Mezclando colores:

Yayoi Kusama: el trauma llevado al arte. .

Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón. Su infancia fue bastante traumática, lo que le causó desequilibrios mentales que le acompañarían toda la vida y cuyas obsesiones y alucinaciones sabría emplear para sus creaciones artísticas en diversas disciplinas, ello la convertiría en una joven artista plena de creatividad inmersa en una cultura japonesa todavía bastante tradicional, aunque posteriormente continuaría su carrera en la escena de Nueva York. Actualmente, Kusama sigue reinando como una de las artistas contemporáneas más singulares y famosas desde su retiro voluntario de un hospital psiquiátrico.

Un trabajo de… 

Kusama era la menor de cuatro hermanos dentro de una familia desestructurada, pues sus padres se casaron mediante un arreglo y sin amor. Su padre, bastante mujeriego, no estaba casi nunca en el hogar y la madre enviaba a Kusama como espía de las hazañas sexuales de su marido, lo que le provocó a la niña una aversión al sexo y al cuerpo masculino. A la edad de diez años comenzó a experimentar alucinaciones consistentes en flores que la hablaban y telas que la consumían, pero ella encontró una especie de salida dibujando estas visiones lo que le proporcionó cierto control sobre la ansiedad que la atormentaba. Las visiones de flores sería una constante en su vida, como ella misma aseguró: "un día estaba mirando los patrones de flores rojas del mantel sobre una mesa, y cuando miré hacia arriba vi el mismo patrón que cubría el techo, las ventanas y las paredes, y finalmente en toda la habitación, mi cuerpo y el universo. Sentí como si hubiera comenzado a autodestruirme, a girar en la infinidad del tiempo infinito y lo absoluto del espacio, y a ser reducida a la nada".

 

La Segunda Guerra Mundial estalló cuando solo tenía trece años y Kusama fue enviada a trabajar en una fábrica militar cosiendo paracaídas, y allí, en la oscuridad de aquella fábrica, teniendo como fondo el sonido de las sirenas antiaéreas y los motores de los aviones, pasó su adolescencia. De aquellas experiencias surgió su afán por postularse contra las guerras y a valorar la libertad individual y creativa, sin olvidar que su habilidad adquirida para coser le fue muy útil cuando comenzó a crear sus esculturas blandas en la década de 1960.

 

A pesar de que su madre la educó para ser una ama de casa sumisa y obediente, Kusama se rebeló contra ello y estudió arte en Masumoto y Kioto. Aquella fue una época de rechazo a las influencias culturales de occidente, por lo que sus primeros estudios fueron dirigidos hacia las técnicas y materiales de la tradición japonesa, el Nihonga, en el que se distinguió por su gran talento artístico que le llevó a montar diversas exposiciones por todo Japón. Sin embargo, Kusama no tardó en huir de las opresiones de aquella sofocante tradición milenaria y de los abusos de su madre, marchándose a los Estados Unidos cuando tenía veintinueve años y estableciéndose en Nueva York. En una entrevista realizada años más tarde, la propia Kusama declaró: "Para un arte como el mío, Japón era demasiado pequeño, demasiado servil, demasiado feudal y demasiado desdeñoso con las mujeres. Mi arte necesitaba una libertad más ilimitada y un mundo más amplio".

Cuando Kusama se mudó a los Estados Unidos, las primeras obras que exhibió fueron sus acuarelas realizadas sobre papel que mostraban la rebeldía de la artista hacia las técnicas tradicionales japonesas. En esta pintura, La mujer, surge la capacidad de abstracción de Kusama, tanto tiempo atenazada. La acuarela representa una forma reminiscente de los genitales femeninos con púas rojas que la rodean y puntos sutiles en el centro flotando sobre un oscuro abismo, lo que le confiere a este trabajo una cierta agresividad y misterio que, posiblemente, evoca su ansiedad hacia el sexo.

Ya libre de explorar su expresión artística, con la ayuda de Georgia O’Keeffe pudo llevar a cabo exposiciones y algunas ventas en América, siendo uno de sus primeros clientes Donald Judd, quien adquirió una de sus primeras pinturas de Infinity Net. Esta serie marca el comienzo de un cambio radical en su trabajo de las formas abstractas y biomórficas de su juventud a las obras más obsesivas y repetitivas que definirían su carrera y le ayudarían a procesar su enfermedad mental, como podemos comprobar a través de sus propias palabras: "Con un solo lunar, no se puede lograr nada. En el universo, está el sol, la luna, la tierra y cientos de millones de estrellas. Todos nosotros vivimos en el misterio insondable y la infinitud del universo. Perseguir la filosofía del universo a través del arte en tales circunstancias me ha llevado a lo que yo llamo repetición estereotipada". Nº F es una de las primeras obras de Kusama de la serie. Desde la distancia, la pintura parece delicada y monocromática, pero cuando se ve de cerca, las complejidades de la superficie del lienzo se hacen evidentes. Como explica Kusama, "sin principio, fin o centro. Todo el lienzo estaría ocupado por una red monocromática. Esta repetición interminable causó una especie de sensación de mareo, vacío e hipnótico". Este sentimiento hipnótico se traduce además al espectador, ya que es invitado a la mente del artista. Iniciada a fines de la década de 1950, la serie coincidió con el traslado de Kusama de su tierra natal a Nueva York, donde encontró la libertad artística que necesitaba para expandirse.

 

Otro artista que también cayó bajo la influencia de Kusama fue Joseph Cornell, quien le escribía cartas de amor y la dibujaba desnuda, aunque compartía con ella su aversión al sexo, por lo que sus relaciones fueron meramente platónicas. Durante este tiempo, Kusama abrazó con entusiasmo la cultura hippie hedonista y participaba en protestas contra la guerra, el patriarcado y la sociedad capitalista, todo ello, junto con sus propias ansiedades, le llevaron a crear un arte innovador y profundamente personal que le condujo a la fama. Su producción fue muy prolífica y diversa: dibujo, pintura, escultura, perfomance, moda, escritura e instalación. A la muerte de Cornell, en 1972, Kusama comenzó a crear collages en su honor y para hacer frente a su ausencia. Pero tras el fallecimiento de su amigo, las muchas horas de trabajo y los problemas financieros le pasaron factura en la salud, tanto física, como mental, por lo que decidió regresar a Japón en busca de un tratamiento y allí se centró en la escritura surrealista y la creación de una línea de ropa de vanguardia. En 1977, tras ser diagnosticada con neurosis obsesivo-compulsiva, Kusama se autointernó en el Hospital Mental Seiwa, donde ha estado viviendo desde entonces.

 

De todo este periodo que hemos comentado anteriormente podemos extraer, como ejemplo, los siguientes trabajos:

Accumulation Nº1 es el primero de la icónica serie Accumulations de Kusama, en la que transforma muebles encontrados en objetos sexualizados. La obra consiste en un solo sillón abandonado pintado de blanco y completamente cubierto con protuberancias fálicas suaves y rellenas, mientras que el fleco rodea la base de la escultura. La pieza es agresiva y humorística al mismo tiempo, expresando su ambición de supremacía sobre los hombres y sobre la sexualidad mediante la utilización del falo que le hace abandonar el papel pasivo femenino. "El sillón densamente cubierto de falos fue mi trabajo psicosomático realizado cuando tenía miedo a la visión sexual", dijo la propia artista.

En esta otra pieza, Obsesión sexual, Kusama representa de nuevo sus patrones familiares, por lo que aparece totalmente desnuda sobre otro mueble cargado de insinuaciones fálicas, rodeada de macarrones y cubierta su piel con diversos lunares de colores, con lo que intentaba subvertir su propia incomodidad e, incluso, dominarla. Esta osada representación la posiciona dentro del movimiento artístico feminista de aquella época.

Su primera experiencia en el arte de perfomance fue con Jardín Narciso, de 1966, extendiendo 1500 globos plateados sobre el césped que rodeaba el pabellón italiano de la Trigésimo tercera Bienal de Arte en Japón, a la cual no fue invitada. Estos globos espejados formaban un campo reflectante infinito que distorsionaba la realidad y donde los espectadores, al igual que le ocurrió al mítico Narciso, se enfrentaban a su propia vanidad viendo sus rostros grotescamente deformados sobre la superficie de los globos. La propia artista, vestida con un kimono rojo, vendía los globos al público a dos dólares la unidad y repartía folletos publicitarios sobre sus obras, algo que llevó de cabeza a los organizadores de la Bienal.

La primera de estas explosiones anatómicas fue llevada a cabo como protesta por la Guerra de Vietnam y consistía en un grupo de artistas bailando, sin ropa alguna, al ritmo de bongos, mientras Kusama, la sacerdotisa, pintaba puntos azules sobre sus cuerpos desnudos. Al mismo tiempo, envió Una carta abierta a mi héroe, Richard M. Nixon, donde decía: “Nuestra tierra es como un pequeño lunar, entre millones de otros cuerpos celestes, un orbe lleno de odio y lucha en medio de las esferas pacíficas y silenciosas. Vamos a que tú y yo cambiemos todo eso y hagamos de este mundo un nuevo Jardín del Edén… No se puede erradicar la violencia usando más violencia”.

Tras su regreso a Japón, Kusama fue casi olvidada por el público occidental, sin embargo, en 1993, fue elegida por Japón como su representante en la 45ª Bienal de Arte de Venecia donde expuso la aclamada instalación de sus Infinity Mirror Rooms que contenía una enorme cantidad de calabazas punteadas, la cual, junto con sus actuaciones, hizo que se renovara el interés por la artista quien se dejaba fotografiar vestida con su característica peluca roja y sus prendas diseñadas por ella misma, así como el aprecio por sus trabajos.

De sus últimas creaciones destacaremos:

Esta representación de una cucurbitácea fue de las primeras incursiones de Kusama en la escultura al aire libre, diseñada para el Sitio de Arte Benesse en la isla de Naoshima en Japón. Esta gigantesca escultura tiene la forma bulbosa y orgánica de una calabaza natural, pintada de amarillo con filas de puntos negros alrededor de ella. Esta obra representa un cambio desde sus trabajos anteriores agresivos política y socialmente, retornando, hasta cierto punto, a la cultura tradicional japonesa y a un reconocimiento de propia identidad: “La primera vez que vi una calabaza fue cuando estaba en la escuela primaria y fui con mi abuelo a visitar un gran lugar de cosecha de semillas… Parece que las calabazas no inspiran mucho respeto, pero me atrajo su forma encantadora”.

Obliteration Room comienza como un lienzo en blanco. Configurado para parecerse al interior de un ambiente doméstico, las paredes, el techo, el piso, los muebles y las pequeñas chucherías están pintados de blanco estéril. A los visitantes de la sala se les entrega una hoja de pegatinas redondas de varias formas y tamaños determinados por Kusama, y se les invita a pegarlas a cualquier superficie de la habitación. Finalmente, la habitación prístina junto con los muebles es borrada por una explosión de puntos coloridos.

Kusama comenzó su serie Infinity Mirror Room en la década de 1960, y hasta ahora ha creado más de veinte habitaciones distintas. Cada habitación Infinity Mirror consiste en un espacio oscuro similar a una cámara completamente forrada con espejos y llena de diversos objetos: calabazas, falos, linternas... Esta habitación en particular consta de pequeñas luces LED colgadas del techo y parpadeando en un patrón rítmico creando lunares electrónicos pulsantes. Las luces se reflejan en los espejos creando la ilusión de un espacio infinito. Solo un visitante a la vez puede experimentar la instalación con ese visitante singular convirtiéndose en parte integral de la obra, ya que su cuerpo activa el entorno una vez en la habitación. Este espacio tranquilo y meditativo es una reflexión sobre la vida y la inevitabilidad de la muerte, temas que han fascinado a Kusama desde que era pequeña.

Los trabajos de Kusama, a pesar de resultar bastante personales y ser un refugio de su enfermedad mental, inspiraron a muchos artistas del periodo Pop, como Warhol, Schneemann o Yoko Ono, e incluso a contemporáneos como Damien Hirst. Sin embargo, su arte no encaja con ningún movimiento definido y se podría afirmar que su espíritu de vanguardia ha sido siempre muy independiente.

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