Libros

Nélida Piñon: «En ningún caso quisiera que Cataluña se fuera de España» (Sun, 20 Oct 2019)
A sus ochenta y tres años, la escritora brasileña Nélida Piñon , galardonada con numerosos premios -el Príncipe de Asturias de las Letras en 2005, entre otros-, se conserva espléndida y derrocha encanto. Últimanente, nos confiesa, tiene problemas con la vista, que le afectan sobre todo para la lectura. Pero no desespera, una actitud que siempre la ha caracterizado. Como cuando su oncólogo le pronosticó que le quedaban entre seis meses y un año de vida, momento en el que nació «Una furtiva lágrima». —¿La escritura de su último libro le sirvió en cierta medida de «terapia»? —No exactamente de terapia, pero mientras iba escribiendo el drama se iba quedando al margen. Lo que pesaba era la escritura, el que todo seguía como siempre. Volví a poner en marcha esa vocación irrefrenable por escribir que tengo desde la juventud. La literatura es mi gran pasión. Tengo con ella una relación amorosa. Y está muy conectada con la vida. No concibo esta sin la literatura que nos enseña como el mundo es grotesco, carnívoro y, a la vez, sublime. En un principio, pensé en que fuera un diario, pero luego comencé a realizar anotaciones. Prácticamente todo lo que veo me inspira una reflexión. Para mí el pan cotidiano es pensar. —Su título proviene de una romanza de «El elixir de amor», de Donizetti. ¿Por qué? ¿Es usted aficionada a la ópera? —Adoro la ópera, me fascina. Sobre todo por su melodramatismo. Creo que el melodrama evoca quienes somos. Somos seres melodramáticos. Escribí la novela «La fuerza del destino», donde soy un personaje, la cronista Nélida. Pasé meses escuchando reiteradamente la ópera de Verdi. La ópera me ha ayudado a entender muchos aspectos del ser humano. En cuanto al título lo elegí porque me di cuenta de que en la circunstancia en que me hallaba tendría que llorar, y no solo por eso, sino en general porque la vida provoca lágrimas, aunque también carcajadas. Pero esas lágrimas tienen que ser furtivas, discretas. Quizá nuestros mejores sentimientos tienen que ser furtivos, recónditos. —En su libro señala usted: «Puesto que soy diversa, soy muchas». ¿Cuántas Nélidas hay? —No lo sé. Desde luego muchísimas. Y estoy preparada para aceptar una nueva. A pesar de la edad, no quiero estar cerrada nunca, no vivir como si estuviera en el epílogo. —¿No hay ninguna Nélida preponderante? —Quizá la campesina. la aldeana. Más que la Nélida sofisticada que casi desde niña se preparó para la alta cultura. Vivo en la ciudad pero tengo una profunda nostalgia del campo. Me conmueve el campo, los animales. El trabajo del campesino me maravilla. Es lo más primario, lo más antiguo y auténtico, la búsqueda de la comida. Esta Nélida campesina me retrotrae a mis ancestros, a mi linaje. —A la Galicia de sus padres y abuelos... —Mi familia me prometió que conocería España. De niña pensaba que España estaba en Copacabana, pero mi madre me dijo: «Hay un océano por medio». Amo el Atlántico, es uno de mis grandes mitos. Considero que entiendo mejor Brasil desde la Península Ibérica. He viajado varias veces a Galicia, y siempre está en mi corazón, pero recuerdo sobre todo cuando fui a los diez años a Cotobade. Es una de las etapas más felices de mi vida. Mi padre me regaló un saco de cuero, donde yo ponía pan, fruta, queso, chorizo, y me iba al campo, con las vacas. Adoro las vacas gallegas. Por eso, como le decía, destaco a la Nélida campesina. —Se ha definido usted como «optimista crítica»... —La palabra optimista suele ligarse a una persona fuera de la realidad, incluso un poco tonta. Mi optimismo es el del conocimiento. Al estudiar la historia humana, comprobamos que hay ascensiones y declives. —Leemos en su libro: «Desde joven me incliné por una actitud de resistencia. No creer en milagros, ni en escenarios idealizados o idílicos». Quizá hoy es especialmente importante este mensaje, cuando el populismo rampante promete tantos «milagros»... —Claro, el populismo promete milagros y por eso funciona. La mayoría de la gente tiene una cotinianidad muy dura, y necesita esperanza. Yo lo entiendo. Pero los populistas prometen todo y no cumplen nada. —¿Sigue usted la actualidad española? —Totalmente. Y cuando vengo no hago más que preguntar. Ahora estoy sufriendo mucho por lo que pasa en Cataluña. Yo viví allí dos años, he ido muchas veces y Carmen Balcells fue más que mi agente literaria, fue mi hermana. En estos momentos no reconozco a la Cataluña que conocí. Espero que se busque pronto una solución, pero en ningún caso quisiera que Cataluña se fuera de España. «Soy una feminista histórica» Nélida Piñon fue la primera mujer que presidió, en 1996, la Academia Brasileña de Letras. Explica que conoció muy de cerca el feminismo norteamericano en su época dorada, pues vivió en Nueva York varios años en esa etapa. Y que cuando Betty Friedan fue a Brasil, la prensa fue muy cruel con ella y para referirse al movimiento feminista hablaron de Betty Friedan como una «mujer fea». A Nélida Piñon le parece que en el feminismo, como en todo movimiento, hay excesos. Pero lo importante es que «en su interior haya dignidad, defensa del honor, y una estrategia de conquista». Y apunta también: «Me alegra que las mujeres hoy sean muy activas. Pero nunca hay que dejarse arrastrar por la euforia. No todo está ganado».
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El «Mein Kampf» será reeditado en Francia por primera vez desde 1934 (Fri, 18 Oct 2019)
Desde 2016, los derechos de Mein Kampf han pasado al dominio público. Por primera vez desde 1934, el manuscrito de Adolf Hitler será reeditado en Francia, según informa «Le Journal du dimanche». El libro debería publicarse en 2020, por la editorial Fayard, e irá acompañado de una edición crítica de 1.000 páginas además de una nueva traducción, según informa «Le Point». La reedición de «Mi lucha» estuvo prohibida en muchos países desde 1945, cuando el Lander de Baviera se convirtió de oficio administrativo en «heredero» de los derechos de autor de Hitler. Y no ha sido hasta 2016 cuando cualquier editor podrá volver a publicar «Mi lucha» sin pagar derechos de autor. Ahora vuelve a Francia. Recordemos lo que dijo Jean-Luc Mélenchon, líder francés de izquierdas en el momento de esta liberación para ser publicado: «Ese libro es la obra principal de uno de los grandes criminales de la historia. Esa obra es el fundamento teórico de la muerte de seis millones de seres humanos gaseados en los campos de exterminio nazis. Reeditar ese libro es algo nauseabundo».
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Manuel Vilas: «Me resisto a pensar que la literatura tiene que ser un ejercicio de minorías» (Thu, 17 Oct 2019)
Sirviéndose de la misma madeja y elmismo telar que en la aclamada «Ordesa», Manuel Vilas (Barbastro, 1962) resultó finalista del Planeta con «Alegría», novela de sentimientos que aborda «la lucha entre desesperanza y alegría» y ahonda una vez más en el vacío dejado por las pérdidas de seres queridos. ¿Por qué Alegría? El narrador se da cuenta de que la experiencia de la vida le lleva al dibujo de una emoción que llama alegría, que le parece que es el objetivo final de un ser humano. ¿Dónde ve alegría? En las personas a quienes quiere. Es un libro sobre sentimientos. Un libro muy poco premio Planeta, vamos. También tiene su trama. Hay un personaje negativo que representa la enfermedad mental y está acosando al narrador constantemente. Todo apunta a una continuación de «Ordesa». Son novelas independientes pero escritas por el mismo narrador. Después de «Ordesa» tampoco podía escribir una novela de ciencia ficción. Tenía materiales aún por explorar ahí. Además, esa novela conectó con un público mayoritario, y pensé mucho en lo que pasaba con ella. ¿Y ha encontrado alguna explicación para ese éxito inesperado? No tengo ni la más remota idea. El otro día estaba presentando la novela en Francia y un señor que era médico se levantó y me dijo “Je t’aime”. Quizá se trata de buscar un poco de fraternidad en un mundo tan hostil. ¿Cuánto esconde y cuánto muestra de su propia vida en la novela? Hay una cesión al narrador de mi biografía. Le cedo lo que he vivido pero él hace lo que le da la gana. Los hechos suelen ser reales pero la interpretación no tanto. ¿Con «Alegría» se agota ya el universo «Ordesa»? Lo que pasa es que el narrador habla de un libro donde están sus padres, y los padres vuelven a hablar con él. Al mismo tiempo, va presentando el libro por distintos sitios y se encuentra a gente que conoció a los protagonistas de la novela, lo que le lleva a un estado de celebración y confusión entre vida y muerte. Al final son dos libros para despedirse de los padres. Sí, pero el narrador no quiere, porque no quiere cerrar eso. Está loco. Si cierra ya no los ve y se pone triste. Mientras escribe sobre ellos los sigue viendo. ¿Qué cree que puede aportar Manuel Vilas al premio Planeta? Hay una entente cordiale entre el premio y los escritores literarios. Yo creo en la popularidad de la literatura. Me resisto a pensar que la literatura tiene que ser un ejercicio de minorías. De ahí que esté contento y feliz de haber sido finalista: yo escribo para que me lea la gente, no solo cuatro culturetas.
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Javier Cercas: «Lo que ha pasado en Cataluña, que ha sido tan tremendo, me ha cambiado como escritor» (Thu, 17 Oct 2019)
En cuanto dio por acabada «El monarca de las sombras», novela con la que volvía a hurgar en su vida familiar para rescatar la historia de su tío abuelo, que murió a los 19 años en la batalla del Ebro como alférez de Falange, a Javier Cercas (Ibahernando, 1962) le asaltó la sensación de que había cerrado una etapa. El final de un camino que empezó a cobrar forma a finales de los noventa y que le mantuvo ocupado durante casi quince años. «Me di cuenta de que ya había colonizado el territorio que había inaugurado con "Sold ados de Salamina". Podía seguir por esa vía, sí, pero a condición de repetirme», explica el escritor para tratar de enmarcar el volantazo que le ha llevado a «Terra Alta», novela con la que se llevó el martes el muy deseado y aún más cotizado premio Planeta. Una doble pirueta que, además de lanzar un sonado torpedo editorial a Literatura Random House en forma de fichaje estelar, sitúa a Cercas ante una audiencia aún más amplia. «Ojalá aporte algo a este premio que tiene la virtud de hacer llegar la literatura a mucha gente. Sí que en los últimos años tengo fama como de escritor intelectual, pero yo lo que quiero es escribir libros fáciles de leer y difíciles de entender. Libros como los que a mí me gustan», explicaba ayer el autor de Las leyes de la frontera antes de echar el cierre a una maratoniana mañana de entrevistas. En «Terra Alta», intriga policíaca ambientada en Gandesa (Tarragona) y protagonizada por un agente de los Mossos de pasado turbulento y presente ligado a la resolución de un crimen atroz, Cercas no sólo cambia de registro sino que, asegura, lo hace también de pellejo literario. «Si un escritor cambia como persona lo hace también como escritor. Yo no me separo de mí mismo», dice. En este caso, el autor de «El impostor» sitúa el catalizador, el mecanismo de rotación, en el octubre de hace dos años. «Llegó el desdichado otoño de 2017 y dejé la novela –recuerda–. No hice nada salvo escribir artículos para la prensa extranjera y angustiarme, como todo el mundo. Cuando volví a la novela, yo era una persona distinta y la novela también. Nunca pensé que viviríamos lo que vivimos en el otoño del 2017». Salir del refugio «atómico» Con todo, insiste Cercas en que «Terra Alta», cuya acción principal se desarrolla en 2021, no es una novela sobre el procés. La crisis catalana, destaca, no aparece por ningún lado, aunque sin ella probablemente tampoco habría novela. «Pensaba que no tenía nada que ver. Me metía en mi despacho y era como si estuviera en un refugio atómico. Hasta que salí y me di cuenta de que lo que había era esto. La justicia, el valor de la ley, la legitimidad de la venganza, la traición… Son temas que nunca había abordado. Soy un escritor distinto porque la realidad me ha convertido en un escritor distinto», insiste. Un autor que echa mano de la «ficción pura» y de unos personajes espera que «memorables» para constatar que, en lo que a él respecta, nada es como fue. «Las peores experiencias son las mejores para un escritor. La felicidad no es nada productiva. Y la verdad es que esto que ha pasado en Cataluña, que ha sido tan tremendo, me ha cambiado como escritor y me ha abierto las puertas a un territorio nuevo. Así que en el fondo no sé si estar agradecido», explica.
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Siri Hustvedt: «La realidad humana es tan compleja que nadie posee la verdad» (Wed, 16 Oct 2019)
Siri Hustvedt lleva más de treinta y cinco años compartiendo su vida con Paul Auster y, a lo largo de esas décadas, las cámaras siempre le han enfocado a él, como si fuera el único escritor del matrimonio. Pero, dada la brillante trayectoria de Hustvedt, era cuestión de tiempo que los focos se giraran y repararan en ella, la «intelectual de la familia», en palabras de Auster. Y ese momento, su momento, llegó el pasado mes de mayo, cuando el jurado de los premios Princesa de Asturias 2019 decidió concederle el galardón de las Letras. Auster, que acompaña estos días a su esposa en Oviedo, como ella hizo en 2006, cuando él fue premiado, es consciente del simbolismo de cada acto, de la importancia de esos gestos que aparentemente nadie ve, y ha adoptado un papel secundario en toda la liturgia que, como galardonada, rodea a Hustvedt en Asturias. Pese a las peticiones, que las ha habido, el escritor se ha negado a conceder entrevistas y no se presta a protagonizar fotografías. De lejos, a una distancia prudencial, se le ve observar a su mujer orgulloso, pensado: «Os lo dije». No se equivoca. Hustvedt está radiante y brilla, por fin, con luz propia. El pasado lunes fue el Día de las Escritoras y yo no paro de pensar que la verdadera celebración llegará cuando no tengamos que celebrar ese día. Sí. Cuando tienes que poner un adjetivo delante de la palabra escritor significa que queda mucho camino por recorrer. Por eso he empezado a utilizar la expresión «hombre escritor». Nunca la escuchamos y, al pronunciarla, tomamos conciencia del trabajo pendiente. La semana próxima se cumplirán 90 años de la publicación de «Una habitación propia», de Virginia Woolf. ¿Cuándo logró usted ese espacio propio? Tengo dos respuestas. Una es que empecé a escribir cuando tenía catorce años, en mi habitación, en casa, con mis padres. La otra respuesta es más larga. Me convertí en feminista a los catorce años y, a pesar de eso, he pasado muchos años evolucionando hasta una posición en la que siento la autoridad de mi propio trabajo, de mi espacio propio. ¿Y cómo han cambiado los cuartos propios de la escritoras en este casi siglo transcurrido? En muchos lugares del mundo, como en EE.UU. o en Noruega, las mujeres lograron el voto al mismo tiempo, hacia los años 20 del siglo pasado. No ha pasado tanto tiempo. Si piensas en ese siglo, han pasado muchas cosas buenas pero, al mismo tiempo, los derechos de las mujeres no han evolucionado hasta el punto que yo esperaba. Aún se tiene la idea de que las mujeres son más emocionales que racionales, que son seres más emotivos que los hombres, menos intelectuales... Esto se sigue pensando de forma casi insconsciente. Las mujeres siguen luchando contra esta forma de pensar tan arraigada en la cultura occidental que determina cómo pensamos en los sexos. El otro día recordaba el discurso de Michelle Williams en los últimos premios Emmy reivindicando la igualdad salarial. El caso es que, hasta ahora, no me había planteado si esa situación se da también en la industria editorial. En lo que respecta al dinero, no lo sé. Pero lo que sí tengo claro es que en todas las actividades creativas, como en el mundo del arte, a la hora de vender un cuadro, por ejemplo, las mujeres están infravaloradas en todos los ámbitos. Llevo años pensando en esto, en por qué sucede, y es por la reticencia a aceptar la autoridad de una mujer. Si ves una película, si lees un libro o si observas una obra de arte, tienes que aceptar la autoridad del artista, y haciéndolo estás abriéndote, te estás sometiendo a ese trabajo. Piense en la lectura, cuando leemos nos entregamos a la voz de otro. Y esto se percibe, en la cultura heterosexual masculina, como sumisión. Esto debe ser discutido en voz alta en el mundo cultural. Por eso, cuando firmo libros, hay muchos hombres que, tras esperar una larga cola, me piden que les firme para sus mujeres, madres o hijas o bien me dicen que ellos no leen ficción, pero sus esposas sí. De hecho, creo que algunos sí me leen, pero no quieren decirlo. ¿En serio? Pero, ¿por qué no reconocerlo, qué problema hay? Porque sería aceptar que se han sometido a la autoridad de una mujer. Y porque es percibido como una especie de castración. Es algo muy profundo y debemos entenderlo así, no basta con decir que es algo estúpido. Está bien reírse un poco, estoy desarrolando un gran sentido del humor con este tema, me río mucho, de verdad (ríe). Pero este tema es muy serio. Lo es, pero reír ayuda a ver que es algo ridículo, y cuando lo ves puedes acabar con ello. Hace una semanas estuve en Francia y un hombre joven vino a que le firmara tres libros, para su mujer, su hermana y su madre y le dije: «Te los firmo encantada, pero es algo que me pasa todo el tiempo, y creo que entiendo el motivo, y es que los hombres se resisten a leer ficción escrita por mujeres. Da igual la reputación que éstas tengan o lo interesante que sea el libro». Él no dijo nada y media hora después regresó y me pidió que le recomendara uno de mis libros. Le dije que lo intentara con «Todo cuanto amé», que escribí como un hombre (reímos). En ese sentido, creo que uno de los problemas a los que se enfrenta el feminismo actual es la tentación de creer que las mujeres somos una entidad monolítica, cuando no lo somos. Exactamente, no lo somos. Cada ser humano que vive con otras personas debe tener muy claro que la multiplicidad de caracteres, de modos de cargar con uno mismo en este mundo, depende de muchos factores, como la procedencia, dónde te criaste, la clase social, pero también de las diferencias de personalidad. Lo que hacemos con el racismo, el sexismo, el clasismo es crear falsas dicotomías y así originamos lo que Pierre Bourdieu llama «violencia simbólica», que es una forma de mantener a la gente en su lugar. Con las mujeres se da cuando no se las escucha en un entorno público, denigrando su trabajo, pagándoles menos... Porque la masculinidad mejora cualquier cosa en nuestro mundo. Esto es algo que todos hemos interiorizado, mujeres y hombres, y el feminismo es una forma de darnos cuenta de ello, de ser conscientes. Debemos aprender, educarnos en lo que percibimos como autoridad legítima. Es curiosa la división literaria entre ficción y no ficción, teniendo en cuenta que las emociones vividas a través de las novelas nunca son ficticias. No, no lo son. Freud decía algo parecido sobre los sueños. Los sueños no son reales, pero la emoción es real. Y a la ficción le pasa lo mismo. Dividimos el mundo, las cosas serias (pone voz grave), en categorías, y la ficción es percibida como ese suelo blando imaginario. Piense en todas las ficciones culturales que dictan nuestras vidas, como la idea de progreso; no hace falta detenerse mucho en la historia de cualquier país para darse cuenta de que eso no es cierto. O, por ejemplo, si se fija en cómo se representa a las mujeres en el cine actual en Estados unidos, es mucho peor ahora que en la década de los 30 del siglo pasado, mucho peor; entonces, las mujeres tenían papeles fuertes, eran interesantes, pero ahora las películas de Hollywood presentan a las mujeres sobre todo como idiotas ante hombres con armas (ríe). Una de las frases que más recuerdo de su última colección de ensayos, «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», es: «Desconfío del absolutismo en todas sus formas». Yo comparto esa desconfianza, pero vivimos tiempos en los que todo es blanco o negro, no hay lugar para los grises, para los matices. Mi madre estaba en Noruega cuando tuvo lugar la ocupación nazi y mi abuela dijo: «Lo único que importa es que somos buenas personas, morales y que decimos la verdad». Dos meses después, se reían de lo que dijo mi abuela, porque estaban dispuestos a hacer cualquier cosa, incluso a cometer crímenes contra la ocupación nazi. Así que... hay manifiestos, está lo correcto y lo incorrecto, y hay momentos políticos en los que claramente tienes que elegir un bando, estoy totalmente de acuerdo. Pero, sin embargo, la realidad humana es tan compleja que nadie posee la verdad. Si empezamos a pensar que realmente poseemos la verdad, entonces tenemos problemas, estamos perdidos. Pero eso no significa que en tiempos políticos como los que estamos viviendo, tan convulsos, y esto se ve en Estados Unidos de manera muy cruda, no te pongas de pie y digas que eso está mal, no podemos seguir así, porque si lo hacemos perderemos nuestra república democrática. Donald Trump se iría mañana mismo si no tuviera detrás millones de personas, así que debemos mirar a esa gente. Estamos hablando de una división racial, sí, pero en este caso también educacional. Mucha de esa gente no tiene estudios universitarios, lo cual es muy interesante, porque Estados Unidos nunca había estado dividido por esa brecha antes. Son gente que piensa que al elevar a las mujeres, a los afroamericanos, están perdiendo su posición, pese a que no han perdido nada, su estatus es tan bueno como antes, los hombres blancos siguen teniendo muchas ventajas en Estados Unidos, pero sienten vergüenza, Barack Obama fue un insulto para ellos. Y es importante tener en cuenta esta dinámica, no sólo en Estados Unidos, en Europa sucede el mismo fenómeno, e incluso en India, con el hinduismo nacionalista, militarista, beligerante, es gente que quiere reafirmar su identidad, sea lo que sea la identidad. Bueno, al menos en Estados Unidos tienen la posibilidad del «impeachment». Bueno, veremos qué sucede... Pero fíjese en lo que está pasando en Oriente Medio por culpa de ese idiota. Al menos tenemos suerte de que sea estúpido. ¿Por qué? Porque si fuera un personaje realmente brillante y maquiavélico el país ya estaría perdido (ríe).
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Planeta inicia la guerra contra Penguin Random House al «robarle» a Javier Cercas con su gran premio (Tue, 15 Oct 2019)
Golpe de efecto de Planeta para celebrar su 70 aniversario y, de paso, darle un ligero empujón a un premio que llevaba unos cuantos años varado en la orilla del conformismo. Y es que, después de más de una década mirando de puertas hacia dentro y aupando autores que ya formaban parte de la propia editorial a través de alguno de sus múltiples sellos, el premio Planeta ha vuelto a fijarse en la competencia para llevarse no uno sino dos escritores de postín. Dos autores de la talla de Javier Cercas y Manuel Vilas, joyas de la corona de Literatura Random House y Alfaguara, respectivamente, y desde esta noche ganador y finalista de la 68 edición del galardón mejor dotado de las letras españolas. El destino de los 601.000 y 150.250 euros que se llevarán Cercas y Vilas se ha desvelado este martes en el transcurso de una velada literaria en el Museo Nacional de Artede Cataluña (MNAC) marcada por un nuevo plantón de la Generalitat, que como el año pasado no consideró oportuno enviar a ningún representante político, y por el temor a que la velada se viera alterada por algaradas o protestas independentistas. De esto último, al final, poco hubo más allá de las prisas por las calles cortadas y la marcha repentina de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a media cena, pero el «procés» sí que estuvo presente en el MNAC, aunque fuese de forma tangencial, a través de «Terra Alta», novela galardonada con la que Cercas, gerundense de adopción y voz especialmente crítica con el independentismo, viaja a la convulsa Cataluña contemporánea para firmar una intriga policial. «Esta novela no trata del ‘procés’, de lo que ha ocurrido especialmente desde 2017 en Cataluña. No es el tema. Ahora bien: sin lo que ha ocurrido en estos años este libro nunca lo hubiese escrito. El libro surge de mi estado de ánimo, de mis angustias y preocupaciones. Es como una pesadilla que refleja tu estado de ánimo», ha relatado Cercas, para quien «Terra Alta» es también «una reflexión sobre cosas que me interesan y que están de moda como el valor del sentido de la ley, la posibilidad de la justicia, y legitimidad de la venganza». En la novela, el autor de «Las leyes de la frontera» sigue los pasos de Melchor Marín, un exdelincuente convicto convertido en agente del los Mossos d’Esquadra que deberá resolver un triple asesinato especialmente macabro. Vilas, por su parte, resultó finalista con «Alegría», un relato en la línea de la aclamada «Ordesa» con el que proyecta una mirada lúcida y descarnada sobre la sociedad española. Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) llega a su cita con el Planeta convertido en uno de los grandes narradores de la actualidad y en cronista especializado en las grietas y cicatrices de la Guerra Civil y la Transición. De ahí salieron títulos como «Soldados de Salamina» y «Anatomía de un instante», novelas con las que consiguió poner de acuerdo a crítica y público. Con «Terra Alta», ha explicado, ha querido acallar las voces de sus vecinos, que se compadecían de él año tras año por no haber ganado el Planeta y, al mismo tiempo, probarse a sí mismo como autor. «Tengo 57 años y a mi edad uno de los peligros es convertir en fórmula aquello que había sido hallazgo. Aquí intento ser otro escritor radicalmente distinto y radicalmente fiel», ha explicado. A su lado, Manuel Vilas ((Barbastro, Huesca, 19 de julio de 1962) remata con «Alegría» un año en el que se ha consagrado definitivamente como narrador con «Ordesa», uno de los títulos más vendidos, regalados, recomendados y aplaudidos de 2018. Un ochomil en toda regla en la carrera de un escritor de registro mutante y títulos tan diversos como «Lou Reed era español» y «El luminoso regalo». Poeta antes que novelista y discómano irredento, Vilas sigue ahondando con«Alegría» en la senda de su anterior novela a través de un hombre de mediana edad atormentado por la depresión, el paso del tiempo y la muerte de seres queridos al que Vilas acompaña en su día a día. Un libro, ha dicho Vilas, que es a la vez una «búsqueda de sentimientos puros en tiempos de desesperación colectiva y una invitación para recordar que el sentimiento de la alegría es de todos los seres humanos». «Es una lucha entre desesperanza y alegría», ha añadido.
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El canon literario, más allá de Harold Bloom (Tue, 15 Oct 2019)
Si nos pusiéramos apocalípticos podríamos decir que la muerte de Harold Bloom es, también, la muerte del canon literario, la caída de la última muralla que separaba a los clásicos del olvido. Pero eso sería exagerar, claro, como exageraba él con Shakespeare, al que ponía a la altura de los dioses. Su pérdida, si acaso, es una buena oportunidad para recordar que su empeño por ordenar las cimas de la creación humana no ha perdido ni un ápice de sentido en este mundo tan dado al caos y a la sobreproducción que, por sobreproducir, hasta sobreproduce listas, expresión más pedestre del canon. Dice el poeta Luis Alberto de Cuenca que el canon «está inscrito en nuestros genes culturales» y que, de hecho, «es un ejercicio necesario de higiene mental». Hacer listas –bromea– «rejuvenece neuronas, favorece el riego sanguíneo». Y no se trata tanto de ordenar como de echar la vista atrás en busca de lo que merece ser recordado e imitado, algo que han hecho en su momento todos los grandes artistas. Por eso, sostiene el filósofo Javier Gomá, «el canon pertenece a la esencia de la literatura». «Decir canon es lo mismo que decir clásico, que es la perfección que ha superado la prueba del tiempo», subraya. De Bloom, pues, permanecerá su empeño, no tanto su lista autores imprescindibles, de acento «exageradamente anglosajón», en opinión del escritor Agustín Fernández Mallo y de tantos otros. ¿Y qué nos espera? «Las necesarias incorporaciones de toda una literatura hasta ahora considerada marginal o inculta, que empieza ahora a emerger de las sombras de la Historia, como la elaborada por mujeres o hecha por escritores de continentes no Occidentales», añade este. Si Bloom hubiese sido mujer o español su propuesta habría sido otra, aunque no por ello más o menos válida. Porque «el canon –matiza la también escritora Elvira Navarro– no es algo inamovible, pero tampoco caprichoso».
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Vuelve Antonia Scott, vuelve Juan Gómez-Jurado en «Loba Negra» (Tue, 15 Oct 2019)
«Reina Roja» se ha convertido en un fenómeno editorial en los países de habla en español, más de 250.000 lectores han sabido de las emocionantes andanzas de Antonia Scott y Jon Gutiérrez. Las ventas en ebook, en concreto, superaron los 80.000 ejemplares, cifra récord en nuestro país. Y el 24 de octubre sale la segunda parte, «Loba Negra». Entonces, ha vuelto. Antonia... O sea Juan Gómez-Jurado. «Antonia Scott nunca se ha enfrentado a una decisión tan difícil. Para otras personas, el dilema ante el que ella se encuentra podría ser algo insignificante. No para Antonia. Diríamos que su mente es capaz de trabajar a muchos niveles de distancia en el futuro, pero la cabeza de Antonia no es una bola de cristal», comienza la hoja informativa enviada de Ediciones B, que forma a su vez parte de Penguin Random House. Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y autor de varias novelas de gran éxito, traducidas a cuarenta lenguas. Su último thriller, «Reina Roja», se ha convertido en un gran fenómeno de ventas y ha consagrado a su autor como uno de los máximos exponentes del género thriller a nivel internacional. Actualmente es colaborador en varios medios y cocreador de los podcast «Todopoderosos» y «Aquí hay dragones». El aperitivo que envía la editorial termina con este párrafo que más que para abrir boca te la deja abierta y con ganas de hincarle el diente ya a esta segunda parte de «Reina Roja»: «Entonces suena el teléfono sobre la mesilla. Ha llegado un correo electrónico a su bandeja de entrada. Ella lo abre. Contiene un documento adjunto codificado. El programa está instalado en el propio aparato, de forma que sólo éste pueda leerlo. Sus ojos verdes recorren el texto en cirílico. Instrucciones. Fotografías. Sonríe. Llaman a la Loba Negra».
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Harold Bloom, el canon del «Basta Ya» (Tue, 15 Oct 2019)
Solo queda ya Georges Steiner, judío como Bloom, de entre los grandes críticos de Occidente. Llamo la atención sobre su condición de judíos porque en la obra de ambos, aparte de haber investigado la Torá o la Biblia, hay una constante vindicación de la memoria de los textos, algo muy unido al judaísmo. Harold Bloom se hizo famoso por su libro «El canon Occidental», un verdadero best seller de la crítica. Lo de menos era el canon de 26 autores, ausencias y presencias. Lo que le movió a publicar ese libro era el grito de «Basta Ya» que lanzaba este viejo profesor de Yale, sintiéndose uno de los últimos degustadores de los grandes textos literarios. Las aulas de las grandes universidades americanas sustituyeron los estudios de la tradición de Literatura Comparada por los conocidos como «Cultural Studies», que el calificó, con escándalo de muchos (entre ellos, quien esto suscribe), como «Escuelas del Resentimiento». Las aulas se llenaron de lecturas feministas sobre autoras desconocidas, de aproximaciones de un vago sociología marxista sobre películas, o de una antropología poco solida sobre inmigración o sexualidad queer. Los objetos de estudio desde Shakesperare a Virginia Woolf se veían sustituidos por el cómic, el cine, o los videojuegos. Pero sobre todo comenzó a imponerse una lectura moral. Que Shaskespeare se viera desplazado como objeto de estudio en Harvard o Princeton por, qué se yo, los Simpsons y Cervantes por Almodóvar (son ejemplos reales, no se crean) parecía un problema de Shakespeare o de Cervantes, y lo es de los estudios de Humanidades y Literarios en particular, que han ido dejando de ser autoexigentes para con la especialización de sus miembros. Cualquiera hoy podía hablar, bastara que lo hiciera desde la corrección política asumida con lo que luego se ha ido demostrando formas de censura y tiranía o sustitución de un canon por otro. El sabio Bloom lo vio el primero, y quienes le criticamos aquel desplante hemos acabado comprendiendo que tenía gran parte de razón. Antes y después de ese libro ha dado otros memorables. Subrayo tres: «La angustia de la influencia», sobre la necesidad que el poeta joven tiene de matar al padre, el genio antecesor, anidando en él. Otro gran libro es su «Shakespeare, o la invención de lo humano». Cuando lo lees no siempre estás de acuerdo con sus exageraciones, pero te aporta puntos de vista de genialidad lectora. Leyendo a Bloom uno piensa que ojalá lo hubiera tenido como profesor, porque encarna el amor a los textos, que se sabía de memoria, como si lo más importante que uno tuviera que hacer es repetirlos, transmitirlos a los jóvenes como herencia preciosa. Otro gran libro suyo, de los últimos que publicó (fuera de otros más comerciales o de circunstancias que hacía para ganar el dinero que precisaba para le futuro de su hijo discapacitado) fue «Anatomía de la influencia», que es un hermoso y profundo recorrido por la tradición de la poesía inglesa desde el Romanticismo a Walt Witman. Entregó en ese libro, ya con ochenta años, su testamento, su particular canon de la poesía escrita en inglés, entre las que Emily Dickinson formaba lugar especial. Uno piensa que necesitamos estos sabios enrabietados que al final de su larga vida de enseñanza nos dicen la verdad, más allá de lo conveniente o de lo prudente, y sobre todo nos dicen que no dejemos de leer a los grandes. No por ellos. Por nosotros.
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El canon occidental de Harold Bloom que marginó la literatura en español (Tue, 15 Oct 2019)
Ha muerto Harold Bloom, el gran crítico literario creador y defensor del canon occidental literario que en varios influyentes libros propuso y sirvió de tema sobre la mesa para revatirle una jerarquización de la historia mundial de las letras y en la que ABC, de la mano de tres de sus críticos, también participó. Aquí, y sirva de inicio, leemos lo que escribió Manuel de la Fuente sobre su «Poemas y poetas»: Pero que nadie se engañe, con «Poemas y Poetas» Harold Bloom no trata de presentar a los mejores poetas de la literatura occidental, porque Bloom presta sobre todo atención a la tradición anglosajona (particularmente la estadounidense) y son muchas las ausencias de poetas de otras lenguas. De la nuestra, solo aparecen Neruda y Paz, aunque se menciona a Cernuda (poeta que Bloom estima especialmente de entre los españoles). Pero hay poetas franceses, y un italiano y un ruso. Hay ausencias muy sonoras, como la de Pessoa y Cavafis o la de los polacos. Pero es que Bloom es parcial, en la doble acepción del término. Y no pretende hacer una obra meramente divulgativa. Aquí llega José María Pozuelo Yvancos, hablando a dos libros posteriores a su «Canón occidental»: No cabe duda de que Harold Bloom, uno de los grandes críticos de hoy, es tan lúcido e interesante como caprichoso y difícil de domeñar. Su fama y éxito como teórico de la literatura e historiador de algunas zonas de la poesía anglo-norteamericana son tan enormes que se permite, a sus ochenta años, que el centro de su producción sea su propia perspectiva sobre los asuntos que trata, confiado en que vayamos a leer sus libros no para aprender lo básico de Wallace Stevens o de Walt Whitman, sino intrigados por ver qué dice Harold Bloom sobre ellos, como si ese diálogo de la obra con el crítico tuviese tanta importancia como la obra literaria en sí misma. Tal dominio de la situación tiene su contrapartida: al situarse a sí mismo por encima del bien y del mal, se permite muchas arbitrariedades y algunos descuidos imperdonables, que compiten con las muchas zonas que exhibe de verdadera genialidad, sobre todo en el ensayo que puede actuar de testamento crítico («canto del cisne», lo autocalifica), el titulado Anatomía de la influencia, escrito en 2011. Ese libro, al que iré enseguida, tiene verdadero interés teórico y crítico, a diferencia de Novelas y novelistas. Puesto que este útimo es la traducción al español de una obra escrita en inglés en 2005 (a la que la edición española ha añadido la coletilla de El canon de la novela), podemos comenzar por decir que su marginación de la literatura en español es tan proverbial que sería escandalosa si no fuese estigma repetido por la mayor parte de los schollars norteamericanos. Ni siquiera Cervantes y su Quijote atenúan ese menosprecio de Bloom hacia lo hispánico. Se permite minusvalorar a Cervantes e ir a él como si no tuviese más remedio, ya que el autor español inaugura la serie de novelistas pero con apenas dos páginas (sí, únicamente dos), dedicadas a comparar el Quijote con las obras de Shakespeare. Ni siquiera ha merecido más por su impronta sobre la gran tradición novelística cervantina posterior en inglés (Sterne, Defoe, Fielding o Dickens). Si uno piensa que Hemingway obtiene en ese mismo libro treinta páginas o dieciséis James Baldwin, las dos dedicadas a Cervantes rechinan, como el hecho de que únicamente Cervantes y García Márquez sean los escritores analizados. Por supuesto, Borges está continuamente presente en las referencias, pero no resulta suficiente. De ahí que pueda calificarse este canon suyo de caprichoso. No tiene nada que ver, según ya objeté en su día a su famoso libro El canon occidental, con el concepto de canon histórico, y sí con una selección personal que exhibe tantas lecturas como falta de otras. Harold Bloom vuelve a hacer coincidir la idea de canon con su historia como lector, de forma que los análisis concretos, que son agudos muchas veces y exhaustivos para la tradición poética inglesa, delatan suficientes huecos en la gran tradición literaria occidental (los autores italianos o alemanes no corren tampoco buena suerte) para que pueda hablarse de un canon. Tiene que ver, en todo caso, con las lecturas que quiere hacer y con el modo como se le ocurre seleccionar en cada caso, ya que en Joyce no está el Ulises, solo el Retrato del artista adolescente. Y, por último, aquí va una reseña crítica de su famoso y discutido «El canón occidental», realizada por Rafael Conte: En verdad, entre las pocas cosas canónicas que van quedando en Occidente, hay que contar con las Navidades, que este año entre nosotros han resultado ser más canónicas que nunca, dado el revuelo -tampoco desmesurado, la literatura no da para más- que esta obra singular, «El canon occidental», ha provocado entre nosotros. Harold Bloom, ya conocido aquí desde hace décadas (en España se han publicado sus libros sobre los poetas visionarios del romanticismo inglés o más recientemente «Poesía y creencia» y el curioso «El libro de J», y también existen ediciones hispanoamericanas de sus más célebres «La angustia de las influencias», «La Cabala y la crítica» o «Los vasos rotos») es un personaje singular, aparte de uno de los mejores críticos literarios vivos de nuestros días. Sus especialidades mayores le llevan por el lado de los románticos ingleses y la Biblia, y sus aficiones más hacia el teatro y la poesía que a otros géneros más «modernos». Judío laico, profesor en Yale, provocador nato (hasta el punto de haber concluido de manera tan fundada como hipotética e ingeniosa que fue una mujer la primera autora de tres de los libros del Pentateuco), se mueve entre los autores, personajes, argumentos y escenarios de la literatura universal no solamente como Pedro por su casa, sino que parece reescribirios (revivirios) ante nuestros ojos con una maestría y familiaridad bastante espectaculares. Y ahora, en la cumbre de su celebridad y con todo el derecho del mundo a sus filias y fobias, siempre tan personales como bien sustentadas, enarbola la vieja noción del «canon» literario -los libros y autores inexcusables que nos han reflejado, reinventado y sustentado desde los orígenes mismos de los grandes idiomas occidentales- y lo utiliza como don Quijote su adarga para partir al combate contra la mayor parte de los sistemas literarios en vigor en las universidades norteamericanas. Ese es más su problema que el nuestro, y hasta creo que lo es más en su continente que en la vieja Europa en general, donde nunca se han dado con la misma intensidad los excesos críticos de los que Bloom tanto se queja. El concepto de «canon» es de origen religioso, tanto más cuanto que lo jurídico y lo pedagógico también lo son, aunque el laicismo de Bloom intenta apartar el suyo de todo orden sacral. Pena perdida, pues también la literatura -y más todavía en sus manos- resulta siempre ser sagrada a pesar de todo. De ahí que no sea éste un libro ni provocador, ni heterodoxo, ni a contracorriente, como se afirma en la presentación editorial, sino todo lo contrario, el triunfo absoluto de la noción más conservadora de la literatura, de la más pura ortodoxia en profundidad. Si esta ortodoxia casa mal con las modas pedagógicas norteamericanas, o con los funcionamientos del mercado, tanto peor, aunque ello no tiene por qué afectarnos a los fieles lectores (creyentes) de siempre. El centro estético de la literatura nunca dejará de serlo, frente a los triunfos pasajeros del mercado (que Bloom trata con todo respeto, pues curiosamente también se apoya en él para elaborar su canon), o de las modernas teorías que triunfan en las universidades de su país, marxismo, sociologismo, psicoanalismo, feminismo, estructuralismo, gaya, deconstruccionismo o la noción mal llamada multiculturallismo, que engloba a afroacrítica francesa y señala con el dedo: Barthes, Foucault, Derrida, como si fuera su adorado Milton empuñando a su no menos admirado Satán. Sin embargo, como bien decía Osear Wilde, la crítica literaria es la forma más civilizada de la autobiografía, y tomo la cita de otro libro de Bloom que añadía: «Osear siempre tiene razón». En lugar de entablar el combate contra todas esas teorías, desmontándolas como se debe -sobre todo en sus insensatos excesos tan fácilmente ridiculizables- Bloom se repliega en su propia autobiografía y elabora «su» canon, con el que sale al campo de bata- lla para machacar herejes, aunque me da la impresión de que quizá esté matando moscas a «cañonazos», como si pensara que el mejor ataque es una buena defensa. Pues en verdad, y aunque Bloom tenga razón en profundidad, la pierde en muchos detalles, la relativiza en sus elecciones y la hace discutible en la mayor parte de sus generali- zaciones. Algunos de los mejores críticos de nuestro tiempo no aparecen en sus páginas (Paul-han, Blanchot, Edmund Wilson, Steiner, Genette) otros sólo una vez para recibir un sofión de pasada, como Barthes o Lukacs, y en su francofobia llega a decir -sin duda para molestar, pues así desprecia a quienes lo derrocaron- que el francés que más le interesa es Sainte-Beuve. Toma, y a quién no, pero de ahí a ningunear a Paulhan o Blanchot va no un paso sino un salto mortal. Lo que más debe envidiar de Sainte-Beuve fue que éste último sí que creó -más bien recogió- su propio «canon», del que vivió la cultura francesa durante un siglo. Bloom se autodefine como un crítico romántico y elegiaco; en realidad es un comparatista emocionante, que ilumina cuanto lee y cumple como nadie la misión fundamental de la crítica literaria: contagiar al lector, impulsarie a leer y enseñarle a hacerlo. ¿Qué más se puede pedir? Quizá que no hiciera cánones, pues maldita la falta que le hacen, aunque en este caso es patente que lo ha hecho por una imperiosa necesidad personal de autodefensa en el contexto de la grave crisis por la que en nuestros días atraviesa la enseñanza de la literatura y no solamente en los EE.UU., donde -Bloom dixit- para enseñar el «Julio César» shakesperiano un profesor puso a sus alum- nos a construir espadas y escudos en cartón. Así se forman los malos ciudadanos, esos que -Bloom dice otra vez- la gran literatura no tiene que formar, pues no es esa ni su naturaleza ni su función. Y aquí es donde me separo de él, pues de hecho sí los forma, aunque sea de manera involuntaria, he ahí su misterio. ¿Y el «canon»? ¿Es que hay que hablar de él? ¿No basta con decir que leer este libro es una profunda delicia, un placer infinito y que no se puede sino estar completamente de acuerdo con casi todo lo que dice y en su por qué? Quizá su título hubiera debido ser el de «Mi canon occidental», aunque como dice Bloom no sea misión del crítico hacer cáno- nes. Y este canon personal está claro, pues se reduce a un solo nombre, Shakespeare, con el que es difícil no estar de acuerdo. Los otros 25 -8 más de la «edad aristocrática», Dante, Chaucer, Montaigne, Gen/antes, Moliere, Milton, el doctor Johnson, Goethe; ocho de la «democrática», Wordsworth, Jane Austen, Emily Dickinson, Walt Whitman, Dickens, George Eliot, Tolstoi e Ibsen, y otros 9 de la «caótica», Freud, Proust, Joyce, Virginia Woolf, Kafka, Borges, Neruda, Pessoa y Beckett- sólo comparecen para dialogar con el cisne del Avon. Quizá estaría de acuerdo en seis u ocho nombres de esta lista, pero que cada cual haga su canon -pues hay ausencias flagrantes y presencias discutibles- y luego podríamos jugar todos a crear el propio, que quizá empezaría por la Biblia, Grecia y Roma -origen de occidente- y tirar por la ventana la lista final del libro, con esos 874 nombres que su editor norteamericano quiso que añadiera para que el caos fuera todavía peor. Pero cuando alguien habla de «caos» es porque no puede seguir adelante. Espléndido libro, al que le sobra el canon, qué le vamos a hacer. Un canon que desde luego existe, pues ¿quién no lo ha encontrado en su propio corazón?
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El tesoro perdido de los sefardíes que regresa a España por primera vez en quinientos años (Tue, 15 Oct 2019)
En 1476 finalizó la creación en La Coruña de una de las obras culmen de la ilustración medieval y uno de los manuscritos hebreos más valiosos y hermosos del mundo, la Biblia Kennicott, que regresará a Galicia más de quinientos años después del exilio de sus propietarios para ser exhibida temporalmente en Compostela con motivo del Xacobeo 2021. Esta joya bibliográfica, encargada por un importante comerciante de La Coruña, Don Isaac, hijo de Salomón de Braga, tuvo una vida muy azarosa y, tras partir de la ciudad gallega 1492 con el decreto de expulsión de los judíos promulgado por los Reyes Católicos, viajó a Portugal con sus propietarios. Después, estuvo en el norte de África y Gibraltar y se le perdió el rastro durante unos 300 años, aunque mantuvo un excelente estado de conservación, hasta que en 1771 el responsable de la Biblioteca Radcliffe de la Universidad de Oxford, Benjamin Kennicott, gestionó su adquisición para los fondos de la institución. En 1872, la Biblia fue transferida a la Biblioteca Bodleiana, en la misma universidad, donde ha permanecido hasta la actualidad. Desde el próximo 14 de noviembre formará parte de la exposición «Galicia, un relato en el mundo», la primera de las grandes exposiciones internacionales de la Xunta con motivo del Xacobeo 2021, que se inaugurará en el Museo Centro Gaiás de la Ciudad de la Cultura. Esta será la primera vez que se pueda ver en España este manuscrito, con más de 200 páginas ilustradas de unas 930 que conforman este impresionante volumen, el testimonio más importante de la presencia judía en Galicia en la Baja Edad Media, para lo que será trasladado desde Oxford con importantes medidas de seguridad dado su incalculable valor histórico. Junto a esta obra, la muestra, que permanecerá abierta seis meses, incluirá unas trescientas obras simbólicas sobre los mitos, historia y memoria de la identidad gallega a lo largo del tiempo y del mundo. Entre ellas se encuentran piezas como la escultura Santa de Francisco Asorey; el Libro das Invasións, con la primera mención conocida al rey celta Breogán; el Mapa de Sawley, uno de los primeros mapa mundi enciclopédicos europeos en el que se representa la Catedral de Santiago como edificio más importante de Europa; o el Codex Arentinus de Arezzo y el Cancioneiro da Vaticana. Regreso a Galicia En rueda de prensa, Anxo Lorenzo, el director xeral de Políticas Culturais, ha subrayado la satisfacción porque el proyecto expositivo «convenciese» a los propietarios en la actualidad de la citada biblia, aunque, preguntado sobre las posibilidades de que vuelva definitivamente a Galicia, ha apelado a ser «realistas». «Las instituciones que lo tienen lo último que quieren es desprenderse de ello», ha apostillado. Por su parte, Alberto Ruiz-Gallardón, vicepresidente de la Fundación Hispanojudía, ha ensalzado el «inmenso y fabuloso legado» dejado por los judíos, entre los que ha incluido la obra que se expondrá en la muestra en Santiago de Compostela.
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Margaret Atwood y Bernardine Evaristo ganan el premio literario Booker (Tue, 15 Oct 2019)
El jurado del prestigioso premio literario Booker Prize nombró hoy ganadoras de la edición 2019 a la escritora canadiense Margaret Atwood y la británica Bernardine Evaristo. A pesar de que las reglas del certamen establecen que el galardón debe ser entregado a una sola persona, el jurado decidió en esta ocasión «incumplir» esa norma y declarar un empate tras más de cinco horas de deliberaciones. Artwood, autora de «The Testaments», y Evaristo, que presentaba la obra «Girl, Woman, Other», se repartirán las 50.000 libras (57.200 euros, 63.051 dólares) con las que esta dotado el galardón.
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La llamada falsa que le hizo creer a John Banville que había ganado el premio Nobel de Literatura 2019 (Mon, 14 Oct 2019)
La Academia Sueca, el organismo que otorga el premio Nobel de Literatura , está investigando sus registros telefónicos tras recabar informes sobre una supuesta llamada falsa al autor irlandés John Banville en la que le aseguraban que había ganado el premio. Banville explicó al «Irish Times» que el pasado jueves 10 de octubre -fecha en la que se fallaba el galardón- recibió una llamada de un hombre que se identificaba como Mats Malm, portavoz de la Academia Sueca, informándole sobre el premio Nobel. Posteriormente, recibió otra llamada de la misma persona que dejó un mensaje de voz en la que aludía a un desacuerdo de última hora entre los miembros de la Academia, motivo por el cual su premio tenía que ser retirado. Banville explicó que creía que el engaño fue hecho por una persona «con rencor» hacia la Academia. «Tengo la clara impresión de que realmente no fui el blanco de esto. Creo que él asumió que yo le creería y que haría un gran alboroto en los periódicos y diría que esta es otra disputa dentro del jurado», dijo Banville. Cuando Banville llamó al número en el registro de llamadas de su teléfono, estaba conectado a la oficina de la Academia Sueca, según el informe. Por su parte, Malm ha asegurado que la Academia estaba verificando sus registros telefónicos para establecer si la llamada se realizó desde su sede o si alguien intentó hacer que pareciera así. «Es realmente una broma cruel», ha lamentado el portavoz de la institución. Malm fue el encargado de anunciar el jueves que la autora polaca Olga Tokarczuk había ganado el premio Nobel de Literatura 2018, mientras que Peter Handke de Austria se hizo con el premio de 2019.
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Raimon Portell, premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2019 (Mon, 14 Oct 2019)
Raimon Portell ha ganado el premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por su obra «Camins d’aigua» (Barcanova Editorial). El jurado ha escogido esta obra entre todas«por su capacidad para arrastrar al lector a través de un torrente de aventuras narradas con buen pulso literario». Portell (Barcelona, 1963), que ha reconocido sentirse «anonadado» al conocer que le había sido otorgado el galardón, recoge en el libro premiado la segunda parte de la trilogía «La llum d'Artús». El primer volumen, «Camins de nit», fue finalista del premio Protagonista Joven 2017, y el tercero, publicado en 2019, lleva por título «Camins d’hivern». «Camins d’aigua», que ha sido también reconocido con el premio Llibreter (concedido por los libreros catalanes). Se trata de una distopía épica de lo que parece ser la Europa del siglo XIX, plagada de intrigas y sinmolismos protagonizada por la joven Rut. El galardón lo concede el Ministerio de Cultura y Deporte para distinguir una obra de autor español, escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en España durante el pasado año 2018. La dotación económica del premio es de 20.000 euros. El premio ha recaído en en años anteriores en autores como Ana María Matute («Sólo un pie descalzo»), Laura Gallego («Donde los árboles cantan»), Jordi Sierra i Fabra («Kafka y la muñeca viajera») o Gustavo Martín Garzo («Tres cuentos de hadas»). El jurado ha estado compuesto por el ganador del año enterior Juan Cruz Igerabide (por «Abezedario titirijario»), Xoán Babarro, José Manuel López, Màrius Serra, Monsterrat Pena, Ernesto Rodríguez, Marina Terzi, Magdalena Suárez, Gustavo Martín Garzo y Celia Fraile. Biografía Raimon Portell estudió filología, ha ejercido la enseñanza y se dedica a la escritura. Ha colaborado con las revistas «El Mundo de los Pirineos», «Viajes National Geographic», «Descobrir Cuina i Sàpiens», entre otras, y también con algunos diarios. Ha sido director de la revista «Descobrir Catalunya, y jefe de redacción de Infància y de «Altaïr. Ha recibido dos premios de periodismo por su labor. Es autor de los ensayos «Els mestres de la República’, «Els mestres de la República en imatges» y «Marta Mata, el camí de l'escola». Ha publicado también los libros de viajes «Una cançó de Cap Verd’, «L'ombra de Venècia» y «El Somni del jaguar». Además ha escrito los libros: «Vull una corona!» (Premi Crítica Serra d'Or 2005), y la trilogía «La llum d’Artús».  
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Jonathan Safran Foer: «Trump es lo peor y lo mejor que le ha pasado al medio ambiente» (Mon, 14 Oct 2019)
Explica Jonathan Safran Foer (Washington D. C, 1977) que, después de su controvertido y exitoso ensayo «Comer animales», lo último en lo que pensaba era en tropezar de nuevo con la muy metafórica piedra de la no ficción. Menos aún en volver a escribir sobre comida. «Estaba convencido de que después de mi última novela vendría otra novela», asegura el autor «Todo está iluminado». Pero no. Después de «Aquí estoy» lo que ha venido es «Podemos salvar el mundo antes de cenar” (Seix Barral)», ensayo sobre el impacto de la ganadería en el medio ambiente y, por extensión, de la relación entre ingesta de carne y cambio climático. ¿El mensaje clave? Cambiar nuestra dieta es suficiente para cambiar el mundo. «Nunca hubiese pensado que escribiría otro libro que tuviera algo que ver con la comida. De hecho, tampoco creía que me importase tanto la comida», subraya Safran Foer, para quien lo importante no es tanto convencer a los demás como convencerse a sí mismo de la importancia de comprometerse con la sostenibilidad. «Me convencí de que me gusta ir a las manifestaciones y escuchar las noticias correctas, pero aún tengo una huella de carbono importante. Me oía decir “alguien tiene que hacer algo con el cambio climático”, pero luego no hacía nada», confiesa. Escribir, añade, fue su palanca de cambio. El interruptor que trajo la luz. «Escribir un libro es una buena manera de cambiar, en parte porque termino dedicando mucho tiempo a pensar en algo. En cierto modo, es un diálogo conmigo mismo», explica. En «Podemos salvar el mundo antes de cenar» Safran Foer combina el rigor del dato en bruto con reflexiones de calado personal, confesiones carnívoras –ahí está su debilidad por las hamburguesas de los aeropuertos– y episodios históricos que vienen a ilustrar que el esfuerzo individual no sirve de nada sin el empuje colectivo. «Los cambios que hacemos en nuestras propias vidas son buenos e importan, sí, pero sobre todo por la influencia que tienes en los demás. Que comas una hamburguesa o dejes de tomar un vuelo ni destruye ni salva el planeta, pero tiene efecto en la gente que te rodea», detalla. Él mismo, apunta, ha cambiado su coche por uno eléctrico y ha decidido no coger más aviones para ir de vacaciones. -¿Y cómo maneja la contradicción de tener que estar viajando en avión para presentar un libro en el que aboga por lo contrario? -Estoy lleno de contradicciones, sí, pero esta probablemente sea la más fácil de justificar, ya que creo que si puedo hablar con cientos o miles de personas y que piensen sobre esto, el vuelo habrá merecido la pena. Con una novela hubiese sido diferente. No sé cómo lo hubiese justificado. Se podrá decir que soy un hipócrita, pero para mí es importante. Y trataré de compensar de alguna manera. -¿Existe alguna responsabilidad añadida por el hecho de ser un escritor conocido? ¿Siente que lo que haga tiene ser servir de ejemplo? -Yo no lo veo así. Siento una responsabilidad como persona, aunque, en realidad, no sé si soy la mejor persona para responder esa pregunta. De hecho, puedo decir que no, pero ya he escrito un libro como este dos veces. Y uno de los puntos del libro y tal vez incluso el punto central es que nuestros sentimientos no importan tanto como nuestras acciones. Así que, en este caso, mis acciones sugieren que siento una responsabilidad. Sin perder de vista datos más o menos alarmantes como que los humanos consumimos 65.000 millones de gallinas al año o que hay cerca de 30 animales en granjas por cada humano que hay en el planeta, a Safran Foer le entra la risa cuando recuerda que su doble personalidad, ese diálogo entre el autor de novelas de impacto cinematográfico como «Tan fuerte, tan cerca» y el ensayista comprometido con el planeta, no funciona del mismo modo en todos los países. «En Alemania, por ejemplo, soy el tipo que escribió “Comer animales”. Luego descubrieron que además era novelista. Y en otros países publicaron el ensayo, sí, pero no parecían estar demasiado emocionados», recuerda. En su cabeza, sin embargo, no hay distinción que valga y novelista y ensayista se han conjurado para convertir este libro en, asegura, el más personal que ha escrito nunca. El más personal y, según se mire, también el más crítico y combativo. «Creo que es el único libro que podría haber escrito en este momento. Era algo que ocupaba muchos de mis pensamientos y sentimientos», sostiene. Debe ayudar, y mucho, vivir en uno de los países más contaminantes del planeta. «Es irónico, porque Donald Trump es, al mismo tiempo, lo peor y lo mejor que le ha pasado al medio ambiente. Su ignorancia ha reforzado la sabiduría de la gente y su apatía ha forzado marchas con millones de personas. Eso nunca habría ocurrido con Hillary Clinton en la presidencia, reflexiona el autor estadounidense, para quien la joven Greta Thunberg no puede ser más que un ejemplo a seguir. «Es maravillosa, pero no hay que olvidar que sólo tienes 16 años y sólo es un ser humano. Obviamente es la narradora más efectiva sobre el cambio climático y tal vez la persona más carismática que he visto, pero no podemos cometer el error de quererla; tenemos que inspirarnos en ella para cambiar nuestras propias vidas», relata.
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La boda de Alfonso XIII, como nunca se había contado (Sun, 13 Oct 2019)
Tras bucear en los Archivos del Palacio Real de Madrid y del Castillo de Windsor, entre otras fuentes, el escritor Ricardo Mateos ha reconstruido los entresijos de la que iba a ser la boda más brillante y fastuosa celebrada jamás en España hasta que el atentado de Mateo Morral la tiñó de sangre. Entre otros documentos, Mateos ha tenido acceso a las postales y cartas que se enviaron los novios, desde que el Rey Alfonso XIII rechazó el abanico de Princesas idóneas que le habían preparado y se dejó llevar por un flechazo con Ena, la más atractiva y escultural de las nietas de la Reina Victoria, pero también la menos relevante de las primas. La exhaustiva investigación del autor ha desmontado creencias extendidas, como que Victoria Eugenia se convirtió al catolicismo entre lágrimas o que la Reina María Cristina era partidaria de una Princesa austriaca, pero sobre todo ha permitido rescatar los testimonios de quienes vivieron el romance de Alfonso XIII, que unos alentaron y otros trataron de dinamitar. También describe los esfuerzos de España, entonces un país pobre y atrasado, para convertir la boda en una plataforma de promoción internacional. Así lo recoge Ricardo Mateos en su última obra, «Alfonso y Ena, la boda del siglo» (La Esfera de los Libros), que se presentará el 22 de octubre a las 19 horas en el Centro Cultural de los Ejércitos de Madrid (Gran Vía, 13). De su lectura se desprende que la Reina española fue advertida del riesgo de que Victoria Eugenia portara la hemofilia, enfermedad que entonces no se llamaba así ni había sido tipificada, pero que la Familia Real británica conocía y mantenía en secreto. Además, el libro desvela datos, anécdotas, envidias e intrigas desconocidos hasta ahora; demuestra que los novios apenas se conocían cuando se casaron, describe la «grandiosa» etiqueta española -que todos admiraban- y, sobre todo, retrata los últimos coletazos de una época de fastos, ornato y exhibición de riqueza que desapareció con la Guerra Mundial. «Nunca antes ni después se concentraron tantos diamantes en Madrid como el día de la boda». Cuenta Mateos que cuando a Alfonso XIII le llegó la edad de casarse, le prepararon tres candidatas respaldadas por los imperios de la época: Patricia de Connaught, por el Reino Unido; la Duquesa María Antonieta de Mecklenburg-Schwerin, del II Reich alemán, y la Archiduquesa María Gabriela, de Austria. «No quiero ser Reina» La primera le rechazó, y se lo hizo saber ella misma en un almuerzo en Clarence House: «¿Acaso soy muy feo? Porque parece que no gusto a la dama a mi derecha?», preguntó Alfonso XIII a la comensal de su izquierda. Pero Patricia de Conaught tenía otras razones que, según relata el autor, confesó a una íntima amiga: «No quiero ser Reina, que es ser esclava de todos». A las otras dos candidatas, las rechazó Alfonso XIII tras conocer a la Princesa Ena y así se convirtió en el primer Rey de España que antepuso las razones del corazón a las de Estado. «Fue la primera boda en la que el Rey dejó claro que iba a decidir él con quién se casaba», afirma Mateos, quien sostiene que, «más allá de la historia romántica, su padre, Alfonso XII, se casó con la Reina Mercedes porque tenía que amigarse con el Duque de Montpensier, y después con la Reina Cristina, por una cuestión de Estado», y recuerda que «Isabel II tuvo una boda desastrosa por razones de Estado». La elección de Alfonso XIII pronto suscitó envidias, advertencias, intrigas y críticas. «El hecho de que una tercerona como era la Princesa Ena se viera elevada al rango de Reina España movilizó muchos celos», explica Mateos. Y es que ahora puede resultar sorprendente que una nieta de la Reina Victoria de Inglaterra pareciera poca cosa para el Rey de España, pero lo cierto es que «en aquella época lo era». Además, el autor menciona como elementos que se utilizaron en contra «la ascendencia judía de la Princesa Ena (por su abuela paterna, la condesa de Haucke) y una bastardía en la Casa de Hesse, de la que todo el mundo era consciente». Un capítulo del libro está dedicado a las temidas intrigas de la entrometida Infanta Eulalia, tía de Alfonso XIII, que iba contando por las casas de Londres horrores de España, además de intimidades de la Familia Real. En todo el libro sobrevuela un triple auge y ocaso, relata Mateos. «El fastuoso despliegue de la boda, que la bomba desmonta. El mundo de boato, riqueza y ornamentación, que termina con la Guerra Mundial. Y el amor de los Reyes, que alcanza su culmen durante el viaje de novios en La Granja, pero un año después, cuando nace el Príncipe de Asturias, comienza el infierno de la Reina. Lo que fue un gran amor se convirtió en un gran desdén».
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Mateo Morral llegó a tener pase de periodista para acceder a la iglesia en la boda del Rey Alfonso XIII (Sun, 13 Oct 2019)
El atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que dejó 23 muertos, un centenar de heridos y varios caballos reventados el 31 de mayo de 1906, pudo haber sido mucho más mortífero de lo que fue. Incluso, pudo haber acabado con la vida de varios Reyes y Príncipes extranjeros invitados al enlace matrimonial. Así lo desvela el escritor Ricardo Mateos en su libro «Alfonso y Ena. La boda del siglo» (La Esfera de los Libros), resultado de un exhaustivo trabajo de investigación histórica. Y es que Mateo Morral llegó a tener una credencial de periodista para cubrir la boda de los Reyes en la Iglesia de Los Jerónimos, aunque días antes de la ceremonia se le retiró el pase y finalmente el anarquista perpetró el atentado en la calle Mayor, al paso de la carroza real. «La bomba podría haber explotado dentro de la propia Iglesia de los Jerónimos», afirma Mateos, quien cita como fuente a la Princesa Pilar de Baviera, testigo presencial de los hechos. Ella cuenta en una biografía de su primo Alfonso XIII que «Morral tenía un pase para la tribuna de prensa situada en la iglesia. Pero un par de días antes de la boda se dieron cuenta de que el Heredero de la Corona (el Infantito Alfonso de Borbón-Dos Sicilias), que tenía cuatro años, no iba a aguantar dentro del templo durante toda la ceremonia. Por ello, le piden a Pilar que se ocupe del niño y los envían a la tribuna de prensa, de donde tienen que quitar a alguien para ocupar su lugar. La Princesa Pilar dice que así se evitó el atentado dentro del templo». El autor del libro sugiere que Mateo Morral pudo obtener la credencial de periodista «gracias a su amistad con Francisco Ferrer y Guardia, que gozaba de buenos contactos en el mundo de la prensa». Cuando se decidió retirar uno de los pases para hacer sitio a la Princesa y al Infante en la tribuna de prensa, probablemente se eligió a Morral porque no le conocían en el Palacio Real, mientras que la mayoría de los periodistas debían ser informadores habituales. Un nuevo plan Tras la retirada del pase de reportero, Morral se vio obligado «a urdir un nuevo plan» y decidió atentar desde el lugar en el que se alojaba, explica Ricardo Mateos. Mateo Morral no era el típico anarquista pobre del siglo XIX. «Era hijo de una familia de notables industriales textiles de Tarrasa» y estaba «vinculado a los movimientos anarquistas que por entonces merodeaban por España y en particular por Cataluña», afirma el autor. Añade que el 22 de mayo de 1906, Morral alquiló «por cinco duros diarios sin asistenta la mejor habitación con balcón de la casa de viajeros» situada en el número 88 (actual 84) de la calle Mayor de Madrid, y que había pagado con un billete de 500 pesetas catorce días por adelantado. Tras lanzar la bomba oculta en un ramos de flores, relata el escritor, Morral logró «salir incólume del lugar en medio de la confusión general» y se fue a refugiar a las oficinas del diario El Motín, que dirigía su amigo José Nakens, «conocido periodista y activista anticlerical y republicano». Añade Mateos que «días más tarde Nakens y varios tipógrafos fueron detenidos acusados de encubrimiento y que también fue apresado Francisco Ferrer y Guardia como inductor del atentado». La valentía del Rey Además del atentado, descrito con todo detalle en el libro -incluidos los nombres de los 23 fallecidos-, Mateos recoge numerosos testimonios de los invitados a la boda y describe la valentía con la que reaccionó el Rey. Tras la explosión, Alfonso XIII afirmó: «No es nada, no es nada» y ayudó a Victoria Eugenia, que tenía el vestido de novia manchado de sangre, a pasar al coche de respeto. A la vez, pidió que enviasen mensaje a su madre y a su suegra, las Reinas Cristina y Beatriz, de que ambos estaban salvos. Y, a continuación, dio instrucciones de que le llevaran «despacio, muy despacio, hacia Palacio». La metralla de la bomba, añade el autor, rompió el Collar del Toisón que llevaba el Rey. Casi todos los invitados elogiaron la valentía del Rey y la entereza de la Reina, según los testimonios recogidos en el libro, pero el Príncipe de Gales criticó la seguridad: «Creo que la Policía española y sus detectives son los peores del mundo», afirmó. Días después, Morral fue detenido. Oficialmente, se suicidó; quizá le asesinaran. Pero esa es otra historia.
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Encuentran un capítulo perdido de la primera novela de la historia, del año 1010 (Sat, 12 Oct 2019)
En la casa de un aristócrata japonés han encontrado uno de los manuscritos de la novela más antigua del mundo, el «Genji Monogatari», que relata el devenir del querido y desgraciado príncipe Genji, según informa «The Guardian». El manuscrito original de la historia ya no existe, y se cree que las versiones más antiguas de la historia fueron transcritas por el poeta Teika, quien murió en 1241. Lo relevante del descubrimiento, además, es que se trataría del quinto capítulo de esta obra milenaria. Hasta ahora, solo cuatro capítulos de la historia de 54 capítulos estaban confirmados como transcripciones de Teika, pero ahora este quinto capítulo, que representa el encuentro de Genji con la niña que se convierte en su esposa, Murasaki, también ha sido identificado como el de Teika. Los expertos de Reizeike Shiguretei Bunko, una fundación para la preservación del patrimonio cultural, han confirmado su autenticidad, con la escritura a mano del texto y la portada del manuscrito, idéntico a otros manuscritos de Teika, añade este medio británico.
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Las víctimas del genocidio de Srebrenica piden retirar el Nobel a Handke (Fri, 11 Oct 2019)
La principal asociación de víctimas del genocidio en la ciudad bosnia de Srebrenica en 1995 ha anunciado hoy que pedirá la retirada del Nobel de Literatura a Peter Handke, al acusarle de defender a responsables de crímenes de guerra. Munira Subasic, presidenta de la asociación «Madres de Srebrenica», declaró al portal bosnio Klix que la petición será cursada al Comité Nobel. «El hombre que defendía a los carniceros balcánicos no puede obtener ese premio», declaró Subasic. «Estamos muy afectados como víctimas. ¿Cómo puede obtener el premio Nobel alguien que defiende a los criminales y, sobre todo, a quienes cometieron el genocidio?», dijo. En Srebrenica milicias serbobosnias asesinaron en 1995 a 8.000 hombres musulmanes durante la guerra en Bosnia, un acto que la Justicia internacional ha calificado de genocidio. La posición proserbia de Handke ha reabierto viejas heridas en los Balcanes occidentales, un territorio todavía traumatizado por las consecuencias de las guerras de desintegración de la antigua Yugoslavia. Para unos, Handke es un apologeta de los crímenes cometidos en nombre del nacionalismo serbio, mientras que para otros es un intelectual que se atrevió a luchar contra la demonización de los serbios como causantes de todos los males de las guerras en la antigua Yugoslavia. Sefik Dzaferovic, miembro musulmán de la Presidencia tripartita bosnia, también consideró una vergüenza premiar a Handke, al que calificó de un admirador del autoritario expresidente serbio Slobodan Milosevic (1941-2006). «Es vergonzoso que el Comité Nobel pase por alto el hecho de que Handke justificase y defendiese a Slobodan Milosevic y sus ejecutores Radovan Karadzic y Ratko Mladic, quienes fueron condenados por los crímenes de guerra más graves, incluido el genocidio», dijo Dzaferovic. También el presidente de Kosovo, Hashim Thaci, ha criticado la concesión del premio a Handke. «El genocidio en Bosnia-Herzegovina tuvo un autor. Handke optó por apoyar y defender a esos autores. La decisión acerca del Premio Nobel ha traído inmensa pena a las innumerables víctimas», escribió Thaci en Twitter. El primer ministro de Albania, Edi Rama, escribió en la misma red social: «Nunca pensé que sentiría ganas de vomitar por un premio Nobel, pero la desvergüenza se está convirtiendo en parte normal del mundo en el que vivimos». «¡NO, no podemos ser tan insensibles con el racismo y el genocidio!», agregó el jefe de Gobierno. Numerosos intelectuales de Bosnia, Kosovo y Albania han criticado la decisión calificando a Handke de apologeta y negacionista de los crímenes cometidos en nombre del nacionalismo serbio. En la plataforma de peticiones en internet Change.org se han recabado ya unas 12.000 firmas para exigir la retirada del Nobel a Handke por ser admirador de Milosevic, el «carnicero de los Balcanes». Apoyos serbios En Serbia, donde Handke es ampliamente reconocido y galardonado, el premio ha sido recibido con alegría. El ministro de Cultura, Vladan Vukosavljevic, destacó que el escritor estuvo con «el pueblo serbio» en sus momentos más difíciles. El cineasta serbio Emir Kusturica también celebró el premio y dijo que la «lucha política (de Handke) ha sido la continuación de su literatura». Desde que publicara en 1996 «Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Sava, Morava y Drina, o justicia para Serbia» la polémica por sus posiciones políticas lo han acompañado siempre. Los críticos han considerado esa crónica de su viaje a los Balcanes un panfleto proserbio y algunos sostienen que llega a poner en cuestión el genocidio de Srebrenica. Handke negó que cuestionara o minimizara esa matanza y dijo que pretendía solo matizar la maniquea imagen ofrecida en la prensa internacional de que los serbios eran «malvados» y los bosniomusulmanes «buenos». Durante los bombardeos de la OTAN en 1999 contra la entonces Yugoslavia -justificados por los excesos en Kosovo- Handke aseguró que la Alianza pretendía crear «un nuevo Auschwitz», en referencia al Holocausto desarrollado por la Alemania nazi. Handke después se disculpó por usar esa expresión. La polémica creció años después con su defensa del autoritario Milosevic, a quien incluso visitó en su cárcel de La Haya en 2004 cuando era juzgado como criminal de guerra y en cuyo entierro tomó la palabra en 2006. Destacados intelectuales austríacos como la nobel Elfriede Jelinek y el escritor Robert Menasse, defendieron el derecho a la disidencia de Handke y criticaron como censura los intentos de acallarlo. Para otros, como la fallecida escritora estadounidense Susan Sontag, que estuvo en Sarajevo durante el asedio serbobosnio, o el italiano Claudio Magris, la posición de Handke minimizaba el ultranacionalismo serbio y sus acciones agresivas.
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El ministro polaco de cultura se jacta de no haber leído ni un «interminable» libro de Olga Tokarczyk (Fri, 11 Oct 2019)
La flamante premio Nobel 2018, Olga Tokarczuk, es izquierdista, ambientalista y vegetariana, por lo que es rechazada por los conservadores nacionalista que actualmente ocupan el poder en Polonia, que critican su postura sobre la historia polaca. Las reacciones en su país al conocer que se había alzado con el galardón no tardaron en llegar. La más polémica de todas ellas ha sido la del ministro de Cultura conservador polaco, Piotr Gliński. «Lo intenté, pero nunca he logrado terminar ningún libro suyo», afirmaba el político al ser preguntado por los periodistas. La polémica no tardó en rodear sus declaraciones por lo que hoy se ha visto obligado a rectificar y ha felicitado a Tokarczuk por su éxito a través de un hilo de Twitter: «una prueba de que la literatura polaca es muy apreciada en todo el mundo». Gratulacje dla Pani Olgi Tokarczuk. Sukces polskiego twórcy bardzo cieszy, tym bardziej, że to kolejny międzynarodowy sukces Pani Tokarczuk. Nagroda Nobla to dobitny dowód na to, że polska kultura jest doceniana na całym świecie. Gratuluję! 1/2— Piotr Gliński (@PiotrGlinski) October 10, 2019 En el siguienhte tuit, el ministro se compromete «a terminar los interminables libros de la premio Nobel». W związku z nagrodą Pani Tokarczuk minister kultury tym bardziej zobowiązuje się powrócić do niedokończonych wcześniej lektur noblistki ;) 2/2— Piotr Gliński (@PiotrGlinski) October 10, 2019 Estas palabras llegan después de recibir una oleada de críticas en Internet. Como la de su compatriota Donald Tusk. Refiriéndose a las palabras de Gliński, el ex primer ministro de Polonia y actual presidente del Consejo Europeo afirmaba que él sí se lo había leído todo y felicitaba en la red social a Tokarczuk: «Querida Olga, felicidades sinceras, hoy me voy a jactar en Bruselas con alegría y orgullo que, como buen polaco, me leído toda tu obra de principio a fin», de acuerdo con AFP. La propia Tokarczuk también hacía referencia a las afirmaciones del ministro de cultura durante una entrevista en una televisión de su país. «No todos tienen que leerme», declaraba la premio Nobel, que puntualizaba: «hay lectores para quienes mis libros pueden ser aburridon y no apropiadon para su temperamento».
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17:00 horas.

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Ya está disponible la Guía de Lectura - Poesía:

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