Libros

Lijia Zhang: «El capitalismo ha agravado las diferencias de género en China» (Sat, 20 Apr 2019)
El loto es una flor bella que nace de aguas sucias. Con esta premisa y un homenaje a su abuela, que fue vendida de joven a un burdel en los años 30, la escritora Lijia Zhang analiza en «Loto» (Editorial Renacimiento) los cambios de China a través de la vida de una prostituta. Nacida en 1964 en Nankín (Nanjing), Lijia Zhang es la escritora china más occidentalizada. Tanto que ha cambiado al modo occidental su nombre, ya que en mandarín se escribe primero el apellido (Zhang) y luego el nombre de pila (Lijia). Viviendo entre Londres y Pekín, escribe en inglés y no en chino, pero eso se debe a que su primer libro, «Western image of Chairman Mao», fue censurado. A la vista de lo que cuenta, parece poco probable que sus obras se publiquen algún día en China. Entre otras cosas porque habla de su vida, tan apasionante como la de sus personajes. Con solo 16 años, tuvo que dejar el colegio para trabajar en una fábrica estatal de misiles, donde se dedicaba a probar válvulas de presión. Con la Literatura como única evasión y un millón de sueños por cumplir, organizó en su ciudad las protestas pro-democráticas que había propagado la revuelta de Tiananmen en 1989, aplastada a sangre y fuego por el Ejército. Así lo recuerda en «Socialism is great», traducida a siete idiomas. ¿Tiene usted o su familia problemas en China? Yo tengo pasaporte británico y mi familia, que vive en Nankín, no ha sufrido ningún problema. No soy una disidente. Aunque mis libros y artículos son críticos, también cuento los logros de China. Aun así, será difícil que en China se publique su libro sobre la prostitución. La prostitución es una ventana a las tensiones sociales que ha provocado la apertura y reforma de China, así como su urbanización. El libro está inspirado en mi abuela, que fue una trabajadora sexual de joven. Ella era de Yangzhou (provincia de Jiangsu) y, cuando se quedó huérfana, fue adoptada por una tía que la trató como a una esclava. Mi abuelo la conoció en el trabajo y la tomó como concubina. En 1949 triunfó la revolución del Partido Comunista, que prohibió la prostitución. Pero esta volvió con la apertura de China al capitalismo porque el dinero se abrió camino y se relajaron los controles sociales. Con el capitalismo salvaje que hay en China, las diferencias de género se han agravado con respecto al comunismo. ¿Cómo se documentó para escribir este libro? Fui en un viaje de trabajo a Shenzhen, la primera ciudad que se abrió al capitalismo, y conocí a muchas mujeres que habían emigrado a las fábricas, pero lo habían dejado para «hacer la calle» forzadas por las circunstancias de la vida. Luego trabajé con una ONG que atendía a las prostitutas repartiendo preservativos, haciendo análisis de sangre y prestando asesoramiento legal. Entrevisté a decenas de ellas, y la mayoría son mujeres pobres y sin educación que vienen del campo. Lo que más me sorprendió fue la violencia que sufren a manos de clientes y de la propia Policía, ya que muchos agentes las violan y luego las confinan en campos de reeducación. Muchas han perdido el hilo de sus vidas y sufren enfermedades o dramas familiares, como malos tratos, divorcios y embarazos no deseados. Otras consiguen retirarse, pero algunas siguen hasta los 60 años. Para sentirse mejor, envían dinero a su familia. Pero, a veces, su vida no es tan miserable como se piensa, ya que se forjan amistades muy estrechas y unas se ayudan a otras, incluso pagando sobornos para conseguir su liberación cuando son detenidas. ¿Acabarían todas estas penurias si la prostitución fuera legalizada? La prostitución ha sido legal varias veces en la historia de China. La mejor opción es legalizarla, pero eso es imposible porque China es un país socialista. Debería ser despenalizada y habría que abolir los campos de reeducación. No solo por las prostitutas; también por todos los disidentes que acaban allí, sobre todo ahora que ha aumentado la represión con el presidente Xi Jinping. ¿Puede haber otro Tiananmen en China? El movimiento democrático de 1989 sigue siendo un tabú, pero ocurrió porque la gente quería más libertad y vivir mejor. Tras aplastar las protestas de Tiananmen, el régimen se adaptó y dio desarrollo y libertades, pero siguió controlándolo todo. La jaula se ha agrandado tanto que la gente no la nota, ya que hay muchas oportunidades siempre y cuando uno no se meta en política.
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Ismael Serrano: «Levantarse cada día es un acto de heroicidad» (Sat, 20 Apr 2019)
Cuántas veces se levantó por la mañana deseando esquivar la oficina y huir a ninguna parte. O al mar. Cuántas veces se preguntó si su vida era lo que había planeado, si estaba dónde y con quién soñó estar. La vida está llena de proyectos que divagan en la cabeza y se deshacen como la arena atravesando un escuálido cuello cilíndrico. Pero, y pese a todo, siempre nos queda el día a día, «la belleza del escombro», en la que tanto insiste Ismael Serrano arriba del escenario. Ahora, no está allí, ya no lleva la guitarra al hombro sino un libro debajo del brazo: su primer libro de relatos, «El viento me lleva» (Grijalbo), en el que es imposible no reconocer al cantautor. Las historias que cuenta en sus conciertos (y no precisamente en sus canciones), esas que han hecho de Serrano un gran orador más que cantautor, se han convertido en relatos escritos. En ellos desfilan un sinfín de personajes anónimos, sin nombres, sin conexión aparente, solo unidos por el mismo bolero que suena en gran parte de los relatos que componen el libro: «Bésame mucho». Pero no solo la música une a estos personajes abatidos por el paro, la violencia doméstica, la corrupción y las obsesiones. Los une la lucha diaria, «levantarse cada día es un acto de heroicidad», sentencia Serrano. También el miedo a la soledad, que confiesa padecer el propio autor. Esta selva de ideas y personas conviven con una parte autobiográfica del autor que se cuela en un libro que busca «abrir ventanas a la esperanza, relativizar el éxito y el fracaso». Serrano se permite también adentrarse en la fantasía (un hombre que mengua conforme pierde poder, una violinista adolescente a la que un narco le regala un Stradivarius robado, o un mago que olvidó sus trucos) para dar como un resultado un texto que desgrana, como hace con sus canciones, lo que a Serrano le emociona. ¿Por qué «El viento me lleva»? En un principio lo titulé así porque pretendía hacer un libro de viajes personal, un anecdotario con relatos breves que hablaran de mis giras, un poco a la manera de Galeano que conecta con la tradición oral, fábula, etc. Pero luego empecé a escribir otras cosas, acabaron saliendo historias dentro de historias. El libro adoptó una forma compacta, con un primer relato que es como un prólogo y el último que habla de relativizar el éxito y el fracaso. ¿Escribía lo que iba surgiendo o buscaba mensajes premeditados en cada relato? Las historias fluyeron, no hubo una idea previa. Sin embargo, sí hay un mensaje de abrir ventanas a la esperanza, de las oportunidades perdidas, de la soledad, que es uno de los miedos más recurrentes en mi música. Todos los personajes están solos de alguna manera, como los chavales que los sábados se ponen el traje y se cuelan en las bodas sin ser invitados. Yo me imagino a todos los personajes viviendo en el mismo edificio, incapaces de conectarse excepto con los vecinos. Al final, mis grandes inquietudes sobrevolaban los relatos pero no de una manera tan premeditada. No hay mención a sitios concretos pero puede adivinarse, por ejemplo, que describe Madrid y el barrio de La Latina... Sí, están ambos. También el relato de la mujer que soñaba con ver el mar es, al mismo tiempo, la historia de un barrio, de Vallecas. No el que yo conocí sino el de mis padres, el de las casas bajas, el de las calles de tierra, del retrete compartido, de la parroquia como centro neurálgico donde transcurre toda la vida social, cultura y política. Tampoco le pone nombre a los personajes... Lo evité, no quería anclarlos a la realidad de una forma rotunda. Era una invitación al lector para situarlos donde quisiera. Solo hay dos menciones explícitas: Néstor y Joaquín. ¿Es la parte autobiográfica? Sí, son las únicas referencias personales, con personajes reales que quería homenajear. Aparte, a través de Joaquín, quería hablar del desempleado. Él pasó una larga temporada en el paro y lo vivió muy mal, fue un drama. También hablo de mis padres y de sus amigos, jubilados con dificultades, achaques y con problemas muy diferentes al que protagoniza ese relato que es un político que, al perder el poder, empieza a menguar. Me parecía bonito mezclar verdad y fantasía. Está presente en todos los relatos la cotidianeidad. ¿Por qué? Me gusta retratar la épica de lo cotidiano. Para mí levantarse cada dia es un acto de heroicidad, seguir, continuar, avanzar. Eso se plasma en la mujer que aguanta durante años a su marido borracho, a Joaquín luchando contra el desempleo. Trato de encontrar en lo cotidiano esa poesía, esa épica que creo que está presente y de la que no somos conscientes. Lo de contar historias no es nuevo para usted. Lo hace en los conciertos y no precisamente en las canciones... Me he dado cuenta de que lo que más me gusta es contar historias. A través de la música o de los libros; también convierto los conciertos en un relato, no solo salgo a cantar. Pero entiendo que componer una canción y escribir un relato es diferente... Es completamente distinto. Tanto cuando escribo una canción o un relato pienso en una estructura pero en el relato hay más capas, vericuetos y surgen cosas. Puedes permitírtelo en los relatos pero con las canciones no puedes dar rodeos. ¿Se plantea dejar la música y dedicarse solo a escribir? No, la música me gusta mucho, disfruto mucho saliendo al escenario. Me gustaría escribir teatro musical, contar historias, explorar otros lugares... ¿Se ha inspirado en algún escritor? Estos cuentos tienen algo de tradición oral, mitad fábula, mitad verdad, mitad ejercicio antropológico. Entronca con los cuentos de Borges, Cortázar, Fontanarrosa... ¿Qué reacción espera del libro? Estoy muy contento pero creo que me voy a enfrentar a un prejuicio. En el mundo literario yo soy el «famoso», por decirlo de alguna manera, que se dedica a escribir. Ojalá la gente lo reciba bien.
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Javier Sierra: «Que Notre Dame ardiera cuando está en cuestión Europa causa zozobra» (Fri, 19 Apr 2019)
Javier Sierra ha investigado y ha escrito sobre Notre Dame («Las puertas templarias») y sobre la época del gótico, llena de misterios y alquimias que aún hoy atrapan a cientos de miles de lectores. El incendio le sorprendió en Milán: «Al principio pensé en un fake, pero según iban pasando los minutos y vi que los mensajes y las imágenes se multiplicaban me di cuenta de que estábamos ante una catástrofe. Notre Dame es el icono de la primera Europa, la que vio las Cruzadas, que fueron la primera empresa común del continente. Que haya ardido cuando está en cuestión la cohesión de nuestro entorno me sumerge en cierta zozobra. Entonces, ¿ve a las catedrales como los vestigios de un mundo que se está acabando? En realidad trató de verlas con los ojos de las gentes que las levantaron. Generalmente se admite que «siglo de las catedrales» fue de 1140 a 1270, que es justo la época de las Cruzadas. Ese tiempo en el que Europa se despobló de hombres y las mujeres tomaron el control de los reinos. En esa época no solo surgieron estos grandes templos consagrados a la Virgen -los primeros de la cristiandad-, también la cultura experimentó un auge sin precedentes. Surgieron los trovadores y el amor cortés -predecesor del amor romántico, que ponía a la mujer como centro de todo y hasta justificaba la infidelidad ante matrimonios de conveniencia-. Nacen los mitos como el grial, se recupera la pasión por la astrología y se inventan las cartas del tarot. Después, al regreso de los cruzados, todo eso se reprimió. No me ha respondido. Sí lo he hecho. Las catedrales son los restos de un mundo que acabó hace tiempo. No solo servían para el culto sino, sobre todo, para la vida social. En el siglo XII tenían muy claro que las catedrales no las levantaba la Iglesia sino los burgueses, los habitantes del burgo, el pueblo. Aunque cuando empezó a construirse Notre Dame estaba presente el papa Alejandro III, lo que evidencia su tremenda importancia ¿Qué sabemos de los constructores? Es todo un desafío explicar cómo, en un periodo de poco más de un siglo, surgieron autenticas sagas de arquitectos que tenían un sistema de edificación revolucionario y un programa iconográfico tan completo, común… y pagano. ¿Pagano? La catedral se concibe como un modelo a escala del Cosmos. En sus pavimentos originales -muchos, hoy desaparecidos- plantaron laberintos, que era un símbolo propio de la tradición celta. Y en las arquivoltas y vidrieras dibujaron zodiacos completos con una iconografía que puede rastrearse hasta el Antiguo Egipto. Los medallones que esculpieron en sus fachadas también están sembrados de motivos no cristianos. Hay aves que hablan, burros que tocan instrumentos, mujeres que parecen trasvasar líquidos de un recipiente a otro. Se trata de una iconografía oscura, que no bebe de los textos sagrados, y que ha dado pie a interpretaciones de lo más diverso. ¿También en Notre Dame de París? En los pórticos, que se han salvado, pueden verse siete medallones en piedra con símbolos sacados de un tratado de alquimia. Una mujer sostiene un pájaro, símbolo de la volatilidad. Al lado se advierte un caduceo hermético, símbolo del «disolvente» de los que buscan coinvertir el plomo en oro. Lo mismo la salamandra, que encarnaba al azufre o el león, que pudo estar pintado de verde, y es metáfora de la materia bruta o plomo. El libro de Fulcanelli «El misterio de las Catedrales» explica todo eso.
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Margaret Macmillan: «Colón no puede ser responsable de lo que viniera después» (Sun, 14 Apr 2019)
Margaret Macmillan (Toronto, 1943) es muy conocida por su lúcido análisis en «1914» (Turner), un libro monumental sobre el verano en el que prendió la mecha de la I Guerra Mundial. Su mirada desentraña claves de nuestro pasado y nuestro presente. Aprovechando su paso por Madrid para una conferencia en la Fundación Areces, hablamos con ella sobre las mechas prendidas en un mundo como el actual, donde se atenta contra estatuas de Colón, se habla de desenterrar dictadores como Franco, rehabilitar a otros como Stalin, y el mundo contiene el aliento ante los nuevos liderazgos agresivos y la escalada de las guerras comerciales como la que ha estallado entre Estados Unidos y China. Sin perder de vista el Brexit, para saber que piensa una especialista en la historia del Imperio Británico. ¿Hemos convertido la historia en un argumento político? Siempre lo ha sido. Se ha utilizado como argumento por grupos, individuos y gobiernos para justificar lo que hacen, como China hoy reivindicando su presencia en el mar con el fin de controlar a Taiwán. Ha sido muy frecuente y ocurre desde el Imperio romano, cuando hablaban de la historia griega. Se utiliza la historia para reclamar dominios, para exigir disculpas, reparaciones... La historia debe ayudarnos a hacernos las preguntas adecuadas. Vivimos ecos de los años 30. Populismo rampante, la democracia en horas bajas... ¿Comparte esta óptica? No es la misma situación, pero hay cosas preocupantes. Los populismos tiene diferentes causas, aunque normalmente surgen de quejas muy reales. Es importante que no descartemos esto, la gente está sufriendo. Pero también sepamos que los líderes políticos menos escrupulosos, cuando no antidemocráticos, se aprovechan, sacan ventaja. Utilizan las instituciones democráticas, como hicieron los nazis, para ser elegidos y después desarmarlas. Pero la democracia es más fuerte ahora que en los años treinta. Y no tenemos ahora -toco madera- una recesión como la del 29, hay fortaleza en las instituciones internacionales. Hay un riesgo en ser demasiado pesimista... Pero todo está en revisión: Stalin en Rusia es un ejemplo. Los líderes tratan de controlar la historia porque les justifica. Putin trata de ponerse en la trayectoria de los liderazgos más fuertes de la historia de Rusia. Un día le dijo a un político canadiense de visita en Moscú: «Como dijo mi predecesor Pedro el Grande...» a Stalin lo ve como el gran líder de la Gran Guerra patriótica, como ellos llaman a la II Guerra Mundial, y minimiza sus «pequeños errores» como la muerte de 30 millones de personas. Usted enseña en Oxford. ¿Qué dice la historia sobre el Brexit? Gran Bretaña siempre ha tenido la doble tendencia de vivir con el continente y aparte. Mi visión es que la historia británica está trenzada a la del continente, no puedes desanudarla. Hasta 1807 la Corona no dejó de reivindicar una buena parte de Francia. ...desde Leonor de Aquitania. ... ¡Sí! Y puedes ver el Canal de la Mancha como una muralla, pero durante nuestra historia, desde la Edad Media, fue una autopista para el comercio, la gente, las modas. Se va más lejos por mar que por tierra. ¿Y cómo quiere que acabe el Brexit? Es posible que al final no nos vayamos, pero eso dejaría a mucha gente cabreada. Y es posible que salgamos sin acuerdo, lo que daría el mismo resultado, mucha gente disgustada. Habría un término medio, aceptar las reglas que ponga la UE en un acuerdo parecido al de Noruega... ¿Qué piensa de la llamada «memoria histórica»? ¿Necesitamos a Freud? La memoria no es historia. Los historiadores tratan de llegar a los hechos. La memoria es cómo un colectivo ve el pasado. Da lugar a disputas, como la que ustedes tienen con la Guerra Civil, la tumba de Franco... Siempre es difícil tratar con estos dramas, creo que el debate es positivo. Pero la historia se usa como arma por un grupo contra otro... Y si juzgamos el pasado con valores de hoy, ya el lío es perfecto. Todo el tiempo hacemos juicios pero debemos entender el pasado como pasado, reconocer eso no es perdonar, es entender. Hay quien quire siempre derribar estatuas, como ocurrió en Oxford con la de Cecil Rhodes, cuya fortuna colonial pagaba becas. Ustedes deben tratar con el asunto de Franco, no pueden hacer como que no existió. Son asuntos que deben ser abordados caso a caso. En América van contra las estatuas de Colón ahora. Colón puso algo grande en marcha pero no creo que supiera que llevaba enfermedades a América. Fue catastrófico para los indígenas pero no fue premeditado, no tiene culpa ninguna. No puede ser responsable de lo que viniera después. Nunca es fácil cuando chocan dos civilizaciones y una es más poderosa en armas. Ustedes tenían caballos y arcabuces, los indios no. No es amable. Antes lo hicieron los romanos, los griegos... Todos lo han hecho a lo largo de la historia. En estos momentos escribe un libro sobre las Conferencias de Paz de Yalta y Potsdam. ¿Qué puede contar? Estoy apenas empezando. Quiero mirar cómo se configuró el mundo en aquellas conferencias de paz. Tomaron importantes decisiones. También estaban viendo nacer la siguiente confrontación, la GuerraFría, que vino inmediatamente. No creo que la vieran. ¿Ni Churchill? Creo que Churchill pensaba en ese momento que sería posible cooperar con Stalin, y Stalin con Roosevelt y Churchill. No se fiaban unos de otros, cierto; tenían sospechas, pero todos pensaban que sería posible la cooperación tras la guerra, según he podido comprobar en sus cartas. ¿Cree que es posible la balcanización de España? Espero que no, son una entidad política más estable que Yugoslavia. Existen vías para expresar vuestras diferencias que no existían en la Yugoslavia de los ochenta y noventa. Y además entonces todo dependía de Tito y desaparecido Tito todo erupcionó. Pero tenéis que ayudaros para que los demagogos, como lo eran Milosevic o Franjo Tudjman, no lleguen al poder. Yugoslavia no había llegado nunca a ser una democracia, y España sí lo es.
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«Palabras», artículo póstumo de Concha Espina en ABC (Sun, 14 Apr 2019)
Desde la Divina, la que hizo carne y habitó entre nosotros para la Redención del mundo son innumerables las interpretaciones que le caben a cada palabra, así como ellas mismas agotan su número y hacen poco menos que imposible su recuento, sus realidades y la prueba de su mejor servicio: la utilidad única y propicia que, por ejemplo, un escritor intenta dar a su trabajo. [Concha Espina, la mujer que nació poeta] Niego yo que en cualquiera de estos casos felices, las palabras se busquen ni menos que se rebusquen. Creo que se encuentran, que saltan ellas solas a la limpidez inocente de una página, atraídas por el instinto de quien las conoce, porque las ha gustado desde sus primeros balbuceos infantiles, como una blanda imposición del destino, tal vez porque a semejante persona le aguarden muchas piedras en los senderos del porvenir y una providencial compensación le siembre generosas flores entre los adustos guijarros. Lo más sencillo y fácil es suponer así los hallazgos de las palabras lógicas y sensibles para la pluma de un escritor. Pero en esta época de los mil vocablos inútiles, la bronca palabrería sobrante en multitud de propagandas y de voceríos estériles, se reniega en público con tono de crítica literaria, o simplemente a base del comentario pueril, del estilo caudaloso y singular, hijuela, al parecer, de algunos autores. Se afirma por ahí, con la resonante voZ de papeles y de emisoras, que no se necesita un léxico feraz, ni unas palabras nobles para escribir la crónica de lujo, el cuento interesante, ni la novela merecedora de un premio gordo. Se asegura, gratuitamente, que sobran las frases de prístino valor en una obra de moderna literatura y bastan en ella los renglones adocenados y vulgares, con múltiples desdenes a la sagrada memoria de Cervantes y de Calderón, Lope de Vega y San Juán de la Cruz, para sólo mencionar cuatro lanzas entre los Conquistadores del lenguaje, hueste de invictas raíces en sucesivas generaciones, muy lozanas ahora mismo, gracias a Dios. Porque al otro lado de la inercia y el menosprecio, mezclados con la urgente economía, abundan los fieles adalides de las Letras hispánicas, entregados al doloroso y exquisito quehacer de la profesión literaria. Son gente de mucho calibre intelectual, signada con la estrella del sacrificio y del rigor, en cuanto al puro arte de escribir se refiere. Y existe hoy un soberano plantel de profesionales, mozos, maduros y viejos, que cultivan con encendidos amores el buen Arte escrito a todas las anchuras del tremendo idioma nacional, todo a lo largo de sus caminos interminables. Esto sucede cuando más se nutren los insignes merecimientos de la hermana lengua catalana, exaltados con obras de acendradísima poesía; cuando se aprecia como tesoro patricio el dulce bable de Asturias, el duro y milenario vascuence, progenitor como el sánscrito del castellanizado latín; iniciaciones que tuvieron su sede en San Millán de la. Cogollo, allá por los andurriales del XII, mientras florecieron las hablas melódicas de Galicia, los primeros romances indecisos de Córdoba y más tarde el párvulo silabeo de las Américas niñas. Robusto cauce verbal que supo y sabe enriquecer el insondable río idiomático de Castilla, colmado de vegetaciones antillanas, voces indígenas de Méjico, modismos y expresiones singularísimas de Chile y Perú, decires de Centroaménca, donde tuvo Colombia la incorruptible fama del mejor lenguaje español. Si con tales abolengos se orlan y se escudan nuestras palabras, todas en general, debemos preferir las más bellas, limpias y fragantes para nuestra labor pública. Porque algunas de estas que admitimos como sal y miel, pimienta y clavo, de la tarea profesional, suelen tacharse de viejas, desnudas, perdidas en un desierto, puestas lejos de la circulación, sin previo tribunal condenatorio. Y con frecuencia son las más originales, las de una etimología más heráldica y racial; las que tal vez por un mínimo resto de tolerancia se conservan todavía en los mejores diccionarios lingüísticos. No son feudos, parcelas ni heredad reservados al usufructo de ciertos autores, según se colige de alusiones impertinentes. Como si las letras abandonadas, casi prohibidas, según aquí declaro, no consistieran ya, precisamente, en bienes mostrencos, tierra de nadie, bajo el título capcioso de su antigüedad. Si en realidad, para muchos no fueran conocidas, serán por eso más interesantes, como criaturas de un orbe intacto; si a otros le parecen antiguas, ¡cuánta sorpresa al sentir el pálpito de su juventud, al servirse de su novedad! Para los aficionados al sápido «boquel» de los licores, no habrá mejor perfume que el de aquellas palabras tan odorantes y escondidas, como las violetas. Y cualquiera de estas criaturas injustamente condenadas al silencio, saben decir muchas cosas claras y rituales, desde el predominio de sus orígenes. Te las brindo, compañero escritor; estímalas como a elementos donceles por la virginidad sagrativa de su existencia, testimonio del supremo candor españolísimo no las abandones como a seres apátridas, hospicianos sin linaje ni apellido legal. Porque si lo hicieras así, cometerías un delito histórico, imperdonable, contra el idioma que ha llenado de luz, de gracia v de fervor a veinte naciones privileqiadas del Imperio Cristiano.
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Concha Espina, la mujer que nació poeta (Sun, 14 Apr 2019)
Es cierto que en los últimos años, y gracias al esfuerzo de pequeñas editoriales e investigadores infatigables, hemos recuperado las voces literarias de numerosas mujeres que, por su género, habían sido olvidadas o relegadas a un papel menor que el que realmente tuvieron en nuestra Historia. Valgan, a modo de ejemplo, libros como «Las sinsombrero» (Espasa, 2016), de Tània Balló, o la labor que, desde la Universidad de Exeter (Reino Unido), está llevando a cabo Nuria Capdevila-Argüelles, responsable de que hayamos vuelto a leer a Elena Fortún, redescubierta como mucho más que la creadora de Celia. Pero no es menos verdad que en ese camino de reparación de nuestra memoria nos hemos dejado a uno de los nombres más importantes y singulares de la literatura española: Concha Espina (1869-1955). Y el pecado parece aún mayor, porque todo apunta a que el hecho de que nadie haya reparado en que mañana se cumple el 150 aniversario de su nacimiento se debe a la etiqueta de «mujer conservadora» que se le colgó tiempo ha y que nadie se ha preocupado de revisar o, incluso, ignorar, pues con la grandeza de su literatura debería bastar. Pero, ay, las poses, cómo pesan. La clamorosa ausencia de reediciones de su obra confiere aún más importancia al libro que, en unos días, llegará a las librerías españolas y que recoge, por primera vez, toda su poesía. Publicada por Torremozas, editorial a la que tanto debemos por su trabajo de «arqueología poética», la obra recoge los tres poemarios de la escritora cántabra («Mis flores», de 1904, «Entre la noche y el mar», de 1933, y «La segunda mies», de 1943), así como todos sus versos aparecidos en prensa (varios en ABC y la revista «Blanco y Negro»), los poemas que incluyó en sus novelas más conocidas y dos inéditos que Concha Espina dedicó a sus nietas. Homenaje Se trata, además, de una suerte de homenaje a la autora, que siempre consideró la poesía como eje vertebrador de su obra, pese a que logró la fama, y con ella la subsistencia de su familia, gracias a sus novelas y artículos periodísticos. Así lo reconocía la propia Concha Espina en el poema rescatado de «La esfinge maragata» (1914), en el que asegura: «Yo soy una mujer: nací poeta, / y por blasón me dieron / la dulcísima carga dolorosa / de un corazón inmenso». También, en la introducción que escribió para «La segunda mies», donde sostiene que «muchos de mis amigos, tal vez los mejores, ignoran que yo haga versos y se sorprenden cuando traslucen, como algo insospechado, esta otra debilidad de mi vocación literaria (...) pero sucede que yo nací bajo el signo cándido y loco de la rima, y que rimé en la imaginación esos renglones incautos antes de saber escribirlos, es decir, desde el alba de mi estrella». «Para nosotros era un deber recuperar toda su poesía, una faceta suya tan olvidada», explica Fran Garcerá, responsable de la edición de la obra y experto en las poetas españolas de la Edad de Plata (1900-1936), a la que perteneció Concha Espina. Una vez tomada la decisión, Marta Porpetta, directora de Torremozas, y él se pusieron manos a la obra, con la premura de intentar llegar a tiempo para el aniversario de su nacimiento, inadvertido para casi todo el mundo. Recopilaron los tres poemarios antes mencionados y se pusieron en contacto con los descendientes de la escritora, que fueron «maravillosos» y se mostraron «entusiastas con la recuperación de su legado», según reconoce Garcerá. De su archivo rescataron todas las fotografías que incluye la obra, en muchas de las cuales se advierte un aire moderno y vanguardista muy alejado de la idea de escritora antigua o tradicional que tenemos de Concha Espina. Etiquetas «Fue una mujer moderna y pionera -asegura Porpetta-. Queríamos darle ese tono de mujer mucho más sofisticada que la idea que tenemos de ella. Hay que quitarle esa pátina antigua». A juicio de la editora, a la autora de «La niña de Luzmela» (1909) «se le puso la etiqueta de conservadora y con ella sigue, no hay manera de quitársela, por eso se la deja de lado, pero eso es un error tremendo. Hay que entender sus circunstancias, el momento que le tocó vivir… Si es un poquito más conservadora, ya no la leemos, y eso no puede ser. Parece que es mucho más simpático reivindicar a otras autoras. Concha Espina forma parte de la Edad de Plata, pero se la tiene como si fuera de otra época, y eso es por el desconocimiento y por la etiqueta que tiene colocada». [«La niña de Luzmela»; por Juan Manuel de Prada] Lo cierto es que Concha Espina, como advierte Garcerá, «debió traspasar las mismas fronteras que el resto de mujeres de su época y, en su caso, además, tuvo que sacar adelante a su familia». Muy equivocada no estaba cuando, unos días después de casarse, bien jovencita, en Santander, con Ramón de la Serna y Cueto, reconoció que aquel matrimonio había sido fruto de una decisión precipitada. Con su marido puso rumbo a Chile -allí a Concha Espina le recomendaron que, si quería vivir de la literatura, se olvidara de los versos que desde niña llevaba escribiendo y se centrara en la prosa- en 1893, para que Ramón administrara los negocios de su familia, y con él regresó a España en 1898, año desastroso donde los haya, arruinada por la mala cabeza de su santo esposo y los dispendios que hizo al otro lado del charco. Aquello debió provocar una crisis tremenda en la pareja y un enfado mayúsculo en Concha Espina, que cuando en 1908 se instaló con sus hijos en Madrid lo hizo ya sin su marido. Desde ese momento, los únicos ingresos de la familia fueron los que ella aportó como escritora. Encargos no le faltaron, entre ellos los de este mismo periódico, con el que mantuvo una estrecha colaboración. Volviendo a su obra poética, Garcerá reconoce que «Mis flores», su primer poemario, «es ingenuo». Lleno de imágenes de carácter religioso, la mayoría de los poemas están dedicados al ámbito familiar y, aunque «con la distancia de los años ella llegó a juzgar con mucha dureza aquella obra», el investigador defiende «la importancia de rescatarla, porque de un poemario a otro podemos ver su evolución literaria y también en su concepción como autora». El segundo, «Entre la noche y el mar», publicado treinta años después, es un poemario mucho más maduro, en el que da cuenta de sus múltiples viajes, a través de los cuales refleja los temas universales: el temor, el miedo, el amor... Y el último, «La segunda mies», está compuesto por poemas que Concha Espina escribió durante la Guerra Civil. «No tienen una gran fuerza testimonial, pero se ve la circunstancia vital por la que atravesaba y ella quería que salieran a la luz, por eso los fechó», confirma Garcerá. Aristas Autora de múltiples aristas, Concha Espina pasó de apoyar la Segunda República a, desencantada con lo que de aquella aventura resultó, identificarse más con el bando sublevado durante la contienda española. «Eso enriquece su figura», argumenta el investigador, aunque reconoce que «la apropiación que se hizo de su figura durante el periodo dictatorial ha jugado en su contra y oscurece su literatura». Antes de todo aquello, Concha Espina tuvo tiempo de ser rechazada por la Real Academia Española (RAE) y hasta de ser nominada al premio Nobel de Literatura (1926), que terminó por no llevarse debido a un único voto, que se atribuye a la propia RAE. Así lo recoge, al menos, la crónica que apareció publicada en ABC el 20 de mayo de 1955, un día después de su muerte, y que sostiene que fue «presentada (al Nobel) por el hispanista académico profesor Wulff, con votos de la Academia francesa, y sin el apoyo de las Academias españolas». En todos esos años, Concha Espina nunca abandonó la poesía y, pese a la severa ceguera que padecía desde 1934 (murió privada de la vista), siguió escribiendo hasta el final. De hecho, tras su muerte, su hija, Josefina de la Serna, encontró en el armario de sus documentos su último soneto, dado a conocer por Torcuato Luca de Tena en el emotivo artículo que le dedicó en las páginas de este diario con motivo de su fallecimiento, y que también recoge la obra de Torremozas: «Hay una sepultura de ladrillo que me espera en el suelo arrodillada, rojo lecho en tierra calcinada, cuerpo estéril de gélido mantillo. En ella ha de torcer un sordo anillo mi pálida ceniza sosegada bajo el silencio adusto de la nada que resucite su mortal cuchillo. Pero sobre la muerte se deshoja la eterna luz del cielo soberano y sobre la dureza de una losa que abrigue la negrura de un arcano, habrá el roce amoroso de una mano que derrame el perfume de una rosa».
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Muere Francisca Aguirre, poeta y voz femenina que le faltó siempre a la generación del 50 (Sat, 13 Apr 2019)
Francisca Aguirre fue siempre una mujer poderosa, tuvo una personalidad tan arrolladora que se puso el mundo por montera a golpe de poesía, de ideología. Vivir al lado de un gran poeta le restó visibilidad, pero ella lo aceptó con ese vitalismo que le daba el pertenecer a una generación de mujeres que se tuvo que hacer a sí misma, una generación que tuvo que atravesar códigos sociales, códigos morales, el gris de la postguerra, el cauce estrecho de cuidar a una familia. Durante décadas, Paca Aguirre se mantuvo en silencio, es decir, en ese segundo plano donde su valía solo era conocida por un círculo de amigos cercanos, íntimos que no se dejaban deslumbrar por el brillo de las antologías y los estudios en los que ella nunca estaba. Esto significa que pertenece a ese grupo de mujeres para las que la vida nunca fue tarea fácil, como tantas nacidas en los años treinta. Ni que decir tiene que la guerra civil la marcó para siempre y le dio el relato más doloroso de su niñez, cruzar la frontera francesa, vivir la experiencia del hambre, de la desolación, reconocerse como una refugiada, sentir el duro golpe de ver cómo mataban a su padre. Paca Aguirre siempre se reinventó, puso el dolor en sus versos, pero nunca dejó que el dolor se convirtiera en resentimiento ni en parálisis. Emilio Torné publicó su poesía completa en la Editorial Calambur bajo el título de «Ensayo general». Allí se encuentran desde su primer libro «Ítaca», aparecido en 1972, hasta «Historia de una anatomía» ( 2011) con el que obtuvo el Premio Nacional de poesía. Poeta de la memoria, poeta de la indagación, se dejó deslumbrar por las cosas sencillas porque adivinó que el vivir cotidiano era la gran aventura en un mundo donde la vida normal se había hecho demasiado compleja, demasiado inasible. Ella decía que los momentos de inspiración le venían haciendo las tareas cotidianas de la casa. Nunca hizo, sin embargo, una poesía doméstica, sino una poesía donde el temblor de lo que pasa en la calle era una razón para respirar, para comprender y para confraternizar. Le importaron tanto los otros, el mundo, como le importó la dimensión de sus sentimientos. Se posicionó ideológicamente en aquel lugar donde velar el cadáver de su padre y la lucha de su padre. Aspiró a construir una sociedad donde la voz de las mujeres no fuera la voz de las silenciadas, de las excluidas. Paca Aguirre fue el nombre de mujer que le faltó desde siempre a la generación del 50. Fue también la voz más clara de esa generación porque supo ahondar en esos ámbitos donde la modernidad estaba hecha de una posición femenina en el mundo. Esto quiere decir que se comunicó con su tiempo desde las posiciones inéditas de una sensibilidad que se había echado sobre sus hombros la tarea de mirar el tiempo, la vida, de ver crecer a su hija Guadalupe, de ver llegar la vejez desde el baluarte de su casa, al ritmo de lo cotidiano. El Premio Nacional de las Letras que se otorgó este pasado noviembre era la forma de hacerla visible.
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Localizan el domicilio de Shakespeare cuando escribió Romeo y Julieta (Sat, 13 Apr 2019)
Una nueva investigación ha identificado el lugar donde el dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616) vivió en Londres cuando escribió la obra «Romeo y Julieta», no muy lejos de la estación del metro de Liverpool Street (este). Hasta ahora se pensaba que el poeta vivió donde está esa estación del metro entre 1597 y 1598, pero unos análisis del historiador Geoffrey Marsh indican que vivió un poco más lejos, en la calle de Great St.Helen, donde hay hoy un edificio de oficinas. Después de diez años de investigaciones, Marsh descubrió que a finales de los años noventa del siglo XVI, Shakespeare era inquilino de la llamada compañía Leathersellers, que organizaba el comercio de la piel en los tiempos Isabelinos, informa la cadena BBC. Lo más probable es que su vivienda estuviera entre varias propiedades con vistas al cementerio de la iglesia de St. Helen. Marsh, director del departamento de teatro del museo Victoria & Alberto (V&A) de Londres, dijo que el lugar donde vivió el escritor permite conocer lo que le inspiró para elaborar sus obras. «En unos pocos años de emigrar a Londres desde Strattford (noroeste de Inglaterra), él estaba viviendo en una de las parroquias más ricas de la ciudad, junto con personalidades poderosas, comerciantes internacionales ricos, médicos de la sociedad y expertos musicales», agregó el historiador. «Los comerciantes tenían vínculos con toda Europa y los médicos estaban vinculados a las novedades en universidades de Italia y Alemania. Vivir en uno de los lugares poderosos de Londres hubiera elevado la posición de Shakespeare mientras desarrollaba su carrera, buscaba un escudo de armas para su familia y planeaba comprar una casa espectacular y cara en Stratfford», indicó. Años después, en septiembre de 1666, Londres sufrió un incendio que devastó el centro de la ciudad.
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Muere a los 88 años Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras 2018 (Sat, 13 Apr 2019)
La poeta alicantina Francisca Aguirre , Premio Nacional de las Letras 2018, falleció este domingo en su casa del barrio de Chamberí, en Madrid, a los 88 años. Esta autora nacida en 1930 mantuvo una relación con la poesía, tal y como ella explicó en diferentes entrevistas, que se asemejaba a un romance tardío. La escritora publicó su primer libro –«Ítaca»– cuando ya tenía 42 años. Desde entonces, se labró una sólida trayectoria literaria paralela a la de su marido, Félix Grande, quien también era poeta y falleció en 2014. El año pasado ocupó un sinfín de titulares que festejaban que había sido galardonada con el premio Nacional de las Letras, que le ha concedido el Ministerio de Cultura. El jurado del galardón la describía como «la más machadiana de la generación de los años cincuenta». «Tengo dos temas en mi vida que son importantes: Antonio Machado es el primero, desde luego, pero las mujeres es el segundo. He intentado, por todos los medios, a través de lo que he escrito, decirle al mundo que las mujeres tienen su historia personal, que es muy interesante, y que no importa que sean bajitas, rubias o altas. Son señoras que piensan, también, como los demás, que hablan y que producen cosas», explicó la poeta en una entrevista en ABC. Aguirre, que en 2011 ganó el Nacional de Poesía con «Historia de una anatomía», era hija del pintor Lorenzo Aguirre, a quien le dedicó el poemario «Trescientos escalones». Su primer poemario, premio de poesía Leopoldo Panero, fue «Ítaca». Desde entonces, y con la excepción de la década de los 80, la autora continuó publicando su obra de manera ininterrumpida. Es autora, además, de poemarios como «Ensayo General», «Pavana del desasosiego», «Ensayo General. Poesía completa 1966-2000» o «Nanas para dormir desperdicios». Es, también, autora del libro de relatos «Que planche Rosa Luxemburgo», por el que consiguió el Premio Galiana en 1994 y del libro de recuerdos «Espejito, espejito». Sus obras han sido traducidas al francés, italiano, portugués y árabe.
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Diez lecturas para disfrutar en Semana Santa (Sat, 13 Apr 2019)
La Semana Santa se acerca y estos días de descanso son un buen momento para retomar las lecturas atrasadas y sumergirse en esas novedades que nos llaman desde las librerías. Estas son diez propuestas para leer en los días de «pasión»: 1. «Lluvia fina», de Luis Landero (Tusquets) Una historia que transcurre en seis días y que comienza cuando Gabriel, tras mucho tiempo sin apenas tratarse con sus dos hermanas, decide reunir a toda la familia para celebrar el 80 cumpleaños de la madre e intentar así reparar los viejos rencores y agravios que los han distanciado durante tantos años. 2. «Mi año de descanso y relajación», de Ottessa Moshfegh (Alfaguara) La narradora de este libro decide encerrarse durante un año en su piso de una de las zonas más exclusivas de Nueva York, asistida por una herencia y por muchos fármacos, recetados por una psiquiatra de dudosas capacidades, para dedicarse a dormir y ver películas de Whoopi Goldberg y Harrison Ford. 3. «El último barco», de Domingo Villar (Siruela) Tercer y voluminoso caso de la exitosa serie policíaca ambientada en la ría de Vigo que protagoniza por el inspector Leo Caldas, que deberá investigar en esta ocasión la desaparición de la hija del médico del pueblo. 4. «La casa alemana», de Annette Hess (Planeta) Novela que aborda desde la perspectiva de una joven alemana traductora del polaco el primer proceso judicial contra responsables del campo de exterminio nazi de Auschwitz entre 1963 y 1965, un juicio que enfrentó a Alemania con su pasado. 5. «La hija de la española», de Karina Sainz (Lumen) Una novela sobre la supervivencia y el desarraigo en una violenta Venezuela protagonizada por Adelaida Falcón, una editora de textos de mediana edad cuya madre fallece en la ciudad en la que los "hijos de la revolución" campan a sus anchas. 6. «Los colores del incendio», de Pierre Lamaitre (Salamandra) Segunda novela de la trilogía de entreguerras en los años previos a los totalitarismos de este autor francés, cuya protagonista Madeleine, heredera del imperio financiero Péricourt debe hacerse cargo del patrimonio familiar. 7. «Problemas de identidad», de Carlos Zanón (Planeta) El autor resucita en esta novela negra al mítico detective Pepe Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán, una historia ambientada en 2017 entre Barcelona y Madrid. 8. «Sábado, Domingo», de Ray Loriga (Alfaguara) Una misma historia contada de dos formas distintas y separadas por más de 20 años. En la primera, un adolescente que sufre episodios de pérdida de conocimiento por epilepsia, relata un suceso ocurrido un sábado de verano que le provoca un sentimiento de culpa originada por su cobardía. En la segunda, ese adolescente es un hombre que deberá enfrentarse a aquel episodio que le ha perseguido toda su vida. 9. «El aliado», de Iván Repila (Seix Barral) «La revolución feminista será violenta o no será», es el subtítulo de esta novela cuyo protagonista se considera el tipo más feminista del mundo. Pero cuando conoce a Najwa, una activista por la igualdad de derechos, se da cuenta de que aún queda mucho por hacer. 10. «Soldados de Salamina», de José Pablo García (Reservoir Books) Basado en la aclamada novela de Javier Cercas, este cómic reproduce en viñetas la historia de un falangista que escapó de un fusilamiento poco antes del final de la Guerra Civil, cerca de Francia, y cómo un militar republicano le dejó huir cuando lo tenía a tiro de fusil al toparse con él en el bosque donde se escondía.
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Maggie O’Farrell: «La gente piensa más en la muerte que en el sexo» (Sat, 13 Apr 2019)
Todos la tenemos tan presente en nuestras vidas que, quizás por eso, no reparamos en ella. O no lo suficiente. La muerte, siempre amenazante, acecha en cada esquina. Y con ella se ha topado Maggie O’Farrell (Coleraine, Irlanda del Norte, 1972) un buen puñado de veces. Desde su más tierna infancia, cuando un gesto tan inocente como soltar la mano materna en un paso de cebra pudo ser catastrófico, hasta que se estrenó en los gajes parentales con un susto, que a punto estuvo de ser de muerte, protagonizado por su hija. La autora salió indemne de todos esos encuentros, pero distinta. Y pasado un tiempo, el suficiente, se descubrió escribiendo un libro. Cada historia de las diecisiete que componen «Sigo aquí» (Libros del Asteroide) podríamos protagonizarla cualquiera, y ahí reside la lección. Una lección de vida, escrita desde la muerte. «Fue una experiencia extraña, porque en realidad nunca he querido escribir unas memorias. Fue como un embarazo no previsto», confiesa O’Farrell. Acostumbrada al clima de Edimburgo, ciudad en la que vive, la escritora recibe con euforia los rayos de sol que inundan la Barceloneta, donde los guiris más osados disfrutan, bañador mediante, de las temperaturas primaverales. «No me gusta hablar de mí o a hacer públicas ciertas cosas. Solía bromear con mi marido sobre eso. Inevitablemente, en las novelas hay cosas que extraes de tu vida, pero conservas una máscara para esconderte». Sin embargo, al lidiar con la no ficción el escritor acaba desenmascarado, expuesto, y más al tratarse de un tema tan universal como la muerte. «Me parecía un prisma muy interesante desde el que abordar una vida, porque todos hemos tenido experiencias cercanas a la muerte, en las que nos hemos sentido en peligro o nuestra vida se ha visto amenazada». Todas esas experiencias de algún modo nos cambian y, aunque por fortuna seguimos viviendo, cargamos con las secuelas, algunas físicas y otras –la mayoría– emocionales. Incluso cuando la muerte, en lugar de embestirnos, nos roza. Como la vez que O’Farrell se cruzó, en mitad de ninguna parte, en un idílico paseo por el campo, con un psicópata que terminó asesinando, dos semanas después, a una joven de Nueva Zelanda que estaba viajando de mochilera por Europa con su novio. «Es una historia de horror, de maldad, de lo peor que uno pueda imaginarse. Es una historia que hay que encerrar a cal y canto en algún sitio sin palabras, un sitio oscuro al que nunca vaya nadie», reflexiona en el libro. Pero ella decidió contarlo, escribirlo. Carpe diem «La ficción es creación y las memorias son excavación. Eres como una especie de arqueólogo que busca el material que podría estar ahí, que esperas que esté ahí». Una vez das con ese material tan delicado, cuando te enfrentas a él con sufrimiento, esperas sacar al menos alguna lección. Que la muerte, y nunca mejor dicho, no sea en vano. «Las experiencias cercanas a la muerte nos muestran que la vida es muy frágil y que nuestro tiempo aquí es muy corto. Tienes que agarrarte a lo que valoras profundamente, tienes que vivir la vida lo máximo posible, cogerla con las dos manos cada día, porque puede ser el último». El carpe diem de toda la vida, del que, como de Santa Bárbara y desgraciadamente, sólo nos acordamos cuando truena. Y luego está, claro, cómo cada uno, dentro de las muy variadas culturas que existen, afronta la muerte. La propia y la ajena. O’Farrell, que es atea, reconoce que «es difícil» tener una relación sana con ella. «No sé cómo es en España, pero en Gran Bretaña todo es bastante rápido, muy aséptico». Un sinsentido en el que, además, confluyen todos nuestros miedos. «Es el temor más visceral que existe. No la entendemos. Es difícil comprenderla». Aunque, al final, «todo el mundo encuentra su manera de aceptar la idea de mortalidad». Y probablemente por eso «la gente piensa más en la muerte que en el sexo». O’Farrell cree que «sólo te das cuenta de por qué has escrito un libro cuando lo terminas». «Sigo aquí» fue su intento de controlar lo inasible, aquello que no depende de nosotros. «Al ponerlo en párrafos, piensas que lo has conseguido. Pero, naturalmente, no lo controlas». Y he ahí la lección. [Crítica de «Sigo aquí»: el miedo siempre llega después] William Shakespeare - ABC Hamnet, el hijo de Shakespeare que murió con 11 años No es una errata y tampoco han leído mal. El hijo que William Shakespeare perdió cuando contaba tan solo con once años se llamaba Hamnet. Un nombre sospechosamente parecido al de la obra que, apenas una década después, encumbró al literato a lo más alto. Y en él se ha fijado Maggie O’Farrell para escribir su próxima novela, que espera tener pronto terminada. «La gente suele ignorar a Hamnet en la historia de Shakespeare. ¿Se imagina? Tenía 11 años... La pérdida de su único hijo debió ser un golpe enorme para él. ¿Cómo te recuperas de eso?», reflexiona. Sin dejar de fijarse en él, en su pena, O’Farrell ha querido esta vez darles «a su hijo y su mujer una voz y una presencia propias, porque son invisibles y han sido ignorados».
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¿Cuál es el libro que siempre recomienda Pedro Sánchez? (Fri, 12 Apr 2019)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está inmerso en plena campaña electoral y, por ello, ha querido enfrentarse a una entrevista con «Zenda», realizada por Yolanda Guerrero, en donde ha revelado sus gustos literarios tanto actuales como de autores más clásicos. El autor de «Manual de resistencia», el primer libro de memorias escrito por un presidente de Gobierno durante su propio mandato que a su vez vino precedido de una moción de censura por lo que lleva menos de un año en el cargo, ha contado a Zenda que los últimos libros que ha leído son «Una novela criminal», de Jorge Volpi, y «Mañana tendremos otros nombres», de Patricio Pron, «ambos extraordinarios autores latinoamericanos». Sánchez también ha declarado su amor por la novela negra, «como las de Philip Kerr» y, justo después, ha contado cuál es el libro que siempre recomienda: «La velocidad de la luz», de Javier Cercas, que es una recreación de los años que vivió el escritor en Estados Unidos como profesor ayudante de la Universidad de Illinois. En una entrevista en ABC con el propio Cercas a raíz de la publicación de esta obra, este autor respondía a las preguntas de este diario: - «La velocidad de la luz» gira en torno a la culpa, al mal – En «Soldados de Salamina» se hablaba de un acto de compasión, de piedad, de magnanimidad: salvar la vida a un hombre. Por ratas de alcantarilla que seamos los humanos –venía a decir–, cabe la posibilidad de que al menos alguien, en algún momento, sea decente, sea honesto, sea valiente. «La velocidad de la luz» afirma todo lo contrario, o al menos completa esa verdad: personas en principio honestas, bondadosas, decentes, inteligentes, personas normales, incluso mejores que nosotros, en un momento determinado, arrastradas por vientos salvajes, por tormentas como la de la guerra, que es la tormenta más bestia que existe, son capaces de incurrir en el mal, de cometer atrocidades. Del mismo modo que está en nuestra naturaleza la posibilidad de la bondad, de la generosidad, está en nuestra naturaleza la posibilidad del mal. – También es una novela sobre el éxito. Sobre la borrachera del éxito. – El narrador vive el éxito como una catástrofe. Yo no lo he vivido así, afortunadamente: lo he vivido como una bendición, como algo que me ha traído muchas cosas buenas. Lo difícil de verdad es sobrevivir al éxito. El éxito es obra del azar, no del mérito. Pero quien tiene éxito cree que se debe al mérito. El paso siguiente es creerse Napoleón. Volviendo a la entrevista de «Zenda», que cumple tres años de andadura, por cierto, ha explicado el presidente del Gobierno que de joven era muy de clásicos (Lope de Vega, Calderón y Shakespeare) además de «otros habituales de la adolescencia, como "El lobo estepario", de Hermann Hesse». Y, además, «hay uno que he leído en diferentes etapas de mi vida: "El Quijote". La primera vez, en el instituto; la segunda, ya de adulto. Precisamente en mi visita a la RAE, me obsequiaron con una edición facsimilar del Quijote de Ibarra. Así que no descarto volver a leerlo y cerrar un círculo. Un círculo que se abre al leer un libro casi por obligación académica cuando eres adolescente y de nuevo más adelante en la edad adulta».
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Asterix y Obelix vuelven para enfrentarse a su enemigo más difícil: una adolescente rebelde (Thu, 11 Apr 2019)
La editorial barcelonesa Salvat publicará en castellano y catalán el próximo 24 de octubre el álbum número 38 de las aventuras de Astérix, «La hija de Vercingetórix», donde se revela que este ilustre personaje era padre, según un comunicado hecho público este miércoles. Sesenta años después de su creación por René Goscinny y Albert Uderzo, los irreductibles galos volverán en otoño como en ocasiones anteriores gracias al tándem formado por Jean-Yves Ferri, en el guión, y Didier Conrad, en la ilustración. El álbum tendrá una tirada de más de cinco millones de ejemplares y se publicará en más de veinte idiomas. Los lectores descubrirán a una misteriosa y «rebelde adolescente» que llegará una noche al pequeño pueblo de Astérix y Obélix, buscada por Julio César y sus legionarios. En el lugar se empieza a murmurar que el padre de esta «enigmática visitante no es otro que el gran Vercingetórix, vencido dos años antes en Alesia».
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Así es el microrrelato de 100 palabras con el que un escritor ha ganado 20.000 dólares (Thu, 11 Apr 2019)
20.000 dólares por 100 palabras. Ese es el montante que corresponde al premio de la Fundación César Egido Serrano, el filántropo español que ha creado estos galardones, y que, en este caso, ha recaído en el productor teatral y escritor Devlin Elliott. A 200 euros la palabra... La entrega de premios del V Concurso Internacional de Relato Corto «Museo de la palabra», se celebró ayer 10 de abril en Toledo y, aparte de los 20.000 dólares para el ganador, hay tres accésits de 2.000 dólares. El presidente del Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, fue el encargado de hacer la entrega de estos premios en el Palacio de Fuensalida. Pero, ¿cómo es el microrrelato de Elliott que ha ganado el premio? «Estaba volviendo a casa cuando vi mi reflejo en la ventana de un bar concurrido; mi silueta se impuso sobre la de una mujer seductora canturreando sobre el micrófono, en el interior. Nunca me sentí tan solo mientras mi mirada retrocedía desde la cantante hasta mi rostro, mirándome de vuelta en la ventana. "¡Perdón!", dijo un grupo de amigos mientras intentaban pasarme de largo. Sobresaltado, me giré para verles y les hice una seña: "Lo siento mucho, perdonadme", mientras emprendí el camino en silencio. Momentos después, uno de ellos me tocó el hombro con una sonrisa e hizo un gesto: "¿Te vienes?"». Elliot fue nominado a los premios Tony por «Ragtime», «Deuce» o «Master Class», entre otras obras, mientras que, como escritor, ha sido coautor de los libros infantiles «Naughty Mabel» y «Naughty Mabel Sees It All» junto a su marido, el actor Nathan Lane («Modern Family»), que recientemente anunció que participará en la nueva serie «City of Angels». Los accésit de 2.000 dólares serán para la mexicana Tere de las Casas Mariaca por su relato en español «El paso»; para el marroquí Mohamed Hadash, por su relato 'Vara de olivo' en lengua árabe y para el israelí Noam Shalit, por su relato en hebreo «Tacto». El concurso Internacional de Relato Corto 'Museo de la Palabra' simboliza la importancia de la palabra para fomentar el entendimiento entre los distintos pueblos, ideologías, religiones y culturas. El concurso premia los mejores microrrelatos de menos de 100 palabras escritos en inglés, español, hebreo o árabe y es una iniciativa de la Fundación César Ejido Serrano-Museo de la Palabra, una organización sin ánimo de lucro con sede en el Museo de la Palabra en la localidad toledana de Quero. La Fundación tiene por objetivo impulsar que la palabra y el diálogo sean las herramientas frente a la violencia y la única forma de resolver los conflictos. En esta quinta edición se han presentado 43.185 autores de un total de 172 países. César Egido fue nombrado en 2015 Hijo Predilecto de Castilla la Mancha, el Honor más grande que él considera se le podía dar en su región. Este nombramiento le fue concedido: «Por fomentar, de manera altruista, el diálogo y entendimiento entre las diferentes culturas, por llevar el nombre de nuestra región por todo el mundo y hacer realidad un ideal quijotesco».
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Alonso Cueto, ganador de la II edición del Premio de narrativa Alcobendas Juan Goytisolo (Thu, 11 Apr 2019)
El escritor peruano Alonso Cueto ha resultado ganador del Premio de narrativa Alcobendas Juan Goytisolo en su segunda edición por su novela 'Palabras de otro lado', mientras que el autor salvadoreño Jorge Galán ha sido finalista por 'Los años nuestros', según el fallo que ha dado a conocer este miércoles el alcalde de Alcobendas, Ignacio García de Vinuesa. Este premio está dotado con 20.000 euros y la publicación del libro por la editorial Galaxia Gutenberg, mientras que la categoría de finalista está premiada con 10.000 euros. El jurado ha decidido otorgar por unanimidad este premio a la novela de Cueto, elegida entre las 931 novelas presentadas, por su «indagación en la búsqueda de la identidad mediante un lenguaje eficaz, una naturalidad narrativa y una trama por distintos espacios geográficos de Perú y España». Según ha señalado la organización del premio, en esta novela se mezclan «la reflexión, la indagación en los estados de ánimo y una soberbia utilización del lenguaje». El jurado ha estado presidido por Mercedes Monmany e integrado por: Juan Cruz, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Jorge Eduardo Benavides, Luis Mateo Díez, José María Pozuelo Yvancos, Antonio Lucas y el coordinador, Diego Doncel. Alonso Cueto (Lima, 1954) estudió literatura en la Universidad Católica del Perú y en la Universidad de Texas, en donde se doctoró con una tesis sobre Juan Carlos Onetti. Ha escrito varias obras, entre las que destacan 'La batalla del pasado', 'El tigre blanco', 'Amores de invierno', 'Demonio del mediodía', 'Grandes miradas', 'El susurro de la mujer ballena', 'La viajera del viento' y 'La segunda amante del rey'. El galardonado ha recibido el premio alemán Anna Seghers por el conjunto de su obra y en 2005 fue galardonado con el Premio Herralde por 'La hora azul'. En su primera edición, a la que se presentaron 250 novelas, el Premio de narrativa Alcobendas Juan Goytisolo recayó en la novela 'Sur', de Antonio Soler. Tras su publicación, 'Sur' ha sido galardonada con el Premio Nacional de la Crítica, el Premio Francisco Umbral al Libro del Año, el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio El Público de Canal Sur Radio y Televisión y el Premio Literario Casa Leopoldo.
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Un Principito antidepresivo para el siglo XXI (Thu, 11 Apr 2019)
Saint-Exupéry nunca llegó a ver un móvil y ya le escocía la forma en que la tecnología nos estaba deshumanizando. Quizás, claro, porque sufrió la guerra, y porque vio cómo media Europa moría en dos guerras sanguinarias que llamaron mundiales. Hoy nos alarmamos porque todos llevamos la vista clavada en nuestras pantallitas, sí, pero entonces había que estar pendiente del cielo por si caía algún petardazo. Todo por las máquinas. En esas, no lo olvidemos, fue cuando el francés escribió «El Principito», donde un niño de otro planeta se hacía las preguntas incómodas que los adultos esquivaban como balas. Sus disertaciones sobre el amor, la amistad y demás temas centrales de la vida convirtieron al libro en un clásico intergeneracional, que ha arrasado aquí y allá, ayer y hoy, y que forma parte inevitable del imaginario colectivo. Sigue vigente, aunque la Tierra sea un lugar bien distinto. De hecho, uno de sus más fieles lectores, el argentino Alejandro Roemmers, alumbró hace dos décadas la «continuación espiritual» de la novela, que ahora, por fin, llega a Francia con el beneplácito de los herederos de Saint-Exupéry. «Él creía que el libro debía continuarse. Pero yo no quería hacerlo de forma argumental. Mi idea era la de encontrar una respuesta espiritual al problema que él planteó: la falta de solidaridad, de fraternidad entre los hombres, y el riesgo de que la civilización del confort y la tecnología acabaran con la espiritualidad del ser humano. Era el riesgo que él veía, y que yo también veo», relata este escritor y empresario a ABC. «El regreso del Joven Príncipe» retoma al mítico personaje, pero se lo trae a nuestro siglo, ya maduro y habiendo conocido el fracaso y la decepción. En realidad, la secuela viene a dar la vuelta a la original: si en aquélla el punto de partida era la inocencia, en ésta lo es la decepción; si en aquélla la conclusión era que los seres humanos no teníamos remedio, ésta se preocupa por dejar un mensaje más esperanzador, marcadamente optimista. «Es un libro sanador» «Mi personaje aparece en un estado de absoluta depresión, de casi muerte, tirado en el borde del camino, desilusionado de la vida, traicionado supuestamente por su mejor amigo. Pero el desarrollo de la historia muestra cómo uno puede, después de esa situación, volver a surgir, a nacer. Es un libro sanador y es un libro antidepresivo», asevera Roemmers. De alguna manera es también un manual de autoayuda, pues aquí la acción es mínima, y lo que prima es el diálogo del Joven Príncipe con su mentor, un hombre que recorre la Patagonia en coche, y que de paso ofrece soluciones a los problemas del protagonista, al que ha recogido del arcén. Este tono didáctico, que se distancia de las delicadas fábulas de Saint-Exupéry, responde a las intenciones de Roemmers, que son no poco ambiciosas: quiere «influir sobre las conciencias» y transmitir el mensaje de que necesitamos una «revolución del amor, de la fraternidad», porque es «lo único que puede salvar al ser humano». «Es que “El Principito” termina mal, porque se quiere ir del mundo. Para él, los hombres no valen la pena, y siente que no puede prosperar en este planeta. Yo casi llego a lo mismo que Saint-Exupéry, pero me quedé. Él no se quedó», lamenta. ¿Y qué ha descubierto? «Desde mi tiempo puedo contestarle que sí se puede vivir una vida plena, ser feliz, tener un propósito, darle sentido a la vida. Él no lo logró del todo», remata Roemmers.
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Cuando Chernóbil eclipsó la destrucción de un millón de libros (Thu, 11 Apr 2019)
Todo el mundo de una cierta edad conserva en su memoria, pese a que cada vez es más frágil y corta, el accidente nuclear de Chernóbil (actual Ucrania). Quizás no para concretar el año, y mucho menos el día, en que el reactor 4 de la central se descontroló y provocó la explosión de vapor que desencadenó el infierno. Pero sí para hablar, con cierto conocimiento de causa, de uno de los mayores desastres de nuestra Historia reciente. Sin embargo, nadie, o casi nadie, sabe lo que sucedió unos días después al otro lado del mundo. Concretamente, en Los Ángeles (Estados Unidos), donde el 29 de abril de 1986 ardió la Biblioteca Central, ubicada en el «downtown». Para los que gusten de ejemplos un poco exagerados, es como si en España se hubiera incendiado la Biblioteca Nacional, con todas sus joyas dentro. Si tienen madera cerca, tóquenla, no vaya a ser que por mentar a la bicha, que en este caso es el fuego, vayamos a tener un disgusto. El caso es que la noticia del fuego en la ciudad de los sueños fue eclipsada, lógicamente, por Chernóbil y su cobertura reducida, casi, al ámbito local. Ni siquiera tuvo repercusión en Nueva York, centro neurálgico de las pasiones informativas más encendidas. Allí vivía, en aquel momento, la periodista y escritora Susan Orlean (Cleveland, Ohio, 1955), que, como tantos otros, permaneció ajena a lo sucedido en esta Biblioteca durante muchos años. En concreto, hasta 2011. Se acababa de mudar, precisamente, a la costa oeste estadounidense y su pasión por las bibliotecas le llevó a visitar, un día, la Central de Los Ángeles. Inquieta y curiosa, Orlean empezó a recorrer los pasillos de aquel inmenso edificio, diseñado por el célebre arquitecto Bertram Goodhue e inaugurado en 1926. Seguía, como persiguiendo un rastro, al guía que había contratado para que le amenizara la visita, hasta que éste, de repente, se detuvo en una de las secciones y cogió un libro de un estante. «Aún huele a humo», dijo, y Orlean, perpleja, se apresuró a preguntar a qué venía aquella apreciación. Fue entonces cuando el guía mencionó el incendio y la chispa de la creación, si me permiten la metáfora, prendió en la mente de la autora. «Le dije que necesitaba saber más, que me lo contara todo, pero no tenía muchos detalles, así que en cuanto llegué a casa empecé a leer sobre el tema y pensé que era una historia increíble», recuerda Orlean. Lo hace durante la conversación que mantiene con ABC en su visita a España para promocionar «La biblioteca en llamas» (Temas de Hoy), el libro que decidió escribir aquel mismo día, tras su conversación con el guía, y en el que reconstruye, con precisión de fiscal, todo lo que sucedió antes, durante y después de un incendio cuya autoría hoy sigue siendo un misterio. El valor Según el estudio hecho por varias compañías aseguradoras, en 1986 el valor de la Biblioteca Central de Los Ángeles era de unos 69 millones de dólares. Esa estimación incluía unos dos millones de libros, la mitad de los cuales quedaron reducidos a cenizas aquel 29 de abril. Entre ellos, una copia del Quijote, fechada en 1860 e ilustrada por Doré. Pero, también, todos los libros sobre la Biblia, la cristiandad y la historia de la Iglesia, incluida una de las páginas de la «Biblia de Coverdale» (1635). Ardieron todas las biografías, de la H a la K, y todas las obras de teatro estadounidenses y británicas. Se perdió todo Shakespeare. Unos 90.000 libros sobre astronomía, física, química, biología, ingeniería, metalurgia, sismología y medicina se calcinaron, y el mismo final tuvieron 45.000 obras literarias de autores entre la A y la L, 12.000 libros de cocina, toda la colección de libros de arte, tres cuartas partes de los microfilmes de la Biblioteca y un libro de Andrea Palladio del siglo XVI. Sin olvidar los cinco millones de patentes estadounidenses registradas desde 1799 que fueron pasto de las llamas. La mayor pérdida en una biblioteca pública en la historia de EE.UU. «Muchas de aquellas obras eran irremplazables. Cuando un libro es destruido, es como una voz que queda silenciada, hay una pérdida que todos sentimos muy dentro y tiene un impacto emocional», reflexiona Orlean. En el caso de la Biblioteca de Los Ángeles, la autora describe la catástrofe como «una colección de conocimiento construida a lo largo de muchos años y que quedó destruida». La investigación abierta tras el incendió apuntó a un supuesto culpable, que finalmente fue dejado en libertad por falta de pruebas. Se trataba de Harry Peak, un aspirante a actor en cuyo currículum figuraban trabajos de dudosa reputación y al que, sobre todo, le gustaban los focos y llamar la atención. De hecho, llegó a presumir entre sus amigos, a los pocos días del incencio y en mitad de una borrachera, de haber sido el causante del fuego. Aunque luego cambiaría de versión en tantas ocasiones que la Policía le dejó por imposible. Murió el 13 de abril de 1993, víctima del sida. «Cometía errores tontos constantemente y casi todo lo que le ocurría era porque era estúpido. Quería caer bien a todo el mundo y no creo que quisiera hacer el mal intencionadamente, pero nunca lo sabremos», remata Orlean. La Biblioteca Central de Los Ángeles volvió a abrir sus puertas el 3 de octubre de 1993. Hoy, aquel incendio es sólo el recuerdo de una de las peores pesadillas vividas en la ciudad de los sueños.
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José Manuel Lucía: «Rompo una lanza: Cervantes no fue un fracasado en su época» (Wed, 10 Apr 2019)
José Manuel Lucía (Ibiza, 1967) lleva toda su vida admirando la obra de Cervantes. Catedrático en la Universidad Complutense, ha escrito una novedosa biografía del español más universal, relato trepidante de una vida que necesitaba desnudarse de clichés. En un lugar de la peripecia sabida de cuyo nombre nadie puede acordarse ha encontrado las pistas para que los lectores de hoy podamos mirar con otros ojos al genio del Siglo de Oro, al inventor de la novela moderna, al autor que, por primera vez, hizo un programa literario. «He querido contar la vida de Cervantes por primera vez sin tratar de explicar por qué escribió el Quijote», afirma Lucía en un «almuerzo cervantino» organizado por la editorial Edaf, que ha publicado los tres tomos de la biografía. Cervantino con migas y huevos, bien regados, a las 11 de la mañana para romper los duelos y quebrantos de cinco años de investigación. Programa literario Es la época «literaria» del autor, pasada la juventud de aventuras y batallas y la madurez de medrar en la Corte. En esas dos etapas la escritura había sido paréntesis, letra cosida a los avatares normales de cualquier español del cambio de siglo (XVI a XVII). Pero Cervantes revolucionará la escena libresca callada, irremediablemente, en un Madrid centro del mundo, política y culturalmente hablando, en el que sobrevive al fracaso del Quijote, segunda parte. Es verdad: «En 1623 aún quedaban 300 ejemplares sin vender de la segunda parte escrita por Cervantes -recuerda Lucía-, cuando Avellaneda había vendido toda la edición y dos reimpresiones en el mismo año de su salida». El cervantista advierte que la idea romántica del Cervantes fracasado es falsa. «Él ya ha triunfado con las Novelas Ejemplares y triunfará con el Persiles». José Manuel Lucía es vehemente: «Rompo una lanza, no fue un fracasado en su época, se movía como uno más entre cientos de escritores magníficos. No era un “outsider”, está dentro del sistema». Y qué sistema, el Siglo de Oro: las Españas y las letras tan afiladas como las espadas que escriben en el aire, a primera sangre, o balancean la capa, colgadas del cinto. Los corrales de comedias llenos. Un negocio, por primera vez, paralelo al mecenazgo de las casas nobles, en las que los mejores poetas son asalariados. Permite vivir, a unos pocos agraciados por el aplauso del público, o escribir con menos penuria. Y las academias, lugares en los que el mecenas noble y el escritor se miden y hacen alardes y tratos. «Las Novelas Ejemplares son la mesa de trucos de Cervantes -asevera Lucía-, un catálogo de todo lo que sabe hacer, toca todos los géneros que existen y aporta en cada uno de ellos». Inauguran los últimos tres años de Cervantes, su programa literario, en el que amanece una escritura sin por qué, con el horizonte más allá del pago de 50 ducados por obra teatral o el sueldo de secretario. Escribe su carta dedicatoria al conde de Lemos, llena de pasión de autor, al día siguiente de recibir la extremaunción: «Puesto ya el pie en el estribo...» Con el pie en el estribo siempre escribe, para escribir. Su obra está en construcción, tras las Novelas Ejemplares, el «Viaje al Parnaso», que le presenta como poeta alegórico, muy del gusto de la nobleza; las 8 comedias y 8 entremeses, como poeta dramático; el «Persiles», como novelista culto, y en medio, de pronto, tras el golpe de Avellaneda, el segundo Quijote, en el que rompe las reglas del decoro, las clases y los límites, por lo que al pasar pocos años se le reivindicará en toda Europa pese a los 300 ejemplares que quedaron sin vender. La biografía también explica el proceso administrativo para escribir un libro en el Siglo de Oro: el expediente del Quijote. La licencia, la Fe de erratas o incluso la corrección obligada de la escena en la que Don Quijote ora con un rosario hecho del girón de sus calzones y la autoridad manda cambiarlo por semillas enlazadas... En el final de estos cinco años, está también el retrato de un hombre familiar, era cabeza de familia, escritor que funda la literatura moderna. Más allá de los corrales triunfantes, las academias y las calles atestadas, rompió todos los clichés. «He descubierto muchas cosas mientra escribía esta biografía», dice Lucía, y no se las ha guardado.
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Los lectores, protagonistas del cartel de Sara Morante para la Feria del Libro de Madrid (Tue, 09 Apr 2019)
La artista Sara Morante (Torrelavega, Cantabria, 1976) es la autora del cartel de la 78 edición de la Feria del Libro de Madrid, que se celebrará entre el 31 de mayo y el 16 de junio en el Paseo de Coches del Parque del Retiro. Un trabajo en el que Morante ha querido resaltar el papel de los lectores como valedores de las obras. «Son ellos quienes salvan al libro de ser un mero objeto», ha afirmado la artista durante la presentación del cartel a la prensa. La ilustradora, que fue premio Nacional de arte joven 2008 del Gobierno de Cantabria y premio Euskadi 2012 por su trabajo con el libro «La flor roja» (Nevsky), es la cuarta mujer que diseña el cartel de la Feria del Libro de Madrid en la historia de la emblemática cita, que este año celebra su 78 edición; antes que Morante, lo diseñaron Ana Juan (2006), Ena Cardenal (2017) y Paula Bonet (2018). En el cartel, Morante sitúa sobre fondo blanco a una mujer sujetando un libro, entre referencias a la novela «Fahrenheit 451», de Ray Bradbury, y a «La gran ola de Kanagawa», el cuadro de Hokusai. Su objetivo era lanzar dos mensajes sobre el lector: que su relación con la lectura es «personalísima y única» y su papel activo en el desarrollo del libro. «El cartel reivindica al libro como fuente de cultura y pensamiento crítico», remató la artista, que se ha inspirado en sus visitas anuales a la Feria para generar el diseño.
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Carmen Iglesias responde a Álvarez Junco: «No se trata de nacionalismo, sino de hechos» (Tue, 09 Apr 2019)
«Es una polémica tonta y falsa. No se trata de nacionalismo o de repartir méritos, sino de hechos por encima de teorías o ideologías». Así respondió ayer, Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia, a los historiadores afines al Gobierno, como José Álvarez Junco, que pretenden diluir la españolidad de la expedición Magallanes-Elcano. Todo ello durante un acto que compartió junto a Elvira Roca Barea en la Casa de América de Madrid para celebrar los 100.000 ejemplares vendidos de «Imperiofobia y Leyenda Negra» (Siruela, 2016). Hasta la publicación de «Imperiofobia y Leyenda Negra», María Elvira Roca Barea era casi una desconocida en la vida cultural española. Esta antigua investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y profesora en la Universidad de Harvard había escrito únicamente artículos académicos entre bambalinas, hasta que la publicación de este ensayo sobre la deformación que ha sufrido la historia de España rompió en un éxito editorial desconocido en este género, con más de 100.000 libros vendidos. En estos tres años, la malagueña ha publicado otro libro, firmado el prólogo de varios, impartido conferencias por toda España y recibido la medalla de honor de San Telmo y la de Andalucía en 2018. El legado de este éxito, sin embargo, va más allá de los reconocimientos o de las ventas. Como queriendo darle la razón, no han dejado de sucederse ejemplos de hispanofobia dentro y fuera de nuestras fronteras desde entonces. La retirada de estatuas de Fray Junípero y de Cristóbal Colón en EE.UU, la desidia del Gobierno a la hora de conmemorar los 500 años de la primera circunnavegación a la tierra o los ataques recientes a Hernán Cortés son pruebas de que la Leyenda Negra sigue viva y coleando. No porque la historia de España se haya convertido de pronto en la diana del mundo, sino que, más bien, porque nunca lo había dejado de ser, y obras como la de Roca Barea han contribuido a recordarlo. «De este nuevo hispanismo deben apearse los del nacionalismo español y los del nuevo imperialismo. ¡Aquel imperio ya pasó! Hablemos de su legado, de los nexos culturales y de cómo podemos usarlos a ambos lados del charco para ser más fuertes» «Claro que hay sombras y luces en nuestra historia, pero nosotros hemos cultivado de forma enfermiza la oscuridad durante demasiado tiempo», aseguró ayer su autora. La filóloga asistió este lunes a un acto, junto con la directora de la Real Academia de Historia, Carmen Iglesias, en la Casa de América para celebrar los 100.000 ejemplares vendidos. «Ha sido una obra oportuna ante el momento de hartazgo de los españoles, que se rebelan contra esa idea pesimista de que todo lo español ha sido y es malo», apuntó Iglesias en su intervención. Bajo el título «El mundo panhispánico: abriendo caminos», Roca Barea e Iglesias conversaron sobre las claves de la obra y la necesidad de repensar la Hispanidad en el siglo XXI. «Los españoles nunca sabremos quiénes fuimos si no paseamos por Perú e Hispanoamérica. Los que viajaron allí eran gente de brújula y espada, con una gran sentido de la responsabilidad, una capacidad de mestizaje y una vitalidad tremendas», comentó Iglesias. Contra el populismo Roca Barea respondió en la conferencia a los que le acusan de reflotar con su obra un nuevo imperialismo ibérico. «De este nuevo hispanismo deben apearse los del nacionalismo español y los del nuevo imperialismo. ¡Aquel imperio ya pasó! Hablemos de su legado, de los nexos culturales y de cómo podemos usarlos a ambos lados del charco para ser más fuertes y defendernos mutuamente. Terminemos con este ajuste de cuentas eterno. Justo lo contrario que hace López Obrador». «El trasiego cultural fue impresionante. Los conquistadores llevaban en la mochila libros de caballerías, mientras que en España eran best seller las crónicas y cartas que llegaban de los que habían cruzado el Atlántico», señaló en el acto la directora de la Real Academia de Historia. Al respecto de la polémica generada por la petición del presidente de México al Rey de España para que se disculpe por la conquista de Hernán Cortés, Iglesias advirtió del «peligro de volver al pasado y tergiversar lo que ocurrió, pues es una forma populista de ocultar los problemas actuales». «Cortés no solo fue un guerrero, sino un gran político. La conquista no se entiende sin sus pactos con los indios», reivindicó. «Cortés no solo fue un guerrero, sino un gran político. La conquista no se entiende sin sus pactos con los indios» Sobre la importancia del quinto centenario de la expedición Magallanes-Elcano, Roca Barea recordó que «gracias a estos españoles el mundo empezó a ser un globo, algo redondo. El espacio y el tiempo cambió cuando ellos comenzaron a hacer el mundo global». De ahí lo inexplicable de la reciente polémica generada por la vicepresidenta Carmen Calvo, empeñada en que historiadores afines certifiquen que la hazaña no fue española, sino compartida por varios países. «Es una polémica tonta y falsa. No se trata de nacionalismo o de repartir méritos, sino de hechos por encima de teorías o ideologías. No se pueden negar los hechos», reafirmó Carmen Iglesias, cuya academia emitió el pasado 14 de marzo, a petición del director de ABC, un dictamen a favor de la «plena y exclusiva españolidad» de esa primera vuelta al mundo. La directora de la RAH insistió en la diferencia entre nacionalismo y patriotismo, entre pasión y responsabilidad: «Hay que reconocer que los conocimientos técnicos que hicieron posible la navegación del mundo los construyeron juntos españoles y portugueses».
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Domingo 19 de MAYO 2019 - Hogar de los Jubilados 

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"LAS UVAS DE LA IRA",

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Ya está disponible la Guía de Lectura - Poesía:

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