Santiago Gil novela cómo Marruecos le compra Canarias a Trump a cambio de bases militares (Tue, 14 Apr 2026)
El Puerto de las Nieves de Agaete es un paraíso donde el Atlántico rompe con delicadeza. La ola calla. Se mueve. Calla y se mueve. Sobre las rocas camina Santiago Gil, periodista, poeta y novelista.
Se trata del escritor más prolífico y necesario que ha dado Gran Canaria en las últimas décadas. Cuarenta y tres libros publicados, talleres literarios por toda la isla, incluso en cárceles para los
parias del mundo. Una voz que la capilla literaria del archipiélago lleva años intentando ignorar sin conseguirlo del todo. Su última novela 'Islas Cardinales' (Mercurio, 2026) es una distopía
que imagina las islas negociadas como materia prima entre Marruecos y Donald Trump , pero cuya catástrofe (cemento, turismo de masas , dunas desgastadas) lleva décadas sucediendo ante nuestros ojos.
«En esta novela profundizo en la condición de insular. Qué es una isla y qué te aporta este pedazo de tierra tan esquizofrénico situado en África, aunque desde niño te digan que estás en Europa y
sabes que culturalmente perteneces a América», explica Gil sobre una obra cuyo protagonista es un periodista. Un personaje que le ha permitido abordar la crisis simultánea del periodismo y la
literatura sin caer en la ficción convencional: «Mi perspectiva periodística me ha servido para contar la realidad. Mi ficción es permeable y vivo con la realidad pegada a ella». De ahí que en 'Islas
Cardinales' Marruecos consiga que España abandone Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria a cambio de entregar el coltán de sus aguas e instalar una base militar norteamericana en el archipiélago.
Trump lo firma con la misma naturalidad con que negocia cualquier otro activo. Con veintitrés años, Santiago Gil dejó la carrera de Derecho, se plantó en Londres y decidió que iba a ser poeta. Luego
cursó Periodismo en Madrid, oficio que nunca abandonó del todo. Sin embargo, siempre fue la literatura el territorio donde se jugó lo que de verdad le importaba. Hoy, cualquier joven escritor de la
isla ha pasado por alguno de sus talleres. Es, en ese sentido, un maestro. « La evolución del mundo no tiene que conllevar el destrozo del mismo , y eso es lo que está haciendo el ser humano. Donde
quiera que hay un filón de riqueza, se va a explotar, y no hay ninguna concepción de conservación », afirma. En su nueva novela conviven el humor, los talleres literarios, el buen periodismo y una
mirada obstinada sobre un mundo que se deteriora ante los ojos de quienes deberían defenderlo. Otro elemento presente en la obra es la inteligencia artificial , que el autor convierte en un personaje
más. Ya en obras anteriores como 'Los Suplentes' (Anroart, 2010) había rastreado cómo la tecnología determina la condición humana. Ahora le toca a ChatGPT. «Yo sería incapaz de venderme tan bien como
lo hace la IA, y estuve jugando en la novela con ella», dice. No le tiene miedo porque la IA viene del ser humano. Pero sí le concede un poder de reorganización del mundo literario que no está
dispuesto a ignorar: «Se va a buscar la presencialidad de los autores, tocarlos, conocerlos. La poesía será el género que se salve de la IA. Nosotros somos el paleolítico del mundo que viene». Como
ha sabido ABC en exclusiva, el Cabildo de Gran Canaria reeditará 'Mediodía eterno' (Ediciones Cabildo, 2020) coincidiendo con la inauguración del nuevo museo de arte contemporáneo. La novela, con la
que Gil se alzó con el Premio de Novela Benito Pérez Galdós 2020 , estará a la venta en la librería del museo. Se trata de una biografía ficcionada del pintor Jorge Oramas , que murió con
veinticuatro años consumido por la tuberculosis y cuyos cuadros, llenos de luz intensa a medida que se acercaba su muerte, protagonizaron décadas después una exposición en el Reina Sofía de Madrid.
Gil sigue sin explicarse aquel misterio: «Me sorprende cómo a alguien a quien le diagnostican tuberculosis con veintiún años, le dicen que se va a morir, y comienza a pintar. Y que mientras se va
acercando a la muerte va pintando cuadros cada vez con más luz. Intensamente luminosos, como si estuviera acercándose al Nirvana». Para él, en esa paradoja está el sentido de la literatura. Ratifica
que la figura de Oramas confirma que «hay que centrarse en el arte y lo que menos hay que seguir es el camino de las camarillas y el colegueo literario». Jorge Oramas murió habiendo pintado apenas
cincuenta obras, en la absoluta pobreza y sin reconocimiento alguno. Fue el doctor Rafael O'Shanahan, quien ampara su carrera artística regalándole los pinceles y lienzos para que pintara. Sin ese
gesto, no habría nada que colgar en las paredes de ningún museo. Gil se reconoce en esa entrega genuina, en el empeño de crear belleza cuando la vida se acaba. «Yo, por encima de todo, soy alguien
que ama la vida. Escribir para mí, en el fondo, no es más que un agradecimiento a ella, y eso es 'Mediodía eterno'», sintetiza el novelista y poeta. «Tropezar con un montón de charcos y escribir
sobre el agua», inmortalizó la poeta Dolores Campos Herrero. Unos versos que definen muy bien la poética de Santiago Gil. Este año regresa con ' La invención del alba' (La Discreta, 2026), su
etapa literaria más luminosa. Anclado a su soledad ha encontrado el amor. «No hay nada que me guste más en la vida que contemplar el mar. Todo lo que escribo me lo ha dictado el mar y lo he aprendido
de él», se sincera añadiendo que en la isla no está atado a nada y tiene salida por los cuatro puntos cardinales. «Le agradezco a la poesía que me haya dejado escribir un poemario como este cargado
de luz y serenidad», confiesa. Su poesía no busca llamar la atención ni epatar. «Esta vez parece que va enserio / lo de los bárbaros», escribe como si intentase describir la grieta humana de un mundo
despiadado. En sus versos advierte de aquellos que se marchan señalando para despegarse de su fracaso: «Nadie te dará lo que tú no habites». Gil lleva cuarenta años levantándose antes del alba para
escribir. De allí que en este poemario esté presente el horizonte Atlántico que se cruza en su vista literaria cada mañana. «Gracias a la vida por dejarme volar tan alto». Ese sería su epitafio,
dice, y no parece decirlo en broma. Un pájaro cruza frente a nosotros en el Hotel Santa Catalina. La grabadora se para. Al escritor le persigue una mariposa blanca mientras se marcha. Su abuelo le
enseñó a crearse una ficción para ser feliz y a pensar que hay un vuelo eterno que no termina en ninguna parte. En el puerto de las Nieves, el Atlántico sigue rompiéndose contra las rocas. La ola
calla. Se mueve. Calla y se mueve.
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Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes hablan de fantasmas y se enredan entre misterios en su nueva novela infantil (dom, 12 abr 2026)
La pareja de escritores Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes vuelve a embarcarse en la aventura de acercar a los más pequeños de la casa el hábito de la lectura. Ya lo hicieron con 'Rexcatadores',
'Herederos' y, sobre todo, con ' Amanda Black ', con más de un millón de ejemplares vendidos. 'Misterios S.A.' (B de Blok) se une a estas exitosas sagas como la nueva obra del dúo. Esta vez
conoceremos a Claudia, una intrépida niña que acaba de perder a su madre y que, junto a su padre, se mudarán a Santa Muerta, «una isla que vive de lo sobrenatural. Médiums, adivinos, tours
encantados, casas con fantasmas...». Una misteriosa aventura que los llevará a los rincones más recónditos de su nuevo hogar. —Regresan al público infantil con una historia diferente, ¿cómo llegaron
hasta ella? —Bárbara Montes: No hubo que buscarla mucho. A los dos nos apetecía hacer algo de misterio y a nuestra editora le pareció bien. Realmente fue una confluencia de todo. —En sus novelas
anteriores comentaron que la idea la formaban juntos y luego Bárbara la escribía. ¿Han seguido el mismo proceso? —B.M.: Por supuestísimo que sí. —Juan Gómez-Jurado: Como mejor nos funciona es de esa
forma, dos personas no pueden escribir una frase al mismo tiempo. —B.M.: Nos sentamos juntos, pensamos la historia, creamos una línea temporal con todo lo que tiene que suceder y después yo lo
escribo. Y como yo lo escribo, también me guardo la carta de cambiar lo que quiera. Pero la idea base y la creación de los personajes siempre es de los dos. Por supuesto, cuando en medio de la
escritura tengo dudas, me levanto de mi despacho, vengo al de Juan y le pregunto. —En este libro hay fantasmas, supersticiones, una isla que vive del turismo paranormal y una protagonista muy cañera.
—B.M.: La protagonista, Claudia, no cree en fantasmas, ni en casas encantadas, y decide investigar para intentar demostrar que todo es falso. Y resulta que lo va a hacer con un amigo que es un
fantasma. Es el único fantasma de verdad que hay en esa isla. —J.G.J.: Es muy divertido e interesante ver cómo los niños, cuando están leyendo el libro, se encuentran con una incongruencia enorme.
Esta persona escéptica tiene que convivir con una idea que no es la que tiene inicialmente en la cabeza y, aunque le produzca rechazo, tiene que aprender a convivir con eso. Algo que nosotros
teníamos muy claro era el hecho de que es necesario no sólo fomentar el hábito de la lectura en los jóvenes, sino también ayudar a los niños a tener un pensamiento crítico, no quedarse con la primera
idea que les cuentan. —Es una historia que pueden leer tanto pequeños como mayores. —J.G.J.: Es que somos muy buenos [ríen]. Creemos en lo que decía Roald Dahl: 'Una historia no es para niños, sino
que una buena historia la puede leer cualquiera'. —B.M.: Cuando te diriges al público infantil o juvenil, solo tienes que tener en cuenta que hay ciertas cosas que no van a entender. Entonces eres el
responsable de explicarlas de una forma más sencilla, pero la historia tiene que ser buena. A un chico o una chica de 10 años les das un mal libro y te lo tiran a la cabeza. Siempre hemos huido de la
condescendencia con ellos. Podemos hacerlo sencillo, pero no simple. —J.G.J.: Esta mañana hemos estado con un montón de chavales y chavalas en un colegio. Y lo que más les gustaba de nuestros libros
es que no les tratan con condescendencia. No comprendían la palabra, pero comprendían el concepto a la perfección y eso nos hizo muy felices. —¿Cómo es compartir esa experiencia de lectura con los
chavales? —B.M.: A veces con mucho miedo porque dices, 'ay, como no les guste...'. El público infantil es el más cruel: como no les guste, no te vuelven a leer y te lo dicen sin tapujos. Pero cuando
el 'feedback' es positivo, son los más entregados. —Esta es una historia un poco diferente a la anteriores, cuenta con juegos y rompecabezas. —J.G.J.: Amanda Black es aventura pura y dura, aquí hay
un punto más. —B.M.: Los juegos son un auténtico calvario. Tardo bastante en crearlos porque no quiero que la historia esté al servicio del juego, sino que el juego esté al servicio de la historia. Y
ahora me arrepiento mucho de haber hecho esa petición a mis editoras [ríen]. Según avanza la historia vas sembrando las pistas para el misterio. Me he convertido en una experta en cifrados y claves
antiguas. —Aunque las soluciones están al final del libro… —B.M.: Si quieren pararse y solucionarlo, pueden hacerlo. Si no les apetece, porque quieren seguir leyendo, solo necesitan pasar la hoja,
porque los personajes lo van a solucionar. Es para que ellos elijan cómo quieren leer. —Ambos han escrito libros para adultos, ¿qué diferencia hay en escribir para los más jóvenes? —B.M.: Aquí voy a
citar de nuevo a Roald Dahl. Y voy a decir que escribir para niños es exactamente igual que hacerlo para adultos, solo que más difícil. Cuando escribo para adultos no tengo ese escalón de la
diferencia de edad. Escribir para niños, y más los niños actuales que tienen tantísimo bombardeo de información, hay que hacer un duro trabajo de investigación de qué es lo que les gusta, qué es lo
que están viendo, qué es lo que están leyendo. —Es una generación que se ha criado con las redes sociales, los móviles... ¿Por qué creen que conectan con sus historias? —J.G.J.: No tenemos ni idea.
Hay momentos en los que me asusto porque cuando una cosa diminuta, de 11 años, te dice, 'voy por el 13 de Amanda Black', es como... ¿Cuándo ha pasado esto? Todos estos años nos hemos dedicado a la
creación de estas historias y te choca percibir esa conexión, que es casi una ansia devoradora insaciable. —B.M.: Supongo que cuando nosotros éramos pequeños era más fácil hacerte lector, porque no
había mucha oferta de ocio. Ahora, con las redes sociales, plataformas, la consola, el ordenador… que te elijan a ti, es una preciosidad. Es un privilegio. —¿Qué es lo más satisfactorio de escribir
estos libros? —J.G.J.: Piensa que hay que desafiarles un poco, hay que lanzarles fuera de su zona de confort. Estos chavales se han criado viendo productos culturales mucho más avanzados que los que
nosotros veíamos cuando éramos pequeños. Y tú tienes, como escritor, como creador y como persona consciente de a quién se está dirigiendo, tienes que cambiar, tienes que evolucionar con tu audiencia.
El objetivo final, tanto el nuestro como el de los padres y educadores que recomiendan estos libros, como el del propio niño, es leer, que se enganchen a la lectura. Porque así se genera un hábito
lector y generando un lector, estás generando mejores ciudadanos y, por ende, un mundo mejor. Esa parte de nuestro trabajo es la que consideramos más importante y, desde luego, la de mayor
responsabilidad.
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La autora de 'La asistenta' revela su identidad: «Estoy cansada de que debatan si soy real o tres hombres» (jue, 09 abr 2026)
Tras más de dos décadas escribiendo con un pseudónimo, Freida McFadden ha decidido desvelar quién es realmente. La autora de 'La asistenta', éxito de ventas que acaba de ser adaptado al cine con
Sydney Sweeney como protagonista, lleva años haciendo sus apariciones públicas con gafas y con peluca para tapar su verdadera identidad. Sin embargo, durante una entrevista con 'USA Today', Freida
McFadden ha decidido quitarse la 'careta' y desvelar que su verdadero nombre es Sara Cohen . «Estoy en un punto de mi carrera en el que estoy cansada de que esto sea un secreto. Estoy cansada de que
la gente debata si soy una persona real o si soy tres hombres», ha declarado en alusión al 'fenómeno' español Carmen Mola. «Soy una persona real, tengo una identidad real y no tengo nada que
ocultar», ha confesado la autora de 45 años. Carmen Mola es el seudónimo con el que los escritores españoles Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero publicaron la saga de novelas de 'La novia
gitana' a partir de 2018, con el personaje de la inspectora Elena Blanco como protagonista. Revelaron su identidad en octubre de 2021 cuando ganaron el premio Planeta. Sara Cohen se ha revelado como
una doctora que, además de escribir superventas, trata enfermedades y trastornos del cerebro. «Mi vida real es mucho más aburrida de cualquier cosa que ocurra en mis libros», ha compartido,
explicando que, aunque la peluca es evidentemente un accesorio solo para su falsa identidad, en la vida real también lleva gafas. Su intención al utilizar un pseudónimo fue evitar problemas con su
profesión como médico. «Mi intención era mantenerlo en secreto hasta que pudiera dejar mi puesto como doctora para que nadie lo supiera y no me dificultara mi capacidad para trabajar», ha comentado.
No obstante, en algún momento, sus compañeros se enteraron incluso aunque su identidad permaneciera en privado, y fueron muy amables con ella. «Algunas personas comienzan a escribir deseando
abandonar su trabajo, pero en mi caso lo hacía solo por diversión. Así que seguí agarrándome a ser médico porque, primero, me esforcé mucho para llegar hasta aquí y, segundo, me parece muy
satisfactorio. Me encanta ver a pacientes y ayudar a la gente», explicaba recientemente la autora durante una entrevista en un pódcast. A pesar de todo, su idea es seguir escribiendo bajo el
pseudónimo que ha usado hasta ahora y con el que ha firmado más de una veintena de títulos en su prolífica carrera. Por el momento, continúa centrada en su saga más exitosa, la de 'La asistenta'. En
los últimos años y, tras el estreno de la película protagonizada por Sydney Sweeney y Amanda Seyfried y su consecuente triunfo en cartelera, este título se ha convertido en el buque insignia de su
bibliografía. Se espera que pronto comience el rodaje de la segunda edición . Esta vez la intérprete que también forma parte del elenco de 'Euphoria' retomará su papel junto a Kirsten Dunst.
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'La evolución del Estado. Teorías y conceptos' (mié, 08 abr 2026)
Mario Kölling , profesor en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración y Mª Josefa Rubio Lara , profesora titular de Universidad en el Departamento de Ciencia Política y de la
Administración, ambos de la UNED, proponen un viaje de conocimiento y reflexión a partir del surgimiento del Estado en Europa «una forma de organización política (señalan) que logró prevalecer sobre
otras y se generalizó como modelo dominante, además de ser el ámbito característico de la democracia liberal. Este libro trata de su 'biografía' a través de los siglos, analiza sus cambios
(impulsados por factores políticos, económicos y sociales), los problemas a los que aspiraban resolver y los elementos persistentes de la estatalidad, estudio que se realiza en diálogo con la Teoría
Política». El punto de partida de esta interconexión de reflexiones se desarrolla en 11 capítulos, con un numeroso, diverso, corpus de referencias bibliográficas de autores e instituciones. Base de
trabajo que se añade a la amplia experiencia académica y editorial de los autores, que destacan la esencia de la obra: «A pesar de los pronósticos sobre el declive del Estado, debidos a los efectos
de la globalización, y la recurrente apelación a la gobernanza global, los Estados no han sido desplazados por otras organizaciones con poder legítimo para tomar decisiones colectivas y vinculantes
sobre una determinada población y territorio»… al menos, de momento, como se indica en la introducción: « Ningún otro modelo de organización lo ha desplazado , lo que no implica que pueda ser
sustituido en un futuro o que, incluso, cambie la concepción de la política según se entiende a principios del siglo XXI». En tiempos especialmente convulsos, en los que la globalización parece
cotizar a la baja, los autores comienzan su exposición con aspectos como las perspectivas marxista, elitista, pluralista e institucionalist a o como la i nfluencia del liberalismo como nueva forma de
entender la organización y funciones del Estado sin cuestionar su cualidad soberana (en este caso, con la desconfianza hacia los partidos históricos o institucionales como uno de los retos de la
democracia liberal). El análisis de los regímenes dictatoriales o de los 'regímenes híbridos ' (mezclan elementos democráticos -como elecciones- con prácticas autoritarias -como la restricción de
libertades-) forman parte de esta primera mitad de la obra, con datos a tener en cuenta como el siguiente: «En 2024, la mayoría de la población mundial vivía bajo regímenes híbridos o autoritarios,
mientras que únicamente 25 países fueron clasificados como democracias plenas, según el Índice de Democracia». El Estado del Bienestar (con sus fortalezas y debilidades), los mecanismos de gestión de
conflictos internos (con la mediación y la aplicación del derecho internacional como 'llave de paso' para abordar los problemas) o la evolución del concepto de soberanía y las respuestas estatales «a
desafíos contemporáneos como la globalización o la digitalización» forman también parte de esta divulgativa reflexión sobre la actividad política en tiempos en los que los entornos VUCA (volatilidad,
incertidumbre, ambigüedad…) han dado paso a los entornos BANI (basados en la fragilidad, la ansiedad, incluso lo incomprensible). Una línea, en fin, discursiva, tan concienzuda como amena , en la que
caben los apartados más descriptivos, como en el caso del capítulo 7, donde se recoge una nómina de organismos que definen los 'estados fallidos' o las categorías en las que se dividen los estados
(con indicadores a evitar como 'poca autoridad', 'poca capacidad' o -cerrando el círculo de lo preocupante-, 'baja legitimidad'). Un trayecto histórico en el que el lector podrá saber más, mejor,
sobre aspectos como el análisis de 'nación' y 'nacionalismo', el reto de la identidad en el contexto europeo, las fuentes del Derecho y de la Constitución o la evolución de los derechos
fundamentales, con énfasis en los derechos sociales y sus sistemas de protección. Un 'retrato robot' de la historia del Estado , de los estados, que sirve para situarnos en el presente del futuro de
un (muy) complejo propósito social… escenario en el que caben, a ambos lados de la balanza global, concepciones como la del 'Leviatán' de Hobbes («un mal necesario») o la expresada por Marco Tulio
Cicerón (todo un ejemplo de 'wishful thinking'): «El Estado es una multitud de hombres ligados por la comunidad del derecho y la utilidad para el bienestar común». Ficha Título: 'La evolución del
Estado. Teorías y conceptos' Autores: Mario Kölling y Mª Josefa Rubio Lara Editorial: UNED Año de edición: 2025 Disponible en Editorial UNED Disponible (edición digital) en Unebook
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Aquella Marsella de 1940 como Casablanca (mié, 08 abr 2026)
La Marsella de 1940 se parece a 'Casablanca'. Tras la invasión alemana, una diáspora de escritores y artistas intenta escapar del cautiverio o la muerte. La salvación va en barco para América, pero
hay que atravesar los Pirineos, la España franquista y Portugal. Y si la 'Casablanca' de ficción tiene como punto de encuentro el bar del americano Rick, la Marsella real depara otro americano
heroico: Varian Fry. Desde la habitación 307 del hotel Le Splendide organiza el salvamento de fugitivos a través del Centre Américain du Secours. En busca del visado, lo más granado de la cultura
europea: Hannah Arendt, Walter Benjamin, Heinrich Mann, André Breton, Max Ersnt, Alma Mahler, Franz Werfel, Lion Feuchtwanger o Marc Chagall. En 'Marsella, 1940' (Galaxia Gutenberg), el alemán Uwe
Wittstock recrea el día a día de Fry entre mayo de 1940 y octubre de 1941. «Después de mi primer libro, 'Febrero, 1933', sobre las cuatro primeras semanas de Hitler, seguí la pista de los escritores
y artistas que huyeron a Francia», explica. Narración coral que no es una novela, sino la realidad que supera la ficción. Su protagonista no es aquel Rick con cara de Bogart de 'Casablanca'. El
treintañero Fry, cronista en la prensa del ascenso de Hitler, pionero de las organizaciones de ayuda, pone su vida al servicio de dos mil vidas. Miembro del Comité Español de Ayuda republicano en la
guerra civil, asistió a la victoria de Franco y a la toma del comité por los estalinistas… Marsella es el único puerto de mar libre de la férula nazi. De los novecientos mil habitantes de 1939 pasará
a millón y medio. Atestan las calles: «Refugiados de Bélgica y Holanda, soldados ingleses que se han salvado huyendo de Dunquerque hacia el sur por vías extravagantes, tropas coloniales francesas de
Argelia o de Indochina, marroquíes con chales de seda, senegaleses con sus altos feces rojos, legionarios extranjeros con quepis blancos, entre ellos muchos soldados desmovilizados que aún no han
encontrado la forma de volver a su tierra», recuenta Wittstock. Patrias arrasadas: austriacos, checos, polacos, húngaros, españoles, italianos antifascistas, rusos antiestalinistas… Para subir a los
barcos, que solo zarpan desde Lisboa, hacen falta papeles y dinero. Un visado de tránsito español y uno portugués: «Por regla general sólo son expedidos cuando los afectados pueden demostrar que han
reservado y pagado un pasaje a América u otro país de huida», apunta Wittstock. La operación debe desarrollarse con precisión de cronómetro, el visado es temporal: «Si se producen desafortunados
retrasos, puede ser que un refugiado sólo consiga el último visado que necesita cuando el primero ha expirado ya, y que tenga que empezar todo el procedimiento desde el principio», advierte. De que
eso no ocurra se encarga Fry. Entre los salvados, Heinrich Mann, hermano mayor de Thomas: «Había pasado su momento de gloria. Mantenía una relación ingenua con el comunismo». Hannah Arendt: «Todavía
no era conocida. La más grande pensadora política del siglo XX». André Breton: «Un dictador. En Villa Air Bel componía 'cadáveres exquisitos' con sus adeptos. Quien se saltaba sus reglas era
expulsado». Alma Mahler: «Antisemita, tuvo dos maridos judíos. Además de Gustav Mahler fue amante de Oskar Kokoschka y se casó con Franz Werfel y Walter Gropius.» Walter Benjamin: «Fui de Banyuls a
Port Bou y pensé en lo dificultoso de aquella ruta para aquel hombre enfermo del corazón». La posteridad del Fry no fue feliz. El Emergency Rescue Comitte norteamericano no le aplaudió precisamente
al regreso; su esposa, Eileen Hugues Fry, le pidió el divorcio y el FBI vigiló sus pasos. Fry sobrevivió como ayudante de redacción del The New Republic y en 1945 publicó sin éxito 'Surrender on
Demand', sus memorias marsellesas. Tras abandonar el The New Republic por su línea prosoviética anduvo de redacción en redacción: «Al poco de ser contratado era despedido por diferencias políticas»,
señala Wittstock. Fracasado empresario de un estudio de cine y sonido, redactor publicitario, profesor de latín y griego, el Fry de los años sesenta cayó en la depresión tras la ruptura de su segundo
matrimonio. El 13 de septiembre de 1967 murió en su casa de un ataque cerebral. Su único galardón en vida fue la Legión de Honor francesa. El reconocimiento póstumo llegó treinta años después; el Yad
Vashem judío lo proclamó «Justo entre las naciones»; el secretario de Estado, Warren Christopher, reconoció que Fry «nunca tuvo el apoyo que hubiera merecido por parte del gobierno de los Estados
Unidos». Wittscock recorrió Marsella en verano e invierno. El Chateau Pastré, sede del consulado americano, todavía existe, al igual que el hotel Le Splendide. Fry tuvo allí su habitación, se le
recuerda. En el otro domicilio donde el americano tuvo despacho no hay ninguna placa, pero el nombre de Fry sigue en los timbres de la entrada. «Una forma maravillosa de recordarlo», celebra
Wittstock.
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Roland Barthes arrasando en TikTok: cómo los ensayos sobre el amor han conquistado la era digital (mar, 07 abr 2026)
Paola Andrea Gaviria Silguero, más conocida como Powerpaola, preguntó durante un tiempo a sus amigos y amigas qué era para ellos el amor y dibujó las respuestas junto a un pequeño retrato suyo. Quiso
condensar esas reflexiones en una sola frase que capturara el sentido de toda la conversación: Ana Laura Pérez, el 23 de abril de 2025, dijo que el amor «es la única posibilidad perfecta que tenemos
como especie»; el 26 de julio, Facundo lo definió como «una amistad»; Margarita Lozano lo describió como «una fuerza magnética que busca conexión»; una idea que dialoga con la definición de Gabriela
Cabezón Cámara, también retratada: «una conexión y, a la vez, un tejido que de alguna manera te coloca en un lugar más grande y luminoso». 'El amor dibujado por Powerpaola' (Siglo XXI Editores) es
tan solo un ejemplo de cómo el amor ha resurgido como objeto de estudio. En las últimas décadas, este ha dejado de ser únicamente un asunto íntimo o literario para convertirse también en un objeto de
estudio obsesivo. Filósofos, sociólogos, psicólogos y escritores han vuelto a mirarlo con la misma atención con la que antes se analizaban las ideologías o las estructuras del poder. Como si, tras
décadas de diseccionar el mundo y tratar de entender cómo funcionan nuestras políticas, hubiéramos decidido volver a estudiar aquello que nos atraviesa. Esta fascinación, sin embargo, no es nueva. En
1977, Roland Barthes publicó 'Fragmentos de un discurso amoroso' (Siglo XXI Editores), un libro extraño para su tiempo: no era ni una novela ni un tratado; su definición más certera es la de «un
diccionario emocional del enamorado», pues Barthes no intentaba explicar el amor, sino escuchar cómo habla quien ama. El libro estaba construido como una constelación de escenas, gestos y
pensamientos que forman el lenguaje secreto del amante. Para Barthes, el discurso amoroso vivía en una paradoja: lo pronunciaban miles de personas, pero nadie parecía tomárselo en serio: «El discurso
amoroso es hoy de una extrema soledad», escribió, señalando que la cultura moderna lo ignoraba o lo ridiculizaba. La apuesta era, en cierto modo, subversiva. Mientras la teoría crítica de los setenta
analizaba estructuras, ideologías y sistemas, Barthes decidió estudiar algo aparentemente menor: la vulnerabilidad que nos deja el amor. Lo hizo, además, sin jerarquías entre disciplinas, pues en
'Fragmentos' conviven la filosofía, la literatura, la semiótica y la experiencia íntima. El libro convirtió el enamoramiento en un archivo de signos que, casi medio siglo después, ese archivo ha
vuelto a abrirse; pero esta vez no en seminarios universitarios, sino en TikTok, en Instagram y en los pódcasts de, sobre todo, la Generación Z. Frases de Barthes circulan hoy como pequeñas cápsulas
emocionales: capturas de páginas subrayadas, vídeos que enumeran «las figuras del enamorado», hilos que intentan descifrar por qué la espera o los celos siguen siendo experiencias universales. Este
interés no se limita ya a la circulación de citas: ha inspirado un renovado entusiasmo por explorar el amor como objeto de estudio, y ese impulso se refleja tanto en nuevos ensayos como en la
recuperación de textos clásicos que piensan las relaciones desde perspectivas inesperadas. Uno de los ejemplos más recientes es 'Los requisitos del amor' (Gatopardo), del filósofo británico John
Armstrong, que hace algo parecido a lo que Barthes había ensayado décadas antes: rastrear el amor en los textos. Recurre a la literatura –a Goethe, Stendhal o Tolstói – para explorar cómo se ha
imaginado el amor a lo largo del tiempo y qué expectativas hemos construido alrededor de él. La premisa es sencilla y, al mismo tiempo, ambiciosa: si el amor sigue siendo una de las experiencias
humanas más intensas, quizá la literatura sea el mejor lugar para estudiar sus contradicciones. Para Lucas Villavecchia, editor del libro en Gatopardo, este interés creciente por los ensayos sobre
relaciones afectivas no es una casualidad editorial. «En los últimos años parece haber un interés renovado por los ensayos sobre el amor, el cuidado o las relaciones románticas», explica. Ese cambio,
cuenta, lo percibió por primera vez con otro libro del catálogo: 'Vidas paralelas. Cinco matrimonios victorianos', de la ensayista estadounidense Phyllis Rose, un clásico de los años setenta que la
editorial recuperó recientemente. «De repente la gente ve que quizá en épocas pasadas los dilemas amorosos no estaban tan lejos de los que nos encontramos hoy», señala Villavecchia. El ensayo de Rose
habla del matrimonio como institución, de las relaciones de poder dentro de la pareja o de los arreglos sentimentales que intentaban escapar a las normas sociales. «Al leerlo ves que los problemas
que a nosotros nos parecen tan recientes –desde el matrimonio abierto hasta el poliamor– ya estaban ahí de alguna manera». Villavecchia cuenta que encontró el libro en una librería de Londres, en una
nueva edición que lo presentaba casi como una novedad. «Lo habían rescatado porque habían visto que el tema volvía a estar vigente», explica. Al leerlo, encontró una perspectiva que hoy muchos
lectores parecen buscar: la posibilidad de pensar el amor desde un marco más amplio que el de la experiencia inmediata. Pero no todos los intentos por comprender el amor parten de la literatura o de
la filosofía. En paralelo a esta tradición ensayística, la ciencia también ha tratado de responder a una pregunta aparentemente simple: qué ocurre en el cerebro cuando nos enamoramos. El científico
Miguel Pita aborda esa cuestión en 'El cerebro enamorado', un libro que se aproxima al fenómeno desde la biología y la neurociencia. Para Pita, su interés por el tema no responde necesariamente a una
moda cultural reciente. «Desde la perspectiva desde la que yo abordo el enamoramiento no se escribe tanto, porque es desde la ciencia», explica. Esa información procede de décadas de investigación
científica sobre el enamoramiento, un campo que, aunque menos visible en el debate cultural, ha avanzado de forma notable en los últimos años. «Sabemos muchísimo», afirma Pita. «Entendemos qué
cambios hay en las distintas zonas del cerebro y en las neuronas cuando empezamos a obsesionarnos con una persona o cuando empezamos a disfrutar con esa persona». La ciencia también empieza a
comprender mejor los procesos biológicos del desamor. «Ahora sabemos algo de los mecanismos que hay de sufrimiento cuando no somos correspondidos o cuando nos dejan», añade. Aun así, Pita cree que la
proliferación de libros sobre relaciones puede responder a otro fenómeno cultural más amplio. «Vivimos en el momento de mayor individualismo progresivo de los últimos siglos», señala. Ese cambio
social, sugiere, puede generar nuevas formas de incertidumbre afectiva y de sufrimiento que empujan a las personas a buscar explicaciones. «Si hablamos de que en el amor hay un interés en proteger el
bienestar de la otra persona, seguramente no nos estaríamos equivocando», explica. «Pero si intentamos darle una definición más espiritual, entramos en un terreno de especulación donde todavía no hay
un aval científico claro». Eso no significa que el amor permanezca idéntico a lo largo de la historia. Las condiciones sociales sí transforman la forma en que nos encontramos, nos elegimos o nos
relacionamos. «Puede cambiar el tipo de persona de la que nos enamoramos o el mecanismo a través del cual nos enamoramos», explica el científico, pero el proceso fisiológico subyacente permanece
intacto: «Todo el mundo se ha enamorado en la Edad de Piedra, en la Edad Media y ahora de formas muy distintas, pero lo que ocurría dentro del cerebro es exactamente lo mismo». Para el filósofo
Javier Correa, «el renovado interés en el cuidado viene un poco dado por el sistema que todo el rato nos incita a poner el yo en el centro», un reflejo de cómo el neoliberalismo convierte el
autocuidado en un acto individual más que colectivo, coincidiendo con Pita. Por otro lado, explica que su generación –las hijas de la llamada «generación del divorcio»– ha heredado una preocupación
constante por las formas de vincularse, desde la desconfianza hacia el matrimonio hasta la exploración de no monogamias y formas alternativas de relación. Correa distingue entre la literatura del
cuidado y la literatura del amor: mientras la primera se politiza a través de economías feministas y redes comunitarias, la segunda refleja preguntas sobre cómo vincularnos, cómo desear y cómo
mantener relaciones en contextos sociales y económicos cada vez más complejos. «Junto con la explosión de politización de muchas compañeras en el 15M, las mareas, las marchas, hasta las
movilizaciones feministas de cuidados, hubo progresivamente una preocupación y un rescate de textos sobre formas alternativas a la familia», señala. Además, el filósofo advierte sobre un fenómeno
reciente: la psicologización del amor. Muchos ensayos actuales tratan las relaciones como gestión de emociones y necesidades, despolitizando la cuestión y reduciendo las preguntas sobre formas de
vincularse a la resolución de conflictos individuales. Según Correa, «muchos libros y manuales sobre amor se acercan más a la gestión de afectos que a la construcción de mundos posibles de
relaciones». Para él, escribir sobre el amor hoy plantea desafíos específicos: el riesgo de normalizar lo hetero, la necesidad de separar teoría y práctica, y la dificultad de proponer alternativas
radicales en un marco social y familiar todavía muy tradicional. «Nuestra apuesta fue siempre pensar que no hay práctica sin teoría ni teoría sin práctica: a medida que uno va ensayando cosas, genera
la teoría que le permite entender lo que va pasando», explica. Este renovado empeño por diseccionar el amor –ya sea mediante el escaneo de un lóbulo cerebral o el análisis de un hilo en TikTok–
revela menos sobre el sentimiento en sí que sobre nuestra propia orfandad. Si hoy volvemos a Barthes con la urgencia de quien consulta un manual de supervivencia, es porque habitamos un presente que
ha convertido la vulnerabilidad en una anomalía del sistema. Estamos ante una paradoja fascinante: mientras la neurociencia nos asegura que el andamiaje químico del deseo es el mismo que sostenía a
los humanos en las cavernas, nuestra arquitectura social nunca ha sido tan hostil hacia su ejecución. En nuestra sociedad, cada vez más diseñada para la optimización del yo y la gestión eficiente del
tiempo, el amor aparece como el último reducto de lo ineficiente, de lo que no se puede apresurar ni «monetizar».
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Joana Marcús: «Los jóvenes leen y escriben muchísimo, aunque algunos crean que la literatura juvenil no vale» (lun, 06 abr 2026)
«Yo empecé con 11 años escribiendo 'fanfics' de los Jonas Brothers». Una presentación por todo lo alto de Joana Marcús, porque quién le iba a decir a aquella niña que hoy, con 26 años, sería un
referente en literatura romántica juvenil. La joven mallorquina saca su primera novela inédita en formato físico, 'Los ecos de Jude' (Montena), una historia que profundiza en el miedo y la
incertidumbre sobre el futuro, pero también sobre el amor juvenil. Con su portada arcoíris y dejándose llevar por los ecos de una nueva aventura que, esta vez, no tiene precedentes virtuales. —Este
no es su primer libro en físico, pero cuando viene de escribir en internet, ¿cómo se siente tener el esfuerzo de años en las manos? —Es mi décimo libro, pero por algún motivo lo siento como el
primero. Creo que es porque es la primera vez que me expongo a que salga una novela que todavía no he publicado en internet. No sé qué va a pasar, no tengo una referencia y por eso me tiene un poco
nerviosa, pero para bien, nerviosa de la ilusión de la incertidumbre. —Por primera vez, trabaja con la editorial sin el paso previo de internet. —Me intimidaba un poco no tener tantas opiniones a las
que aferrarme, pero ha sido más positivo de lo que esperaba. Tengo dos editoras y son muy distintas entre sí, una es mucho más emocional y la otra es más técnica. Me dan mucha tranquilidad y siempre
me han dejado mucha libertad. Han entendido muy bien de dónde salía todo y, sobre todo, que había cosas que no podíamos cambiar. Aunque en este libro podíamos cambiar lo que quisiéramos, libertad
total. —¿Cómo se sintió al terminar 'Los ecos de Jude'? —En mis libros represento la fase vital que estoy viviendo. En el caso de 'Etéreo' y 'Sempiterno', que fueron los últimos que saqué, era ese
momento entre el instituto y la universidad de preguntarse qué estoy haciendo con mi vida y cuál es mi camino ahora. Ahora tengo 25 años, va a sonar muy dramático [ríe], pero empieza a acabarse el
tiempo, ¿ahora tengo alguna otra opción o tengo que quedarme aquí y ser feliz con ello? Entonces, Jude empieza la historia con 17 años, más jovencita, un poco abrumada por la cantidad de opciones y
termina con 22, que parece también muy joven, pero más en la línea de «ya no tengo la opción de elegir, ahora tengo que conformarme con esto». —Después de 13 años escribiendo tiene un público muy
consolidado... ¿Ha pensado en moverse por otros géneros literarios? —Una cosa muy bonita que me ha dado Wattpad es que hay mucha gente que ha crecido conmigo y sientes que te conocen, tienes una
relación un poco parasocial, pero también muy interesante. Pero no, todavía me queda mucho por contar, creo que por muchos años que cumpla, voy a seguir teniendo historias de cuando era adolescente,
porque es más fácil escribir en retrospectiva, que no sobre lo que estás viviendo ahora. No me gustaría cambiar hasta que cambien mis inquietudes, además me lo paso muy bien en juvenil. Siento que el
público es muy amable, conozco muy bien a mi equipo y estoy donde debo estar. —¿Cuál es su objetivo como escritora de juvenil? —Mi intención es no aleccionar ni decirte: 'La vida funciona así, este
es el camino, este es bueno, esto es malo'… Siento que mi público –que suele tener entre 15 y 25 años– está bastante harto de que le digan cómo son las cosas. Deberíamos darles la oportunidad de
descubrirlo por sí mismos. Yo quiero que lo pasen bien leyendo, pero que a la vez quede alguna enseñanza superficial de cuál es mi opinión sobre el mundo. Intento que no sea todo un drama, la vida ya
es suficientemente dramática. —En los últimos años se ha puesto de moda el 'Dark Fantasy' y el 'Dark Romance', pero esta novela es más tranquila. ¿Qué opina de estos géneros? —Soy la santa de repente
[risas]. A mí me influyó mucho que cuando tenía 13 o 14 años me cansé de ese tipo de romance, porque era la única opción que había. Cuando me puse a escribir lo hice con el objetivo de escribir lo
que yo leería. Quería alguna opción donde la vida sea bonita, donde los chicos no sean unos tóxicos y las chicas puedan ser algo más que la parte pasiva de una relación, y me he mantenido en esa
línea. Las relaciones pueden ser complicadas, pero no tenemos que aceptar todo; tenemos derecho a poner límites, a ser insoportables, a ser buenas, inocentes e ingenuas y no pasa nada por ello.
Puedes tener una relación preciosa igual. —¿Y qué opina de esas personas que dicen que los jóvenes no leen? —¿Cuántos libros juveniles se tienen que vender en este país para que se vea que sí que
leen? Leen muchísimo. Esa opinión está más basada en poca comunicación con la gente joven y sobre todo con el prejuicio de que estos libros no valen tanto como otros más literarios, más adultos. Si
le quitas valor a esto, sientes que por mucho que lean no vale nada, entonces no están leyendo, porque no es útil. Si hablaran con los jóvenes se darían cuenta de que leen muchísimo y de que
probablemente muchos de ellos también escriben. —Aunque con tanta gente escribiendo, el mercado parece un poco saturado. —Cuantos más lectores hay, más demanda, más producción, es una rueda. Pero sí,
creo que ahora se sacan muchos libros, por un lado me encanta, porque quiere decir que hay muchos lectores, pero por otro me abruma un poco porque el ritmo es demasiado alto. Aunque también quiere
decir que la literatura está totalmente integrada en la vida de la gente, se ha situado al mismo nivel que las series y las películas, y es muy bonito. — Algo muy llamativo de sus novelas es que los
personajes tienen nombres en inglés, ¿por qué los escribe así? —Va a sonar muy absurdo, pero me ayuda a disociar de la historia. Con mi familia y mis amigos, durante muchos años de mi vida, solo
hablaba en catalán y escribir en castellano hacía que lo sintiera menos personal. Eran dos mundos totalmente separados y con los nombres me pasa igual, si pongo un nombre español, siento que voy a
conocer a alguien con ese nombre, si pongo un nombre anglosajón, son personas totalmente desconocidas e impersonales que luego ya les vas creando una personalidad. Necesito hacer esa separación,
crear un mundo ficticio, una ciudad que puede ser en Estados Unidos o en Cuenca, pero tener los dos mundos claramente separados.
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Mari Pau Domínguez: «No me gustan los autores que escriben para sí mismos» (sáb, 04 abr 2026)
En el Madrid de finales del siglo XIX , la alta sociedad no tiene precisamente piedad con quien se sale de los cauces establecidos, especialmente si su nombre es femenino. Lo comprobará con dolor
Carlota Visedo, la protagonista de la última novela, ‘Las arrepentidas’ (Espasa), de la reconocida escritora y periodista Mari Pau Domínguez —¿Cómo descubrió la Casa del Pecado Mortal? — La historia
me apareció de una manera casual y fortuita manejando documentación para una novela que no tenía nada que ver, que era sobre la periodista y escritora Carmen de Icaza , ‘No habrá otra primavera’,
pues me parecía injusto que se hubiera quedado un tanto en el olvido. En esa novela aparecía de refilón la llamada Casa del Pecado Mortal, ubicada en la antigua calle del Rosal de Madrid. La
existencia de ese establecimiento me dejó fascinada y a la vez con el corazón encogido. La regentaba la Real Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza y Santo Zelo de la Salvación de las Almas,
creada en tiempos de Felipe V. Pensar que no se demolió hasta los años veinte del pasado siglo me resultó alucinante. Guardé toda la documentación que había encontrado, lo que no hay es sobre las
mujeres a las que allí recluían, pues había que mantener el anonimato, y me dije que algún día tendría que escribir sobre ese sitio. —¿Era como las denominadas casas de arrepentidas o de recogidas?
—No. Estas acogían sobre todo a mujeres ‘descarriadas’, cuya alma necesitaba ser salvada. Por lo general, eran prostitutas, mujeres ‘de mala vida’, a las que se intentaba reinsertar preparándolas
para convertirse en sirvientas. La particularidad de la Casa del Pecado Mortal, que me subyugó, es que las mujeres que eran allí encerradas a la fuerza se habían quedado indebidamente embarazadas. Su
misión era «acoger y asistir sigilosamente a mujeres embarazadas de ilegítimo concepto». Quisieran o no, su familia, padre, hermano, esposo…, siempre hombres, la encerraban allí para que sin que
nadie se enterara pasaran oculta los meses de embarazo. Daban a luz, la criatura se quedaba allí, y nadie sabía que pasaba con ella, y se supone que la mujer volvía a la sociedad, a su vida ‘normal’,
como si nada hubiera sucedido, aunque a ellas les habían partido el alma, las habían destrozado. —¿Pero ambas instituciones eran por igual lúgubres y herramientas para controlar a las mujeres? —En
efecto. Se empleaban como un arma de sumisión y de castigo a las mujeres, de mantenimiento del orden social establecido, de un férreo patriarcado. —A la Casa del Pecado Mortal va a parar la
protagonista de su novela, Carlota Visedo… —Allí la enclaustra su marido Julián, marqués de Peñaflorida con el propósito de ocultar el embrazado extramatrimonial de Carlota, futo de su relación con
Rodolfo Valderroca, su verdadero amor. El marqués de Peñaflorida no puede tolerar que se mancille su honor familiar, que le obsesiona, y ser pasto de habladurías en una sociedad donde tanto contaban
las apariencias. Tiene un enorme miedo al escándalo y para que este no estalle no le importa el sufrimiento por el que tenga que pasar su esposa. Quiere evitar a toda costa la mancha social, y no
estaba dispuesto a asumir la paternidad de la criatura. —Quizá el problema fondo es que en gran medida era un matrimonio de conveniencia… —Mientras las cosas salen como él quiere el marqués de
Peñaflorida, pues todo estupendo. No es agresivo ni violento, sino pacífico. Cuando Carlota se le va de las manos como esposa ideal, entonces saca lo peor de sí mismo. —El título de su novela es
irónico, ‘Las arrepentidas’, pues Carlota considera que no se debe arrepentir de nada, más bien al contrario… —No piensa que haya hecho nada malo, no se quiere arrepentir de quien es, ni de haber
amado a quien amó. Y de que ese amor haya dado un fruto. La pena que tiene es que no sabe qué ha pasado con ese hijo, si está vivo o muerto… Protagoniza una batalla muy firme para mantener su
independencia contra viento y marea y no arrepentirse. Carlota es un personaje que desde que me dedicó a la novela histórica he tenido que inventarme del todo, salvo el contexto, el marco. —Carlota
es una mujer fuerte, pero no de una pieza… —Lucha pero tiene, como tenemos todos, equivocaciones, dudas, pasa un tiempo escondida con una identidad falsa en un sitio que en ese momento era como el
fin del mundo, Cangas de Onís, al abrigo de los picos de Europa. Y uno puede pensar por qué tarda tanto tiempo en reaccionar. Y esa es una de las reflexiones que hay en la novela, que creo muy
actual, y que me ha gustado hacerla como escritora y como persona. Muchas veces decimos me arrepiento de esto, de no haber reaccionado antes. Ella vive ese tiempo en Cangas, como puede ocurrir en la
realidad, no como un tiempo perdido, sino como una circunstancia en la que se ha seguido formando. Y donde vive en un universo tan diferente a como era su vida en la capital, de lujo, de salones de
alta sociedad, y allí descubre que la vida es otra cosa. Primero recelan de ella porque es una forastera en una población muy pequeña, pero que luego la acoge. Y esa acogida hace que se sienta
protegida, y con conexión con la naturaleza. No es para ella tiempo baldío antes de reaccionar. —No es una superheroína… — No he querido crear una heroína tradicional ni mucho menos una superheroína.
A veces las superheroínas están muy bien, pero no te puedes identificar con ellas. No me gustan los autores que adoptan la postura de escribir para sí mismos o como una terapia. Cuando me lo dicen,
les comento, pues, oye, págate una terapia. Me interesa escribir pensando en quien lo va a leer. He pretendido con esta novela que el lector pueda sentir que va acompañando a Carlota en esa peripecia
vital que es tan diferente a lo largo de toda la trama. No es nada lineal su existencia. —En su producción se ha inclinado por la novela histórica, un género muy exitoso. ¿Por qué le interesa
especialmente? La novela histórica nos habla no solo del pasado sino del presente… —Lo creo y lo defiendo siempre. Sin conocer la historia no tienes las claves necesarias para entender el presente. Y
la novela histórica, siempre y cuando sea respetuosa con la Historia, con los hechos… me parece una muy buena manera para que el gran público se acerque a la Historia de manera entretenida y para
disfrutar. No es abstracta como un ensayo. En general, el gran público no va a leer un ensayo. —¿Tiene algún referente en el género? —Aunque no es novelista, sino historiador, para mí Geoffrey Parker
ha sido un referente. He tenido la suerte de conocerlo y trabajar juntos, en una investigación que le propuse. Para mí ha sido un acicate esencial y continuo para seguir dedicándome a la novela
histórica. Una persona muy generosa, un maestro. Llevo cuarenta años en el mundo del periodismo, pero pocas cosas me han resultado tan satisfactorias como el verme citada por Parker en la
bibliografía de una de las revisiones que hizo de su extraordinario biografía de Felipe II. —‘Las arrepentidas’, aunque novela histórica, toca otros palos… —Sí, quizá porque sea la primera vez que no
tengo todo escrito en la Historia, con mayúsculas. Así es también una novela de amor, de pasiones, de aventuras, incluso de suspense, sobre la prensa de principios de siglo… —Precisamente destaca la
importancia de la prensa… —Quería perfilar como contrapunto a un periodista joven, el personaje de Luis Crespo, que se quiere comer el mundo, en un momento en el que la prensa desempeña un gran
papel, y se fundan numerosos periódicos, ‘El Heraldo de Madrid’, en el que trabaja Luis Crespo, ABC… Había gente muy joven, con muchas ganas. Me encanta esa época del periodismo, y quería reflejarlo.
A Luis Crespo, Carmen de Burgos, Colombine, le da lecciones sin pretenderlo. Le da lecciones de periodismo, pero al mismo tiempo se las está dando lecciones sobre la vida. Cuando te apasiona el
periodismo, esa época es maravillosa, ningún periodista joven de hoy la puede obviar, se aprende mucho. —¿Está escribiendo otra novela? —Estoy con varias carpetitas. Siempre estoy manejando temas,
documentación, ideas… hasta que un día me da el pálpito. Las novelas, como todo en la vida, necesitan su momento.
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«Me quedé solo en medio de un mundo en el que no podía sentirme comprendido» (mar, 31 mar 2026)
«El 22 de mayo de 1813 nací en Leipzig, en el Brühl, en la posada El León Rojo y Blanco, en el segundo piso, y dos días después fui bautizado en la iglesia de santo Tomás con el nombre de Wilhelm
Richard. Mi padre, Friedrich Wagner, en el momento de mi nacimiento era secretario en la dirección de la policía en Leipzig». Así comienza ' Mi vida ' ('Mein Leben'), la autobiografía de Richard
Wagner , uno de los más geniales y controvertidos compositores de la historia, autor de óperas tan portentosas como 'Tristán e Isolda', 'Lohengrin' o la Tetralogía. Editorial Cántico acaba de
reeditar estas reveladoras memorias que Wagner dictó entre 1865 y 1880 a Cósima van Bülow . La singularidad de esta edición, a cargo del cordobés Raúl Alonso , es que ofrece una traducción íntegra y
directa del alemán al español realizada por Rafael Antúnez del manuscrito original conservado en el Archivo Richard Wagner de Bayreuth -el texto sufrió en sus distintas ediciones recortes,
supresiones y censuras por parte de la familia del compositor-. En 1989, la editorial Turner publicó la primera traducción al castellano del texto. Fue el Rey Luis II de Baviera el que propició la
escritura del libro. «¡Me proporcionaría usted una inexplicable alegría con una descripción detallada de su andadura espiritual y también de su vida exterior!», escribió en una carta al músico el
monarca que, según Raúl Alonso, estaba «fascinado por Wagner desde que a los quince años presenciara 'Lohengrin' en Múnich, y se había convertido en su principal mecenas apenas un año antes, saldando
sus considerables deudas y proporcionándole un generoso estipendio anual». Así que el 17 de julio de 1865, Richard Wagner empezaba a dictar sus memorias a su amante, Cósima , entonces todavía casada
con el director de orquesta Hans van Bülow -que había dirigido apenas un mes antes el estreno de 'Tristán e Isolda'-, aunque el 10 de abril de ese año había nacido Isolde, hija natural de Wagner pero
registrada como legítima de Bülow. Éste y Cósima formalizarían su divorcio el 18 de julio de 1870, y Wagner se casaría con ella el 25 de agosto de ese año. «Las sesiones de dictado -explica el editor
de la publicación española- se extendieron a través de tres residencias principales: primero en Múnich, de julio a diciembre de 1865; luego en Tribschen, junto al lago de Lucerna, entre 1866 y 1872;
y finalmente en Wahnfried, la residencia de Bayreuth, a partir de abril de 1874. El proceso se interrumpía constantemente por la composición de las óperas y por la construcción del Festspielhaus de
Bayreuth. La obra se dividió en cuatro volúmenes: el primero, que abarca los años 1813-1842, se completó entre 1865 y 1869; el segundo, correspondiente al período 1842-1850, entre 1867 y 1868; el
tercero, dedicado a los años 1850-1861, entre 1869 y 1875; y el cuarto, que cubre 1861-1864, se finalizó en 1880». La intención de Richard Wagner y Cósima era, según él mismo explica en una nota
previa, «conservar estas narraciones sobre mi existencia para nuestra familia y para algunos amigos de confianza ». Para ello, y con la colaboración de Friedrich Nietzsche -todavía no se había roto
su amistad-, que corrigió las pruebas y sirvió de intermediario entre Wagner y el impresor italiano G. A. Bofantini. Dice Raúl Alonso: «Se imprimieron dieciocho ejemplares de la edición privada. Los
destinatarios confirmados incluyen a Luis II de Baviera, quien había encargado la obra; a Franz Liszt, suegro de Wagner; y a Otto Wesendonck, cuya esposa Mathilde había sido amante del compositor.
Wagner envió ejemplares del primer volumen como regalo de Navidad en 1870, aunque según algunas fuentes solicitó la devolución de algunos al mes siguiente, temiendo que ciertos pasajes sensibles se
hicieran públicos. De los dieciocho ejemplares originales, solo cuatro han sobrevivido hasta nuestros días según los registros de la Morgan Library de Nueva York. Esta institución posee uno de ellos:
el ejemplar secreto de Bonfantini, adquirido por una coleccionista estadounidense en 1892. El resto fue destruido sistemáticamente por Cósima Wagner». «Dado que el valor de la autobiografía aquí
reunida -escribió el compositor- reside en su sencilla veracidad, que, bajo las circunstancias descritas, es su única razón de ser, no tuve más remedio que introducir en ella las fechas y los nombres
exactos. Aun admitiendo que posea algún interés para nuestros descendientes, no podría considerarse su publicación sino hasta algún tiempo después de mi muerte y sobre esto pienso dejar disposiciones
testamentarias a mis herederos». Y es que tras la muerte de Richard Wagner, el 13 de febrero de 1883 en Venecia, «Cósima inició una campaña sistemática para recuperar todos los ejemplares
distribuidos», explica el editor español. Entre lo que suprimió la esposa del compositor -que le había animado a decir la verdad en sus dictados-, figura, dice Alonso, «el relato de Wagner sobre el
28 de noviembre de 1863, cuando él y Cósima juraron con profunda emoción pertenecerse solo el uno al otro, documentando el inicio de su relación amorosa mientras ella seguía casada con Bülow». Hasta
1911 no vio la luz la primera edición pública, en la que los herederos del compositor cortaron «comentarios o acciones indiscretas de Wagner que parecían desacreditables». En 1963 apareció la primera
edición completa: 'Mein Leben: Erste authentische Veröffentlichung' ('Mi vida: primera publicación auténtica'), editada por Martin Gregor-Dellin. Alonso cita a Ernest Newman, el principal biógrafo de
Wagner, que dijo que «la autobiografía debe usarse con precaución. No es que Wagner pervirtiera conscientemente la verdad, sino que le era imposible creer que estuviera alguna vez equivocado. Su
intenso egoísmo probablemente no podía soportar la idea de que cualquier valoración de su conducta diferente a la suya pudiera tener circulación». El libro, con un relato extraordinariamente
subjetivo y egocéntrico, está dividido en cuatro partes: la primera abarca de 1813 a 1842, la segunda de 1842 a 1850, la tercera de 1850 a 1861, y la cuarta de 1861 a 1864. Wagner todavía viviría
diecinueve años más; en ese tiempo estrenó siete óperas más -'Tristán e Isolda' (1865), 'Los maestros cantores de Núremberg' (1868), 'El oro del Rin' (1869), 'La valquiria' (1870), 'Sigfrido' (1876),
'El ocaso de los dioses' (1876) y 'Parsifal' (1882)- se casó con Cósima y tuvo dos hijos, Isolda y Sigfrido; conoció y más tarde se peleó con Friedrich Nietzsche; construyó el Festpielhaus de
Bayreuth y se celebraron allí los primeros festivales con sus óperas; y viajó a Londres y Venecia, donde moriría de una dolencia cardíaca. La importancia de este libro, más que su aspecto biográfico,
radica en el autorretrato que Wagner se hace a través de sus palabras; los aspectos más polémicos de 'Mi vida' son su antisemitismo -«ciertos círculos dominaban la vida musical sin una verdadera
conexión con el espíritu alemán»-, su desprecio a otros compositores como Giacomo Meyerbeer, un compositor judío alemán con un gran éxito en París, y que ayudó a Wagner durante la estancia de éste en
la capital francesa -«reconocí en él una habilidad extraordinaria para adaptarse a cualquier gusto dominante»-, o el altísimo concepto que tenía sobre sí mismo -«Así que me quedé completamente solo
en medio de un mundo que me había resultado totalmente ajeno y en el que no podía sentirme comprendido en absoluto»-.
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David Toscana: «Un ciego no ve la realidad, pero la imagina» (jue, 26 mar 2026)
El lector en español tiene una nueva oportunidad de acercarse a la gran, a la inmensa literatura de David Toscana. Su reciente premio Alfaguara de Novela por 'El ejército ciego' nos trae una
narración donde la historia no está reñida con la leyenda, donde la imaginación hace que se intensifique la realidad. El resultado es un poderoso, perturbador e hipnótico relato donde la ceguera
sirve para iluminar y donde el poder del lenguaje crea una nueva dimensión de lo real. El argumento nos sitúa en el año 1014, en el que, tras la derrota del ejército búlgaro en la batalla de Klyuch,
el emperador de Bizancio Basilio II ordena arrancar los ojos a los quince mil soldados del ejército enemigo y devolverlos a Bulgaria para que sean emblema de ese humillante fracaso. «He estado quince
años preparando el camino de esta novela. Muchas veces me he sentido derrotado, ciego, como los protagonistas de mi libro. Tenía que decidir cómo contarlo, el tono que era adecuado... Es que ni
siquiera los propios búlgaros lo han hecho. Fue en el año 2023 cuando lo conseguí, cuando se me revelaron las primeras páginas. Su escritura llegó hasta 2025. Me aparté del realismo histórico, decidí
hacer una tragedia, pero con elementos lúdicos, con humor, sin caer en lo fantástico, donde la imaginación, incluso la locura me llevaran a escribir en realidad un cuento de hadas», dice el escritor.
David Toscana ganó la Bienal Vargas Llosa a la mejor novela en 2023 por 'El peso de vivir en la tierra', una obra que no solo recibió los elogios de nuestro premio Nobel, sino que lo situó como uno
de los grandes narradores actuales. «Pero 'El ejército ciego' necesitaba otro tipo de escritura. El material del que partía no era en principio tan apasionante. Tampoco podía trazar un plan
preestablecido, era mejor dejarme llevar, reducir prácticamente todo a la fuerza simbólica de los personajes, desde el hecho de sacarles los ojos a cómo fueron recibidos y cómo vivieron después con
su ceguera. No podía acercarme al realismo porque un ciego no ve la realidad, la imagina. Esto tiene que ver con la esencia de la literatura, que ve las cosas desde la imaginación. Como decía Carlos
Fuentes la novela debe decir lo que no puede decirse de otro modo». David Toscana vive en un apartamento en el centro de Madrid con su pareja, la pintora polaca Sarah Kuzmicz, cuya obra ahora
expuesta en el Centro Sepharad Israel trata de contestar a una pregunta: ¿qué revela un rostro? Esos rostros también están colgados en su casa y nos observan y nosotros a ellos mientras charlamos.
«Mi novela no habla de rostros o de hombres monstruosos, sino de rostros o de hombres derrotados. Ahora bien, nunca se reducen a esa derrota. Hay un antes y un después para cada uno de ellos, cada
uno carga con un valor simbólico. Eso se aprecia muy bien en la escena en la que le intentan poner unos ojos nuevos a un personaje y lo convierten en un icono». —El ejército ciego tiene el aliento de
las leyendas medievales, hay momentos en que su impacto es muy fuerte en el lector, pero es una novela que destila inteligencia, tanto en su estilo como en la misma estructura centrada en la historia
de los distintos personajes, que la hacen tener un cierto tono coral. —Sí, eso está buscado. Para mí uno de los referentes es 'La mil y una noches', y tiene también algo de los cuentos infantiles.
Respecto al impacto en el lector, es cierto, recuerdo, por ejemplo, cuando el pescador se dedica a mondar los ojos extraídos, o cuando el padre regresa a casa y da a cada una de sus hijas uno de sus
ojos y profetiza el destino de ambas: una será monja y la otra prostituta. No es, sin embargo, una tragedia oscura. Hasta cierto punto viene a contradecir eso que le dicen a un personaje: « Más te
valdría haber muerto que estar ciego», frase inspirada en Edipo. Son seres que aceptan su situación y vuelven a la vida. Me dije en un momento determinado que no debía tratarlo como un evento atroz.
Son víctimas, sí, pero con cierta fuerza para levantarse del suelo. Y es en ese punto donde empieza lo lúdico. Le digo a David Toscana que su casa está en un barrio muy Vargas Llosa. Él lo confirma y
recuerda cuando el escritor peruano vivía en la calle Flora. Pero enseguida me traza el mapa de las calles y casas de los escritores hispanoamericanos que viven cerca: Gonzalo Celorio, último premio
Cervantes, Gioconda Belli, Sergio Ramírez… «Mi posición en la novela hispanoamericana es estar siempre aparte. Soy mexicano, pero no escribo novelas sobre el narcotráfico, ni intento plasmar la
realidad sociológica de la violencia. Si alguien quiere entender la realidad mexicana a través de mis libros, no lo conseguirá. Por eso, como no saben dónde situarme, no me sitúan en ningún sitio»,
dice. En algunas ocasiones, David Toscana ha reflexionado sobre el papel del novelista en la sociedad actual y recuerda que, así como en el siglo XIX y principios del XX se perseguía a los
novelistas, hoy a quien verdaderamente se persigue es a lo periodistas, lo que indica que la novela ha perdido su poder de influencia. Recuerda lo que manifestó el novelista mejicano Élmer Mendoza
cuando le preguntaron si no sentía miedo por su vida al tratar el tema del narcotráfico: «Los narcos no leen». Y sin embargo la literatura de Toscana tiene lectores muy fieles. «Yo creo un mundo
propio que nunca antes había sido contado. Uno de los mayores elogios que he recibido es que busco lectores participativos. Espero que ahora sean muy numerosos porque me parece que 'El ejército
ciego' puede arrojar alguna luz en todo este mundo que vivimos. En ella tiene un papel la agresividad, la violencia incluso, pero también el valor y la virtud», promete. Y, en efecto, David Tocana
nos ofrece todas estas vidas ciegas que crean una historia tan seductora como poderosa, una vuelta a la gran literatura y a una manera de narrar desde la diferencia.
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'Yo, un manuscrito' (mié, 25 mar 2026)
El italiano profesor de lengua y literatura nos descubre con su obra al libro como objeto, que será el gran protagonista . Con su narración, Beta arroja luz sobre la fragilidad milagrosa que supone
la tradición cultural y la transmisión del conocimiento a lo largo de los siglos. La propuesta no es nueva en términos estrictos, pero sí lo es en su ejecución. El manuscrito contiene la llamada
Antología Palatina , una de las recopilaciones más importantes de epigramas griego y que presenta en forma de autobiografía. El resultado es un relato híbrido, a medio camino entre el ensayo
erudito y la narración literaria , que encuentra su mayor acierto en el tono: cercano sin caer en lo banal, didáctico sin resultar árido. Títulos como El infinito en un junco, el famoso ensayo de
Irene Vallejo, resuenan durante la lectura. Desde las primeras páginas, el manuscrito se presenta con una conciencia de sí mismo. Esto no es solo un recurso retórico, sino que se convertirá en el
principio organizador del libro. «Nací en Constantinopla en torno al año 950», relata, recordándonos que toda obra tiene una genealogía material, hecha de pergamino, tinta y manos anónimas. Esa
materialidad se convierte aquí en hilo conductor de una historia que atraviesa siglos, imperios y bibliotecas. El gran mérito de Beta reside en su capacidad para convertir lo que podría haber sido
una monografía especializada en un relato vivo . La Antología Palatina deja de ser un objeto distante para convertirse en un viajero involuntario, testigo de la historia europea: nace en el
Bizancio del siglo X, sobrevive a guerras, saqueos y desplazamientos, cruza el Mediterráneo en circunstancias inciertas y termina integrada en el circuito cultural del Renacimiento. Cada uno de
estos episodios está narrado con una mezcla de precisión histórica y leve ironía que sostiene el interés del lector. Destaca también la inteligencia con la que el autor introduce el contenido
literario de la antología. Los epigramas (género breve, a menudo relegado a los márgenes de la gran tradición) aparecen aquí reivindicados en su densidad expresiva. En ellos, recuerda el
manuscrito, cabe «mucha poesía» incluso en unos pocos versos, una lección que el propio libro parece asumir como principio estético . Así, Beta consigue que el lector no solo entienda qué es un
epigrama, sino que perciba su vitalidad. El libro tiene, además, una dimensión moral: la conciencia de que la transmisión cultural es siempre precaria. La historia del manuscrito está hecha de
pérdidas, lagunas, interpolaciones y accidentes. Lo que ha llegado hasta nosotros es, en gran medida, fruto del azar. Esta idea, que atraviesa toda la obra, confiere al texto una gravedad que
contrapesa su tono ligero y, en ocasiones, lúdico. 'Yo, un manuscrito' es un libro singular, que logra algo poco frecuente: hacer accesible un tema erudito sin traicionar su complejidad. Nos
recuerda que los textos no son entidades abstractas, sino objetos históricos que han sobrevivido (a veces de forma casi milagrosa) a la destrucción, el olvido y el tiempo. Y que, en esa
supervivencia, se juega también una parte de nuestra propia memoria. Un ensayo narrado con inteligencia y elegancia, que invita a mirar los libros (todos los libros) con una renovada conciencia de
su fragilidad y su valor. Ficha: 'Yo, un manuscrito' Simone Beta EUNSA, 2026 Disponible en https://www.eunsa.es/libro/yo-un-manuscrito_179198/
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Desirée de Fez: «Si vacías un centro comercial se convierte en un espacio terrorífico» (mar, 24 mar 2026)
Desirée de Fez (Barcelona, 1977) viene de lo fantástico y del terror como periodista, pero también viene de Cornellá, una localidad a las afueras de Barcelona que le han condicionado su mirada, su
visión y su historia. Había escrito ensayos, críticas y artículos periodísticos, pero esta es la primera vez que se adentra en «universos propios y autóctonos», como le gusta definirlos. Su debut
como escritora se llama 'No la dejes sola', una novela donde explora las relaciones entre mujeres de una misma familia, la fobia a quedarse sola y la visceralidad que surge como respuesta a años de
invisibilización propia. La periodista vio esta historia como una oportunidad para meterse «en jardines de fantasmas, monstruos y terror corporal, desde los lugares que conocía». El libro ya fue un
acontecimiento antes de su publicación: está vendido al inglés en Reino Unido y Estados Unidos, mercados que pujaron con hasta seis cifras por él (allí saldrá a la venta en octubre). —'No la dejes
sola' es una novela de terror, pero a la vez íntima. —Yo venía de publicar 'Reina del Grito', un ensayo contado en primera persona que parte de una tesis desde la que hablé de mi relación con el
miedo, y lo conté a través de mi relación con el cine de terror. Aquello me dejó con el gusanillo de escribir ficción, esta era una historia que tenía en el estómago, como las protagonistas del
libro. El origen del libro es el de una mujer (Alba) que no puede quedarse sola. Me pregunté qué hace que alguien con una vida normal y que no se siente insatisfecha con su vida, no sabe cómo
quedarse sola y qué pasaría si de golpe eso se rompe. Cuando empecé me di cuenta que tiraba hacia las cosas que me han importado siempre y lo que estaba intentando hacer era llevármela a un universo
propio y personal, que era el lugar donde nací y crecí. —También es una novela familiar. —Siempre me ha preocupado y quería contar las relaciones entre las mujeres de una misma familia. Me gustaba
esta idea de cómo entre mujeres, incluso aunque partan del amor y el afecto más brutal, se pueden generar relaciones de dependencia entre madres, hijas, abuelas, nietas… Y cómo no siempre son
positivas estas relaciones, sino que a veces son nocivas, porque coartan. La novela es la combinación de esas cosas que siempre han estado ahí y que se encuentran en esta historia de ficción, de pura
ficción. —Es pura ficción, pero juega con el lector al no dejar claro dónde empieza la ficción y dónde termina la realidad. —Sí, porque quería que el libro fuera una especie de juego de espejos. Una
constante es que las tres mujeres de la historia, pero sobre todo Alba que es la protagonista, no se sienten a gusto en sus cuerpos. Una idea que es muy común, muy del presente, nos pasa porque
vivimos con mucha ansiedad, prisas, nervios, con esta sensación de que nunca llegamos a nada. En 'No la dejes sola' cada mujer tiene una relación compleja con su cuerpo, no se sienten cómodas, pero
cada una tiene razones diferentes. Quería contar esa idea de cómo estamos tan incómodos en nosotros mismos de una forma realista, aunque haya pensamiento mágico y superstición, pero quería llegar a
esto con detalles significativos en la primera parte. Y en la segunda les quería dar la posibilidad de la catarsis, no les podía dar un remedio o la solución, si la tuviera me la aplicaría a mí
misma, pero sí que quería que se liberaran de alguna forma y que explotaran. —Hay referencias un tanto dispares, que van de 'Cuento de navidad' a 'Un monstruo viene a verme'. —Totalmente, yo soy muy
fan de la navidad, me entusiasma Dickens, hay tres fantasmas y todo sucede en navidad. Y la analogía que haces con 'Un monstruo viene a verme', que es tanto un libro como una película que conozco muy
bien, es esta cosa de lo fantástico y el terror expresado de forma monstruosa. Están conectados a lo psicológico y son expresiones de los personajes, prolongaciones de lo que les está pasando y lo
que están sintiendo. Así que sí, entra dentro de ese tipo de ficción que utiliza lo sobrenatural, en este caso los fantasmas, los monstruos, como una proyección de la psicología de los personajes.
—¿Llegó a documentarse con psicólogos para tratar ciertos temas? —No. Cuando descubrí que existía esta fobia a quedarse solo, que es la autofobia, sí que leí sobre el tema y me interesó, pero para mí
era solo el punto de partida. Es un libro en el que deliberadamente hay muchísimo diálogo, hay una voluntad expresa de contar más a través de las situaciones, de la relación de los personajes con los
espacios y los objetos. Me parecía que era contradictorio hacer un libro en el que los personajes se expresan de forma tan visceral y yo de golpe hacer que mi pensamiento como escritora fuera algo
intelectualizado. Había una contradicción rara que no funcionaba. —Más allá de lo psicológico, describe entornos reales que usted conoce bien. —Era otro tema importante: el centro comercial, Cornellá
y el camping. La idea del centro comercial era arriesgada porque parece que cuando sitúas una historia en un centro comercial, de forma automática, aparece el pensamiento de que vas a intentar hacer
una sátira del capitalismo, del consumismo extremo, y en mi caso, aunque evidentemente eso está en los mandos, la airfryer, las televisiones… no quería centrarlo en eso. El centro comercial es una
especie de 'second life' para esas mujeres que se sienten abrumadas por las responsabilidades, por lo agotadas que van, por lo ansiosas que están, y cuando llegan a estos centros, de alguna forma
bajan la guardia. Y eso me llevó a la idea de los espacios liminales. Lugares de uso común como un centro comercial o el transbordo de una línea de metro, que cuando los vacías se vuelven espacios
inquietantes, fantasmales, incluso terroríficos. —¿Y qué pasa con Cornellá y el camping? —El camping me parecía bonito porque lo que le pasa a Alba, entre otras cosas, es que tiene miedo de
desaparecer. Ella no se ve como una víctima, está contenta con su familia, pero sí siente que de alguna forma está desapareciendo y la forma de acordarse de que está viva es ir siempre acompañada. Y
en ese camping se encuentra con la Alba niña… Y una idea que fue un poco obsesiva era que al ambientar toda esta historia en Cornellá, me obsesionaba no hacer una representación del extrarradio como
algo exótico. Quería que quedara claro que para mí lo normal es esto, es decir, la gente vive así porque es muy difícil vivir en el centro de Barcelona o de Madrid, es carísimo. Quiero normalizar que
si esta historia está citada ahí es porque yo soy de allí, mi familia pertenece a ese lugar. —Ocupando estos lugares están las protagonistas, los niños y unos personajes masculinos que… están —Sí, el
tema de los personajes masculinos está super pensado, yo no quería que fueran villanos, hay unos villanos por ahí, pero no son el centro de esta historia. Yo quería que los hombres en el libro fueran
observadores que ayudan y acompañan; los maridos de Alba y Diana, una figura ausente como la del padre y niños, que tampoco tienen mucha capacidad de decisión. Para mí la historia iba de ellas y me
gustaba que estos hombres fueran gente que lo intenta con todas sus fuerzas, pero ellas son como una fuerza de la naturaleza, demasiado fuertes, no te dejan dominar. Intentan hacer lo que pueden, las
quieren, se preocupan, lo hacen lo mejor que pueden… —¿Qué nos puede contar del interés que ha surgido por llevar esta historia a la gran pantalla? —Todavía no se puede decir quien lo ha comprado,
pero sí que está ahí. La verdad es que es una realidad que yo desconocía, pensaba que para que hubiera interés por un libro tenía que haber sido publicado, pero todo se activó cuando el libro se
compró para ser publicado en Estados Unidos y en Inglaterra y ahí los procesos son distintos, se me escapan por completo. Está todavía muy embrionario, pero ojalá tire adelante. Aunque me preocupaba
que el libro no fuera lo suficientemente literario y peleé mucho por esquivar ciertas tendencias hacia una narrativa más audiovisual, aún así creo que el libro no remite al guion de cine. —¿Respiró
al terminar? Es una historia intensa —¡Hombre, es un viajazo! Es un libro contado desde muy adentro. Es una versión un poco alucinada de cosas que he vivido de cerca, aunque no es biográfico ni mucho
menos. Creo que esta idea de vínculos que parten del afecto pero que se pueden volver muy extremos es algo bastante común. Esta idea para mí es fundamental en el libro y pensaba que era algo que me
pasaba solo a mí, pero cuando lo puse en común con mis amigos, todos estaban un poco de acuerdo. Sentimos que pertenecemos a familias muy unidas y muy comunicadas, yo hablo todos los días con mi
madre y mi hermana, pero en cambio siempre he tenido la sensación de que nunca hemos estado muy unidas y a la hora de la verdad, yo no me he sentado con mi familia para hablar de lo que me pasaba.
Pensaba que era solo de mi familia y me sorprendió ver que no era así.
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Veinticinco voces para explicar el mayor estallido de la poesía española contemporánea (sáb, 21 mar 2026)
Y, de repente, estallaron las voces. Llevaban veinticinco años haciéndolo en silencio, sin generaciones que pelearan entre sí, sin manifiestos que declararan guerras literarias, sin un libro
fundacional que lo ordenara todo. «Son todos los que están, aunque no están todos los que son», advierten los editores de 'Un estallido. Antología de la poesía española (2000-2025)'. El resultado es
uno de los mapas más ambiciosos de la poesía española del primer cuarto del siglo XXI, veinticinco poetas seleccionados entre los que figuran nombres como Elena Medel , Javier Vicedo Alós, Berta
García Faet , Xaime Martínez, Bibiana Collado Cabrera, Cristian Piné, Rosa Berbel, Laura Rodríguez Díaz o María de la Cruz, la más joven de todas. La edición la firman Raúl Molina Gil y Álvaro López
Fernández, dos investigadores académicos conscientes de que lo que queda siempre será mayor que lo incluido. «El objetivo de esta antología es ofrecer una fotografía lo más detallada posible de las
derivas estéticas y tensiones temáticas de la poesía escrita por autores que comenzaron a publicar en el siglo XXI », afirma López Fernández, quien fue tomando conciencia de que «lo que estaba
sucediendo en nuestro presente merecía analizarse en un volumen panorámico». Molina Gil, por su parte, hace hincapié en la sobreproducción de los últimos años: «No han dejado de publicarse poemarios
muy plurales y hemos querido dar cuenta de ese estallido», pues consideran que lo vivido es «excepcional y diferente a cualquier otro movimiento en la historia de la poesía española reciente, por su
pluralidad y heterogeneidad». La selección se circunscribe al castellano, deja fuera poesía escrita en las lenguas cooficiales y establece como condición imprescindible haber publicado más de
un poemario. En 'Un estallido', la introducción disecciona el territorio poético de estos veinticinco años. Según López Fernández, lo interesante respecto a otros periodos históricos es que
«ha habido una convivencia de estéticas y temáticas dentro de un amplio periodo, sin grandes estridencias ni guerras abiertas », lo que ha permitido que florezcan muchos poemarios de impulso
renovador. Hay voces que se leen entre sí, editoriales independientes pioneras (Cántico, Letraversal, Ultramarinos, La Bella Varsovia) que hicieron posible lo que los grandes sellos no se atrevieron
a publicar y sin los cuales este estallido no habría sonado igual. Son diversos los nombres que aterrizan en esta antología, donde cada poeta cuenta con una nota crítica de los editores seguida de su
obra seleccionada. Buena parte de la renovación más rupturista del siglo XXI ha venido de la mano de autoras. «Recoger, estudiar y trazar vasos comunicantes entre las voces de las últimas décadas
resulta necesario para tomarle el pulso a nuestro siglo», afirma Bibiana Collado Cabrera (Burriana, 1985) , que llega a esta recopilación desde la denuncia inmersiva de 'Violencia' (La Bella
Varsovia) hasta el erotismo celebratorio de 'Chispitas de carne'. «Ver la selección refuerza en mí la idea de que los libros no están desconectados», añade la poeta y filóloga, visiblemente
emocionada. Martha Asunción Alonso (Madrid, 1986) representa la parte precursora de la conciencia social, aunque reconoce que esa etiqueta de «precursora» siempre le ha resultado incómoda, pues «la
poesía rara vez avanza apoyándose en figuras aisladas». Para ella, «introducir la conciencia de clase o de género no ha respondido a una voluntad programática», y le alegra comprobar que esa senda ha
continuado en voces más jóvenes «con una maravillosa naturalidad, sin necesidad de sobreexplicarse ni justificarse». Cristian Piné (Móstoles, 1991) y Xaime Martínez (Oviedo, 1993) simbolizan dos
formas distintas de atravesar el lenguaje. Piné apuesta por una escritura que prima el juego sonoro y desplaza el significado, plasmada en obras como 'Asilo' (Paralelo), que el autor define como «su
poemario más consistente y contenido en sí mismo» con el que se sigue identificando incluso una década después. Para Piné, la antología recoge «la idea de un panorama poético activo y diverso , donde
cada uno tiene un nicho diferenciado de lectores», y agradece que se refleje esa « línea más vanguardista de la poesía contemporánea», aunque a menudo consigan menos visibilidad. Xaime Martínez
aparece en la antología con 'Cuerpos perdidos en las morgues' (Ultramarinos), donde propone un uso ficcional y narrativo de lo poético. «El libro parte de cierta incompatibilidad entre el lenguaje
lírico y la idea de narración », explica el ganador del premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2019. Le emociona figurar en una antología de Cátedra, ya que el conjunto «refleja el cambio
que está viviendo el campo literario». A principios del siglo XXI el modelo generacional fracasó. Ninguna etiqueta aglutinó a los poetas jóvenes y nadie quiso declarar guerras literarias. La
crisis de 2008 politizó la escritura y no sería hasta la segunda década (2011-2019) cuando el panorama se organizó en torno a dos corrientes sin jerarquías: el experimentalismo vanguardista y el
realismo figurativo renovado, convivencia que el premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández , creado en 2011, certificó premiando a poetas de ambas orillas. «Me interesa ver cómo continúan
elevándose voces que experimentan con el lenguaje, la forma y la intertextualidad», subraya Asunción Alonso, galardonada en 2012. Desde 2020, los poetas más jóvenes ya no eligen entre experimentar o
narrar y hacen las dos cosas a la vez. Los editores ven en esto la búsqueda de un poema más firme, que integra lo mejor de ambas tradiciones sin renunciar a ninguna. Dos de esas voces son Laura
Rodríguez Díaz (Sevilla, 1998) y María de la Cruz (Tielmes, 2000). «La inclusión de mis poemas en esta antología es una alegría inmensa», expresa la poeta sevillana, autora de 'San Lázaro' (Cántico),
quien considera que este compendio abre una conversación «en un canon dominado por el realismo, que dejaba a poéticas más abstractas o lúdicas en los márgenes». Espera, además, que la publicación
«sirva para desdibujar conceptos como escuela o generación, funcionando más como una muestra que como una prescripción». María de la Cruz cierra el libro. Nacida en el año exacto que marca el límite
del periodo, publicó 'Los clavos que dan nombre a la metralla' (Entropia) con diecinueve años, recogiendo el testigo vanguardista de Piné y Berta García Faet. «Tratamos de sostenernos en nuestros
respectivos caminos estéticos mientras atravesamos un mismo momento histórico, y esa constelación es fascinante», asegura. En 'Cruzamos por el ras de la montaña' depura y afina su voz. Ocupa ese
lugar en la antología con «gratitud, humildad y sensatez» y tiene la mente puesta «en la poesía que está por venir». Los propios editores se muestran honestos y admiten que «el listado de ausentes
siempre será más amplio» y que toda antología , per se , es «insatisfactoria, pero necesaria». Mencionar no es lo mismo que incluir, y en el campo poético una antología legitima. Entre las ausencias
más llamativas destacan las de Marina Casado , una de las voces más sólidas de la poesía española contemporánea, o las de Aitana Monzón y Paula Melchor , cuyas trayectorias merecían un lugar en
cualquier cartografía seria del periodo. Más allá de los nombres, 'Un estallido. Antología de la poesía española (2000-2025)' despliega un arsenal riguroso del panorama poético español. Encontramos
las retóricas de la corporalidad, los discursos críticos y sociales, el diálogo con la cultura popular, el juego con los espacios urbanos y la reflexión del lenguaje dentro del poema. «Hay un trabajo
filológico enorme y una pretensión de mapear no solo el presente, sino el futuro», valora Rosa Berbel (Estepa, 1997). Que no estén todos los que son no le resta valor al mapa más serio trazado hasta
la fecha. El estallido, aunque incompleto, sigue sonando.
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Sofía Balbuena gana el premio Ribera del Duero: «La vida interior de las mujeres es lo más importante del mundo» (jue, 19 mar 2026)
Sofía Balbuena, nacida en Salto en 1984 y conocida por obras como 'Borracha menor' o 'Sutura', ha sido galardonada con el IX premio Ribera del Duero de Narrativa Breve por su obra 'Personaje
secundario' , un libro de cuentos que el jurado describe como una «joyita osada, atrevida y rompedora». La victoria de Balbuena subraya el auge de una literatura que explora las grietas de la
normalidad con un humor afilado y sin concesiones. El premio, fallado por un jurado de excepción compuesto por Juan Gabriel Vásquez, Nuria Barrios y Paulina Flores, marca el ascenso definitivo de una
autora que sabe transformar la observación minuciosa de lo cotidiano en un acto de insurgencia narrativa. La noticia de su triunfo llegó con una puesta en escena que roza lo cinematográfico. Juan
Casamayor, el editor de Páginas de Espuma, la llamó para comunicarle el veredicto con una de esas frases que quedan grabadas en la memoria: «Tengo dos noticias, una buena y una mala». Balbuena, que
lleva el escepticismo como una armadura natural, se preparó para el golpe. «Yo estaba emperrada en que me dijera la mala, convencida de que había perdido», confiesa ahora, con la distancia del
alivio. «Me decía: 'Sofía, escucha. La mala es que vas a tener que hacer mucha promoción, pero la buena es que ganaste'». La anécdota surge como el reflejo de una autora que, incluso en el umbral del
éxito, mantiene la guardia alta frente a las expectativas del mercado. El origen de 'Personaje secundario' se sitúa en un paisaje muy distinto al sol madrileño: las llanuras de Iowa, en Estados
Unidos. Allí, mientras cierra un ciclo de dos años en un prestigioso programa de escritura creativa, Balbuena experimenta un agotamiento creativo que, paradójicamente, se convierte en el motor de su
obra premiada. «Había terminado de escribir 'Borracha menor', y no tenía ánimos de embarcarme en un proyecto largo o ambicioso. Estaba un poco cansada y prefería algo más corto», relata. Lo que
comienza como una serie de entregas académicas se transforma rápidamente en un descubrimiento formal. Al escribir el primer cuento y, casi de inmediato, el segundo, percibió un latido compartido: «Un
corazoncito que compartían los dos relatos». La obrase despliega como un mapa de «vasos comunicantes» que exploran la periferia de la experiencia. A través de cinco cuentos, Balbuena disecciona las
vidas de mujeres que habitan una «meseta» de aparente calma: una joven que limpia un bar, una dependienta de comercio o una profesora de español. La trama reside en la efervescencia de sus mentes; en
esos pensamientos intrusivos y brotes ansiosos que nacen de lo cotidiano. Es un libro que anuda mensajes sobre la sensibilidad y los claroscuros de los vínculos, utilizando la ficción para nombrar
aquello que solemos callar por vergüenza. «Para mí era fundamental que fuera un libro: no fueron cuentos que tenía por ahí y los junté, sino que los escribí pensando en cómo hablaban los unos con los
otros sobre temas que comparten». Uno de los aspectos más fascinantes del tránsito de Balbuena hacia este libro es su ruptura con la autorreferencialidad. Tras años dedicada al ensayo personal y a la
autoficción, la autora descubre en la «ficción estricta» una libertad que llega cargada de nuevas sombras. Existe una paradoja en su relación con la intimidad: aunque en la autoficción expone su
propia vida, es en la invención pura donde siente que el riesgo es mayor. «La ficción te hace prestar atención a otro mundo. A veces me da incluso más pudor que la no ficción, porque siento que en la
ficción he puesto mi morbo más oscuro, las cosas más raras que me imagino. Me da más pudor mi imaginación que las cosas de mi propia vida que termino exponiendo», admite. Ese «morbo oscuro» y esa
imaginación desatada se canalizan en el universo interno de las mujeres, un territorio que Balbuena defiende con una ferocidad casi política. Para ella, el mundo interno de sus amigas, su madre o su
hermana es lo más fascinante y complejo que existe. Sus cuentos capturan ese «revoloteo de emociones» que la sociedad suele tachar de irrelevante o excesivo. Habla de la amiga que se arrepiente de un
mensaje, de los pensamientos intrusivos que desembocan en crisis ansiosas, de esos «mundos internos en efervescencia que nos llevan a acciones que no queríamos y de las que no hablamos para no
reconocer que estamos un poco locas». «Para mí la vida interior de las mujeres es lo más importante del mundo», afirma Balbuena con contundencia. «El mundo interno de mis amigas, mi madre, mi abuela
o mi hermana me parece lo más fascinante y complejo que existe». En un contexto social donde a menudo se acusa a las mujeres de «pasarse tres pueblos» o de ser demasiado intensas, Balbuena se planta:
«A mí no me van a decir que me calle ni que las cosas que me parecen importantes no lo son. Voy a hacerme espacio como sea, incluso a los empujones. No le tengo miedo a nada, y menos a un fascista;
no voy a hacer concesiones sobre mis intereses». Balbuena se muestra especialmente afilada cuando se le pregunta por las etiquetas de género en la literatura. Su rechazo a la categoría de «literatura
femenina» es absoluto y argumentado. «¿La literatura que trata de hombres es masculina o es simplemente literatura? Nombrar algo como 'literatura femenina' implica una contraparte y me parece que es
bajarle el precio a la obra», sentencia. Sus personajes, aunque anclados en lo femenino, apelan a una sensibilidad universal que transciende cualquier gueto editorial. Su apuesta es por el realismo,
pero un realismo que no teme mirar donde otros apartan la vista. En esta exploración, la autora se apoya en la «teoría de la bolsa» de Ursula K. Le Guin para explicar su interés por lo no heroico.
Frente a la narrativa clásica del hombre que sale a matar al mamut, Balbuena elige la narrativa de quienes se quedan, de quienes recolectan, de quienes habitan la «meseta» de la normalidad. Sus
protagonistas son mujeres corrientes: la dependienta, la limpiadora del bar, la profesora de español. «Si miras ahí, hay un mundo fascinante que es el que yo quería contar», explica. Para ella, en un
mundo que idolatra al héroe blanco que salva el planeta —algo que ella califica con humor como «ficción fantástica»—, prestar atención a lo desatendido es el acto más radical posible. El proceso
creativo de Balbuena es, además, una actividad física. La escritora confiesa que camina sola por la calle mientras habla en voz alta, probando nudos narrativos y dando vida a sus personajes en un
plano no material. Utiliza auriculares sin música como una suerte de camuflaje social: «Me pongo auriculares sin música para que no piensen que estoy loca». Es en ese caminar constante donde las
palabras aparecen, donde el cuerpo activo permite que la cabeza se disocie y ponga a prueba la resistencia de sus ficciones. Además, Balbuena defiende la intimidad como el último reducto de libertad
absoluta. «En la intimidad no se puede censurar», afirma tajante. Le interesa ver qué sucede cuando lo público intenta apropiarse de una conversación privada para juzgarla. Critica la idea de una
identidad estática y juzgada a través de clips fuera de contexto. «No creo que uno sea de una sola forma 'en realidad'. Somos muchas cosas a la vez y cambiamos... Leer las cosas fuera de contexto es
un error político y, a menudo, una vileza para castigar a alguien». Sobre el estado de la industria y la proliferación de premios, Balbuena mantiene una mirada lúcida. Reconoce que el sector está
sobrepoblado, pero subraya la importancia de sellos como Páginas de Espuma, que saben leer el cambio en el medio y mantener el prestigio a través de una selección rigurosa. Ganar, para ella, es sobre
todo una «alquimia extraña», el encuentro afortunado entre su mensaje y la sensibilidad de un jurado en un momento concreto. Sofía Balbuena termina la entrevista con la misma serenidad con la que
empezó. Sabe que su libro, 'Personaje secundario', ya no le pertenece solo a ella. Pronto llegará a las manos de lectores en España, Argentina, México, Chile y Colombia, y también en formatos
digitales. Mientras tanto, ella seguirá caminando por Madrid, con sus auriculares apagados y sus ojos abiertos, recolectando en su bolsa de ficción todas esas pequeñas insurgencias cotidianas que
conforman la verdadera materia de la literatura. Porque, como ella misma defiende, a los empujones si hace falta, siempre habrá un espacio para hablar de lo que realmente importa: la inabarcable
complejidad de la vida interior.
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Estos son los finalistas del premio Aena, dotado con un millón de euros (mié, 18 mar 2026)
Primero, el anuncio: ya tenemos los finalistas del premio Aena, o sea, el nuevo premio del millón de euros. Son Héctor Abad Faciolince , Nona Fernández , Marcos Giralt Torrente , Samantha Schweblin y
Enrique Vila-Matas . El galardón, recordemos, distingue un libro publicado en español en 2025. Héctor Abad Faciolince compite con ' Ahora y en la hora ' (Alfaguara), Nona Fernández con ' Marciano '
(Random House), Marcos Giralt Torrente con ' Los ilusionistas ' (Anagrama), Samanta Sweblin con ' El buen mal ' (Seix Barral) y Enrique Vila-Matas con ' Canon de cámara oscura ' (Seix Barral). Ya
solo por ser finalistas, los autores recibirán 30.000 euros , y Aena comprará un mínimo de cinco mil ejemplares de su libro finalista. De esto no hay más detalles de los que salen en la web de la
compañía, que tiene un 51% de capital público: «Aena adquirirá un mínimo de 5.000 ejemplares de cada una de las obras finalistas y ganadora, con un importe máximo de 1.404.000 euros , para su
donación a los trabajadores de Aena y a los ayuntamientos de los territorios en los que la compañía desarrolla su actividad, para su distribución en centros educativos, bibliotecas, espacios
culturales u otros puntos que los propios ayuntamientos consideren adecuados. La donación está sujeta a las autorizaciones administrativas normativamente establecidas». La escritora Rosa Montero ,
presidenta del jurado, fue la encargada de desvelar los finalistas. También celebró el acontecimiento: «Este es un premio que no es más que alegría para el sector: para las editoriales, para los
escritores, para los lectores». No esquivó la polémica del millón de euros, y aseguró que el galardón pretende ser el Booker español, aunque tenga una dotación idéntica a la del premio Planeta: «El
Booker tiene ese prestigio porque lleva muchos años, le ha costado conseguirlo. Si no pones un millón, aquí no estaríais ninguno de vosotros [esto lo decía ante una sala pequeña llena de
periodistas]. El millón coloca el premio desde el principio en un lugar alto. Ahora tiene que estar el premio a la altura del millón, y eso cuesta». Montero recordó que en 2024 el Booker nos
descubrió ' Orbital ', de Samantha Harvey , y volvió a insistir en que ese es el referente del premio Aena: «Ojalá vaya desarrollándose poco a poco hasta conseguir premiar y sacar libros que no sean
los obvios, los evidentes. Esto lleva mucho tiempo y mucho mimo. Yo le deseo mucho mimo y mucho tiempo y mucha felicidad y mucho éxito a este premio». Le acompañaron en el escenario Antonio Martinez
Asensio y Nuria Azancot, del equipo de preselección de finalistas, y Jesús García Calero, secretario del jurado. El galardón se entregará el 8 de abril en Barcelona.
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Nace la PEPA, Plataforma Editorial de Publicaciones en Abierto de las Editoriales UNE (mié, 18 mar 2026)
La Unión de Editoriales Universitarias Españolas ha presentado el 17 de marzo (en la sede de FECYT, Madrid) su Plataforma Editorial de Publicaciones en Abierto (PEPA), una infraestructura tecnológica
interoperable según los estándares de la comunidad mundial, que reúne las monografías en acceso abierto de las 73 editoriales de universidades y centros de investigación que integran la asociación
para garantizar la preservación, gestión y difusión del conocimiento. La presentación está disponible en el canal de YouTube de UNE . Este ambicioso proyecto, que hará visible la producción editorial
y el compromiso con la ciencia abierta de las Editoriales UNE, nace para impulsar un ecosistema editorial universitario más abierto, accesible y conectado, alineado con los principios y las políticas
europeas de acceso y ciencia abierta y aspira además a convertirse en un punto de referencia para la investigación en español, mejorando la presencia internacional de las publicaciones de las
universidades y centros de investigación de nuestro país. Financiada por las Ayudas María de Guzmán de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), la PEPA consolida a las
Editoriales UNE como actores estratégicos en la construcción de un sistema de comunicación científica más justo, abierto y socialmente responsable. De manera específica, esta Plataforma Editorial de
Publicaciones en Abierto de las Editoriales UNE aporta las siguientes características: Transferencia de conocimiento: Cualquier ciudadano tendrá acceso libre y gratuito a los libros publicados en
PEPA. Preservación: La PEPA, como repositorio digital, facilitará a las editoriales y a la comunidad académica la preservación de sus obras para la sociedad. Ruta Diamante: PEPA ejemplifica la
apuesta de las editoriales de las universidades y centros de investigación españoles por la conocida como «Ruta Diamante», modelo de publicación según el cual el autor no paga por publicar ni el
lector por leer, ya que son las instituciones las que financian la edición y comunicación de la ciencia. Calidad y ética editorial: Las monografías publicadas en PEPA, resultado de investigación,
docencia y divulgación, garantizan calidad editorial, transparencia en los procesos y trazabilidad de los contenidos, conforme a los principios éticos que rigen la comunicación de la ciencia.
Evaluación e impacto: PEPA nace con la voluntad de favorecer la evaluación conforme a los principios de DORA (San Francisco Declaration on Research Assessment) y CoARA (Coalition for Advancing
Research Assessment), que priorizan criterios cualitativos y una visión holística, reduciendo la dependencia de métricas basadas en revistas como el factor de impacto. Ecosistema de datos : PEPA
cumple con los principios FAIR y el conjunto de buenas prácticas internacionales para la gestión de datos científicos. Sus datos son Encontrables (Findable), Accesibles (Accessible), Interoperables
(Interoperable) y Reutilizables (Reusable), de tal forma que facilita un contenido descubrible e intercambiable. Todos estos principios han sido implementados en un diseño y navegación amigables para
cualquier usuario que podrá fácilmente buscar libros, capítulos, colecciones, libros con sello de calidad en edición académica CEA-APQ, por áreas de conocimiento, autores, editoriales y estadísticas.
Ya en cada uno de los libros, accederá a toda la información bibliográfica: título, autor, editorial, identificadores ISBN, DOI y ORCID, colección a la que pertenece, materia, año de publicación, nº
de edición, idiomas, resumen y palabras clave. Igualmente, cada libro incluye la información sobre la licencia de uso, la opción de descargar y exportar y las recomendaciones de citas, así como la
opción de adquirir una copia impresa del mismo con enlace a la editorial y a Unebook. La presentación de PEPA el martes 17 ha estado precedida de una campaña de comunicación en redes sociales
(Facebook, X (Twitter), Linkedin, Instagram, TikTok y YouTube) que ha buscado llamar la atención de la comunidad académica sobre esta nueva plataforma, impulsada por la asociación de las editoriales
y centros de investigación españoles. 1. Algo está pasando en la edición académica 2. ¡Tienes un nuevo mensaje! 3. Preparados para desbancar a la Constitución como primera acepción de PEPA 4. ¿Qué es
y qué no es la PEPA?
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Han Kang, Nobel de Literatura: «La escritura me ha hecho mejor persona» (sáb, 14 mar 2026)
A Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970) se le intuye la sensibilidad en los gestos: no es raro que ella diga que escribe con todo el cuerpo, con todos los sentidos. Hace año y medio recibió el
Nobel de Literatura: lo celebró con un té. Entonces en España se la conocía sobre todo por 'La vegetariana', la historia de una mujer con vocación de planta, y en menor medida por 'La clase de
griego', donde una mujer (otra) enmudecía y buscaba la sanación en la lengua de Homero. Con el paso de los meses han ido llegando nuevas traducciones de su obra: 'Actos humanos', 'Imposible decir
adiós' y, ahora, 'Tinta y sangre' (Random House, como el resto), una novela de 2011 en la que la protagonista se niega a aceptar la versión oficial de la muerte de su mejor amiga (un suicidio). —Esta
novela empieza con un sueño, algo que no es extraño en su literatura. —Bueno, es que yo sueño mucho [sonríe]. A veces, los sueños son tan vívidos que siento que me están transmitiendo algo
profundamente importante, una suerte de mensaje. Por ejemplo, el sueño que aparece en las dos primeras páginas de 'Imposible decir adiós' fue uno que tuve yo, y eso fue lo que me llevó a escribir esa
novela. En 'Tinta y sangre' hay otro sueño real, al final de la novela. El tío de la protagonista sueña que está muerto y piensa: qué bien se está así. Pero entonces camina por la orilla del agua, ve
una hermosa piedra azul y se da cuenta de que para recogerla tendría que volver a la vida. En esa tensión se define el personaje. Bueno, pues ese sueño también es mío. Lo tuve durante una época
difícil… Recuerdo que al despertarme por la mañana sentí que ahí había algo importante [hace una pausa]. De aquel sueño salió un poema y después dos relatos cortos. Y esta novela. —¿Hay una verdad
que solo asoma por la noche? —Los sueños son historias que inventamos, pero que vienen de un lugar más profundo, tal vez de una versión más sabia de nosotros mismos, una versión que permanece oculta
por el día. Es como que esa parte se aparece por las noches y me habla: eso son los sueños. —Entonces para escribir basta con echarse a dormir. —Qué maravilloso sería eso [sonríe]. Ojalá funcionara
tan sencillamente. Para escribir una novela hay que superponer una inmensa cantidad de capas de significado: ahí están los sueños, pero también la vida, las preguntas que me obsesionan en ese
momento, las lecturas. Y entonces, moviendo y mezclando tantas cosas, llega un momento en el que pienso: ah, esto puede ser una novela. Si alguien pudiera simplemente lanzármela en un sueño… Qué
fácil sería. Pero eso sí puede suceder con la poesía. Recuerdo que una vez soñé con una librería. Estaba curioseando y abría una antología de poesía, y ahí leía un poema precioso, pero no sabía de
quién era. Me desperté sobresaltada y corrí a escribirlo: era mío. De mi sueño. —Lo primero que escribió fue un poema, cuando tenía 9 años. Decía así: «¿Dónde está el amor? / Está dentro de mi pecho
que late, late. // ¿Qué es el amor? / Es el hilo dorado que conecta nuestros corazones». ¿Hasta qué punto le han marcado sus inicios en la poesía como novelista? —Solo he publicado un libro de
poesía, pero incluso cuando escribo novelas me invade una cierta actitud poética. Hay escenas que escribo con ese aliento, y creo que esos momentos son los que más fuerza tienen, de alguna manera.
—Hay algo muy sensorial en su prosa, un esfuerzo por conectar el dolor o el frío o el deseo del personaje con el lector. ¿Cuál es su técnica? —Yo escribo con todo el cuerpo, con todos los sentidos,
porque creo que eso es fundamental. Cuando me siento en mi escritorio empiezo a recordar, a ver, a oír, a tocar. Sobre todo a tocar: siento el frío o el calor del que quiero escribir, siento el
dolor, los sabores, los olores. E intento infundir todos estos sentidos en la frase, en la palabra, haciendo que fluyan como una corriente eléctrica. No sé cómo ocurre, pero cuando hago ese esfuerzo
por sentirlo todo parece que algo de eso se filtra en el lenguaje. Y entonces el lector a veces siente esas sensaciones. No sé cómo sucede, pero sucede: esos momentos me parecen pequeños milagros.
—La enfermedad es una constante en su obra: pienso en la protagonista de 'La clase de griego', que enmudece de pronto, o en el personaje hemofílico de 'Tinta y sangre'. —La enfermedad me interesa
mucho. Durante mi posgrado estudié historia de la medicina, me interesaba mucho. Y había un médico que me hablaba de las diversas dificultades que surgían en el servicio de Urgencias. Él me contó que
cuando un paciente no puede respirar y se le conecta a un respirador, eso funciona siempre y cuando él esté inconsciente: la máquina le suministra aire, el paciente lo recibe y, a continuación, la
máquina vuelve a extraer el aire, expulsándolo. Así es como se mantiene la vida. Pero si el paciente recupera la consciencia, las respiraciones que la máquina da chocan con las del paciente, es como
si lucharan entre sí, y esto puede incluso poner en peligro su vida. Esa fue una de las imágenes fundamentales para esta novela. —Hace un año y medio que recibió la llamada de la Academia sueca. ¿Qué
le ha dado y qué le ha quitado el Nobel? —Bueno, lo que me ha dado es evidente: me ha permitido tener más lectores, que me traduzcan más, que conozcan mi obra en muchos lugares. Eso es lo más
gratificante, y estoy profundamente agradecida. Lo que he perdido, supongo, es mi anonimato en Corea. —¿En qué sentido? —Bueno, ahora soy más cautelosa cuando salgo a caminar. Lo hago muy temprano o
por la noche, y en esos momentos no suele pasar nada. Ahora caminar en el extranjero me hace increíblemente feliz: siento la libertad de volver al anonimato. —¿Es importante caminar para escribir?
—Antes que nada es un placer, de hecho diría que es el mayor placer de mi vida. Me encanta caminar, observar a la gente. Y bueno, cuando me bloqueo escribiendo salgo a dar un paseo para pensar mejor.
—A medida que hemos ido conociendo su obra en España hemos visto una suerte de viaje de los traumas individuales a los colectivos: de la protagonista de 'La vegetariana', que decidía dejar de comer
para salvarse, a 'Actos humanos', donde relata la matanza de Gwangju [200.000 personas fueron asesinadas por el poder político], que también está presente en 'Imposible decir adiós'. —Escribí 'La
vegetariana', luego 'Tinta y sangre' y después vino 'La clase de griego'. En las dos primeras la pregunta que late en el fondo es si debemos vivir, y en la segunda la respuesta es que sí, que hay que
abrazar la vida con todas nuestras fuerzas. 'La clase de griego' se pregunta por cómo podemos encontrarnos los unos a los otros, cómo podemos abrir las partes más cálidas de nuestro interior y
compartir ese calor. Pero después de eso… Sentí que tenía que investigar lo que sucedió en Gwangju para seguir adelante. Por eso escribí 'Actos humanos'. Y después vino 'Imposible decir adiós', donde
la protagonista sueña recurrentemente con un futuro lleno de tumbas y lápidas. Es paradójico, pero en última instancia esta es una búsqueda de la luz. —Siento como si estuviera acercándome cada vez
más a la luz con cada novela. Pero como sigo viva este proceso aún no ha concluido. Es un viaje sin descanso hacia la luz. —Eso me recuerda a Dostoievski: la belleza salvará al mundo. ¿Puede
salvarnos a nosotros al menos? —En momentos como este que vivimos siento que la literatura y el arte son más necesarios que nunca. Después de todo, la literatura se basa fundamentalmente en la
imaginación sostenida. Se trata de imaginar el sufrimiento ajeno, y no solo imaginarlo, sino sentirlo vívidamente. Y cuanto más vívidamente lo sientes, más doloroso es, pero ese es el camino. Es así
como se obtiene la fuerza para situarse en el lado opuesto a la violencia del mundo. Si la literatura nos sigue haciendo sentir las cosas vívidamente, ¿no es por eso por lo que la necesitamos más que
nunca? No sé si la belleza nos salvará o no, pero sí puedo decir que la intensidad que nos da la literatura, el poder de sentir el sufrimiento ajeno, eso, creo, puede salvarnos. Es solo una
posibilidad, pero es buena. —De su literatura han dicho que es espiritual, pero no religiosa. ¿Se ve reflejada ahí? —Sí… Cuando escribí este 'Tinta y sangre' estaba muy obsesionada con la
astrofísica. Estuve más de cuatro años trabajando en esta novela, y durante el proceso leer libros de astrofísica se convirtió en una pasión. Empecé a pensar: cuando sea mucho mayor, cuando realmente
no me quede nada por hacer y no tenga fuerzas para escribir, me sentiré perfectamente satisfecha leyendo libros de astrofísica durante el resto de mi vida. Para mí hay algo religioso ahí... Ya sea la
religión o la astrofísica, el hilo conductor es la pregunta por el origen: es por eso que existe el sentimiento religioso. Y creo que sería bueno seguir aferrándonos a ese sentimiento, aunque vivamos
nuestras vidas terrenales. —Por cierto, hace años que la cultura coreana se ha colado en la conversación global. Sucede con el cine, la música y la literatura. ¿Cómo vive este momento dorado? —Es
absolutamente maravilloso. Los coreanos viven la cultura con una pasión tremenda, y eso ha logrado que la música, la literatura, el cine y otras formas artísticas estén llegando a públicos de todo el
mundo. Es realmente espléndido, me alegra mucho [deja un silencio]. Cuando fui a España hace dos años, me di cuenta durante la sesión de firma de libros de que los lectores me saludaban. Me saludaban
y pensé: oh, la cultura coreana se ha hecho bastante conocida. —En su discurso del Nobel dijo que cuando escribe vive dentro de las preguntas de la novela con la que está. ¿En qué pregunta está
viviendo ahora? —Estoy escribiendo una novela, sí, pero sólo sabré cuál es la pregunta cuando termine el libro. Ahora se me ocurre una respuesta, pero sería inexacta. Solo podré contestar a esto bien
cuando tenga el libro terminado. —En aquel discurso también contaba que cuando termina una novela ya no es la misma persona que cuando la empezó. —Sí, eso es muy cierto. Llevo más de treinta años
escribiendo novelas, he envejecido considerablemente, y si me comparo a cuando empecé siento que me he convertido en una persona mucho mejor. Siento que la escritura me ha convertido en un ser mejor.
Cada vez que trabajo en una novela, de alguna manera la escritura me transforma, y no es extraño. El libro que menos tiempo he tardado en escribir me tomó un año y medio, y el que más, 'Imposible
decir adiós', siete años. Ese tiempo dedicado a pensar constantemente en un libro y a convivir con él te cambia mucho. Es un viaje tan largo que el punto de partida y el destino acaban siendo
inevitablemente diferentes. Y, afortunadamente, siento que el cambio es a mejor: estoy agradecida por ello. —¿Y qué no ha cambiado en todos estos años? —Cuando eres joven, no te sumerges realmente en
un escritor en particular: simplemente hojeas la estantería y coges un libro, luego otro… En ese momento todas las épocas están mezcladas: las epopeyas griegas antiguas de hace miles de años con una
novela coreana reciente. En medio de este desorden surgió para mí una imagen de lo que es un escritor que no ha cambiado desde entonces: alguien que se esfuerza, que agoniza, que vuelve a luchar, que
sigue pese a todo intentando escribir, buscando la salvación a través de la literatura. Sí, escritor es aquel que busca la salvación en la escritura.
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Clara Nuño: «A una chica no la llaman 'puta' tantas veces como cuando es adolescente» (vie, 13 mar 2026)
Hay quien escribe para consolar y quien escribe para prender fuego al espejo. Clara Nuño pertenece, sin duda, a este segundo grupo. En su debut literario 'Las niñas bonitas no pagan dinero'
(Aguilar), la periodista cultural abandona la comodidad de la crónica para sumergirse en el subsuelo de la estética, donde el privilegio y la belleza muchas veces son caramelos envenenados. Con una
mordacidad que no pide permiso y una lucidez capaz de incomodar y hacer reír, Nuño expone en su libro cómo la modernidad ha colonizado el hambre y por qué el tránsito hacia la madurez femenina sigue
siendo un proceso de demolición controlada. No hay espacio para la complacencia: la belleza es un arma de doble filo y su ética depende de quien sepa empuñarla. —¿Considera que existe un hilo
conductor que atraviesa a todas las mujeres por igual? —Diría que sí y no. Por un lado, es afirmativa, ya que coexistimos en una estructura social con normas y condicionantes específicos, habitando
una época determinada por mandatos y deseos impuestos. Basta con observar la evolución de la indumentaria y el arreglo personal para identificar patrones que trascienden lo individual; las tendencias
estéticas son, en realidad, fenómenos de una escala superior. Por otro lado, la respuesta es negativa. Al analizar al individuo o al núcleo familiar desde una perspectiva microscópica, se evidencia
que cada persona posee una trayectoria, vivencias y sensibilidades únicas. No obstante, somos seres sociales en constante formación y estamos inevitablemente moldeados por nuestro entorno. —¿Cómo
definiría su relación personal con la belleza? —Es una relación variable. Actualmente, mantengo una postura mucho más relajada que en mi adolescencia. En parte, porque la pereza me salva de hacer
muchas cosas, como los protocolos de 'skincare' de veinte pasos. Además, existe un factor económico y de esfuerzo que hace que mi interés sea intermitente. He tenido la fortuna de crecer en un
entorno familiar donde este tema se trató con relativa ligereza, aunque siempre existan legados culturales inevitables. Como mujer adulta, me siento cómoda conmigo misma la mayor parte del tiempo, y
el hecho de que mi desempeño profesional no dependa de mi imagen física contribuye significativamente a reducir esa presión. —¿Qué obstáculos específicos considera que enfrenta una persona normativa
en un entorno social, en comparación con alguien que no lo es? —La experiencia varía drásticamente según el género. En el caso de las mujeres, el principal desafío es la legitimidad intelectual; la
belleza suele generar un sesgo que obliga a realizar un esfuerzo doble para ser tomada en serio. Por el contrario, en los hombres, el atractivo físico suele traducirse de forma automática en carisma
y autoridad. Un hombre atractivo puede permitirse discursos pretenciosos o excéntricos sin que su interlocutor cuestione su validez, simplemente porque su apariencia refuerza su credibilidad. Aunque
la belleza es, desde un punto de vista evolutivo, un indicador de salud y una ventaja biológica, no exime al individuo de las problemáticas humanas universales. Es un factor favorable, pero no una
solución a los conflictos existenciales. —¿Hasta qué punto cree que el atractivo físico está condicionado por el nivel socioeconómico? Parece que el capital financiero permite un acceso privilegiado
al autocuidado y al tiempo de ocio. —Es indiscutible. Si planteáramos un escenario hipotético de igualdad de condiciones al nacer, encontraríamos belleza en todos los estratos. Sin embargo, el
sistema laboral actual es físicamente erosivo. El desgaste es evidente tanto en los trabajos manuales como en el sedentarismo corporativo. El estrés, la calidad de la nutrición y la posibilidad de
realizar actividad física tienen un impacto biológico documentado. Al observar a personas de edad avanzada, la diferencia en el envejecimiento fisiológico revela de manera nítida quién ha gozado de
estabilidad económica y quién ha sufrido el desgaste de la precariedad, más allá de cualquier intervención estética. El cuerpo es un registro de nuestra posición en la estructura social. Se ha
consolidado la idea de que la realización como adultos, tanto en hombres como en mujeres, está intrínsecamente ligada a la belleza. Observamos a creadoras de contenido promocionando rutinas de
belleza y modificaciones estéticas minuciosas; en la práctica, actúan como agentes publicitarios gratuitos para grandes conglomerados. —Parece existir una narrativa, dirigida especialmente a las
mujeres, que presenta la privación alimentaria como una inversión necesaria para el éxito. ¿A qué atribuye esta vigencia? —A una estrategia de control sistémico. Es la traslación de la lógica
capitalista al cuerpo: se nos exige un sacrificio personal extremo bajo la promesa de una recompensa que, a menudo, nunca llega. La privación de alimento es una forma de tortura que anula la
capacidad de pensamiento crítico, deteriora la salud mental y, paradójicamente, acaba por degradar el propio aspecto físico que se pretende mejorar. Es un ciclo de insatisfacción y vulnerabilidad.
—En su obra menciona que las nociones sobre las «calorías vacías» han resultado más persuasivas que muchas campañas contra las drogas. —Es una realidad inquietante. Socialmente, parece existir un
temor al aumento de peso superior incluso al miedo a la enfermedad. El rechazo a la flacidez o a los signos de envejecimiento funciona como una herramienta de control primitiva. Quienes nos
aproximamos a los treinta, la presión se desplaza hacia la preservación de la juventud y la adecuación a roles reproductivos. Tú comparas cómo enfrentan la adolescencia un chico y una chica y te das
cuenta de que ellos tienen más amplitud para explorar sus sentimientos, sus emociones, sus deseos, mientras que ellas están metidas en una cajita. A ellos se les sigue considerando niños, pero ellas
siempre van a ser «maduras para su edad»; nadie es maduro para su edad, simplemente te están marcando una línea roja. A una chica no la llaman «puta» tantas veces como cuando es adolescente.
—Precisamente, también señala en la novela cómo el descubrimiento de la sexualidad femenina suele estar empañado por el estigma y la vergüenza. —Es otro mecanismo de control. No hay nada
inherentemente negativo en el placer, pero el entorno digital actual está saturado de discursos misóginos que penalizan la libertad sexual femenina. Aunque a una mujer adulta estos comentarios le
resulten irrelevantes, para una adolescente de trece años tienen un impacto profundo en su autopercepción. Es diferente para quienes nacieron entre 1999 y 2003, cuya adolescencia coincidió con el
auge del movimiento MeToo: parecen poseer una sexualidad algo más liberada. —Sostiene que el tránsito hacia la madurez femenina es un proceso de una dureza singular. —Hay una escena en 'Las vírgenes
suicidas' en la que Cecilia, que está en la camilla de un hospital, le dice al doctor: «Es evidente que usted nunca ha sido una chica de trece años». Es una experiencia universal y profundamente
marcada por la cosificación. Mientras que los varones disponen de un margen más amplio para la exploración emocional, a las mujeres se las confina prematuramente en una supuesta «madurez» que no es
un cumplido, sino una delimitación conductual. La advertencia constante sobre el propio atractivo físico y el acoso callejero durante la adolescencia son mecanismos de control que impactan cuando una
misma carece aún de herramientas para responder. Existe, además, una preocupante interpretación errónea de obras como 'Lolita'; a menudo se olvida que es una narrativa de denuncia y no la
estetización que a veces ha proyectado el cine. —Publica su primera novela en un contexto de polarización ideológica y el resurgimiento de estándares estéticos regresivos. ¿Qué expectativas tiene
ante la recepción de la obra? —Me encuentro en una fase de expectación y cierta vulnerabilidad. Procedo del periodismo cultural, por lo que soy plenamente consciente de la volatilidad del mercado
editorial. Más que a la crítica literaria, mi temor se orientaría hacia una hostilidad personal extrema, pero el disenso intelectual es parte del juego. La escritura de ficción ha sido un proceso
revelador que me ha permitido identificar obsesiones subconscientes que el periodismo no alcanza a cubrir. La narrativa posee un subtexto que obliga a pensar de una manera nueva, casi como una
epifanía. — ¿Cómo se siente tras haber explorado estos temas de forma tan intensiva? —Inicialmente, sentí reticencia a abordar estas cuestiones por temor a ser encasillada en la mal denominada
«literatura femenina». Es un término reduccionista y misógino que no se aplica, por ejemplo, a la producción masculina. Sin embargo, he decidido desprenderme de esos prejuicios. Esta es una historia
legítima, independientemente de las etiquetas que el mercado intente imponer. Me siento con la libertad necesaria para transitar por este tema ahora y explorar otros completamente distintos en el
futuro. Si la industria intenta encasillar mi voz, es una limitación externa que no pienso aceptar como propia. —Es evidente la persistencia de un sesgo misógino que etiqueta los temas de interés
femenino como cuestiones «menores». ¿A qué atribuye esta dinámica de autolimitación? —A una estructura cultural que históricamente ha desplazado la experiencia femenina hacia la periferia. A pesar
del reciente auge de visibilidad, si analizamos la composición de los grandes premios, las entrevistas de calado o los espacios de opinión, los puestos de autoridad siguen mayoritariamente ocupados
por hombres. Persiste un discurso crítico que tacha de repetitivos o irrelevantes temas como la maternidad o la salud mental posparto, cuando en realidad la experiencia femenina es, por definición,
una experiencia universal. El ser humano es mujer en la misma medida en que es hombre. Cuando estaba en el instituto, las escritoras eran meras notas a pie de página o breves recuadros en los
manuales de literatura. Figuras fundamentales como Montserrat Roig han tenido que ser reivindicadas por canales alternativos. Como bien señaló Alauda Ruiz de Azúa: «El talento no tiene género, pero
las oportunidades sí». Sigue existiendo una hegemonía masculina en la crítica cultural y el columnismo de prestigio.
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Jung Chang: «Decir que Mao no fue un dictador es un insulto a las setenta millones de personas que murieron bajo su mando» (jue, 12 mar 2026)
Jung Chang vive en una casa en Londres rodeada de miles de libros que, en su China natal, son tratados como literatura proscrita. A sus 73 años, la mujer que desnudó al 'Dios' Mao ante los ojos del
mundo logra aún conservar la calma, pero bajo esa piel de seda late el dolor de no poder visitar a su madre en su lecho de muerte. En este 2026, con la publicación de 'Vuelan los cisnes salvajes'
(Lumen), Chang completa una genealogía familiar lanzando un desafío final contra el olvido, probando que un susurro de verdad pesa más que todo el acero de una superpotencia. Nacida en 1952 en Yibin,
en el corazón de Sichuan, su biografía es el mapa de... Ver Más >> más información
Hugo Mujica, el poeta que pasó del LSD al monasterio: «Hay que asombrarse de estar vivo» (mié, 11 mar 2026)
Hugo Mujica tiene ochenta y tres años, y aunque no los aparenta podría tener cien, doscientos, mil. Mil vidas: la del niño de familia anarquista que tenía que trabajar, la del adolescente que se
plantó en Estados Unidos sin saber ni una palabra inglés, la del artista del Greenwich Village que sobrevivía con cualquier oficio, la del hippy que trabajó la psicodelia con Timothy Leary, la del
Hare Krishna que aprendió a mirar lo invisible, la del discípulo del gurú hindú Swami Satchidananda, la de quien hizo voto del silencio en un monasterio trapense, la del seminarista muy vivido, la
del sacerdote que abandonó el hábito pero no la fe y la del poeta que ahora se sienta a hablar de todo esto para celebrar el premio Loewe, que ha ganado por 'Las hojas, la brisa, y la luz danza las
sombras' (Visor). Dice que ya solo se dedica a escribir: es mucho. —Entonces ya solo escribe. —Por ahora sí. Pero quién sabe. He tenido tantas formas de vivir que por ahí viene otra. —Cuenta la
leyenda que descubrió la poesía en un monasterio de la orden trapense, después de haber hecho voto de silencio. —Fue en Massachusetts. Llevaba tres años allí. Un día estaba en la cocina preparando el
té con una tetera gigante, para toda la comunidad. Y había una ventana que recuerdo redonda, muy linda. Vi que se ponía el sol y… Pocas veces en la vida sucede que uno va detrás del cuerpo. Sentí que
el cuerpo me llevaba. Salí, agarré una lapicera y escribí: «Se pone el sol tras la ventana / de la cocina / el té está casi listo». Y sentí que nacía una expresividad nueva. —Llegó al monasterio
después de estar en Woodstock, ¿no? —Sí, Woodstock fue la fiesta que me hizo el mundo para despedirme [y suelta una risa]. Woodstock fue el final de los sesenta, del hipismo. Costó millones. —¿Y cómo
pasó del hipismo al recogimiento? —Yo siempre he buscado un sentido. Eso lo tengo marcado desde chico: que la vida tenía que tener un sentido. Era un hippie, un pintor, un bohemio, todo eso. Pero eso
estaba perdiendo su mítica a mediados de los sesenta ya. Tenía que buscar otra cosa. Y coincidió que entonces India estaba llegando a Estados Unidos, después de que los beatnicks fueran a India.
Allen Ginsberg me presentó al gurú Swami Satchidananda. Fue como encontrar lo religioso sin historia. Ya llevaba mucho tiempo interesado en lo espiritual. Bueno, y fui al monasterio y allí aprendí el
lenguaje del silencio. —El silencio tiene mucho peso en su obra. Escribe que el poema es un palimpsesto de silencios. —Es la idea del silencio como lo sagrado. En otro libro escribí: «El poema, el
que anhelo, / al que aspiro, / es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga. / Es ese imposible el que comienzo cada vez, / es desde esa quimera / que escribo y borro». Siempre hay ese
lugar que no se puede tocar, pero desde el cual irradia algo que tocaste. Pero al tocarlo te escupe [hace una pausa]. A mí el silencio lo que me dio fue la escucha. Viví en silencio siete años. —¿No
echaba de menos el ruido? —Para nada. Echo de menos el silencio. Acá no hay silencio. —Después fue sacerdote, pero lo dejó. —Lo dejé, pero por edad. —¿No fue por falta de fe? —No, no: mi fe siempre
fue más amplia que eso. Cuando me preguntan en qué creo siempre digo lo mismo: yo creo en todo. Pero no fue por disentimiento que lo dejé. Aunque siempre tuve muchas cosas con las que no comulgaba. A
mí me importaba la gente y no la institución. —Tiene una biografía de viajero y buscavidas. —Tiene que ver con el azar, con dejarte llevar. Mi teoría es la de la carambola: te pegás un cosco y eso te
lleva para otro lado y a veces embocás. Por ejemplo, cuando yo fui a sacar la visa a Estados Unidos no tenía la mínima posibilidad de que me la dieran. No tenía trabajo, era chico, no tenía nada.
Presenté el pasaporte y dos minutos después aparece un tipo y me dice: soy el cónsul de Estados Unidos, tome su visa, espero que mi país lo reciba como usted merece. Y me dice: saluda a tu señor
padre. Resulta que el canciller de la Argentina, que duró seis meses nada más, se llamaba Adolfo Mugica. Y mi papá se llamaba Adolfo Mujica. Sin eso mi vida habría sido absolutamente otra. —Este es
un libro de luz y quietud. —Una vez que descubrí que Dios quiere decir luz me metí ahí. Zaratustra lo primero que descubre es el sol. Y de ahí al primer protón. Somos luz. Es muy impresionante.
—También es un libro de la contemplación. —Pero no de concentración: al contrario. La concentración es un tema errado en general. Uno necesita distensión, no concentración. Como cuando uno quiere
acordarse de una palabra que se le ha olvidado: es cuando se relaja que viene. La gente medita en concentrarse. Pero hay que abrirse, relajarse [deja un silencio]. Algunos poemas llegan solos y se
arman, pero la mayoría los trabajo muchísimo. Sobre todo trabajo en cortar, en sacar. Me parece que cuanto menos digo más vibra en quien lo lee. —Abre el libro con una cita de Claudio Rodríguez. —Me
gusta su celebración de la vida. A mí ya me cansa un poco eso de la queja… La palabra vida es lo que más aparece en toda mi obra. Trato de transmitir la vida como celebración. —Pero no esquiva el
dolor. Uno de sus poemas dice: «Abierta la herida / toda sangre es sangre / hermana». —Es que el dolor es parte de la celebración de la vida. Para los griegos, el parto era la manifestación de la
comprensión de todo, porque se veía que del dolor nacemos. El problema es cuando separamos día de noche, silencio de ruido, luz de sombra. El problema es la división. Y la vida, obvio, tiene dolor.
Si no, no es vida. Igual que sin sombra no se recorta la luz. Te enceguece. —Le devuelvo otro poema: «Nadie debiera decir rosa / si una espina no lo ha / herido, / nunca tendríamos que / mentirnos
nombrando / lo que no / sangramos». —Me dicen mucho que empecé a escribir tarde. Y no: empecé a escribir cuando tenía algo que decir. Para mí la poesía tiene que transmitir la creatividad del que lo
hace, pero esa creatividad ha de estar llena de una vida, de una experiencia. Hay una frase de Nietzsche que dice: de todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre; escribe tú
con sangre, y te darás cuenta de que la sangre es espíritu. Se puede escribir con sangre o con tinta, y para mí hay que escribir con sangre. —¿Hay más poetas que poesía? —Y hay más poemas que poesía.
Pero a la vez todo contiene un núcleo de incertidumbre. —¿Qué autores tiene en la cabeza últimamente? —Mis grandes influencias no son literarias. Estuve la semana pasada en Arco y había un Morandi.
Le dije a la chica de la galería: no tengo plata ni para el marco, ¿pero cuánto cuesta el Morandi? Y me dijo: tres millones [ríe]. Yo tengo un Morandi sobre mi escritorio, una reproducción, porque yo
quiero escribir como pintaba Morandi. Y mi gran influencia es la música. Yo no sé escribir sin música. Mi casa no existe sin música. —¿Qué tipo de música? —Clásica sobre todo. El único argumento de
la existencia de Dios es la 'Pasión según San Mateo' de Bach. Y si Dios no existe, entonces la 'Pasión según San Mateo' de Bach es Dios. —Jon Fosse dice que escribir es como rezar. ¿Coincide? —Rezar
es muy ambiguo, porque hay muchas formas de rezar. Pero escribir y rezar, en cuanto a su fruto, se parecen en que son un olvido de uno mismo. Es un salir. —¿Y se parece la soledad del escritor a la
del monje que hace voto de silencio? —La mayor soledad del escritor no es la de estar solo, sino la incomunicación. Cuando escribo, nadie me puede garantizar que no estoy haciendo una pelotudez o una
genialidad. Ahí estás solo. No sirve consultar a nadie, porque lo consultás y si te dice lo que vos pensás le das bola y si no, pues no. Es un simulacro. La soledad del escritor es esa inseguridad
absoluta en la cual tenés que jugar. Y esa soledad es más grande que cualquier otra. Es una soledad gozosa, pero dolorosa. Mi otra forma de estar solo es viajar. —¿Ah sí? —Me gusta la soledad de
sentirme extranjero. Yo entro en un café lejos de casa y siempre pienso: si yo me caigo muerto acá, nadie sabría más nada. La extranjeridad es un lugar que me fascina. Cuando estás lejos podés
inaugurar cualquier cosa porque no hay expectativas sobre vos. Cuando fui a la India me acuerdo que llegué y dije: voy a dejar de fumar. Y dejé de fumar. Cuando volví a mi casa, tres meses después,
lo primero que hice al sentarme en mi escritorio fue estirar la mano buscando una pipa. Y me acordé que ya no fumaba. —Usted ha militado siempre en el asombro. —Es que el principio de la filosofía es
el asombro, el no dar por descontado. Si no das por descontado lo que ya sabes, podés abrirte a lo que todavía no sabías, por así decirlo. Hay un poema que leí hace poco que terminaba diciendo:
porque la muerte es obvia y vivir no. Hay que asombrarse de estar vivo también.
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