Libros

La Reina Letizia pasea por una Feria del Libro que cumple 85 años (Fri, 29 May 2026)
La Feria nació en 1933 en el Paseo de Recoletos, duró cuatro ediciones y una guerra la interrumpió. Al volver, en 1944, ya tenía otro nombre y otro dueño institucional. Cuando llegó al Retiro, en 1967, encontró por fin su lugar. Casi noventa años después, nadie discute que este parque y estos libros se pertenecen mutuamente. Este año lo hace entre 366 casetas, 231 autores, y la ya tradicional visita de la Reina Letizia. Esta mañana, como cada año a estas alturas de mayo, el Paseo de Coches del Retiro amaneció con olor a caseta recién montada y lonas tensadas contra el sol. A las once en punto, la monarca recorrió las primeras casetas con ese paso pausado que tienen las personas acostumbradas a recibir tantos libros que una se pregunta si realmente tendrán tanto tiempo para leerlos. Le dieron varios. Los aceptó con una sonrisa, cercana al lema de esta edición: «Leer y reír: dos formas de resistir».   La visita de la Reina, decíamos, es ya parte del ritual. Desde hace más de una década, su recorrido matinal por las casetas inaugura oficialmente el verano literario en la ciudad. Esta mañana, el público más devoto intentaba colarse entre los periodistas para poder cruzar unas palabras con ella. Su primera parada fue en Cervantes y Compañía, donde le esperaban tres libros: 'La grieta', de Rodrigo Gervasi ; 'Cartas', de Maruja Mallo; y 'La doble desaparición de Abril del Pino', de Marina Sanmartín. La segunda parada fue en Ediciones de la Torre, una cincuentenaria cuyo director lleva medio siglo al frente del mismo proyecto artesanal. La Reina quiso saber cómo se resiste. Él le habló del futuro del libro en tres ideas: cuidar al autor; defender al pequeño editor; no renunciar a la calidad. Tres ideas sencillas que se han adaptado a ochenta y cinco años de Feria. La conversación más reveladora llegó en Huerga y Fierro, otros cincuenta años de editorial independiente. Charo Fierro le presentó 'Sonidos de otras lenguas', del Premio Reina Sofía de Poesía, Jaime Siles, y 'Ondina', el poemario de la joven Andrea Bernal por el que la Reina preguntó con gran interés. Entonces llegó la pregunta que nadie esperaba de un acto protocolar: «¿Cómo lleváis que las grandes os cacen?» Fierro no dudó: «Nos sentimos orgullosos. No dejamos de ser el trampolín». La Reina hojeó también algunos títulos de Editorial Periférica: 'La cruz torcida', 'Tú no eres como otras madres', 'Corazón de siete leguas'. El paso se hizo más lento en el Espacio Indómitas, donde distintas editoriales trabajan el fanzine y el libro objeto. Letizia preguntó cómo funcionan, cómo eligen, cómo se hace una edición así. Le mostraron una edición de 'Poeta en Nueva York' con el manuscrito original de Lorca. Lo que ocurre en Madrid durante diecisiete días es difícil de traducir a otras ferias. No es exactamente un mercado, ni exactamente una fiesta, ni exactamente una librería. Es las tres cosas a la vez, extendidas a lo largo de 1.200 metros de parque, con el ruido de los pájaros compitiendo con el de las firmas y las colas. El ejemplo lo encontramos también lejos de la Reina, donde no alcanzaban las cámaras ni vigilaba el protocolo. Una de esas escenas que la Feria regala sin avisar: un lector se paró frente a una caseta con otra edición del mismo Lorca en las manos, esta ilustrada por Ricardo Cavolo . Mientras el librero buscaba una bolsa, el lector empezó a recitar los poemas: los sabía de memoria. En un momento se interrumpió, miró la cubierta, y dijo que se le erizaba la piel. Madrid tiene una relación complicada con el calor. Lo niega hasta que no puede más. Este viernes, con veintiocho grados y un sol que no pedía permiso, la estrategia oficial consistía en dos abanicos, una botella de agua y la convicción colectiva de que todavía es primavera. Las lonas de las casetas ofrecían una sombra generosa a quien supiera encontrarla. Nadie se iba, porque en la Feria del Libro de Madrid el calor es un detalle menor. Un inconveniente, como la cola para que te firme tu autor favorito o el niño que acaba de tirar una torre de novedades, cosas que pasan. Los niños son, junto a los perros y los jubilados con bolsa de tela, el grupo demográfico más fiel de este paseo. Llegan empujados por padres con buenas intenciones y acaban señalando libros con una precisión que desafía cualquier algoritmo de recomendación. Uno, de no más de seis años, se plantó esta mañana frente a una caseta y anunció, con autoridad: «Este.» Era un libro sobre insectos. Sus padres, claro que sí, lo compraron sin rechistar. La Feria ha cambiado, como cambian todas las cosas que duran. Entre las casetas tradicionales han aparecido en los últimos años puestos que ya no se conforman con ser solo librerías: las plataformas venden su subscripción junto a gorras de 'merchandising' de esa serie que ha adaptado aquel otro libro que fue un éxito. Otros han entendido que el lector contemporáneo es también oyente, espectador y alguien que necesita sentarse un momento. El libro, en estos puestos híbridos, comparte espacio sin perder protagonismo. Es una negociación que, de momento, le está saliendo bien. Pero lo que hace única a la Feria es lo que provoca. En ningún otro lugar de Madrid es tan fácil ver a un desconocido recomendar un libro a otro desconocido, ni tan habitual que alguien abra una novela en la primera página, de pie entre las casetas, y no la cierre hasta que el librero le recuerde amablemente que hay más gente esperando. La literatura, aquí, es una excusa para estar juntos pese a los treinta grados. Este año el lema lo dice con humor, que es otra forma de decirlo con seriedad: leer y reír como actos de resistencia. En el Paseo de Coches del Retiro, entre el olor a papel nuevo y el ruido de los pájaros, la resistencia tiene hoy muy buena cara.
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Gospodínov: «Todos los escritores estamos del lado del perdedor, que es el que cuenta historias» (jue, 28 may 2026)
«Nos apretujamos como minotauros en sótanos, que les den...». La frase la dice en la Bulgaria comunista de los años setenta un padre que se queja del problema de la vivienda. La única rebelión contra el partido se puede pronunciar así, por lo bajo y en la cocina. Pero el niño pregunta: «¿Qué es un Minotauro?». El padre le da un libro de mitología. Estamos en plena Guerra Fría y la siguiente pregunta del niño es: «¿El Minotauro es de los nuestros?». Ese pequeño que pasaba el día sólo en el semisótano mientras sus padres trabajaban aprendió a soñar, se identificó desde entonces con el monstruo del laberinto y ya nunca dejó de leer. Hoy es el novelista búlgaro Gueorgui Gospodínov, que acaba de publicar 'Física de la tristeza' (Impedimenta), un libro milagroso, lleno de historias cruzadas, que arranca con un niño capaz de meterse en los recuerdos de los otros. Un viaje mítico por la memoria personal y familiar. Un libro que también se convierte en nuestra historia. —¿Qué representa el mito para usted? —El mito narra historias y tristezas, también personales. Con él inyectamos lo sublime y empiezan a adquirir otros sentidos. Un relato no es algo que sigue al acontecimiento. En cierto modo, la narración es lo que crea el acontecimiento. Sin ella, todo está inacabado o ni siquiera ha sucedido. —¿El mito es algo antiguo o sigue sucediendo? —Mis abuelos, sin una educación, contaban su vida como los mitos. Y para mí lo más importante es esa mezcla de lo cotidiano y de lo sublime. El perro de Ulises es como el perro de mi padre, que lo siguió esperando después de su muerte. —Pero el niño pregunta si el Minotauro es de los nuestros, en un mundo muy polarizado. ¿Los mitos con quién van, el escritor con quién tiene que ir? —Sin duda, es de los nuestros, es de los buenos. En términos actuales tiene una malformación en la cabeza por culpa del pecado de su madre, Parsifae. Ese relato fue lo que le convirtió en monstruo. Si lo mira así, verá que es un acto muy político. —¿Hasta qué punto la literatura es un juego? En el libro incluso sale un toro en una corrida y usted le da voz, voz de Minotauro. ¿Empatiza más con el toro o con el torero? —Cuando en un juego hay muerte, ya no es solo juego. El posmodernismo acaba ahí donde llega la muerte. Y en concreto, a ver: mi empatía va con el toro, porque no veo igualdad de fuerzas. No lidia la naturaleza contra la naturaleza. Uno de los dos va armado. Estoy más del lado del toro. Si lo piensa, todos los escritores están siempre del lado del perdedor. Solo los perdedores narran historias. Los victoriosos escriben 'LA historia', con mayúscula. Y yo me sitúo del lado de las historias. —En muchos capítulos habla de la muerte. La de Héctor en Troya, la de Kennedy en Dallas y también de las muertes de los animales en el matadero. Hay intimidad con la muerte en su narración. —La muerte es un maestro. Las primeras palabras que aprendí a leer fueron aquellas hendidas en las lápidas de los cementerios. Los niños son inmortales, pero saben de la muerte. Mi abuela, con la que viví, a diario, me enseñaba a menudo la ropa negra con la que quería que la vistiéramos una vez muerta. Es decir, la muerte vivía en el armario de mi abuela. Pero la muerte también valida la vida. Esa es su cualidad esencial, física. Valioso es solo aquello que va a morir. Y es por eso que a mí me gustaría hablar de ello: solo merece la pena hablar de aquello que va a morir. Ese conocimiento es muy bonito y creo que hasta cierto punto es salvador. Esto me ayudó luego en 'El jardinero y la muerte'. Esa forma de hacer las paces, de domesticar el pensamiento sobre la muerte. Hasta llegar a la frase favorita de mi padre: «Nada que temer». —La otra cosa que atraviesa el libro es el humor. ¿Es el arma definitiva de los pueblos oprimidos por un partido, por una dictadura o por una prohibición? —El humor es la fuerza de los débiles. En Bulgaria tenemos la autoironía. El título 'Fisica de la tristeza' viene de una encuesta que decía que Bulgaria era el campeón mundial de la tristeza. Me dije, bueno, pues qué bien, somos primeros en algo. Pocas veces ha ocurrido. Y cuando en años siguientes dejamos de ser primeros en tristeza en el mundo, me llevé una cierta decepción. —Cuenta que en la adolescencia, cada vez que besaba a una chica, moría un presidente de la URSS. Podían haberle detenido por espía... —Una vez una lectora en el público dijo: 'disculpe, ¿no podrá seguir besando?', porque tenemos aquí algún que otro líder necesitado de muerte urgente... —¿Qué tiene que hacer el escritor para no convertirse en otra cosa? —Seguir sintiendo empatía por lo que está contando. Al escribir me gusta dar consuelo, o buscarlo. Hay grandes escritores, no voy a citar nombres, que directamente te cogen del pelo y te empujan a la oscuridad. Mire ahora esa mosca que está en esa ventana. ¡Qué ridículos, qué cómicos, qué absurdos debemos parecerle con nuestras quejas constantes! La mosca se muere en tres días. —Y quién ha sido su maestro de empatía para escribir así, ¿algún autor? —Mi abuela fue la maestra de la empatía. Y Chejov. Y Borges. Y muchos poetas. Leo y escribo poesía. Salvatore Quasimodo dice: «Todos están solos sobre el corazón de la tierra/ traspasados por un rayo de sol:/ y de pronto anochece». Después de esas tres líneas no puedes odiar a la humanidad de la misma manera. Dylan Thomas dice que cada poema es una contribución a la realidad. Yo diría que cada historia. Y creo que ni siquiera los recuerdos se pueden dividir en falsos y verdaderos, da igual. —¿Los recuerdos son historias? —Hacen real algo que ha sucedido en la imaginación o en el mundo. Lo convierten, lo validan, lo legitiman. —Tenemos que hablar de la moñiga de búfalo... esa catedral, como dice en la novela. —¿Es cómodo hablar de ello para sus lectores?. —Lo haremos cómodo. Los usos de la boñiga para el dolor de oídos, para los panales... Es un conocimiento ancestral que nuestra generación ha roto. Hemos estudiado en ciudades y no sé si vamos a pagar muy caro haber roto algunos de esos hilos que nos unían con lo que éramos. —Es una pregunta muy seria. Sí, nuestra generación es muy trágica, pero al menos nos damos cuenta de esa rotura, somos el eslabón que se rompe por la tensión entre un pasado que ya no existe y un futuro que no comprendemos. Teníamos que aprender cómo hacer una colmena de abejas con boñiga de búfalo... Gracias a mi padre, yo tengo unos apuntes, las instrucciones. Se convertirán en recuerdo, en historia. Es bueno que yo se lo cuente a mi hija. Para ella, eso ya será pura ficción. —Con suerte se la haremos llegar como si fueran mitos. —Efectivamente. Y podemos pensar que los mitos que conocemos en su momento para otra generación todavía más alejada eran historias reales. Alguna vez fueron conocimiento real. —El mundo se ha puesto muy serio. Demasiado. En Estados Unidos han cancelado al gran humorista Steven Colbert tras una amenaza poco velada de Trump. ¿Qué le parece que es más feliz: asomarse al humor de los demás o a la tristeza de los demás? —Para mí no hay diferencia. Pero si hay algo que los populistas y nacionalistas no pueden soportar es la ironía. También hay que añadir que la ironía por sí sola, desgraciadamente, no basta para sacar a un populista del poder. —Para terminar: el narrador de la empatía, ¿cómo opera con el lector, lo imagina? —Es una conversación continua, incesante. Todos mis libros están abiertos al lector. En plena narración me gusta de repente abrir una pequeña puerta hacia el lector y decir, a ver, estoy narrando, también sufriendo, ¿seguís aquí?, ¿me oís, me entendéis? Y cuando el libro está acabado los lectores vienen y se ponen a contarme sus propias historias. Y surge esa hermosa sensación de que nos conocemos porque entre nosotros hay un libro...
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Siri Hustvedt: «Paul Auster se llevó una parte de mí a la tumba» (mié, 27 may 2026)
La mejor descripción de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) se la debemos, claro, a Paul Auster. Se lo dijo a ella en algún momento de los primeros 2000: «Siri, puede que seas la única persona en el mundo que está suscrita al 'Journal of Consciousness Studies' y a 'Vogue'». Inteligencia y elegancia. Cuando se conocieron, él tenía 34 años, un divorcio y un hijo; ella tenía 26. Eran guapos, guapísimos, y alcanzaron el éxito escribiendo, esa cosa tan rara. Estuvieron juntos más de cuatro décadas. Poco antes de morirse, mirando un viejo álbum de fotos, él soltó: «¡Madre mía, éramos espectaculares! Qué guapos éramos cuando éramos jóvenes». La mujer que ahora lo recuerda –qué sonrisa la del recuerdo– no es la misma; la mujer que ahora lo recuerda lo vio consumirse por un cáncer: vio todo lo que se puede ver de un hombre, vivió todo lo que se puede vivir en un matrimonio, de la euforia al horror. Ya habrá tiempo para el horror... Ahora tiene 71 años y acaba de publicar 'Historias de fantasmas' (Seix Barral), un libro que tiene algo de diario y algo de ensayo y algo de carta y algo de deseo: es una historia de amor. «Muy pronto me di cuenta de que lo que estaba escribiendo era una simulación o una recreación del diálogo que Paul y yo habíamos tenido a través de estos más de 40 años de relación», cuenta. «Mi pensamiento racional, consciente, sabe que está muerto. Pero hay, digamos, una parte inconsciente encarnada dentro del nosotros. El sistema nervioso es muy sensible al trauma, a que se le quite algo, a que se le prive de algo. Y se inclina a crear lo que falta. Yo he visto esto, lo he vivido». Notaba su presencia en casa, la sentía, olía el mismo tabaco que él dejó de fumar diez años antes de morir. «Es que éramos Paul y Siri, Siri y Paul. Y ese espacio compartido que se crea entre dos personas [el nosotros] de repente te falta. Y lo que tienes es el recuerdo de lo que fue. Y ese recuerdo cambia quién has sido y quién eres. Paul cogió una parte de mí y se la llevó a la tumba, porque él cambió por vivir conmigo. Y yo sigo viviendo con partes de él incorporadas en mí». Paul le dijo una vez: «Si viviéramos juntos otros cien años, nos convertiríamos en la misma persona». «No se puede amar durante mucho tiempo si no es aceptando la dinámica del cambio. Si quieres una pareja estática, bueno, pues adiós, nunca va a funcionar. Pero si tú esperas algo de ese nosotros, si entiendes que eso es lo importante, el espacio intermedio entre los dos, entonces es inevitable que las personas se vayan acomodando a las necesidades del otro. No se puede estar vivo sin esa interacción mutua constante». Cambió hasta su escritura: se robaban frases, ideas, lecturas, siempre sin saberlo. «Y la razón por la que yo quise incluir esto en el libro era demostrar cómo de real era esa influencia, esa influencia tan profunda. Pero yo no puedo decir cómo me influyó Paul, ni él os podría decir cómo le influí yo. Las mayores influencias no son conscientes». Y ahora, el horror, o sea, la muerte de Ruby, su nieta, por una negligencia de Daniel, el hijo del primer matrimonio de Paul, que murió de sobredosis a los seis meses, como la cría. «Hablar de Paul sin hablar de mi hijastro, de nuestra nieta, sería un fraude, sería absurdo, especialmente porque esto se publicó en todas partes, y me refiero a todo el mundo, o sea, India, Corea, Japón, Europa y, por supuesto, Estados Unidos. Entonces, ¿cómo no hacerlo? Era algo que yo no podía poner en palabras, fuera de la gente más cercana, inmediata e íntima. Y al mismo tiempo, sabía que tenía que abordarlo. Los hechos están ahí. No menciono a ninguno de los miembros de la familia de Daniel porque no quería involucrarlos, y además sería injusto, porque yo no estaba viviendo eso, yo estaba viviendo nuestra historia. Yo tenía ese cómic que hizo Daniel cuando tenía 12 años y me lo dio, y ahí descubrí una especie de parábola de su necesidad de esconderse. Con eso, él podía hablar con su propia voz en el libro. Es otro elemento de esa versión joven de una persona que ha muerto. Y tenía que dejar claro cómo de dolido y enfadado estaba Paul cuando descubrimos que este bebé pequeñito [hace una pausa, como trayendo las palabras y apartando el dolor] había fallecido por una negligencia y por la adicción y por todo eso. Y al mismo tiempo, fue muy importante para mí que eso no se apropiase de la historia. Como digo en el libro, había cosas horribles que sucedieron en nuestra vida, pero no fue horrible entre nosotros nunca. Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó». «La muerte de Ruby y la negligencia de Daniel es algo que no se puede superar, nunca. Nunca voy a superar eso. Creo lo que puedes hacer es mirarlo directamente a los ojos, no intentar suavizarlo ni hacerlo más bello, solo puedes aceptar que esa realidad tan truculenta es parte de la vida. Y que en nuestro caso convivió con una ternura inmensa y un amor inmenso que Paul y yo teníamos. Y nos enganchamos a eso, nos aferramos a eso hasta el día de su muerte». —¿Cómo se mira a la muerte después de verla tan cerca? —Ver a Paul morir en mis brazos, sentir que se moría, fue algo muy grande. Es algo mucho mayor que la muerte de mis padres, porque ellos eran la generación anterior… Lo he pensado mucho. ¿Por qué soy yo distinta? ¿En qué? ¿Qué es lo que ha cambiado en mí? No estoy totalmente segura, pero sé que algo ha ocurrido, me siento más cerca de la muerte. No me quiero morir, pero me siento más cerca y posiblemente con menos miedo. Pero no estoy segura, y no creo que vaya a saberlo hasta que la tenga enfrente. Me gustaría creer que tendría la valentía que él tuvo. Espero. Pero no lo puedo saber hasta que suceda.
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Paco Roca: «Mantener una pareja estable para toda la vida ya no es natural; hoy preferimos cambiar antes que luchar» (lun, 25 may 2026)
Tras haber diseccionado la vejez en 'Arrugas', el duelo filial en 'La casa' y la herida histórica en 'El abismo del olvido', Paco Roca (Valencia, 1969) regresa a las librerías con 'El viaje' (Astiberri Ediciones) su obra más íntima y punzante hasta la fecha. Una novela gráfica que no nace de la épica, sino de la libreta de notas de un autor que, tras vivir una separación en su entorno y observar cómo los matrimonios de sus amigos caían como fichas de dominó, decidió «vampirizar» la realidad para intentar comprender el gran dilema contemporáneo: ¿por qué nos cuesta tanto sostener la vida en pareja? El premio Nacional del Cómic despliega su característico grafismo sintético para captar lo que el cine a veces exagera: la sutil caligrafía del lenguaje corporal, el acercamiento de dos extraños y el doloroso proceso de soltar amarras. —Apenas saliendo la edición en papel a las librerías, ya se ha anunciado un proyecto de adaptación cinematográfica. ¿Cómo se asume el salto al cine? —Fue muy curioso. Alguien del sector leyó los bocetos iniciales del cómic, que entonces tenía unas 120 páginas (la versión final alcanzó las 180 a medida que la iba enriqueciendo), y se interesó de inmediato. Me resulta llamativo porque me parece una historia difícil de adaptar, en una línea muy similar a lo que supuso 'La casa'. No son obras que dependan de una gran estructura de acción o de giros de guion comerciales; son libros basados en conversaciones, atmósferas y la transmisión de emociones puras. —'El viaje' recrea un retrato de la memoria en pareja a partir de tu propia experiencia y de otras vidas cercanas.   —El punto de partida es una circunstancia real, una historia real. Hace años hubo una separación y le di muchas vueltas a lo que eso representa. Además, cuando se trata de una relación muy larga y hay hijos de por medio, te planteas muchísimos temas. Al principio no tenía muy claro si iba a hacer un cómic con eso; simplemente me dedicaba a tomar notas. Al final, los que vivimos de contar historias basadas en la realidad siempre estamos apuntando las cosas que nos pasan, porque con eso construimos nuestros relatos. Durante ese tiempo me di cuenta de la importancia que todos le damos a tener una relación estable. Es algo que buscamos, pero que en el fondo requiere un gran esfuerzo. Intentamos resolver ese gran dilema que es fundirnos con otra persona, pero al mismo tiempo chocamos con el espíritu humano, que requiere una identidad propia y un espacio personal. —Parece que para sostener ese proyecto común a veces estás obligado a diluirte un poco como individuo —Y en muchos casos, la vida en pareja implica renunciar a esos espacios. También noté que mucha gente a mi alrededor estaba en circunstancias parecidas. Si te mueves en la franja de los 40 a los 50 y tantos años, ahí es donde se concentran más separaciones, por lo que todo mi entorno tenía alguna historia interesante que me hacía reflexionar. Eché mano de todo eso para construir la historia: experiencias propias, pero también ajenas. En los créditos no aparece todo el mundo a quien tendría que agradecerle el haber «vampirizado» sus vidas, pero, por ejemplo, el personaje de Sofía está inspirado en parte en Sonia. Lógicamente, a algunas personas se les hace raro verse reflejadas, por mucho que les avises de que vas a usar su historia, sus diálogos reales y cosas así. Yo estoy acostumbrado a trabajar con material autobiográfico, pero entiendo perfectamente que a la gente ajena a este mundo le resulte extraño aparecer en una historia que ellos no han escrito ni han podido controlar. —Raro es el creador que no tome elementos de su propia vida para construir sus obras. —Si trabajas con relatos muy anclados en la realidad, lógicamente echas mano de lo que conoces y, en muchos casos, de tu propia experiencia. Sin embargo, también es verdad que tu experiencia es algo compartido con más gente. Al final, los autores nos tomamos una licencia; yo tengo claro que en mi caso pesa más mi parte de autor que mi pudor personal. Pero también condeno a la gente que me rodea a que también anteponga eso. Y claro, no siempre digamos que tienes el derecho, creo, no sé, a hacerlo. También es un dilema si tengo o no tengo derecho a contar determinadas cosas. —La vida de los demás afecta a tu propia vida, entonces tú también eres dueño de esta en cierta parte, al menos de las acciones que te han repercutido a ti. —Es algo que tengo muy presente. En todos mis cómics aparecen temas personales vinculados a mi entorno o personajes reales que me han confiado sus vidas. Durante el proceso creativo intento pensar lo mínimo en cómo lo van a leer los implicados; de alguna manera, antepones la obra en sí, como si el relato estuviera por encima de todo. Lo verdaderamente importante es conseguir una historia que funcione, así que procuro quitarme esos condicionantes de la cabeza. El verdadero problema viene después. Cuando el libro ya está impreso y llega a las librerías, es ahí cuando me asaltan todos los miedos sobre cómo reaccionarán determinadas personas al leerlo. Siempre me pasa, aunque, a fin de cuentas, el balance final siempre es positivo. —Decía antes que el amor en pareja tiene un componente práctico. —Creo que hay que diferenciar dos cosas: una es el amor y otra, la relación de pareja. El amor es el punto de partida, pero, desde los orígenes del ser humano, la vida en pareja ha respondido a un factor práctico y evolutivo. Formar y mantener una familia es mucho más viable económicamente entre dos que en solitario; siempre es más barato mantener una casa que pagar dos alquileres. Existen mil motivos prácticos que han llevado al ser humano a establecerse en parejas estables, aunque no sea un comportamiento estrictamente natural. En sus orígenes influyeron desde el control de enfermedades hasta factores socioculturales; después, las religiones y la cultura hicieron el resto para convencernos de que eran estructuras inamovibles. Las relaciones, tal y como las entendían nuestros padres o abuelos, arrastraban muchas connotaciones machistas y a menudo se sostenían de formas desfavorables para ambas partes. Afortunadamente, eso está cambiando. Vivimos en una sociedad que prioriza el crecimiento personal y que, en consecuencia, se ha vuelto mucho más individualista. —Sí, más individualistas. —Buscamos, ante todo, nuestro bienestar personal más allá de cualquier otra cosa. Además, las redes sociales nos generan constantemente la sensación de que las vidas ajenas son mucho más interesantes que las nuestras y, en muchos casos, el sacrificio que conlleva la vida en pareja parece alejarnos de esas oportunidades. Cada vez es más complicado mantener relaciones estables para toda la vida. Tenemos que asumir que los vínculos cambian y que en cada etapa podemos necesitar a una persona diferente a nuestro lado porque nuestras necesidades evolucionan. Al principio podemos buscar a alguien para formar una familia, pero, con el tiempo, tal vez necesitemos a otra persona que nos devuelva la pasión o un estilo de vida que nos complazca más. Antes se intentaba encontrar todo eso en una misma pareja, buscando que ambas personas cambiaran al mismo tiempo. Hoy pensamos que en lugar de luchar tanto por sostener algo que se agota, es más fácil cambiar de pareja y buscar en otros las recompensas que ya no obtenemos de nuestro esfuerzo. —Además que estamos en constante cambio. —Es indiscutible que las personas cambiamos con el tiempo. Como decíamos antes, el amor es solo el punto de partida; a veces nos ciega y nos lleva a idealizar a la otra persona, omitiendo lo que nos desagrada para quedarnos únicamente con lo positivo. Sin embargo, con el paso de los años, empezamos a normalizar aquello que nos gustaba y adquiere mucho más peso todo lo que nos molesta, esas cosas que pensábamos que cambiarían y que nunca lo hicieron. Ahí es donde las relaciones empiezan a desgastarse. Al final, un vínculo tiene que ofrecerte las recompensas que esperas de él. Toda relación estable exige un sacrificio, pero si sientes que estás entregando mucho más de lo que recibes, lógicamente ese desequilibrio te termina desgastando. —Total. —Digamos que son complicadas, que no imposibles. No quiero pecar de negativo, pero creo que es uno de los grandes esfuerzos y retos de nuestra existencia: el ser capaces de lograrlo. En el fondo, casi todos buscamos esa estabilidad afectiva a sabiendas de su dificultad. Lo maravilloso del amor es que tiene la fuerza de hacerte confiar en que esa relación, la presente, será la definitiva y la perfecta. Es el motor que nos permite olvidar el pasado para volver a enfrentarnos al reto con total entrega y optimismo. —La memoria es un eje gravitacional toda su producción. ¿Considera que es su gran obsesión o, al menos, su tema más recurrente? —Creo que a veces la memoria se confunde con el pasado, pero la memoria siempre es presente. Es el relato que construimos continuamente de lo que ya fue, pero formulado desde el hoy. Del pasado solo tomamos lo que nos interesa porque queremos reflexionar sobre un asunto actual. Cuando me preocupa la memoria histórica no es por un afán de revivir el pasado sistemáticamente, sino porque detecto problemas no resueltos en nuestro presente. Seguramente, si en España no quedaran fosas comunes por exhumar, yo no habría escrito El abismo del olvido. El ver que hoy existen determinados movimientos políticos que reivindican la dictadura te obliga a mirar atrás para entender qué ha pasado y cómo hemos llegado hasta aquí. —En este nuevo cómic, el personaje de Fran encarna perfectamente esa mirada retrospectiva. —Exacto. Fran hace memoria continuamente porque se encuentra mal; no entiende su ruptura y necesita mirar atrás para saber qué falló, qué pudo hacer y no hizo, o qué va a conservar de ese pasado. En el momento en que lo supere, dejará de mirar atrás. Ahí entra también el relato de Pangea: queramos o no, somos todo lo vivido. Nuestra identidad se compone de las lecturas, de las experiencias y, sobre todo, de las personas con las que nos hemos relacionado, como las parejas. Aunque necesites el olvido para sanar y emprender una nueva vida, sabes que una parte de esa persona se queda en ti. Es la misma reflexión de 'La casa': al final no es vital conservar todos los objetos materiales, porque tus padres ya forman parte de tu propia identidad. —Es muy llamativo cómo Fran recurre a los historiales de WhatsApp como si fuesen una máquina del tiempo para auditar sus propios errores. ¿En qué momento cesa esa necesidad de intentar comprender el pasado? —Es una cuestión de puro tiempo, principalmente porque te das cuenta de que no vas a llegar a ninguna conclusión. Este cómic no tiene un final cerrado ni pretende ser un libro de autoayuda; deja tantas preguntas al final como al inicio. Cuando pasamos por un duelo afectivo, intentamos racionalizar el porqué, pero el desenamoramiento es un cúmulo de circunstancias tan abstractas que son imposibles de prever o evitar. El problema es que el azar lo llevamos muy mal. Intentamos buscar una relación de causa y efecto para todo, ya sea en una ruptura, en una enfermedad grave o en la muerte de un ser querido. El paso definitivo se da cuando asumes que la otra persona ya ha desaparecido de tu vida. Mientras sigas pensando que el pasado es tu único futuro, te quedas anclado. Cuando asumes que la posibilidad de ser feliz está adelante, pasas página.
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Anuncian una nueva entrega de 'El Padrino': la familia Corleone, desde la perspectiva de sus mujeres (jue, 21 may 2026)
Otoño de 2027 está ya marcado en rojo en los calendarios de todos los fanáticos de 'El Padrino' . Esa es la fecha en la que saldrá una nueva entrega de la saga. La nueva novela será la primera escrita por una mujer, que narrará la historia de la familia mafiosa Corleone desde la perspectiva de sus mujeres. La editorial Random House ha adquirido los derechos del libro titulado 'Connie', escrito por la autora superventas Adriana Trigiani, según anunció ella misma en una publicación de Facebook hace un par de semanas. Connie es la única hija de Vito Corleone , el patriarca ficticio de la mafia y padre de su eventual sucesor, Michael Corleone. El nuevo libro será el cuarto autorizado por la familia de Mario Puzo, autor de la novela original, desde su fallecimiento en 1999. Entre las primeras entregas de la saga se encuentran 'El regreso del Padrino' (2004) y 'La venganza del Padrino' (2006), que continuaron la cronología de los libros originales. La serie también incluye 'La familia Corleone' (2012), una precuela independiente ambientada durante la Gran Depresión , años antes de los acontecimientos de 'El Padrino'. «Entro en el mundo de Mario y lo contamos a través de las mujeres de El Padrino», dijo Trigiani, que tiene raíces italianas, en Facebook. Random House ha confirmado el acuerdo editorial a varios medios de comunicación estadounidenses. «El Padrino es un libro que te atrapa desde la primera página», escribió Trigiani , «pero cuando busqué a la matriarca, su ausencia era notable». Anthony Puzo, hijo de Mario Puzo, declaró a Publishers Weekly: «Estábamos buscando a alguien que volviera a contar la historia desde una nueva perspectiva». Anthony Puzo, quien administra el legado literario de su padre, dijo que Trigiani se sorprendió al saber que el personaje de Vito, el formidable patriarca de la familia Corleone, estaba inspirado en su abuela. Los derechos internacionales ya se han vendido en ocho países, entre ellos Francia y Alemania. Publicada en 1969, la primera novela de la saga, «El Padrino», vendió 21 millones de ejemplares . Francis Ford Coppola la adaptó al cine en dos películas: 'El Padrino' (1972) y 'El Padrino II' (1974), que en conjunto ganaron nueve premios Oscar . Una tercera película, «El Padrino III» (1990), se basó en un guion original. En 1984, Mario Puzo publicó «El siciliano», que no es una secuela de «El Padrino», sino una narración independiente sobre el héroe siciliano Salvatore Giuliano .
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Felipe VI entrega el Premio Joan Margarit de Poesía a Margaret Atwood (jue, 21 may 2026)
La Victoria University de Toronto, en Canadá, se ha vestido de largo. Este miércoles, Su Majestad Felipe VI ha entregado el III Premio Internacional Joan Margarit de Poesía a la escritora canadiense Margaret Atwood , autora de obras como 'El cuento de la criada'. Durante su intervención, el monarca alabó el homenaje de la autora «por enseñar a leer mejor, a leer esta época, a leer estas sociedades y a las personas mismas». Además, ha subrayado que es una «novelista brillante, intelectual comprometida, amante y maestra de la naturaleza, artista de la repostería, lectora confirmada de cartas y palmas de la mano, astróloga y poeta». El Rey, quien ya entregó a Atwood el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2008, ha alabado la obra de una autora que «ha sido testigo y narradora de lo mejor y lo peor del pasado y el presente», al tiempo que ha recordado que este galardón le ha sido concedido porque, «pese a sus dudas iniciales, quizá justificadas en aquel momento, su poesía resultó ser maravillosa». Así, el monarca ha hecho un guiño a las memorias de Atwood, hablando de una «lección de vida». «Si escribes tan bien, un rey de un país lejano que te quiere mucho quizá algún día te entregue un premio de poesía», ha comentado, aludiendo a las páginas de la propia escritora canadiense. Felipe VI también se ha referido al trabajo conjunto entre las instituciones culturales y los creadores de España y Canadá. «La fortaleza de estas alianzas y el intercambio constante que fomentan nos sorprenden e inspiran. Sigamos defendiendo los valores de libertad y humanismo, y la capacidad de nuestros ciudadanos para tender puentes y crear sociedades vibrantes que preserven la integridad y la dignidad de todos», ha destacado. Por su parte, Atwood ha reivindicado en su discurso de aceptación el papel histórico de la poesía «como espacio de resistencia, memoria y libertad frente a la violencia política y las incertidumbres del presente». «Los poetas y bardos han sido tanto temidos como venerados, pues durante mucho tiempo se creyó que los poderes que ejercían a través del lenguaje eran prodigiosos», ha afirmado la escritora canadiense. «Incluso en nuestros tiempos modernos, cuando los regímenes políticos han cambiado abruptamente, los poetas han estado entre los primeros en ser silenciados, porque podrían decir lo prohibido, y decirlo de manera convincente, y los autócratas consideran eso una amenaza». Atwood ha evocado en su intervención las figuras de Federico García Lorca, Pablo Neruda , Ósip Mandelstam y Víctor Jara como símbolos de la persecución de la palabra poética frente al autoritarismo, antes de advertir que la actual época es «otro tiempo de crisis mundiales». Pese a ello, la autora ha defendido el papel de la poesía en tiempos convulsos. Atwood ha querido también rendir homenaje a Joan Margarit, figura que inspira este reconocimiento, al preguntarse durante su intervención «qué hubiera dicho sobre el estado del mundo si estuviera hoy aquí». Este galardón ha celebrado su tercera edición, impulsado por el Instituto Cervantes, la editorial La Cama Sol y la familia del poeta Joan Margarit (1938-2021), con el propósito de difundir internacionalmente la figura del autor catalán, Premio Cervantes y Premio Reina Sofía de Poesía, entre otros, y celebrar el talento de destacados poetas contemporáneos. En la ceremonia han participado, además, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; la presidenta de Victoria University, Rhonda N. McEwen; el director de la editorial La Cama Sol, Javier Santiso y la hija y el nieto del poeta, Mònica Margarit y Pol Lezcano, respectivamente. El director del Cervantes, Luis García Montero , ha reconocido que la entrega de este galardón supone «un honor», puesto que la unión de Margarit con Atwood «simbolizan el compromiso de la cultura en español con el respeto a la diversidad, los derechos humanos y el humanismo en esta época difícil para el entendimiento entre civilizaciones». García Montero ha elogiado la figura de la autora de 'El cuento de la criada', quien ha elaborado en su obra «una conmovedora mirada distópica sobre la humanidad, su mirada de mujer y su defensa de los derechos humanos». El director de la institución española ha celebrado además el premio a una autora que «indaga en la intimidad de la experiencia vital y en la identidad». Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939) es una de las figuras más influyentes de las letras contemporáneas. Es autora de más de cincuenta libros de poesía, ficción y ensayo. Su trayectoria literaria abarca más de seis décadas, durante las cuales ha cultivado con igual reconocimiento la narrativa, la poesía, el ensayo y la crítica cultural. Entre sus obras más destacadas figuran 'El cuento de la criada', convertida en un clásico contemporáneo; 'Los testamentos', galardonada con el Booker Prize; Alias Grace; y 'Paper Boat', que reúne poemas escritos entre 1961 y 2023. Su obra, traducida a más de cuarenta idiomas, ha merecido algunos de los reconocimientos literarios más prestigiosos del mundo, entre ellos el Booker Prize, el Franz Kafka Prize y el Peace Prize of the German Book Trade. Además de su labor literaria, Atwood es también una voz comprometida con cuestiones como la igualdad, la libertad de expresión y la defensa del medio ambiente.
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La RAE presenta su primer diccionario de sinónimos y antónimos en tres siglos (mié, 20 may 2026)
La Real Academia Española presentó este miércoles su primer 'Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines', una obra editada junto a Espasa y avalada por la Asociación de Academias de la Lengua Española que reúne más de 255.000 sinónimos o voces afines y más de 20.000 antónimos distribuidos en más de 44.000 entradas. El acto tuvo lugar en la sede de la Academia, en Madrid, y contó con la participación del director de la RAE y presidente de la ASALE, Santiago Muñoz Machado, y de la responsable del Instituto de Lexicografía, Elena Zamora. Durante la presentación, Muñoz Machado aseguró que la publicación del diccionario se enmarca en «un momento importante en la vida editorial de la Academia » y destacó que la institución está realizando «muchas cosas nuevas en su historia». El director de la RAE vinculó esta nueva obra con el impulso que la Academia está dando al lenguaje claro, una iniciativa que, según explicó, ya ha sumado a más de 600 instituciones en todo el mundo. «No se trata solo de un problema de lengua, se trata de que los ciudadanos tengan derecho a entender», afirmó Muñoz Machado, quien defendió que el objetivo no es eliminar los lenguajes técnicos o especializados, sino hacerlos más accesibles. «Estos lenguajes se tienen que hacer de otra manera», señaló, apuntando que esta necesidad afecta tanto a profesiones especializadas como a instituciones privadas. El director de la RAE también relacionó el nacimiento de este diccionario con la transformación digital de las obras lexicográficas. Según explicó, los formatos digitales permiten ampliar enormemente los contenidos y facilitan un manejo «mucho más eficaz» de este tipo de herramientas lingüísticas. «Presentamos, por tanto, un diccionario de sinónimos y antónimos y voces afines, que es el primero de nuestra historia», destacó, recordando además que la Academia lleva más de un siglo editando diccionarios junto a la editorial Espasa. Por su parte, Elena Zamora explicó que el 'Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines' constituye «la primera aportación de la Real Academia Española y la ASALE al género lexicográfico de los diccionarios de sinónimos», un ámbito en el que la institución nunca había trabajado de manera oficial en sus casi 300 años de historia. La responsable del Instituto de Lexicografía realizó además un recorrido histórico por los primeros estudios sobre sinonimia en español, recordando que las primeras obras dedicadas a este fenómeno surgieron en el siglo XVIII y que el primer diccionario de sinónimos en castellano apareció en 1843 con el Diccionario de Sinónimos de la Lengua Castellana de Pedro María de Oliva. Zamora explicó que la Academia ya contempló en el siglo XIX la creación de un diccionario de sinónimos propio, aunque aquel proyecto nunca llegó a publicarse. De hecho, la RAE conserva un manuscrito titulado Índice de los artículos presentados para la formación del Diccionario de Sinónimos, un repertorio histórico que demuestra el antiguo interés de la institución por esta cuestión lingüística. Durante su intervención, la lexicógrafa insistió en la complejidad del fenómeno de la sinonimia y recordó que muchas palabras solo funcionan como equivalentes en determinados contextos. Puso como ejemplo términos como «anciano» y «viejo», que pueden ser sinónimos cuando se aplican a personas, pero no necesariamente cuando se refieren a objetos, o «claro» y «luminoso», que comparten algunos significados, pero no todos. El nuevo diccionario incorpora además sinónimos con distribución geográfica y pretende funcionar como «un repositorio de la lengua», tanto para especialistas como para lectores curiosos interesados en explorar la riqueza léxica del español. «Son los hablantes los creadores de los sinónimos», afirmó Zamora, quien destacó que la selección de equivalencias se basa en un estudio detallado del uso real de las palabras. Entre los ejemplos mencionados durante la presentación figuró la gran cantidad de sinónimos asociados a la palabra «cabeza». La obra nace con vocación panhispánica y como complemento del Diccionario de la lengua española, con el objetivo de facilitar un uso más preciso, matizado y consciente del español en ámbitos educativos, profesionales y creativos. En un contexto marcado por la inmediatez digital, la simplificación del lenguaje en redes sociales y el auge de herramientas de inteligencia artificial capaces de generar texto automáticamente, la Academia defendió la importancia de seguir cuidando la precisión léxica y la riqueza expresiva del español. El nuevo diccionario nace precisamente con esa vocación: ofrecer a los hablantes más herramientas para elegir cada palabra con mayor exactitud.
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'Juan Luis Vives: el sabio que no se quejó' (mié, 20 may 2026)
¿Quién es Juan Luis Vives ? Ahí está el primer gran acierto del libro, su capacidad para devolverle el calor a una figura clave del humanismo español. Un intelectual, sin embargo, muy desconocido por el público general. Con este texto, Vives ya no es una pieza de museo, sino, de nuevo, una conciencia moral de la vieja Europa. Carlos Soria , doctor en Derecho, periodista y escritor, comienza con una imagen llamativa: «Debajo de unos grandes árboles, entre los restos de una catedral en Brujas», reposan quizá las cenizas del pensador valenciano. El tono de Soria es elegante y lleno de gravedad, con la atención puesta en la respiración interna de su personaje. Vives se presenta como un hombre atravesado por el desarraigo: se dibuja la persecución y melancolía de un intelectual europeo antes de que Europa existiera verdaderamente como idea política. El libro muestra el peso decisivo de la tragedia familiar. La reconstrucción de los Vives-March (judíos conversos sometidos al miedo permanente de la Inquisición) constituye uno de los núcleos más intensos del relato. Soria, sin embargo, no convierte ese trasfondo en un simple dato sociológico, sino en la clave emocional de toda una vida . La sinagoga clandestina descubierta en Valencia, la quema de familiares, el ambiente de sospecha, la muerte de la madre durante la peste: todo ello explica mejor que cualquier tratado el silencio moral de Vives , su célebre lema 'Sine querella', 'sin queja', tomada, según parece, de Séneca. Soria entiende que estas palabras no responden a una resignación pasiva, sino a una disciplina interior. «No quejarse de la fortuna», escribe Vives; «Aprovechar las ventajas de las propias condiciones»; «En cualquier actuación, por amarga que sea, encontrar algún solaz». El autor percibe ahí una forma de resistencia moral extraordinariamente moderna. El valenciano decide habitar el conflicto sin resentimiento. En una época dominada por fanatismos religiosos y fracturas políticas, esa actitud adquiere una inesperada actualidad. En algunos momentos (clave), la biografía abandona el dato para demorarse en las atmósferas. La Valencia de finales del XV aparece evocada con un notable pulso visual: «Aquella luz blanca de su tierra natal, cegadora, mediterránea; aquel azul, aquellos verdes y oros y rojos de sus huertos». No es solo descripción; es memoria sentimental. Esta clase de modulaciones literarias separan la obra del tono universitario convencional y lo acercan, en ocasiones, a la mejor tradición del ensayo biográfico español . Especialmente logradas resultan las páginas dedicadas a París. El joven Vives llega a la gran capital intelectual de Europa esperando encontrar el centro del saber y descubre, en cambio, una universidad agotada por el formalismo escolástico. El retrato que ofrece Soria Saiz de aquella Sorbona envejecida posee una fuerza inesperada. Vives contempla profesores «orgullosos y presumidos», entregados a disputas vacías, mientras él busca otra cosa: una filosofía capaz de tocar la vida real. «Estudia para sabio», resume el autor con una fórmula feliz. No para acumular conocimientos, sino para comprender al hombre. Quizá algunos lectores echen en falta un análisis más profundo de la obra filosófica de Vives. Pero conviene entender que el propósito de Soria Saiz no es escribir una monografía académica, sino devolvernos a un hombre . Y lo consigue. Al terminar el libro, permanece menos la imagen del humanista solemne que la de un desterrado silencioso, un europeo precoz obligado a vivir lejos de su patria por miedo, pero incapaz de odiarla. «España fue siempre para Vives su cruz y su nostalgia», se recuerda en un momento del libro. Este es, sin duda, un perfil emocionante . FICHA BIBLIOGRÁFICA 'Juan Luis Vives, el sabio que no se quejó' Carlos Soria Saiz EUNSA, 2026 Disponible en EUNSA
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Alma Guillermoprieto: «Es una mala época para quienes gobiernan con moderación; somos ricos en payasos» (vie, 15 may 2026)
Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) es periodista y mexicana y trotamundos y una reportera que no se achantó frente a las amenazas –«las recibí sobre todo cuando empezaba a trabajar en Centroamérica»– y que hoy sigue siendo un referente mundial. En 2018 recibió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Ha viajado por Iberoamérica –al ser preguntada por la mejor forma de definir al continente americano de habla hispana asegura que «de cualquier forma, menos decir Golfo de América»– como una contadora de historias. «Yo escribo para dejar constancia, mi reportería trata de hablar desde la calma para reflexionar y para que surjan preguntas. No pienso que haga periodismo guerrero ni de denuncia», dice. Una carrera con casi 50 años que se concentran en tres libros recopilatorios. 'Esta improbable tierra prometida' será el final de esta saga de reportajes que requieren una «inversión de energía física muy grande, caminar, buscar, pasar calor y frío, manejar ocho horas, y tomar buses inconcebibles, como el de la portada. Esa energía dura hasta cierto momento y ese momento ya pasó para mí». Son 19 historias que repasan el comienzo del siglo XXI. —¿Cómo ha cambiado el mundo desde que comenzó de reportera? —Han cambiado las circunstancias mundiales, lo cual ha cambiado a América Latina. Hemos pasado largos años de dictaduras militares opresivas, tremendas, y se les quiso contestar con violencia insurreccional. De ahí se pasó a una temporada realmente muy vital de promesa, de apertura, los medios se abrieron, hubo una curiosidad por conocerse entre los países de América Latina. A este momento en que nos sentimos un poco estancados y padecemos los efectos de la guerra contra las drogas, que nos ha sido impuesta. —¿Por qué triunfan estas opresiones? —Triunfan porque realmente nunca se han podido llegar a consolidar instituciones. Ese es un fenómeno de los países colonizados o conquistados de alguna manera. Se puede ver en África, en el sudeste asiático, incluso en China en su momento y en nosotros. No hay instituciones suficientemente fuertes, y en todo el mundo, no solo en América Latina, la gente busca soluciones fáciles a problemas muy graves. Y los populistas y los dictadores prometen soluciones radicales a problemas muy complicados. —¿Qué tienen en común Daniel Ortega, Chávez, Bukele y Evo Morales? —Somos ricos en payasos [ríe]. Esta es una mala época para los que quieren gobernar moderadamente. ¿Qué tienen en común? Es gente poco preparada, mañosa. Que empieza con un grado de apoyo popular muy grande y creo que son muchos los votantes en todo el mundo que quisieran tener a un Bukele. Quisieran que se acabaran los problemas como sea. El problema de la inseguridad pública es mundial, en El Salvador por ejemplo llegó a ser absolutamente devastador. La sociedad está dispuesta a tolerar lo que sea con tal de sentirse segura. —¿De dónde viene toda esta violencia? —La violencia no ha sido ni inherente a América Latina, ni consecuencia política, sino exclusivamente consecuencia de la guerra contra las drogas, que es una imposición de Estados Unidos y que lo único que hace es replicarse. —Estados Unidos también provocó la última crónica que incluye este libro, la captura de Maduro. —Fue un acontecimiento que cambia las posibilidades y la seguridad de los gobernador en el mundo. En cualquier parte del mundo, hoy día es posible identificar la ubicación de los presidentes. Y si se decide simplemente usar la fuerza para extraerlo con pinzas de ese lugar, se puede hacer. Evitando que un gobernante se sienta seguro y con la autoridad necesaria para llevar a cabo su trabajo. Independientemente de que Maduro fuera un payaso, etcétera. —¿Cuál es la realidad actual en Iberoamérica? —Actualmente no hay ninguna dictadura como tal en América Latina… No, perdón. Nicaragua es una dictadura como tal. Argentina es populista. Venezuela incluso, quién sabe qué sea esa cosa ahorita, quién sabe qué piensa que está haciendo Delcy Rodríguez, cómo concibe ella su papel. —Empieza el libro con la historia del Padre Maciel, un alto cargo de la iglesia en México, pederasta y protegido por el Vaticano. —El Padre Maciel es un problema no necesariamente de México, todo el asunto de los curas pederastas es del Vaticano y de la tradición de la Iglesia de esconder sus propios pecados. Yo no me he dedicado a reportear sobre la Iglesia concretamente, pero este caso fue demasiado escandaloso en México, demasiado excesivo. —Aunque no solo habla de barbaridades y masacres, también están la belleza y la fe. ¿Sigue creyendo en el continente y en el ser humano? —Si no, no escribiría. Tengo fe en nuestra vitalidad, en que seguimos empujando el bus [la portada muestra un autobús despedazado empujado por quienes más lo necesitan], en que le damos alegría a una gran parte del mundo, porque creo que muchos turistas europeos, por ejemplo, vienen buscando esa vitalidad justamente. Como los ingleses que vienen a España buscando el calorcito del sol. Los europeos van buscando el calorcito nuestro, nuestros carnavales, nuestras alegrías, nuestra creatividad y nuestra comida que está muy rica. —Estos días su tierra, México, ha sido noticia por tener allí a la presidenta de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo se ha vivido desde allí? —No ha habido grandes protestas contra la doctora Ayuso, hay una persona que va y le reclama muy amablemente que sus opiniones son molestas. Para mí fue un escándalo un poco provocado, la historia fue la que fue y fue terrible. Y es un poco absurdo pensar que Cortés vino a salvar a los salvajes y que sin él los habitantes del nuevo mundo no hubieran seguido con su propio desarrollo. Se encontraron dos formas de violencia y de salvajismo, se tiende a pensar que en España los salvajes eran los otros y creo que hubo una sociedad violenta de parte y parte. También me parece que el Estado mexicano mal se lanza como defensor de los indígenas cuando los indígenas han sido y siguen siendo siempre los grandes despreciados, los grandes abandonados. —¿Cree en el perdón? —Yo no soy cura. No creo en gestos, creo en la realidad. Y me parece que lo que tiene que cambiar es la realidad de los pueblos indígenas en América Latina y la realidad de las relaciones entre estados con diferentes perspectivas y con diferentes poderes que se traten mutuamente con respeto. —'Una voz contra la oscuridad', la pérdida de un amigo y compañero de profesión, ¿tiene miedo? —No, pienso que en este momento yo no soy vulnerable. Soy corresponsal, tengo premios, sería un lío internacional espantoso si me llegaran a hacer daño. No me preocupo por eso, me preocupa mucho que cuando nos matan a uno de nosotros, a un colega, los únicos que salen a protestar son otros colegas. Porque la sociedad, por alguna razón, está particularmente irritada con los medios hoy día. No entiendo bien por dónde va eso, pero la falta de solidaridad de la sociedad con nosotros es grave, estamos en una situación muy indefensa. —En 2018 dijo que «las redes sociales son la manifestación más veloz del capitalismo actual», ¿qué piensa ahora de ellas? —¿Yo dije eso? me parece una frase incomprensible [ríe]. Ahora digo que las redes sociales son lo contrario a la reflexión, a la reportería y a la veracidad. Nos están haciendo daño como sociedad porque son las facilitadoras de la polarización. Parafraseando a Byung-Chul Han , el mundo de las redes sociales es tan inmenso que para que una persona se sienta escuchada, tiene que gritar. Son el sitio donde el individuo grita con sus pulmones, involucrándose.
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La batalla por el archivo de Octavio Paz oscurece su legado en México (mar, 12 may 2026)
Los tribunales de la Ciudad de México se han convertido en el campo de batalla por el control del legado del poeta y ganador del Premio Nobel Octavio Paz , fallecido en 1998. El Colegio Nacional (Colnal), una de las principales instituciones educativas del país, ha entablado una demanda contra el gobierno de la Ciudad de México porque considera que el legado de Paz debería estar en sus instalaciones, tal como consta en el testamento del autor de 'El laberinto de la soledad'. Actualmente, cartas, diarios personales, libros, fotografías y, diversas variedades de objetos permanecen bajo la custodia del gobierno de la capital mexicana. «Es un atropello: Octavio Paz dejo notariada su voluntad, si su esposa no disponía de otro modo, tal como sucedió, el acervo debía ir al Colnal, ya han pasado 28 años de la muerte de Paz y el Colnal ha hecho todos los pasos legales para que se cumpla su voluntad», explica a ABC el escritor y amigo personal de Paz, Enrique Krauze. Para el historiador, «el acervo no solo es importante para México, es una cuestión de peso para la cultura universal ante la cual el Gobierno mexicano ni siquiera tiene la voluntad de buscar un mínimo entendimiento. No vamos a dejar de luchar por esto, ni yo en lo personal, ni el Colnal, vamos a llevar este tema a las instancias que sean necesarias», agrega Krauze. El legado está «controlado por el gobierno de la CDMX desde 2018, cuando murió Marie José Tramini de Paz, segunda esposa y heredera de Paz, en ese momento, luego de que ella no dejara testamento, los objetos pasaron a estar bajo custodia de la autoridad», explica a ABC el abogado del Colnal, Eduardo Kanahuati. Según el letrado, el gobierno debería contemplar que, en su testamento, Paz, señaló que, en caso de ya no tener herederos, su acervo debería estar en las instalaciones del Colnal. «Octavio Paz dice: 'Mi heredera universal tiene la facultad de disponer de mi archivo y de esta serie de documentos. En caso de que no lo haga, mi voluntad es que pasen en depósito al Colegio Nacional'», cita Kanahuati. «El Colnal no está pidiendo derechos de autor, ni joyas ni propiedades de Paz, se trata fundamentalmente de resguardar documentos, obras y correspondencia», explica Kanahuati, quien asegura también estar abierto a un entendimiento extrajudicial con el gobierno. «Ya hemos ganado amparos en los tribunales, pero todo podría ser más fácil a través de un convenio institucional, opción sobre la cual no nos han dado respuesta», sostiene el abogado. En agosto del 2025 la presidenta Claudia Sheinbaum instruyó a la Secretaría de Cultura mediar entre ambas instancias para un posible convenio, sin embargo, ocho meses después ese diálogo no se ha dado. Hace dos meses el Colnal debió suspender una edición especial de la obra 'Risa y penitencia' porque el gobierno capitalino se negó a ceder los derechos, una situación que se ha reiterado en otras ocasiones. La Secretaría de Cultura ha inventariado un total de 298.965 bienes , lo que permite identificar un amplio conjunto de materiales que incluye el archivo personal; 670 paquetes y 60.799 fojas de documentos y postales; 2.004 notas periodísticas; 1.047 piezas de joyería y bisutería ubicadas en dos inmuebles. La dependencia informó el pasado febrero que el archivo personal de Paz se encuentra en proceso de traslado al Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble, con el objetivo de contar con mejores condiciones de espacio, equipamiento y control técnico. Las facilidades del Centro, según informaron, permiten agilizar las tareas especializadas y avanzar hacia la conclusión de las acciones de conservación, catalogación y digitalización. Otro de los pendientes de importancia con respecto a la sucesión es el uso que se dará a los inmuebles del Premio Nobel. Uno de ellos es la propiedad ubicada en la calle Porfirio Díaz, 125, en la Colonia Nochebuena, con una ubicación privilegiada a un costado del Parque Hundido, una de las principales áreas verdes de la capital. Desalojada de sus antiguos ocupantes hace poco más de 2 años, la casa no tiene aún destino claro. Desde el 2024 un grupo de vecinos de esa zona y otras aledañas ha pugnado insistentemente para que en el lugar se establezca un centro cultural en memoria de Octavio Paz . El pasado mes, colgaron una manta en un balcón frente al inmueble para invitar a más vecinos a que se unan a su causa. La discusión por el legado de Paz también encierra un plano político. El historiador Enrique Krauze, principal impulsor de que las pertenencias del Premio Nobel sean trasladadas al Colnal, ha sido un crítico histórico del expresidente Andrés Manuel López Obrador, fundador del movimiento político que gobierna tanto México como la Ciudad de México. La tensión provocada por esta batalla por el archivo de Paz también está 'oscureciendo' su peso en el debate público mexicano, con la cancelación de ediciones y la polémica generada. En sus célebres conferencias matutinas, el expresidente solía referirse a Krauze como «mesías del conservadurismo» e «intelectual neoliberal». A menudo también ha criticado sus textos y artículos en la prensa extranjera. Krauze, desde su revista 'Letras Libres', publicó en 2006 uno de los textos más recordados sobre López Obrador titulado «El mesías tropical», un perfil personal e histórico del exmandatario en el cual describía sus rasgos autoritarios y su poco compromiso con la democracia. El papel central del historiador en el reclamo por el acervo convierte a la disputa en una cuestión política: a pesar de que López Obrador ya no gobierna, todavía tiene peso en la administración de su sucesora Claudia Sheinbaum, también del partido Morena. Otra especulación presente en el ámbito cultural es que el gobierno de la CDMX no libera el acervo de Paz como consecuencia de la polémica en torno a la Colección Gelman , uno de los activos artísticos más importantes del país y que ahora será administrado por la Fundación del Banco Santander. Intelectuales, académicos y críticos de arte han reprochado que, cuando la Colección Gelman salga de México para exhibirse en España, el Gobierno ya no tendrá control para fijar la fecha de su retorno. El volumen de las quejas fue tan alto que, en el gabinete de Sheinbaum, se llegó a hablar de la salida de la secretaria de Cultura, Claudia Curiel. Ante esas quejas, ahora dicha funcionaria buscaría ser sumamente estricta antes de desprenderse de patrimonio cultural valioso.
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'El último héroe' (lun, 11 may 2026)
'El último héroe', cómic de Jordi Bernet, se inscribe en la tradición del cómic que revisa críticamente los mitos fundamentales del héroe solitario. Suceden las aventuras y desventuras del pistolero y agente de la ley William Tilghman, entre el viejo oeste y la ley seca, así que se enfrenta a malvados pistoleros y a gánsters de las películas. Con una estética en blanco y negro, de trazos seguros donde se ven los detalles, y una narrativa de ritmo preciso, Bernet construye una obra que funciona como homenaje y, al mismo tiempo, como desmontaje del arquetipo del justiciero incorruptible. El resultado es una historia de tono crepuscular que habla con el western clásico como con el género negro. Encima el que enseña a disparar al protagonista es Wild Bill, el pistolero más famoso del viejo oeste, asesinado por la espalda en el pueblo de Deadwood . El protagonista responde a lo tradicional: un hombre de principios firmes, dispuesto a enfrentarse a la violencia y la injusticia sin vacilar. Empero, el mundo que lo rodea está marcado por la ambigüedad moral o nula moral, el oportunismo y la decadencia en cualquier aspecto, así que estamos ante el último héroe, una figura crepuscular y por tanto asimétrica Bernet explora con bisturí la dimensión psicológica del personaje. Lejos de la invulnerabilidad de los relatos épicos, el héroe en este cómic es vulnerable, solitario y más que desgastado por ser fiel a un código rígido y riguroso. El conflicto interno, entonces, supera al externo, el de las balaceras. Volviendo al tratamiento visual, el estilo de Bernet se define por la utilización serena del claroscuro, lo que abunda en el tono sombrío de la narración. Apuesta el dibujante por los cuadros cerrados y los espacios claustrofóbicos, que también pueden serlo las grandes llanuras o las altas montañas y el rancho donde nuestro protagónico pasa las pocas temporadas de paz. El autor revisita el género del salvaje oeste y lo actualiza sabiendo que los malos, aquí muy malos, siempre lo han sido, y que los buenos se mueven siempre dentro de una moral gris, cargada de dudas al márgen del soplido del viento.
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John Banville: «Los escritores somos caníbales; nos comemos a nuestros propios amantes» (jue, 07 may 2026)
Para John Banville la palabra es un fin en sí misma, una pieza de orfebrería que no acepta deudas con la moral ni con el tiempo. La novela, por su parte, no es un objeto autónomo, redondo y pulido que se entrega al mundo con nada más que gratitud. No hay en sus páginas una intención de mejorar al hombre, ni de frenar las guerras, ni de dictar cátedra sobre la justicia. Convencido de que el arte es lo único que permanece cuando la vida se derrumba, el autor irlandés defiende una ética donde la única responsabilidad que el escritor debe tener es hacia la estética. Es en esta entrega absoluta al lenguaje donde Banville encuentra su verdadera identidad , o más bien, su desaparición. En 'Nocturno de Venecia' (Alfaguara), esa búsqueda de la forma pura se hace evidente: no busca el aplauso, ni el consenso, ni el reconocimiento. Acepta la muerte del autor: para él, una vez que la última palabra queda grabada, el escritor se convierte en un intruso. El Banville de carne y hueso, el que camina por Dublín o bebe un vaso de vino, no tiene derecho a explicar lo que la obra ya dice por sí sola. El libro debe ser un organismo que respira por su propia cuenta, ajeno a las intenciones, las disculpas o la biografía de quien lo parió. —¿Considera este libro como una meditación sobre las consecuencias del resentimiento creativo? —No tengo ni idea. Este libro es una novela, una obra de arte, y eso es lo máximo a lo que puedo aspirar. No tiene ambiciones sociales ni pretende hablar de nada en particular. Franz Kafka decía que el artista es aquel que no tiene nada que decir; yo tampoco tengo nada que decir. Tengo mucho que mostrar, pero carezco de un mensaje. No escribo para hacer que la gente sea mejor, para que mis hijos resulten más interesantes o para que las guerras sean menos frecuentes. Todo lo que hago es arte. Por alguna extraña coincidencia, a otras personas les gusta lo que creo, algo que sigo sin comprender. —Ha mencionado que los tiranos aman la lengua simple y que prosa compleja es una forma de resistencia. ¿Sigue considerándolo así? —No. Yo no tengo un propósito político. Ninguno. Voto, leo los periódicos, pero cuando me siento a escribir, soy un artista y no me importa el mundo o lo que suceda en el mundo. Mi única tarea es escribir una novela, escribir un libro, terminar algo y ponerlo en el mundo. Cuando era joven, tenía un tío de quien estaba muy orgulloso y me enseñó carpintería para hacer cosas. ¡Y me encantó hacer cosas! Esto es una forma de carpintería, es hacer algo. Antes, los jóvenes querían ser poetas, pintores, novelistas… e iban directamente a crear esas cosas. No puede ser así. Primero debemos aprender cómo es nuestro carácter. —¿Cuándo conoció el suyo? —Empecé a escribir a los doce años y no paré de hacerlo. A los diecisiete terminé una historia que, aunque no era muy buena, me hizo darme cuenta de que era escritor. Lo supe porque, al acabarla, sentí que ya no me pertenecía; se había marchado de mi lado. Era como tener un hijo: de pronto, había algo nuevo en el mundo que antes no existía. Aquel relato fue fundamental para mí. Se trata de eso: de crear cosas y de hacerlas lo más bellas posible. Hay pocas cosas tan hermosas como una frase perfecta, aunque una frase hermosa no deja de ser una quimera si el lector no tiene la capacidad de apreciarla de verdad. —¿Ha tenido alguna prueba real de que ese esfuerzo llega a alguien, o siente que escribe solo para usted mismo? —Siempre cuento que mi esposa estaba en la caja del supermercado cuando la cajera, al ver el nombre en la tarjeta de crédito, le preguntó si era pariente de John Banville. Al confirmarlo, la mujer le dijo que había leído un libro mío y que era lo más hermoso que había leído jamás. Para mí, un comentario así vale más que cien mil críticas en revistas literarias. No leo crítica especializada; no me importa lo que digan de mis libros porque no hay nadie más crítico con mi trabajo que yo mismo. La verdad es que mis libros me provocan una profunda vergüenza; los odio. —¿Entonces por qué sigue escribiendo? —Para intentar hacerlo bien. —¿Siente que no lo hace bien? ––¡Oh, sí, por supuesto que pienso que mi trabajo es bueno! Pero ¿qué puedo hacer? ¡Sigue sin ser suficiente! El poeta inglés Philip Larkin dijo algo maravilloso que he adoptado como lema: «No creo que escriba muy bien, solo mejor que todos los demás». Sin embargo, sigo sin escribir lo suficientemente bien para mis propios niveles de exigencia. Mi esposa siempre me dice: «¡Gracias a Dios que odias tus libros! Porque el día que escribas uno que te guste de verdad, te darás por satisfecho, te meterás en política y destruirás el mundo». Y yo le respondo que tiene toda la razón. Lo único que veo en mis libros son los errores, los fallos, que dejo cosas escritas por puro nervio. Es todo lo que veo en ellos. —¿No recuerda ninguna cosa buena? —Bueno, ocurrió una vez. Estaba terminando un libro —no recuerdo cuál— y me di cuenta de que, por coherencia, debía incluir una frase de una de mis obras anteriores. Tomé el ejemplar de la mesa, lo abrí y simplemente transcribí la frase. Al estar concentrado en el acto de copiarla, no la estaba «leyendo» como su autor, sino como un extraño. Y de pronto pensé: «Vaya, es una frase muy buena». Fue la única vez en mi vida que me sentí satisfecho con algo que escribí. Y fue precisamente porque no lo estaba leyendo con mis ojos de siempre; estaba lejos de ella, la veía como si fuera de otro. Pude apreciarla porque, en ese instante, no era mía. —Tiene una rutina de escritura muy extrema, de diez de la mañana a seis de la tarde. ––Lo hacía, pero ahora soy demasiado viejo. Actualmente escribo solo dos o tres horas al día, lo cual es peligroso. El novelista inglés Kingsley Amis decía que, cuando eres viejo, si no puedes escribir, ¿qué te impide empezar a beber? Por eso ahora empiezo a escribir más tarde; a veces me siento a las tres de la tarde solo para retrasar el momento de la primera copa. Me gusta beber, pero no disfruto de sus consecuencias. El problema es que, al terminar la jornada, uno piensa: «Vaya, lo he hecho otra vez, pero no ha estado tan mal». Y entonces bebes y te convences: «Bueno, quizá el texto es incluso bueno». Pero cuando te despiertas a la mañana siguiente y lo revisas... Dios mío, es mucho peor de lo que pensabas. Así que no es que tenga una rutina estricta para dejar de beber; tengo una rutina estricta para escribir. Simplemente ya no puedo mantener el ritmo de antes porque los años no perdonan. —Ha mencionado que el pasado es el único lugar donde podemos vivir, porque el presente se desvanece antes de que podamos tocarlo. —Bueno, es que para mí no hay presente. En cuanto intentas señalarlo, ya se ha ido. Vivimos, irremediablemente, en el pasado, y la ficción no tiene nada que ver con el tiempo ni con la vida. La ficción es un objeto formado, pulido y puesto en el mundo; tiene un comienzo, un medio y un final. La vida no es así. No recordamos nuestro nacimiento ni experimentamos nuestra propia muerte. La muerte no es una experiencia «en» la vida. Solo tenemos esa mezcla confusa en el medio, y por eso acudimos a la obra de arte. Por eso voy al Prado a ver 'Las Meninas': por esa obra cumplida, redonda y terminada. Mi vida consiste en tropezar en el Prado o caer en un vaso de vino, pero el arte nunca cae. Esto que acabo de decir es bueno, ¿no? —¿ Tal vez esa sea la segunda frase que le gusta de su propio trabajo? —No solo es una frase, es un sentimiento: la noción de arte. Si el arte falla, falla, pero el arte es lo único que cumple su promesa. Otros miran mi trabajo y ven algo exquisito o trascendental, pero yo no puedo verlo. Si lo hiciera, como decía mi abuela, tendría que dejarlo, dedicarme a la política y destruir el mundo. —En 2019 fue víctima de una broma pesada sobre el premio Nobel. Tras haber ganado casi todos los demás premios, ¿se ve ganándolo? —No, no lo voy a ganar. Mi nombre está manchado por aquella locura. La Academia Sueca es una organización muy extraña y no creo que sean buenos conmigo. Es una pena, porque el dinero del premio les vendría muy bien a mis hijos. —En España se debate mucho sobre si los premios literarios son un reconocimiento o puro marketing. ¿Cree usted en ellos? —Si uno cree que un premio lo hace mejor escritor, es que es un idiota. Pero los premios son maravillosos, como un regalo de Navidad. El premio Princesa de Asturias, por ejemplo, es fantástico; entre otras cosas, porque limitan los discursos a tres minutos, y en estas ceremonias la gente puede hablar por horas. Pero un premio no hace que mi escritura sea mejor. Cuando Yeats ganó el Nobel, lo primero que preguntó fue: «¿Cuánto dinero es?». Es una reacción sensata. Ganar un premio es bueno porque hay que comer y vestir a los hijos, pero después tienes que volver a casa y seguir escribiendo. —¿Qué encuentra en la literatura para sostener su vida? —Como dijo Kafka: «Yo soy literatura». Yo soy la escritura. No sé vivir de otra forma. Mi pobre esposa lo entendió hace años tras una discusión terrible; ella me gritaba lo monstruo que soy y yo le pregunté: «Cariño, esto es maravilloso, ¿puedo usarlo?». Ella me llamó monstruo de nuevo, pero aceptó. Ese es el tipo de pareja que un artista necesita: alguien que entienda que lo más importante es convertir la vida en arte. Esa es nuestra tragedia: los artistas realmente no vivimos, todo es material. Cuando alguien muere y piensas: «¿Puedo usar esto?», te das cuenta de que no eres humano. Los escritores somos caníbales; nos comemos a nuestra gente y a nuestros amantes. Es el precio de ser artista. Mi habitación de trabajo es un agujero negro; es completamente silenciosa y de ahí no sale nada, hasta que sale el libro. Conozco escritores para los que esto es una carrera: ganan premios, buscan la fama y se pierden. Pero ellos no eran escritores desde el principio. Esto es una llamada. —En esa «llamada», ¿cuál es la pregunta sobre el arte que aún no ha respondido? —Todas. Sigue siendo un misterio para mí. Varias veces por semana me levanto de mi oficina y me pregunto qué estoy haciendo escribiendo historias en lugar de ser un adulto, ganar dinero con Bitcoins o declarar una guerra. Escribir parece una forma infantil de vivir, pero es que el artista es como un niño: para él todo es nuevo. Mirar la lluvia y ver que cae agua del cielo es un milagro extraordinario, pero nos aburrimos y dejamos de verlo como tal.
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'Las puertas del mundo. Europa y la globalización medieval' (mié, 06 may 2026)
Los manuales escolares sitúan los inicios de la globalización medieval en la Era de los Descubrimientos, desde el siglo XV hasta finales del siglo XVI, con las potencias ibéricas como grandes protagonistas a través de las exploraciones hacia América y Asia. Un proceso que siempre ha tenido Europa en el centro del relato : lo que cada parte aportaba se analizaba desde Occidente, condicionado por motivos ideológicos (las potencias colonizadoras eran europeas) y académicas (la Historia como disciplina se desarrolló bajo esos parámetros). Por este motivo el lector no especializado puede sorprenderse con un libro cuyo título, 'Las puertas del mundo. Europa y la globalización medieval', recurre al término antes del encuentro masivo entre Europa y América a raíz de los viajes de Colón. Y, sin embargo, como explica con toda lucidez y contundencia Paolo Grillo, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Milán, el mundo medieval ya estaba globalizado, aunque fuera de manera diferente y con parámetros diversos respecto al desarrollo en época moderna y contemporánea. Si salimos del Viejo Mundo y posamos la mirada sobre otro territorio con el que los europeos estaban en contacto, el Imperio mongol del siglo XIII, que se extendía desde China y Mongolia hasta las estepas de Ucrania pasando por Asia Central y parte de Oriente Próximo, nos encontramos claramente ante una expresión evidente de 'economía-mundo'. Desde el mar de China hasta el Mediterráneo y el mar Negro, pasando por el océano Índico, las especias y la seda viajaban de la mano de los mercaderes mucho antes de que los portugueses llegaran a Calicut, en un claro ejemplo de globalización medieval. Aunque hay un debate entre los medievalistas actuales sobre si la disciplina puede aplicarse a formaciones políticas extraeuropeas o si debe limitarse al mundo que la alumbró, resulta imposible rechazar el planteamiento del autor. La realidad es que Europa no estaba sola en el mundo y, sobre todo, no estaba aislada. La colonización vikinga de tierras americanas es anecdótica al lado del flujo de intercambios y el movimiento de personas en Eurasia, uniendo dos mundos que se descubrieron mutuamente, en un proceso en el que los europeos no eran los actores fuertes y sufrieron de manera traumática la expansión mongola, que en su camino se anexionó la milenaria Persia y destruyó el califato abbasí de Bagdad antes de causar estragos en Rusia y Polonia. La 'Pax Mongolica' que sucedió a la devastación abrió rutas que compartieron viajeros intrépidos, del mercader veneciano Marco Polo al árabe Ibn Battuta, pasando por los franciscanos Juan de Plano Carpini (representante de la Santa Sede), Guillermo de Rubruck (embajador de Luis IX de Francia) y Odorico de Pordenone. Todos han dejado las primeras descripciones documentadas sobre Asia, señalando semejanzas y diferencias de una realidad nueva y sorprendente que no podían entender del todo. Sin embargo, la globalización no es obra de unos pocos, aunque el Romanticismo exaltara la gesta de los viajeros aislados . La globalización es, simplemente, la manifestación de unos contactos fluidos, manifestados fundamentalmente a través de los intercambios comerciales: el Mediterráneo no era el centro del mundo, era el espacio en el que confluían rutas procedentes del África negra, Etiopía, la India y China, a través de puertas como Alejandría, Venecia o Génova. Con el comercio también se produjo un intercambio cultural, signo de la globalización de su tiempo: el Concilio de Vienne de 1312 estableció que las universidades europeas enseñaran cumano (lengua túrquica), persa y árabe, mientras los 'paños tártaro'» estaban de moda y Bocaccio ambientaba una parte de su Decamerón en China. El colapso del Imperio mongol y la inestabilidad política del Mediterráneo oriental pusieron fin a la globalización euroasiática del 'siglo mongol' (1206-1368), dando paso a un mundo más cerrado . La siguiente globalización la impulsaron los europeos. Sin embargo, es muy útil conocer este precedente en el que Europa era la periferia para recordarnos que no somos (ni nunca fuimos en realidad) el centro del mundo. Ficha Título: 'Las puertas del mundo. Europa y la globalización medieva'l Autor: Paolo Grillo Editorial: Prensas de la Universidad de Zaragoza Año de edición: 2025 Disponible en Prensas UNIZAR Disponible en Unebook (edición digital)
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María Asunción Mateo: «Atravesamos un momento difícil para expresarnos con libertad» (dom, 03 may 2026)
María Asunción Mateo   estuvo en el ojo del huracán a raíz de su matrimonio con Rafael Alberti. Recibió duras críticas de figuras como los escritores Benjamín Prado y Luis García Montero. Durante años guardó silencio sin entrar en polémicas hasta que lo rompió en 'Mi vida con Alberti'. Pero es necesario ver a María Asunción Mateo más allá de su relación con el poeta de la Generación de 1927, a quien conoció en un acto en Baeza en homenaje a Antonio Machado en 1983. Tiene en su haber numerosos estudios sobre lírica y antologías poéticas, y ahora publica su primera novela, con una protagonista femenina que se reinventa a sí misma. —¿Qué le ha motivado a escribir novela? —Esta es mi primera novela publicada, aunque tengo cuatro escritas. Una de ella, 'Las lunas que se han ido', acaba de recibir el premio de narrativa Camilo José Cela de la Diputación de Guadalajara, que recogeré a finales de este mes. El motivo de escribir 'Conquistarás la lluvia' radica en mi pasión por la literatura, por trabajar el idioma, no porque tuviese un argumento planificado. Parecerá sorprendente que la trama fuese surgiendo de forma casi inesperada, a la vez que los personajes iban tomando la palabra y perfilándose sus caracteres. Para un escritor, lo más importante radica en tener sentido del idioma, eso es algo que se tiene o no se tiene, aunque es innegable que el estilo puede mejorar con las lecturas acumuladas a través del tiempo y el corregir una y otra vez lo que ya creías acabado. El idioma me merece mucho respeto, es la herencia más valiosa que tenemos y debemos cuidarlo. pues preserva nuestra identidad, nos conecta con la tradición y nos hermana con nuestro pasado común, con la gente de la calle que lo habla con giros inesperados y sabios que nos ayudan a profundizar en su origen. —¿Cómo le surgió la idea y cómo ha sido el proceso de escritura? —El proceso de creación es muy personal, intransferible y, a veces, como en mi caso, quizás sorprendente. Creo que se ha sublimado o mentido acerca de él. Para mí, escribir es casi mi estado natural, me sumerjo en la trama y puedo seguir haciéndolo mientras la gente me rodea, con música de fondo o sin ella, con el eco de un televisor, en un silencio sepulcral o en una soledad absoluta. —¿En esencia, cómo calificaría a Amira, su protagonista? —Es una prestigiosa novelista habituada al éxito, pero también una mujer demasiado sensible con su entorno y muy exigente consigo misma, que pasa por una grave crisis sentimental y también profesional por el fracaso de su última publicación. Y no encuentra consuelo ni forma alguna de remontar estas dos difíciles situaciones que la hunden en la desesperación hasta que… ¡Bueno, para desvelarlo hay que leer la novela! —¿Hay algo de usted en ella? —Sí, claro, es muy difícil desprenderse totalmente de un personaje al que tú misma has creado. Casi todos acostumbran a tener algún rasgo mío, aunque luego, como tienen vida propia, se independizan y hacen incluso aquello que no me gustaría que hiciesen. De las novelas que tengo escritas, excepto en una, la protagonista es una mujer, algo fácil de entender porque entre nosotras, por muy distintas que seamos, siempre existen puntos de conexión que nos unen y nos hacen comprender lo que la otra está sintiendo, ya que son situaciones similares a la que también hemos vivido, porque el paso del tiempo es nuestra historia. —El título es muy sugerente. ¿Nos remite a que no debemos dejarnos vencer por la adversidad ni los posibles fracasos? —Tiene un sentido muy abierto, pero podría asegurar que casi sin advertirlo esa ha sido mi idea, siempre hay que seguir adelante, por duro que resulte a veces. Todos sabemos que la vida no es fácil ni siempre justa, pero debemos luchar por lo que soñamos y aunque sólo consigas parte de ese sueño, cuando lo logras, ha valido la pena el esfuerzo. No intentarlo sería renunciar de antemano a lo que la vida nos depara y que suele ser siempre algo inesperado en cualquier sentido. —¿Siempre nos podemos reinventar? —Siempre, porque la vida te conduce por caminos insospechados que te hacen cambiar de opinión -que no es cambiar de principios-, comprender algo que nunca entendiste por falta de madurez y reflexionar sobre aquello que te pasó inadvertido y es realmente valioso. En mi caso, si en algún momento de pérdida no hubiera decidido seguir adelante, quizás hubiera renunciado a parte de los momentos más felices de mi vida y nunca hubiera sabido que podrían haber existido. —Combina la primera y la tercera persona… —Sí, acostumbro a hacerlo de forma natural, objetivo una situación -el narrador omnisciente- y poco después me veo totalmente involucrada protagonizando un papel que no había previsto. Creo que ya se ha convertido en una… llamémosle técnica estilística que casi se me impone a través del desarrollo de la novela. El relato tiene una estructura circular de la que fui consciente una vez ya publicada la novela al comparar las últimas frases del comienzo y las del final de la historia. Como verá, parece que improviso y, sin embargo, me acuso de ser demasiado perfeccionista, no dejo de corregir y eso no beneficia mucho la salud mental. —Hay una posición muy crítica con la actual situación de la cultura… —Aunque no es una posición muy original la de mi protagonista, la comparto totalmente ya que está en el ambiente, en la calle, en cualquier lectura o conversación que mantengas. La ideología no debe primar sobre la calidad literaria de una obra para premiarla o no con su publicación. Si lo hacemos, deberíamos borrar muchos nombres de la historia de la literatura universal y en general del arte. Estamos atravesando un momento difícil para expresarnos con la libertad de hace unos años y que se nos acepte disentir con lo establecido. Pero, como ser humano que soy, admito que no me libro de los prejuicios ante determinados autores con los que no comparto su forma de entender el mundo y a sus semejantes. Sin embargo, no los maltrataría, simplemente dejaría que los disfrutaran otros. — En 'Conquistarás la lluvia', con las reflexiones de Amira sobre la novela que está escribiendo, se asoma la metaliteratura… —Sí, suele ocurrirme, el haber sido profesora de lengua y literatura imprime cierto carácter y convierto el acto de escribir en un acto de reflexión sobre la misma escritura… Voy a dar la impresión de que lo hago de forma intencionada y le aseguro que no. Es que me meto espontáneamente en continuos jardines que al intentar atravesarlos pueden intelectualizar el texto más de lo previsto. Pero confío en que esto no obstaculice la lectura, sino que colabore a que el lector se haga nuevos planteamientos. —Ahora que no hace mucho se celebró el Día de la Mujer, ¿está de acuerdo con Amira cuando denuncia que canciones como 'Cómeme el donut' no ayudan precisamente a las reivindicaciones feministas? ¿Cómo ve el feminismo actual? —Por supuesto, las reivindicaciones más justas no están reñidas con el buen gusto y creo que hay que defenderlas desde otra perspectiva, pero no voy a imponer yo las normas. La lucha por el feminismo es algo muy serio y necesario, sinceramente creo que no hay una sola mujer que no sea feminista, tal vez haya que ayudarla descubriéndole actuaciones suyas que no ha valorado lo suficiente. Lo importante es que no sirva de enfrentamiento continuado con los hombres de buena voluntad conscientes del resultado de la educación que han recibido. Y, también, hacer entender a otros que se niegan a aceptar esta realidad que la igualdad de derechos, deberes, oportunidades, obligaciones y respeto mutuo deberían ser inherentes en todas las personas, por encima del sexo al que pertenezcan. —¿Y comparte la admiración de Amira por Nathalie Sarraute? ¿Tiene usted algún novelista de referencia? —Sí, claro, aunque hace muchos años que no he vuelto a releerla. Elegir novelistas clásicos de referencia, de cualquier época, sería interminable en una entrevista, pero la narrativa francesa del XIX me fascina, y también Clarín, la Pardo Bazán , Galdós… Entre los autores españoles contemporáneos, destaco a las mujeres y, aunque es injusto, prefiero no citarlas porque las admiro y valoro tanto que no quiero que ninguna quede fuera de la lista. —¿Se han cerrado las heridas que le ocasionaron los ataques por su relación con Rafael Alberti, que abordó en 'Mi vida con Alberti'?   —Las heridas sanan y desaparecen cuando en un mismo ser coinciden en armonía y equilibrio mente y cuerpo. Mientras que las injusticias, las faltas de dignidad y respeto que definen la conducta de determinados seres permanecen para siempre al constar en letra impresa. Y en la Biblioteca Nacional, aunque solo haya un ejemplar de mi libro, éste se conservará siempre para dar fe de lo sucedido.
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CEDRO premia a Javier Sierra por su defensa por los derechos de autor (mié, 29 abr 2026)
El Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) ha celebrado este miércoles una rueda de prensa previa a la entrega del Premio CEDRO, que, en su décimo aniversario, reconoce al escritor y periodista Javier Sierra por su contribución a la defensa de los derechos de autor y la cultura escrita. En el encuentro han intervenido Javier Sierra, escritor y Premio CEDRO 2026; Carme Riera, presidenta de CEDRO; y Jorge Corrales, director general de la entidad, quienes han puesto de manifiesto que autores y editores reclaman un movimiento urgente de la administración, basado en liderazgo, coordinación y cumplimiento efectivo de la ley, también en el ámbito de la inteligencia artificial (IA). Los tres han coincidido en que la protección de los derechos de autor no es una cuestión sectorial, sino una decisión política que define el modelo de cultura y de democracia que se quiere construir. La presidenta de CEDRO ha destacado que el galardón reconoce el firme compromiso de Javier Sierra con los derechos de autor: « Javier ha sido un altavoz contra la piratería , ha reclamado el liderazgo de las Administraciones Públicas en el fortalecimiento de la cultura escrita y ha advertido de los desafíos que la IA plantea para los creadores y para el conjunto de la sociedad». Por este motivo, ha subrayado que «diez años después, ese compromiso sigue siendo más necesario que nunca, como estamos viendo con el tema de la IA» y ha recordado que «sin respeto a los derechos de autor, no hay cultura sostenible» . El escritor ha agradecido este galardón y ha explicado que «nos enfrentamos a una lucha épica en dos frentes: por un lado, lograr una gestión material, de alcance planetario, de los derechos de autor, que incluya los usos que la IA hace de nuestros libros. Pero, por otro, contener las amenazas a la originalidad y a la libertad creativa a las que están abocándonos los algoritmos que alimentan esa Inteligencia Artificial. De cómo salgamos de ambos desafíos depende tanto el futuro económico como la solvencia intelectual de la literatura». En este encuentro con los medios, el director general de CEDRO ha advertido de que «la situación de los derechos de autor por la reutilización de los contenidos editoriales no ha mejorado». Según ha explicado, persisten problemas como la piratería del libro y la Prensa, la falta de transparencia en la reutilización de publicaciones en el ámbito educativo y administrativo, la ausencia de información sobre derechos de autor y, ahora, se añade el impacto de la inteligencia artificial en la cultura escrita, una situación originada por «las políticas desequilibradas del 'todo gratis'». Desde CEDRO han valorado positivamente la reciente Declaración en favor de los derechos de autor y la propiedad intelectual aprobada por el Consejo de Ministros. Sin embargo, Corrales ha subrayado que «el reconocimiento no basta si no va acompañado de hechos y de un respeto real y efectivo por parte del sector público». También ha recordado que autores y editores no reclaman nuevos derechos, sino el cumplimiento de la ley vigente, basado en transparencia, autorización y remuneración justa, y ha advertido de que «sin mecanismos reales de cumplimiento, los derechos se convierten en una mera declaración formal». En este sentido, Sierra ha puesto el foco en la gestión de las Bibliotecas. «Muchas trabajan en precario, con escasez de personal y de medios. Y esas carencias se notan también en la ausencia de pagos de los cánones por derechos de autor que son comunes en países de nuestro entorno y que van destinados a compensar a los autores por el préstamo de sus textos. Las Administraciones deben ser conscientes de esos ahogos y dotar como se merece a una de nuestras mejores herramientas culturales». En la sesión se ha recordado que, tal y como recoge el Observatorio de la Sostenibilidad de la Cultura Escrita, el estudio anual impulsado por CEDRO, los principales problemas a los que se enfrentan actualmente autores y editores son el incumplimiento de la Ley de Propiedad Intelectual y la normalización de usos no autorizados —que van desde la piratería y los usos en el ámbito educativo hasta la reutilización de contenidos editoriales por sistemas de inteligencia artificial—, así como la escasez de información sobre los derechos de autor y, especialmente, la falta de liderazgo del sector público en el respeto efectivo de la propiedad intelectual. Por su parte, el escritor galardonado ha insistido en que «el principal problema no es únicamente el robo de contenidos, sino la permisividad institucional que lo hace posible por dejación», y ha pedido una acción coordinada que contribuya a generar una conciencia colectiva sobre lo que implica el acceso a la propiedad intelectual. A pesar de la falta de avances institucionales, Jorge Corrales ha destacado que se están produciendo cambios positivos en la percepción de la ciudadanía. En concreto, ha subrayado que, según el Observatorio, existe una mayor valoración de la cultura escrita, una creciente desconfianza hacia las grandes tecnológicas y una demanda clara de liderazgo público para reforzar los derechos vinculados a la cultura escrita. Un consenso social que, ha insistido, legitima la acción pública para fortalecer el sector editorial y avanzar en su sostenibilidad. Asimismo, ha añadido que «mientras la sociedad está revisando valores y hábitos para cuidar mejor de sus creadores, otros colectivos siguen operando con modelos y lógicas del pasado». Javier Sierra ha apuntado que «proteger los derechos de autor no es solo una cuestión que afecta a los creadores actuales, sino también una responsabilidad con los autores del futuro». Sobre el impacto de la inteligencia artificial en la creación, se ha advertido de que, bajo el paraguas de la inteligencia artificial, se están legitimando usos masivos de contenidos protegidos sin autorización ni compensación. En consecuencia, tanto desde CEDRO como Javier Sierra han solicitado «una inteligencia artificial ética, transparente en cuanto al uso de las obras para su entrenamiento y desarrollo y una remuneración justa para los creadores de las obras que se utilizan en estos programas informáticos». Y han apuntado como modelos a seguir los liderados por Noruega, Países Bajos, Suecia y Francia. El director general de CEDRO ha señalado que en el entorno digital se ha extendido la falsa idea de que los contenidos culturales son gratuitos, lo que pone en riesgo la sostenibilidad de la creación. Esta situación, ha manifestado, «se agrava con prácticas que eluden el pago de derechos y con el desarrollo de la inteligencia artificial, que reutiliza contenidos sin transparencia ni normas claras, provocando una pérdida real de derechos para los creadores».
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Javier Chicote: «A base de escándalos, Pedro Sánchez ha anestesiado a la sociedad» (mar, 28 abr 2026)
El riesgo va en el cargo para Javier Chicote . Como jefe de investigación del diario ABC se ha sentado a la mesa con políticos corruptos, mafiosos, promotores viciosos… y cualquiera que le haya podido facilitar la pieza clave de un nuevo reportaje. «No he sentido miedo nunca. Si no quieres quemarte, no te hagas bombero», explica. Lo que sí le dio un poco más de respeto fue embarcarse en el mundo de la ficción. El juicio del público, a menudo más implacable que el de los tribunales. Fiel a su impulso de superarse, presenta estos días 'Demonios bajo la cama' (HarperCollins), una novela en la narra uno de los casos de corrupción que todavía no ha publicado en los medios, pero que necesitaba contar a sus lectores… de otra forma. —¿Qué tal su primer acercamiento a la novela? —Era algo que no tenía pensado hacer... quizá solo cuando fuese mucho más mayor. En principio, cuando la editorial se puso en contacto conmigo, rechacé la propuesta, pero en casa me empezaron a surgir escenas que había vivido y entendí que eran perfectas para una novela. Gracias a mi trabajo he tenido experiencias vitales que otros no han tenido. Soy una persona que se sienta con narcotraficantes, con políticos corruptos… Al final vi que tenía sentido contárselo a los lectores. —Afirma que el de su novela es un caso real, pero ficcionado. —Aunque con algunos matices, el caso de corrupción que cuento es real y está probado; hasta los diálogos son literales. En su momento no pude darlo a conocer por diferentes motivos; el principal, que legalmente era muy delicado. Tenía testimonios, pero faltaban algunas piezas. A pesar de ello, confío en poder publicarlo en el futuro. También es cierto que hacerlo a través de una novela es mucho más fácil porque nadie se va a querellar y, si un político se siente señalado, no sería muy inteligente por su parte levantar la mano e inculparse. —En la novela habla de un partido, el Socialdemócrata, que ha tenido que pactar con otro más a la izquierda para gobernar. ¿Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia? —He cambiado los nombres después de hablar con la editorial, pero creo que no hace falta decir qué partidos son. Y lo mismo pasa con el Partido Liberal Conservador. Es un libro que está muy pegado a la actualidad y que se basa en hechos reales. Cuando narro la corrupción en el Ministerio de Fomento , por ejemplo, es porque me lo desvelaron a mí. Y pasa lo mismo con los personajes. El 'Pollo', Fran Melquíades, está creado a partir de dos personas que conocí durante la investigación. —Entiendo que tampoco hace falta decir cuál es la famosa empresa de supermercados Mercatón. —No me voy a esconder. Los nombres están escogidos a propósito. Todo en la novela existe y es real. —¿Hasta qué punto está podrido el mundo de la política? —Siempre creí que una sociedad avanzada es menos corrupta. La lógica dicta que es uno de los síntomas de maduración democrática. Pero me equivoqué en ese diagnóstico. Si ves lo que se está juzgando ahora –prostitutas, pagos en metálico...– te tienes que alarmar y asumir que la corrupción no va a desaparecer. Hay una máxima en el proceso de investigación: 'follow the money' ('sigue el dinero'). Ahí aparece todo. —¿Cuánta corrupción puede aguantar un país antes de dejar de mirar para otro lado? —España está aguantando muchísimo. Nos olvidamos de que es probable que sienten en el banquillo a la mujer del Presidente del Gobierno , de Tito Berni… Siempre digo que esto ha superado el umbral del dolor. Esa es la virtud de Pedro Sánchez: a base de escándalos, ha logrado que la sociedad esté anestesiada. —Mateo, que es periodista, tiene demonios bajo la cama. ¿Usted también? —Mateo no soy yo. De hecho, para alejarme de él le hice del Real Madrid, que eso es algo que yo no podría ser jamás [ríe]. En cuanto a los demonios… yo tengo más. Mi padre quería que estudiase Económicas y trabajase en la pequeña fábrica familiar, pero me enfrenté a él y conseguí ser periodista. Desde que murió me gustaría decirle que no se me da mal lo que hago, pero no puedo. Es algo que llevo clavado y que me recuerda ese demonio que hay debajo de mi cama. —¿Qué hay de espía en el trabajo de un periodista de investigación? —Se parecen, pero hay una diferencia: nosotros investigamos, pero no porque un cliente nos lo encargue. Sí que tenemos ciertos métodos similares, pero la clave es conseguir siempre la información de forma lícita. Sin engañar, sin presionar, sin amenazar… —Mateo vive momentos muy tensos. ¿Ha pasado miedo durante una investigación? —Nunca, y eso que he tenido enemigos poderosos. Me han hecho informes de Hacienda en la etapa de Montoro; me han puesto querellas; me han señalado Alvise y Podemos… pero no vivo con miedo. En la universidad suelo decir que, si te da miedo el fuego, no te metas a bombero. Los periodistas de investigación nos enfrentamos a gente poderosa, con pocos escrúpulos y que pueden hacernos daños, pero es nuestro trabajo. Si estuviera en Colombia o en Rusia me matarían por ello; aquí, es un detalle, no lo hacen. Lo que sí procuro es que mi familia esté a salvo. Si alguien se acercara a ellos me generaría muchísima furia. Esa es mi línea roja. —Pero le habrán amenazado... —¡Claro! El comisario Villarejo está muy enfadado conmigo porque hablo con libertad en las tertulias y me ha enseñado los dientes. Y a nivel físico, otro tanto. Una vez, en el barrio del Príncipe de Ceuta, un chaval nos intentó apuñalar a un cámara y a mí. Aunque el momento de mayor tensión fue cuando un guardia de seguridad de República Dominicana nos apuntó con un fusil de asalto.
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La aventura de confirmar la paternidad de una comedia olvidada de Lope de Vega (mar, 28 abr 2026)
No es que realmente le hiciera falta, porque de Lope se cuentan un buen porrón de comedias seguras (más de 300) y un sinfín de atribuciones (hasta 1800 según su amigo Pérez de Montalbán), pero ya cuenta con una más con todos los sacramentos: efectivamente, 'La esclava de su hijo' «es de Lope», como se decía en su tiempo. Este bombazo es obra y arte de Daniele Crivellari, profesor de literatura española en la Universidad de Salerno (Italia) y —vicios de cada uno— gran experto de los manuscritos lopescos, que ya había redescubierto la comedia ' Barlaán y Josafat ' (editada en Cátedra, 2021) y sigue empeñado en recuperar la obra del Fénix de la mejor manera posible para el lector de hoy. Como en las mejores historias, todo parte de un trabajo minucioso y riguroso que —con una pizca de casualidad— hace saltar la liebre, pese a que 'La esclava de su hijo' vivía en el infierno de las piezas «que no son de Lope»: de hecho, casi nadie le prestaba atención, porque se había visto condenada al olvido por las dudas que planteaba el porcentaje de la forma métrica del romance frente a la práctica habitual de Lope en el clásico trabajo de Morley y Bruerton (1968). Por si fuera poco, la edición que se conoce de Cotarelo y Mori es un desastre: procede de una copia del manuscrito conservado en Parma que un profesor de sánscrito (el italiano Emilio Teza) manda a don Marcelino Menéndez Pelayo, con toda una serie de descuidos, errores y lagunas. Luego, la dinámica había hecho el resto, hasta que Crivellari ha repasado la historia desde el inicio y ha ido uniendo todas las piezas. Ya se sabía que 'La esclava de su hijo' constaba en la segunda lista de comedias lopescas de 'El peregrino en su patria' (1618), a lo que el intrépido detective añade varias razones de las buenas: para empezar, recuerda que el resto de tendencias estróficas es coherente con la práctica de Lope y, después, la consulta 'in situ' del manuscrito 'parmigiano' le permite recuperar cuatro pasajes perdidos («Demonios sois las mujeres», «se debe respequeteo», «Desenfedro / de la negra galería» y «Sasté, bícaro y niranja») que siempre pertenecen a intervenciones del gracioso, con su dosis de comicidad e ingenio. A la recuperación se suma una explicación perfecta, pues —salvo el primer ejemplo— se trata de neologismos juguetones: «respequetear» es una variante jocosa de «respetar», «desenfedrar» es un sinónimo de «desenvainar» de origen italiano (de «fodero») y, por fin, se trata de un parlamento melindroso que viene a decir «vuesa merced, búcaro y naranja», con un cambio vocálico que ridiculiza a una dama remilgada. Estas lecturas inéditas son —en palabras de mi colega— «marcas de identidad estilísticas y léxicas» que sustentan la paternidad lopesca. Pero es que, además, Crivellari riza el rizo y hasta desmonta el obstáculo del romance poco lopesco en la comedia con tres razones como tres soles: el empleo similar de este metro en 'El hijo Venturoso' (parcialmente basada en el mismo argumento), el léxico de los fragmentos y el empleo de las rimas asonantes en los romances de 'La esclava de su hijo' en diálogo con otros textos lopescos y, finalmente, la estructura de la comedia (construcción y equilibrios estróficos). Pues bien, ¿cómo ha logrado Crivellari hacer todo esto? La respuesta sencilla es con mucho conocimiento y sentido común (que a veces es el menos común de los sentidos), pero la detallada tiene algo más de jugo: Crivellari se ha servido de distintas bases de datos (ARTELOPE, CORDE, TEXO, TEXORO y alguna más) para consultas valiéndose de los adelantos más modernos, al tiempo que ha hecho también labor de hormiga revisando con lupa el manuscrito y explicando como un orfebre de la filología todas las cuestiones con pasajes paralelos y otras técnicas, gracias a su —como se diría ahora— 'expertise' sobre el teatro de Lope. Solamente la combinación de distintos métodos y diferentes perspectivas para ofrecer un análisis a 360º que tenga en cuenta todos los factores presentes en una comedia del Siglo de Oro. Para el curioso que quiera saber más, todo esto lo cuenta con lujo de detalles Crivellari en dos entregas con el significativo título de «En busca del hijo perdido: a propósito de una comedia novelesca atribuida a Lope», publicadas respectivamente en el libro 'Mundos novelescos en el teatro del Siglo de Oro' (Peter Lang, 2025) y en el 'Anuario Lope de Vega' (32, 2026, pp. 363-392). Sí, oigan, Lope es un universo tan rico que cuenta con una revista toda para él. Que, por cierto, este es otro mundo de la academia que merece capítulo aparte. En tiempos de furor por las técnicas digitales (estilometría, IA y demás cosicosas), el trabajo de Crivellari demuestra que todas estas novedades son una herramienta más, ciertamente con gran potencial que hay que tratar de aprovechar, pero no la panacea absoluta que deja atrás la filología clásica: lo ideal, como casi siempre, es tratar de moverse en equilibrio entre la tradición y la vanguardia. Lope, padre del 'Arte nuevo' que hizo saltar por los aires la fórmula teatral del siglo XVII , sin duda estaría de acuerdo. Y contento, porque ha recuperado una comedia que se había perdido por los pliegues del tiempo: gracias, pues, le sean dadas a don Daniele. ¡Y viva Lope de Vega!
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Jonathan Haidt: «Cuanto antes expones a los niños a la IA, antes dejan de pensar» (dom, 26 abr 2026)
Hace tiempo que Jonathan Haidt es uno de esos nombres que se citan cuando alguien se pone nostálgico con la vida antes de Instagram o TikTok. En 'La generación ansiosa' (2024), este psicólogo social denunció cómo las redes sociales estaban minando la salud mental de los jóvenes, además de su atención. El libro se convirtió en un 'best seller', y anticipó el movimiento político de restricción de acceso a las redes a los menores de dieciséis años, una medida que él espera que se convierta en global. Ahora, Haidt reedita en España su primer ensayo, 'La hipótesis de la felicidad' (Deusto, como el resto de su obra), que cumple veinte años. También señala a su nuevo enemigo: la inteligencia artificial. «Tal vez no sea compatible con la democracia liberal», señala al otro lado de la pantalla. —Han pasado veinte años… ¿Cómo ve hoy 'La hipótesis de la felicidad'? —Bueno, es el libro de un hombre mucho más joven [sonríe]. Volví a él hace unos meses y me alegró mucho descubrir que prácticamente todo sigue teniendo sentido: por suerte, la sabiduría antigua no ha perdido relevancia; si acaso, se ha vuelto aún más relevante... Lo que más ha calado del libro es la idea de que la mente está dividida en dos partes que a veces entran en conflicto: eso ayudó a muchas personas a entender por qué hacían estupideces, por qué cometían ciertos errores. —Se ha citado mucho su metáfora del jinete y el elefante: todos llevamos dentro un jinete racional que intenta guiar a un elefante emocional de seis toneladas. —La metáfora surgió de mis propios errores, de mis estupideces, sobre todo en el amor: mi cabeza y mi corazón no estaban de acuerdo... Esa es la contribución más duradera del libro: ayudar a la gente a entender la tensión entre el jinete y el elefante. Y eso también puede aplicarse a la sociedad. —Al final del libro, ya advertía sobre los peligros de la polarización, de demonizar al adversario político… Eso tampoco ha caducado. —Es que ya en 2005 era fácil ver las señales de una polarización creciente en Estados Unidos. Ya se podía intuir que cuando un bando odia al otro, está dispuesto a saltarse la ley, a hacer cosas ilegales, porque el fin justifica los medios. Esto ha empeorado tanto que Estados Unidos corre el riesgo de colapsar, que es el destino de muchas democracias: colapsar por conflictos internos. Ahora ese es el riesgo. —Le cito: «Dado que la guerra cultural es ante todo ideológica, ambos bandos recurren al mito del mal absoluto. No se puede reconocer una parte de razón en el adversario sin incurrir en un delito de alta traición». —Así es. Y esto lo escribí cuando estaban surgiendo las redes sociales: la mayoría de la gente aún no las usaba; yo tampoco. Las redes sociales lo han empeorado todo muchísimo. Porque ahora cualquier gesto de reconocer virtudes en el bando contrario es atacado de inmediato y de forma masiva. Y esa es una de las razones por las que soy tan crítico con las redes: es muy evidente lo que han hecho a la democracia y lo que están haciendo a la salud mental. —Hablemos de las redes sociales y la democracia, entonces. —Las cosas están mucho peor que en 2022. El segundo mandato de Donald Trump es aterrador para cualquiera que se preocupe por las normas de la democracia liberal y la separación de poderes en Estados Unidos. Todo está cambiando tan rápido que quizá no pueda escribir un libro sobre ello. Ahora estoy trabajando en un artículo para 'The Atlantic' sobre cómo la inteligencia artificial puede que sea incompatible con la democracia liberal. La IA dificulta la supervivencia de la democracia liberal. —¿Por qué? —Porque la democracia es una conversación que requiere varias cosas. Requiere educación y una realidad compartida: la gente tiene que poder hablar de lo que está ocurriendo y tiene que poder debatir y discutir. Pero eso va a ser muy difícil en el futuro, porque la inteligencia artificial nos está volviendo a todos mucho más ignorantes, especialmente a los jóvenes. Es muy difícil aprender nada cuando puedes preguntárselo todo a la IA. La lectura está cayendo en picado: los libros no van a ser muy importantes en el futuro. No vamos a tener un electorado educado y alfabetizado en Estados Unidos. Ese es un problema. El otro es la realidad compartida. Cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre, todos entendimos que habíamos sido atacados por Al Qaeda. Si eso ocurriera hoy, no lo entenderíamos así. Cada uno tendría su propia teoría. Y con la IA su propio vídeo. —Muchas de esas teorías y bulos se fabrican desde la política. —Hay una frase famosa de uno de los asesores de Donald Trump en 2016. Le preguntaron: «¿Cómo van a lidiar con los medios?». Y respondió: «Vamos a inundarlo todo de mierda». El plan era lanzar tal cantidad de basura que lo saturara todo. Ahora la IA permite a cualquiera generar una cantidad infinita de basura de altísima calidad. Y esto va a ir a peor, porque ahora están llegando los agentes de IA, mucho más poderosos. Todo el mundo podrá dar instrucciones como: «Ve y destruye a mi enemigo», o «ve y derriba la red eléctrica de este país», o «crea un virus para mí». Eso va a traer un nivel de caos que será muy difícil de controlar para las democracias. —¿Tiene la sensación de que estamos repitiendo con la IA los mismos errores que cometimos con las redes sociales? —Sí, especialmente en lo que respecta a los niños. Y los estamos cometiendo más rápido. Las redes sociales aparecieron hacia 2003, y fue en 2008 cuando empezamos a permitir el acceso a los niños: para 2012 ya se habían apoderado de la vida social infantil. Ahora, con la inteligencia artificial, apenas llevamos tres años y ya las empresas la están introduciendo en las escuelas. Piensan que, como la IA es el futuro, hay que empezar cuanto antes. Lo que no entienden es que cuanto antes expones a los niños a la IA, antes dejan de pensar, de leer, de aprender. Es lo que muestran los estudios. —En 'La generación ansiosa' denunció cómo las redes sociales estaban empeorando la salud mental de las generaciones jóvenes. Se publicó en 2024 y se convirtió en un 'best seller'. Algunos investigadores lo han criticado porque la correlación entre los problemas de salud mental y las redes sociales no implica causalidad. —Bueno, eso es cierto. Y por eso tenemos que fijarnos en otros tipos de evidencias. De hecho, muy recientemente, Zachary Rausch y yo hemos publicado un artículo de revisión en el que enumeramos siete tipos distintos de evidencias sobre este asunto, y solo uno de ellos es correlacional. Los únicos dos grupos que realmente saben lo que está pasando son los propios jóvenes, porque están directamente implicados, y las empresas tecnológicas. El hecho de que los jóvenes digan que les está perjudicando es una evidencia de causalidad, no de correlación. Meta, por ejemplo, también sabe lo que está pasando: tiene los mejores datos. Ellos mismos dicen que están perjudicando a la gente. Tenemos cientos de testimonios internos, decenas de estudios. Además, tenemos estudios longitudinales, en los que se observa la evolución a lo largo del tiempo. Y luego están los experimentos. Hay decenas de experimentos con adultos, especialmente con universitarios, que muestran que si dejas las redes sociales durante al menos una semana, tu salud mental mejora. Uno de esos estudios lo hizo Meta, por cierto. ¿Qué más se necesita? —Ahora parece que los países están empezando a legislar para proteger a los menores de las redes sociales. ¿Nos estamos moviendo en la dirección correcta? —Sí, la prohición de las redes sociales a los menores de 16 años se está convirtiendo en una norma global. Cuando Australia aprobó su ley el 10 de diciembre, hubo una gran cobertura en todo el mundo. Y gran parte de esa cobertura incluía a gente diciendo: «¿Por qué no podemos hacer eso en nuestro país? Ojalá pudiéramos hacerlo aquí». Y cuando los políticos vieron que todo el mundo estaba a favor, empezaron a actuar. Cualquier país civilizado establece límites de edad para productos de consumo que son adictivos o que exponen a los niños a pornografía extrema o a violencia extrema y real. Pero hasta ahora, ningún país lo había hecho en internet. Cualquier niño podía acceder a todo. Por fin eso está empezando a cambiar. —¿Cree que el daño es reversible? —Para los niños que ahora tienen veintitantos años será muy difícil. Para los niños que aún no han llegado a la pubertad, sí, es completamente reversible. Si revertimos la infancia basada en el teléfono móvil, si devolvemos a los niños una infancia en el mundo real con mucha independencia y juego, entonces estarán bien. —¿Y los de veintitantos? ¿Son una generación perdida? —Creo que podemos hablar de una generación mermada. Durante gran parte del siglo XX, el coeficiente intelectual fue aumentando. Luego empezó a estabilizarse. Y ahora hay indicios de que está bajando entre la gente más joven. Es algo completamente nuevo. Solo hay unos pocos años de datos y no estamos seguros del todo, pero hay señales de que el CI está descendiendo. Sabemos también que los resultados en PISA están bajando. No en todos los países, pero sí en promedio. Y la caída es especialmente pronunciada entre los peores estudiantes, el 50% inferior en rendimiento académico. Son los más afectados. Así que sí: las personas nacidas en el mundo desarrollado después de 1996 están mermadas. —Usted ha señalado siempre a las empresas como principales responsables de esta crisis. —Es que estamos hablando de productos de consumo diseñado para generar adicción. Un producto para el que, según los propios creadores, los controles parentales no funcionan realmente, que la mayoría de la gente no los usa, y que cuando se intentan usar, no funcionan bien. Estamos ante un producto de consumo que ha dañado literalmente a millones de niños. Cualquier otro producto habría sido prohibido, retirado del mercado, y los fabricantes habrían sido demandados. Pero durante 20 años nadie pudo tocarlos: en Estados Unidos tenían protección legal. Ahora, por primera vez, los abogados han encontrado una vía para sortear esa protección legal, centrándose en el diseño del producto, no en el contenido. Cuando se mira el número de personas afectadas, el número de personas dañadas, estamos hablando de entre un 10% y un 30% de todos los jóvenes. Eso son decenas de millones de personas. Es una cifra mayor que todos los accidentes industriales de todos los países del mundo a lo largo de toda la historia. Las redes sociales han dañado a más jóvenes que todos los accidentes industriales de la historia combinados.
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Los Reyes entregan el Premio Cervantes a Gonzalo Celorio en la Universidad de Alcalá, en directo (jue, 23 abr 2026)
El escritor mexicano Gonzalo Celorio ve reconocida su trayectoria profesional con la entrega del Premio Cervantes de Literatura y Lengua Castellana. Sus Majestades los Reyes y el ministro de Cultura entregan el galardón.
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El Gobierno quiere penalizar la compra de libros por internet (jue, 23 abr 2026)
El Gobierno ha revelado este jueves que está estudiando imponer un pago de gastos de envío en la compra online de libros. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha anunciado este avance coincidiendo con el Día del Libro para reflotar el negocio de las pequeñas librerías ante la subida de ventas por internet. «Estamos analizando algunas políticas como las de otros países como hacer obligatorios los gastos de envío en el caso de la compra de libros online y así favorecer que sea más beneficioso irte a la librería de barrio», ha dicho Urtasun en una entrevista en la Cadena Ser. Urtasun ha reconocido que cada vez hay más compras online a través de plataformas y a pesar de que el mercado de ventas ha aumentado, la cuota de las librerías independientes se ha reducido. El Gobierno ofrece subvención a estos comercios con ayudas directas para fomentar la lectura. Entre los requisitos que se piden es que sean pequeñas PYME sin más de siete establecimientos abiertos al público, más del 60% de la facturación tiene que prodecer de la venta de libros y que el establecimiento esté dado de alta y en funcionamiento antes de las convocatorias que se publican en BOE. Normalmente, el Ministerio de Cultura cubre hasta un 80% del coste del proyecto. El titular de Cultura ha remarcado que la compra de los libros en este tipo comercios «nunca equivale a la compra online porque hay una experiencia única; te dejas aconsejar, discutir con tu librero de confianza porque siempre te va a saber orientar». Para ello, están estudiando implementar gastos de envío cuando se compran libros online, un «menú de políticas» para hacer frente a este fénomeno de consumo. Urtasun ha subrayado que hay «miles y miles de librerías pequeñas que están por todo el país y que son centros culturales que hay que perservar». Además, ha desmitificado tópicos de lectura asegurando que la franja de edad que más lee es la que va de los 14 a los 24 años. «En este país leen sobre todo las mujeres y los jóvenes», ha afirmado.
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