Libros

El paraíso galáctico de los escritores malditos (Sun, 28 May 2017)
Además de escribir maravillosas novelas de ciencia ficción en las que los edificios se adueñan de planetas enteros y los dinosaurios oficinistas sueñan con ser dinosaurios detectives, Voss Van Conner duerme con una maleta debajo de la cama, no vaya a ser que se presenten los marcianos en casa y le pillen con lo puesto. Así que cuando un día aparece con una toalla moteada de microdelfines en lo que parece una gigantesca sala de espera alienígena, se dice que mucho han tardado los marcianos en sacarlo de excursión. Pero no. Voss Van Conner, el mismo Voss Van Conner que ya asomó la cabeza por las páginas de «El show de Grossman» y «La chica Zombie», está muerto. Finito. Caput. Se ha electrocutado con el secador de pelo y ahora espera a que alguien le diga qué hay más allá de una muerte ridícula a juego con su no menos ridícula toalla de microdelfines. Es así como Voss Van Corner, autor de 117 novelas que casi nadie ha leído y protagonista de este auténtico Dragon Khan literario que es «Connerland» (Literatura Random House), la última novela de Laura Fernández (Barcelona, 1980), descubre que lo que toca después de la muerte no es otra cosa que la vida. O, dicho de otro modo, una segunda oportunidad que le permitirá regresar a la tierra para pasar de autor maldito a, alehop, «escritor tesoro» y filón editorial con proyecto de parque temático a medida. Un parque que, cómo no, se llamará Connerland. «Por mucho que la literatura realista se esfuerce, la realidad siempre será mucho más perfecta que una novela»Laura Fernández La única pega, porque siempre tiene que haber una pega, es que el bueno de Voss reaparece como fantasma incorpóreo y más bien patoso al que solo puede ver Miranda, una azafata aérea «desesperadamente soltera» que guiará a nuestro escritor ridículamente muerto a través de esta alocada y torrencial odisea galáctica que burbujea como una marmita repleta de mentos, cocacola y un buen puñado de peta zetas. Una nueva y descollante vuelta de tuerca al universo de «Bienvenidos a Welcome» con el que la autora barcelonesa empezó a subvertir los códigos de la ciencia ficción y que le sirve aquí para homenajear a todos aquellos autores del género que merecieron mayor fortuna en vida. «Si nos atrae la figura del perdedor es precisamente porque él tampoco lo ha conseguido, y este libro es como una redención que pone en valor el triunfo del perdedor», explica una autora que vuelve a tomar impulso desde sus adorados Kurt Vonnegut, Douglas Adams, Philip K. Dick y Sam J. Lundwall para centrifugar a su antojo la ciencia ficción más disparatada y dejar al realismo con un palmo de narices. «Por mucho que la literatura realista se esfuerce, la realidad siempre será mucho más perfecta que una novela», asegura. Así que, puestos a elegir, mejor mudarse una temporada a esta sitcom galáctica repleta de nombres imposibles y guiños películas como «Ghost» que quedarse a descubrir que la realidad puede ser, además de demasiado real, también muy deprimente. «He crecido con el cine de los ochenta y los noventa. Ese era mi hogar, donde quería vivir, y es por eso que todo está escrito en clave de sitcom, de película para todos los público donde ves al mismo tiempo los problemas de los adultos, de los adolescentes y de los niños. Era mi educación sentimental, mi manera de descodificar el mundo», añade sobre una novela en la que los fuegos artificiales, las onomatopeyas y las hipérboles deliciosas no esconden reflexiones sobre el fracaso, la soledad o lo que implica ser escritor y«tener uno de los oficios más infantiles» que existen. «La vida del escritor es apasionante, sí, pero para él. Escribir es intentar dar sentido a lo que no se ve», detalla. Lo que sí se ve en «Connerland» es la habilidad con la que Fernández juega con los géneros, reivindica la risa como armadura infranqueable –«el humor te convierte en alguien invencible», asegura– y se fija en los posmodernos americanos para descifrar reflexiones complejas a partir de los códigos de la cultura popular. «Utilizo la ciencia ficción como lo hacían ellos, aunque de una manera más humilde», reconoce. No extraña que, al final, «Connerland» acabe siendo un gran homenaje a todos aquellos escritores que no deberían morir ni dejar de escribir jamás. «Imagína que tu escritor favorito tuviese 117 novelas. ¿No sería maravilloso?», aventura.
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Aniceto Marinas: El retorno de uno de los grandes escultores de la historia de España (Sun, 28 May 2017)
Aunque todos conocemos alguna de las esculturas de Aniceto Marinas (1866-1953), no muchos recuerdan su nombre. Es autor de las más importantes obras que adornan Madrid (Velázquez, Eloy Gonzo, Alfonso XII...)y otras ciudades. Y ahora su olvido será conjurado por la exhaustiva monografía que Antonio Horcajo ha preparado y que será presentada el próximo día 8 de junio en el salón de Actos de la Biblioteca Nacional. Tendrá dos presentadores de lujo: Leticia Azcue, jefa de escultura del Museo del Prado, y el académico Pedro de Navascués. Marinas, como Miguel Ángel, siempre quiso ser escultor. Fue académico de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando y sacó cátedra en la escuela de Artes y Oficios de Madrid. De un escultor, para la historia, sólo persiste esa memoria hueca del bronce vaciado. Porque España tiene una mala memoria de bronce en casi todas sus calles que una vez ideó, esbozó y llevó a cabo algún artista hoy olvidado. A los visitantes del Museo del Prado, cuando se fotografían frente al «Velázquez» les pregunta Antonio Horcajo con picardía «de quién es la escultura». «De Velázquez, hombre», responde airado un turista. «¿Y el escultor de la obra?», replica. «¡Ah, eso ni idea!». Antonio Horcajo presenta su libro «Grita el bronce. Habla la piedra. Reza la madera. Una memoria entorno a la vida y obra del escultor Aniceto Marinas (Segovia, 1866 - Madrid 1953)». Un propósito casi pedagógico el que se ha marcado, como presidente del Centro de Estudios Segovianos en Madrid. Quiere recobrar la memoria de uno de sus paisanos al que trató por extenso durante los tres últimos años de su vida. «El Cascorro»- Maya Balanya Madrid, en palabras de Umbral, «es un invento de sus escritores». Pero hablando con el autor de este volumen se cae en la cuenta de que Madrid, también, es un invento de sus escultores. Y a ese invento, en cierta medida, ha contribuido Aniceto Marinas. «A raíz de la perdida de Filipinas los escultores de la generación del 98 se encargaron de sacar a la calle la Historia para que el pueblo la viera y se enorgulleciera de ella. Esos escultores ahora son tratados con un injusto olvido», afirma Horcajo. El artista consideraba su mejor obra el grupo «Las Cortes de Cádiz», o eso confesó en 1950 en entrevista al «Adelantado de Segovia». Pero su «Velázquez», frente al Museo del Prado, quizá sea una de las estampas más reconocibles. Un trabajó que le llevó más tiempo en la silla concibiéndolo que ejecutándolo. Prueba de ello son las semanas que pasó sentado frente al museo observando el lugar donde se colocaría la escultura. Marinas se marcó la preclara misión de que no estorbara al conjunto arquitectónico del museo. Cuando le preguntaron cómo debían colocar la escultura afirmó: «Con un simple dado de piedra, para que se pueda conversar directamente con Velázquez». Y es que «a mí lo que más tiempo me lleva es la paciencia de la silla». Aniceto Marinas- ABC La escultura de Marinas «ha sido una lección de historia en bronce para la gente analfabeta. Esas esculturas hablan para el pueblo». En su cruzada pedagógica por recuperar la memoria de estos escultores afirma Horcajo que «las instituciones deberían adoptar la memoria de estos artistas. Organizar conferencias, exposiciones... Hay muchos caminos». La estatuaria española tiene un momento cumbre en el XIX cuando los ayuntamientos quieren recordar las más importantes efemérides. «Ahora deberíamos rescatar aquello». Cuenta Horcajo que los últimos tres años el escultor de «Hermanitos de leche» se encontraba muy sólo. «Hablando de la “Soledad al pie de la Cruz”, le interrogaba yo sobre si esa era su soledad». «No se equivoque, esa obra ya no es de Marinas», defendía el propio artista. «Espiritualmente es de quien las observa». Pero también hay obras importantes en Segovia, su ciudad natal, como la estatua de Juan Bravo junto al Torreón de Lozoya, en la Plaza de San Martín. Y en Teruel dejó el friso de los célebres Amantes. Cabe recordar que es el autor del grupo escultórico del Cerro de los Ángeles, en Getafe, que fue destruido en la Guerra Civil. El libro de Horcajo recorre la totalidad de su obra. Marinas también esculpió tallas religiosas. Como pasaba los veranos en Las Navas del Marqués (Ávila) regaló a la localidad varios crucificados salidos de su gubia después de que los que había fueran quemados durante la Guerra Civil. Porque como dejó escrito en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, igual que en el 98, «España tiene que salir adelante». La estatua ecuestre de Alfonso XII del Retiro- Isabel Pemuy Itinerario por el Madrid de Aniceto Antonio Horcajo tiene su propia ruta con la que da a conocer la obra de Aniceto Marinas en Madrid. 1. En la Calle Ferraz, Iglesia del Corazón de María: «Inmaculado Corazón de María» (imagen central del presbiterio) y «La Piedad». 2. Plaza de España, frente a los Carmelitas Descalzos: «Monumento a los Héroes del 2 de mayo». 3. Y en El Rastro: «El Cascorro». 4. De ahí al Paseo del Prado: «Velázquez». 5. Y subiendo al Retiro: «Monumeto a Alfonso XII», cuyo altar es de Marinas. El resto de la obra es de sus amigos Benlliure y Blay.
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Aitor Gabilondo: «Crecí en los años de plomo de ETA y leer "Patria" fue catártico» (Sun, 28 May 2017)
A finales del verano pasado, Aitor Gabilondo (San Sebastián, 1974) se topó, por casualidad, con un artículo en internet que hablaba de «Patria», la novela de Fernando Aramburu. «Enseguida me interesó. Leí la sinopsis y pedí a Tusquets que me enviara el libro, que se publicaría en unas semanas. Lo devoré, me encantó», recuerda el productor, en conversación telefónica con ABC. Poco después, envió una primera propuesta a la editorial para adaptar la historia a la televisión. Sin embargo, lo que hizo que se inclinara la balanza fue un segundo e-mail donde el responsable de éxitos como «Allí abajo» o «El Príncipe» explicaba las razones personales por las que le interesaba el proyecto. «Concertamos una comida, que fue cuando conocí a Fernando, y ahí firmamos. Me dijo que él ya había hecho su obra y que ahora la hiciera yo. Sé que había más propuestas, pero me eligieron a mí y estoy muy feliz. Él no quiere involucrarse en nada, la libertad es absoluta», confiesa. Una sola temporada El guionista, aliado con Mediaset a través de la productora Alea Media, ha vivido «muy de cerca» todo lo que Aramburu cuenta en la novela y por eso tenía claro que «quería hacer “Patria”, no una versión de “Patria”». «He crecido en los años de plomo de ETA. Estudié en una ikastola, tengo compañeros y conocidos del ambiente de ETA, y también amigos y conocidos extorsionados a los que han matado. A medida que iba leyendo la novela me iba dando cuenta de que, en algún momento de mi vida, he sido los nueve personajes. Cuando ETA asesinaba, era muy difícil matizar, pero eso no quitaba que tú sintieras. Era como una borrachera emocional muy grande. Eso lo cuenta “Patria” de manera magistral. Leerlo fue catártico», asegura Gabilondo. De momento, la serie no tiene fecha de estreno, aunque hablar del año que viene no es descabellado. «Aún estamos eligiendo la cadena adecuada. Este año me voy a dedicar a escribir. Va a ser una sola temporada, porque la novela es una historia cerrada. Quiero que Fernando sea una de las primeras personas que lea el guión, aunque esa noche, no dormiré», remata.
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«Patria»: así se gestó el libro del año (Sun, 28 May 2017)
El pasado 15 de mayo, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) protagonizó uno de los paneles del programa «La ruleta de la suerte». Lo hizo gracias a «Patria» (Tusquets), novela con la que se ha convertido en el escritor más buscado de nuestro país. Pero la concursante de aquel día desconocía el nombre del autor y el título del que está llamado a convertirse –si no lo es ya– en el libro del año en España y el gran protagonista de la Feria del Libro de Madrid, que abrió sus puertas el pasado viernes. «Para consuelo de la finalista, seguramente yo tampoco habría acertado la respuesta», bromeó esa misma tarde Aramburu en su perfil oficial de Facebook, donde suele interactuar, con bastante frecuencia, con sus 5.000 «amigos». Apenas diez días antes, Belén Esteban había recomendado con fervor la lectura de «Patria» en «Sálvame Naranja», el espacio de cotilleo y amarillismo más seguido de nuestro país. La tertuliana confesó haber llegado hasta la novela de Aramburu gracias a la recomendación de... ¡Jorge Javier Vázquez! Estos dos ejemplos bastan para demostrar que «Patria» ha dejado de ser «sólo» un libro. Estamos ante un fenómeno social, el último de una industria editorial que, desde hace años, soñaba con un «pelotazo» como este, que la sacara de la apatía y la depresión derivadas de la caída de las ventas. Pocas veces sucede. Son contadas las ocasiones en las que una novela literaria trasciende el ámbito cultural y se pasea por el patio de vecinos, protagonizando tertulias. Y Fernando Aramburu lo ha conseguido. Quién se lo iba a decir a él la primera vez que le confesó a su editor en Tusquets, Juan Cerezo, que «le gustaba lo que tenía», aquella escritura a la que llevaba tiempo entregado. Fue en febrero del año pasado, en un encuentro en Madrid. «Desde que escribió “Los peces de la amargura” (2006) y, sobre todo, “Años lentos” (2012), hablábamos mucho de que haría falta una novela con esos materiales que había estado usando de manera excelente. Él me decía que necesitaba tiempo para escribir una obra que fuera lo más inatacable literariamente. Yo notaba que tenía un compromiso claro y se sentía llamado a hacer algo», recuerda el editor. Florencio Domínguez, director del Memorial de Víctimas del Terrorismo, fue de los primeros que lo leyó Cuando, en aquella primera cita, a Aramburu «se le escapó» que la novela era ya un hecho, Cerezo le pidió que le mandara el manuscrito. «Yo tenía la sensación de que se acercaba bastante a lo que él quería, pero me dijo que antes se la quería enviar a dos expertos en el tema. Eso le honra, porque no me la quería dar hasta que ellos no le dieran el visto bueno». Uno de esos «expertos» era el periodista y escritor vasco Florencio Domínguez, actual director del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo y una de las primeras personas que leyó «Patria». «Fernando tuvo el detalle de enviarme el manuscrito antes de mandarlo a imprenta, tuve la suerte de leerlo en bruto», recuerda Domínguez. A medida que iba leyéndolo en el ordenador, le dejó «impresionado por haber sido capaz de presentar, con tanto realismo, esas situaciones, y en un formato literario que tenía la potencia de enganchar al gran público». Claves del éxito Con respecto a los detalles que refleja el libro, el periodista destaca el «ambiente interno de las familias» y la descripción del «mundo social que ha apoyado a ETA». Al terminar el manuscrito, Domínguez comprobó lo que ya intuía cuando Aramburu se lo envió: en el relato no había incongruencias. Pero de ahí al éxito... «La clave principal es el buen hacer literario y, además, ha llegado en un momento en que había ganas de saber. La sociedad tenía preguntas y la novela da respuestas. Ha hecho mucho más por la construcción de un relato que las obras sesudas. Es el mejor reflejo de toda una larga etapa de terrorismo. Los personajes son ficticios, pero lo que hay detrás son realidades que han existido. Queda clara la derrota moral del terrorista», reflexiona. En ese sentido, Domínguez tiene claro que «el nacionalismo oficial la ha recibido con frialdad, pero la sociedad la ha acogido de forma muy favorable». Pero, volvamos a marzo de 2016. Unos días antes de que a Aramburu le llegara el comentario de Domínguez, el escritor mandó la novela, por fin, a su editor. «Es un milagro poder leer un manuscrito de esa potencia. Su lectura me sacudió, me provocó una emoción casi sin respiro», recuerda Cerezo. Las tiradas de los libros de Aramburu en Tusquets, donde publicó por primera vez en 1996, solían ser, «siendo optimistas», de 3.000 o 4.000 ejemplares. Pero con «Patria» el editor lo tuvo claro: 20.000 de inicio. «Fue un empeño mío. A él le dejó turulato. Yo tenía clarísimo que iba a ser una novela impactante, pero no tanto. Con haber vendido 40.000 o 50.000 estaría contento», confiesa Cerezo. Se editará en Italia, Francia, Alemania, Holanda, Polonia, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos y Portugal «Patria» salió a la venta el pasado 6 de septiembre y, hasta el 7 de mayo, llevaba vendidos, según Nielsen, 252.512 ejemplares en 18 ediciones. A esa cifra habría que sumar las ventas registradas en las 1.600 librerías que forman parte de Cegal, por lo que estaríamos hablando de unos 300.000 ejemplares. Y, con la Feria del Libro recién comenzada, la campaña de verano a punto de caramelo y la serie de televisión en el horizonte, todo apunta a que superará el medio millón. Unos datos que recuerdan a lo sucedido, en 2001, con «Soldados de Salamina», la novela de Javier Cercas, que también editó Juan Cerezo en Tusquets. Entonces, fue un artículo de Vargas Llosa lo que catapultó la novela de un Cercas que, como Aramburu, llevaba años escribiendo «en silencio». Y que se preparen en el extranjero. Pese a que el autor vasco no tiene agente (es Tusquets quien ejerce como tal), «Patria» se publicará, de momento, en Italia, Francia, Alemania, Holanda, Polonia, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos y Portugal. «Nos han venido a quitar los derechos de las manos y algunos editores han hecho una puja potente. Es una obra eminentemente local y, sin embargo, universal», sentencia Cerezo. Las cifras de «Patria» - 253.000 ejemplares vendidos, hasta el 7 de mayo, desde su publicación (6/9/2016), según Nielsen. - 18 ediciones publicadas. Salió con una tirada inicial de 20.000 ejemplares. - 170.000 ejemplares vendidos en 2017. Es la cifra registrada en las 18 semanas que llevamos de año, lo que supone 10.000 ejemplares vendidos semanalmente. - 18.000 ejemplares vendidos en Sant Jordi. El pasado 23 de abril, se vendieron en Barcelona un total de 52.467 títulos.
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Elísabet Benavent, la tecla azul que mueve a miles de lectoras (Sat, 27 May 2017)
No cuesta encontrar a Elísabet Benavent (Valencia, 1984) en medio de la Feria del libro. La rodea una suerte de aura alegre, que se materializa cada cinco minutos en forma de admiradoras que la felicitan y le piden fotos. También ayuda su pelo azul, que destaca en el mar de cabezas curiosas que navegan por el Paseo de Coches del Retiro (hoy el lago está vacío). «Empecé en diciembre por las puntas, pero al poco me lo teñí entero», recuerda Benavent. Con la literatura le pasó lo mismo: de escribir en los tiempos muertos a dedicarle una media de ocho horas al día. Desde 2013, momento en que nació su primera novela, «Los zapatos de Valeria», Benavent ha publicado 15 obras y ha vendido más de 800.000 ejemplares. Estamos ante una escritora incansable que arrastra miles y miles de seguidoras. Para muestra, una escena. El año pasado, durante la Feria, no bastó una tarde completa para atender a todas sus seguidoras, pero ella se negó a dejarlas sin su momento. «Casi nos cierran el Retiro con nosotros dentro. Acabamos firmando en un banco, de noche, iluminándonos con la linterna de un móvil, muertos de la risa», recuerda. Para prevenir atascos, este año firmará en la carpa principal sus últimas obras: «La magia de ser nosotros» y «La magia de ser Sofía». Mientras caminamos entre las casetas, varias niñas la paran y la saludan. Uno tarda en descubrir que son admiradoras lo que tardan ellas en sacar la cámara: el trato de Benavent es cercano y cariñoso, como si todos esos encuentros fueran pequeñas amistades efímeras. De hecho, algunas de sus primeras seguidoras, las que la conocieron cuando se autopublicaba en Amazon, se han convertido en amigas con las que sale a cenar cuando tiene ocasión. «Tengo una relación muy cercana, pero es que con ellas no podría ser de otra manera» explica, sonriente, la autora. Hablamos en femenino porque su público está compuesto casi exclusivamente por mujeres. «La edad es muy dispar: desde jóvenes de 15 años hasta señoras de 65. Me hace mucha ilusión cuando vienen una madre y una hija que comparten lectura», apunta. No exagera: antes de despedirnos dos amigas de unos cincuenta años le piden una fotografía. Quizá el motivo inconsciente por el que lleva el pelo azul es que un día tuvo miedo de volverse gris, de consumirse en una vida que nunca había imaginado. Fue al terminar de estudiar, cuando consiguió un empleo en el departamento de comunicación de una multinacional. «Empecé a resignarme y todo mi mundo se concentraba en el trabajo. Pero yo quería seguir teniendo cosas fuera de aquel lugar, cosas que me motivaran», recuerda. «No era tan malo, pero… sí. La verdad es que ya se me he olvidado un poco», bromea. Benavent aprovechaba los resquicios de libertad para escribir. «Empecé haciendo historietas para mis amigas y las leíamos los fines de semana. Pero eran cosas más para mí. Esto de escribir era como un sueño imposible», cuenta. A fuerza de teclear, terminó dando forma a una novela: «Los zapatos de Valeria». Sus amigos, a base de insistir, consiguieron leerla. «Fueron ellos los que me buscaron toda la información para autopublicar en Amazon», dice Benavent antes de suspirar. «Pasó todo tan rápido». Tiene razón: fue en septiembre de hace cuatro años, poco antes de empezar a trabajar con la editorial Suma de Letras. Tuvieron que pasar siete novelas hasta que decidió abandonar la monotonía de la oficina por la literatura. Fue en el momento en que su editora le confirmó que era viable. «Me senté con mi marido, hicimos números y me tiré a la piscina», explica. Curiosamente, ahora también trabaja en una oficina. «Empecé escribiendo en casa, pero no había horario de entrada ni de salida y las jornadas laborales se convertían en todo el día» afirma mientras ríe. En otras palabras: salir de casa para trabajar menos. Detrás de su sonrisa imborrable y del tono alegre de sus palabras (habladas, escritas) se esconde una autora seria con una gran disciplina de trabajo. Cada día, al margen de la literatura, intenta dedicar cuatro horas a sus redes sociales, ese lugar donde es famosa bajo el pseudónimo de BetaCoqueta. «En la editorial somos una quinta de autores a la que nos llaman “los nacidos en redes”. Empezamos autopublicando y con nuestros blogs. Eso no se te puede olvidar nunca: tienes que saber de dónde vienes». Las claves del éxito -Autopublicación: En 2013 autoeditó su primera novela en Amazon. Desde entonces, publica con la editorial Suma de Letras, con la que ha vendido más de 800.000 ejemplares. -«Chick lit»: Sus novelas están protagonizadas por mujeres y ofrecen dosis de humor y amor a partes iguales. Es el género de la «chick lit», que tanto éxito tuvo con «El diario de Bridget Jones». -Redes sociales: La autora dedica cuatro horas diarias a atender sus redes sociales, donde sus seguidores se cuentan por decenas de miles. En el espacio virtual es conocida como BetaCoqueta.
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Los libros llamados a triunfar en la Feria del Libro de Madrid (Sat, 27 May 2017)
Portugal es, este año, el país invitado a la 76 edición de la Feria del Libro de Madrid, que el viernes abrió sus puertas en el parque del Retiro. Sin embargo, y pese a los esfuerzos de algunas editoriales, ninguno de los autores del país vecino está llamado a protagonizar la cita literaria por excelencia de nuestro país. Pocas sorpresas nos deparará esta feria en lo que a ventas se refiere, ya que según los datos de Nielsen (la consultora recoge las cifras de todas las grandes cadenas, almacenes y algunas librerías independientes) a los que ha tenido acceso ABC, Fernando Aramburu sigue encabezando, con «Patria» (Tusquets), el «top ten» de libros más demandados en España. Si el año pasado se facturaron 8,2 millones de euros (un 3,5% más que en 2015), el gremio se muestra optimista en la presente edición, dada la carrera de fondo que Aramburu lleva liderando desde que publicara, el 6 de septiembre, la novela que le ha convertido en el escritor más buscado de nuestro país. Dieciocho ediciones y casi 300.000 ejemplares avalan una trayectoria que tuvo su cénit a lo largo del fin de semana de Sant Jordi, cuando «Patria» llegó a vender 18.000 títulos. En los datos registrados por Nielsen hasta el 7 de mayo, el libro publicado por Tusquets se muestra imbatible en el número uno de ventas. Le sigue, de lejos, «Todo esto te daré», la novela con la que Dolores Redondo ganó el último premio Planeta, y cierra el podio Carme Chaparro con «No soy un monstruo» (Espasa), reciente premio Primavera de Novela 2017. Así las cosas, y con las casetas que pueblan el paseo de Coches del Retiro ávidas de lectores, ofrecemos la lista de los libros más vendidos en España. En ella, además de los mencionados Aramburu, Redondo y Chaparro, figuran nombres conocidos como los de Luz Gabás, Albert Espinosa y Carlos Ruiz Zafón; y otros que suenan menos al gran público, como Eva García Sáenz de Urturi o Elísabet Benavent, además de la sorpresa culinaria que llega incluida en el vagón de cola. Veremos si, pasado el 11 de junio, día en el que concluirá la Feria del Libro de Madrid, el ranking se mantiene igual. 1- «Patria», Fernando Aramburu (Tusquets). 2- «Todo esto te daré», Dolores Redondo (Planeta). 3- «No soy un monstruo», Carme Chaparro (Espasa). 4- «Como fuego en el hielo», Luz Gabás (Planeta). 5- «Lo que te diré cuando te vuelva a ver», Albert Espinosa (Grijalbo). 6- «El silencio de la ciudad blanca», Eva García Sáenz de Urturi (Planeta). 7- «Los ritos del agua», Eva García Sáenz de Urturi (Planeta). 8- «El laberinto de los espíritus», Carlos Ruiz Zafón (Planeta). 9- «La magia de ser Sofía», Elísabet Benavent (Suma de Letras). 10- «Sabores de siempre», Karlos Arguiñano (Planeta).
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Cómo disfrutar de la Feria del Libro 2017 con los más pequeños (Sat, 27 May 2017)
Cada año, la Feria del Libro de Madrid ofrece un gran número de actividades para los más pequeños con el objetivo de poder disfrutar de este evento en familia. En esta edición el Pabellón Infantil de la Feria se llama «Contar con Portugal». Allí, se sucederán a lo largo de los días cuentacuentos, talleres y espectáculos. Te contamos los planes más interesantes para este fin de semana. La mañana de este sábado 27 de mayo está marcada por los cuentacuentos. Desde las 11 de la mañana hasta las 2 de la tarde, desfilarán cuatro, entre los que destacan Margarita del Mazo, que leerá «No quiero ser rey» a las 12:00 y Lili cuentacuentos, que interpretará «La vaca Josefina se ha escondido, ¿nos ayudas a encontrarla?». La tarde estará repleta de relatos también. A las 17:00 «Carolo se va» y a las 18:00 «El emocionario del Inspector Drilo». A las 19:30 los niños podrán disfrutar de un taller de ilustración con el que se cerrará la jornada: «Qué fácil es dibujar caras de animales». El domingo 28 de mayo se abre, como no podría ser de otra manera, con otra sesión de cuentos. A las 11:00 Rafael Ordóñez leerá «¿Cómo te como? Y otros cuentos». A las 12:00 se presentará el libro «Vou ao teatro a ver o mundo», un acto en el que participarán el escritor de la obra, Jean-Pierre Sazarrac, su ilustradora, Abigail Ascenso, y el editor, Duarte Azinheira. A las 17:00 André da Loba presentará un espectáculo bajo el título «Pregunta! Exlamación? Punto: Piedra! Papel? Tijeras». A las 18:00 Laura Delgado leerá «Una familia salvaje y otras salvajadas del zorro rojo». Por último, a las 19:30 Sofía Álvarez pondrá voz a las fieras en «Contar Leones».
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Fallece Denis Johnson, el autor de «Hijo de Jesús» (Sat, 27 May 2017)
Denis Johnson ha fallecido este viernes en su casa de Gualala, en California, y deja atrás una obra ingente en novela, poesía, teatro y reportajes periodísticos comandada por una pequeña colección de relatos, «Hijo de Jesús», que le auparon como una de las figuras más importantes de la literatura estadounidense contemporánea. El libro se publicó en 1992, más de dos décadas después de que su primera obra -una colección de poemas- viera la luz, en 1969, cuando él solo tenía 19 años. «Hijo de Jesús» incluye once historias alrededor de la vida marginal de adictos a la droga en la América profunda. Es un libro que adopta un estilo caótico para envolver la vida de sus protagonistas, en un universo dramático y esperado. «Es brutalmente honesto y dolorosamente bello», dijo de él el novelista Nathan Englander. Johnson no era completamente ajeno a ese mundo. En su juventud sufrió adicciones a la droga y al alcohol, lo que dejó de lado buena parte de su producción literaria en su juventud. El propio Johnson dijo que se inspiró en la colección de relatos ‘La caballería roja’, del escritor ruso Isaac Babel, sobre las penurias de la guerra polaco soviética, entre 1919 y 1921. El título «Hijo de Jesús» está tomado de la letra de la canción «Heroin», de la Velvet Underground, y muchos han visto una relación con «El almuerzo desnudo», de William Burroughs, uno de los autores con los que se le compara. También se le entronca con Raymond Carver, que fue su profesor en el taller de literatura de la Universidad de Iowa, en la que estudió. Según John Updike, su estilo poseía «la economía de palabras resplandeciente y el minimalismo agresivo del primer Hemingway». Johnson conoció el éxito de público con ‘Hijo de Jesús’, pero la crítica recibió muy bien su primera novela, «Ángeles», de 1983, escrita poco después de dejar atrás sus adicciones. Entre las numerosas distinciones que obtuvo, ganó el National Book Award con «Árbol de humo», una novela monumental sobre las operaciones de espionaje en la Guerra de Vietnam. El autor conoció ese mundo en primera persona. Nació en 1949 en Múnich, donde su padre estaba destinado como funcionario del Departamento de Estado, con conexiones a la CIA. La carrera de su padre le llevó a vivir en Tokio, Manila y Washington antes de establecerse de forma definitiva en el Oeste de EE.UU. Por ese libro fue finalista del premio Pulitzer, algo que también consiguió con la novela ‘Sueños de tren’. Según «The Washington Post», Johson, de 67 años, ha fallecido por un cáncer de hígado. Tenia planeada la publicación de otra colección de relatos -la primera desde ‘Hijo de Jesús’- para el próximo enero.
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Doña Letizia, en la Feria del Libro: «Tendré que venir por mi cuenta para que me dejen pagar» (Fri, 26 May 2017)
Los Reyes han inaugurado al mediodía de este viernes la Feria del Libro en el Parque del Retiro de Madrid, y lo han hecho acompañados por el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, bajo un sol sofocante, una temperatura de 30 grados y rodeados por una multitud que buscaba desesperadamente una foto, un autógrafo o estrechar la mano con alguno de ellos. Entre el público había muchos turistas, especialmente argentinos, felices de poder ver a los Reyes de España en persona. Don Felipe y Doña Letizia regresaron a su casa con medio centenar de libros de todos los géneros, pero los responsables de las editoriales no les dejaron pagar ninguno. «Tendré que venir por mi cuenta para que me dejen pagar», comentó Doña Letizia a los responsables de la caseta de la editorial SM, donde le rechazaron el billete de 20 euros con el que intentó abonar dos libros. Galería de imágenes Vea la galería completa (6 imágenes) En concreto, se trataba de los libros número cinco y seis de la colección «Los futbolísimos», de Roberto Santiago, una obra de fútbol y misterio que arrasa entre los niños (lleva más de un millón vendidos) y que también los leen la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Esa misma editorial regaló quince libros infantiles a los Reyes para sus hijas, pero Doña Letizia se interesó también por los «Futbolísimos» y consideró que esos volúmenes los debía pagar, pero no pudo. Los dos que se llevó llevaban por título «El misterio del robo imposible» y «El misterio del castillo embrujado». Lo mismo les pasó en la caseta 290, donde los Reyes se interesaron por libros de autores jóvenes españoles, como «Cuaderno de campo», de María Sánchez, o «Nieve antigua», de María Sotomayor, entre otros, pero tampoco les dejaron pagarlos. Allí les esperaban la poeta Elena Medel, ganadora del Premio Princesa de Girona, en representación de la editorial La Bella Varsovia; Cisco Bellabestia, por Aristas Martinez; María Sotomayor, de Harpo Libros, y Marcus Versus, de Ya lo dijo Casimiro Parker. En la caseta de las Paulinas, los Reyes fueron obsequiados con el libro «Recordar siempre mi Primera Comunion», para la Infanta Sofía, y «El libro de los valores para niños» para la Princesa de Asturias. Además, en otra editorial, regalaron a Doña Letizia un libro de meditación para niños. El Rey se mostró interesado por libros de novela histórica, especialmente de romanos, y también por la obra -ojo a la metáfora del título- «Hommo Deus. Breve historia del mañana», del autor israelí Yuval Noah Harari. Tras algo más de una hora recorriendo casetas bajo el sol abrasador, acompañados también por el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, los Reyes se fueron al Palacio de La Zarzuela, donde después ofrecieron un almuerzo al presidente de Portugal. Justo antes de abandonar el Parque del Retiro, Marcelo Rebeló de Sousa afirmó que no era la primera vez que visitaba la Feria del Libro de Madrid, pero sí «es la mejor (visita)», «hay de todo» y «la representación portuguesa es muy buena».
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Leila Slimani, feminismo en vena literaria (Fri, 26 May 2017)
Sus palabras están afiladas por la rebeldía engendrada en una educación liberal dentro de un sistema totalitario. Con un estilo directo al mentón –del que se podría decir que es clásico, de no ser porque ella aún tiene 35 años y va por su segunda novela–, se permite jugar con el lector. Le pone en bandeja una trama para hacer de la misma un delicioso suplicio. Exprimiendo asuntos cotidianos y, por tanto, fácilmente asumibles como propios, martillea la conciencia de su público haciéndole ver que la confortable burbuja en que habita no está a salvo del fortuito roce del destino. Todo ello le corresponde a Leila Slimani (Rabat, 1981), la autora de «Canción dulce» (Cabaret Voltaire), la novela ganadora del prestigioso premio Goncourt 2016 –el equivalente al Cervantes de Francia–. Ahora visita España, donde ya ha agotado tres ediciones en apenas dos meses, para promocionar las 278 páginas que conforman el libro que ha terminado de consolidarla como una de las plumas francesas no ya del futuro, sino del presente más inmediato. La escritora compareció en la Residencia de Francia de Madrid con una sonrisa dibujada con permanente y una idea que rompe, a la manera en que lo hace su literatura, con los moldes que pudiera inspirar su delicada figura. En su última publicación narra una historia real en la que una niñera asesina a los hijos del matrimonio para el que trabaja. «Quiero incomodar moralmente al lector. Por eso escribo directo, para no ponérselo fácil», dejó claro al tomar la palabra. Y lo hace desde el comienzo: le bastan las cuatro primeras páginas para ajustarnos el nudo en la garganta. Estilo Junto con esa capacidad para estremecer, Slimani tiene en su estilo la otra gota de agua de su perfil literario. A la manera en que un boxeador reparte crochés en el ring, la autora marroquí encadena frases cortas, directas y frías para hacer que el libro tiemble en las manos de su lector. «Me gusta esta apariencia sencilla que esconde muchas cosas», aseguró. Se le preguntó por si su pasado como periodista –trabajó en «L'Express» y «Jeune Afrique» y lo dejó porque lo consideraba «un trabajo muy esclavo en el que no se envejece bien»– pudo haber influido en su escritura. «No. Yo escribía reportajes largos en el norte de África. Es una gran escuela. El detalle, las atmósferas... Miras a la gente y te das cuenta de la manera en que te hablan, en que actúan... Aprendes a observar. Te sientas en silencio y convives con él, que es muy importante para contar historias». «Quiero incomodar moralmente al lector. Por eso escribo directo, para no ponérselo fácil» Tanto la que le valió el Goncourt como su primera obra, «Dans le jardin de l’ogre» (2014), tienen como punto central una mujer que lucha contra las pautas del sistema establecido. Si su novela de debut versaba sobre una ninfómana encadenada al sexo furtivo cada vez que su marido se iba a trabajar, la segunda encuentra en el papel de cuidadora asociada a la madre, que debe renunciar a sus aspiraciones profesionales «por el bien de sus hijos», el alma máter de una funesta historia. «Es curioso, porque cuando un autor usa hombres como protagonistas no se le pregunta por qué. Como Almodóvar, el gran cineasta femenino. Da miedo interesarse por la vida interior de las mujeres. Anna Karenina, Madame Bovary... Son mujeres que se transforman en marginales, parias, porque no consiguen hacer el papel que se les ha atribuido, de buenas madres o hijas, que deben cumplir con el guion establecido», explicó. Estado laico Además de por su estruendosa irrupción como autora de novelas, Slimani es conocida por escribir artículos que reivindican la importancia de un Estado laico y al margen de la restricción de libertades individuales como la orientación sexual. Lo sufrió en Marruecos, donde no podía pasear a solas con un hombre por la calle, y donde a dos personas que expresen su homosexualidad se les trata como delincuentes. Pese a ello, rechaza concebir sus libros (al menos los dos que lleva escritos) como elementos válidos para aleccionar. «Lo que aporta corresponde al lector. El escritor nunca debe atribuirle un significado: cobra sentido con la lectura. El libro pertenece a él, no a mí. Cuando lo tiene, es omnipotente». Cuenta que hay mujeres que se han quejado de la angustia que les provocó leer «Canción dulce». Sobre todo, madres. «Aunque te identificas, es una historia excepcional», dijo Slimani, que terminó de escribirlo cuando estaba embarazada. «Es como los cuentos infantiles, que tratan temas horribles. Mira Caperucita...», remató.
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Feria del Libro de Madrid: todo lo que debes saber (Fri, 26 May 2017)

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Cartas de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí: monumento con palabras de amor (Fri, 26 May 2017)
Hablamos de un libro pensado como un «Monumento de amor» que nació de una premonición. Reúne, trenzados en más de 700 cartas (650 inéditas), las vidas y los sentimientos de Juan Ramón Jiménez y su esposa, Zenobia Camprubí, tal y como fueron expresados. Pocos meses después de su primer encuentro el poeta escribe a su amada: «Todos mis arrebatos se han trocado en dulzura. Creí que iba hoy a amanecer loco, y he amanecido como si hubiera esta noche hablado con los ángeles. Quiero que de este amor, único en mi vida, quede algo perdurable, además de mi dolor. ¿Será usted tan buena que quiera permitirme que, sin nombres, claro está, escriba yo un breve libro dulce y espiritual? Irán en él los versos y prosas que le he escrito, y trozos de cartas, los trozos más puros y más altos. Algo levantado y noble, digno del amor que mi corazón le ha dado». La aparición del libro es un acontecimiento editorial. Juan Ramón ya pensaba llamarlo así: «Monumento de amor», incluso escribe una portada para incluir las misivas hasta 1916. Pero pasaron los días, la vida pasó y las palabras se acumularon unas sobre otras, como hojas de otoño. Y sin embargo cobran, con el paso de los años, sentidos diferentes, manuscritas sobre las hojas perdidas que el tiempo ha vuelto a reunir. El matrimonio en Boston durante su luna de miel de poeta recién casado- ABC Un siglo después, el volumen editado por la Residencia de Estudiantes tiene más de 1.300 páginas. Carmen Hernández-Pinzón, sobrina nieta del poeta, reconoce que ha sido un rompecabezas porque muchas cartas estaban sin fecha y se ha tenido que usar la información que narran para datarlas. La estudiosa María Jesús Domínguez Sío ha reunido 702 cartas, 9 tarjetas y 16 notas, plagadas de amores cotidianos, sueños compartidos, deslumbrantes hallazgos, dolor, poemas, confesiones y soledad, mucha soledad, como la que llena los vacíos de todas las vidas. Hay textos que son tesoros escondidos en ellas, como el magnífico poema que reproducimos más abajo. Está escrito en un momento de enfado de Zenobia durante el noviazgo. Pero sin duda vibra en esos versos el desvalimiento del poeta cuando su mujer fallece tres días después de recibir el premio Nobel en 1956. Un mal pretendiente Lo primero que Juan Ramón recuerda de Zenobia es una risa clara, oída a través de una pared, en la pensión Arizpe. Le llega desde la casa de sus vecinos, Arthur y Mildred Byne, marchantes de arte al servicio del fundador de la Hispanic Society, Archer Milton Huntington, entre otros. Pero la risa que resuena aquel febrero de 1913 no tiene rostro todavía... J. R.-¡Me da una pena cuando tengo que cambiar mi letra en los sobres! ¡Si tu madre pudiera desechar esas ideas y me viese como de verdad soy, Zenobia Mía, y como seré siempre!El primer encuentro con Zenobia tendrá lugar -no podía ser de otro modo- en la Residencia de Estudiantes, ya que Giner de los Ríos fue su mentor. «En el preciso momento en el que la ve por primera vez ya sabe que es la elegida», comenta María Jesús Domínguez Sío. ¿Y qué rostro nuevo de Juan Ramón vemos en estas cartas? «Perfiles inusitados: el pretendiente enamorado que despliega todas las artes de la seducción, todas, desde la lírica a la mentira; el novio desdeñado al que cuesta dos años lograr que Zenobia se ablande, en parte por la prohibición familiar debido a su falta de ingresos y posición; el poeta casado y feliz que se entiende a la perfección con una mujer que le complementa, y también el esposo desolado con la pérdida de familiares y la enfermedad de su mujer», añade Domínguez Sío. Z.-Por Dios, Juan Ramón, no vengas. Es Imposible que mamá no te descubriera. ¡Qué disgusto terrible tendríamos! Piensa que ella no tiene nada en el mundo más que yo Uno de los mitos que estas cartas destruyen es la leyenda de Juan Ramón eclipsando el talento literario de Zenobia. Ella, ciertamente, sacrifica su ambición literaria por el poeta, pero lo hace voluntariamente y manteniendo una independencia nada común en aquella época. Esposo moderno Es un esposo moderno. Zenobia viaja sin él y emprende proyectos propios continuamente. Su comercio de exportación de Arte Popular Español, el alquiler de pisos amueblados para diplomáticos extranjeros, escribe cuentos para la editorial Calleja... Y por si esto fuera poco, Juan Ramón le expresa en una carta de 1915: «Me hablas de un modo hoy..., Zenobia: el casamiento a la americana, en el cual el hombre se pasa el día, solo, reventándose, mientras la mujer va y viene y se divierte sin él, no me gusta, te lo digo con el corazón en la mano (pero nunca la imposición, sino el convencimiento). El matrimonio a la española, en el que sucede lo contrario, menos. Un matrimonio de amor verdadero, con ternura, con respeto, con amistad, con pasión, con fidelidad, con fe, en el que mujer y marido participen juntos de las ventajas y desventajas de la vida...» Juan Ramón, ya viudo, en Puerto Rico- ABC Otro rasgo poco reivindicado en Juan Ramón es el agudo sentido del humor que despliega en ocasiones. Cuando Zenobia aún se negaba a la relación sentimental con el poeta, él presionaba con toda su capacidad de persuasión (que era mucha) y no llevaba bien que ella no cediese. Un día le cita a Sem Tob: «Non ay lança que pase/todas las armaduras/nin que tanto traspase/como las escrituras», y añade: «Pero usted, alma mía, es invulnerable como cualquier diputado en Cortes». Crean una alianza entre ambos. Se sienten iguales, se aman iguales, por encima de prohibiciones familiares. Ella le dice poco después: «quiero ser útil para ti, para ayudarte a ser valiente, para no ser una carga y para empujarte siempre para arriba en todo lo que alcancen nuestras almas. Quiero que te refugies en mí contra toda desilusión y contra lo mediocre y mezquino de la vida». Él corresponde: «Los defectillos insignificantes que tú puedas tener me parecen meras gracias y por ellos te quiero tanto como por tus mejores cualidades. Me gustan aunque no me gusten». Portada del libro preparada por Juan Ramón JiménezPor las cartas desfila la familia y también los grandes amigos de la época. Juan Ramón le comenta todo y le consulta todo a su esposa. La mantiene al corriente incluso de los chismes, como de la mezquindad de un comentario de Ortega contra Azorín, o le habla de libros y proyectos en curso. J. R.-Zenobia, vida mía: acabo de saludar al jardín en tu nombre. Buenos días, mi corazón.Llegará poco después el destierro, en diferentes puntos de los Estados Unidos, topónimos asociados a sus libros de poemas, Coral Gables, Riverdale... un mundo algo sombrío, sentido como hostil en muchas cartas, que tanto afecta al poeta que no habla inglés ni quiere aprenderlo y que se marchita hasta que un médico da con la clave: debe volver a algún lugar donde se hable español. Puerto Rico le sanará y le llenará de reconocimientos y satisfacciones... Z -Los dos nos hicimos el uno al otro de nuevo y nuestro amor ha sido mejor en la vejez que nunca Y entonces se instalan «en el otro costado» del mundo hispánico y la obra de Juan Ramón llega a su cumbre. Pero la enfermedad de Zenobia tiñe esta etapa de angustia y de tristeza. Ella acude a operarse de un cáncer en 1951 y no quiere que él la acompañe. Desde el hospital sigue ocupándose de todo e incluso deja cartas escritas para que le lleguen a sus manos diariamente hasta que ella pueda escribir de nuevo. Es un gesto propio de un amor adolescente que revela, una vez más, la profunda preocupación de quien mejor conocía la fragilidad de Juan Ramón. J.R.-Te mando mi triste corazón en un abrazo eterno. Yo soy culpable de todo lo que sufres. ¡Que el doctor haga el milagro por ti, Dios mío! En 1956 el cáncer reaparece y ante la imposibilidad de operarlo Zenobia prepara incluso la llegada de familiares para que atiendan al poeta cuando ella ya no esté. En las cartas de esta etapa a veces reflexionan sobre el camino andado: «Los dos nos hicimos el uno al otro de nuevo y nuestro amor ha sido mejor en la vejez que nunca. Ahora, si quieres vivir para mí, vamos a dedicarnos los dos a ordenar tus papeles lo mejor que podamos», dice ella. Pero la enfermedad vuelve y la salud del poeta también se hace lentamente más frágil. El horizonte es una soledad insoportable. El libro guarda para el final una enorme sorpresa: 41 poemas en su mayor parte inéditos, tan buenos como este Epílogo: «Qué gusto este volver las cosas que viví de novios a nuestra casa de casados: los libros...» Poema inédito Llamo en la noche cóncava, y sólo me responde mi voz, que va de sombra en sombra hasta caer. ¡Mujer, mujer, mujer! No oyes mi voz, mi voz, mi voz, que ahora te nombra, la misma voz de ayer. ¿En dónde estás, en dónde? Mujer, mujer, mujer, mujer. ¿Nunca ya podrá ser? ¿Nunca ya podrá ser? ¡Nunca ya podrá ser!
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El enigmático Luis de Usoz y su colección secreta de libros prohibidos (Thu, 25 May 2017)
Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) contrajo una inestimable deuda cuando escribió su famosa «Historia de los Heterodoxos Españoles» con un enigmático bibliófilo fallecido cuando él apenas contaba con 10 años de edad. El máximo denostador de cualquier tipo de desviación religiosa en España pudo consultar en la Biblioteca Nacional la más importante biblioteca de autores heterodoxos y libros prohibidos que ha existido jamás en España, cuando acababa de ser donada por la viuda de Luis de Usoz en 1873 y antes de los expurgos que ésta sufrió. Desde entonces, la colección de Luis de Usoz ha sido de consulta prioritaria para todo interesado en la introducción y difusión del libro prohibido en la España del siglo XIX o en el estudio de las ideas y principios divergentes de los tradicionalmente enseñados. La Biblioteca Nacional muestra desde hoy en la exposición «La librería secreta de Luis de Usoz (1805-1865)» incunables, manuscritos y libros prohibidos que este coleccionista trajo de forma clandestina desde todos los rincones de Europa, conservó y en algunos casos hasta editó. La librería de Luis de Usoz es la mejor colección de libros prohibidos reunida en la España del siglo XIX pic.twitter.com/VLpl7P49S1— Biblioteca Nacional (@BNE_biblioteca) 25 de mayo de 2017Entre las piezas que se exponen figuran las Biblias traducidas al castellano que no pudieron circular por la Península, entre ellas la Biblia del Oso, folletos de propaganda de Lutero, libros de Calvino y Erasmo, la primera edición de la autobiografía de Blanco White impresa en Londres o los poemas de un esclavo cubano que fueron pieza importante de la propaganda antiesclavista. El riesgo del contrabando y difusión de libros prohibidos le llevaron a buscar un anonimato que lo ha convertido casi en un desconocido. «Usoz se impuso un autoaislamiento por su condición de coleccionista, importador clandestino de libros prohibidos y editor de los mismos, por su estrecha relación con heterodoxos como George Borrow o los cuáqueros ingleses B. B. Wiffen y George W. Alexander y por sus múltiples estratagemas para poder financiar los cuantiosos gastos que generó la formación de la RAE (Colección de Reformistas Antiguos Españoles)», explican los responsables de la exposición. Folletos de propaganda de Lutero, libros de Calvino y Erasmo, la primera edición de la autobiografía de Blanco White... pic.twitter.com/8JpVQVD9vA— Biblioteca Nacional (@BNE_biblioteca) 25 de mayo de 2017Nacido en 1805 en Chuquiraca, en la provincia de las Charcas durante el virreinato del Perú (actualmente en Bolivia), Luis de Usoz era hijo de un magistrado en América que tras terminar su servicio regresó a Madrid con su familia. Alumno de Lista en el Instituto de San Mateo durante el Trienio Liberal, Usoz estudió leyes, pero pronto se dedicó a otras actividades. Se relacionó con escritores de la época, entre los que destaca Serafín Estébanez Calderón, se interesó por el estudio del romancero, una labor que nunca abandonaría, como tampoco la del estudio de las lenguas. Compañero de generación de Larra y Espronceda, Luis de Usoz «es un romántico que consagra su vida a la libertad y focaliza esa idea en la recuperación de los protestantes españoles, con su Colección de Reformistas Antiguos Españoles, su apoyo al antiesclavismo y la recuperación de romances y otros ejemplos de literatura popular», explica la Biblioteca Nacional. Durante sus viajes a Inglaterra en 1841 y en sus estancias en Italia compró muchos libros y posteriormente siguió adquiriendo ejemplares a través de agentes tanto en estos países como en Francia, Alemania y otros puntos de la Europa centro-occidental. Eran libros prohibidos en España por su «heterodoxia», así que Luis Usoz tuvo que ingeniárselas con diversas técnicas para que llegaran a España. Desde ocurrentes medios a los que hubo de recurrir el bibliófilo para colocar en el extranjero el dinero para adquirirlos, a rocambolescas operaciones para introducirlos en el país. Reunió un total de 11.357 volúmenes, entre ellos algunas de las piezas más emblemáticas de la Biblioteca Nacional como la Biblia impresa por Plantino en 1584 y la joya de la imprenta española que fue la Políglota Complutense, impresa en Alcalá entre 1514 y 1517 por Arnao Guillén de Brocar, bajo la dirección del Cardenal Cisneros. Interesado también por el teatro, destacan en su colección los autógrafos de dos autos calderonianos, El Divino Cazador y Llamados y Escogidos, así como un cuantioso fondo de teatro breve, compuesto en gran parte por sainetes sueltos del siglo XIX. Su figura pasó desapercibida durante el siglo XIX, tanto por su falta de interés en la vida pública como por la mala prensa de la que fue objeto. Se decía de él que era «una persona extraña y enigmática». No ha quedado imagen suya. Esta colección sigue constituyendo, en la actualidad, el primer fondo bibliográfico para el estudio de las disidencias religiosas en España pic.twitter.com/m6tlrw74bR— Biblioteca Nacional (@BNE_biblioteca) 25 de mayo de 2017Usoz manifestó siempre el deseo de que sus libros permanecieran en España tras su fallecimiento pues habían sido adquiridos con dinero español. De ahí que en 1873, ocho años después de su muerte, su viuda entregara conforme a su voluntad su colección de libros, documentos y manuscritos a la Biblioteca Nacional. Eugenio de Hartzenbusch entonces director del centro recibió el 3 de octubre de 1873 la carta de cesión de mano de María Sandalia del Acebal, y al día siguiente ya se había remitido la propuesta al ministerio de Fomento, quien la aceptó ese mismo mes. La donante regaló a su vez las estanterías, donde fueron colocados libros y cajas de documentos. Un año después la biblioteca había sido incorporada. «Dicha colección sigue constituyendo, en la actualidad, el primer fondo bibliográfico para el estudio de las disidencias religiosas en España», aseguran desde la Biblioteca Nacional, que rescata del olvido la figura del coleccionista de libros prohibidos más relevante de la España del XIX.
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Antonio Ortuño: «El humor es la manera que otros tienen de llamar a mi punto de vista» (Thu, 25 May 2017)
Un niño de diez años cansado de patear el balón de fútbol decide copiar el Quijote a máquina. No está loco, lucha contra el tedio que trae consigo el largo verano académico. No es pura ficción, es un recuerdo que Antonio Ortuño convirtió en uno de los relatos de su último libro: «La vaga ambición» (Páginas de Espuma). «Entonces la televisión era inmunda, como siempre lo ha sido en México. Afortunadamente había una biblioteca grande en casa», cuenta el escritor, que encontró en la literatura un refugio contra el aburrimiento. «La verdad es que si hubiera sabido hacer cosas divertidas a lo mejor no escribía», bromea. Pero Ortuño se divierte y divierte escribiendo. Su obra tiene mucho de ironía, de cómica amargura, un rasgo que el jurado del V Premio Ribera del Duero valoró mucho a la hora de nombrarlo ganador de su concurso. El humor no es el eje central de «La vaga ambición», pero sí uno de sus ingredientes fundamentales. Convive con la emoción, con la amargura; es un prisma desde el que enfrentarse a la realidad, desde el que abordar el uso del lenguaje. «En mi caso el humor es la manera que otros tienen de llamar a mi punto de vista», resume el autor. Ortuño defiende que la literatura «es una forma de supervivencia, de tratar de encontrar un sentido a las cosas». Su terreno es tan amplio que se niega a centrarse en un género o un registro concreto. En sus anteriores obras trató temas políticos y sociales, sobre todo relacionados con los conflictos de poder. De hecho, ahora está trabajado en una novela sobre la desaparición de personas en México. «Es una de las situaciones sociales más grotescas que se viven en mi país», afirma. «La vaga ambición» se distancia por completo de ese camino y coquetea con la metaliteratura y la autoficción. Desde el mismo título, el libro es un ejercicio de fabulación anclado en la propia vida del literato, que un día se definió durante una mesa redonda como «un vago ambicioso». Bajo ese paraguas, tragicómico de por sí, se construyen los seis relatos que componen el volumen, todos ellos unidos por la figura de su protagonista, el escritor Arturo Murray, trasunto de Ortuño con ecos del Henry Bech de John Updike. El otro elemento cohesionador de los cuentos es su madre, un personaje que apenas participa en la acción de los hechos, pero que con su ausencia marca toda la narración. En ese juego entre realidad y ficción del que nace el libro, el autor deja mucho espacio a la libertad creadora. «En el fondo todo son mentiras, porque aunque hay muchos sucesos personales que están en la base de lodos los cuentos, narrar es manejar el tiempo, cambiar la secuencia de las cosas, distorsionar los hechos, podarlos, dotarlos de sentido», afirma. Hacer memoria, explica, es interpretar el pasado, que nunca se llega a conocer y cambia con el tiempo, como las ambiciones. «Lo más probable es que si volviese a narrar esto en cuatro o cinco años contaría otra cosa, eligiría otros detalles», concluye. Una edición del Quijote- ABC Idolatría por el Quijote No es gratuito que el «El Quijote» asome en el segundo relato de «La vaga ambición», como tampoco lo es que todos los cuentos del volumen estén teñidos por el humor amargo de quien se enfrenta a la realidad armado de lecturas. En la casa de Ortuño había una gran biblioteca, pero si había una novela que destacaba por encima del resto era la de Cervantes, que su abuelo definía como «el libro central del idioma». «Había tal idolatría quijotesca en mi hogar que, en una ocasión, a un pariente que vino a México le pidieron que trajese un juego de mesa que se llamaba “la ruta de Don Quijote”. Jugué yo hasta hartarme», recuerda con una sonrisa en el rostro. «Era una cosa que aplicada a cualquier otra obra literaria habría sido absurda, pero que desde luego me acercó desde muy joven al Quijote», continúa. La primera vez que emprendió su lectura fue en la adolescencia. «Tuve todas las dificultades que puede tener un adolescente para tratar de navegar en la prosa del año del señor 1600. Me costó muchísimo», cuenta. De hecho, pasó tanto tiempo con la lectura, «maltratando» la edición de cuero que tenían en casa, que su madre decidió comprarle una para él: «Empecé a leerlo en una edición y lo terminé en otra». Después, volvería al Quijote varias veces. «Siento que envejezco y lo voy entendiendo más».
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Peter Handke: «El proyecto de Cataluña da miedo» (Tue, 23 May 2017)
Johann Wolfgang von Goethe decía que lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo. Como exhaustivo lector de Goethe que es, Peter Handke (Carintia, 1942) prefiere dejar a un lado el estudio concienzudo de los patrones que rigen su comportamiento para centrarse en disertar sobre las debilidades que moldean la masa social con la que le ha tocado compartir su vida. El pensador, escritor y dramaturgo austríaco, una de las plumas más reconocidas de la literatura alemana, visita España con motivo de su investidura, mañana, como doctor «honoris causa» por la Universidad de Alcalá de Henares. Ayer se personó con cuatro capas de ropa -camiseta, camisa, chaleco y americana- y el termómetro bordeando los 30 grados en su primera cita en Madrid, un simposio en torno a su figura que, de forma paradójica, tuvo lugar en el edificio bautizado con el nombre de la mayor referencia literaria del autor, el Instituto Goethe. El revuelo en torno a su presencia encontraba en los más de 20 años que llevaba sin pisar España para comparecer de manera pública un acicate extra a los reclamos que su discurso suscita. «No tengo nada que decir, por eso escribo», zanjó el autor austríaco en la primera de sus intervenciones, una de las pocas en las que no requirió de un buen puñado de segundos para hallar las palabras adecuadas. La escritura es el eje vertebrador de su vida, hasta el punto de que asegura no tener anhelos más allá de encontrar el ritmo adecuado en su trabajo. «Nunca los he tenido», precisó. Aislado del mundo Handke está casado, pero vive aislado de su mujer y del mundo en una pequeña casa a las afueras de París. Plenamente entregado al estudio de cuanto le rodea, su afición al fútbol –en especial al París Saint-Germain, el equipo del barrio rico de la capital francesa– supone uno de los pocos reductos de civilización más estandarizada que permanecen con vida en su ser. Dentro del negativismo que barnizó sus palabras, como por otra parte lo hace en el grueso de su obra, la literatura fue una de sus dianas más recurrentes. «A veces tengo la sensación de que en la literatura actual solo se escriben novelas policíacas», comentó el pensador, hastiado por el rumbo que están siguiendo los cánones modernos de las letras. Con todo, sigue defendiendo su valor: «Hay una gran diferencia entre escribir y hablar. Escribir es para el mundo, no puede ser hablado». De lo que él escribe destacó cómo sus frases han ido acrecentándose de manera proporcional a sus años. «Lucho contra ello porque es un problema. Tal vez sea la edad. Desconfío de los libros que solo tienen frases cortas. Yo me vuelvo loco. Eso no es leer. En mi caso, me alegro si, tras diez frases, consigo hacer dos cortas», aseveró Handke. Además de su segunda investidura como doctor «honoris causa» (ya lo fue en 2002 en la Universidad de Klagenfurt), que le será concedida mañana por «los servicios prestados a la cultura pública», ha sido nombrado «Visitante Ilustre» de Aranjuez. Handke y España Coincide su estancia en la península con el lanzamiento de su última obra, «Peter Handke y España» (Alianza), una recopilación de textos en los que el autor se acerca a la realidad española con un conocimiento de la misma que pocos literatos han sabido igualar. Su apego al territorio español, que ha recorrido de punta a punta, se vierte en su facilidad para relacionarlo con la historia del país. Entrevistas y escritos de plumas como Enrique Vilas-Matas, Juan Villoro o Ray Loriga, que tratan la figura de Handke, completan la publicación, recientemente puesta a la venta. El escritor dijo sentirse «muy agradecido a España» no solo por los reconocimientos recientes, sino por todo lo que le ha dado cada vez que la ha pisado. Su alma crítica no le permitió mantenerse completamente al margen de comentar la actualidad política española. «En el avión, de camino a Madrid, he estado leyendo sobre el proyecto de Cataluña, y da miedo», dijo Handke, que no supo concretar el porqué. El idioma, en opinión del dramaturgo, es lo único que puede delimitar una marca nacional. «Cada uno es diferente. Tal vez existe una tendencia general hacia la universalización, pero de lo universal surge de la diversidad. Uno de los mayores tesoros de la humanidad es que haya mil y una lenguas». Las palabras del austríaco –«no me interesa» fue su respuesta más habitual cuando se le inquirió por asuntos en liza– destilaban cierta pereza con todo lo que tuviera que ver con el discurrir de los acontecimientos actuales, como si la solución a la que hubiese llegado después de una vida dedicada a meditar fuese que no hay solución para aquello que ya está roto. «La alegría a mi edad es un poco sospechosa», sugirió Handke. Renuncia a internet Cursar Derecho en Graz no hizo sino acrecentar sus ganas de desligarse del academicismo estricto para entregarse a la reflexión y la escritura. Tanto fue así que su trayectoria está cincelada por más de medio centenar de libros, todos ellos escritos a mano. Podría ser ésta la más clara muestra de desapego con todo lo que signifique cierto adherencia a la sociedad del presente -«la gente que es alegre, de entrada me mata los nervios», aseguró- y sus avances, mas no deja de ser otro ladrillo en el muro que lo aísla de la civilización. Su renuncia a tener internet habla con la misma fuerza de una personalidad indómita que renuncia a dejarse contaminar por las tendencias de la modernidad imperante. Cuenta con varios libros cuya trama se desarrolla en España: «En una noche oscura salí de mi casa sosegada», «La pérdida de la imagen», «A través de la Sierra de Gredos», «Don Juan (contado por él mismo)» y «Ayer, de camino», una recopilación de sus viajes por el país que estos días le acoge. En uno de los primeros, en Valencia, asistió a una corrida de toros de la que salió horrorizado y con lágrimas resbalando por sus mejillas. Y a buen seguro que ni de los festejos taurinos podría hacer una afirmación categórica sin al menos tomarse unos minutos para masticar la respuesta. En una época de blancos y negros como la actual, Handke hizo la enésima muestra de rechazo a la corriente establecida al mostrarse «en contra de los superlativos». «Todo es muy relativo. Una mujer muy hermosa se vuelve más hermosa cuando has visto antes a muchas feas».
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Elías Prada Galán: «Hay que asumir lo que la ciencia demuestra, pero sin desdeñar la espiritualidad» (Fri, 19 May 2017)
Un investigador llega a la conclusión de que las reglas que rigen el Universo no son solo matemáticas, sino que las hay también estéticas. Es decir, que melodías como la del «Himno a la alegría» de la Sinfonía nº 9 de Beethoven gustan aquí y a un millón de años luz. Esta teoría le sirve para construir, previa complicada petición de fondos al un tanto cafre jefe del Gobierno, una máquina que nos haga viajar a través de un «agujero de gusano" hasta conectar con una civilización bastante más avanzada y pacífica que la nuestra. La aventura se adorna con un sinfín de argumentaciones y referentes científicos, morales y religiosos de los que se extrae una sorprendente conclusión que reclama la atención de la conciencia del lector. -¿Qué relación existe entre «El piano cuántico», su primer libro, y este «El puente de Einstein-Bethoveen»? -Tardé diez años en escribir «El piano cuántico», aunque es cierto que inicialmente no tenía intención de escribir ningún libro. Simplemente quería poner mis ideas en orden sobre unas preguntas muy famosas (¿quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos?) para las que no había encontrado respuestas convincentes. En mi búsqueda siempre tuve claro que la música debía formar parte de la respuesta. Por ello, en el último capítulo de «El piano cuántico» proponía, quizá de un modo demasiado breve, un experimento basado en la música con el que ayudarnos a responder estas preguntas. Años después de su publicación, sentí –y sigo sintiendo– que la intuición que tuve sobre ello es quizá la idea más brillante –y original- que he tenido jamás. Por ello cuando comencé a escribir «El puente de Einstein Beethoven» (que tampoco tenía previsto escribir) supe desde el principio que el libro debía desarrollar y explicar mejor la idea planteada en el último capítulo de «El piano cuántico». -En ambas obras desarrolla toda una filosofía en la que se mezclan religión y ciencia, y parece que el objetivo es crear una armonía entre ellas ¿Cómo nació ese interés? ¿Fue una búsqueda personal de respuestas? -Sin duda fue una búsqueda personal. Todo se inicia de plantearse si aquello que está escrito en un libro, cualquier libro, es cierto. La religión en la que fui educado, responde a las grandes preguntas antes mencionadas, pero plantea de por sí bastantes dudas como para profundizar en ellas; pero la duda fundamental es muy sencilla ¿por qué el libro con el que me han enseñado es el verdadero y no ese otro o aquél? Eso, si eres una persona muy curiosa como creo que soy, te lleva a interesarse por otros libros, otras religiones y espiritualidades. Evidentemente cuando profundizas en las grandes preguntas, acabas estudiando lo que la ciencia responde a las mismas. La ciencia es un modelo de conocimiento mucho más sólido que la mayoría de las religiones, y sus respuestas ofrecen menos dudas; hay digamos que menos lagunas, y cuando las hay, están perfectamente identificadas y suele trabajarse en su resolución. Pero una vez más la ciencia llega hasta donde llega. Nos lleva hasta el Big Bang pero nada nos dice de por qué y cómo surgió. Creo que todo pasa por tener una visión amplia y no rechazar nada de antemano. Hay que asumir lo que la ciencia demuestra, pero no hay que desdeñar las enseñanzas de la espiritualidad y las religiones, al menos hasta que no nos presenten una ecuación diferencial sobre cómo funciona el amor. Hay un gran debate sobre todo esto, creo que es el debate más importante que existe, y es realmente apasionante. -El arte, y en concreto la música, es el tercer pilar fundamental. ¿Cómo explicaría ese papel protagonista? -La respuesta rápida es decir que la música, un auténtico misterio, un milagro, magia pura (así es como la siento), debe formar parte de la respuesta. Es demasiado importante, demasiado especial para quedarse al margen. La respuesta más profunda es que así como en el ámbito racional la ciencia es la que manda, en el ámbito emocional poco tiene que decir, al menos por ahora. El arte sin duda nos ayuda a responder las grandes preguntas en el contexto emocional y por eso es el tercer pilar a tener en cuenta. De hecho escuchando algunas canciones sientes, aunque no conozcas, las respuestas a las grandes preguntas. «Lo que prima no es el arte sino el entretenimiento; un entretenimiento que dure poco y que haya que renovar constantemente para alimentar las poderosas industrias audiovisuales» -¿Qué autores o libros le han servido de referencia para desarrollar sus teorías? -Aunque también han debido de haber músicos… Quizá en la redacción de «El piano cuántico» el autor que más influyó fue G. I. Gurdjieff, básicamente por sus afirmaciones de que el hombre puede llegar a ser mucho más de lo que normalmente suele ser. P.D. Ouspensky, un filósofo discípulo suyo describe muy bien su pensamiento en sus «Fragmentos de una enseñanza conocida» que toda persona con este tipo de inquietudes creo que debería leer. Para «El puente de Einstein–Beethoven» destacaría a Ken Wilber y en especial su «Breve historia de todas las cosas». En mi opinión Ken Wilber es el pensador actual más sobresaliente, al menos sobre estos oscuros asuntos. Músicos de referencia… muchos. Rock, jazz, clásica. Todo ayuda. -La acción de «El puente de Einstein-Beethoven» se sitúa en un futuro bastante aterrador, siendo en realidad una crítica a los tiempos actuales. ¿Quiso poner pues en evidencia la estulticia del ser humano? -Creo que desde hace unos años se está produciendo un deterioro del mundo del arte, al menos en algunas facetas. Lo que prima no es el arte sino el entretenimiento; un entretenimiento que dure poco y que haya que renovar constantemente para alimentar las poderosas industrias audiovisuales. Algo así como la nicotina o una hamburguesa. Esto ya lo advirtió hace años Hesse en «El luego de los abalorios» cuando habla de la época folletinesca, la cual describe a la perfección lo que está sucediendo. No quiero pensar que existe el «contubernio universal», pero creo que lo que sí es cierto es que todo tiende a que cada vez sea todo más fácil, más atractivo, más entretenido. Podríamos sentarnos a esperar qué novedades se nos ofrecen: la nueva serie, el nuevo juego, la nueva app o el nuevo Big Mac deconstruido con bifidus activo, entretenernos con ellos, disfrutarlos, hasta que sin pasar excesivo tiempo y sin darnos cuenta, nuestros hijos escuchen el golpe seco de una maza con el que sellen nuestra tumba. Creo que es vital darse cuenta de ello y tratar de salir del remolino. Pero no es nada fácil. -¿Cómo surgió la idea tan original de crear un «agujero de gusano» que nos conectara con otra civilización a través de la música? -En el libro planteo un experimento muy sencillo: así como los seres humanos nos emocionamos con la música cambiando nuestro estado mental, la naturaleza también debe emocionarse y cambiar de igual modo con algo que se parezca a la música, algo que tenga una estructura musical. El problema es que nunca he sabido en qué puede consistir el cambio que se produciría en la naturaleza. Un día pensé en el agujero de gusano, pues es algo mágico: nos conecta con lugares remotos del universo, e incluso hay quien dice que con otros universos. Y me pareció una buena idea como medio para que el protagonista viaje a la civilización que va a responder a todas sus preguntas. -La música, es decir, el arte, y el conocimiento, ¿nos hace mejores personas? -Sabemos que Hitler era un gran amante de la música de Wagner… Creo que aquí falta el tercer pilar, la tercera ciencia que propongo en el libro. La primera es la ciencia tal y como todos conocemos, que en el libro se llama ciencia de la verdad. La segunda es la ciencia estética; aquí estaría la música. Y la tercera es la ciencia de la bondad. Pero sí. Sí creo que el arte y el conocimiento nos hacen ser mejores personas, al menos en la mayor parte de los casos.
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Claribel Alegría, «feliz» por ganar el Premio Reina Sofía de Poesía (Thu, 18 May 2017)
A estas alturas de su vida, la de sus 93 prodigiosos años, la escritora Claribel Alegría tiene mejor memoria que oído. No le molesta: se toma los achaques de la edad con un humor que hace honor a su apellido. «Hábleme más fuerte, que estoy sorda», dice entre risas al poco de coger el teléfono para responder a unas preguntas sobre el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana que acaban de concederle. Le ha pasado la llamada su enfermera, la misma que le dio la buena nueva por la mañana, muy temprano, nada más levantarla. «Estaba profundamente dormida, a las cinco de la madrugada, y mi enfermera recibió la noticia. Se esperó un poco porque le dio lástima despertarme, y luego a las seis de la mañana me llamó y me lo dijo», cuenta Alegría con una voz viva con la que después reconoce que el galardón, considerado el Cervantes de la poesía, le había «emocionado muchísimo» y que estaba «feliz por la enorme sorpresa». Es la sexta mujer en recibir este galardón, que en 2012 también premió a una pluma nicaragüense, la de Ernesto Cardenal. El premio, concedido por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, está dotado de 42.000 euros. Nacida en Nicaragua, en sus versos se nota el influjo de la poesía desnuda de Juan Ramón Jiménez, del compromiso de Benedetti, del tono confidente de Robert Graves. A este último lo conoció, junto a Cortázar, en Deyá, un pequeño pueblo de Mallorca. «Como Graves, entiende la poesía como un acto de comunicación», explica el también poeta y crítico Diego Doncel. Comunicación con la gente, abriéndose a lo político y a lo civil, pero también comunicación consigo misma, introspección. «Su poesía es como un susurro, como una confidencia, como un secreto importante contado al oído; tiene por ello un tono sencillo, esencial», continúa Doncel, que la describe como «una poeta del amor». Temática diversa Sin embargo, con más de veinte poemarios a sus espaldas (el primero, «Anillo de silencio», lo escribió en el lejano 1948), ella misma defiende que su «temática es diversa», algo que intentará reflejar en la antología que se publicará con motivo del galardón. Ha escrito mucho sobre el amor, sí, pero los mitos también tienen un lugar privilegiado en su obra, así como los trágicos vaivenes políticos de Centroamérica, que ha llegado a tratar desde el humor y el surrealismo. «Últimamente su obra es un diálogo con la naturaleza. Naturaleza entendida como una parte del cosmos», apunta Doncel. «En este sentido se parece al Juan Ramón final, al trascendente, que también era cósmico», concluye. A estas alturas de su vida, la de sus 93 prodigiosos años, Claribel Alegría no se ha cansado de la escritura. En 2015 publicó su última antología, «Pasos inciertos» (Visor), aunque ella afirma que «fue hace seis meses»: el tiempo se relativiza en las cumbres. Resulta inevitable preguntarle por qué sigue escribiendo, qué es lo que le lleva a coger la pluma una y otra vez. «Todavía no logro entenderlo, pero ya escribo poco», dice antes de despedirse mandando un abrazo.
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La nicaragüense Claribel Alegría, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (Wed, 17 May 2017)
La escritora nicaragüense Claribel Alegría se ha hecho con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberomericana («el Cervantes de la poesía») según el fallo del jurado que se ha hecho público esta mañana. Miembro de la llamada Generación Comprometida y discípula del español Juan Ramón Jiménez, la poeta ha mantenido durante toda su carrera un espíritu reivindicador de la resistencia no violenta contra los regímenes dictatoriales. De izquierda a derecha, el secretario del Jurado, Román Álvarez; el presidente de Patrimonio Nacional, Alfredo Pérez Armiñán; el rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández Ruiperez, Selena Millares y María Ángeles Pérez, que han formado parte del jurado, dan a conocer el fallo del XXVI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, considerado el Cervantes de la poesía- EFE María Ángeles Pérez y Selena Millares, que han formado parte del jurado del premio, han señalado en el acto en el que se ha hecho público el fallo la producción literaria de Claribel Alegría en otros géneros como la narrativa y el ensayo, así como en la traducción. Con su poesía, han destacado, además de luchar contra las dictaduras, las torturas y la injusticia, y a favor de una defensa radical de la libertad, Alegría ha querido también ser testigo de la construcción de la identidad de la mujer. A lo largo de su vida Alegría ha publicado 25 libros de poesía y una decena de novelas. Su primer poemario, «Anillo de silencio», vio la luz en 1948. Hija de un médico de origen nicaragüense y de una madre salvadoreña, Claribel Alegría estudió en Estados Unidos en los años 40, donde contrajo matrimonio con Sarwin J.Flakoll. La pareja mantuvo amistad con figuras destacadas de las letras hispanoamericanas como Juan Rulfo, Julio Cortázar, Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa, entre otros. El premio, que celebra este año su edición número 26, está dotado con 42.000 euros y la publicación de un poemario antológico de la obra de la galardonada. Alegría, de 93 años, ha sido elegida entre los 71 candidatos que concurrían al premio, que tiene como objetivo reconocer el conjunto de la obra de un autor que por su valor literario constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España. Entre los galardonados en las ediciones más recientes de este Premio Reina Sofía figuran Antonio Colinas (2016), Ida Vitale (2015), María Victoria Atencia (2014), Nuno Júdice (2013), Ernesto Cardenal (2012), Fina García Marruz (2011), Francisco Brines (2010), José Emilio Pacheco (2009), Pablo García Baena (2008), Blanca Varela (2007), Antonio Gamoneda (2006), Juan Gelman (2005) y José Manuel Caballero Bonald (2004). El premio será entregado por la Reina Sofía durante el último trimestre de este año en una ceremonia en el Palacio Real de Madrid
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Adam Zagajewski: «La ideología limita la libertad y va en contra de la poesía» (Wed, 17 May 2017)
En 1982, Adam Zagajewski (Lwów, Ucrania, 1945) emigró de Polonia a París. Lo hizo por un motivo mucho más romántico que la censura: el amor. Sin embargo, el poeta polaco sí sufrió las embestidas de los recortes de libertades en el régimen comunista. De hecho, al comienzo de su «camino como poeta», combatió la ideología con sus versos, pero «muy pronto» se aburrió de aquella actitud. Para él, la literatura, el arte en esencia, consiste en la defensa de la humanidad, y ahí no hay política que valga. Lo confiesa, recién aterrizado desde Cracovia, en la sede del Instituto Polaco de Cultura, en Madrid. Ni en su rostro ni en sus argumentos hay rastro de cansancio, y sus respuestas son tan lúcidas como su poesía. Le esperan días ajetreados: hoy mantendrá un diálogo con Juan Manuel Bonet, director del Cervantes, con motivo del veinte aniversario de la revista «Sibila» en la Fundación BBVA; y el jueves ofrecerá una lectura de poemas en la Residencia de Estudiantes. Gracias a un artículo publicado en ABC Cultural hace poco más de un año, supimos los problemas que le acarreó la publicación de un poema, en la «Gaceta Wymborcza» que dirige Adam Michnik, en contra del actual Gobierno polaco. ¿Cómo valora la situación que vive su país? Por suerte, en Polonia de momento no tenemos censura. Sí hay división ideológica, también en la prensa. Tras la publicación de ese poema me atacaron de forma anónima, en internet. Personalmente, no me considero perseguido en mi país. En la época comunista, experimenté la censura real y esa no es la situación que tenemos en la actualidad en Polonia. Por supuesto, no pretendo defender lo que está pasando en mi país y el tiempo nos dirá lo que sucederá en el futuro. ¿Se muestra optimista? No puedo predecir lo que va a pasar. Soy crítico con lo que ocurre, no estoy nada contento, no soy partidario de lo que el Gobierno denomina el «buen cambio». Tenemos la perspectiva de unas elecciones y sigue habiendo elementos de juego democrático. Espero que en no mucho tiempo venza la buena democracia. En alguna ocasión ha dicho que lo más interesante del mundo no son los lugares, los países, sino las personas. Y, sin embargo, con la actual deriva parece que las banderas pesan mucho más que la dignidad humana. Existe el riesgo de que en un futuro haya más banderas que personas. Desde mi perspectiva, en mis círculos de amistades de Cracovia, no conozco a ningún partidario del actual Gobierno. En la práctica, las personas siguen siendo más importantes que las banderas. Nació en Lwów (actual Ucrania) y creció en Polonia, pero se marchó a París y, finalmente, terminó en Estados Unidos. Me pregunto cuál es hoy su patria, si es que tiene sentido que sigamos usando ese término. En la actualidad, en Europa asistimos a un renacimiento de los nacionalismos y tenemos dos salidas posibles: la primera es centrarse en la idea de nación, lo cual es peligroso porque la nación remite a las emociones humanas; la segunda sería la basada en la idea de la patria, de lo que es un lugar, una tierra, una región, una ciudad. Con esta última opción me siento muy identificado y, de hecho, Cracovia es mi segunda patria. Ese apego a la ciudad en la que vivimos es algo muy bonito y positivo, y no creo que la UE ni deba ni quiera apartar a las personas de sus pequeñas patrias. En ese sentido, ¿es posible viajar sin moverse de donde uno vive? Por supuesto, es posible. De hecho, yo de joven soñaba con viajar y lo hacía en mi imaginación. Luego he viajado por medio mundo y no puedo ser alguien que sólo viaja en su imaginación. Por supuesto, ha habido muchos artistas que han viajado sin moverse, como Kant. Aunque mi viajes por medio mundo no fueron sólo por el puro placer de viajar, también por motivos económicos, porque necesitaba trabajo. La necesidad de viajar de los artistas es innegable; antiguamente viajaban a Italia y hoy lo hacemos a Estados Unidos. Buenos, Estados Unidos se ha convertido en un destino artística y culturalmente bastante peculiar desde que Donald Trump es presidente. Que haya sido elegido presidente no cambia la situación en ese aspecto, porque el ambiente de las universidades, de los lugares donde se reúnen los intelectuales, no ha cambiado. De hecho, en esos lugares se respira más bien un cierto desprecio hacia Trump. Hace unos años, era impensable imaginar a Putin como aliado de Estados Unidos, o viceversa, y hoy fíjese lo que estamos viviendo. No sabemos cómo evolucionará esa situación, todo es posible. Por cierto, ¿era la poesía su destino vital o todas esas peripecias vitales también contribuyeron? Nadie se convierte en poeta sólo por el hecho de viajar. Entre los alemanes que viajan a la Costa de Sol no hay ni un solo poeta (reímos). Tiene que haber algo anterior, una pasión, una concentración, un interés por la palabra, por la expresión lingüística. Frente al recorte de libertades, hay quien opta por el silencio pero mucha gente usa la poesía, el arte, la literatura, para rebelarse. ¿Merece la pena correr el riesgo? Sí, merece la pena, hay que arriesgarse. Hoy está sucediendo sobre todo en los países africanos; antes eran más los países de América Latina. Esas corrientes de literatura enriquecen la literatura mundial. También, de alguna forma, los escritores perseguidos, que se expresan a través de la literatura arriesgándose, ganan como artistas y en un sentido vital. En Polonia, la situación actual es un poco distinta, porque no tenemos recorte de libertades, sino cierta opresión. ¿La ideología de un autor marca irremediablemente su obra? Estoy pensando en Brecht, Gottfried Benn o Maiakovski, por ejemplo. Esos tres ejemplos son excepciones muy importantes. Otro ejemplo de gran poeta, aunque empapado de ideología comunista, es Neruda. Sin embargo, hay que distinguir entre ideología y filosofía. Cada escritor, cada poeta, tiene su propia filosofía, pero los poetas no son ideólogos. La poesía se opone a la ideología. Escritores como Joyce, como Kafka, o como Proust, no son ideológicos, sino más bien combatieron la idea de la ideología en la poesía. ¿Usted también combate la idea de la ideología a través de su poesía? De joven, combatí la ideología con mi poesía, ese fue el inicio de mi camino como poeta, pero me aburrí muy pronto de esa actitud. Ahora combato la ideología con artículos, con ensayos, pero no con la poesía, salvo en aquel poema que usted ha mencionado al principio de la conversación. La literatura no necesita ideología porque es la defensa de la humanidad. La ideología limita la libertad y, por tanto, va en contra de lo humano y de la poesía. ¿Y cree que somos conscientes, realmente, del poder de la palabra? Hay momentos en los que todos somos conscientes de ese poder, no es algo continuo. Por ejemplo, ante ciertas lecturas o, incluso, con determinadas conversaciones. En esos momentos, sentimos el poder de la palabra. Y, por supuesto, a la hora de escribir, el autor también está convencido del poder de la palabra. No hay poeta que no escriba pensando que ese poema no va a cambiar el mundo. Todos creemos que va a ser así… Pero el mundo es el que es… Sí, sí (lo dice en español). A veces percibimos ese poder de la palabra cuando estamos delante de algunos políticos. Hace poco, tuve una experiencia parecida cuando escuché el discurso de Macron, me pareció que era muy inteligente y convincente. Por supuesto, no quiero comparar a Macron con Rilke (reímos), pero su discurso me llegó muy hondo. Zagajewski, desde la otra Europa POR JUAN MANUEL BONET Nacido en Lvov, la capital de Galitzia, en 1945, aquel mismo año Adam Zagajewski y sus padres perdieron esa ciudad, que le tocó a Ucrania. Establecidos en la localidad antaño alemana de Gliwice, él pronto se convertiría en cracoviense adoptivo, y en aprendiz de filósofo en la Universidad Jagelónica. «Dos ciudades», su primer libro de prosa, cuenta su tránsito de Lvov a Gliwice, mientras «En la belleza ajena» se centra en Cracovia. Dialogar con Zagajewski sobre Europa es hacerlo con el heredero de Milosz y de Herbert, con el hermano espiritual de Brodsky, con el lector de Cioran, Eliade o Celan. Con alguien para quien el primer oxígeno fueron París, la editorial Kultura, Kot Jelenski, el pintor Czapski, y por supuesto ciertas lecturas (Hannah Arendt, Raymond Aron, Camus, Nicola Chiaromonte, Koestler, George Orwell, Simone Weil) que lo afianzaron en el rechazo al totalitarismo. En el universo de Zagajewski ocupan un lugar central no sólo la filosofía o la poesía, sino también Bach, una ciudad imaginaria «construida según los preludios de Chopin», Vermeer y su «pintura de un país donde la policía secreta no existía», Seurat, Morandi… En su museo imaginario cuentan también el románico y sobre todo el gótico franceses, algo que se concreta en su amor por Chartres, Meaux, Bourges, Vézelay, Tournus, Moissac, la abadía de Sénanque… La historia constituye el telón de fondo de la meditación de este poeta errante. Una historia de países de fronteras movedizas, un tiempo que es el de dos guerras mundiales y el de Auschwitz pero también el de Katyn y el del Gulag y el de la siderurgia de Nowa Hutta y sus funestas consecuencias sobre las piedras cracovienses… Frente al mal, que se cebó en esa parte de Europa, la lección de quienes ahondaron en su silencio ejemplar a la contra… Versos los de Zagajewski que privilegian el instante fugitivo, el canto de un mirlo, las campanas, la paz de una biblioteca, los huertos en el corazón del viejo burgo medieval, el pulmón verde de los Planty, la imaginación volando por encima de las murallas, hacia los grandes veleros conradianos… [JUAN MANUEL BONET es director del Instituto Cervantes]
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Lorenzo Silva rescata la gesta de José Aranguren Roldán en su última novela (Wed, 17 May 2017)
A Lorenzo Silva le gustan los personajes en tierra de nadie, aquellos que por seguir su sentido del deber y la justicia sufrieron los estragos de los dos flancos de la guerra y de la Historia. José Aranguren Roldán, el protagonista de su última novela, «Recordarán tu nombre» (Destino), fue uno de ellos. General de Brigada de la Guardia Civil en Barcelona, se negó a colaborar con el alzamiento del 36, resistiendo las amenazas de las fuerzas militares, ateniéndose a las órdenes que recibió por sus tres cadenas de mando. Su decisión, uno de esos «instantes de la Historia donde se dirime y acontece todo», sería fundamental para que la ciudad condal permaneciese en manos de la II República durante la Guerra Civil. Sin embargo, tras ser fusilado el 21 de abril de 1939 por mandato de Franco, su nombre caería en el olvido. «El premio que recibió por intentar ser humano, por intentar ser justo, por intentar ser decente, fue el fusilamiento», resumió el autor durante un encuentro con la prensa. Araguren no solo obtuvo la muerte como respuesta a su comportamiento, sino también la ignorancia por parte de la historia. «Tengo la sensación de que nunca tendrá una calle en Barcelona, ciudad a la que contribuyó a salvar en el 36, pero lo que sí tiene porque eso sí estaba en mi mano es una novela, un homenaje literario, una memoria en forma de relato», explicó Silva. Esa memoria no es otra que la tan necesaria «memoria de la civilización, de las personas que demostraron que ser bárbaro no era imperativo, que era una opción». Frente al recuerdo del desastre y de las atrocidades de la Guerra Civil, Silva encontró en Aranguren un relato ejemplar de alguien que demostró que la integridad siempre fue una posibilidad. «Creo que en buena medida la historia real de nuestro país, y sobre todo la historia real contemporánea de nuestro país, se ve más a través de los derrotados. No digo a través de los bandos, sino de las personas derrotadas, que las hubo además en los dos lados», sentenció el escritor. José Aranguren Roldán, protagonsita de «Recordarán tu nombre»- José A. Cobreros A la hora de contar esta historia, Silva no se «sintió autorizado para fabular». La obra, a lo largo de sus casi quinientas páginas, se nutre exclusivamente de hechos documentados. Sin embargo, el escritor no renunció por ello a la literatura. «Está construida como una novela, con sus técnicas. La narración intenta ser literaria, al final incluso diría que adquiere una dimensión poética que no puede tener un estudio historiográfico», apuntó. Para Silva, escribir esta novela ha sido casi una obligación «moral y literaria». La de Lorenzo Silva es una vida ejemplar e injustamente olvidada, pero también es una de esas historias «que se merece la Literatura». Contó el autor que cuando se enteró de cómo murió el guardia civil, «fusilado sentado porque no se tenía en pie por unas lesiones sufridas en un accidente de coche», no pudo más que empezar a investigar. Además, en una de las primeras fotos que vio de él, reconoció en Aranguren algo que le recordó inmediatamente a su abuelo materno: «el rostro, la mirada, el aire de uno de esos hombres de una pieza». Un hombre, en fin, capaz de decir a sus verdugos momentos antes de morir: «disparad sin temor porque es ya poca la vida que a mí me quitáis».
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