencias.

- ¡Oh! ¡"Balada de otoño"!... ¿Recuerdas?

La pregunta de Ella es retórica, no necesita respuesta...

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TEMAS E IDEAS: Una de fantasmas, por Ancrugon

 

Dicen que los fantasmas no existen, que de hecho, esa misma palabra significa vacío e inexistencia, pero a lo largo de la vida encontramos situaciones y personajes que desmienten esta afirmación…

La propia fantasía es una inagotable fábrica de imágenes que pululan por nuestra mente y por nuestros recuerdos y, en ocasiones, estas impresiones son tan vivas, que se podría jurar haber palpado su materialidad. Sin embargo, sólo son pequeños engaños de nuestros juicios que juegan a ser duendes traviesos para hacernos perder el sentido de la certidumbre… ¿Pero, qué es realidad?...

TEMAS E IDEAS: Vivo sin vivir en mí, por Ancrugon

 

Vivo sin vivir en mí… Santa Teresa de Jesús y San Juan de La Cruz, como buenos amigos, coincidieron en la misma definición del tema que nos ocupa. Y es que los místicos sólo tenían un pensamiento en sus cabezas y empeñaban sus vidas en lograrlo… Pero no sólo a ellos les consumía esa fijación, pues la obsesión es algo tan común entre los humanos como respirar…

TEMAS E IDEAS: El mundo en tus manos, por Ancrugon

 

“Llegamos sin pedirlo… y nos cargan de obligaciones…

Las cosas no funcionan… jamás funcionaron…, pero, desde siempre, el ser humano se ha estado engañando. ¿Por qué?...

El secreto está en el limbo de los justos y nadie sabe como alcanzarlo… ¡Qué triste!...

Pero los grandes nombres nos prometen que ellos tienen la solución… Daría risa sino diera tanta pena…

TEMAS E IDEAS: La voz interior, por Ancrugon

 

¿Cuántas veces deberíamos parar nuestro frenético mundo y quedarnos simplemente en silencio para escuchar esa voz interior que ignoramos ya por sistema?... Está ahí, dentro de nosotros y, por ello mismo, somos indiferentes a sus consejos y a sus ideas. Forma parte indivisible de nuestra personalidad, porque realmente esta basada en la misma materia que ha nos ha creado a nosotros, pero con una diferencia notable, en la mayor parte de las ocasiones surge de nuestro razonamiento…

TEMAS E IDEAS: Al otro lado del espejo, por Ancrugon

 

Hace ya muchos años que Juan Luis Vives dijo: “No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.” En este segundo número de “El volumen de una sombra” vamos a unir espejos y palabras, partes ocultas y sombras claras, donde encontrarnos a nosotros mismos o, por lo menos, una nueva imagen que descubra esa parte de nosotros silenciosa y agazapada, pero que de vez en cuando aflora a la superficie. No hay que temer el hecho de conocernos…

TEMAS E IDEAS: La página en blanco, por Ancrugon

 

La página en blanco es un comienzo, el primer paso, la superficie sobre la que resbalan las ideas como en una pista de hielo y las palabras se niegan a aparecer, escondiéndose en los pliegues más recónditos de la memoria… Hay quien la odia o la teme, a muchos les horroriza sus horizontes indefinidos e infinitos, porque la página en blanco es un camino al que no se le conoce el final… una puerta abierta a lo desconocido…

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Diciembre 17 del 2017 - Salón de los Jubilados, Castellnovo

36º Libro propuesto:

"Historia de un canalla",

de Julia Navarro

Ya está disponible el comentario del poema:

"Hombres necios que acusáis", de Sor Juana Inés de la Cruz

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CUARTA TEMPORADA: FEBRERO 2014 - ENERO 2015

QUINTA TEMPORADA: FEBRERO 2015 - ENERO 2016

SEXTA TEMPORADA:   FEBRERO 2016 - ENERO 2017

SÉPTIMA TEMPORADA:   FEBRERO 2017 - ENERO 2018

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