Libros

Horacio Castellanos Moya: «Un hombre que carga un arma es un hombre que tiene miedo» (Tue, 20 Feb 2018)
Horacio Castellanos Moya es un trotamundos que siempre escribe sobre El Salvador. Aunque nació en Tegucigalpa en 1957, sus raíces están allí, en un pasado marcado por la guerra y la violencia. Ese es el barniz de sus novelas, la constante que se repite una y otra vez: el mundo hostil, las heridas que no cicatrizan. Así se ha convertido en una de las voces más poderosas de su generación. En «Moronga» (Literatura Random House) el autor recupera sus temas, pero cambia el escenario. La historia transcurre en Estados Unidos –el país, por cierto, donde Moya reside desde hace más de una década–, aunque sus protagonistas son incapaces de huir de su origen salvadoreño. Ha dicho en más de una ocasión que escribe desde la rabia, pero da la sensación de que este libro es producto del desencanto. Eso lo dije cuando publiqué «El asco». En realidad, como escritor escribo desde muchas emociones y en este libro el pesimismo es muy fuerte. El pesimismo en cuanto a la capacidad de los personajes de superar su pasado. Un pasado marcado por la violencia, la guerra civil, las persecuciones… No se ve que haya manera de que lo superen. Aunque hagan intentos. ¿Lo siente así como experiencia propia, como que su pasado en El Salvador siempre permanece? Como he vivido en varios lugares, y he tenido que enfrentar distintas situaciones para sobrevivir, podría decir que ese pasado está ahí. Ese pasado está ahí pero no me agobia como agobia a mis personajes.Y o repetiría a Proust para explicarlo: no es el mismo hombre el que escribe que el que está aquí sentado hablando. Entonces, ¿se desdobla para escribir? Yo me meto en ese pasado y ese pasado pesa mucho cuando estoy escribiendo. Tengo que identificarme con ello, meterme y hurgar y sacar lo que está ahí. Pero en mi vida cotidiana a veces no me queda ni tiempo para pensar en ello. Da la sensación de que los personajes de «Moronga» no pertenecen a ningún lugar. Tiene que ver con un fenómeno importante: la fusión entre el latinoamericano que viene hacia Estados Unidos con un mundo propio de ideas y valores y que debe integrarse con la nueva realidad. Esta integración no es plácida, está llena de fricciones. En el caso de los dos protagonistas llena de grandes fricciones. No están a gusto donde están pero tampoco están a gusto en su lugar de origen. Siendo un trotamundos, ¿usted se siente así también? Sí. Y además creo que el hecho de que mi literatura esté relacionada de una u otra forma, sin importar dónde suceda, con el mundo de El Salvador es un esfuerzo mío como autor por tener un agarradero con mis raíces. Es un fenómeno de la contemporaneidad: el sentido de identidad se diluye porque el mundo se ha hecho bien pequeño. Además del desarraigo, parece que la otra gran idea del libro es el determinismo, todo eso que pesa en nosotros y que no hemos elegido. Lo resume muy bien uno de los personajes: «Todo en la vida sucede». ¿Lo cree así? Es una idea que está detrás del libro. A los personajes les sucede todo. No existe esa idea racional de que nosotros somos los dueños de nuestra vida y que la vivimos tal y como queremos. Aunque lo creen así, no dejan de sentirse culpables por lo que son, por el producto de sus circunstancias. Es que una idea no modifica una emoción. Uno puede creer que la vida sucede, sí, pero la culpa que siente no se modifica. Ahí vemos la disociación entre lo que es la mente y lo que son las emociones. Los seres humanos siempre vamos peleando con eso. El protagonista siempre lleva el arma en el tobillo… ¿Por qué esa obsesión? El arma simboliza el miedo. Un hombre que carga un arma es un hombre que tiene miedo. ¿Cree que Estados Unidos es un país miedoso? No podría decir el miedo sea el único el motivo por el que tengan armas, pero en buena medida sí. Si tienes tres fusiles en tu casa porque crees que van a robarte es que tienes miedo. El protagonista usa las series como una suerte de anestésico... ¿Pasa así en la realidad? Las series de televisión son un anestésico para él. Es su forma de huir de su consciencia. Y eso es un símbolo de nuestros tiempos. La gente vive obsesionada y ansiosa con cada nueva temporada. En eso, José Zeledón es un personaje muy contemporáneo. ¿Y cómo ve usted este mundo contemporáneo? Tengo mis peros. Diría que hay una exacerbamiento del narcisismo en la población a partir del desarrollo tecnológico en las redes sociales. Todo el mundo se quiere ver, todo el mundo quiere decir algo, todo el mundo quiere ser el más listo, todo el mundo quiere aparentar algo. Es un mundo de apariencias. Es otro mundo. Se están dando cambios en el ser humano de una dimensión que no podemos valorar. El nuevo ser humano: sin vida privada, sin mundo interior, sin sentido del misterio, sin preocupación por lo que significa ser humano. Un tipo que pasa conectado las 24 horas a todo. Es el ser humano que vendrá y que yo ya no veré.
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Un genocidio en el edén de la infancia (Sun, 18 Feb 2018)
«Hace falta que hablemos de nosotros mismos con nuestras propias palabras, no esperar a que sean otros quienes nos cuenten», suelta de pronto Gaël Faye (Buyumbura, Burundi, 1982) con una voz cálida y huidiza; un tono que nada tiene que ver con el rotundo torrente de palabras que borbotean, salpican y explotan en mil pedazos desde las entrañas de «Pili Pili sur un croissant au beurre», disco con el que se estrenó hace cinco años como rapero con galones. Fue precisamente ahí, entre canciones como «Je Par», «A-France» o esa «Petit Pays» de título profético, donde empezó a contarse con sus propias palabras, aunque pronto se dio cuenta de que con cinco minutos de bases minimalistas y rimas aceleradas no tenía suficiente. En realidad, no tenía ni para empezar. «Aquellas canciones eran crónicas autobiográficas, pero tenía la sensación de que no me permitían explicar todo lo que quería. Quería extenderlas, prolongarlas», apunta ahora Faye. Será que, bien pensando, en ninguna canción del mundo cabe una historia como la suya; una historia que le llevó de la Guerra Civil de su Burundi natal al genocidio de Ruanda, donde había nacido su madre, y de ahí a un exilio en Francia, un máster en finanzas y un trabajo en un fondo de inversión de la City londinense. Una historia de violencia y exilio que ha querido recuperar ahora a través de la mirada de un niño en «Pequeño país» (Salamandra), inesperado fenómeno literario en Francia (700.000 ejemplares vendidos y subiendo) con el que Faye intenta reconstruir el paraíso perdido de la infancia. «Al principio sólo quería escribir sobre aquellos años de mi infancia en los que no pasaba nada; sobre esa África que nunca se cuenta y que parece que necesite la violencia para que se le de la palabra», relata. Filtrar la violencia El atentado contra la redacción de la revista «Charlie Hebdo» en enero de 2015, sin embargo, le hizo cambiar de planes. «Influyó mucho en mi escritura. Mis amigos parisinos descubrieron de pronto la violencia en primera persona en su vida cotidiana, así que quise filtrar la violencia en aquel mundo infantil. No puedes ser neutro cuando el mundo que te rodea cambia», sentencia. El de Faye, de padre francés y madre ruandesa, empezó a desmoronarse cuando las tensiones étnicas entre hutus y tutsis desembocaron en una guerra primero y en un atroz genocidio más tarde. «Quería hablar de cómo una guerra destruye la armonía, más aún cuando entra en contacto con el paraíso de un niño. En aquel momento no entendía nada», apunta. Cubierta de «Pequeño país» - ABC Tampoco entiende nada de lo que ocurre Gabriel, protagonista de una novela que suma ya una treintena de traducciones y con la que Faye ganó el premio Goncourt des Lycéens en 2016. «Con Gabriel quería simplemente un personaje que mostrase hasta que punto la guerra no es una cosa banal ni una constante en África, sino una anomalía, un traumatismo. No existe la fatalidad de un África siempre en guerra y siempre con hambrunas; existen historias como en todas partes», apunta. De hecho, insiste Faye, «Pequeño país» no es un libro sobre la guerra ni el genocidio de Ruanda, sino una historia sobre «el paraíso perdido». Un edén infantil que Faye sitúa lejos, muy lejos, del exotismo de postal de los catálogos turísticos. «Existe cierta literatura africana que no me habla a mí, porque ya he vivido ahí. De hecho, nunca conocí el África del baobab, las máscaras y el animismo –explica–. Vivía en una capital, y cualquier niño que crezca en Kigali o en Dakar crece en la globalización. Además, para mí era importante hablar de la clase media, porque es algo que apenas aparecía en la literatura que venía de África». Una voz propia Lo más difícil, añade, fue «desaprender» su manera de escribir canciones para poder zambullirse en sus recuerdos y sensaciones de infancia y dar forma a una novela. «Pasé un mes intentando escribir alguna cosa. Las frases que escribía al principio eran demasiado densas, con demasiado ritmo», explica. La mirada, sin embargo, sigue siendo la misma que recorre «Rythmes et botanique», su último lanzamiento discográfico. «Cuando eres mestizo a nivel cultural y evolucionas en distintos mundos tienes la posibilidad de entenderlos y tener una mirada contrapuntística. Es una mirada que te permite cuestionarlo todo permanentemente», explica. Así, a fuerza de cuestionárselo todo y de cargar con una pesada mochila emocional -«vivo con el genocidio dentro de mí cada día», asegura-, Faye ha acabado por convertirse en portavoz accidental de una generación que no sólo ha de recuperar sus raíces, sino también su voz. «Cada generación tiene que tomar la palabra. Hemos esperado tanto a que los otros nos cuenten… Burundi y Ruanda no tienen tradición literaria: ser artista no es un oficio ahí y eso crea una carencia. Tenemos observadores extranjeros que nos cuentan, pero con sus palabras. Lo que es importante es añadir la propia voz al coro del mundo», señala. Con todo, Faye tampoco quiere ser «prisionero» de su propia historia por lo que, avanza, ya prepara una nueva novela que «no tiene nada que ver con Burundi ni con Ruanda». Literatura criolla y poesía A Gaël Faye no le gustaba leer y, asegura, empezó a escribir por miedo, para poder combatir sus demonios, pero en cuanto entró en contacto con las palabras, algo le sacudió por dentro. «Lo primero que me viene a la cabeza es la poesía. Es lo que más me ha influido», asegura. Una huella que se puede rastrear fácilmente en sus composiciones musicales, pero también en una novela repleta de lírica. «La lengua hablada y escrita son distintas», relativiza un autor que también reconoce la impronta de los clásicos franceses en su escritura. «He conservado un gran amor por Camus, Victor Hugo, Céline… También la literatura criolla ha tenido una gran influencia, ya que sus temas se dirigen directamente a mí», explica.
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Las escritoras también beben (Sun, 18 Feb 2018)
Truman Capote tenía la teoría de que todos los literatos necesitaban el alcohol para combatir la página en blanco. Bien lo sabía Scott Fitzgerald, que nos hubiera dejado una obra mucho más extensa si tuviera la misma facilidad para llenar las páginas que la que tenía para vaciar las copas. Hemingway también era un gran bebedor, como Cheever, que se pasó varios años intentando dejarlo, o como Edgar Allan Poe, que nunca lo dejó. La historia está llena de nombres ilustres que tenían la pluma en una mano y la botella en la otra. Y casi todos los que recordamos son hombres. Pero llega el momento en el que las escritoras, además de una habitación, necesitan un cóctel propio. Al menos eso pensaron hace un tiempo Laura Becherer y Cameo Marlatt mientras se tomaban su whisky reglamentario –a saber, el de después de clase– en su pub favorito de Glasgow (Escocia). Estaban discutiendo sobre su última lectura, «Heroínas», de Kate Zambreno. Se trataba de un ensayo sobre mujeres silenciadas a lo largo de la historia, que entre otras investigaba la figura de Zelda Fitzgerald, siempre a la sombra cruel de Scott. La conversación no tardó en saltar del caso concreto a la tónica general, y así ambas empezaron a enarbolar una lista de mujeres que sufrieron un destino parecido al de Zelda: Mary Shelley, Dorothy Wordsworth, Hope Mirrlees... De anécdota a libro Esta sería una anécdota más si no fuera porque aquella conversación graduada terminó convirtiéndose en un libro: «Un cóctel propio. Combinados para damas letraheridas» (Nórdica). En él, las autoras ofrecen una selección de escritoras para disfrutar, a la vez que le asocian un combinado a cada una de ellas: sabores para recordarlas. Algunas son más célebres y otras menos, pero todas tienen su propia bebida para celebrar su propio talento. Porque el alcohol será masculino, pero la bebida es femenina. «La cultura del alcohol se asocia específicamente con escritores varones, tales como Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald; a las mujeres también se las ha expulsado de ese reino en su conjunto», sentencian Becherer y Marlatt en el prólogo. De eso ya se quejó en su día Marguerite Duras en su obra «Practicalities». «Cuando una mujer bebe es como si un animal o un niño estuvieran bebiendo. El alcoholismo es escandaloso en una mujer, y una mujer alcohólica es rara, es un asunto serio. Es un insulto a lo divino en nuestra naturaleza», escribió la francesa. Hablaba por experiencia propia. Duras tenía predilección por el vino tinto y el coñac, una afición que le dejaba más tiempo ebria que sobria. «Lo sorprendente, cuando miro hacia atrás, es cómo me las arreglé para escribir», llegó a decir en una entrevista. A ella le dedican un cóctel de ron dorado, limonada sin gas y sustituto de absenta: un homenaje que ha de servirse en un vaso corto helado. Dorothy Parker también fue una dipsómana orgullosa, además de la poeta más ácida e irónica de su tiempo. Ni el ultimátum de su médico la reprimió. «Si no deja el alcohol, no durará más de un mes», le espetó. «Promesas, promesas», respondió ella. No iba a cambiar. Ya lo había dicho en su «Balada a los treinta y cinco»: «Esta, no es la canción de una ingenua / Esta, no es una balada de la inocencia / Esta, es la rima de una dama que / siguió sus instintos naturales». En efecto, la dama siguió bebiendo. Para Parker han creado una nueva versión del Manhattan aderezado con pimienta negra, un condimento que «destaca el ingenio de sus ocurrencias y lo punzante de su humor». Convivencia Pero no todas las mujeres que aparecen en el libro tenían predilección por ver el fondo de la copa. De hecho, la selección destaca por su heterogeneidad en tiempo y espacio: conviven en las mismas páginas Emily Dickinson, J. K. Rowling, Simone de Beauvoir o Arundhati Roy, entre otras. El hilo conductor es el homenaje divertido, la anécdota. Ya queda claro desde el principio, ese que protagoniza Zelda Fitzgerald, la mujer que se bebió los felices años veinte. Con su nombre bautizan una mezcla de ginebra, miel, jengibre y zumo de limón; una reinterpretación de un cóctel clásico de la época de la prohibición que ha de beberse siguiendo un sagrado ritual: «Antes de degustarlo, levantemos nuestras copas para honrar a Zelda y a todas aquellas mujeres cuyas identidades han sido absorbidas por las de sus maridos». Genialidad literaria y alcohol Hace apenas unos meses, llegó a las librerías «Alcohol y literatura» (Menoscuarto), donde Javier Barreiro ofrece un panorama sobre la constante y conflictiva relación que los escritores han mantenido con la bebida. De Heródoto a Bukowski, pasando por Poe, Rubén Darío, Alfred Jarry, Neruda, Hemingway, Lowry, Onetti, Dylan Thomas, Juan Benet o Chandler, comparecían en esas páginas escritores –hombres– que lograron armonizar su afición al alcohol con la genialidad literaria, si bien su vida y obra estuvo marcada por los destilados, unos con mejor y otros con peor suerte.
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Francisco Narla gana el primer premio Edhasa Narrativas Históricas (Fri, 16 Feb 2018)
El escritor y piloto gallego Francisco Javier Fernández Vázquez, Francisco Narla en su vertiente puramente literaria, ha obtenido este viernes Premio Edhasa Narrativas Históricas por «Laín. El bastardo», una novela que «atraviesa la convulsa historia de España y de parte del mundo conocido a lo largo del siglo XIII», según el jurado. En la obra, Narla nos relata la historia de Laín, el bastardo de San Paio; la gesta del halconero, una historia de aventuras, conspiraciones y honor sumergida en la época más turbulenta del medioevo europeo, desde la España de Alfonso X el Sabio hasta las lejanas tierras de Mongolia. El presidente del jurado, Santiago Posteguillo, ha destacado en el acto de proclamación y entrega del galardón «la calidad de la escritura y de la trama, y el compromiso de largo aliento». El galardón, dotado con 10.000 euros, nace coincidiendo con el 40 aniversario de la colección Narrativas Históricas de Edhasa, la primera del mercado español dedicada al género histórico de ficción. Francisco Narla (Lugo, 1978) combina su labor de escritor con la de comandante de línea aérea y ha publicado varios relatos, poesía, ensayos técnicos y artículos. En 2009 vio la luz su primera novela «Los lobos del centeno», y desde entonces ha publicado «Caja negra», «Assur», «Ronin» y «Donde aúllan las colinas». Especialmente llamativo es el caso de «Caja negra», novela publicada en 2010 con una trama muy similar a la del trágico «accidente» aéreo que acabó con la vida de 150 personas cuando Andreas Lubitz estrelló el avión en el que iba como copiloto en los Alpes franceses.
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El Booker de Oro premiará al mejor escritor inglés del último medio siglo (Fri, 16 Feb 2018)
El premio Booker, que reconoce anualmente al mejor escritor de habla inglesa que haya publicado en Reino Unido, conmemorará su cincuenta aniversario con un galardón especial, el Booker de Oro, que se entregará a uno de los premiados hasta la fecha. Así lo anunció la fundación Booker en su web, donde se explica que el ganador será votado por el público de entre cinco finalistas, seleccionados por un jurado que podrá elegir una novela de cada década pertinente y se le otorgará el título de autor de ficción más distinguido de los últimos 50 años. «Las mejores obras de ficción son capaces de superar la prueba del tiempo y tener relevancia para los lectores de hoy», explicó la baronesa Helena Kennedy, presidenta de la Fundación Premio Booker, en el comunicado. Entre los candidatos se encuentran desde PH Newby, quien ganó el primer premio en 1969 por «Algo que responder», hasta George Saunders, laureado en 2017 por «Lincoln en el Bardo». Otros de los escritores reconocidos hasta la fecha han sido Julian Barnes, Ian McEwan o Kazuo Ishiguro, quien ganó el último premio Nobel de Literatura. El premio Booker está considerado como uno de los más importantes galardones al mejor libro de ficción en inglés publicado en Reino Unido y se elige anualmente por un panel de jueces entre seis finalistas. En 2005 se creó el Booker Internacional, entregado cada dos años a un escritor de ficción en cualquier idioma cuya obra estuviese disponible en inglés. A partir de 2016 el galardón se otorga de manera anual y ha pasado a reconocer no solo la obra de ficción laureada sino también su traducción, pues tanto autor como traductor comparten el premio a partes iguales
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El escritor Mircea Cartarescu, premio Thomas Mann de Literatura (Wed, 14 Feb 2018)
El escritor Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956) ha sido galardonado con el premio Thomas Mann de Literatura 2018, dotado con 25.000 euros y concedido anualmente de forma conjunta por la Ciudad Hanseática de Lübeck y la Academia Bávara de Bellas Artes de Munich, según ha informado Impedimenta, editorial española del autor. La ceremonia de entrega tendrá lugar en el Teatro de Lübeck el próximo 17 de noviembre. «Durante las últimas cuatro décadas, Mircea Cartarescu se ha convertido en la voz más importante de la literatura rumana, primero a través de sus volúmenes de poesía, luego a través de novelas, cuentos y ensayos», ha resaltado el jurado del premio Thomas Mann. En el fallo se asegura que con su trilogía «desenfrenada y polifónica» «Cegador» «se ha inscrito en la literatura mundial». El jurado ha estado formado por Friedhelm Marx, Michael Krüger, Birte Lipinski, Martin Mosebach, Hans Pleschinski, Gabriele Schopenhauer y Thomas Sprecher. «Acabo de recibir con gran entusiasmo la noticia de que soy el ganador de este premio, uno de los más importantes. Estoy muy agradecido con el jurado, como la Academia Bávara y la Ciudad de Lübeck», ha destacado Cartarescu en su página oficial de Facebook. El proyecto de Cartarescu «Cegador» (1996-2007), una críptica trilogía, será recuperada próximamente por Impedimenta en traducción directa del rumano. El primer volumen, «A la izquierda», será publicado en otoño de 2018 y a este título le seguirán «Cuerpo» y «A la derecha».
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El Salón del Libro de Casablanca censura varios títulos por incluir el mapa del Sáhara (Wed, 14 Feb 2018)
El Salón Internacional de la Edición y el Libro de Casablanca (SIEL), que se celebra hasta el domingo, ha censurado 25 títulos del total de 125.000 que se exhiben en esta 24 edición, la mayoría de ellos por incluir el mapa del Sáhara Occidental separado de Marruecos. El director del Departamento del Libro en el Ministerio marroquí de Comunicación y Cultura, Hasán Uazani, explicó que «la mayor parte» de los libros retirados lo fueron por llevar un mapa «cortado» de Marruecos, mientras que los otros lo fueron por burlarse de alguna de las tres religiones monoteístas o por no respetar los derechos de autor. El libro que más polémica ha creado ha sido un ensayo editado en Egipto sobre la historia de África, por llevar en su portada un mapa del continente con el territorio del Sáhara separado del de Marruecos y con los colores de la bandera de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Las autoridades marroquíes censuran todo tipo de mapas, revistas o libros que contengan mapas donde aparezca el Sáhara Occidental de forma distinta a Marruecos. Uazani explicó que se trata de una medida «rutinaria» y que el filtrado se realiza cada año antes y durante el salón. En la actual edición del SIEL, que continúa hasta el próximo día 18 de este mes, participan 700 editoriales llegadas de 45 países y con Egipto como invitado de honor.
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Ildefonso Falcones niega la acusación de la Fiscalía y afirma que se sustenta en «criterios ilegales» (Wed, 14 Feb 2018)
El escritor Ildefonso Falcones ha dicho que la acusación de la Fiscalía, que pide para él 9 años de prisión por defraudar presuntamente a Hacienda, está sustentada en criterios «ilegales» y ha negado que realizara negocios simulados para no tributar por los beneficios de novelas como «La catedral del mar». La Fiscalía ha solicitado 9 años de cárcel para Falcones por defraudar 1,4 millones de euros a Hacienda entre los años 2009 y 2011, transmitiendo supuestamente los derechos de autor de sus obras a sociedades radicadas fuera de España. En su escrito de acusación, el ministerio público acusa a Falcones, su esposa y su hermano –que presuntamente colaboró también en el fraude fiscal– de tres delitos contra la Hacienda pública perpetrados a través del entramado societario con que cobró las ganancias por sus obras, entre ellas las superventas «La Catedral del Mar». En declaraciones a Efe, el escritor ha atribuido a los actuarios de Hacienda que realizaron el informe y testificaron en el procedimiento la aplicación de un criterio «ilegal» a la hora de imputar los ingresos que obtuvo por los derechos de autor. Falcones ha insistido en que la cesión de los derechos de autor de «La catedral del Mar» que hizo a la sociedad mercantil Bufete Falcones a finales de 2004, un año y cuatro meses antes de que se publicara la novela, no fue un negocio simulado para defraudar a Hacienda la tributación de unos ingresos que en ese momento desconocía «por completo», ya que el libro no había salido aún a la venta y no se había producido ningún rendimiento. Pero además, sostiene el autor, el problema surge cuando se le imputa en el IRPF los rendimientos derivados de la explotación de su obra en cada ejercicio fiscal sin aplicar el criterio de devengo (el momento en el que se venden los libros con independencia de si el autor cobra entonces, los factura o no). En lugar de eso, el escritor sostiene que Hacienda utilizó el criterio de «fecha factura» para cuantificar su deuda tributaria, un sistema que «no existe». «Es un invento. No está en la ley y por tanto es ilegal», ha insistido Falcones. En su opinión, «la Fiscalía lo sabe» porque los propios actuarios «reconocieron que el criterio aplicado no es legal» durante la instrucción: «Y aún así, la Fiscalía sigue acusando. Sigue trabajando sobre la falsedad», ha recalcado el escritor. Así consta en los escritos que su defensa ha presentado ante el Juzgado, al que ha pedido el sobreseimiento de la causa.
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El libro más lujoso del mundo se hundió con el Titanic (Wed, 14 Feb 2018)
También hubo una tragedia artística en el hundimiento del Titanic. Lo dijo de forma exagerada, a modo de boutade, el escritor franco-libanés Amin Maalouf en su novela «Samarcanada»: «Cuando el Titanic se hundió en la noche del 14 de abril de 1912 su víctima más eminente fue un libro». Y qué libro. Y qué joya. Era el libro más lujoso del mundo. Tenemos que remontarnos unos años antes para comprender la historia. A principios del XX, Henry Soltheran estaba obsesionado con la idea de revivir la tradición medieval de las encuadernaciones lujosas. Echaba de menos aquel mimo en libro como objeto, donde se cuidaba hasta el más mínimo detalle. Él quería hacer un libro único, de esos que ya no se encontraban desde hacía siglos. Para ello, llamó a los dos grandes encuadernadores de entonces: George Sutcliffe y Francis Sangorski, que se habían hecho famosos con sus ediciones de lujo. Les dijo desde un primer momento que el dinero no importaba, que hicieran el libro más espectacular del mundo, que no pusieran barreras a su encuadernación. El encargo de Henry Soltheran era claro: hacer el libro más espectacular del mundo Eligieron un libro exótico para encuadernar: el «Rubayat», una recopilación de poemas del siglo XI del poeta persa Omar Jayam. Para cuando se terminó en 1911, este pasó a ser conocido como «El libro maravilla». ¿El motivo? Las más de mil piedras preciosas y semipreciosas que incluían sus páginas, entre las que había rubíes turquesas y esmeraldas. También por las incrustaciones de plata, marfil y ébano. Seguramente, la gente también se maravillaba con las 600 hojas de oro de 22 quilates que incluía la edición. En efecto, el libro era un objeto de lujo, que terminó subastándose en Sotheby’s. Allí lo compró Gabriel Wells, que quiso llevárselo a Estados Unidos. El libro no pudo entrar en el barco que había pensado Wells, que tuvo que esperar al siguiente, un buque con un nombre propio que a nadie se le escapa: Titanic. El resto de la historia no hace falta contarla.
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Mark Twain y Harper Lee, censurados por racistas (Wed, 14 Feb 2018)
Suma y sigue. El distrito escolar de Duluth, en Minnesota (Estados Unidos), ha decidido retirar de sus planes de estudios dos de las más populares novelas de la literatura norteamericana: «Matar a un ruiseñor», de Harper Lee, y «Las aventuras de Hucleberry Finn», de Mark Twain. La razón: que los dos libros contienen «críticas raciales» que podían hacer que los estudiantes «se sintieran humillados o marginados». Los dos libros se mantendrán en las bibliotecas de los centros educativos, pero a partir del curso que viene se retirarán de los planes de estudios. El responsable de Educación de este distrito, Michael Carey, dijo que su Departamento debía velar por todos los estudiantes, y que había otras opciones literarias que «enseñan las mismas lecciones» que las novelas de Lee y Twain sin contener insultos racistas. La clave es la palabra «nigger», término con que se apela despectivamente a los negros, y que desde hace unos años es considerada políticamente incorrecta; tanto en los medios de comunicación como en otras publicaciones se evita en lo posible y se la sustituye por un término eufemístico: «the N-word» (acuñada durante el mediático juicio a O. J. Simpson=. Tanto en «Matar a un ruiseñor» como en «Las aventuras de Huckleberry Finn» se emplea la palabra con frecuencia; concretamente, la novela de Mark Twain la cita más de doscientas veces. Curiosamente, sin embargo, los dos libros son considerados textos antiracistas. Según dijo Carey al periódico local «Bemidji Pioneer», «creemos que podemos enseñar los mismos valores y expectativas con otras novelas que no provoquen humillación y marginación en los estudiantes». Admitió el responsable educativo que no se habían recibido quejas de los estudiantes respecto a los dos libros, pero sí se había creado una «atmósfera incómoda» en las aulas. La medida cuenta con el apoyo de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color, cuyo presidente, Stephan Witherspoon, ha calficado los dos libros citados de «simplemente hirientes»; su lenguaje ha oprimido, añadió, a la gente durante más de dos siglos. En contra de la decisión de las autoridades educativas de Duluth se ha mostrado la Coalición Nacional Contra la Censura, que entiende que el uso repetido de términos racistas en la novela cause incomodidad. «Sin embargo, los problemas de vivir en una sociedad donde las tensiones raciales persisten no se resolverá desterrando del aula obras clásicas de la literatura». Antes al contario, ha dicho un representante de la coalición, «el aula es el lugar donde la historia y el uso destructivo del lenguaje se puede analizar y debatir. Más que ignorar el problema, los educadores deberían crear espacios para el diálogo donde los estudiantes se enfrenten a los vestigios del racismo y de la opresión de la raza negra». El de Duluth no es el primer caso de censura de ambas obras en Estados Unidos. Algo similar sucedió en 2016 en Virginia y un año después en Mississippi.
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Publican un ensayo inédito de Foucault que explora la sexualidad de los padres fundadores de la Iglesia (Tue, 13 Feb 2018)
En 1976 Foucault comenzó un proyecto mastodóntico que buscaba explorar la sexualidad occidental desde la antigua Grecia hasta nuestros días. De aquella «Historia de la sexualidad» se publicaron 3 tomos, pero un cuarto se quedó por el camino, frustrado por la muerte del pensador en 1984 a causa de una complicación derivada del sida. Ahora, 34 años después de su fallecimiento, la mítica editorial Gallimard ha decidido recuperar y publicar aquel proyecto inacabado. Este cuarto volumen lleva por título «Las confesiones de la carne» y aborda las doctrinas elaboradas por los padres fundadores de la iglesia. Aunque este es el volumen número cuatro, en realidad fue el segundo que comenzó a escribir el filósofo. Después de publicar el primer tomo, que era una introducción general al tema titulada «La voluntad del saber», empezó a dar forma a este ensayo. A pesar de que se conservaba este ensayo inconcluso, Foucault nunca quiso que se publicase. Tal y como señala el diario británico «The Guardian», el francés especificó en su testamento que no quería que su obra fuera publicada después de su muerte. En la introducción del libro, el filósofo Frédéric Gros justifica la publicación aludiendo a que «ha pasado el tiempo» y las condiciones son distintas. Además, claro, subraya que la decisión parte de los titulares de los derechos de Foucault. Para algunos estudiosos de la obra de Foucault en este ensayo inconcluso está la clave de toda la serie de la «Historia de la sexualidad». ¿El motivo? Que aborda el tema de cómo el cristianismo reemplazó la noción afrodisíaca del placer que reinaba en la Grecia Antigua por el concepto de carne, una idea vertebradora de su pensamiento.
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José Ovejero: «Vamos a acabar poniendo paños a todos los santos para que no se les vean los huevos» (Tue, 13 Feb 2018)
José Ovejero (Madrid, 1958) es un narrador cruel y un afable conversador. Su literatura, afirma, está pensada para sacudir, para instalarse en la cabeza del lector y cambiarle los muebles de sitio. Todas sus narraciones van en esa dirección, la del puñetazo, y nos presentan vidas deshechas, donde la esperanza brilla, pero por su ausencia. Dice que nunca le haría a sus amigos lo que le hace a sus personajes. Y menos mal. Es esa doble moral la única que explica la sonrisa que se dibuja en su rostro mientras habla de cómo los protagonistas de su último libro de relatos –«Mundo extraño» (Páginas de espuma)– viven en el abismo y reflejan todo lo que nosotros nos empeñamos en ocultar: la soledad, la incomunicación, el miedo, el dolor, la muerte... En fin, nuestras debilidades más humanas. Parece que hay algo que une a todas las historias de «Mundo extraño», una cierta sensación de que algo va a pasar mal. Siempre. Aunque la vida le vaya objetivamente bien al personaje: ¿es así? Sí. Hay una sensación de amenaza por debajo de cada cuento. Y también está la fragilidad de los personajes, esa fragilidad que llevamos dentro, que ocultamos como podemos. Eso se ve muy bien en el cuento del escaparatista, ese hombre de éxito que, en realidad, es de cristal. Es que cuando para constituirte dependes del éxito, de la aceptación y aprobación de los demás, está claro que estás generando un drama. No vas tener esa aprobación siempre, no vas a tener esa mirada del público siempre. El éxito se consume. Necesitas alimentarlo continuamente. Este pobre hombre, que lo que quiere exclusivamente es tener éxito, no puede acabar bien. No es posible. Parece que está definiendo el mundo de las redes sociales... Claro. La red social está expresada metafóricamente en el escaparate, en ese mostrar. Mostrar imágenes, mostrar algo que en el fondo es superficial, que es un decorado. En las redes sociales somos un decorado de nosotros mismos. ¿En qué sentido? Los seres humanos llevamos esa fragilidad dentro y parte de nuestro drama es que mostramos algo hacia el exterior mientras intentamos ocultar lo que hay en el interior. Pero eso acaba saliendo una y otra vez a la luz. En el libro lo reprimido acaba asomando de alguna manera terrible o ridícula. De una manera ridícula y, a veces, divertida. Yo no me pongo a escribir pensando en hacer reír al lector. Tiene que ver con la manera en la que vivo la realidad, con la que miro esos intentos un poco patéticos de ocultar lo que somos. Y suelo poner el ejemplo de los espejos deformantes. Cuando nos miramos ahí nos reímos. ¿Por qué? Porque nos reconocemos. Si aquello fuese algo completamente ajeno no nos haría gracia. Pero de pronto vemos cosas que no veíamos antes, rasgos que al exagerarse en el espejo nos resultan divertidos o tristísimos. Entre eso se mueve mi literatura. Entre lo tristísimo y lo divertido. «Cuando para constituirte dependes del éxito estás generando un drama. El éxito se consume. Necesitas alimentarlo continuamente» En «La ética de la crueldad» afirma que las tres cosas que hace la literatura cruel son dificultar la empatía con los personajes, tambalear las certezas que tiene el hombre y recordarle que todo es efímero, que se va a morir. ¿Tiene que ser incómodo el arte? Uno puede disfrutar un cuadro que no plantee ningún tipo de conflicto, disfrutando solamente de los colores o la composición. Pero ese no es el arte que a mí me interesa. A mí me interesa ese arte que provoca un diálogo confrontativo con el público. Me interesa no solo como escritor, sino también como lector. Me interesa porque me incomoda, me hace pensar quién soy, en qué mundo vivo, en cómo son mis relaciones… Y sí, es más incómodo y a veces no me apetece. A veces prefiero ver un partido de fútbol a leer un libro que me va a poner incómodo. Pero creo que no se puede vivir solamente en el partido de fútbol. Ese arte contradictorio, cruel a veces, lo que hace es enriquecer tu vida. Lo pregunto porque ahora hay una ola que juzga el arte desde lo políticamente correcto, que juzga al escritor por sus personajes, por ejemplo. Yo creo que eso puede llevar a un tremendo empobrecimiento de la experiencia estética. El pretender que los personajes de los libros se comporten como alumnos modélicos es un error. Eso no va hacer un mundo mejor, sino un mundo que oculte eso reprimido que normalmente solo sale a la luz en el arte. Si lo eliminamos de ahí nos vamos a quedar solo con personajes que son todos buena gente, hombres que respetan a las mujeres… No. No tiene sentido. Aunque pueda parecer que el escritor es un mal bicho por decir ciertas cosas a través de sus personajes, creo que hay que dejar que lo diga. Y no solo eso: hay que interesarse sobre por qué lo dice. Y lejos de eso hay quien quiere retirar una obra de Balthus del Metropolitan de Nueva York por mostrar a una adolescente en una posición sensual. Es muy posible que Balthus tuviese tendencias pedófilas. ¿Y qué? Tú tienes perfecto derecho a saltarte toda la obra de Balthus si te muestra cosas que tú no quieres ver. Otra cosa es que tú tengas derecho a prohibírselo a los demás. Vamos a acabar como en la Capilla Sixtina, poniendo paños a todos los santos para que no se les vean los huevos. Yo no critico a alguien por decir que Balthus es misógino. Es una decisión personal. Ahora bien, que tú quieras prohibírselo a los demás me parece preocupante. En este nuevo libro hay varios momentos de crítica social, aunque esta nunca juega un papel central en los relatos. Sí. Me sale de forma espontánea y no lo elimino. Yo no tengo la concepción de la literatura como literatura militante o moralizante de una manera explícita. No tiene por qué serlo. La literatura tiene una función moral, pero es completamente distinta a esa. Yo creo que un escritor, en el fondo, no elige lo que el interesa. Si a mí me interesan esos aspectos, ¿por qué no van a salir en mi literatura? Yo no escribo un cuento para denunciar nada en concreto, pero hay cosas que me molestan del mundo en el que vivo que aparecen en boca de mis personajes. «El pretender que los personajes de los libros se comporten como alumnos modélicos es un error. Eso no va hacer un mundo mejor» Además, usted suele decir que toda literatura es política. Porque la política depende de nuestros juicios sobre el mundo y de nuestra capacidad de acción. Una buena literatura muestra la complejidad de la realidad y transforma nuestra manera de estar en el mundo. A mí me molesta la literatura en la que están claros los buenos y los malos y en la que el lector está siempre del lado de los buenos, porque eso no cuestiona nada. Cuando un libro te obliga a releer tu papel en la realidad, cuando excita tu empatía para con el otro, tiene consecuencias políticas porque tiene consecuencias morales. En ese sentido creo que cualquier buen libro es político. Entonces, ¿no cree en la literatura como una forma de evasión? Quedarse a vivir en los libros es empobrecer tu vida. A parte de toda la experiencia estética, una de las utilidades de la literatura es que te permite expandir tus posibilidades de sentir y de comprender en la vida real. Para mí la literatura es una parte de mi vida, pero no es la fundamental. Yo quiero estar vivo no solo en los personajes, sino también en la calle. En uno de los cuentos, «Los escritores que más me gustan», habla de cómo disfruta la belleza, pero también reconoce que usted no la escribe. Es la paradoja que tenemos la mayoría de los escritores: a veces nos gusta mucho lo que hacen otros pero nosotros necesitamos estar en otro sitio. Uno no elige quién es. A mí hay escritores que me encantan porque son capaces de crear belleza, pero mi belleza tiene a menudo que ver con lo trágico, con lo funesto. ¿Inevitablemente? Siempre me sucede así. Cuando escribí un libro para niños, «El príncipe es un sapo y viceversa», se lo dí a mi editor y me dijo: «Yo no le daría esto a mis hijos». [Ríe] Y a mí me parecía un libro perfecto para chavales. Luego, afortunadamente, otro editor le vio el interés. Y es que yo estaba escribiendo ese cuento feliz y de pronto se me ocurrió un final que no era feliz y trasformaba la belleza en otra cosa... Qué le voy a hacer. Todo escritor tiene limitaciones y yo me he acostumbrado a las mías. Pero es que en las sombras también hay belleza. Claro. Hay belleza hasta en la corrupción. Si nos ponemos muy morbosos en un cuerpo que se corrompe hay colores, hay matices, hay un montón de cosas que pueden ser muy bellas. Esa belleza también me interesa. En mis novelas, por muy brutales que sean, siempre hay momentos de belleza, de ternura, momentos en los que uno podría respirar y quedarse ahí un tiempo. Y en los cuentos sucede también. Momentos... porque la tónica general no es esa. La felicidad, en sus cuentos, dura un instante. No me interesa cuando la belleza o el optimismo o la felicidad se imponen a toda una historia. Creo que es falso. La felicidad es, en el mejor de los casos, una sucesión de ráfagas breves. Por desgracia, nuestra memoria está hecha para recordar mejor el dolor que la felicidad. Es una cuestión importante para la supervivencia: tienes que recordar mejor lo que te duele para sobrevivir. La felicidad es un lujo añadido. Además, la tristeza se puede narrar de forma bella. Como ese momento del libro en el que una mujer se lamenta porque hace meses que no sueña que vuela y su marido, tan diferente a ella, no sabe cómo decirle que él nunca ha soñado con volar. A mí también me parece una escena bella. Como dices, en la tristeza hay belleza. Y eso está en mis libros. Me alegro de que lo reconozcas. «Por desgracia, nuestra memoria está hecha para recordar mejor el dolor que la felicidad. Es un mecanismo de supervivencia» En este sentido, hay otra constante que sobrevuela el libro: las relaciones humanas fatales, de una gran incomunicación, sobre todo en la pareja. Sí… No es una visión de la familia ni de la pareja particularmente alentadora. A menudo me lo preguntan: «¿A usted le va tan mal, ha tenido tan mala suerte?» No. Yo creo que he tenido mucha suerte. En mi nuevo libro de poemas, que escribo desde el punto de vista de una mujer, hay un poema en el que esta se pregunta: «¿Quién soy? ¿La que sale en las fotos o la que sale en los poemas? En los poemas soy siempre una mujer destruida, una mujer triste, una mujer a punto de desaparecer. En las fotografías sonrío, bailo, soy feliz. ¿Con que parte me quedo?» Yo creo que a menudo tendemos a quedarnos con el álbum de fotografías, que es falso. Y a mí me interesa esa otra parte, que también es falsa, pero como es la que se olvida es la que me interesa trabajar. Hay gran variedad de estilos dentro del libro y como escritor ha cultivado el cuento, la poesía, la novela, el ensayo, el teatro… ¿Cómo lleva versatilidad? ¿No tiene miedo de ser demasiado disperso? La verdad es que la llevo con pasión. Con pasión por seguir cultivando distintos géneros. Antes me preocupaba antes ser demasiado disperso. Pensaba que lo que pasaba es que no tenía la suficiente profundidad para seguir trabajando en un solo lugar. Pero me he dado cuenta de que no. Cada vez veo más la coherencia en lo que estoy haciendo. Eso me tranquiliza. Creo que, aunque yo no tenía un plan cuando empecé a escribir, en lo que estoy haciendo hay una coherencia y que el utilizar géneros distintos la subraya. ¿Dónde está esa coherencia? En mi propósito, que es un propósito imposible: contarlo todo. Y contarlo todo significa ser capaz de ver todo y ser capaz de expresarlo todo. Como dice, es imposible. Perfecto. Voy a fracasar en este propósito. Da igual. A veces está bien tener un propósito imposible para ir trabajando en esa dirección. Y para hacer esto necesito distintos géneros. No puedes contarlo todo solo con novelas. Cada género te permite una mirada diferente y unas posibilidades diferentes de expresión. En esa narración de la complejidad del mundo, de la complejidad de nuestras relaciones (individuales, sociales, familiares, políticas, etc.), necesito utilizar distintos géneros. Y así, donde yo creía que había desorden y dispersión, de pronto empieza a aparecer una imagen de conjunto de lo que pretendo. Una imagen a la que le faltan piezas, porque aunque viviese eternamente no conseguiría terminar el puzzle. Y encima me voy a morir.
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Un programa antiplagio detecta la «inspiración» oculta en obras de Shakespeare (Mon, 12 Feb 2018)
El «software» WCopyfind resulta muy útil a los profesores universitarios porque permite detectar posibles plagios en los trabajos de sus alumnos. Dennis McCarthy decidió usarlo en los textos de Shakespeare y llegó, junto a June Schlueter, a una conclusión sorprendente: que el genio británico se había inspirado en un texto inédito durante siglos para escribir once de sus obras. De acuerdo con esta investigación, «El rey Lear», «Macbeth», «Ricardo III» y «Enrique V», entre otras, está basado en un manuscrito titulado «A Brief Discourse of Rebellion and Rebels» («Un Discurso Breve acerca de la Rebelión y los Rebeldes»), escrito a finales del siglo XVI por George North, embajador de Suecia durante el reinado de Isabel I de Inglaterra. Este texto nunca había sido publicado hasta ahora. Ambos especialistas lo han sacado a la luz en un libro en el que explican cómo y dónde Shakespeare se inspiró para sus obras. McCarthy contaba a The New York Times que la obra de North es «una fuente recurrente. Influye en el lenguaje, da forma a las escenas y, hasta cierto punto, incluso influye en la filosofía de sus obras». Este estudioso de Shakespeare explica al periódico americano, asimismo, las correlaciones que han encontrado en el manuscrito y en las obras. En su dedicatoria, por ejemplo, North llama a aquellos que se ven feos a que se esfuercen por convertirse en personas bellas por dentro, desafiando así a la Naturaleza. En su argumento, se apoya en palabras como «proporción», «vidrio», «rasgo», «regular», «deformado», «mundo», «sombra» y «naturaleza». «En el soliloquio de apertura de Ricardo III (''Ahora el invierno de nuestro descontento...'') el tirano jorobado usa las mismas palabras en el mismo orden para llegar justo a la conclusión contraria: que como es feo exteriormente feo actuará como el villano que parece ser». «La gente no se da cuenta de lo extrañas que son esas palabras», afirma McCarthy, «y él las usa una tras otra. Es como un billete de lotería. Es fácil tener uno de los seis números, pero no todos»
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Los cuentos perdidos de Scott Fitzgerald llegan a España (Sun, 11 Feb 2018)
En abril de 1940, Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) confesaba a su esposa Zelda en una carta: «Dios mío, soy un hombre olvidado». Aquel sentimiento de frustración y fracaso le había invadido en la última década. Lejos quedaba la gloria literaria que había alcanzado con «El gran Gatsby» (1925) y «Suave es la noche» (1934). Encaramado a un tren de vida difícil de sostener, tanto material como emocionalmente, el matrimonio Fitzgerald se tambaleaba entre el alcoholismo de él y la frágil salud mental de ella. Las facturas se acumulaban y el autor tuvo que entregarse a una faceta de su oficio que no le satisfacía en exceso: la escritura de relatos para las revistas de la época. Muchas de aquellas historias aparecieron en publicaciones como «Esquire» o «The Saturday Evening Post» –esta podía llegar a pagarle por pieza hasta 4.000 dólares, lo que equivaldría a unos 55.000 actuales–, pero otras muchas quedaron inéditas. Algunas fueron rechazadas directamente por los editores –Scott Fitzgerald, tozudo y orgulloso, se negaba a hacer los cambios que le pedían, ya fuera cortar o reescribir–, otras fueron descartadas por el propio escritor y unas cuantas simplemente se perdieron, traspapeladas en el ingente archivo que fue metódica y obsesivamente conformando hasta su repentina muerte, el 21 de diciembre de 1940, a los 44 años, víctima de un ataque al corazón. Tiempos modernos De aquel material que entonces nunca vio la luz surgen los dieciocho relatos que componen el volumen «Moriría por ti y otros cuentos perdidos» (Anagrama), cuya edición ha corrido a cargo de Anne Margaret Daniel, responsable del archivo del escritor en la Universidad de Princeton, y que llegará a las librerías españolas el próximo 28 de febrero. «Sus herederos me ofrecieron editar estos cuentos. Me proporcionaron copias de algunos, incluido un grupo que fue descubierto entre papeles familiares en 2012. El resto estaba en el archivo de la Universidad o en bibliotecas privadas», recuerda Daniel, en conversación con ABC. En ellos, Scott Fitzgerald despliega todo su talento y, a través de un personalísimo humor, toca temas como el divorcio, el suicidio, la desesperación, el amor, la compasión, la alegría, las relaciones familiares, el desempleo, los efectos del crack del 29... y hasta el negocio editorial. De hecho, el manuscrito del relato que se centra en el sector que Scott Fitzgerald vivió tanto como padeció fue comprado por la Universidad de Yale en 2012 por 194.500 dólares y publicado en marzo del año pasado por la revista «The New Yorker», con gran regocijo por parte de sus lectores, que se relamían ante lo que estaba por llegar. «En los cuentos se muestra como un maduro escritor modernista. Ya estaba lejos de sus tempranos y brillantes años de la era del jazz. Era un hombre que se acercaba a la madurez y escribía en mitad de la Gran Depresión y en un mundo convulso que avanzaba una vez más hacia la guerra. Están escritos desde los tiempos modernos y en respuesta a ellos. Muchos son sombríos, pero en ellos brilla la humanidad de los personajes y de su autor». Calidad En opinión de Daniel, que lleva trabajando con el Archivo de Scott Fitzgerald desde 1996, varias de las historias que ahora aparecen «son tan buenas como cualquier cosa que publicó durante su vida». Pero, si se tiene que decantar por alguna, reconoce que le gusta «especialmente» la que da título al volumen, además de «La pareja», «El IOU» –la mencionada sátira sobre el negocio editorial–, «Cita en el dentista» y «Un saludo a Lucy y Elsie». «Incluso el relato más corto, el fragmento de ‘Día libre del amor’ o los guiones de cine meramente esbozados muestran hermosos momentos y cosas interesantes sobre su escritura y su estilo», aclara. Aunque mucho se ha escrito sobre la peculiar relación que Scott Fitzgerald mantenía con el género breve por excelencia, Daniel defiende que «le gustaba escribir cuentos y, no se equivoque, le gustaba que le pagaran, aunque a veces le molestaba sentir que tenía que hacerlo por dinero». Desencantado con Hollywood, la venta de relatos fue su principal fuente de ingresos desde mediados de 1920 hasta el final de su vida, pero «cuando estaba trabajando en una novela, a menudo basada en ideas o personajes que había probado primero en cuentos cortos, le gustaba concentrarse solo en ella y consideraba que escribir las historias era una distracción». Y queda por plantear la pregunta del millón cuando de inéditos se trata: ¿por qué publicarlo ahora, si su autor no lo hizo en vida? Daniel se muestra tajante al respecto: «Los cuentos de este libro son sus últimas historias cortas completas. Lo sabemos porque Fitzgerald las mencionaba en la correspondencia que mantuvo con su agente, Harold Ober, y con su editor en Scribner, Max Perkins. Gracias a esas cartas pude rastrear su composición, a qué revistas se ofrecieron y en algunos casos vendieron, y por qué no fueron publicadas. El hecho de que él quisiera que se publicaran, o que las ideas para guiones fueran rodadas, es la razón por la que se han publicado ahora». Carta en la que John Dos Passos elogia «Suave es la noche» - UNIVERSIDAD DE PRINCETON Un inmenso legado de cartas, recortes, notas, manuscritos e historias inéditas «Scottie» Fitzgerald Lanahan, la única hija que tuvieron Scott y Zelda, donó el archivo de su padre a la Universidad de Princeton tras una negociación que se prolongó durante una década. «Lo guardaba prácticamente todo, desde cheques a recortes de periódicos y notas garabateadas, además de los manuscritos de todos sus escritos», asegura Anne Margaret Daniel. Eso lo convierte en «uno de los archivos literarios más importantes de Estados Unidos» y en la «mejor herramienta» para investigadores de la obra de Scott Fitzgerald. De hecho, aún queda material inédito: «Hay muchos fragmentos de historias, inacabadas y abandonadas, en el archivo; él no los consideraba relatos y permanecen inéditos, para que puedan ser estudiados». Y quién sabe si algún día publicados...
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El «Beckenbauer del Este» que fue víctima de la Stasi (Sun, 11 Feb 2018)
El 20 de marzo de 1979, el Dynamo de Berlín y el Kaiserslautern disputaban un partido amistoso. El fútbol, usado para atemperar las gélidas relaciones (por no decir nulas) entre las dos Alemanias. Aún tendríamos que esperar diez largos años para que el Muro de la vergüenza cayera. Tiempo suficiente para que la Historia siguiera contándose a través de las vidas anónimas de quienes, en realidad, la protagonizan. Como la del futbolista germano Lutz Eigendorf (1956-1983), cuyo talento en el campo hizo que se le conociera como el «Beckenbauer del este». Aquel 20 de marzo, el defensa hizo un partido discreto, como el resto de sus compañeros del equipo berlinés, presidido por Erich Mielke –entonces jefe de la Stasi– y, por tanto, brazo deportivo del régimen comunista. Lutz Eigendorf, en un partido - ABC En el viaje de vuelta a Berlín, el grupo hizo una parada en la ciudad de Gießen, a orillas del río Lahn. En un «descuido» del cuerpo técnico, Eigendorf cogió un taxi y emprendió camino de regreso a Kaiserslautern, donde esperaba poder incorporarse a las filas del equipo rival. Libertad La huida de la estrella del Dynamo, en busca de libertad y un destino mejor, enfureció a Mielke, hasta el punto de convertir al futbolista en el enemigo número uno del régimen y, por ende, objetivo prioritario de la Stasi. En Berlín, Eigendorf había dejado a su mujer y a su hija de dos años, con la esperanza de que ellas le acompañaran en su nueva vida no mucho tiempo después. Pero el aparato comunista logró que Gabriele, su esposa, terminara renegando de él y casándose de nuevo con otro hombre, que resultó ser agente de la Stasi. Estado en el que quedó el coche de Eigendorf tras el accidente provocado por la Stasi - ABC Hundido en su vida personal y frustrado en su carrera profesional –tras su «deserción», la UEFA le prohibió jugar durante un año y nunca volvió a recuperar su nivel de juego–, el futbolista falleció por las secuelas de un accidente de tráfico, el 5 de marzo de 1983, tras empotrar su coche contra un árbol. Un fatídico suceso del que, según se supo en 2003, tras la desclasificación de los archivos de la Stasi, estuvo el órgano de inteligencia de la RDA. El vehículo en el que viajaba el comando especial encargado de asesinar a Eigendorf se cruzó con él y le dio las luces, haciendo que perdiera el control del coche y se estrellara. El escritor Eduardo Verdú - LUCÍA DE HARO Un relato que demuestra, una vez más, que la realidad supera siempre a la ficción, y que cuando esta se inspira en la vida misma a veces produce historias más poderosas que la propia invención. Es el caso de «Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo» (Plaza & Janés), donde Eduardo Verdú (Madrid, 1974) novela la vida de Lutz Eigendorf. «Llevaba tiempo buscando un tema para una novela, quería que estuviera basada en hechos reales y aquella historia tenía culpa, espías... todos los ingredientes para convertirse en un novelón», cuenta Verdú. Además, el escritor logró, desde el primer momento, «identificarse con el personaje». «A medida que fui documentándome –descubrió la existencia del futbolista en un reportaje de un periódico–, fui aprendiendo todas sus decisiones, llegué a comprenderlo». Pero, ¿cómo es posible que un chaval, de 22 años –«era un crío»–, hiciera aquella locura? Verdú apela «al lado arriesgado y soñador que todos tenemos» y a la necesidad de «soltar compromisos y cadenas». «Su final pudo haberse evitado. Lo que desencadena la decisión de matarlo es una entrevista que Eigendorf da frente al Muro y es considerada por Mielke como un ultraje», remata el autor.
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Santos Juliá gana el premio Umbral al Libro del Año por «Transición» (Thu, 08 Feb 2018)
Santos Juliá (Ferrol, 1940) ha ganado el premio Francisco Umbral al Libro del Año por «Transición. Una política española (1937-2017)» (Galaxia Gutenberg), según ha dado a conocer la Fundación Francisco Umbral, que este año celebra la séptima edición de un galardón dotado con 12.000 euros y una estatua diseñada por Alberto Corazón. Como se ha señalado durante la rueda de prensa, el jurado ha decidido, por unanimidad, otorgar el premio por primera vez a un ensayo, «por la excelencia de un ensayo en el que muestra de manera minuciosa y documentada la larga marcha de la sociedad española hacia la reconciliación, en un espacio dilatado de nuestra historia, que se remonta a 1937». El jurado estaba presidido por Manuel Llorente Machado, redactor jefe de la sección de Cultura de El Mundo, e integrado por: Carlos Aganzo, poeta y director de El Norte de Castilla; Juan Cruz, director adjunto de El País; César Antonio Molina, escritor y ex ministro de Cultura; Fernando R. Lafuente, Secretario de Redacción de la Revista de Occidente; Fanny Rubio, escritora y catedrática de Literatura de la UCM y Santos Sanz Villanueva, crítico y catedrático de Literatura de la UCM. La Fundación Francisco Umbral nació el 12 de enero de 2009 con el objetivo de estudiar, preservar y difundir la obra, tanto periodística como literaria, de este escritor, además de servir a nuestra cultura ayudando en el fomento de las letras y del idioma español. Por todo ello, la Fundación decidió poner en marcha este premio a la creación literaria.
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Luis Goytisolo pasea por «Las afueras» de la novela 60 años después (Thu, 08 Feb 2018)
En 1958, mientras estudiaba con desgana la carrera de Derecho y fantaseaba con seguir los pasos de Conrad y Saint-Exupéry para encontrar una cobertura laboral a sus pulsiones creativas, Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) empezó a nadar contracorriente y se acabó coronando con «Las afueras» , su estreno literario, como ganador de la primera edición del premio Biblioteca Breve. «Seix Barral era entonces la editorial por excelencia, así que la creación de un premio generó una gran expectativa», destaca el editor de Anagrama, Jorge Herralde. Tanto es así que, seis décadas después, Goytisolo reconoce que aquel galardón lo cambió todo. «Para mí lo importante era ser escritor, y aquello me resolvió la vida. Empecé a trabajar como lector para la editorial y pude dejar Derecho», explica. Más tarde llegarían «Las mismas palabras», los días en la cárcel de Carabanchel y, sobre todo, el vuelco narrativo que supuso la monumental «Antagonía», obra magna en la que invirtió nada menos que 17 años, pero fue «Las afueras» el libro con el que el menor de los Goytisolo empezó a amueblar su universo literario. «Fue un ensayo, un inicio del camino», apunta ahora que, sesenta años después de su publicación, Anagrama recupera el estreno de Goytisolo para subrayar la «osadía» de una novela que, destaca Herralde, abrió nuevos caminos para la narrativa española. «Eran los tiempos del realismo social más bien tosco y maniqueo, y el caso de Luis es lo contrario: se muestran las cosas pero no hay retórica», destaca el editor. Con todo, la estructura de «Las afueras», con siete capítulos aparentemente inconexos y unas historias en las que tropiezan personajes de la clase traba-jadora y burgueses, hicieron que la novela llegase rodeada de lo que Goytisolo califica de «algunos equívocos». «Insistían en que era una novela social, pero yo nunca tuve esa idea. No sabía lo que buscaba, y no lo comprendería hasta “Antagonía”», apunta el autor. De ahí que reconozca que se trata de una obra que ha «marginado». «Inicialmente no me satisfacía del todo, aunque sí que encontré una lectura mixta en la que el lector tenía que aportar algo», desvela. Ahora, añade, ha redescubierto «esa sobriedad que es un poco ajena al paso del tiempo» y a la que llegó siguiendo un camino señalizado por los relatos de Ernest Hemingway y la obra de Cesare Pavese, escritor éste último al que el paso del tiempo ha acabado por depreciar notablemente. «Cuando lo releí no me gustó en absoluto», asegura. Lo mismo le ocurrió con «El jarama» de Sánchez-Ferlosio o con su segunda novela, esa «Las mismas palabras» tras la que cambió radicalmente de rumbo. Años más tarde, el también ganador del premio Nacional de las Letras se ajustaría su mejor traje de ensayista aguafiestas para señalar desde las páginas de «Naturaleza de la novela» que la narrativa estaba perdiendo fuelle. Una idea que él mismo se encarga ahora de rebatir recordando que también hubo un tiempo en el que se decía que «el cine iba a acabar con la novela y casi acabará antes el cine que la novela».
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Alejandro Palomas: «Mis libros son políticamente incorrectos porque yo no puedo serlo en la vida real» (Thu, 08 Feb 2018)
Apenas avanza la conversación y ya cuesta distinguir cuándo Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) habla de la literatura y cúando de la vida. En él, en sus libros, todo se funde, pues pone muy pocos filtros entre su realidad y el papel. Lleva cuatro años navegando con los personajes que creó en «Una madre», continuaron en «Un perro» y que ahora llegan a «Un amor» (Destino), su nueva novela, con la que ganó el último premio Nadal. «Es muy fácil relacionarse con ellos; en realidad, lo que yo hago es construir un mundo y ahondar en sus personalidades como lo haría un psicoanalista», explica. Entonces, ¿hay mucho psicoanálisis en su escritura? Hay mucho psicoanálisis en mi vida. No puedo evitar que se refleje. Escribo sin mucho filtro. Siempre he creído que somos lo que hemos sido. Me gusta mucho ir atrás y sacar a la luz de dónde vienen las cosas. Conmigo mismo lo hago mucho. ¿Escribe desde el diván? Nunca lo hago. Mis novelas son el resultado de una buena terapia previa. Pero hay un tono como de confidencia. Yo escribo como para alguien que tengo al lado. Nunca escribo para mí, pero sí para alguien en la intimidad. Y le cuento mis confidencias. Me costaría mucho pensar que escribo para un gran auditorio lleno de gente que me está mirando. ¿Cómo definiría este universo literario que ha creado? Llevo veinte años buscando una etiqueta que todavía no he descubierto. No lo sé. No sé cómo describirlo. Mi forma de describirlo es escribirlo. Escribe una historia muy costumbrista, donde las aventuras están en las pequeñas cosas. No necesito crear grandes construcciones, sino centrarme en lo pequeño, que para mí es lo importante. Unas de las grandes dificultades de un escritor que hace esto es conseguir que lo pequeño se convierta en enorme. De hecho, apenas pasa un día en toda la novela. Y todo ocurre ahí. Me gusta pensar que el tiempo es circular. He estado en la India y hablando con un profesor universitario me decía que en hindi tienen la misma palabra para «mañana» y para «ayer». Viven el tiempo como algo completamente circular, donde básicamente hay movimiento. Yo lo vivo así también. Me asaltan las cosas. Y me asaltan recuerdos de hace muchos años, me asaltan miedos hacia el futuro, convivo con el presente, con heridas del pasado, con cicatrices que se abren… En este mundo, todo gira alrededor de la madre. Supongo que porque es lo más parecido a lo que ocurre en mi vida. Como en el libro, tengo dos hermanas. Y nos movemos en círculos alrededor de nuestra madre. Todas nuestras cámaras están enfocadas ahí. Por otra parte, es más fácil articular una novela alrededor de una mujer con esas características, que es tan libre, que hace tanto el loco, porque así le quito al resto de personajes la obligación de hacer ruido. Es ella la que pone el toque de humor que rebaja el drama. Tiene momentos realmente hilarantes, como cuando confunde el empoderamiento con el empotramiento. Es que yo soy políticamente muy incorrecto. Soy muy tremendo. Pero no puedo ser así en la vida real. Y quiero que mi incorrección quede patente. Y nada mejor que una cándida abuelita de 76 años para que diga todas esas burradas. Porque ya la has perdonado por anticipado, porque sabes que es tan cándida y tan buena… Parece que el humor es su gran virtud, por la que todos la admiran. Es que si te une el sentido del humor con alguien es para siempre. Es el mejor enamoramiento que hay. Para mí la risa es el 90% de la vida. La familia, aquí, parece un refugio, una suerte de desastre compartido. Nunca creí que fuera a decir esto, porque yo era muy desapegado, pero en lo personal para mí es fundamental. Es como un pequeño refugio. Hay mucha empatía. Mucha hermandad. He encontrado en la familia un campo donde no hay minas. Esta escritura tan personal, donde vuelca tanto sus experiencias, ¿afecta mucho a su vida? En mi caso, el precio de la escritura es la soledad. Para crear estos mundos tengo que estar solo. La escritura ocupa mucho espacio en mi vida, porque hay mucho de mí en ella.
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Lobo Antunes desvela que fue víctima de abusos sexuales con solo nueve años (Wed, 07 Feb 2018)
António Lobo Antunes ha desatado la sorpresa en Portugal con sus revelaciones acerca del acoso sexual que sufrió de pequeño, cuando tenía nueve años. Ante un auditorio compuesto por veinte niños de 10 y 11 pertenecientes al Colegio de Salesianos, el eterno candidato portugués al Nobel de Literatura declaró en Lisboa: «El profesor de Moral del Instituto Camoes me tocó las rodillas y subió hacia arriba, por los calzoncillos». «Sus manos me palpaban por debajo de la mesa del pupitre, pero no era agradable porque estaban sudadas y mojadas», prosiguió el escritor antes de dudar un instante porque se dio cuenta de que los asistentes eran muy jóvenes y se mostraban atónitos al escuchar esas palabras. Pero decidió continuar. De hecho, sacó a la luz algunos detalles aún más morbosos, tal vez para concienciar a los chavales sobre unas prácticas que hoy tienen una amplia cobertura mediática. «Un día me quedé estupefacto con una pregunta que me hizo el profesor en voz baja. ‘¿Tienes leche en la pistolita?’, me dijo». Y los menores que allí se encontraban comenzaron a reírse a carcajadas. Lobo Antunes desconocía en aquel contexto a qué se refería el docente y por eso le contó el episodio a su padre, quien «se levantó y salió corriendo». La consecuencia fue que el maestro resultó suspendido en sus funciones y estuvo dos meses sin aparecer por el instituto. «Cuando volvió, no le dejaron enseñar en el aula donde yo estaba. Así se solucionó el problema de la leche en la ‘pistolita’ de una vez por todas», manifestó en tono jocoso mientras se disponía a añadir: «Es extraordinaria la cantidad de cosas inesperadas que nos aguarda en cada esquina, a cada momento, a cada hora». La charla con este artífice de una densa escritura se incluía dentro del ciclo «Escritores en el Palacio de Belém», impulsado por el presidente de la República lusa, Marcelo Rebelo de Sousa, quien le presentó como «un genio» y como «un Nobel sin precisar del Nobel». Recuerdos de infancia La conversación giró en torno a los recuerdos de infancia de Lobo Antunes y, cómo no, alrededor de sus hábitos literarios. «Continúo caminando de misterio en misterio, y los libros son una forma de responder a cada uno de esos misterios. Cuando dejamos de asombrarnos, es porque nos convertimos en viejos. Yo sigo asombrándome con las cosas que pasan en el mundo». Después de publicar su más reciente obra en su país, «Até que as pedras se tornem mais leves que a água», el autor de 75 años explicó: «Escribir es conversar con voces. No veo personas, oigo voces. Se trata de un oficio que requiere paciencia». Del mismo modo, realizó una confesión: solo contaba cinco años cuando escribió su primera novela, plasmada en unos folios que acabó entregando a su madre. Pero la velada con los alumnos de Salesianos todavía deparó una sorpresa más, porque Lobo Antunes cautivó su atención cuando les dijo: «No se olviden de mí. Recen por mi alma pecadora, si fueran creyentes». Han transcurrido solo unas semanas desde que se sinceró con ABC en su domicilio lisboeta de Campolide, cerca de la Plaza de España. «Lo que escribo no sale de mi mente, ni es para curarme de nada, ni pretendo dejar a nadie sin respiración. Quizás escribo porque mi madre me enseñó a leer siendo muy pequeño. Desde entonces, no he dejado de hacerme preguntas y tengo pocas certidumbres», subrayó este admirador de Unamuno y Marsé, a quien le encanta proclamar a los cuatro vientos que nació «en una maternidad de prostitutas en el barrio de Benfica».
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Reeditan la novela de Hardy que escandalizó a la sociedad victoriana con una escena lésbica (Wed, 07 Feb 2018)
El inglés Thomas Hardy (1840-1928) tuvo que publicar su primera novela, «Remedios desesperados» sin firma. ¿El motivo? Su escena lésbica entre la protagonista y otro de los personajes, que suponía «un gran escándalo» para la época. Ahora la editorial Ático reedita el libro en castellano, pero esta vez con su nombre en la cubierta. Hardy, el autor de «Tess d'Uberville», publicó «Remedios desesperados» (1871) y la siguiente, «Bajo el árbol del bosque» (1872) sin firma, pero con las dos siguientes, «Unos ojos azules» (1873) y «Lejos del mundanal ruido» (1874) decidió salir del anonimato y logró un enorme éxito. «Remedios desesperados», su debut en la literatura, es una novela victoriana, en la tradición de Wilkie Collins, en la que hay misterio, suspense, relaciones «ilegítimas», bigamia y asesinatos. Cytherea Graye es una joven venida a menos que se ve obligada a aceptar el puesto de dama de compañía de la extravagante señorita Aldclyffe. Un día descubre que su enamorado, Edward, está prometido con otra y decide casarse con el «oscuro y seductor» Aeneas Manston, nada menos que el hijo ilegítimo de la señorita Aldclyffe. La obra de Hardy, a quien D.H. Lawrence reconocía como su maestro y principal influencia literaria, se caracteriza por la inclusión del determinismo biológico de Charles Da rwin , la filosofía pesimista de Arthur Schopenhauer y «la creencia en la existencia de un mundo en el que el destino de los individuos se ve fatalmente alterado por la suerte», explica la editorial.
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