Mezclando colores:

Tamara de Lempicka: en busca de un nuevo estilo.

“Vivo la vida en los márgenes de la sociedad, y las reglas de la sociedad normal no se aplican a quienes viven al margen”. (Tamara de Lempicka)

Un trabajo de… 

Grupo de cuatro desnudos, 1925

Este cuadro, donde se muestra a cuatro mujeres desnudas y contorsionadas que se reclinan en una compleja maraña de formas redondeadas, como todos los de su serie, destila erotismo y una feminidad muy poderosa. El fondo es una típica composición poscubista, comprimiendo todavía más a las cuatro figuras femeninas dentro del espacio, lo que aumenta la sensación erótica de la que Tamara excluye totalmente la participación masculina subvirtiendo la dinámica tradicional.

 

Tamara de Lempicka, cuyo verdadero nombre era el de Tamara Rosalía Gurwik-Górska, fue una pintora protofeminista y precursora del art deco nacida en Varsovia, cuando Polonia estaba bajo el dominio ruso, el 16 de mayo de 1898 y fallecida en la ciudad mexicana de Cuernavaca el 18 de mayo de 1980. Su padre era un abogado judío ruso y su madre pertenecía a la alta sociedad polaca. Estudió en un internado suizo de Lausana y solía pasar las vacaciones de verano con su abuela en Italia, donde se despertaría su amor por el arte gracias al conocimiento de los pintores italianos.

Kizette en rosa, 1926

Este es uno de los muchos retratos de la hija de Tamara, Kizette, sentada de una manera bastante incómoda y sin mostrarse coqueta, la muestra vestida con de un rosa blanquecino y tratando de esconder su pie izquierdo, el cual ha perdido su zapato. Kizette veía a su madre solamente en vacaciones pues asistía a un internado y vivía con unos familiares cercanos, y en ocasiones, Tamara fingía que su hija era su hermana mintiendo sobre su edad. El estilo es cubismo suave y algo naturalista.

 

Tras el divorcio de sus padres, Tamara fue enviada a vivir con una tía rica en San Petersburgo, y allí se acostumbró al lujo de la élite social. En una velada de ópera conoció al abogado polaco Tadeusz Lempicki con quien contrajo matrimonio con tan solo quince años, sin embargo, al llegar la Revolución Rusa, Tadeusz fue arrestado por los bolcheviques, pero gracias al empeño, el encanto y sus conexiones sociales, Tamara logró liberarlo y abandonaron el país instalándose en París, donde estaba refugiada el resto de su familia.

La bella Rafaela, 1927

La modelo conocida como Rafaela fue reclutada por Tamara en el Bois de Boulogne, donde las prostitutas ofrecían sus servicios, y se convirtió en su modelo principal durante más de un año. Con su juego de luces y sombras realza el dramatismo de la pintura y centra la atención en la forma poderosa, sensual y escultórica de la figura femenina desnuda de curvas bien formadas que le aportan una apreciable fuerza sensual.

 

Fue en la capital francesa donde se dio a conocer como Tamara de Lempicka, nombre que le daba cierto aire aristocrático, aunque su economía era bastante penosa, motivo por lo que se decidió a dedicarse al arte. Se inscribió en la Academia de la Gran Chaumière donde tuvo como profesores a pintores tan importantes como Nabis, Maurice Denis, quien le animó a cultivar las artes gráficas, y el cubista André Lhote, cuya influencia es fácil detectar en los trabajos de Tamara.

Kizette en el balcón, 1927

En este nuevo cuadro de su hija, Tamara representa a la muchacha, vestida con una sencilla túnica gris y calcetines blancos, sentada sobre un taburete al borde de un balcón en cuya barandilla de hierro forjado apoya su mano izquierda, mientras que la derecha reposa abierta hacia arriba sobre el muslo. De fondo utiliza una vista de la ciudad de forma cubista.

 

No fue nada difícil para Lempicka introducirse en la atmósfera sofisticada y animada del bohemio París de los años veinte. Sus pinturas comenzaron a exponerse en diversas pequeñas galerías y en 1925 consiguió su primera exposición individual en Milán patrocinada por Emmanuele Castelbarco, donde consiguió vender la nada detestable cantidad de veintiocho pinturas en seis meses.

Auto retrato, 1929

Esta pintura fue un encargo de la revista alemana Die Dame que la utilizó para su portada como modelo de la mujer moderna, convirtiéndose en su trabajo más famoso. En ella, Lempicka se representa a sí misma conduciendo un Bugatti verde, para ello usa guantes marrones, un sombrero ceñido semejante a un casco y una ondeante bufanda expresando la sensación de velocidad. También es interesante los detalles de los cromados y los pliegues de la tela, pero, sobre todo, su expresión controlada y desapasionada, como la de una mujer segura de sí misma y acostumbrada a esas experiencias que parecían reservadas a los hombres.

 

Poco a poco, se hizo un hueco como retratista de algunas personas famosas y comenzó a codearse con nombres tan influyentes como André Gide, Pablo Picasso, Colette o Jean Cocteau. Por entonces dio a luz a su hija Kizette y se forjó una fuerte personalidad de mujer libre, a la vez que mujer fatal, teniendo diversas aventuras con hombres y mujeres entre sus patrocinadores y modelos. Se relacionó con grupos de artistas y escritoras lesbianas y bisexuales, asistiendo a las famosas tardes “solo para mujeres” organizadas por Natalie Barney, en las que entabló amistad con Vita Sackville-West, y también se dice que tuvo algún desliz con el poeta italiano Gabriel d’Annunzio.

La música, 1929

La pintura representa una figura femenina sensual y vistiendo a la moda del momento. Es un tema tradicional y alegórico de las artes donde la música se representa mediante una bella y elegante mujer de cabellos oscuros, concentrada en su creación musical. Esta composición recuerda a las obras del Renacimiento que Lempicka observaría en el Museo del Louvre y en Italia.

 

Su primer premio importante le llegó en 1927 en la Exposición Internacional de Bellas Artes por la pintura Kizette en el balcón, algo bastante curioso pues por aquellos tiempos veía muy poco a su hija. Al año siguiente se divorciaría de su esposo, casándose posteriormente con el barón Raoul Kuffner, con quien se mudó a Hollywood en 1939, cuando ya la Segunda Guerra Mundial parecía inevitable. En California vivió en la antigua casa del director King Vidor y pronto se convertiría en artista favorita de las estrellas de la gran pantalla.

Retrato del Doctor Boucard, 1929

Los Boucard fueron unos de los coleccionistas más ávidos de Lempicka encargándole retratos de todos los miembros de la familia, en este caso vemos el del propio Doctor, quien fue un reputado bacteriólogo: un hombre de mediana edad y de aspecto distinguido que viste una gabardina blanca de corte elegante, la cual parece representar a la bata que llevaría en su trabajo, la figura está enmarcada por un fondo de formas geométricas de ángulos agudos sobre una oscuridad misteriosa. La mano izquierda se apoya en un microscopio y en la derecha sostiene un tubo de ensayo. Boucard colaboró con la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial utilizando su yate para transportar municiones hasta que fue hundido por los nazis y posteriormente sería adquirido por el magnate griego Aristóteles Onassis.

 

En 1941, Lempicka logró rescatar a su hija Kizette del París ocupado por los nazis y dos años después se trasladarían a Nueva York donde las ventas de sus cuadros comenzaron a decaer irremediablemente al estar su estilo pasado de moda, por lo que, a la muerte del barón, en 1961, Tamara vendió gran parte de sus pertenencias y se embarcó en varios viajes alrededor del mundo. Posteriormente se instalaría en Houston, Texas, para estar cerca de su hija y comenzó a producir pinturas abstractas que no tuvieron demasiado éxito, por lo que Lempicka decidió dejar de pintar y de exponer, justo cuando el art deco volvió de nuevo a recibir un interés renovado incluyendo el conjunto de sus trabajos.

Suzanne bañándose, 1938

Entre los años 1934 al 38 Lempicka sufrió una depresión que le impedía trabajar. En esa época solo pintó unos pocos cuadros de temas religiosos como bustos de la Virgen o personas rezando. Sin embargo, cuando superó la crisis, Tamara regresó con más fuerza a los desnudos sensuales femeninos, aunque representando pasajes bíblicos, como La imagen de Susana cuando es espiada por dos jueces ancianos mientras se baña, tan representada por los maestros del Renacimiento, sin embargo, en su cuadro, Lempicka ha omitido a los dos viejos mirones. Si observamos el fondo, nos daremos cuenta de la desaparición del dramatismo urbano cubista, el cual ha sido sustituido por una composición pastoral de árboles.

 

La anciana Tamara se había vuelto una mujer difícil en el trato y se negaba a volver a exponer. En 1978 se marchó a Cuernavaca, México, donde le llegó la muerte en 1980, siendo sus cenizas esparcidas sobre el volcán Popocatepetl.

Chica mexicana, 1947

En la década de 1940 el trabajo de Lempicka se había vuelto más conservador y arquetípico, con imágenes menos convincentes y menos sensuales y lujosas, como es el caso de esta pintura, donde se representa a una mujer perteneciente a otros segmentos sociales, demostrado por su vestimenta pobre y desgastada.

 

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