Libros

«Escrito en el cielo», un mosaico literario de Madrid desde 1977 (Sat, 25 Nov 2017)
La ciudad, ese enjambre de biografías, ha sido una fuente de inspiración constante para la literatura, que ha ayudado a enriquecerla, a hechizarla, a engrandecerla. Allí, en el cruce entre la realidad y la ficción, están París y Baudelaire, Londres y Dickens, Dublín y Joyce, Lisboa y Pessoa: parejas que se retroalimentan. A Madrid se le pueden poner muchos apellidos, ya sean de hoy o de antaño. De hecho, si tan solo nos fijamos en los 40 años de democracia, no es difícil encontrar un centenar de narradores que hayan hecho un homenaje a la urbe. Lo demuestra «Escrito en el cielo» (Alfaguara), un libro que celebra la presencia de Madrid en la prosa reciente a través de los textos de 154 autores hispanohablantes publicados desde 1977. Es un monumento de papel que coincide con la presencia de la capital como invitada especial en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara –la más importante de la lengua española–, que se inaugura hoy en México. «Esta es la novela de Madrid a lo largo del tiempo. Comienza con el reinado de Alfonso XIII y termina ahora mismo», explica el filólogo Fernando R. Lafuente, uno de los editores de la obra. «La imagen que proyecta es la de una ciudad abierta, poliédrica. Es una ciudad que cambia y que no cambia», continúa, antes de recordar que el criterio de selección ha dejado fuera la poesía y el ensayo en favor de la prosa. Así, lo que se presenta es un conjunto de fragmentos de prosa que, ordenados cronológicamente según el periodo al que aluden, retratan la ciudad a lo largo de los siglos XX y XXI. Los textos se refieren a una gran diversidad de asuntos, personajes, costumbres y hechos históricos que recuerda a los «cadáveres exquisitos» de los surrealistas. «Es un mosaico que muestra cómo se ha contado desde la democracia», describe el editor. Tal y como explica Lafuente, la literatura rescata a las ciudades del olvido, instalando hasta sus más pintorescos recovecos en la eternidad. «Cuando a James Joyce le preguntaron cuáles eran los méritos de su novela, contestó: “No sé. Pero sí sé que si mañana se quemara Dublín, gracias a mi Ulises lo podrían reconstruir”. Y así es: los lugares que desaparecen permanecen para siempre en el papel». Aquí, a Madrid la salvan una gran variedad de firmas tanto recientes –Juan Manuel de Prada, Jorge Edwards, Eduardo Mendoza o Lorenzo Silva–, como tristemente desvanecidas –Francisco Umbral, Alfredo Bryce Echenique, Roberto Bolaño, Juan Carlos Onetti o Camilo José Cela–. Sin embargo, más allá de este solemne propósito, el libro responde a una intención más urgente, comercial si se quiere: sacar a la luz lo mejor de Madrid en Guadalajara. «Al saber que era la invitada especial pensamos que se merecía este libro. Es una gran oportunidad», apunta el editor, que destaca las virtudes feria. «Es la mejor tanto por volumen de negocio como por el número de visitantes y la calidad de las actividades». Tan solo este año, se pasearán por la localidad mexicana 700 escritores de 41 países, entre los que sobresalen Paul Auster , Emmanuel Carrère o Sergio Ramírez, entre otros. Pero la «gran oportunidad» de Madrid no solo está en México, sino también dentro de sus fronteras. «Hay una enorme oportunidad para Madrid y para la mucha cultura que se está haciendo. Es una ciudad con un potencial editorial cada vez más alto porque el nacionalismo catalán ha hundido a Barcelona como capital editorial en español», asevera. «Allí nació el Boom latinoamericano y hoy la presión del independentismo la ha arruinado editorialmente», concluye.
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Black Friday: las mejores ofertas de libros en FNAC, Amazon y La Casa del Libro (Fri, 24 Nov 2017)
El esperadísimo (y anunciadísimo) Black Friday ya ha arrancado. La temporada de compras navideñas queda así inaugurada con una jornada de descuentos delirantes, que movilizarán a miles de personas. Los lectores y letraheridos tienen ahora la oportunidad de llenar sus estanterías a precios más asequibles, algunos ridículos. Repasamos los mejores descuentos que ofrecen ofrecen las grandes superficies en sus secciones de ocio. Casa del Libro La Casa del Libro ofrece envíos gratis durante todo el día. Además, ofrecen descuentos de hasta el 70% en los libros en papel y hasta un 80% en los ebooks. Los e-reader cotarán una décima parte menos hoy y los calendarios y las agendas se venden con el 30% de descuento. Los 50 libros más vendidos están rebajados al 5%: «El fuego invisible» (Javier Sierra), «Origen» (Dan Brown), «Yo soy Eric Zimmerman), «Eva» (Arturo Pérez-Reverte) y «Patria» (Fernando Aramburu) son los cinco más vendidos. FNAC En FNAC también han decidio ofrecer envíos gratis en libros sin importe mínimo. Además, por la compra de dos ejemplares regalan una bolsa con una ilustración que representa a Bob Dylan con su premio Nobel. El descuento en libros se cifra en un 5%. Amazon La compañía ha decidido rebajar sus dispositivos electrónicos de lectura. El Kindle Paperwhite, por ejemplo, está a 99,99€ cuando su precio normal es de 129,99€. Además, ofrecen hasta un 65% en una amplia selección de ebooks. Tambien han rebajado el precio de sus tablets.
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Isabel La Católica, el último deseo de la primera gran Reina de Europa (Fri, 24 Nov 2017)
Al día siguiente de la muerte de Enrique IV, Isabel -una Infanta española rubia y de ojos verdosos- se proclamó por sorpresa Reina de Castilla en la iglesia de San Miguel, en Segovia. Tal vez la joven lloró lágrimas en la intimidad por el fallecimiento de su medio hermano, como se encargó de proclamar la propaganda de los Reyes Católicos, pero lo cierto es que no tuvo tiempo de sentir mucha lástima. La rápida maniobra de la Reina sorprendió a todo el mundo, incluido a su marido, Fernando de Aragón, que desde Zaragoza se llevó las manos a la cabeza frente a la que se les venía encima. «Muchos hombres a lo largo de la vida de Isabel la apoyaron pensando que podrían ejercer el poder en su nombre. Fue el caso del obispo Carrillo o de Fernando y sus consejeros aragoneses. Todos ellos se equivocaron. Era una mujer testaruda, que no se dejó manejar por otros», explica Giles Tremlett, que presenta estos días su libro «Isabel la Católica: la primera gran reina de Europa» (Debate, 2017). Una obra en la que el periodista británico, autor de otros dos libros sobre la memoria de España, trata de reivindicar la figura de la castellana como una de las grandes reinas de la historia de Europa. «Mi idea era escribir una defensa de Isabel fuera de España, siendo una figura manchada por la leyenda negra», asegura el británico, que la compara por su fortaleza con Margaret Thatcher: «Son dos mujeres que se impusieron a los hombres, pero que no hicieron nada por mejorar las condiciones de las mujeres de su tiempo». La Segovia Real En un recorrido por el casco histórico de Segovia junto a la prensa, Giles Tremlett ilustró ayer los pasajes de su trabajo biográfico a través de rincones como el palacio del Rey Enrique IV o el imponente Real Alcázar. Precisamente, en este último Isabel pasó parte de su infancia debido a que su medio hermano, Enrique, quería alejar a los nobles de ella y de su hermano pequeño, Alfonso «El Inocente». El Rey era débil y la aristocracia castellana revoltosa, a lo que ordenó que sus hermanos abandonaran a su madre en Arévalo. «Su madre se quedó sola y terminó enloqueciendo. Isabel se endureció, probablemente, con la experiencia de su madre, y aprendió que no podía depender de nadie. Debía abrirse camino ella sola en un mundo de hombres», afirma Tremlett, en las calles que tantas veces recorrió la joven Infanta. Isabel defendió siempre su derecho a elegir con quién casarse, que al final fue el heredero de la Corona de Aragón. Tampoco hacia él ejerció dependencia, dando lugar a una Monarquía dual inédita en la historia. «Me ha costado encontrar otro caso igual, incluso en el terreno empresarial, de una pareja de gobernantes que compartiera tanta confianza y tanto respeto», apunta sobre la relación entre Fernando e Isabel. Curiosamente -recuerda el britanico- los catalanas se apoyaron varias veces en la castellana para que intercediera ante su marido: «Fue una buena aliada para Barcelona». Tanto monta, monta tanto. La construcción de España estaba ya en marcha. Preocupación por los indígenas Ni de la expulsión de los judíos, ni de la instauración de la Inquisición... En los días que precedieron a su muerte, el 26 de noviembre de 1504, Isabel la Católica no se arrepintió de ninguna de las decisiones de su vida. «Si había cometido errores, creía que eran pocos y puntuales», asegura Giles Tremlett. A sus 53 años, una de las únicas preocupaciones que plasma en su testamento estuvo puesta en los «inocentes» del Nuevo Mundo y de las Islas Canarias. La Monarca comprendía que la esclavitud estaba justificada para los «infieles» y los enemigos vencidos, no para los habitantes de la tierra descubierta por Cristóbal Colón. En su lecho escribió: «No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados».
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Pere Gimferrer, XIV premio de Poesía Federico García Lorca (Thu, 23 Nov 2017)
El escritor Pere Gimferrer ha obtenido hoy el XIV premio de Poesía Federico García Lorca. El jurado ha destacado «la universalidad de su poesía» y su «renovación constante» en el último siglo en los ámbitos español y europeo. El autor, nacido en Barcelona en 1945, destaca por su amplitud y capacidad para «conectar mundos antes no incorporados a la literatura», según recoge al acta del jurado, al que ha dado lectura la concejala de Cultura de Granada, María de Leyva. «Su escritura abre espacios y territorios insólitos y nuevos en la literatura española, abre nuevos faros, puertas y luces para muchos de los que vinimos después», ha indicado el también poeta y crítico literario de «El Mundo», Antonio Lucas. Como uno de los portavoces del jurado, Lucas ha subrayado que Gimferrer, Premio Nacional de Poesía en 1966 y 1989 y Premio Reina Sofía de Poesía en el 2000, ha sido un «poeta principal» para al menos tres generaciones, además de en la poesía, en el ensayo, el «dietarismo» y la traducción, donde representa «una de las cimas» de la literatura española del ultimo medio siglo. «Pere es de los autores que mejor ha explorado por esas trochas secretas del mundo lírico de Federico», ha concluido. Por su parte, el propio Gimferrer ha indicado a Efe que el poeta andaluz le ha influenciado mucho desde sus inicios y «ha estado siempre muy presente en mi obra literaria». «A García Lorca le he citado muchas veces y he escrito sobre su relación con Barcelona y Cataluña», ha señaladoel literato, que también ha destacado sus vínculos con la ciudad de Granada, donde ha dicho tener muchos amigos. Del poeta granadino, los libros que más le han influenciado son «Poeta en Nueva York» y «Bodas de sangre», ha explicado Gimferrer, quien ha resaltado que García Lorca «siempre se tiene que releer, y no dejarlo de leer nunca». «Estoy muy contento y muy honrado» con la concesión de este premio, ha manifestado Gimferrer, que ha sido informado hoy del galardón por una llamada del Ayuntamiento de Granada. Pere Gimferrer ha avanzado que acudirá a Granada a recoger el galardón y que en su discurso evidentemente se referirá al poeta andaluz y a Granada, aunque apenas ha empezado ahora a pensar en su contenido. 50 autores de 19 nacionalidades Un total de cincuenta autores de diecinueve nacionalidades propuestos por 87 instituciones han optado en esta edición al Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, que nació siendo el de mayor cuantía económica en su género y que actualmente está dotado con 20.000 euros. El galardón tiene por objeto premiar el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica. En ediciones anteriores este premio ha recaído en Ida Vitale (2016); Rafael Guillén (2014); Eduardo Lizalde (2013); Pablo García Baena (2012); Fina García Marruz (2011); María Victoria Atencia (2010); José Manuel Caballero Bonald (2009); Tomás Segovia (2008); Francisco Brines (2007); Blanca Varela (2006); José Emilio Pacheco (2005) y Ángel González (2004).
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Las mayoría de las pequeñas librerías de España obtuvieron menos beneficios en 2016 (Thu, 23 Nov 2017)
El último «Observatorio de las Librerías», el informe anual realizado por la Universidad de Zaragoza y dirigido por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), muestra una realidad preocupante para las pequeñas librerías de España. Mientras las grandes superficies aumentan su facturación, la mayor parte de los establecimientos independientes obtienen menos beneficios. «Creemos que uno de los motivos por los que las pequeñas y medianas librerías están pasando más apuros es que tienen menos capacidad de organizar actos, y especialmente si están en poblaciones más pequeñas, tienen un margen de maniobra menor», explicó ayer Juancho Pons, presidente de Cegal, durante la presentación de los resultados. El universo de librerías que operan en España se compone fundamentalmente de pequeños establecimientos. Así, el 50,2% de la red factura menos de 90.000 euros anuales. Por su parte, las librerías que venden más de 600.000€ anuales son muy minoritarias. En concreto, las que facturan más de 1.500.000€, son solo el 1,6% del total, y las que facturan entre 600.001 y 1.500.000 euros representan el 4,6%. Crecimiento general Desde un punto de vista general el estudio sí arroja datos esperanzadores para el sector: en 2016 se crearon más de 140 establecimientos y la facturación creció un 3,6% con respecto al año anterior. En efecto: hay más puntos de venta y se ingresa más, confirmando así la tendencia positiva iniciada en 2014, sin duda el punto más crítico que atravesó el negocio en los últimos tiempos. Aunque los niveles anteriores a la crisis no se han recuperado, hay «motivos fundados para el optimismo» en un sector que sufrió «enormemente» sus efectos, tal y como apuntó Óscar Sáenz de Santamaría, director general de Industrias Culturales y del Libro.
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Parricidios, naufragios y mujeres rebeldes: Doce mitos indispensables para entender nuestra cultura (Thu, 23 Nov 2017)
Dice Carlos García Gual que los mitos nos atraen (a nosotros y a nuestros antepasados) porque «nos hablan de las grandes pasiones, de las grandes aventuras» y porque «presentan figuras más grandiosas, más fuertes, más terribles y más aventureras que los individuos corrientes». Así, consiguen vencer al paso del tiempo y extender su leyenda a lo largo de los siglos, vistiéndose con el ropaje de cada época: el Ulises de Homero no es el mismo que el de Joyce, pero ambos guardan una suerte de raíz común, un núcleo duro. Los mitos, en efecto, nos hablan de la condición humana, que no es tan amplia como creemos. Los motivos de la vida se repiten, por eso están ya cantados en el mundo clásico: el amor, la audacia, la cobardía, la envidia, la lucha por el poder, la muerte… Repasamos los doce mitos indispensables para entender nuestra cultura: un particular Olimpo que se mueve entre la antigüedad y la modernidad.
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«Alfonso XIII se enamoró de la marina deportiva en cuanto la conoció» (Thu, 23 Nov 2017)
El Museo ABC acogió ayer la presentación del libro «Los barcos de Alfonso XIII. Las regatas de una época 1902-1931», escrito por Luis Tourón Figueroa, aviador, navegante y regatista, y uno de los principales conocedores -como dejó constancia en el acto- de la historia de la vela en España. En la mesa le acompañaron el director de ABC, Bieito Rubido, que ejerció como anfitrión; Juan Melgar, director de la Librería Náutica Robinson y editor del libro; y Julia Casanueva, presidenta de la Federación Española de Vela, que destacó los conocimientos esclarecedores del autor acerca de la evolución histórica del deporte de la vela. La génesis del libro, contó Tourón, está en un encuentro que tuvo en Sanjenjo con el Rey Emérito Don Juan Carlos hace dos años. La suspensión de una regata les permitió tener una larga charla, durante la cual el autor del libro le reveló a Don Juan Carlos que su abuelo, el Rey Alfonso XIII -también un gran aficionado a la navegación-, tuvo veintisiete barcos, un detalle que el Rey Emérito desconocía. Animado por éste a escribir un libro contándolo, Tourón abandonó momentáneamente la escritura de la historia de la vela en España para centrarse en el relato de la relación de Alfonso XIII con este deporte, que tuvo en él y en la Monarquía, según explicó, un verdadero impulsor y defensor. Apoyado en la proyección de un puñado de fotografías -procedentes de los archivos de la Casa Real, de la familia López-Dóriga y de ABC, que ha colaborado en la elaboración del libro, como así lo reconoció y agradeció el autor-, T ourón fue desgranando con profusión de datos, fechas y un vasto conocimiento de la materia la historia del idilio de Alfonso XIII -y también de su esposa, la Reina Victoria Eugenia- con la vela. «El Rey estuvo desde muy pronto involucrado en la marina, y se enamoró de la marina deportiva en cuanto la conoció». Tuvo, según contó Tourón, su primer barco de regatas en 1904; aquel año se construyó en Ferrol, bajo la dirección de Joaquín Barriere, aquel primer barco. Luego vendrían más, seismiles, ochomiles, y hasta quincemiles, bautizados con distintos nombres: «Giralda», «Tonino», «Nenúfar», «Hispania», «Osborne»... Así hasta veintisiete, de los que hoy siguen navegando cuatro de ellos. A través de la afición real por la vela, Tourón traza su trayectoria en España, así como sus antecedentes en el mundo y los principales hitos que vivió este deporte durante el período en que reinó Alfonso XIII, y que es al que se circunscribe el libro. Repasa la historia de la vela en el siglo XIX -en 1870 se creó el Real Club de Regatas de Santander, principio de la vela deportiva en España-, la historia de este deporte en nuestro país, los primeros barcos de regata y, finalmente, los barcos del Rey Alfonso XIII.
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Eduardo Mendoza aborda el problema de Cataluña en su último ensayo (Wed, 22 Nov 2017)
Hace unas semanas, mientras recibía el premio José Luis Sampedro en el Festival Getafe Negro, el escritor Eduardo Mendoza se mostraba seriamente preocupado por la situación catalana. «Están yendo hacia un camino perjudicial para todo el mundo», decía entonces. Ahora, el escritor barcelonés publica un ensayo sobre la cuestión: «Qué está pasando en Cataluña» (Seix Barral), que se publica el próximo 29 de noviembre. «La pretensión de poder aportar algunas clarificaciones me ha llevado a escribir este texto. No lo he escrito para posicionarme en un bando o en otro. Lo he escrito para tratar de comprender lo que está pasando», ha explicado el autor. «He advertido no sólo la ignorancia que existe acerca de la situación presente sino también los prejuicios que lastran la imagen de Cataluña y de España y, por lo tanto, de lo que está pasando, sus antecedentes y la forma en que ven y viven los acontecimientos las personas directamente implicadas, tanto los partidarios de la independencia como los que se oponen a ella. También he comprobado que muchos de estos prejuicios y tergiversaciones dan origen a buena parte de las ideas predominantes», ha subrayado.
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Carlos García Gual: «El progreso no explica el sentido de la vida» (Wed, 22 Nov 2017)
Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) se refiere al presente como «el mundo moderno», una distancia que no tiene tanto que ver con su edad como con el hecho de que ha pasado más de medio siglo viviendo entre textos griegos, enseñando una lengua muerta que permanece viva en una de sus pasiones: los mitos. Tiene en sus ojos el brillo de la leyenda, una pátina que no termina de casar con una realidad demasiado rápida y repetitiva. Para Gual, el tiempo pasado, en efecto, fue mejor. Resulta difícil moverle de la certeza de que hay más encanto en la fantasía que en la vida, pues él conoce muy bien los horizontes de ambas. «El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un lugar de historias interesantes. No hay pasiones nuevas. No hay aventuras. Las grandes pasiones y los grandes personajes están en la literatura», sostiene con nostalgia. Acaba de publicar una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), que escribió hace ahora veinte años movido por el pulso de sus lecturas. Es una selección subjetiva que baila entre la antiguëdad y los superhéroes, que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria». Por ahí aparecen Ulises y Edipo, pero también Don Quijote, Carmen y Superman. ¿Qué tienen en común todas estas figuras que se pasean por el libro? Yo hablo de los mitos no tanto como creencias religiosas, sino como historias que se han mantenido en el imaginario colectivo. Son esos relatos que se han transmitido durante siglos, que ejercen una extraña fascinación en la cultura y en la imaginación de la gente. Mi definición del mito es que se trata de un relato tradicional, un tanto paradigmático, y que tiene personajes extraordinarios que viven en un pasado prestigioso y lejano. ¿Qué es lo que nos fascina de ellos? Que nos hablan de las grandes pasiones, de las grandes aventuras. Sus personajes son héroes, con su condición humana y mortal, pero que hacen cosas extraordinarias. Los mitos presentan figuras más grandiosas, más fuertes, más terribles y más aventureras que los individuos corrientes. En el texto que abre el libro habla de que, a pesar de que somos racionales, no podemos prescindir de nuestra vocación mítica, de los relatos. Es que la razón técnica no explica el sentido de la vida. Ayuda a vivir más cómodamente, sí, pero las grandes preguntas siguen ahí: ¿Qué sentido tiene vivir?, ¿vivir para qué? Indudablemente, el progreso nos ayuda a vivir mejor, pero no explica el sentido de la vida. Digamos que la razón, muchas veces, tampoco llega a convencer sobre esas cuestiones. Los mitos proponen historias fantásticas que tampoco dan una solución, pero que proporcionan un horizonte atractivo de fantasía. Nos animan a vivir en otras épocas, en otros mundos. Nos transportan a unos horizontes más vastos, más amplios, más animados. ¿Más animados que la vida? Las grandes pasiones y los grandes personajes están mucho más en la literatura y en la fantasía que en la realidad. La vida es mucho más monótona si uno no conoce la mitología. Habla de los mitos como algo vivo, que no paran de crecer con el paso del tiempo y las reescrituras. No hay que olvidar que los mitos griegos estaban a cargo de los poetas, no de los sacerdotes. Eso daba a las recreaciones de los mitos una cierta libertad, una cierta capacidad de variar detalles. Eso los vuelve algo muy vivo, que perdura en los siglos, que nos dice algo nuevo. El Ulises antiguo no es exactamente el de James Joyce, pero la figura mantiene un eje o un núcleo esencial. Es esa idea de Joseph Campbell de hay una serie de motivos y temas que se repiten a lo largo de la historia de forma inevitable. Es que en la vida humana las circunstancias y los elementos básicos son casi siempre los mismos: el amor, la audacia, la cobardía, la envidia, la lucha por el poder… Todo eso lo recoge la mitología. En eso Campbell tiene razón: los mitos son las grandes historias, a veces sumergidas, recobradas por la literatura. Y cada cultura les da un color especial. En la portada de esta nueva edición del diccionario aparecen Zeus y Superman. ¿Son los superhéroes la nueva mitología? Portada de la nueva edición del «Diccionario de mitos» - ABC Yo creo que los superhéroes del mundo moderno son héroes muy banalizados, muy triviales. No son grandes figuras míticas. Son figuras poderosas. A veces vuelan, como Superman, o dan saltos enormes, como Spiderman, pero son un poco héroes de papel, superficiales, un tanto planos. Y no solo hay mitos modernos, sino que también existe una pervivencia de los mitos clásicos en la cultura de hoy. «La guerra de las galaxias», desde un punto de vista mítico, revela muchos rasgos antiguos como el enfrentamiento con el padre o el villano encarnado en una figura que tiene mucho de demoníaca. Incluso las vestiduras de los personajes que recuerdan al mundo artúrico. Parece que no le gustan mucho los superhéroes. Siempre insisto: la otra gran fuente literaria del presente la forman el cine y la televisión. Lo malo es que cuando uno ve lo que se produce da la sensación de un cierto agotamiento temático. Hay mucha más violencia y más carreras de coches, pero los argumentos no son nuevos. Yo pienso que en muchas películas el autor es el director de los efectos especiales: se ha convertido en el gran constructor. El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un mundo de historias interesantes. No hay pasiones nuevas, no hay grandes historias. El otro día vi en la televisión «50 sombras de Grey». Que eso haya vendido millones de ejemplares muestra la necedad y la pobreza de la imaginación moderna. En esta reedición añade al Quijote, el único mito que nace y muere en la misma pluma. Según mi idea de que un mito se construye a través de la tradición, en la que el personaje se mantiene y cambia al mismo tiempo, no encaja. Todo el mito del Quijote está en el libro de Cervantes, en las dos partes. Se han escrito continuaciones y otras versiones, pero no brillan al lado de la original. Sin embargo, me he dado cuenta de que aunque no hayan trascendido más aventuras del personaje, sí que ha habido muchas reinterpretaciones. Y eso hace de él un mito. ¿Cómo ha cambiado su interpretación? En el siglo XVI era un personaje cómico. Pero para los franceses e ingleses del XVII se transforma en una figura seria, que plantea unos problemas muy importantes. Después, para los alemanes románticos del XVIII, es un ideal. Luego viene la generación del 98, que ofrece unas interpretaciones simbolistas en las que el Quijote puede representar la España decadente. Creo que el relato de Don Quijote está todo en Cervantes, pero las interpretaciones hacen de él una figura mítica. También añade a Sherlock Holmes. La novela policiaca siempre me ha gustado, desde pequeño. Sherlock Holmes tiene el atractivo del detective que con su inteligencia lo resuelve todo. Es un homenaje a la inteligencia deductiva. Tiene algo de heroico, pero es un individuo victoriano un poco raro que toca música y se inyecta morfina. Y es fantástico: los casos de Holmes no se podrían resolver. Es un personaje mítico de su tiempo al que todos los detectives de la novela negra deben algo. Con tantas adaptaciones, el cine también le debe mucho a ese detective. Se ha dicho que el cine es una fábrica de mitos, pero más bien es una empresa de recogida de mitos. Toma mitos que ya estaban en la literatura: Sherlock Holmes, Tarzán, Superman… Todos nacieron por escrito. El legado español se cifra en su diccionario en dos dones: Don Quijote y Don Juan. Sí, aunque podría haber incluido, tal vez, al personaje del pícaro. Pero este no está encarnado en una figura concreta porque el Lazarillo no conforma del todo el prototipo. Y está Carmen, que es un tipo de heroína española aunque su autor no fuese español. En su momento, los mitos ayudaban a crear conciencia de pertenencia a la polis. Por supuesto. Por eso decía que los mitos tienen algo de ejemplar. Son ejemplos de grandeza. En el mundo griego los héroes buscan la inmortalidad a través de la fama: saben que van a morir, todos mueren de hecho, pero arriesgan la vida por la gloria eterna. Y de alguna manera lo han logrado. De nuevo, candidato a la RAE Hace unos días, conocíamos que Gual es uno de los candidatos a ocupar la silla «J» de la Real Academia Española, un honor que comparte con Alfredo Conde y que se decidirá el próximo 30 de noviembre. En mayo de este año ya se «disputó» el asiento «M» con Rosa Montero, pero ninguno de los dos alcanzó la mayoría absoluta. El escritor y filólogo se muestra ilusionado, aunque afirma que la elección no le quita el sueño. «Me hace ilusión por lo que tiene de reconocimiento a una trayectoria, por haber estado escribiendo libros y enseñando griego durante cincuenta años. Además, creo que hay una serie de personas muy dignas con las que puedo pasar buenos ratos y servir de algo a la lengua española. Pero no es que sea un fanático de las academias», señala.
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El retrato premonitorio de Puigdemont que hizo Josep Pla (Tue, 21 Nov 2017)
«El catalán es un fugitivo. A veces huye de sí mismo y otras, cuando sigue dentro de sí, se refugia en otras culturas, se extranjeriza, se destruye; escapa intelectual y moralmente. A veces parece un cobarde y otras un ensimismado orgulloso. A veces parece sufrir de manía persecutoria y otras de engreimiento. Alterna constantemente la avidez con sentimientos de frustración enfermiza. Aspectos todos ellos característicos del hombre que huye, que escapa. A veces es derrochador hasta la indecencia y otras tan avaricioso como un demente; a veces es un lacayo y un insurrecto, a veces un conformista y otras un rebelde…»
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Josep Pla, erótico e inédito (Tue, 21 Nov 2017)
«Nada me hace ilusión. Cuando me hablan de la felicidad, la cursilería de la palabra hace que me parta en dos de risa. Lo ideal es hacerse todas las ilusiones del mundo y no creer en ninguna. Decepcionante, deprimente, qué se le va a hacer». Cuando Francesc Montero, investigador de la Cátedra Josep Pla, dio con los fragmentos inéditos de lo que debía de ser la segunda parte del dietario «Notes disperses» (1969), no dudó en cómo bautizar esas reflexiones teñidas de tedium vitae: «Hacerse todas las ilusiones posibles y otras notas dispersas». La longitud del título se corresponde con la génesis del libro. El voluminoso manuscrito que había de ser «Notas dispersas» incluía prosas ya publicadas en obras anteriores. La correspondencia entre Pla y su editor, Josep Vergés, demuestra que ambos tenían la intención de ampliar aquellas notas a otro volumen. Cinco años después de «Notes disperses» veían la luz «Notas para Silvia» (1974) y, en 1979, «Notas del crepúsculo», que cerraba el ciclo de dietarios que el ampurdanés inició con «El cuaderno gris» (1966). Al cotejar los dos manuscritos referidos a «Notas dispersas», Montero identificó un número considerable de textos inéditos. «No conocemos los motivos por los que fueron descartados, pero es obvio que una buena parte eran inaceptables en aquellos años y que muchos otros eran susceptibles de recibir el tijeretazo de la censura». Desasosiego erótico En esos papeles de la década 1950-1960, con acotaciones de épocas anteriores, Pla conjuga el desengaño sobre la situación de Cataluña y España bajo el franquismo, encuentros con Dalí, Samaranch o Tarradellas con crudas reflexiones del desasosiego erótico –referencias a Aurora, el amor de sus años de madurez– y de sus problemas con el alcohol. El volumen se completa con tres cartas, entre las que destaca la que culpabiliza a Carlos Sentís de un incidente ocurrido en 1941 con el jefe de orden público. Con apretada caligrafía en libros de contabilidad, los comentarios de Pla sobre los catalanes son tan lacerantes como los dedicados al patrioterismo franquista. No faltan anécdotas simpáticas, como una visita en 1962 a Salvador Dalí. Elogia la casa de Port Lligat, el monólogo del pintor sobre Llull y Mahoma y el retrato de Gala desnuda: la musa de Dalí exclama en un aparte: «Ah Monsieur Pla! La peinture! Quelle couillonade! Dalí, concluye, «es uno de los hombres más divertidos de este país, y que sabe más cosas». La presencia erótica sobrevuela otras anotaciones. Pla evoca la excitación de cuando tenía veinte años en una Barcelona prostibularia y la «correspondencia pornográfica» con Aurora Perea, la mujer que propulsa su sensualidad madura y a la que dedica poesías: «Estos versos tan malos –impresentables– tienen para mí, una cierta importancia onírica –diríamos– porque me concentran el recuerdo y la imaginación en la época de Aurora». El Pla que ha perdido la s ilusiones se consuela con aforismos al modo de Montaigne o Chamfort y ejercicios de sinceridad como el que anota en 1947 en relación a la corrupción de la posguerra: «Hay una gran cantidad de gente que cree que soy un cínico crudo, puro y total. Todas las personas que me conocen y me han tratado un poco (muy pocas) saben que soy un candoroso recalcitrante… Me han tratado de cínico en estos años de latrocinio nacional y delirante. Oficial, bendecido, y si no aceptado, consentido por la clase por definición moral».
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Las 7 razones de Savater contra el separatismo (Tue, 21 Nov 2017)
En su nuevo libro, «Contra el separatismo» (Ariel), Fernando Savater ha resumido, a modo de receta, las razones de peso contra el separatismo, argumentos de fuerza evidente para «quienes no llevan ese sello diabólico en la frente o quienes aún lo tienen superficialmente grabado». Reumimos aquí los siete brillantes epígrafes que todos deberíamos tener en cuenta estos días en los que aún se mantiene la incertidumbre: 1. Es antidemocrático Los portadores de derechos son los ciudadanos, no los territorios. Cualquier ciudadano es igualmente dueño político de cualquier parte del Estado, porque ninguna pertenece en exclusiva a quienes ocasional o secularmente tienen los pies puestos en ella. Hablar de una «ciudadanía catalana» o «vasca» es como referirse a aquella «equitación protestante» con la que bromeó Borges. El referéndum celebrado (más o menos) el 1-O era inválido no por carecer de transparencia, censo fiable, recuento limpio, sino porque convocantes y participantes carecían de competencias para decidir por sí solos lo que era de todos. 2. Es retrógrado Porque plantea una ciudadanía basada en el terruño, en la identidad étnica, en la lengua única. El «nosotros» de los separatistas es siempre «no a otros». Y marca un regreso al tradicional caciquismo hispánico que saboteó concienzudamente las promesas liberales y sociales de la democracia española en el siglo XIX y comienzos del XX. 3. Es antisocial El Estado social debe ser fuerte para no admitir más privilegios locales que los que pueden revertir en mayor bienestar para todos, y lo suficientemente centralizado para garantizar la igualdad de los servicios públicos en todo el país. El único argumento para mantener cualquier disparidad fiscal entre regiones es que sea en beneficio común, no en nombre de «derechos históricos», que son algo así como las brujas de Zugarramurdi de nuestro ordenamiento jurídico y deberían desaparecer si hay una reforma constitucional. 4. Es dañino para la economía Así está quedando patente en la huida de empresas ante el anuncio de la independencia unilateral de Cataluña. Crear fronteras internas y multiplicar los aranceles en un espacio de mercado que hasta ayer estaba unido es un atentado al desarrollo económico y afecta sobre todo a los pequeños empresarios y comerciantes. Y ello una vez ampliamente demostrado que los agravios económicos que denunciaron no son reales y que no era «España» quien les robaba, sino una importante y muy reconocida familia de la casta nacionalista. 5. Es desestabilizador El países se divide en banderías opuestas, se fomenta la inseguridad institucional, jurídica, etcétera, y las fuerzas de orden público se convierten en jenízaros al servicio de caciques locales. Además brinda una oportunidad de oro para aumentar su cuota de poder a las fuerzas políticas antisistema. Otras fuerzas totalitarias, como el III Reich, ya se apoyaron en su día en movimientos separatistas de las potencias europeas para zapar su fuerza y someterlas. A mi entender, Podemos significa una amenaza mayor a medio plazo para las libertades democráticas de España que cualquier partido nacionalista. 6. Crea amargura y frustración Siempre que se deshace un país que llevaba mucho tiempo unido, no digamos si son varios siglos, aunque sea con consentimiento legal, deja una ristra de dramas personales y familiares, como se ha visto en Pakistán, Yugoslavia... en muchos sitios. La generación que padece la división, sobre todo cuando ha sido precedida y acompañada por una campaña de odio social al distinto fomentada por la educación sectaria y los medios de comunicación criminógenos, queda inevitablemente traumatizada y a veces duraderamente resentida. El que pierde a sus compatriotas sufre algo más que un daño administrativo o una serie de molestias burocráticas. 7. Crea un peligroso precedente Si un territorio se separa a las bravas o incluso por las buenas pronto surgirán otros contagiados de lo que Freud llamó «el narcisismo de las pequeñas diferencias». También en Europa. Esperemos que esta muy real amenaza en perspectiva baste para que los miembros de la Unión Europea apoyen sin fisuras al Estado español en su tarea de atajar el separatismo, recordando que ya una vez en el pasado siglo el enfrentamiento civil en España fue una especie de ensayo general del enorme y sangriento que luego desgarró a toda Europa.
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Fernando Savater: «Aún hay idiotas que dicen eso de “toda bandera me repugna”» (Tue, 21 Nov 2017)
Lo último de Fernando Savater (San Sebastián, 1947) es un panfleto, un instrumento al servicio de los tiempos que vivimos. «Contra el separatismo» (Ariel) aborda la cuestión catalana desde el dardo, unas veces irónico, otras demasiado triste, pero siempre cargado de argumentos. El libro, en efecto, es breve como una punzada: sigue aquel consejo de Nietzsche que decía que en los temas trascendentes hay que meterse como en el agua fría, solo entrar y salir. Y ahí no hay tiempo para los rodeos ni para perderse en disquisiciones semánticas. Su postura es clara: «El separatismo es el verdadero problema que ha tenido España desde la llegada de la democracia». «Esto es un panfleto», señala en el arranque del libro. ¿No está el ambiente para sesudos ensayos sobre el separatismo? El tema no es para sesudos ensayos. Además, no se puede pedir a cada ciudadano que haga un curso de filosofía política sobre autodeterminación y colonialismo cuando lo que se trata es de defender lo suyo: su país, su ciudadanía. Hay que tener una argumentación fácil, al alcance de la mayoría de la gente. Este libro es un instrumento al servicio del momento, nada más. ¿Cómo ve hoy el estado de la cuestión catalana? Mejor, evidentemente. El 155 es parte de la solución, pero no puede resolver mágicamente todo el asunto. Primero, porque esto viene de atrás e intervienen cosas como la educación y los medios de comunicación. Mientras no acabemos con las causas vamos a tener los mismos efectos. Quien piensa que con el 155 y las próximas elecciones ya se ha resuelto todo y podemos continuar igual que antes se equivoca. ¿Por dónde pierde fuerza el separatismo? Hay un acontecimiento muy importante: el descubrimiento de que Cataluña ha sido y es la autonomía española peor administrada, con mayor deuda hacia el Estado –70.000 millones de euros– y con un fraude extraordinario como el famoso tres por ciento o los latrocinios de los Pujol. El descubrimiento de todo eso es el final del sueño del oasis perfecto catalán, con su glamour y tranquilidad por encima de la turbulenta España. Pero al respecto describe una población que se mueve bajo el lema de «la verdad nos haría libres pero preferimos la mentira porque nos hará independientes». La sociedad prefiere la mentira mientras no recibe más que mentiras. Hay que mostrarle las realidades y enseñarle que la verdad no desaparece porque uno se empeñe en mirar para otro lado. Sí, hoy por hoy, hay mucha gente que se ampara en mentiras, pero porque eso parece que funciona. Si se demuestra que no es así, que la verdad sigue existiendo, que pueden proclamar la república las veces que quieran, que la república como tal no aparece y que lo que sí hay son elecciones autonómicas en el horizonte… Entonces, a fuerza de decepcionarse con las soluciones falsas, terminan aceptándose las verdades. ¿A qué libros acude para entender este embrollo? Leo sobre cualquier cosa menos sobre este embrollo. Bastante tengo con leerme los periódicos y seguir la actualidad, los acontecimientos cada vez más pintorescos. Hay que reconocerlo: no hay culebrón ni serie en la televisión con tantos cambios, golpes de efecto y emociones como este. Fuera de eso, leo sobre otros temas. Quiero cultivarme un poco en lo que me queda ya de vida. No quiero perjudicar mi mente pensando en estas cosas tan disparatadas. Dice que lo del separatismo viene de lejos, que para empezar en España existe una falta de igualdad ante la ley con los denominados «derechos históricos». ¿Qué más taras tenemos como Estado contra la unidad? La superstición política más dañina que hay en España es creer que son los territorios los que dan la ciudadanía y no el Estado. Eso es un mal que viene de antes de la Guerra Civil. La gente cree que existen las regiones, que existe Andalucía, Galicia y el País Vasco. En cambio, sobre España piensan que es algo más dudoso. Se creen que hay ciudadanías como la gallega o la vasca, pero que haya españoles es más sospechoso. Esta superstición es de lo más negativo y lo peor que puede sufrir un país: pone en cuestión su funcionamiento e impide su regeneración. Más allá de la identidad, sobre la que tiene sus reservas, ¿en qué debe sustentarse un país? En el derecho, en las leyes, en la convicción de que la ciudadanía no es algo que provenga de la tierra ni de la tradición, sino del Estado. En uno de los artículos que recoge el libro carga contra los intelectuales que no se han pronunciado o no han dicho más que naderías. Los intelectuales, la gente más representativa dentro del mundo de la cultura, son una fuerza que el país necesita. Son el espejo moral e intelectual que tenemos. La verdad es que el rostro que se ve en ese espejo no es nada bueno: o bien no han hecho absolutamente nada o bien se han limitado a decir «no, no, esto no, ¡hay que llevarse bien!». Son cosas que no llevan a ninguna parte. ¿No han estado a la altura? Ni mucho menos. Solo algunos han estado bien. Pero ocurrió lo mismo en el País Vasco. El verdadero problema que ha tenido España desde la llegada democracia ha sido el separatismo, el radicalismo extremo. Y los intelectuales, salvo raras excepciones, o no han dicho nada, o han dicho cualquier vulgaridad, o se han preocupado más por protegerse a sí mismos que por tomar una posición clara y comprensible para los demás. Como si tuvieran miedo de la bandera. En ese sentido la mayoría de la gente se porta mucho mejor. Aunque todavía hay idiotas que siguen diciendo eso de «todas las banderas me disgustan» o «toda bandera me repugna». Ante todos los conflictos cívicos que no saben afrontar o no saben resolver quieren ponerse por encima del reto. Pero están por debajo. La gente es mucho más natural: acepta su bandera, acepta su país. Es lo que han mostrado las dos manifestaciones que ha habido en Cataluña. Eso revela mucha más altura cívica que la que se encuentra en el 90% de los manifiestos y manifestaciones de los intelectuales. En una de sus estocadas satíricas menciona que asistimos a una competición de disparates para ver quién dice la mayor barbaridad sobre Cataluña. ¿Quién va ganando por ahora? Yo diría más bien que todos somos perdedores. En ese conflicto de bobadas y de tópicos todos perdemos. El más tonto que que conozco es ese que se dijo en su momento de que era un gran error, una imprudencia, encarcelar a una serie de políticos. Y se ha revelado como mano de santo. Eso de que la cárcel es una medida extrema y de crueldad máxima… Pues no: es una medida que tiene una gran dimensión pedagógica para indicar que el Estado va en serio, que no va a detenerse ante unas recomendaciones cariñosas, como quieren algunos. Hablando de estocadas... ¿Volverán los toros a Cataluña? Me conformo con que vuelvan los españoles. Quiero que vuelva el Estado de las libertades, la ciudadanía plena y que Cataluña deje de estar secuestrada por los nacionalistas.
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La «Tintinmanía» llega a las casas de subastas (Mon, 20 Nov 2017)
Las subastas de cómic originales se multiplican estos últimos años con un éxito creciente y con Tintín como estrella indiscutible. La más reciente tuvo lugar el sábado en París, donde un dibujo en color de Tintín y Milú, realizado por Hergé para la publicación de «El Cetro de Ottokar», ha sido vendido por 505.000 euros. A pesar de que su precio estimado fue fijado entre 600.000 y 800.000 euros, fue la venta de mayor cuantía de esta subasta, dedicada a Hergé creador del joven periodista. Para Eric Leroy, experto en cómics de casa de Artcurial, organizadora de la subasta: «las obras originales de Tintín hoy son cada vez más raras en una subasta, sobre todo las de años 1930/1940», y en particular las planchas originales. En este contexto, «los coleccionistas se interesan cada vez más por los dibujos de la misma época publicados en la prensa belga antes de ser recogidos en un álbum». Así lo demuestra también el segundo precio más alto de la citada subasta. Dos tiras de la «Estrella misteriosa», publicados en «Le Petit Vingtième» (suplemento infantil y juvenil del diario belga «Le Vingtième Siècle») en 1941, alcanzaron los 381.000 euros (su precio estimado era de entre 300.000 y 400.000 euros). El dibujo que representa a Tintín y Milú escoltados por un mayordomo en el palacio real de Sildavia, reino imaginario en el corazón de la acción del álbum «El Cetro de Ottokar», también apareció publicado como portada del mismo suplemento belga el 14 de febrero de 1939. Hitos en subastas El joven reportero trotamundos ideado por Hergé acumula un buen número de récords, de París a Bruselas, pasando por Hong Kong En mayo de 2014, una doble página que recogía la cobertura para los álbumes de las aventuras de Tintín de 1937 se vendió por 2,5 millones de euros. Ese precio estableció el récord en materia de cómics. Más originales de Tintín han sobrepasado el millón de euros: la portada de «La estrella misteriosa» alcanzó 2,5 millones de euros en 2015 en la feria de arte y antigüedades de Brafa, en Bruselas Una doble plancha original del álbum de Tintín «El cetro de Ottokar», publicada en 1939, se subastaba en París en 2015 por 1.563.000 euros. Este es el precio más alto alcanzado por una doble página original de Hergé. Un coleccionista pagaba en 2016 1,55 millones por una plancha de «Objetivo la luna», en 2016. Y así se fijaba el récord mundial para una única página de los álbumes de Tintín.
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El maravilloso desafío de Henry James (Mon, 20 Nov 2017)
Leer a Henry James (Nueva York, 1843-Londres, 1916) es una tarea que puede dejar al ávido lector sin aire. Principalmente por la profusión con la que expande conciencias soñadas en sus páginas, faceta que agota por cuanto exige a quien lo disfruta. También por su paulatinamente adquirida costumbre de escribir frases que de por sí son párrafos, laberintos construidos a través de la subordinación y la acotación cuya comprensión absoluta escapa al lector menos concienzudo. James escribe para quien le quiera leer. A propósito de los escritos repletos de frases kilométricas de James decía la escritora estadounidense Edith Wharton, una de sus discípulas, que no entendía lo que querían decir. Ajeno a las advertencias de Wharton, el escritor Eduardo Berti se ha sumergido en la vasta producción de relatos del autor de «Los embajadores», 98 en concreto, para editarlos y traducirlos al español. Un trabajo titánico, el de estos «Cuentos completos», que ha encontrado refugio en la editorial Páginas de Espuma –la misma que recientemente puso el lazo a un trabajo similar con Chéjov– y cuyo primer volumen, el que incluye los relatos fechados entre 1864 y 1878, acaba de ver la luz en España. Entre la novela breve y el relato extenso La capacidad, por llamarlo de algún modo, de James para llenar 30 páginas con lo que a cualquier otro de sus coetáneos le sobrarían cinco, caracteriza al literato norteamericano sin llegar a constituir un debe en su currículo. En esa treintena, sus cuentos, funambulistas que desfilan entre la novela breve o el relato extenso, consiguen poner a remojo la historia que se nos cuenta para trocear con mimo la naturaleza humana que rige las relaciones personales, ingrediente básico en su particular cocina. No por ello hablamos de historias vacuas. Lo prueban títulos como «De Grey» o «El alquiler fantasmal», tildadas como obras maestras por Berti. Él, que lleva tres años con la cabeza metida en el vasto mundo de James, reconoce en una charla con ABC que el margen que la editorial le dio para hacer el trabajo fue fundamental, ya que a menudo necesitaba «sacar la cabeza tres semanas y volver con otra mirada». También cuenta con un ayudante que le apoya con relecturas de lo que va traduciendo. Tiene casi terminado el segundo volumen, que abarca lo escrito entre 1878 y 1894, y un ojo ya puesto en el tercero, que llega hasta 1910. Una técnica fascinante La ilusión que impregna las palabras que Berti escoge para hablar del autor decimonónico es propia de quien siente su oficio como un privilegio. Lo explica: «Cuando uno lee a James, lo que aprende es infinito. Más cuando la lectura se da en un contexto de traducción. Nadie lee como un traductor. Éstos leen como en una especie de cámara lenta, como un mecánico desarma un motor… No significa que sea una lectura mejor, pero sí que es muy singular. Y esa experiencia permite ver cómo James maneja los cambios de perspectiva, de ritmo, cómo pasa de su frase sinuosa, deliberadamente ambigua, a frases que ordenan y funcionan como elipsis. Toda su técnica, uno la ve casi desde adentro. Es fascinante». Esa frase de escalones que abandera la literatura de James se entiende mejor a razón del orden puramente cronológico en que estos «Cuentos completos» se han estructurado –a cada uno lo acompaña un breve anexo con el contexto y las circunstancias en que fue publicado–. De un primer cuento escrito con 21 años, fruto de una escritura que aún era germen, donde el estilo es directo y el torrente de introspecciones psicológicas a las que somete a sus personajes no pasa de la sugerencia, a la progresiva soltura que James adquiere a golpe de líneas. Ambigüedad sexual «Es difícil reconocerlo en el primer cuento, donde casi aconseja al personaje. Transcurre en Francia, es sorprendente. Y no tanto en un cosmopolita como él, pero ya aparece esa fascinación por el misterio del mundo femenino, que tal vez tiene que ver con su ambigüedad sexual, ya aparece un realismo raro, con elementos que están al límite de lo verosímil. Se va construyendo, pero es más simple. Al mismo tiempo, vas encontrándote con él. Según se acerca a la treintena, es muy maduro. El salto del aprendiz de los primeros cuentos al de los últimos es muy rápido», relata Berti. Cuenta su editor más reciente que este primer tomo está marcado por tres elementos: su asentamiento en Londres (donde vivió la mayor parte de sus años); la publicación de su primer gran éxito, «Daisy Miller», y el comienzo de su cuaderno de notas, cuyos apuntes han permitido enriquecer los relatos traducidos. Al pie de página, el lector podrá encontrar plasmados acontecimientos biográficos relevantes que ayudan a comprender lo que tiene ante sí, la mayoría de Leon Edel, su gran biógrafo. «Este es el libro de sus viajes de idas y vueltas a Europa», sintetiza Berti, que ha encontrado en estos cuentos un reflejo perenne de cuanto concernía a James: el complejo del americano venido a Europa, la idealización del Viejo Continente, la desilusión posterior, la ingenuidad del americano e incluso la envidia que en las calles londinense se profesaba a las mujeres americanas, menos sujetas por normas sociales. También la pintura, el arte que primero captó su atención, o el anhelo insuflado por la muerte de una prima de la que estaba enamorado. En suma, un «desafío maravilloso» en el que perderse para terminar descifrando la pluma de Henry James.
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«Un cuento de Navidad» en la era de la austeridad (Sun, 19 Nov 2017)
Más de siglo y medio después de que Charles Dickens convirtiera la crueldad que conlleva la pobreza en la quintaesencia de su historia navideña, Michael Rosen ha reimaginado «Un cuento de Navidad» desde la perspectiva de esta nueva era de la austeridad. «Bah! Humbug!» (Scolastic), con ilustraciones de Tony Ross, muestra a un niño, Harry, que va a desempeñar el papel de Scrooge en la obra del colegio, mientras duda de que su padre, obsesionado con el trabajo y gruñón sin remedio, vaya a asistir a su función. Dickens creó esta historia después de su visita en 1843 a una escuela para niños pobres en el centro de Londres, movido por el demoledor informe sobre las condiciones del trabajo infantil que llevó a cabo la Comisión de Empleo Infantil un año antes, cuyas conclusiones conmocionaron a la opinión pública de la época. Tanto, que originaron varias obras literarias de protesta. «Dickens lo escribió porque se quedó en "shock" cuando vio a los niños y el trato que recibían», ha afirmado Rosen al periódico británico The Guardian. De acuerdo con Rosen, el espíritu tacaño de Scrooge se encarna ahora en algunos políticos actuales que hablan desde el paradigma de la austeridad radical: «La visión predominante no difiere mucho de la expresada por Iain Duncan Smith: que los pobres son pobres por su culpa». El autor de la nueva versión también sostiene que la moraleja del relato clásico «ser amables unos con los otros y disfrutar de la Navidad» no es una solución práctica, pero es una forma literaria de satisfacernos: «Obligar a Scrooge a hacer un repaso de su vida es una gran manera de decir "mira cómo has llegado donde estás", lo que te lleva a pensar en la sociedad en su conjunto, en lugar de echarle la culpa a los pobres de su pobreza. Es un libro impresionante». En «Bah! Humbug!», el padre de Harry refleja un aspecto de la crueldad de Scrooge. Quería que fuera un eco del personaje. Alguien que es agradable, decente, perteneciente a la clase media puede tener esas ideas exterminatiorias en cuanto a los pobres. Quería que la mente del padre fuera el reflejo del siglo XXI de lo que fue ese pensamiento del XIX», explica Rosen, abiertamente crítico con el Gobierno británico actual. Los lectores de la época quedaron impactados con el cuento de Dickens. Según el autor, los políticos que gobernaban en la época victoria: «Tuvieron una economía próspera y expandieron una probreza desesperada. Creo que eso también pasa ahora. Ves a gente en la tele cada noche contando que la economía va bien, mientras tenemos bancos de alimentos. Las consecuencias de esa desigualdad son ahora más profundas».
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Sergio Ramírez: «Hay novela negra de policías honrados y jueces rectos. En Latinoamérica es lo contrario» (Fri, 17 Nov 2017)
A Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) la noticia del premio Cervantes le cogió saliendo de la ducha, justo antes de empezar su rutina laboral: cinco horas ininterrumpidas de escritura aislado del mundo, sin móvil ni internet, en ese despacho que él llama «mi cápsula espacial». El nicaragüense, que sucede en el galardón a Eduardo Mendoza, ha sido distinguido por su capacidad para ser observador y actor, así como por su talento para «reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte», tal y como señaló el acta del jurado. Con este premio pasa a formar parte de una larga lista de autores que han contribuido a enriquecer el legado literario hispano. Estoy muy feliz. Le dije al ministro [Íñigo Méndez de Vigo] que ser parte de esta lengua ya es un privilegio. Y ser premiado por ello, por estar en esta gran comunidad literaria y lingüística… Qué felicidad. Lo siento como un paso muy importante en mi carrera como escritor. Es llegar a una altura que me enorgullece mucho por los pares que tendré de ahora en adelante, gente que respeto, quiero y admiro como Borges, Bioy Casares, Carpentier, Carlos Fuentes, Onetti… Estoy en una lista privilegiada que asumo con humildad. Destaca a los escritores del Boom. Porque en términos generacionales vengo inmediatamente después del Boom. Ellos me ayudaron a cambiar mi visión de la literatura cuando era muy joven. Introdujeron en las letras latinoamericanas nuevas formas, nuevos métodos. Ellos abrieron las compuertas y yo me beneficié de ese cambio. Mi gratitud con esta generación de escritores es enorme. ¿Cómo es hoy el panorama literario en Latinoamérica en comparación con aquel? Hay más escritores, hay más tendencias. Encuentro siempre muchísimo talento, muchísima originalidad. Aunque hay una recurrencia en los temas que preocupan a América Latina que es independiente de la edad que se tenga, y de los experimentos literarios que se usen. Hay temas que atraviesan la literatura latinoamericana permanentemente: la corrupción, el mal gobierno, los abusos de poder, los asuntos ecológicos, el narcotráfico, las pandillas, la disolución de un Estado agredido por el narcotráfico… Antes eran las dictaduras folclóricas que vivíamos en los países bananeros. Hoy son los narcotraficantes: otros personajes de la misma calaña. Hablando de política, usted ha sido vicepresidente de Nicaragua y ayudó a derrocar al dictador Anastasio Somoza. Ha tenido una vida muy ligada a la política, ¿todavía lo siente así? Lo que pasa es que la pátina de la política se me quedó pegada a la piel. La abandoné en 1996, hace 21 años. Nunca volví a participar en ningún partido ni en ninguna directiva política. Yo nunca fui político, fui un escritor prestado a la política momentáneamente. Y cuando sentí que mi papel había terminado volví a lo que siempre quise: mi vida de escritor, que ejerzo con mucha felicidad. No sufro siendo escritor. Sufro corrigiendo, pero no creando. En su novela «Adiós muchachos» habla de la decepción de la revolución, del desencanto. ¿Actuaría de otra forma ahora? Nunca quise escribir una historia política de la revolución, sino de mi vida en un episodio muy importante para mí, que tomó lo mejor de mi juventud. Me dediqué a esa empresa en la que creía. Y volvería a hacer lo mismo si se tratara de vivir la misma edad y las mismas circunstancias. Pero eso no es posible. Las cosas no se repiten así. Nunca fue político, pero decidió estudiar Derecho. Aquí, en América Latina, las posibilidades de estudiar algo que se pareciera a Humanidades eran pocas. Ni siquiera había una escuela de periodismo entonces. Lo más cercano era el derecho. Y me sirvió muchísimo. Me dio un gran sentido de la lógica. ¿Por eso le interesa tanto el género negro? Creo que hay una reevaluación de este género. Es un género que ha sido subestimado y se trata de un instrumento muy útil para contar nuestra realidad. La novela negra tradicional anglosajona parte del presupuesto de que los policías son honrados y los jueces son rectos, de que el Estado protege las investigaciones desde la Fiscalía. En Latinoamérica tenemos que partir del supuesto contrario. El policía va solo, se arriesga, lo traicionan sus propios superiores, se corrompe… Ese es el personaje de nuestra novela negra. Nunca se sabe si él mismo también va a ser contaminado. ¿Qué significa Cervantes para usted? Para mí es una permanente vuelta. Cuando abro cualquier página de Cervantes entro en un mundo de alegría, de complacencia… Disfruto mucho su lectura. No soy un experto, pero sí un gran admirador. Siento que de ahí venimos todos. Es nuestro padre, como decía Rubén Darío. Imagino que Rubén Darío, muy presente en su obra, será otro de sus padres. Hay que ser nicaragüense para entender cómo Darío lo modifica a uno desde niño. No es solo un poeta. Es un símbolo que uno se encuentra en los billetes del banco, en los monumentos, en las portadas de los cuadernos escolares… Está en la vida diaria. Tienes que aprender a recitarlo de niño. Y claro, uno se va haciendo la pregunta de quién era realmente este hombre. Eso me llevó a mí a explorarlo como novelista. ¿Qué temas le interesan ahora como escritor? Mi última novela, «Ya nadie llora por mí», habla de la realidad actual de Nicaragua. Narro el presente tal y como yo lo veo, la realidad que vivimos. ¿Y cómo es esa realidad? Para mí es decepcionante en muchos sentidos. Yo quisiera que viviéramos en un régimen de democracia. Como ciudadano quisiera vivir bajo un régimen distinto. Pero sigue viviendo en Nicaragua. Y viviré aquí siempre. El padre del modernismo literario, Rubén Darío - ABC Las vidas paralelas de Cervantes y Darío Aunque todavía es pronto para pensar en el discurso que tendrá que pronunciar en la entrega del premio, Ramírez ya tiene una idea, una suerte de intuición que encaja con la tradición de honrar al autor del Quijote durante el acto. «Me gustaría hacer las vidas paralelas de Cervantes y Rubén Darío», señala. Tal y como explica, hay una suerte de hilo invisible que los une, pues ambos fueron unos renovadores del lenguaje separados por casi tres siglos de distancia, indispensables para entender la literatura que les siguió. «Quiero hablar de eso, de la lengua a través de los dos. Es una reflexión que me apetece hacer. Yo vengo de Cervantes y vengo de Darío», concluye.
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Sergio Ramírez y la conspiración de la escritura (Fri, 17 Nov 2017)
En 2014, el nicaragüense Sergio Ramírez confesó que para él la lectura era un acto de puro placer al que no se podía obligar a nadie, pero que si prendía en el iniciado o, como el lo llamaba el «candidato a lector», lo haría como una pasión avasalladora a la que no servirían de impedimento creencias religiosas ni convicciones políticas, racionalismos, advertencias, anatemas o amenazas, porque su voluntad estaría ya presa de la maldad y de la nobleza, del ideal y de la perversidad, de la envidia y los celos, de lo natural y de lo sobrenatural. El lector que presentía en aquel ensayo era un alma raptado por la excepción y lo prohibido, un conspirador de la lectura entregado a los «fragores de la imaginación». De más está decir que su defensa de una lectura hedonista y «sensual» era el reflejo de su propia idea de la escritura y la insaciable búsqueda de este novelista de fórmulas que contribuyeran a engrosar la lista de los conspiradores dispuestos a probar los frutos de su edén literario. La plenitud de su palabra se encuentra ya en su novela más premiada, «Margarita, está linda la mar» (1984). Fue la primera de las ficciones en que se sirvió del mito para someterlo a una revisión de des-idealización feroz. El genio exquisito del poeta nicaragüense universal, Rubén Darío, no pudo o no supo estar a la altura de la dignidad que exigía su obra y tornaba a la patria convertido en esperpento de sí mismo y huía del mundo a toda prisa tras haber cambiado su hígado por una «esponja embebida en ajenjo». Pero esa vida moribunda aparecía solo evocada, una excusa anudada a las conversaciones que relatan la conspiración tramada contra el dictador Anastasio Somoza en un relato que revela las refinadas dotes de un escritor capaz de mover a su antojo una red de tiempos y personajes con los que sumarse a uno de los temas predilectos de la narrativa latinoamericana, el dictador. En «Sombras nada más» (2002) volvería a novelar otra parte de la historia nicaragüense, el triste final de Alirio Martinica, un destacado somocista juzgado por los sandinistas en los días de optimismo utópico y fe en la revolución. Las dos novelas cruzan la realidad y la ficción con los peores resultados para la primera y una felicidad mayúscula para la segunda. Sergio Ramírez, ha escrito entre tanto unas memorias que le vinculan a la historia de su propio país, a la seducción del poder y de la transformación social, ha sido vicepresidente del gobierno sandinista y ha decidido dar cuenta de esa experiencia en unas memorias desoladoras que expresan el abandono de aquellos ideales al constatar la deriva intolerante y corrupta del presidente Daniel Ortega. El título no permitía la ambigüedad, «Adiós muchachos» (2007), significaba un punto y final, pero también un comienzo. El escritor saldó sus cuentas con la realidad y a los habituales apéndices que completaban sus libros con anécdotas o referencias que justificaban la verosímil documentación que avalaban su historia siguió una escueta mención de que cuantos hechos y personajes poblaban sus novelas eran ficticios. Así cerraba «La fugitiva» (2011), una ficción sobre la dificultad femenina, ya denunciada por Virginia Woolf, para disponer de un cuarto propio donde poder realizar su vocación de escribir encarnada en Amanda Solano en la Costa Rica de la primera mitad del siglo XX. La misma autonomía de la ficción hubiera podido rematar las páginas de «El cielo llora por mí» (2008), novela en la que se acercaba en clave policial a los narcos y la corrupción en América Latina. Cuando escribió «Sara» (2015), una reescritura de las historias bíblicas de Abraham y Sara, de Lot y Edith, refrendó la idea defendida por George Steiner de que nuestra forma de leer y de interpretar son consecuencia de las constantes revisiones a que hemos sometido la Biblia y demostró que su escritura había logrado esa esencialidad que permite a un narrador atreverse a recontar aquello que todos saben con palabras nuevas y propias. Acaso reveló también la conspiración que siempre había sido para él la escritura, una épica resistencia ante las trampas de la realidad de la que emergía el escritor actual más próximo a la generación del Boom latinoamericano.
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La primera deliberación del Cervantes sin móviles para evitar que se filtre el ganador (Thu, 16 Nov 2017)
Tanto el presidente del jurado y director de la RAE, Darío Villanueva, como el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, han coincidido hoy en señalar al autor premiado con el Cervantes 2017, Sergio Ramínez, como «digno sucesor» de Rubén Darío. El ministro comentó que dieron la noticia al escritor nicaragüense a las 7 de la mañana, hora de Managua, y que el autor se mostró feliz y encantado con la noticia. El jurado ha elegido al autor nicaragüense por mayoría tras más de tres horas de deliberación y siete votaciones. El ministro ha justificado el fallo asegurando que se concede por «aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor». También ha recogido el acta del fallo que la obra del narrador es capaz de «reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte, todo ello con excepcional altura literaria y en pluralidad de géneros, como el cuento, la novela y el columnismo periodístico». El anterior Premio Cervantes, Eduardo Mendoza, ha bromeado con el hecho de sentirse «disgustado» al haber terminado su «reinado» de un año. «Ha pasado volando», ha señalado con humor. «Cuando he hablado con él le he dicho que no se haga ilusiones, porque dentro de un año se lo dan a otro y pasas a reserva», ha ironizado. También se ha mostrado agradecido por «pertenecer a un club ilustre y distinguido», algo que ha «intentado llevar con la máxima dignidad», aunque confía en que Ramírez «lo hará mejor». Sin móviles Tras dos ediciones en las que se filtró el ganador del premio en los medios de comunicación antes de que fuera anunciado por el jurado, en esta edición se ha decidido que los integrantes del jurado entrasen a deliberar sin el móvil. Méndez de Vigo ha hecho alusión a esta situación comentando a los periodistas que se ha «logrado mantener el secreto». «Hemos hecho lo posible por mantenerlo en secreto y lo hemos conseguido. El año que viene procuraremos hacerlo», ha apuntado.
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Sergio Ramírez, un escritor comprometido (Thu, 16 Nov 2017)
El nicaragüense Sergio Ramírez , que hoy ha sido galardonado con el Premio Cervantes, fue vicepresidente de su país de 1984 a 1990, pero no echa de menos la política: crítico con la realidad ya sea en sus libros y con la voz que le da ser escritor, su compromiso es no quedarse callado. Convencido de que el escritor latinoamericano no puede permanecer pasivo ante la violencia, Ramírez cree que «la desigualdad social es la gran raíz de la violencia en América Latina». Su vida ha estado marcada por la dictadura de los Somoza, la revolución sandinista y sus más de cincuenta libros. Ramírez nació en Masatepe, el 5 de agosto de 1942, cuando el país era gobernado por Anastasio Somoza García, un personaje que inspiraría algunos de sus cuentos y novelas y que lo llevaría a involucrarse en la política. «Nací bajo el viejo Somoza, llegué a la universidad bajo otro Somoza (Luis Somoza Debayle) y participé en el derrocamiento del último de los Somoza (Anastasio Somoza Debayle), el 19 de julio de 1979. Mi vida está marcada por esta familia dictatorial», contó a Efe cuando cumplió 70 años. Paso por la política Su paso por la política , dice, fue circunstancial: «Pasé por ella porque fue una necesidad tras la revolución sandinista». Desde muy joven su vocación había sido la literatura (a los 14 años publicó su primer cuento y su primer artículo), pero se metió en la política para librar a Nicaragua de la dictadura de los Somoza (1937-1979). En 1975 se integró en el Frente Sandinista de Liberación Nacional y tras el triunfo de la revolución en julio de 1979 fue nombrado presidente de la denominada Junta de Gobierno del Frente de Reconstrucción Nacional. Durante su etapa de vicepresidente del Gobierno (1984-1990) luchó por el restablecimiento de la paz en su país y por el desarrollo económico de Nicaragua. En mayo de 1994 quedó excluido de la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional por sus choques con la línea de Daniel Ortega. Y dejó la política en 1996 para dedicarse «a tiempo completo» a la que había sido su vocación de siempre: la literatura. Desde ella, con sus relatos, puede «contar Nicaragua, pero también Latinoamérica». No quedarse callado A Sergio Ramírez, la literatura le «sirve para fijar mojones éticos de referencia» y aunque le parece muy legítimo que un autor no quiera contar lo que ocurre en la sociedad, él siente el deber de no quedarse callado. Ha cultivado el cuento, la novela y el ensayo, entre otros géneros, y ha recibido galardones como el Alfaguara de novela por "Margarita, está linda la mar" (1998), el Dashiell Hammett (1990) por "Castigo divino" o el Iberoamericano de Letras José Donoso (2011). En noviembre de 2014, ganó el premio Carlos Fuentes por «conjugar una literatura comprometida con una alta calidad literaria» y por su papel «como intelectual libre y crítico, de alta vocación cívica». «Los escritores latinoamericanos somos cronistas de hechos y debemos registrarlos, exponerlos a la luz pública, iluminarlos, somos testigos privilegiados de las ocurrencias de la vida cotidiana trastocada por la violencia, el miedo, la inseguridad, la corrupción, las grandes deficiencias del Estado de derecho, somos testigos de cargo». Ha publicado más de 55 libros, que han sido traducidos a varios idiomas. Entre sus obras figuran también "La marca del Zorro" (1989),"Oficios compartidos" (1994), "Charles Atlas también muere" (1994),"Un baile de máscaras" (1995, Premio Laure-Bataillon 1998), "Adiós muchachos" (1999), "Mentiras verdaderas" (2000), Sara (2015) y las dos novelas negras protagonizadas por el inspector y exguerillero Dolores Morales.
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