Libros

Las «audaces escritoras y aventureras» que se rebelaron contra su papel secundario en el período de entreguerras (Mon, 26 Oct 2020)
¿Qué tienen en común periodistas como Shiela Grant Duff, Edith Shackleton, Margaret Lane o Alison Settle, la montañista Dorothy Pilley, la profesora Francesca Wilson, la poeta Una Marson o la ingeniera y conductora Claudia Parsons? Todas forman parte de las «mujeres rebeldes en el período de entreguerras« que protagonizan,, con sus historias, el libro «Rebel Women between the Wars, escrito por Sarah Lonsdale y publicado en Gran Bretaña por la Universidad de Manchester. El propósito del libro -cuyo subtítulo es «Audaces mujeres y aventureras«- es, según la autora, «rescatar la vida y la obra de estas mujeres, que desafiaron el status quo en todos los ámbitos de la vida, además de escribir vívidos relatos de testigos oculares. sus aventuras». Sarah Lonsdale se ha fijado, especialmente, en el mundo del periodismo, cerrado como tantos otros en aquella época a las mujeres: «muchas pioneras -explica la autora- se esforzaban por hacerse un hueco en el mundo masculino del periodismo durante las décadas de 1920 y 1930, a menudo utilizando métodos ingeniosos, peligrosos o tortuosos para participar. En mi libro descubro el trabajo hasta ahora pasado por alto de muchas mujeres periodistas de entreguerras que afirmaron sus voces en un mundo narrado por hombres». Destaca el caso de Shiela Grant Duff, una mujer londinense cuyo padre había muerto durante la primera guerra mundial y que quería detener el creciente ascenso del fascismo y el nazismo trabajando como corresponsal extranjera. «Cuando se acercó al Times en busca de trabajo -cuenta la autora-, su director, Geoffrey Dawson, le dijo que no era trabajo para una mujer». A pesar de ello, Shiela Grant Duff viajó a España empeñada en demostrar que era tan valiente y capaz como un hombre. Cuenta Sarah Lonsdale que la noche del 19 de febrero de 1937 la corresponsal se encontraba en Málaga, que había sido tomada por las tropas franquistas tan solo unos días antes. A pesar de ello, Shiela Grant Duff se arriesgó a cruzar de noche las calles para «conectar con el cónsul estadounidense y encontrar al famoso escritor Arthur Koestler, que había sido secuestrado por los hombres de Franco. También estaba grabando en secreto los movimientos de las tropas italianas para mostrar cómo Italia había violado los acuerdos internacionales de neutralidad». Dos años antes, según el relato de la autora, había abierto los ojos a los británicos sobre la situación en la región del Sarre, que en las negociaciones del tratado de Versalles, en 1919, les había sido arrebatada a los alemanes. La vuelta de la región al control germano, mediante un plebiscito, había sido saludada con alivio por la prensa británica, pensando que Hitler frenaria sus impulsos expansionistas. Grant Duff, sin embargo, escribió en «The Observer»: «El millón de esvásticas que cuelgan de las paredes del Sarre dan la impresión de que ha descendido una plaga de arañas… Los nazis pueden distinguir a sus enemigos por sus ojos. El pánico se puede ver en todos los gestos y porte de las mujeres de la clase trabajadora que cuentan cómo han sido amenazadas, cómo han sido burladas y escupidas… Otras… cuentan cómo les han roto las puertas en medio de la noche«. No solo contribuyó con sus palabras: Grant Duff usó sus credenciales de prensa para ayudar a pasar de contrabando a Francia máquinas de escribir, literatura activista y armas a través de la frontera», cuenta Lonsdale. Pero no es el único caso que relata la escritora para demostrar la capacidad de resistencia de estas mujeres a ser discriminadas por razón de género en una época, la de entreguerras, «que ha sido olvidado en la historia del feminismo británico». Claudia Parsons, nacida en la India británica en 1900, se graduó en Ingeniería en 1922 por la Loughborough Technical College. A pesar de ser una de las tres primeras mujeres ingenieras en Gran Breaña, no logró que nadie le diera trabajo y tuvo que subsistir como dama de compañía o institutriz hasta que empezó a trabajar como conductora, especializándose en viajes de larga duración al extranjero. Fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo en coche. Una Marson, una famosa poeta y dramaturga en su Jamaica natal, viajó a Londres en 1932 y se convirtió en la primera mujer de raza negra en ser contratada por la BBC durante la segunda guerra mundial. A través del programa «Calling the West Indies, turning it into Caribbean Voices», construyó su carrera como activista, escritora y locutora, hablando sobre los prejuicios que tenía que soportar todos los días«. «Margaret Lane, la reportera ''estrella'' del Daily Mail -cuenta Lonsdale-, tuvo que negar los rumores escandalosos sobre su vida sexual, desde lo alto de un escritorio en la sala de redacción del periódico, y Stella Martin fue degradada a convertirse en la ''corresponsal del zoológico'' de su periódico después de criticar la página de mujeres como vehículo del consumismo y la publicidad«. El libro recoge también las historias de la humanitaria Francesca Wilson, «que viajó por la Europa de entreguerras ayudando a las víctimas de la guerra y el hambre desde Rusia a España, y escribió sobre su difícil situación en la publicación cuáquera The Friend y en Manchester Guardian». En 1937 creó una granja en Málaga para medio centenar de niños refugiados de la guerra«. «Luego están las amigas de toda la vida Edith Shackleton y Alison Settle -relata la autora- que, como editoras de páginas de mujeres en dos tabloides rivales, escribieron sobre moda y celebridades, intercambiando artículos y firmas para poder sobrevivir en ese mundo despiadado«. Settle se convirtió en editora de Vogue y luego en la célebre editora femenina de Observer, a pesar de lo que todavía tuvo que enfrentarse a muchos prejucios. »En 1944, enviada a Holanda para cubrir la retirada alemana, llegó a un aeródromo de Bruselas y descubrió que la escolta del ejército, proporcionada a todos los corresponsales acreditados, le había sido rechazada por el general Montgomery, que odiaba a las mujeres periodistas. Sin inmutarse, hizo autostop hasta la línea del frente, desde donde escribió conmovedoras historias de los holandeses que huían de los ejércitos que avanzaban, sus cabras, vacas y escobas atadas con sábanas«, concluye la autora del libro.
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Javier Cercas regresa a Tusquets con «Independencia», secuela de la novela con la que ganó el Planeta (Mon, 26 Oct 2020)
Ni una semana ha pasado desde que Javier Cercas subió al escenario del Palau de la Música para explicar cómo le había cambiado la vida el premio Planeta, galardón que se llevó en 2019 por la novela «Terra Alta», y su editorial de toda la vida, Tusquets Editores, ya ha anunciado que el escritor regresa a su primera casa para continuar con el ciclo, previsiblemente una trilogía, que empezó con «Terra Alta». Así, coincidiendo con el veinte aniversario de la publicación de «Soldados de Salamina», Tusquets publicará en marzo de 2021 «Independencia», secuela del título que le valió el premio Planeta. Con «Independencia», informa su editorial, Cercas consolida un ambicioso ciclo novelesco que es en sí mismo todo un cosmos de personajes, lugares y clases sociales, y un magnífico retrato de las vinculaciones entre el poder económico y la política, el pasado y el presente. No es extraño que un autor regrese a la editorial en la que había venido publicando con regularidad tras ganar el Planeta, pero el caso de Cercas es especialmente llamativo ya que, tras su paso por Tusquets, la mayoría de sus últimas novelas se han publicado en Literatura Random House. Con este movimiento, Planeta devuelve a Cercas al sello que lo vio nacer pero manteniéndolo bajo el gran paraguas editorial del grupo.
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Halladas unas actas originales del choque de Unamuno con Millán Astray: «Ciertos profesores morirán» (Fri, 23 Oct 2020)
Por muy alto o fuerte que se lancen no hay palabras capaces de resonar ochenta y cuatro años en todo un país, salvo las que Miguel de Unamuno pronunció el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de Salamanca. Manuel Menchón estrena en la Seminci de Valladolid este domingo una película documental, «Palabras para un fin del mundo» (Partida, Imagine! Factory Films), que revela hechos inéditos sobre las extrañas circunstancias en las que murió Unamuno y donde el director malagueño ha logrado reconstruir palabra a palabra el discurso que el filósofo cruzó con Millán Astray, quien contestó con una nada velada amenaza: «Ciertos profesores, los que pretendan enseñar teorías averiadas, morirán». El documental de Manuel Menchón no es una película que recurra a una investigación, sino, al contrario, una investigación inédita que se vale de los recursos audiovisuales para dar a conocer sus conclusiones a un público masivo. En desarrollo antes de «Mientras dure la guerra», de Amenábar, Menchón lleva años trabajando entre archivos polvorientos con ayuda de los historiadores franceses Colette y Jean-Claude Rabaté para revivir con precisión, aunque con un obvio sesgo ideológico que pasa de puntillas por muchos puntos controvertidos, los últimos cinco años de existencia de Miguel de Unamuno. O, lo que es lo mismo, los últimos soplidos de la Segunda República y el nacimiento de un nuevo régimen. «Palabras para un fin del mundo» «Palabras para un fin del mundo» aborda el optimismo, luego transformado en desencanto y finalmente en desesperación, con el que el filósofo vasco digirió la proclamación de la Segunda República. Los choques con Azaña, las amistades socialistas, la fallida nominación al Premio Nobel de Literatura (parece que saboteada por el Tercer Reich) o las críticas al radicalismo de los «hunos y los hotros» sirven para contextualizar la compleja posición en la que quedó Unamuno una vez cayó la Guerra Civil sobre Castilla. «En casi todos se enciende el odio, en casi nadie la compasión», anotó en esos días el rector de la Universidad de Salamanca. La investigación muestra cómo el bando nacional trató de convertir al republicano en uno de sus símbolos intelectuales. Unamuno se dejó agasajar al principio, aceptando su readmisión como rector de la Universidad de Salamanca, aunque no tardó en darse cuenta de las contrapartidas propagandísticas de todos aquellos favores. Hasta ahora se ha usado la donación de 5.000 pesetas que realizó a la causa nacional como un ejemplo de su adhesión sincera, pero la investigación apunta con documentos la posibilidad de que esa cifra la pagara un empresario local. Las estrecheces económica s que vivía entonces el escritor vasco, a cargo de cinco familiares, hacen imposible que realizara de forma voluntaria una donación tan elevada. A pesar de que Martínez Anido había amenazado con cortarle la cabeza, el autor de «Niebla» accedió a disculparse de forma pública Miguel de Unamuno fue víctima, según narra la película documental que se estrenará el 13 de noviembre en salas, de un intenso marcaje por parte de los órganos de propaganda, que se encargaron de censurar y supervisar todas las entrevistas que concedió a medios internacionales y no dejaron pasar la ocasión de presentar al intelectual como alguien afín a su bando. Él no pudo o no quiso conservar del todo su legendaria independencia en medio de una guerra con una retaguardia casi tan sangrienta como el frente. Fotografía tomada a la salida del Paraninfo, tras el acto del día 12 de octubre de 1936. - Ángel Laso En el verano de 1936, Emilio Mola, el director del golpe, presionó a Unamuno para que se disculpara por llamar dieciséis años antes «ganso histérico» al militar Martínez Anido, conocido por su papel en la dura represión del pistolerismo anarquista en Barcelona a comienzos de la década de 1920. A pesar de que Martínez Anido había amenazado con cortarle la cabeza, el autor de «Niebla» accedió a disculparse de forma pública. No era el único militar con el que el vasco tenía cuentas pendientes. «La anti-España es tan España como la otra» La enemistad con Millán Astray no fue algo puntual, sino que venía de tiempos pasados en los que Unamuno criticó la «peliculera» estética de la Legión, su extrema violencia y los aires excéntricos de su «despechugado» fundador. Eso sin olvidar que Unamuno había elogiado la actitud «patriótica» del líder independentista filipino, José Rizal, al que el fundador de la Legión tenía por su enemigo más enconado. Fue la referencia al héroe filipino, y no a la discapacidad del legionario, lo que precipitó el choque dialéctico entre Millán Astray y Unamuno durante el acto de apertura del curso universitario en Salamanca, al que también asistió Carmen Polo y la plana mayor de la ciudad. Poster de la película documental «Palabras para un fin del mundo»Lo que aquel Día de la Raza de 1936 se dijo en el Paraninfo se ha movido durante ochenta años entre la realidad y la leyenda. La versión tradicional, recogida en el libro «La Guerra Civil Española» del hispanista Hugh Thomas, popularizó el relato literario que hizo en su día Luis Gabriel Portillo, político de Izquierda Republicana y amigo de Unamuno, sin estar presente en el Paraninfo. Su verosimilitud siempre ha sido cuestionada, pero no se había encontrado una versión alternativa que estuviera lo suficientemente documentada hasta hoy. El director de «Palabras para un fin del mundo» ha recurrido para ello al testimonio del catedrático Ignacio Serrano, que tomó acta de todas las intervenciones y cuyas anotaciones sirven en la cinta para reconstruir, con la voz del actor José Sacristán, aquella colisión entre dos formas opuestas de ver el mundo. El resultado discrepa bastante de la versión «oficial». Tras afear a los anteriores ponentes los insultos contra los catalanes, Unamuno afirmó al tomar la palabra que «en este torbellino de locura colectiva falta imponer una paz verdadera de convencimiento, pues no se oyen, sino voces de odio y ninguna de compasión. Ni siquiera por parte de las mujeres. Lo mismo que las rojas hacen alarde de todos los crímenes y maldades, hay también unas que se regodean entre nosotros con el espectáculo de los fusilamientos. Vencer no es convencer; conquistar no es convertir. Y eso que algunos llaman sin ningún fundamento la anti-España es tan España como la otra. Y el mayor peligro es que la ramplonería iguale a los dos bandos. Para mí es tan español como nosotros el filipino Rizal, que se despidió del mundo en español». La referencia al héroe filipino, y no a la discapacidad del legionario, fue lo que precipitó el choque dialéctico entre Millán Astray y Unamuno «¡Ah! Sí, sé lo que me digo», contestó el escritor ante los gritos hostiles del público. Su intervención aparece en el acta salteada de insultos cuestionando la cordura del rector por parte de los asintentes, quienes jalean después las palabras que pronuncia Millán Astray. Según Ignacio Serrano, cuyas notas han permanecido ocultas en posesión de sus descendientes hasta que Colette y Jean-Claude Rabaté las incluyeron en una de sus obras, el fundador de la Legión pidió la palabra para lanzar varias amenazas: «Los catalanistas morirán y ciertos profesores, los que pretendan enseñar teorías averiadas, morirán también. ¡Muera la intelectualidad traidora! ¡Viva la muerte! ¡Viva Franco! ¡Viva España!». No en vano, el legionario se preocupó al final del acto por lo que le pudiera pasar ese día a Unamuno, al que se dirigió con estas palabras en tono imperativo: «Señor rector: el brazo, a la mujer del jefe del Estado». Así salió del lugar el escritor del brazo de Carmen Polo. Una algarabía de personas se agitaba en torno al coche oficial recordando los vivas de Millán Astray. Bartolomé Aragón no era discípulo ni amigo Incluso con las nuevas revelaciones es difícil reconstruir los últimos meses de vida de Unamuno y el nivel de reclusión al que fue sometido tras el incidente. Lo único claro es que fue destituido como rector, expulsado esa tarde del casino y que algunos de sus amigos llegaron a temer que acabara como el poeta García Lorca, asesinado ese verano. «Escribo esta carta desde mi casa, donde estoy desde hace días encarcelado disfrazadamente. Me retienen en rehén, no sé de qué ni para qué. Pero si me han de asesinar, como a otros, será aquí, en mi casa», afirmó a principios de diciembre. En otra carta, anotó: «A mí no me han asesinado todavía estas bestias al servicio del monstruo». Millán Astray, por su parte, tampoco olvidó el choque e insistió en las siguientes semanas sobre el peligro de las «flechas ponzoñosas» de «la intelectualidad traidora». En lo referido al fallecimiento de Unamuno, el 31 de diciembre del primer año de la guerra, es donde el documental aporta la investigación más impactante. Si durante ochenta y cuatro años la versión «oficial» ha repetido una y otra vez que su muerte se produjo en su domicilio cuando estaba reunido amigablemente con Bartolomé Aragón, discípulo suyo, «Palabras para un fin del mundo» revela que este joven falangista no tenía ninguna amistad anterior ni vínculo estudiantil con el escritor. Su visita al domicilio salmantino, cuando allí solo se encontraban Unamuno y su criada, fue algo inesperado. Bartolomé Aragón no había recibido clases de Unamuno y sus únicas credenciales eran su honda trayectoria primero en el Carlismo y luego en Falange española. Fotograma del documental mostrando algunos de los papeles en los que se sustenta la investigación de «Palabras para un fin del mundo»Tras combatir en la cuenca minera de Riotinto, enrolado en un tercio de requetés llamado «Virgen del Rocío», este catedrático de Legislación mercantil se reincorporó a su puesto de profesor en Salamanca entre noviembre de 1936 y enero de 1937. Durante esos meses en la retaguardia fue nombrado vocal de la comisión que se encargaba de la depuración de los maestros y de los profesores de instituto y universidad. No hay prueba alguna de que en esas fechas tuviera encuentros de forma habitual con Unamuno en su domicilio de la calle Bordadores. Esta revelación no solo pone en cuarentena las supuestas últimas palabras de Unamuno –«¡Dios no puede volverle la espalda a España! ¡España se salvará porque tiene que salvarse!»– que solo escuchó Aragón, sino que añade un océano de dudas sobre las extrañas circunstancias que rodearon el fallecimiento. La criada de Unamuno escuchó en dos ocasiones gritos en la habitación, y a la segunda ocasión que acudió a comprobar que todo marchara bien descubrió al escritor muerto y a Aragón a su lado repitiendo «yo no lo he matado». Según la investigación de «Palabras para un fin del mundo», la hora de fallecimiento fue adelantada primero por el médico y luego en el acta de defunción para que se situara en un tiempo anterior a la visita de Aragón, al que no se le pidió que diera testimonio en ningún momento y ni siquiera asistió al funeral. «Sin previo aviso, se presentaron unos falangistas, agarraron el féretro y se lo llevaron sin más. Por supuesto, lo hicieron sin pedir ningún permiso, ni hacer ningún comentario» Bartolomé Aragón abandonó poco después Salamanca y, a través del prólogo de la obra «Cuando Miguel de Unamuno murió», de José María Ramos y Loscertales, dio a conocer los detalles amables y anecdóditocos de su último encuentro con el antiguo rector de Salamanca. Fechado el 16 de enero de 1937, solo unas semanas después de la repentina muerte, hubo quien sospechó que el libro fue concebido con tanta velocidad precisamente para salir al paso de los insistentes rumores sobre el envenenamiento de Unamuno que circulaban por la ciudad. Tras combatir de nuevo en el frente, Aragón sería nombrado jefe de Prensa y Propaganda, cargo que había ejercido Millán Astray, y una vez acabada la guerra dirigió una oficina en el Ministerio de Trabajo. El acta de defunción registró que Unamuno había muerto «a consecuencia de hemorragia bulbar, causa fundamental de arteriosclerosis e hipertensión arterial». La autopsia, siempre obligatoria en casos de fallecimiento por congestión cerebral, no se llegó a realizar debido a las prisas que hubo por enterrarlo. Cuenta en el documental el nieto del filósofo, Miguel de Unamuno Adarraga, que miembros de Falange literalmente se llevaron el cadáver al día siguiente por la mañana. «Sin previo aviso, se presentaron unos falangistas, agarraron el féretro y se lo llevaron sin más. Por supuesto, lo hicieron sin pedir ningún permiso, ni hacer ningún comentario, ni nada más. Luego ya en el cementerio se produjo toda esa manifestación fascista organizada y bastante dramatizada. Mi primo, que tenía siete años, se asustó y creo que decía a mi tía Felisa: “¿Lo van a tirar al río?”», explica uno de los nietos de Unamuno sobre una escena que describe como «un robo casi casi violento». «Se apoderaron de él hasta el final. Eso es todo, que es mucho», concluye en la cinta producida por Pantalla Partida, Imagine! Factory Films y RTVE.
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Juan Gómez-Jurado, primer escritor español en tener emoji propio en Twitter (Thu, 22 Oct 2020)
Juan Gómez-Jurado se ha convertido en el primer escritor español en tener un emoji propio dedicado a uno de sus personajes. Las novelas «Reina Roja» y «Loba Negra», con más de un millón ejemplares vendidos, no han dejado indiferente a nadie y han provocado cientos de conversaciones y comentarios en Twitter. Ahora, todos los seguidores de Antonia Scott y el inspector Jon Gutiérrez podrán activar de forma exclusiva en Twitter un emoji muy especial con los hashtags #ReinaRoja y #ReyBlanco. Es la primera vez en España que un personaje literario tiene un emoji en Twitter. Para celebrar el estreno del nuevo emoji, Juan Gómez-Jurado mantendrá un encuentro virtual en directo en su perfil de Twitter, @JuanGomezJurado, a partir de las 19h de este jueves, 22 de octubre. Los seguidores que se unan al encuentro virtual participarán de un sorteo sorpresa y podrán comentar las curiosidades y dudas en torno al escritor y también al próximo lanzamiento de la nueva novela de la saga, «Rey Blanco», que llegará a las librerías el 5 de noviembre .
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Javier de Isusi, premio Nacional de Cómic 2020 (Thu, 22 Oct 2020)
Javier de Isusi ha ganado hoy con el premio Nacional de Cómic por su obra «La Divina Comedia de Oscar Wilde». El jurado ha destacado de ella que evoca «la representación del teatro de la vida y una brillante caracterización de los personajes mediante el acertado recurso de entrevistas individuales». El fallo señala además que «las ilustraciones, muy sugestivas y al servicio de la narración, son el resultado de un excelente dominio de la acuarela de tinta sepia con sutiles transparencias y diferentes planos de profundidad marcados por el virtuosismo en el empleo tonal de una misma gama cromática». El premio concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte, está dotado con 20.000 euros y tiene como objeto distinguir la mejor obra de esta especialidad publicada en cualquiera de las lenguas del Estado durante el año 2019. Javier de Isusi (Bilbao, 1972) recoge en «La Divina Comedia de Oscar Wilde» un relato gráfico que imagina lo que podía haber pasado dentro del alma del escritor irlandés, en esos tres últimos años de su vida después de salir de la cárcel de Reading. En mitad de la narración, aparecen los algunos de los personajes que rodearon al escritor irlandés (entre ellos, Manuel Machado) contestando, de uno en uno, a una entrevista ficticia
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Trapiello: «Hay una crispación que no es buena, a los demócratas nos gustaría que hubiera más consenso» (Wed, 21 Oct 2020)
La historia de amor de Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) con Madrid empezó hace cuarenta y cinco años, cuando pisó, por primera vez, esa ciudad «estrepitosa», «bizarra» y «fascinante» cuyos rincones, hasta ese momento, sólo conocía del juego del palé. Desde 1978, el autor vive en el mismo barrio, en la misma calle y en la misma casa, y, si puede, de ahí nunca se irá. Por eso su último libro, aunque escrito por encargo de su editor, Emili Rosales, es una especie de deuda saldada. Aunque «Madrid» (Destino) es mucho más que una obra sobre una urbe capaz de despertar odios y pasiones encontradas. Es una crónica certera, un testimonio vital, histórico y biográfico, también, en el que Trapiello se entrega, sin concesiones, a la labor de narrar la vida y milagros de su ciudad. Para ello, parte de aquel chaval que, siendo bien chico, se sabía al dedillo los precios de las distintas calles de la lejana capital, y termina con el hombre maduro, de letras, al que, por su saber y conocimiento, convocan para cambiar los nombres de esas mismas vías. Un arco que el lector recorre sin caer, en ningún momento, en el temido aburrimiento, pues el escritor logra convertirse en su invocada Scheherezade, y siempre hay una noche más, tras las mil y una anunciadas. «Escribir de una ciudad a la que se quiere es muy difícil. He querido contar Madrid como le contamos a un amigo cuando le enseñamos una ciudad: al mismo tiempo que le enseñamos la parte histórica, le vamos contando nuestra vida en la ciudad. La ciudad es Madrid en nosotros y nosotros en Madrid. Yo no encontraba otra forma de contarla«, explicó Trapiello durante la presentación del libro, en el Ayuntamiento de la capital. Estaba «contento», recién llegado del «confín extremeño» en el que ha pasado los últimos siete meses y casi sin saber muy bien cómo colocarse la mascarilla que evita que torzamos el gesto, sí, pero camufla nuestras sonrisas. «Este libro, si no es por amor no se puede escribir», aclaró Trapiello, que desveló que ha tardado cinco años en escribirlo. «Madrid es una ciudad que se presta a todo el mundo, es realmente acogedora. El hecho de que, desde Felipe II, sea una ciudad hecha de aluviones le da un carácter especial«, reflexionó. Ese carácter propio se traduce en una palabra que, a juicio del escritor, es la que mejor define a Madrid: mezcla. »Es una ciudad híbrida. Todo el mundo arrima el hombro. Madrid es la ciudad por antonomasia de la lucha por la vida, dos tercios de los ciudadanos que vivimos aquí hemos venido a ganarnos la vida«. «Madrid es la ciudad por antonomasia de la lucha por la vida, dos tercios de los ciudadanos que vivimos aquí hemos venido a ganarnos la vida» Trapiello, que vive a «dos pasos» de la diosa más madrileña de todas, la Cibeles, ha visto cómo «en los últimos diez años la ciudad se ha transformado» sin perder esa simpatía a la que tantas veces se refirió Galdós. «Madrid tiene la suerte de la fea. Aunque está mal hecha, es una ciudad simpática», aseguró el escritor, en una suerte de continuación de la carta de amor que, en realidad, es el libro. Una obra que «es un libro luminoso», porque a Trapiello «esta ciudad le parece luminosa». Así lo ha demostrado, una y otra vez, a lo largo de su historia, superando acontecimientos terribles, pasados y más recientes, como la tragedia del aceite de colza o los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004. Y lo mismo sucederá, ahora, con la «pesadilla» del coronavirus. «Afortunadamente, la memoria tiene un límite. Madrid se sobrepone a estas cosas, porque sabe que un exceso de memoria daña la vida». «Madrifobia» y corrupción De ahí que la «madritirria» o «madrifobia», en palabras de Trapiello, que está provocando la pandemia -o su gestión- de puertas afuera de la capital sea «un poco ridícula». «No es un invento de ahora, no es nada nuevo. Desde que Felipe II elige Madrid, el deseo de otros territorios ha sido constante. Madrid es el centro económico, cultural, deportivo... Tiene muchísimos alicientes y todo eso concita una crítica. A diferencia de otros lugares de España donde yo veo que la victimización es parte de un negocio, en Madrid la gente se queja bastante poco. El madrileño es bastante estoico. Madrid es la libertad en grado sumo». «A diferencia de otros lugares de España donde yo veo que la victimización es parte de un negocio, en Madrid la gente se queja bastante poco» Todo ello pese a la rémora que, para el progreso y la convivencia, supone la corrupción política, aunque no cree Trapiello que en Madrid sea mayor que en otras partes. «Madrid trata a sus corruptores como en todas partes. Estamos en un Estado de Derecho. No hay ninguna diferencia con otros sitios de España. En Madrid no hay bula. La identidad de Madrid es que no la tiene, por eso no hay xenofobia o brotes de racismo. Por eso es más difícil gobernar Madrid, porque hay mucha más gente». Eso sí, Trapiello es consciente de que nuestra clase política «no es homogénea, está completamente dividida», y «Madrid es reflejo de todo el país». Una situación que preocupa al escritor, quien advierte: «Hay una crispación que no es buena. A los que creemos en esta Constitución, a los demócratas, nos gustaría que hubiera más consenso». Largo Caballero e Indalecio Prieto Y, aunque a Trapiello cada vez le gusta menos «cargar las tintas», sí quiso dejar claro, para terminar, su disgusto con la moción del Ayuntamiento de Madrid para retirar a Largo Caballero e Indalecio Prieto del callejero de la capital. «No me ha gustado que se presentara la proposición en el mismo bloque. Esto no es el rastro. Largo era uno e Indalecio otro. El pasado sí hay que removerlo, pero el límite es complicado. En cualquier caso, no es mejor dejarlo como estaba: Madrid sería insoportable si siguiera el monumento de Franco en el caballo», dijo el escritor, que mantendría la calle de Prieto, pero no la de Caballero. «Entiendo que se proteste por la manera en que se retiran, pero la gente que ha defendido a Largo estos días... no he leído un solo argumento en el que se diga alguna virtud política o democrática que le haga merecedor de una estatua. No representa los principios democráticos de muchos. Aunque fuera una víctima que no pudo volver a España tras la Guerra Civil, alguna responsabilidad política tendrá en el periodo más sangriento de nuestra Historia«, explicó Trapiello. «Madrid sería insoportable si siguiera el monumento de Franco en el caballo» El caso de Prieto es diferente, porque, «pese a promover» el golpe de Estado en el 34, fue «algo de lo que se arrepintió toda su vida y buscó una reconciliación». «Me molesta enormemente esta propuesta unida, habría que presentar cada una por separado. La finura consiste en hilar fino, si no, estamos haciendo cosas bastantes burdas», lamentó. Para Trapiello, el origen de estos problemas está en la Ley de Memoria Histórica de Zapatero, que es «bastante mala». «Se puede infringir bastantes veces y, por ejemplo, aplicándola estrictamente alguien como Unamuno no podría tener calles o institutos a su nombre porque se adhirió al golpe de Estado desde el primer minuto, aunque luego cambiara. Legislar sobre la memoria es muy complicado. La memoria es una facultad, no se legisla. Entrar en didactismos no nos lleva a ningún sitio», remató.
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«Telva, la democratización de la moda en España» (Wed, 21 Oct 2020)
El 1 de octubre de 1963 sale a la luz el primer número de la revista Telva. Ideada por un equipo de redacción joven y abierto a lo nuevo, enseguida obtuvo dentro de la industria de la moda el mismo reconocimiento que sus homólogas extranjeras Harper’s Bazaar, Vogue, Marie Claire, o Elle. Telva se consolida como la primera revista femenina de alta gama española. Sus páginas inspiran nuevos estilos de vida y contribuyen a consolidar el prestigio internacional de la industria española del prêt-à-porter. Y fruto de esa inspiración surge La democratización de la moda en España. Telva 1963-1975, un libro que sale a la luz gracias a las autoras Roberta Bueso y Mónica Codina, profesionales de la investigación de la industria de la moda en España. V Premio Ernestina de Champourcín, esta monografía publicada por Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA) muestra cómo entre 1963 y 1975, Telva se convierte en vector de transmisión de los relevantes cambios sociales que sobrevienen a la mujer dentro de la cultura occidental, influyendo en el desarrollo de la mujer española en una época de grandes transformaciones. La información de moda publicada por la revista permite hacer una reflexión crítica sobre los factores que influyeron en la configuración de la identidad femenina y la transformación de los estilos de vida de la mujer contemporánea. A lo largo de este libro, se recorren las páginas de Telva desde 1963, año de su nacimiento, hasta 1975, fecha en que se abre una nueva etapa para la prensa femenina española, coincidiendo con la transición política hacia la democracia. En 1975, Telva era una revista fuertemente consolidada dentro del mercado editorial español, que había contribuido a preparar a la mujer española para afrontar los cambios que se avecinaban. Entre 1963 y 1975, Telva no tuvo competencia editorial en el mercado español. Este periodo se puede considerar como la etapa en que se ponen los fundamentos de su marca, a los que se debe mirar siempre que se quieran recuperar los rasgos distintivos que la hicieron triunfar. Esta monografía se dirige a presentar las señas de identidad de un proyecto editorial configurado con personalidad única dentro del contexto sociocultural en el que nació. La revisión de los 283 números que la revista publica hasta 1975, trasluce el rol social que sus páginas jugaron durante esos años en la auto-comprensión de la mujer española y la consolidación del sistema de la moda en nuestro país. El análisis interpretativo de los textos informativos sobre moda, siguiendo un método crítico cultural, permite al lector conocer los principios editoriales, formales, organizativos y empresariales en torno a los que se configuró su identidad. La revisión por orden cronológico de sus números, le facilita detectar los puntos de inflexión que experimentó la revista, la incorporación de nuevos contenidos y, lo que es más importante, su relación con los fuertes cambios sociales que tienen lugar a nivel internacional y en la industria de la moda, donde se abría camino el prêt-à-porter. Este libro se propone como bibliografía básica recomendada en diferentes asignaturas de la Universidad de Navarra y se configura como el cuarto título publicado por la editorial en su colección de libros ISEM. Las publicaciones de esta colección fueron impulsadas por ISEM Fashion Business School, centro académico de la Universidad de Navarra, la primera escuela de negocios especializada en empresas de moda que existe en España desde 2001, que nació con el objetivo de formar profesionales con capacidades de negociación y liderazgo para trabajar en la industria de la moda. En 2011, Enrique Loewe afirmaba: “Yo creo que lo bonito de Telva es que ha sido la voz que clama en el desierto, ha sido la soledad del corredor de fondo”. Efectivamente, Telva había corrido sola, jugando un papel imprescindible dentro de la moda española, desde su nacimiento en 1963 hasta 1975, en que el mercado editorial español se sitúa ya en un nuevo escenario. La democratización de la moda en España. Telva 1963-1975 demuestra ser un libro muy especial, casi tanto como las autoras, Roberta Bueso y Mónica Codina, que nos enseñan a descubrir la grandeza del proyecto editorial que inspiró el nacimiento de Telva. Datos sobre el libro Título: La democratización de la moda en España Subtítulo: Telva 1963-1975 Autoras: Roberta Bueso Torres y Mónica Codina Blasco Disponible en EUNSA (Edición Papel, Edición Digital) Disponible en Unebook
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La casa más famosa de Joyce en Dublín, a un paso de convertirse en un albergue turístico (Wed, 21 Oct 2020)
El Ayuntamiento de Dublín tiene muy enfadados a un grupo de famosos escritores irlandeses encabezados por Edna O'Brien, Colm Tóibín y Sally Rooney. La historia se remonta a 2017, cuando el consistorio de la ciudad dejó pasar la oportunidad de comprar "la casa de los muertos", así conocida porque en ella trasncurre uno de los mejores relatos de James Joyce, "Los muertos", incluido en "Los dublineses". Ya entonces, aquel desdén administrativo hacia la propiedad, que ocupa un importante lugar en el imaginario literario irlandés, provocó críticas, sobre todo cuando se supo que la casa fue, finalmente, adquirida por 650.000 euros por dos inversores privados, Brian Stynes y Fergus McCabe. Hace un año, se hicieron públicos los planes turísticos que ambos tenían para "la casa de los muertos", convertirla en un albergue de 54 habitaciones, lo que provocó una respuesta rápida y contundente por parte de 99 autores, incluidos los ya mencionados, además de Salman Rushdie e Ian McEwan, que firmaron una carta en contra del proyecto urbanístico. Tóibín fue más lejos, y en una misiva separada de la del resto aseguró que, de seguir adelante, la obra "destruiría una parte esencial de la historia cultural de Irlanda". El Departamento de Cultura y Patrimonio de Irlanda también se mostró contrario, al considerar que "socavaría, disminuiría y devaluaría la importancia de un lugar que es patrimonio cultural universal, y parte fundamental de la designación de Dublín como Ciudad Literaria de la Unesco". “Dublín puede construir todas las habitaciones de hotel o albergue que quiera, pero si continúa ignorando y demoliendo su patrimonio cultural único, destruirá lo que queda del corazón de la ciudad y quedará poco que los visitantes o los propios dublineses puedan apreciar”, escribió en el "Irish Times" John McCourt, un académico experto en Joyce que forma parte de la campaña que iniciaron Tóibín y compañía. Así quedaron las cosas, en un suspenso acrecentado por la incertidumbre derivada de la pandemia, hasta que, el pasado viernes, el Ayuntamiento de Dublín concedió el permiso de obra, argumentando que, aunque el edificio es de “especial interés”, “su estado actual es preocupante y el cambio de uso propuesto será la mejor manera de asegurar su conservación a largo plazo”. McCourt declaró sólo un día después al "Sunday Times" que presentarían una apelación formal para intentar revocar el permiso. "Destruir nuestra herencia literaria para construir otro albergue durante una pandemia arruina nuestras creencias", dijo. Los constructores también habían revisado sus planes para omitir la anexión de una parte de nueva construcción detrás de la casa, lo que había provocado temores de que el carácter del edificio cambiara irrevocablemente. En noviembre del año pasado, un reportero de "The Observer" tuvo ocasión de acceder a la vivienda, y esta fue su conclusión: “Todos los gritos de vandalismo cultural, de profanación del gran templo de la literatura, nublan un hecho melancólico: el edificio ya está destrozado, ya está profanado, víctima de un siglo de abandono ... Cayó en desuso y decadencia, su techo está roto, sus interiores devastados por ocupantes ilegales... Todo el edificio estuvo a punto de desaparecer por un incendio a mediados de la década de 1990”. La casa, ubicada en el número 15 de Usher's Island y construida en 1775, fue el hogar de las tías abuelas de James Joyce, que en la década de los 90 del siglo XIX dirigieron allí una escuela de música. El autor irlandés la convirtió en el escenario principal de su cuento "Los muertos" (1914), considerado una obra maestra del género y en el que aparece descrita como una "casa oscura y demacrada en Usher's Island". En 1987, John Huston rodó allí su adaptación cinematográfica del relato. En épocas más recientes, la casa acogió exposiciones, eventos y cenas con Joyce como protagonista. La casa de Aleixandre Lo sucedido con la casa de Joyce en Dublín recuerda, tristemente, a la situación de Velintonia, el que fuera el hogar de Vicente Aleixandre en Madrid. La casa del Nobel de Literatura lleva años a la venta y se encuentra en un estado de lamentable abandono, pese a los reiterados intentos de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre de que la Comunidad de Madrid la declare Bien de Interés Cultural, lo que aseguraría su protección. En noviembre del año pasado, la consejera de Cultura, Marta Rivera de la Cruz, desveló en la Asamblea de Madrid la intención del Gobierno regional de mover ficha en este asunto. Rivera de la Cruz explicó entonces que con la actual Ley de Patrimonio es imposible la protección que se solicita, pero han encontrado un resquicio por el que tal vez consigan dársela. "Soy optimista", reconoció la consejera. La vía que el Gobierno de la Comunidad pretende seguir es declar la casa de Aleixandre BIC basándose "en su indudable condición de lugar histórico". Así, están estudiando esta posibilidad y trabajando en una contundente argumentación en este sentido. Un asunto distinto es el archivo del Nobel, que no tiene actualmente ninguna protección y, por tanto, podría ser vendido sin reparo legal alguno. Rivera de la Cruz se mostró dispuesta a trabajar también porque se proteja y anunció que quiere declararlo Bién integrante del patrimonio histórico de Madrid, como primer paso para hacerlo luego BIC.
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Laurent Binet: «Los incas eran menos crueles que mayas y aztecas, pero igual de imperialistas» (Wed, 21 Oct 2020)
¿Y si los vikingos se hubieran paseado por Cuba, México y Panamá? ¿Y si Colón hubiera perecido con lo suyos y no hubiera retornado a España jamás? ¿Y si el inca Atahualpa hubiera conquistado Europa, revocado en España el decreto de la expulsión de judíos y moriscos y acabado con el luteranismo, con la financiación del poderoso banquero Fugger hasta implantar la religión del Sol? ¿Y si Cervantes hubiera escrito su Coloquio de los perros y el retablo de las maravillas en compañía de Montaigne y de El Greco? El verbo «hubiera» se reitera en estos interrogantes de los que nace «Civilizaciones» (Seix Barral), novela ucrónica de Laurent Binet (París, 1967). Si en la novela cabe todo, Binet sabotea la Historia y mueve a su antojo a sus protagonistas por el tablero de una imaginación desbordada. Ahí están unos diarios colombinos muy diferentes; o la relación epistolar entre Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam: todo reelaborado a la manera «binetiana». Tiziano pinta un retrato de Atahualpa y Miguel Ángel trabaja en el Templo del Sol. Las tesis de Lutero se coinvierten en las 95 Tesis del Sol. Pizarro no conquista América, pero sí a la mujer de Atahualpa. Los mexicanos toman París y erigen una pirámide frente al Louvre… De piedra, sí… pero quinientos años antes que Mitterrand. La ucronía, explica Binet, es un ejercicio intelectual que en «Civilizaciones», se desarrolla como un videojuego. El título de la novela, que parece remitir a un sesudo ensayo histórico, es el mismo de uno de los videojuegos que el escritor frecuentaba en su infancia. Con ese propósito lúdico, al modo de los juegos de estrategia, Binet desmonta la Historia… «Es como si cambias una piedra de los cimientos de un edificio, el edificio se viene abajo», apunta. El autor francés lleva su omnisciencia hasta el extremo: reinventa una batalla de Lepanto en la que el choque de civilizaciones enfrenta a católicos y turcos contra incas y aztecas. Al modo de las novelas bizantinas o las de caballerías, Binet quiere enviar al Quijote a vivir sus aventuras por tierras americanas. Y como todo es posible en la ucronía, Cervantes acabará cruzando el Atlántico en el último capítulo de la novela. La subversión de la historia no es una novedad en la bibliografía de Binet. Lo hizo en «HHhH» (premio Goncourt 2010), sobre el atentado al jerarca nazi Reinhard Heydrich y «La séptima función del lenguaje» 2016), parodia detectivesca de la vida, obra y muerte por atropello del semiólogo Roland Barthes. Fue después de publicar esta novela, en un viaje a Lima, cuando Binet se imaginó que los incas fueran los descubridores del Nuevo Mundo que, cambiando la perspectiva, es la Vieja Europa. «No he querido escribir una novela de tesis, ni de buenos y malos; he cambiado la dinámica entre los vencedores y los vencidos. En este caso los conquistadores, con toda la violencia que eso implica, son los incas y las víctimas los europeos», advierte. Tampoco pretende caer en la idealización del indigenismo, tan grata a los populismos que derriban estatuas en América. «Los incas eran menos crueles que los mayas o los aztecas, pero igual de imperialistas», matiza. En cuanto a las aportaciones civilizadoras incaicas, Binet destaca que su sociedad planificada con su culto al sol «ayudaría hoy contra la crisis climática y una especie de seguridad social o salario básico avant la lettre para cada familia, aunque su sociedad no era idílica, sino piramidal y absolutista». Así, mezclando personajes y episodios históricos, el escritor francés conjuga culturas diversas: «No existen civilizaciones puras», concluye.
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Alba Cid gana el premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández por su obra «Atlas» (Tue, 20 Oct 2020)
Alba Cid (Orense, 1989) ha ganado el premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández por su obra "Atlas". El galardón, concedido por el Ministerio de Cultura, está dotado con 20.000 euros. El jurado ha destacado que la obra premiada constituye "una reflexión sobre cómo la literatura elabora mapas de la realidad y sobre el valor moral que puede tener la literatura como problematización del mundo. Es poesía tanto del conocimiento como de la emoción, y presenta una nueva cartografía en la que se funden el mapa del cuerpo con el del planeta, la memoria y el enigma”. El fallo también sostiene que es una obra “escrita con la lógica del asombro y llena de referencias culturales que se contemplan desde una mirada excéntrica que fermenta en rebeldía”. Cid es poeta e investigadora en poesía contemporánea. Ha participado en volúmenes como "Poética da casa" (2006) y en la antología "Apiario No seu despregar" (2016). Publica textos de creación y reseñas en revistas como "Grial", "Luzes", "Tempos Novos" y "Dorna", y es colaboradora de Radio Galega. Sus poemas han sido traducidos al castellano, al griego, al inglés y al portugués, y han aparecido en "Oculta Lit", "The Offing" y "Poem-a-Day", una serie web de la Academy of American Poets. Actualmente está a cargo del Centro John Rutherford de Estudios Gallegos de la Universidad de Oxford.
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Zenobia, una gran mujer bajo el frondoso árbol de Juan Ramón (Mon, 19 Oct 2020)
Pocos investigadores, no ya el público común y corriente, han reparado en la figura de Zenobia Camprubí (1887-1956) más allá de su papel como «mujer de» Juan Ramón Jiménez, y menos aún se han dedicado a leerla o a escarbar en la apasionante vida que tuvo antes de conocer al Nobel. Y eso es algo que a Emilia Cortés siempre la ha llevado por la calle de la amargura. Bien es cierto que desde 2002 está entregada, en cuerpo y alma, a reivindicar la importancia de Zenobia, a la que, a estas alturas, conoce como si fuera un antepasado familiar de esos que no dan disgustos, sino alegrías. Pero, tras haber publicado todo su epistolario –el último volumen, el que abarca hasta la Guerra Civil, acaba de aparecer, en una edición de la Residencia de Estudiantes–, Cortés seguía teniendo una deuda pendiente con Zenobia, le debía algo más. De ahí que decidiera ponerse a escribir «La llama viva» (Alianza Editorial), una biografía que es mucho más que el repaso meramente testimonial de toda una vida: es una contrastada reivindicación, con multitud de datos y sorprendentes detalles, de una de las mujeres más excepcionales de nuestra edad de plata, que quedó eclipsada por el genio inalcanzable de Juan Ramón. «A mí me sigue pareciendo una persona fascinante, y por eso decidí plasmarlo en la biografía, porque el gran público no la conoce, y ese es el que debería conocerla, porque es una mujer de una gran valía», explica Cortés. La autora reconoce que, durante todo este tiempo, Zenobia ha estado oculta por el momento histórico que, como a muchas otras mujeres, le tocó vivir, «pero, además, al tener como pareja a Juan Ramón, que es un árbol frondosísimo, ella caía bajo esa sombra». Eso, claro, a Cortés la indignaba, por lo que decidió «sacarla fuera para que se viera cómo es» realmente. «Hay investigadores que la conocen en cierta forma, pero quienes se quedan con la coletilla de que era enfermera o comparsa de Juan Ramón… ¡a la porra! Zenobia fue el eje, el equilibrio de Juan Ramón en su vida y en su obra, ese es un mérito que hay que reconocerle», reclama, con vehemencia, la autora de la biografía. Sin Juan Ramón, Zenobia habría sido, a juicio de Cortés, «una fiera como era y habría hecho un montón de cosas, como hizo con él». Cosas que trascienden su importante labor al lado de su marido, a cuya obra se entregó sin reservas, convencida de su inmensa valía. «Ella trabajó una barbaridad al lado de la obra de Juan Ramón, ordenando poemas, preparando antologías… No se ve en toda su amplitud». Criada en un ambiente propicio para las artes, con especial dedicación a la literatura, Zenobia escribió desde bien chica e, incluso, llegó a publicar artículos en la edición estadounidense de la revista «Vogue». Una negocianta Cuando conoció a Juan Ramón, no dejó de escribir, sólo ordenó sus prioridades, como mujer honesta, inteligente e intuitiva. «Vio el potencial que tenía el poeta, se dio cuenta de lo que había delante y reconoció que la valía era de Juan Ramón. No le importó aparcar lo suyo y se volcó en él». Eso sí, Zenobia no renunció nunca a su vida... ni a sus negocios. A Estados Unidos exportó cerámica, libros, antigüedades, muebles... «Era una negocianta, donde pensaba que iba a ganar dinero, allí se metía. Tenía visión de futuro, es algo muy novedoso», reflexiona Cortés. Tan novedoso como que una de sus facetas más interesantes fue la inmobiliaria: Zenobia alquilaba pisos en el madrileño barrio de Salamanca, los decoraba con los muebles de su propia tienda y los alquilaba. Sin olvidar que fue la primera traductora al español de Rabindranath Tagore, lo que la unió, para siempre, a Juan Ramón. La pareja se conoció en la primera semana de julio de 1913. En octubre de ese año, Tagore ganó el Nobel de Literatura y Zenobia «rápidamente», según advierte su biógrafa, se puso a leer «La luna nueva» en inglés. Fascinada, tradujo algunos poemas para enseñárselos a Juan Ramón, que estaba decidido a conquistarla como fuera y allí «vio la senda para llegar a ella»: publicó el libro, con las traducciones de Zenobia, en la Residencia de Estudiantes. «La enredó en el buen sentido», bromea Cortés, y así se inició uno de los más bellos romances de la literatura española. «Él la respetó muchísimo y ella fue muy consciente de que Juan Ramón la necesitaba, en ningún momento fue una mujer sometida», remata Cortés. Y ahora, por fin, la vemos sólo a ella, en su individualidad.
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Ellos eligen a sus autoras favoritas (Mon, 19 Oct 2020)
Para conocer una realidad, y también para describirla, nada mejor que recurrir a los datos. Porque las cifras nunca mienten y a objetividad no les gana nadie. Hoy se celebra el Día de las Escritoras en España, un país en el que el 30% de las novelas contemporáneas publicadas son obra de autoras. El porcentaje empeora en la educación: sólo un 11% de los escritores citados en los libros de texto de Secundaria sobre literatura del siglo pasado son mujeres. Y se vuelve irrisorio cuando toca reconocer el mérito literario: el premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras hispánicas, ha sido otorgado, hasta la fecha, a cinco mujeres, lo que representa un 10% de los galardonados, mientras que el Planeta, el mejor dotado de la edición en español, con 601.000 euros, ha distinguido a 18 mujeres desde su creación, en 1952. Eso sí, en nuestro país, el 68,3% de las mujeres lee libros en su tiempo libre frente al 56% de los hombres. De hecho, el perfil del lector en España es una mujer mayor de 55 años, con estudios universitarios y que vive en un área urbana. Así las cosas, y para festejar un día que ojalá en algún momento no llegue a ser necesario celebrar, ABC ha pedido a un grupo significativo de escritores que se fijen en ellas, en sus colegas de oficio, y elijan sus mejores obras para reivindicarlas. Para Javier Cercas, «el fenómeno más llamativo de la literatura española en los últimos años es la aparición de un grupo bien nutrido de escritoras jóvenes que están haciendo cosas muy buenas». Pero, «quizá por eso», hoy quiere recomendar «un libro de una escritora que ya no es tan joven, ni es narradora ni poeta, y que me impresionó mucho: “Francisco Umbral, el frío de una vida”, de Anna Caballé». Otra biografía, pero en este caso de «Galdós» y obra de Yolanda Arencibia, es la elegida por Fernando Aramburu, quien destaca que se trata de «una obra monumental, exhaustiva, amena, minuciosamente documentada y bien redactada. Una obra que no se escribe en dos tardes, sino que requiere una dedicación de años». A Félix de Azúa, por su parte, le resultó «irresistible» que en «El sueño de la razón», de Berna González Harbour, «la clave de los crímenes se encuentre celada en la obra de Goya» . Héctor Abad Faciolince pensó aconsejar la lectura de «El infinito en un junco», de Irene Vallejo, pero, consciente de que «en este momento, en España, sería llover sobre mojado», se decantó, finalmente, por la escritora colombiana Piedad Bonnett. «Toda su poesía. Y entre sus libros de prosa, el desgarrador “Lo que no tiene nombre”, sobre el suicidio de su hijo Daniel, que se arrojó al vacío desde una azotea en Nueva York». Sin salir de Colombia, Manuel Vilas se decanta por «Cómo maté a mi padre», novela en la que Sara Jaramillo Klindert «aborda el asesinato de su padre a manos de unos sicarios. Desde la violencia se levanta un gran ejercicio de introspección que conmueve y emociona. A mí me ha estremecido por su verdad y por su fuerza». La poesía, sí, pero también la prosa, el ensayo y la ficción destaca Javier Montes de Mercedes Cebrián, «una escritora total que afina y afila el lenguaje como casi nadie de nuestra generación en España. En sus versos y sus frases cada idea y cada palabra es justa y necesaria. Creo que ese es el mayor elogio que podemos hacer o desear en este oficio». Lean «Muchacha de Castilla». Carlos Zanón y José Ovejero se fijan en dos veteranas de nuestra literatura. El primero, en Alicia Giménez-Bartlett y su «Secreta Penélope», «un libro ajeno a Petra Delicado, pero que tiene todo lo bueno de Giménez-Bartlett: limpieza de escritura, solvente construción de una trama, ritmo, tono y construcción psicológica de sus personajes, en especial, la protagonista, Sara, inolvidable. Estoy convencido de que a Patricia Highsmith le hubiera encantado firmarlo». Y, sin abandonar el género, Ovejero apuesta por «El ángulo del horror», de Cristina Fernández Cubas, «porque, hoy que vuelve a estar de moda el relato de terror no está de más releer lo que escribió hace ahora justo treinta años una de las maestras del género. Para mí este libro es un clásico». Exquisiteces A Lorenzo Silva le gusta «apuntar a lo menos visible» y, como considera que Begoña Huertas es «menos conocida y leída de lo que debiera», pues es «una prosista elegante y excelente», se decanta por su obra «Una noche en Amalfi», «un libro delicado y misterioso, de rara sutileza, que queda en la memoria y despierta el deseo de revisitarlo». Huertas es también la autora elegida por Gonzalo Torné, quien destaca «El desconcierto», «un testimonio primorosamente escrito sobre la enfermedad desde el punto de vista del cuerpo, pensado no para posar ni quedar bien sino para aumentar la comprensión del lector. Una joya». Siguiendo con las exquisiteces, Luisgé Martín considera que «Mejor la ausencia», de Edurne Portela, es «una novela que no puede no leerse. Tiene personajes potentes, posee una voz narrativa que demuestra el virtuosismo técnico de la autora y trata todos aquellos asuntos que se nos mezclan en la vida junto a todos aquellos asuntos que se mezclaron en la historia reciente de España». Y Andrés Neuman alaba «La casa de los conejos», de Laura Alcoba: «Vivida en castellano, recordada en francés y narrada con la extrañeza de quien vuelve a una infancia inverosímil, la autora convierte su experiencia como hija de guerrilleros en un brillante ejercicio de traducción íntima». Santiago Roncagliolo cruza el charco para reivindicar, ahora más que nunca, a la estadounidense A. M. Homes y su última obra publicada en España, «Días temibles». «Vivimos tiempos con poco sentido del humor. La ironía se ha vuelto una ofensa insoportable. Nos reclamamos como serios justicieros. Y somos tan comprometidos que hacemos un montón de likes a gente que dice cosas comprometidas. Luego compramos a grandes compañías que llaman autónomos a los trabajadores que explotan. Hasta las cervezas que bebemos sufren por el medio ambiente. Este planeta y sus contradicciones no se pueden entender sin ironía. Y los libros de A.M. Homes son una refrescante ducha de vitriolo con chorros de ácido y mala leche. Entre tanto grito tribal, ella te recuerda de qué se trata la inteligencia». Sin abandonar el país norteamericano, a Miqui Otero le fascina «ese crack emocional, o ese clic narrativo, en las novelas de Jane Smiley. En “Un amor cualquiera”, por poner como ejemplo la última que ha rescatado Sexto Piso en castellano. El ruido, casi inaudible salvo para el que lo sufre, de cuando algo se rompe en la intimidad, aunque no sea de un modo aparatoso. Lo que hace ella es mirar por ese roto y explicarnos la historia: cómo lo sintió en su día y las consecuencias que ha tenido. Normalmente ese rasgón de la felicidad lo sufre gente que vivió según lo aceptable y lo recomendado durante parte de su vida, hasta que sintió que no era feliz. Entonces, una infidelidad o una pequeña deslealtad (que se manifiestan en forma de mensaje, susurro o secreto desvelado) pone en peligro todas las certezas, toda una vida de actuación modélica. Algo así como escuchar la otra versión de Cheever o de Yates». Gran literatura De vuelta a España, Sergio del Molino elige «Hijos del carbón», de Noemí Sabugal, «un ensayo fundamental y fundacional sobre un mundo que desaparece frente a nuestros ojos. La obra trasciende con mucho el impulso antropológico y testimonial que la anima y trae ecos de gran literatura». A Agustín Fernández Mallo le pareció «todo un hallazgo» «La revolución de las flaneuses», de Anna María Iglesia, «recuperación y estudio de las mujeres que en el siglo XIX, en París y en otras latitudes, decidieron dejar de ser meros modelos de los estudios de pintores o simples acompañantes, y adoptaron como acto revolucionario la idea de caminar las calles, tomar espacios urbanos para ellas, no sólo por independencia creativa sino por pleno derecho a mirar y ser vistas tal como ellas decidían». Y, para terminar, Carlos Pardo está convencido de que «Las maravillas», de Elena Medel, «va a ser una novela muy leída durante mucho tiempo: primero, porque retrata a tres generaciones de mujeres “humilladas y ofendidas”, agentes anónimas y activas de la Historia que también, en primer término, la padecen. Las mujeres pobres que aún hoy siguen emigrando a “la capital” y cuyo heroísmo es conservar una dignidad que puedan transmitir. Pero también por la rara perfección formal del libro: el ensamblaje de tiempos y ese estilo lleno de capas, limpio y agraciado, de Medel». [Las herederas de Virginia Woolf toman la palabra]
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Anne Carson: «La gracia va y viene entre el creador de una obra de arte y su audiencia como entre el que da y el que recibe un regalo» (Fri, 16 Oct 2020)
Hola España. A España y al pueblo de España y a la Familia Real de España, especialmente a la Princesa de Asturias. Majestades, Altezas Reales, Distinguidos Premiados, Señoras y Señores: Este es mi discurso de agradecimiento. Cuando crucé España a pie en 1983 desde los Pirineos franceses hasta la ciudad de Santiago de Compostela, deteniéndome en todos los lugares de peregrinación a lo largo del camino, noté una cosa en particular acerca de los españoles: que no eran de sonrisa fácil. El rostro español es un rostro serio, un rostro severo; no sonríe sin una razón para hacerlo. Hasta que me acostumbré a ello, me preocupaba todo el tiempo estar haciendo algo mal. Los rostros norteamericanos, como saben, sonríen continuamente, con todos los dientes, sin motivo alguno. Pero una sonrisa española es difícil de ganar. Por eso es de especial importancia para mí que hayan elegido sonreírme hoy con la entrega de este asombroso y extraordinario premio, auspiciado por la Princesa de Asturias. Quería expresar mi gratitud y también decir algo sobre la gratitud, porque es una palabra interesante. ‘Gratitude’, en inglés, está emparentado con gracias en español, que deriva del latín gratia, que a su vez proviene del griego antiguo kharis. Por lo general, se traduce como ‘gracia’ o ‘favor’. La gracia es tanto objetiva como subjetiva: tanto el favor otorgado como la gratificación que siente el receptor. En otras palabras, la gracia es siempre recíproca. Va y viene entre el que da y el que recibe, igual que una luz o un sonido. Los poetas griegos antiguos también usaban kharis en plural como Kharites, o las ‘Gracias’, esas diosas que confieren a los seres humanos el favor de inspirarles obras de poesía, música y canto. Personificaban la cualidad especial o el resplandor que brilla en una obra de arte y que tiene su efecto sobre nosotros, cambiando tal vez nuestro día o nuestra vida. La gracia va y viene entre el creador de una obra de arte y su audiencia como entre el que da y el que recibe un regalo. Ninguno podría existir sin el otro. Así que les agradezco profundamente esta gracia que hemos intercambiado entre nosotros. Y, con el fin de consolidar nuestra nueva relación de gracia, me gustaría realizar para ustedes, y con ustedes, un pequeño poema. Es un poema interactivo, lo que significa que yo digo una parte y ustedes dicen una parte y las dos se unen, en algún lugar del ciberespacio, para dar forma a un pequeño significado. Así que, aquí está su parte. Ustedes han de decir: “¡Comprémoslo! ¡Qué ganga!” cuando les indique. Contaré hasta tres para que puedan practicar. ("¡Comprémoslo! ¡Qué ganga!”) ¿De acuerdo? Recuerden su estrofa. Charla breve sobre la sensación del despegue de un avión. Bueno, ya saben, eso podría ser el verdadero amor corriendo hacia mi vida con los brazos en alto gritando... (…) Gracias y buenas noches.
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Delibes, el académico más triste que tomó posesión en la RAE (Fri, 16 Oct 2020)
Miguel Delibes (1920-2010) tomó posesión como académico de la Real Academia Española (RAE) el 25 de mayo de 1975. El escritor estaba destinado a ocupar la silla "e", con "e" de Delibes, en la Magna institución, pero aquel no fue un día alegre para él. Ángeles de Castro, su mujer y amor de toda una vida, la que tuvieron la suerte de compartir, había fallecido sólo seis meses antes, el 22 de noviembre del año anterior, dejando al autor sumido en una profunda melancolía que fue, poco a poco, socavando su ánimo y hasta su condición física. Tanto es así que llegó a la ceremonia de ingreso pesando apenas sesenta kilos, hasta el punto de que cuando fue a probarse el frac que establecen los cánones académicos en la sastrería se quedaron asustados, pues jamás habían visto a una persona tan delgada. Era, como dijo Julián Marías en su discurso de contestación, "un hombre incurablemente herido". Así lo recordó su hija, Elisa Delibes, presidenta de la Fundación que lleva el nombre de su padre, en la conversación telemática que compartió con otros tres académicos, Darío Villanueva, Luis Goytisolo y Luis María Anson, dentro del homenaje de la RAE al escritor con motivo del centenario de su nacimiento. "Fue un momento triste, incluso me pareció pesado, yo desebaba que acabara, llevárnoslo a casa", rememoró Elisa, que contó, además, que el día "bonito" fue cuando la familia supo que había sido elegido: "Mi madre todavía vivía. Le llamó por teléfono la mujer de Lázaro Carreter y le dijo: 'Enhorabuena, señor académico, 14/13'. Y él nos dijo: 'No me han dado estopa de milagro'. Nos invitó a cenar a La Goya". "No he conocido a un hombre más enamorado de su mujer ni más triste cuando ella murió", aseguró Anson. El académico recordó cómo conoció a Delibes, hacia finales de la década de los 50, en el despacho de Torcuato Luca de Tena en ABC. "Era colaborador habitual de ABC y fue nombrado jurado del premio Cavia, que en esa ocasión se le otorgó a Gonzalo Fernández de la Mora". Al día siguiente, apareció en el periódico que el galardón había sido concedido "por unanimidad", y Delibes escribió una carta para aclarar que él no había votado por Fernández de la Mora, pero la misiva no se publicó, por lo que decidió dejar de colaborar con esta casa. "Cuando me hicieron director -reveló Anson-, pensé que tenía que estar Delibes y conseguimos que volviera a escribir para ABC. Aprendí lo que significa la dignidad de una persona que fue capaz de renunciar a ABC, que en ese momento lo era todo. Miguel, aparte de ser un gran escritor, era todavía mejor persona". En el caso de Luis Goytisolo, su relación personal con Delibes "fue muy escasa", pero el autor vallisoletano fue, junto con Carmen Laforet y Camilo José Cela, uno de los escritores que más le influyó. "Seguramente, los tres influyeron mucho en que me pasara de la poesía a la prosa. Mi relación con él siempre se basó en el elemento literario y en la caza; a mí me gustaba mucho cazar, igual que a él, y admiraba su respeto por la naturaleza del mundo en el que se movía como cazador", detalló Goytisolo. Un momento de la charla virtual, que pudo seguirse a través de YouTube - ABC Darío Villanueva, por su parte, reivindicó a Delibes como "un académico excepcional", pero, sobre todo, como "una figura fundamental de la literatura española contemporánea y de la novelística internacional". El que fuera director de la RAE compartió con Delibes, años ha, un viaje a Holanda que fue un "momento extraordinario" para él. "Dábamos una serie de conferencias al alimón. Yo era el telonero y la estrella era Miguel Delibes. En Holanda le interesaba extraordinariamente la cuestión ecológica", contó Villanueva, que comentó, entre risas, cómo lo primero que hizo Delibes nada más verle, antes de entrar en el hotel, fue: "¿Ganó ayer el Valladolid?". "En Delibes -continuó el académico- me fascinó el hecho de que él reflexionaba continuamente sobre el arte de la novela, desde una independencia extraordinaria. Él vivió en Valladolid al margen de capillas, de grupos, y tenía una visión muy ajustada y certera de lo que era la literatura, y eso a mí me fascinó". Siguiendo con esos momentos que cada uno atesora en su corazón, Elisa Delibes quiso recordar aquella ocasión en la que, siendo ya su padre muy mayor y estando viudo, ella dio, en su casa, con la carta que le escribió a su editor, José Vergés, el día que ella nació. "La leí entera y simplemente le decía: 'Le envío mi novela'. Yo le pregunté por qué no le dijo que yo había nacido… Era un momento en el que tenía hijos todos los días… Para él, era algo cotidiano. Él fue un buen padre, pero fue un padre de su generación, no era el padre que te cuenta cuentos, ni que te baña, ni que te lleva al colegio… Fue un padre afable, y exigente. Fe un buen padre". Un ser extraordinario Acto seguido, Anson volvió a la literatura, porque Delibes era "un escritor excepcional", y a esa otra cara de la misma moneda que, claro, es la vida. "Para él, la literatura era la expresión de la belleza. Lo más importante era la belleza del lenguaje, creó un lenguaje nuevo, incorporó muchísimas palabras, muy bien pensadas. Es uno de los seres más extraordinarios que cualquier persona puede conocer. Siempre estuvo a favor del pobre y en contra del rico, a favor de la mujer y en contra del hombre machista, a favor del débil y en contra del fuerte". A lo que Villanueva asintió, al otro lado de la pantalla: "Su discurso de entrada a la RAE fue un aldabonazo, aprovechó la tribuna para hacer un llamamiento que ahora vemos que era angustiado y angustioso y que sigue teniendo plena vigencia". Un escritor que, sin duda y a juicio de todos, "hubiera merecedio el Nobel", aunque él nunca lo esperó, como desveló su hija. "Cuando le dieron el Nobel a Cela, supo que el Nobel había pasado por su ventana, le dijo adiós y se alegró de que así fuera. Mi padre nunca esperó el Nobel, y nosotros tampoco". Lo que está claro es que su obra sigue siendo leída como una de las más grandes de la literatura española del siglo XX y reconocida, además, por las generaciones más jóvenes, que se acercan a Delibes con fervor y devoción. A ellos, a los lectores más precoces, cada uno quiso recomendar, antes de acabar la charla virtual, una obra del escritor: "El príncipe destronado" (Anson), "Señora de rojo sobre fondo gris" (Goytisolo), "Cinco horas con Mario" y "Los santos inocentes" (Villanueva), y "Mi vida al aire libre" (Elisa Delibes). Pasen y lean.
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En casa de Miguel Delibes (Fri, 16 Oct 2020)
La casa de Miguel Delibes, en la calle Dos de Mayo, de Valladolid, es amplia y luminosa. Un octavo piso cuyas ventanas dan a un colegio de patios bulliciosos a la hora del recreo, gritos infantiles y carreras que llegan con la puntualidad de los horarios escolares. Se fue a vivir allí el mismo día en que cumplió 60 años; salió por la mañana para Madrid, de viaje, desde su casa del Paseo Zorrilla donde había vivido veinticinco años, y cuando volvió, ya de noche, durmió por primera vez en la casa nueva, en la que únicamente tenía una cama y su biblioteca. Había vivido siempre de alquiler y tras la muerte de su mujer, Ángeles de Castro, y con los... Ver Más
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La superventas Eva García Sáenz de Urturi gana el premio Planeta con un thriller histórico (Thu, 15 Oct 2020)
Casi todas las letras del abecedario, de la A Eva a la Z de Sáenz, caben este año en un premio Planeta que, a falta de fastos y oropeles, ha optado por desbordar titulares entregando su codiciado cheque (601.000 euros del ala) a, cojan aire, Eva García Sáenz de Urturi.  La escritora alavesa, responsable con la «Trilogía de la Ciudad Blanca» de uno de los fenómenos editoriales de la última década, ha recogido el testigo de Javier Cercas, ganador de la pasada edición, con la novela «Aquitania», thriller histórico que relata y novela la vida de Leonor de Aquitania. «Es un homenaje a 'El nombre de la rosa', un Juego de Tronos fundacional de lo que será Europa», ha explicado la autora antes de dedicar el premio a las 33.000 víctimas que ha causado el coronavirus en España. A su lado (es un decir, ya que, en clara sintonía con estos tiempos que corren, se sumó a la velada en formato virtual) la periodista y escritora Sandra Barneda ha completado este jueves el primer pleno femenino desde que Espido Freire y Nativel Preciado formaron tándem en 1999. La también presentadora de televisión se lleva los 150.000 euros que corresponden al segundo puesto con «Un océano para llegar a ti», una historia familiar con un retorcido testamento de por medio. En su año más atípico, con la tradicional gala transformada a una extraña ceremonia en pequeño formato en el Palau de la Música y el desfile de escritores, políticos y personalidades reducido a su mínima expresión (esto es: un homenaje a Carlos Ruiz Zafon, una entrevista in situ a Cercas y un discurso del presidente del grupo, José Creuheras), el galardón mejor dotado de las letras españolas ha optado por la apuesta más o menos segura de dos nombres de impacto comercial. Así, si el año pasado fue el del asalto a la banca y los fichajes mediáticos para diezmar a la competencia, este año tocaba pleno femenino y tirón superventas sin demasiado riesgo: García Sáenz de Urturi, con su millón de lectores a cuestas y una exitosa adaptación cinematográfica en marcha, ya es autora de la casa, por lo que el posible riesgo queda minimizado. Barneda, hasta ahora instalada en Suma de Letras, sí que cambiará, ni que sea temporalmente, de casa editorial. Con siete novelas publicadas en los últimos ocho años y traducciones en más de treinta países, el Planeta supone el espaldarazo definitivo para una Eva García Sáenz de Urturi que publicó su primera novela en Amazon y ha acabado coronando el Olimpo de la literatura comercial. Parte de su éxito se debe a «El silencio de la ciudad blanca», thriller ambientado en su ciudad natal al que siguieron «Los ritos del agua» y «Los señores del tiempo«. «Me ha salido una novela mestiza, mitad thriller mitad fresco del medievo», ha explicado García Sáenz de Urturi para presentar una novela con la que se distancia del thriller fantástico y sobrenatural. «Me he sentido libro, ya era mi séptima novela», ha destacado la autora. «Ya había escrito novela histórica pura y precisamente documentándome para esa época descubrí que Berenguela de Navarra fue la mujer de un rey inglés, de Ricardo Corazón de León», ha explicado. Tirando de ese hilo llegó a Leonor de Aquitania y de ahí a una novela que sube ahora al podio del Planeta y que el escritor Juan Eslava Galán, portavoz del jurado, calificó de «catedral» narrativa.
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Olga Novo, premio Nacional de Poesía 2020 por su obra «Feliz Idade» (Thu, 15 Oct 2020)
La poeta Olga Novo (Vilarmao, A Pobra do Brollón, Lugo, 1975) ha sido reconocida con el premio Nacional de Poesía 2020 por su obra "Feliz Idade" (Tambo). El galardón, concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte, está dotado con 20.000 euros. De la obra de la poeta gallega el jurado ha destacado que se trata de "un relato vitalista que celebra el amor y la existencia más allá del tiempo. El libro es una criatura viva que relaciona la maternidad y la muerte con una profunda presencia crítica de la memoria histórica”. El fallo asegura, además, que “la voz poética de Olga Novo, inconfundible y de gran potencia, conjuga autenticidad y verdad, y se distingue por su lenguaje visionario que trae a la contemporaneidad el eco ancestral de toda una tradición literaria”. Novo, doctora en Filología Gallega por la Universidad de Santiago de Compostela, es una voz destacada de la poesía contemporánea en gallego. Es autora de una obra entroncada con propuestas radicales surrealistas y libertarias, marcada además por un profundo vitalismo telúrico, el feminismo, la memoria agraria y el erotismo. Así se plasma en la antología "Los líquidos íntimos" (Cálamo, 2013), donde Novo ha vertido al castellano una parte esencial de su obra, ofrecida además en su lengua original. De sus tres primeros poemarios publicados, "A teta sobre o sol" (1996), "Nós nus" (1997, premio Losada Diéguez de Creación) y "A cousa vermella" (2004), la crítica ya destacó su gran torrente vivencial y su fuerza expresiva, unidas a una honda y personal sensualidad. Con posterioridad, Novo ha publicado "Cráter" (2011), que fue premio de la Crítica española.
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La poeta Yolanda Pantin gana el Premio García Lorca: «No soy una voz aislada, soy mis lecturas» (Thu, 15 Oct 2020)
La reputada poeta venezolana Yolanda Pantin es la decimoséptima ganadora del Premio Internacional de poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, dotado con 20.000 euros, que reconoce el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituye una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica. Tras anunciársele que había obtenido tan notable condecoración, la escritora nos ha relatado su reacción: «Estaba en shock, acá eran las 7 de la mañana y me acosté tarde y no me había tomado el primer café, estaba dormida. Es una noticia extraordinaria para mí, estoy muy emocionada. El impacto fue tremendo porque me resultaba absolutamente increíble, no sé ni quién me ha postulado ni nada. Este premio nos rescata a todos los poetas venezolanos, nunca pensé que podría tener tan alto reconocimiento». ¿Qué quiere decir con ese rescate de todos los poetas venezolanos? «Conmigo va una tradición literaria, no soy una voz aislada, son mis lecturas y mis contemporaneos, mis poetas mayores, conmigo vamos todos... Me llamó una poeta amiga por la mañana, y se lo conté. Y le dije que estaba conmigo, que estamos juntas. En mi primer libro de poemas había un epígrafe suyo. Mi voz arrastra otras voces. Mejor dicho, las lleva consigo», dice Pantin. La artista, que reconoce que le han «repercutido» por dentro las observaciones del jurado, analiza que este García Lorca de Poesía, de alguna manera, cierra un círculo. «Lo recibo tras hacer hecho una larga exploración con muchos libros y muchas páginas, muchos tanteos, excavando con una terca voluntad de excavación en el lenguaje. Empecé a escribir con 24, ahora tengo 66. En este recorrido, del primer libro al último, algo se cierra y hace un nexo muy firme, y este reconocimiento es a ese camino tan largo y a esa insistencia». La humildad ecuánime de Pantin continúa: «Son muchos años y muchas páginas escritas, demasiadas quizá, pero no me arrepiento de nada porque la constancia ha sido la búsqueda y en la búsqueda uno puede equivocarse y meterse por un camino que no es, meterse luego por otro camino... Todo tiene sentido en la vida. Los tropiezos, los balbuceos, los hallazgos... La poesía ha sido una herramienta de exploración interior. Parece tonto pero no es tan fácil», añade. ¿Y cómo lo va a celebrar? «Yo quisiera dormir», comenta entre risas. Aunque se reserva para el fin de semana, en Caracas, un rato con su hija, su nieta, su yerno y algunos amigos cercanos. «Con el tema Covid tampoco nos podemos mover tanto. Porque hay reestricciones absolutas, no tanto impuestas sino por nosotros mismos. Es muy opaca la información que recibimos, no sabemos qué esta pasando con el número de contagios y el numero de fallecidos, por eso nos cuidamos mucho. Y el sistema de salud está muy precario. «Largo viaje por los recursos poéticos» El alcalde de Granada, Luis Salvador, ha hecho público el fallo del jurado, que ha destacado el «largo y profundo viaje por los recursos poéticos» de la premiada, que ha explorado los «lenguajes de la sentimentalidad» para retratar la «sinuosidades de la condición humana» a través de una mirada «perturbadora y novedosa». Según recoge Europa Press, el también venezolano Juan Carlos Méndez Guédez ha explicado, como portavoz del jurado, donde ha representado al Instituto Cervantes, que raramente suena el teléfono «para algo bueno» en Venezuela tan temprano, y ha mostrado su satisfacción por el reconocimiento a una «autora fundamental» de la literatura en español. El experto ha recordado su pertenencia, en los inicios de su carrera, en los años 80 del siglo pasado, al grupo Tráfico, así como el desarrollo de una poesía exteriorista, que más tarde se adentró en un «camino personal» que se fue alejando de estas propuestas iniciales. Las «piedras preciosas» de Lorca Los poetas, cuando jóvenes, en el inicio de esa «vocación por excavar dentro» buscan «gemas» o «piedras preciosas» como «por supuesto» es la obra de Federico, ha dicho también Pantin. Las lecturas lorquianas funcionaron como parte de «un sedimento de lo que surge todo», «lo de uno», lo cual es reconfortante ahora para la poeta, en «un año de muchas incertidumbres». Pantin nació en Caracas en 1954. Poeta, ensayista y editora, ha publicado numerosos poemarios como su «Casa o lobo», «Correo del corazón», «La cancion fría» o «Lo que hace el tiempo», obra por la que fue premiada con el Premio Casa de América de Poesía Americana en 2017. También, en 1989, recibió en Caracas el Premio Fundarte de Poesia y en el 2015 obtuvo en Aguascalientes, Mexico, el Premio de Poesia Poetas del Mundo Latino Victor Sandoval. En el 2004, además, recibió la Beca Guggenheim. A esta decimoséptima edición de este galardón, que nació siendo el de mayor cuantía económica en su género, han concurrido 41 candidatos de 16 nacionalidades que sido propuestos por un total de 74 instituciones. A causa de la pandemia, una parte de los miembros del jurado ha asistido de modo presencial y otros han estado presentes de modo telemático, en una reunión que ha estado presidida por el alcalde de Granada, Luis Salvador, y donde ha actuado de secretaria la edil de Cultura, Lucía Garrido, con voz pero sin voto. En esta edición, el jurado del premio ha estado representado de forma presencial también por, entre otros, el profesor del departamento de Literatura de la Universidad de Granada Ángel Esteban; José Luis Martínez-Dueñas Espejo, en representación de la Academia de Buenas Letras de Granada; Javier Rodríguez Marcos, del diario El País, Mercedes Cebrián, de la Residencia de Estudiantes, y Juan Carlos Méndez Guédez, del Instituto Cervantes. De modo telemático han actuado como jurado Carlos Pardo, representante de la Fundación Federico García Lorca, Miguel Ángel Pérez Priego, de la Asociación Internacional de Hispanistas, Jesús García Calero, del diario ABC y Manuel Gutiérrez, del diario El Mundo. Además de la brillante escritora venezolana, desde que el Consistorio granadino instaurara dicho premio en 2004 un total de 16 poetas han recogido la estatuilla lorquiana en Granada, comenzando por el ovetense Ángel González, primer escritor en alzarse con el galardón. Tras él, José Emilio Pacheco en 2005; la peruana Blanca Varela en 2006; el escritor valenciano Francisco Brines al año siguiente; Tomas Segovia, también valenciano, en 2008; José Caballero Bonald en 2009 y la malagueña María Victoria Atencia en 2010. También se alzaron con el galardón los poetas Fina García Marruz, Pablo García Baena, Eduardo Lizalde, Rafael Guillén, Rafael Cadenas, Ida Vitale, Pere Gimferre, Darío Jaramillo y la sevillana Julio Uceda, ganador del decimosexto Premio de Poesía Lorca, el año pasado. Además del premio en metálico, los galardonados reciben una réplica de la escultura «Luna», inspirada en un dibujo del poeta y obra de Miguel Moreno.
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Berta Marsé y las balas que pasan de largo (Thu, 15 Oct 2020)
«A veces la fatalidad pasa por tu lado, puedes oírla silbar como su fuera una bala, y por azar te libras», sentencia Berta Marsé (Barcelona, 1969) para intentar explicar de dónde surge «Encargo» (Anagrama), novela con la que hasta ahora cuentista se estrena en la narrativa larga. «Soy cuentista por vocación», matiza Marsé. El azar liberador, una vez más, se ha encargado del resto. «Cuando llevaba unas treinta páginas me di cuenta de que era demasiado para un relato y de que podía seguir; la historia podía alargarse un poco más», explica. En la primera de esas treinta páginas, marcando el rumbo a seguir, el recuerdo de una noche de 1993 en la que, mientras sacaba al perro a pasear cerca del mercado de Sant Antoni, estuvo a punto de sucederle algo. Algo malo. «Pintaba fatal -recuerda-. Pero me libré». Así que la bala pasó de largo y de aquella noche apenas quedaron un par de líneas escritas en una libreta que, años más tarde, reaparecieron rodeadas de interrogantes. Berta Marsé, Escritora Porque, se preguntó entonces Marsé,si la bala pasó de largo, ¿dónde impactó?. O, mejor dicho, ¿en quién? Una cuestión que intenta responder ahora de la mano de Desi y Yesi, dos amigas de la infancia unidas por un siniestro suceso y hermanadas en la rivalidad, el resentimiento y, claro, la fatalidad. «Es, entre muchas otras cosas, una novela sobre la amistad, pero una amistad muy contradictoria, repleta de envidias, complejos y pasiones», explica la autora. Una amistad, según se mire, condicionada y condicional a la que ponen banda sonora El Canto del Loco, Amy Winehouse y Pablo Alborán. «Arráncame esa cara infame, oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre», que dice y grita Julio Cortázar desde el poema que precede a la novela y que comparte título con la misma. Baile de géneros Así, con la envidia y el resentimiento convertidos en carburante narrativo y el barrio de Sant Antoni señalando entre neones el punto de no retorno de la gentrificación, Marsé ha brincado del cuento a la novela con un libro que, apunta, no tiene muy claro cómo definir. «He pensado mucho en el género, pero todavía no lo sé -reconoce-. ¿Es comedia? ¿Es tragedia? Tiene algo de novela negra aunque no lo es: algo de cuento de fantasmas; algo de novela juvenil; también tema carcelario». Tampoco su padre, el escritor Juan Marsé, debió de ser de mucha ayuda en este punto. «Si le gustaba te decía: «vale sí, me gusta». Y nada más. Si no le gustaba sí que explayaba un poco más, pero siempre era escueto, muy parco», recuerda. Eso sí: con «Encargo» terminada y entregada a la editorial hace más de un año, Marsé padre tuvo tiempo de leer la primera novela de Marsé hija antes de que complicaciones derivadas de una insuficiencia renal se lo llevasen el pasado mes de julio. «Afortunadamente le dio tiempo de leerla», celebra ahora Berta. Para terminar «Encargo», Marsé tuvo que dejar aparcada una novela en la que estaba trabajando y que, por el momento, seguirá esperando turno. «En pleno confinamiento, que yo pensaba que sería el desierto árido, se ma ha cruzado otra», avanza. Una nueva oportunidad para poner a prueba ese imaginario oscuro e incómodo en el que no faltan generosos manguerazos de humor retorcido. «El humor es importante. Me aferro a él. Además, la historia es una tragedia, por lo que había qué esforzarse con el humor».
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Arranca la Feria (virtual) del Libro de Fráncfort (Wed, 14 Oct 2020)
Más de 2.800 autores de más de 80 países participan en esta edición “especial” de la Feria del Libro de Fráncfort, pero será una participación virtual. “Habrá eventos en la ciudad, pero las salas de exposiciones permanecerán vacías. Para lograr esta feria comercial descentralizada hemos establecido un concepto digital integral que, por un lado, tenga en cuenta las necesidades del comercio y el comercio de derechos, pero por supuesto también se centre en el libro y los autores. Hemos creado un festival de libros digitales, un sistema de transacciones económicas y hemos creado un centro de transmisión virtual a través del cual transmitiremos desde el Frankfurt Festhalle en todo el mundo”, explica su director, Juergen Boos, que admite sin embargo de forma implícita que este formato "fake" amenaza con hacer prescindible el auténtico. “Continuaremos usando lo que haya demostrado su eficacia el próximo año. Pero nos volveremos a encontrar físicamente, de lo contrario se perderá la creatividad, el azar, la confianza que construye un encuentro personal”. Hasta el domingo, unos 750 oradores debatirán por videoconferencia (en total, 260 horas), mientras casi 4.400 editoriales, agencias literarias y proveedores de servicios del sector, de 103 países diferentes, tendrán expositores digitales en lugar de pabellones. “Por supuesto, no podíamos prever lo que sucedería a continuación y hemos tenido que reinventarnos, pero hace ya años nos adaptamos al hecho de que muchas cosas también se pueden contar digitalmente y hacer virtualmente. Ahora solo aceleramos ese proceso”, defiende Boos. “Por un lado -continúa-, hemos creado una plataforma de derechos, pero en realidad hemos creado oportunidades para que los editores se presenten internacionalmente en el mundo digital usando todos los canales, televisión, YouTube, Instagram, todas las redes sociales existentes”. A nadie escapa que, una vez funcione este formato, el sector no será el mismo y la influencia de las grandes ferias tampoco. “Ahora tenemos empresas como Netflix que necesitan contenidos con urgencia y el libro siempre está en la base de la actividad creativa, lo que ha ampliado el círculo de quienes se interesan por la feria”, rebate Boos, empeñado en ver el vaso de la Buchmesse medio lleno: “Por primera vez, la feria es accesible a gente que no puede venir físicamente. Nuestro objetivo es volver a tener un certamen físico en 2021, porque el caos, los encuentros casuales dentro del recinto, fomentan la creatividad, crean oportunidades, y eso no se consigue por vía digital". "Lo digital es un complemento”, insiste, reconociendo su “frustración” pero sin resignarse a que la “teleferia” se convierta en la nueva normalidad editorial. Nuevas estrategias El nuevo formato modificará previsiblemente la eficacia y, por lo tanto, la estrategia de las inversiones. España, por ejemplo, dedica 1,2 millones de euros y dota con 800.000 euros dos convocatorias de ayudas a la traducción con el fin de promover la venta de derechos de títulos españoles, y ha creado su propio portal, “BooksfromSpain”, donde podrán participar cien editores y agentes con cinco títulos cada uno. Estas dotaciones serán complementadas por el Programa AC/E de ayudas a la traducción hasta 2022. Lo cierto es que España sigue con atención la presente edición de la Feria de Fráncfort porque será país invitado en 2022 y el cambio de las tendencias acelerado por la pandemia coincidirá con el protagonismo español. El 80% de los derechos de libros que se publican en el mundo se venían firmando en Fráncfort y cualquier modificación supondrá un cambio significativo para el sector. “No lo percibimos como una crisis”, dice la directora general del Libro, María José Gálvez, que adapta a toda prisa la oferta española con una sesión online en la que participarán Pilar Reyes (Penguin Ramdom House), Silvia Sesé (Anagrama) y Juan Cerezo (Tusquets), así como varias mesas redondas en "streaming" con motivo de los centenarios de Miguel Delibes, Benito Pérez Galdós y Concepción Arenal o charlas de Fernando Aramburu y Rosa Ribas. Y además de las nuevas vías de promoción y negocio que abren las plataformas digitales, la imposible normalidad suscita en la Feria una reflexión creativa en la que el escritor David Grossman, en videoconferencia desde Jerusalén, ha centrado la apertura. “Como ocurre siempre que los fundamentos de la sociedad son sacudidos, cuando la seguridad personal y nacional decrecen llega el riesgo del nacionalismo, el fundamentalismo, la xenofobia y el racismo, el daño severo a la democracia y a los derechos civiles. Y los escritores tenemos el deber de observar, y debemos escribir, y documentar, y lanzar avisos”, ha dicho. “Habrá cambios económicos, sociales, políticos, habrá sistemas que colapsen o tomen otras formas, en muchos países la clase media se empobrecerá, y los pobres se volverán indigentes… y la literatura volverá a estar ahí, como testigo que sublime ese dolor a la altura del libro”, ha rematado Grossman.
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