Mezclando colores:

Raoul Dufy y el optimismo

 Por encima de todo, es una sensación de pura alegría de la vida lo que transmite Raoul Dufy: en su estilo, en sus colores radiantes, en sus temas y en su capacidad para impartir deleite sensual al espectador. (Werner Alfred. 1973)

Un trabajo de… 

Raoul Dufi, Autorretrato (1901)

Raoul Dufy nació en Le Havre, Francia, el 3 de junio de 1977. A los veintitrés años, marchó a París para estudiar en la Escuela de Bellas Artes, realizando sus primeros trabajos en un estilo impresionista, sin embargo, ya en 1905, comenzó a dejarse influenciar por el movimiento fauvista empleando pinceladas más amplias y colores más brillantes, aunque, tras visitar una exposición de Paul Cézanne, adoptó temporalmente colores más tenues y composiciones estructuradas.

También, durante un breve periodo, trabajó con Braque y Friesz, por lo que se internó en la experiencia cubista, pero pronto volvería a su estilo fauvista que le daría fama internacional. Antes de dedicarse por entero a la pintura, experimentó con éxito en otros medios, como la xilografía, ilustrando el bestiario de Guillaume Apollinaire, creando diseños para una empresa textil o para cerámicas y tapices, mas para los primeros años de la década de los veinte del pasado siglo ya comenzó a producir sus obras más conocidas en el estilo propio que le caracterizaría: colores brillantes extendidos ligeramente sobre un fondo blanco, con objetos esquemáticos perfilados por líneas onduladas y sensuales recreando escenas lúdicas y festivas de la vida cotidiana: regatas, conciertos, desfiles o carreras de caballos. De su tiempo pasado en la Costa Azul se conserva una serie de pinturas de algunos lugares emblemáticos. Siguió trabajando como ilustrador y grabador creando litografías realmente caprichosas. Dufy llegó a ser bastante popular, aunque también muy criticado por otras personas por su forma despreocupada, alegre y, a la vez, elegante de hacer su trabajo. Falleció en Forclaquier el 23 de marzo de 1953.

Hasta aquí una biografía breve de Raoul Dufy, pero podemos internarnos y ampliar algo más sobre sus influencias, los recovecos de su arte, las controversias de su estilo, por ejemplo, cuando se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de París, él estaba realmente interesado por los pintores impresionistas como Manet, Monet o Pissarro, además de algunos posimpresionistas tales que Toulouse-Lautrec o Van Gogh, y muy poco en los pintores académicos, de hecho, en 1903, tuvo su propia exposición en el Salón de los Independientes, sin embargo, tres años más tarde ya estaba militando en las filas del fauvismo ganado para la causa por los trabajos de Henri Matisse, aunque su personalidad artística todavía no estaba realmente formada, pues, al poco tiempo, como ya hemos mencionado anteriormente, se dejó llevar por el estilo de Cézanne y, posteriormente, cuando trabajaba con Georges Braque, se interesó por el cubismo, pero no quedó ahí su vuelo errático cual mariposa de flor en flor de la expresión artística, pues en su viaje a Munich de 1909, Dufy descubrió las maravillosas posibilidades del expresionismo para el grabado, lo que le llevó a ilustrar algunos libros de su amigo Apollinaire, pero luego, Paul Poiret le mostró el camino hacia la moda y los diseños textiles, diseñando telas nada menos que para la empresa líder del momento, Bianchini-Ferrier. Y sin darse cuenta, ese mismo camino que lo alejó del fauvismo, lo fue acercando al mismo, sobre todo cuando se abrió paso en el mundillo del diseño de interiores, recibiendo importantes encargos para revestir desde salones palaciegos hasta los barcos de Paul Poriet, lo que, con tanto ajetreo no era extraño que llegase a desear una vida más tranquila y decidió viajar con más asiduidad y a pintar aquellas escenas que veía en sus escapadas, sobre todo, a lo largo de las costas francesas. Esta fue, posiblemente, la época de maduración en el estilo de Dufy, aunque también exploró nuevos medios, como la pintura al óleo con aceites preparados especialmente para él. Llegado ya a la vejez se volvió algo más austero realizando trabajos en un solo tono. Un año antes de morir fue galardonado con el Gran Premio Internacional en la vigésima sexta Bienal de Venecia.

Dufy no pintaba imágenes tristes, por el contrario, expresó, con bastante estilo e ingenio, los aspectos optimistas de los alegres años 20 del siglo pasado, ayudado por el estilo puramente fauvista en la liberación del color y la línea de sus funciones miméticas. Pero antes de seguir, sería conveniente explicar en qué consiste el Fauvismo:

Henri Matisse, Fauvismo

El Fauvismo surgió a principios de la década de los años 20 del pasado siglo, inspirado, inicialmente, en Vicent van Gogh, Paul Gauguin, Georges Seurat y Paul Cézanne, por lo que fue un movimiento puramente francés liderado por Henri Matisse y que fueron los precursores del cubismo y el expresionismo. Los fauvistas (bestias salvajes) se caracterizaban por su empeño en liberar al color de su finalidad descriptiva y representativa, permitiéndole existir en la pintura como un elemento independiente, proyectando un estado de ánimo o estableciendo, dentro de la obra, una estructura propia sin necesidad de ser fiel al mundo real. Así mismo, el equilibrio general de la composición era algo bastante importante para ellos, simplificando las formas y utilizando colores saturados, lo que permitía a cada elemento jugar su papel dentro del espacio pictórico. Por último, los fauvistas valoraban la expresión individual, la experiencia directa de cada artista, sus respuestas emocionales y sus intuiciones.

Por su parte, Dufy llegó plenamente a Fauvismo después de 1905 buscando una estética decorativa, como demuestran sus líneas no naturalistas y sí expresivas, espontáneas y colores intensos, algo que fue importante para su trabajo como diseñador textil, creando coloridas telas de seda y algodón estampadas con los motivos exóticos del Art Deco.

Ya hemos utilizado varias obras de Raoul Dufy en nuestro artículo PENSAMIENTOS: Sobre el optimismo publicado en este mismo número, que seguidamente os ofrecemos en un visor, pero, además, vamos a analizar unas pocas que nos sirvan para ampliar nuestro conocimiento sobre el autor y su trabajo.

FETE A SAINTE-ADRESSE (1906)

Este es un trabajo temprano en la carrera de Dufy, donde ya va incorporando la gama de colores que tanto le caracterizaría en el futuro. En esta obra se representa una multitud de turistas vagando por el paseo marítimo, con una vista amplia de la playa y los edificios de Sainte-Adresse al fondo. Está realizada en óleo sobre lienzo, con unas dimensiones de 63,5 x 79,4 cm., y pertenece a una colección privada.

LA FOIRE AUX OIGNONS (1907)

Este óleo sobre lienzo, con unas dimensiones de 88 x 115 cm., perteneciente a una colección privada, representa una escena del mercado bretón, algo bastante raro en aquella época para Dufy, quien parecía más interesado en escenas de playa o de celebraciones, sin embargo, aquí le presta atención a las actividades cotidianas de los campesinos, con la exuberancia e imaginación del momento más alto del fauvismo.

LA REGATA (1910)

El tema de la costa, con los paseos por la playa, el mar y la navegación a vela, es bastante recurrente en la obra de Dufy. En esta pintura, en primer plano, aparece un grupo de espectadores: hombres, mujeres y dos niños, vestidos bastante formal, solo uno lleva un traje de baño morado, con ropas de lino y sombreros de paja. Todos miran hacia el mar, donde se ven algunos pequeños veleros y varias barcas con remeros, además de las banderas francesas ondeando con la brisa. Como podréis comprobar, las pinceladas son amplias, los contornos bien definidos y los colores palpitantes. Dufy no quiso representar la realidad objetivamente, sino, más bien, realizó un juego imaginativo y una experimentación con las líneas y el color. Esta pintura se encuentra en el Museo de Brooklyn, Estados Unidos, y mide 54 x 65,2 cm.

EL COSECHADOR (1912)

Aquí tenemos un ejemplo de sus famosos diseños textiles, cuyo tema se repetía sobre la tela hasta cubrirla por completo. Todos los motivos estaban realizados en colores vivos sobre telas de algodón o seda estampadas en bloques y que eran utilizadas por famosos creadores de la alta costura. Aunque en este caso Dufy dibujó a un campesino montado sobre una máquina cosechadora en pleno trabajo entre gavillas de trigo, sus motivos eran muy variados, como pájaros y otros animales, plantas o, incluso, estructuras abstractas. Este diseño está realizado sobre lino y fue fabricado por Atuyer, Bianchini y Férier.

VENTANA ABIERTA EN SAINT-JEANNET (1927)

Dufy, en sus viajes por el Sur de Francia, pintó varios cuadros de ventanas abiertas en diversos lugares, en este caso se trata del pueblo de Saint-Jeannet, cercano a Vence, en los Alpes Marítimos, donde el artista pintó más de una veintena de cuadros, entre acuarelas y óleos, en este caso se trata de una obra realizada en gouache sobre papel, con unas dimensiones de 65,6 x 50,7 cm. Esta pintura fue una donación de la familia Kessler, en 1983, a la Galería Nacional de Arte Británico y Arte Moderno, más conocida como Tate, en Inglaterra.

NIZA, EL VIEJO CASTILLO (1927)

En este cuadro ya se nota la evolución de Dufy hacia su arte propio, una forma de hacer que fue bastante criticada en su época por su supuesta despreocupación que transmiten sus obras de contornos sueltos utilizados simplemente para delimitar las formas y unos colores disueltos, como lavados, que captan con precisión el momento crepuscular en la Bahía des Anges, donde destaca el resplandeciente casino y las elegantes siluetas de las personas paseando por una ribera sensual. Esta pintura pertenece a una colección privada en Suiza y está realizada en óleo sobre un lienzo de 60 x 73 cm.

EL CAMPO DE TRIGO (1929)

Esta es una pintura donde destaca la nostalgia, pues esta escena de los campos normandos, con el trigo dorado segado por un tiro de caballos y el cielo intensamente azul hacia el que huyen dos pájaros asustados, evoca la cálida vida rural en una Francia que se está industrializando y donde la gente abandona sus pueblos para vivir en las ciudades. Para hacer más patente este punto nostálgico, Dufy utilizó el color intenso en pinceladas enérgicas de sus primeros tiempos. Realizada al óleo sobre lienzo de 130 x 162 cm., este cuadro fue donado por la familia Kessler, en 1983, a la Galería Nacional de Arte Británico y Arte Moderno, más conocida como Tate, en Inglaterra.

LA FAMILIA KESSLER A CABALLO (1932)

Este enorme cuadro (219,5 x 267,3 cm) fue un encargo de la familia Kessler, en el que aparecen el señor y la señora Kessler y sus cinco hijas, todos a caballo. Realizado con pintura al óleo en varias capas sobre un lienzo de lino imprimado con plomo blanco, en colores de alto tono y bastante opaco, en este caso, perfiladas todas las figuras por una línea flotante que las delimita perfectamente. La familia lo legó, en 1983, a la Galería Nacional de Arte Británico y Arte Moderno, más conocida como Tate, en Inglaterra.

EL HADA DE LA ELECTRICIDAD (1937)

Este enorme mural, una de las obras más grandes jamás hecha por algún artista, fue un encargo de la Compagnie Parisienne de Distribution d’Électricitê con la finalidad de decorar las paredes curvas del Pabellón de L’Eletricitè et de la Lumiere instalado en la Feria Mundial de París en 1937. Aunque la composición del mismo está dividida en dos temas principales: por un lado, la historia de la electricidad y, por el otro, las aplicaciones de la misma, está basada en un personaje de un poema de Lucrecio, el Hada Eléctrica, titulado Sobre la naturaleza de las cosas, y en él aparecen retratados más de cien científicos y pensadores que contribuyeron al desarrollo de la electricidad. En él se destaca el impactante contraste entre colores cálidos y fríos. Para dibujarlo a esa escala tan grande, Dufy realizaba primero unos bocetos que posteriormente, sus ayudantes proyectaban sobre el soporte del mural, donde era fielmente reproducido. Esta obra monumental se encuentra expuesta en el Musée de l’Art Moderne de la Ville de Paris y está realizado sobre madera contrachapada.

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