Álvaro Pombo ya tiene su retrato en la Biblioteca Nacional: «En mi casa no cabe, si entra el cuadro salgo yo» (Thu, 09 Jul 2026)
Álvaro Pombo ya tiene su retrato en la Biblioteca Nacional , y el escritor se acercó allí para celebrarlo. La presentación del lienzose convirtió en un memorable evento donde la emoción y la
carcajada estuvieron muy latentes. El también académico de la Real Academia de la Lengua, cuenta con una larga trayectoria en el mundo de la literatura en lengua castellana, lo que le llevó a hacerse
con el premio Miguel de Cervantes 2024, un galardón que incluye este reconocimiento. Pombo es el cuadragésimo noveno escritor que pasa a formar parte de la la Galería de Retratos de la Biblioteca .
La tradición se inició en 1976 con Jorge Guillén , el primer galardonado con el Cervantes. Desde entonces, cada premiado escoge al artista que le va plasmar en el lienzo. Pombo ha escogido al pintor
y académico Hernán Cortés . A las 11:30 tomó la palabra Óscar Arroyo , director de la Biblioteca Nacional de España, que se centró en detallar en qué consiste la tradición: «La naturaleza del cuadro
y del proyecto es curiosa porque la Biblioteca Nacional le regala al premiado el cuadro, pero el cuadro se tiene que quedar aquí en el depósito. El resto están distribuidos por las distintas salas».
También contó que durante el primer año, el retrato permanecerá en el Salón Italiano de la Biblioteca. Luego se descubrió el cuadro, y observamos cómo Hernán Cortés retrató excelentemente la
personalidad y carácter del escritor en su «mirada analítica, llena de humor, pero todo eso contrapesado con un cierto aire de melancolía que a mí se me antoja muy propia de un santanderino
sensible». Con respecto a la técnica empleada, el pintor confirmó que se trata de una «técnica de reproducción digital que llamamos bicicleta»: necesitó el uso de un ordenador para escanear y
manipular la imagen hasta lograr el resultado deseado. «Las personas, con nuestra fragilidad humana, siempre escondemos lo que nos debilita, por eso la obligación del retrato es reflejar la dualidad
que se produce entre lo que se muestra y lo que se esconde», explicó. Álvaro Pombo fue el encargado de cerrar el acto. «Me encamino hacia mi esencia», comenzó, con el humor presente en todo momento
al hablar del tamaño de semejante retrato: «En mi casa no cabe, si entra el cuadro salgo yo. No se puede colocar, esto es un cuadro para el Palacio del Príncipe de la Paz, me tiene que quedar aquí
por siempre». Después, su discurso se tornó más filosófico y literario, pues «nadie que vea este cuadro dejará de recordar al viejo de 87 años que soy ahora, lo único chulesco es que estoy un poco
recortado, es una concesión a la juventud». De este modo, el escritor se encaminó hacia el mito faustiano de la eterna juventud al hablar del 'Retrato de Dorian Gray' de Oscar Wilde : «Ustedes están
asistiendo a dos metamorfosis desafortunadas. Cuando se encargó pintar para el chico más guapo del mundo, una vez que tiene el cuadro, lo acuchilla y lo esconde en la buhardilla. No puede soportar
cómo el cuadro sigue el ritmo de la vida del personaje y se deteriora con él». Por eso mismo, alaba el trabajo de Hernán Cortés al haber «precisado» su belleza, y es que, según insistió Álvaro Pombo,
«no hay duda de que el referente que soy yo y mi imagen coincidimos totalmente. Yo creo que este es su sitio natural».
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Pérez-Reverte publica nueva novela en octubre, 'La hipótesis más peligrosa' (mié, 08 jul 2026)
Alfaguara publicará el próximo 20 de octubre la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte , 'La hipótesis más peligrosa', una historia de aventura e iniciación que es también una mirada sobre el
Mediterráneo como memoria viva de la Historia: un mar donde todavía resuena el eco de batallas, exilios, piratas, imperios desaparecidos, leyendas, dioses antiguos, libros clásicos y derrotas
humanas. Cal Gadea, un chico de dieciséis años criado por sus abuelos y fascinado por los videojuegos, encuentra al hombre al que lleva tiempo buscando: Asier Lerrant, el padre que nunca conoció. Lo
ha localizado en un puerto del Mediterráneo siguiendo unas vagas pistas y una fotografía antigua, movido por una pregunta que lo atormenta desde niño: por qué ese hombre abandonó a su madre y lo dejó
también a él fuera de su historia. A bordo de un velero que trafica con arte robado, padre e hijo emprenden un viaje en el que la búsqueda íntima de Cal se cruza con un enigma histórico y una trama
de carácter policíaco. Lerrant, hombre hermético, áspero y difícil de descifrar, enseñará al chico a navegar, a anticiparse al peligro y a comprender que, en un barco como en la vida, ciertas reglas
son una forma de supervivencia. La obra de Arturo Pérez-Reverte ha sido traducida a más de cuarenta idiomas, ha vendido veintisiete millones de ejemplares en todo el mundo y la publican algunas de
las más prestigiosas editoriales, como la francesa Gallimard. Las últimas novelas publicadas por el autor, ' Misión en París ' (de la serie del capitán Alatriste ), 'La isla de la Mujer Dormida' y
'El problema final', estuvieron entre los títulos más vendidos del año. Su novela 'Línea de fuego' fue galardonada con el premio de la Crítica 2020. Además, en mayo de este año ha publicado 'Enviado
especial. Una biografía de guerra', que reúne sus crónicas como reportero. Hasta la fecha, siete de sus obras se han adaptado al cine o la televisión y próximamente se estrenará la miniserie de
Netflix 'El problema final', adaptación de la novela del mismo título, protagonizada por José Coronado, María Valverde, Maribel Verdú y Martiño Rivas,.
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María Oruña ejecuta el robo de guante blanco perfecto (dom, 05 jul 2026)
La codicia y la ambición son malos acompañantes, bien lo sabe toda la élite adinerada que, de vez en cuando, es robada como parte de un reto para todo aquel delincuente canalla que se cree mejor que
los demás. Aunque para estar entre los mejores ladrones hay un tercer adjetivo muy importante: la elegancia. Maurice Leblanc dejó el listón muy alto en cuanto a ladrones de guante blanco. Lupin
parecía insuperable, pero María Oruña (Vigo, 1976) aceptó el desafío como propio. Tras meses de investigación, documentación, visitas a museos y entrevistas con restauradores, coleccionistas y
subastadores, nació 'La Cámara de las Maravillas' (Plaza & Janés). Todas las series policiacas nos han enseñado dos verdades universales, la primera es que, al final, la verdad siempre sale a la
luz y la segunda es que hay que dudar de los más inocentes y del primer personaje que aparezca en pantalla. La escritora juega muy bien estas cartas durante su nueva novela negra / 'gender-blending'
[género mezclado], sembrando dudas constantes al lector. Para lograrlo, trabaja con la precisión de un relojero. «Mi objetivo es que no se note, en tu reloj solo ves el cristal y el dial, no toda la
maquinaria que hay debajo», reflexiona María Oruña durante una entrevista con ABC. « Es difícil hacer una novela en la que hay giros, pero que no sean impostados , que no sean fuegos artificiales que
no van a ninguna parte, requiere mucha meditación». Para conseguir el robo perfecto se necesitan personajes idóneos. Por un lado se encuentra la familia Mendoza, que «simboliza la élite y la
burguesía»; por otro, durante el robo en el Palacio Dorado [en la realidad es la Casa de América en la plaza de Cibeles, Madrid] aparece el delincuente canalla que enamora, Dimas Chevalier. El ladrón
de guante blanco más famoso de Europa dice haberse reformado, pero ha estado en la cárcel y genera desconfianza. «Es un Robin Hood y nos cae bien a pesar de ser un delincuente», apunta la escritora,
que no olvida a quienes investigan el robo... o robos: «También están los policías, uno venera el arte y la otra no concibe que se pague ni un euro por un cuadro». Entre todos los protagonistas se
representa a la gran mayoría de la sociedad. A aquellos que aman el arte y tienen acceso a él, a quienes lo aman pero solo pueden verlo desde detrás de una vitrina, a los que no «les gusta» pero se
maravillan con él y a aquellos a los que le es completamente indiferente. Pero el arte sigue siendo arte y genera debates interminables sin respuesta. 'La Cámara de las Maravillas' reabre poderosas
discusiones sobre a quién pertenece una obra, dónde debería estar expuesta y cómo se consiguen estas espléndidas piezas. «Como narradora omnisciente no doy mi opinión. Lo que hago es que los
personajes, de forma muy vehemente, opinen unos en contra de otros. Mi objetivo no es dar respuestas, sino formar un pensamiento crítico en los lectores», comenta Oruña. Porque el libro puede leerse
como una divertida novela de ladrón de guante blanco, pero también permite profundizar sobre los grandes debates. Aunque en las páginas de su nueva novela la escritora no opine, durante esta
entrevista se deja tentar sobre ¿a quién pertenece el arte? «Existe una gran impunidad colonial y bélica. Además, a nivel histórico hay muchos objetos de arte que forman parte del patrimonio del
Estado que han desaparecido. Por ejemplo, el Pazo de Meirás, de Emilia Pardo Bazán en La Coruña, de forma legal o legítima fue un regalo del pueblo al dirigente [Franco], pero si te hacen un regalo
bajo coacción, a lo mejor no es tan regalo y hay que devolverlo cuando esa presión o ese sistema político termina», explica Oruña mientras va recordando más ejemplos de «robos/regalos». Entre ellos,
los de Pepe Botella –José Bonaparte al ser expulsado de España se llevó decenas de obras de arte–, el friso del Partenón, que se exhibe en el Museo Británico, o que el mayor atractivo del Neues
Museum de Berlín sea el busto de Nefertiti. «Si vaciásemos todos los museos de lo que no les pertenece, sobre todo en Europa, habría que devolver a Egipto, a América, a Oriente…». Otro de los debates
calientes del arte en España es la no reducción del IVA . Según los marchantes y entendidos del tema, esta disminución del impuesto ayudaría a que creciese la inversión en nuevas obras, pero Oruña no
está del todo acuerdo. «No es tanto el IVA, el debate está en si merece la pena hacer una inversión en comprar obras nuevas ya que es muy arriesgado», reflexiona. Y continúa: «el 80% de lo que
invierten, incluso en la Bienal de Venecia, es en nuevos valores y saben que después a lo mejor no funciona. Porque es muy difícil encontrar un Klimt o una Tamara de Lempicka, no es fácil encontrar
voces auténticas que tengan carisma, que hagan algo genuino». ¿Y el mercado negro existe? «Sí, funcionan muchas mafias, y lo curioso es que utilizan obras de arte como garantía porque a veces las
operaciones fiscales se pueden volatilizar, pero la obra está ahí». Debates interminables que darían para horas y horas de discusiones, pero todo tiene un principio y un fin, en la vida y en la
novela. «Lo que admiramos de los personajes es su imperfección y ahí está la belleza, igual que en el arte, en la imperfección. Algo que la IA jamás logrará». Espere, ¿no le gusta la inteligencia
artificial? «Soy anti inteligencia artificial, me pone mala. No concibo su uso si eres escritor profesional. Tenemos un problema grave de vacío legal que deben de solucionar a nivel legislativo las
instituciones ya. Si no lo hacen es porque hay intereses políticos detrás», reflexiona Oruña. «Creo que la IA es muy útil en ciencia, en seguridad y en muchos parámetros, pero estamos poniendo en
juego a ilustradores, a periodistas –ya he visto noticias sobre mis libros hechas por IA, todas mal– y a escritores también, por supuesto». La escritora gallega lanza una propuesta: «Me gustaría que
existiese un sistema de registro para crear una pegatina que dijese: «Hemos certificado que este libro no tiene inteligencia artificial». Me gustaría para mis libros».
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'La lengua del pueblo judío' (mié, 01 jul 2026)
Filólogo hebraísta de referencia internacional y el más destacado especialista en poesía y filología hebrea medieval española, Sáenz-Badillos fue, ante todo, un maestro . En el homenaje que la
Universidad Complutense le rindió tras su fallecimiento, su director de tesis, el catedrático Luis Gil Fernández, definió con precisión su figura: «Ángel fue un gran sabio y aún mejor persona». Esa
máxima no era una cortesía académica, sino un diagnóstico certero de una personalidad que dejó una huella indeleble en todos los que tuvimos el privilegio de transitar junto a él los pasillos de la
academia. Sáenz-Badillos fue un maestro que no solo transmitió su vasto conocimiento, sino que enseñó a sus discípulos el camino ético que debían seguir con los suyos propios: la atención al detalle,
la generosidad sin límites y el mantenimiento de un rigor científico insobornable, siempre sostenido desde la más profunda humildad. Nos enseñó a ser respetuosos con la academia, pero jamás sumisos.
En una España que aún despertaba a la modernidad científica, él fue un visionario que nos lanzó a la internacionalización , fomentando estancias en centros de investigación punteros en Israel o
Estados Unidos cuando aquello era una excepción y no la norma. Entendió, mucho antes que otros, la necesidad del trabajo en equipo y la democratización del saber a través de proyectos compartidos.
Resulta conmovedor recordar, incluso hoy, el orgullo con el que nos presentaba en los circuitos científicos cuando apenas éramos investigadores nóveles iniciando nuestra andadura; nos
descubrió, con la práctica, que una palabra de aliento y un gesto de complicidad humana son, a menudo, mucho más productivos y transformadores que el dato científico más brillante. Como decía
Maimónides, un maestro ha de ser, ante todo, un ejemplo de comportamiento ético , y eso fue precisamente lo que Sáenz-Badillos encarnó para todos nosotros. Su gestión al frente de la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad de Granada , donde ejerció como decano entre 1978 y 1982 , fue un reflejo de esta convicción: introdujo la modernidad con acciones hoy olvidadas por cotidianas ,
como la creación de la hemeroteca y la incorporación de las primeras herramientas informáticas, pero sobre todo, dejó una marca en la política universitaria al instaurar un «claustro paritario» donde
todos los estamentos de la facultad —profesorado, estudiantes y personal de administración— tenían una voz igualitaria. Fue, además, un defensor incansable de los sectores más vulnerables de la
universidad, como el Profesorado No Numerario, demostrando que la filología y la ética pública deben ir siempre de la mano. Es bajo esta luz de generosidad intelectual como debemos acercarnos a su
obra póstuma, 'La lengua del pueblo judío'. Publicado dentro de la prestigiosa colección 'Lenguas y Culturas Judías' de la Editorial Universidad de Granada, este libro es un testimonio excepcional ;
un texto rescatado de un viejo disquete que el autor nos lega como una suerte de testamento . La inclusión de esta obra en dicha colección, referente absoluto en el ámbito de los estudios sefardíes ,
no es solo un acto de coherencia institucional con la trayectoria del profesor en la universidad granadina, sino también una garantía de la calidad y el rigor que definen a este sello editorial. A
diferencia de su célebre «Historia de la lengua hebrea» (1988), que se consolidó como un manual técnico de referencia, este nuevo ensayo se aleja de la aridez académica para convertirse en la
biografía viva de un idioma que desafió todas las leyes de la historia. Sáenz-Badillos describe el periplo de la lengua hebrea no como una sucesión de listas de verbos o reglas gramaticales, sino
como un viaje épico de resiliencia y supervivencia . El autor estructura este recorrido en tres actos fundamentales que invitan al lector a comprender cómo un idioma puede ser el hogar de todo un
pueblo, incluso cuando este carece de una geografía física. El primer acto es la casa , el nacimiento del hebreo en la época bíblica y su posterior evolución en los manuscritos del Mar Muerto. Aquí,
Sáenz-Badillos nos guía con mano experta por el proceso en el que, tras las traumáticas revueltas contra Roma hacia el siglo ii después de Cristo, el hebreo dejó de ser una lengua vernácula para
transmutarse en una lengua sagrada y de escritura, un vehículo de identidad que permitió la cohesión espiritual frente a la dispersión. El segundo acto es el exilio . Es aquí donde el libro revela
una de sus tesis más fascinantes: el hebreo nunca murió. Durante la larga diáspora, funcionó como una lengua franca global que permitió el diálogo entre comunidades distantes y radicalmente distintas
entre sí. Judíos de Alemania, Irak, el Magreb o Alandalús no compartían una lengua materna común, pero se comunicaban entre ellos en hebreo, elevándolo a la categoría de idioma universal de cultura.
Finalmente, el tercer acto nos traslada al regreso, al proceso heroico de finales del siglo xix y principios del xx, donde un grupo de visionarios y modernistas, liderados por la figura de Eliezer
ben Yehuda, logró lo que parecía imposible: que el hebreo volviera a ser la lengua materna de los niños. Este hito no fue solo un fenómeno lingüístico, sino un triunfo del nacionalismo cultural que
consiguió lo que otros proyectos coetáneos, como el esperanto, no lograron: dotar de lengua a una comunidad humana entera. Sin embargo, a nuestro juicio, las páginas más intensas de este ensayo son
aquellas dedicadas al esplendor de los judíos de Sefarad, campo en el que el autor era una autoridad indiscutible . En esta sección, Sáenz-Badillos nos obliga a prestar atención a la integración del
judaísmo en la cultura árabe andalusí, un fenómeno que supuso un antes y un después en la historia del hebreo. Es imposible entender el judaísmo contemporáneo sin los tres pilares cultivados por los
judíos andalusíes: una lingüística que facilitó la futura rehabilitación de la lengua, una poesía que sigue presente en el culto sinagogal y la cultura popular israelí, y una jurisprudencia que
todavía hoy se nutre de los escritos fundamentales de Maimónides o Alfasi. El autor nos explica cómo, bajo el influjo de la riqueza cultural de Alandalús, los judíos de Sefarad lograron expandir el
léxico hebreo para abarcar ámbitos antes inexplorados, como la filosofía, la astronomía, la lírica amorosa y báquica o el elogio; una auténtica época dorada que definió la identidad intelectual de
generaciones. Una de las grandes novedades de este ensayo póstumo es la visión del hebreo no como una unidad, sino como un mosaico de lenguas que se adaptaron a sus respectivos entornos . El autor
nos describe cómo la dispersión propició la aparición de las denominadas «lenguas judías», aquellos híbridos fascinantes que combinaban la gramática local con la herencia hebrea. Se detiene
especialmente en tres: el judeoespañol, ese castellano del siglo xv que los expulsados llevaron consigo y preservaron con una lealtad asombrosa durante siglos en el Imperio Otomano o el norte de
África; el yidis, esa fusión vibrante de dialectos germanos con elementos hebreos y eslavos; y, por supuesto, el judeoárabe, la lengua académica por excelencia del judaísmo medieval, en la que se
redactaron las obras más relevantes del legado judío en la Península Ibérica. En definitiva, nos encontramos ante una obra sumamente generosa . Ángel Sáenz-Badillos, un académico de primer nivel ha
tenido la elegancia de sintetizar toda esta complejidad en un ensayo asequible a cualquier persona interesada, sin exigir un conocimiento previo de las lenguas tratadas. «La lengua del pueblo judío»
no es, en absoluto, un manual para especialistas, sino la obra de un humanista . Es, quizás, la última lección magistral de nuestro maestro: un libro que, haciendo gala de su humanismo, nos narra la
biografía del hebreo como si estuviéramos sentados frente a él, compartiendo un café . El autor logra contagiar su entusiasmo por la historia y la cultura judía, despojando al relato de cualquier
aridez académica para centrarse en los rostros, las peripecias y las vidas de sus usuarios. Es un libro que nos devuelve, por un momento, la voz de quien tanto nos enseñó, recordándonos que, aunque
el maestro ya no esté físicamente entre nosotros, su capacidad para iluminar el pasado —y con él, el presente— sigue viva en cada una de sus palabras. FICHA Título: 'Lengua del pueblo judío' Autor:
Ángel Sáenz-Badillos Pérez Editorial Universidad de Granada Año: 2026 Disponible en Editorial UGR
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Luis Landero: «En el camino del progreso se han perdido muchas cosas» (dom, 28 jun 2026)
En la casa de Luis Landero (Alburquerque, 1948) hay gotelé y libros: está todo bien. En el balcón hay plantas y un naranjo todavía pequeño, como si el campo tuviera su pequeña parcela aquí. Landero
es uno de esos hombres que disfrutan de esa pachorra de ver caer las frutas y crecer de las plantas, que en este piso parecen felices. Son las doce de la mañana cuando abre la puerta y los brazos y
ofrece una bebida: hoy toca chato de vino. Su salón es todo luz. Hay tanta luz que es bonito hasta el gotelé. Lo último de Landero (ya saben, premio nacional de Narrativa y de las Letras y de muchas
otras cosas) se llama ' Coloquio de invierno ' (Tusquets), una novela donde unos cuantos personajes se quedan incomunicados por la nevada de Filomena y matan las horas contando historias, como el
escritor hacía en su infancia. «A mí me gustó Filomena, como yo vivo normalmente confinado… Este es mi estado natural. Salgo muy poco. Con la Filomena tenía un pretexto estupendo para no salir. Y con
el apagón también. En mi pueblo de niño no había luz eléctrica, de manera que no me pilló de nuevas», dice, mientras ríe bajito. Da gusto pensar en el invierno en medio de una ola de calor:
pensamiento acondicionado (y gratis). —Lleva mucho tiempo viviendo en Madrid, ¿no? —Sí, sí, aunque tengo la casa en el pueblo y vamos de vez en cuando. Yo en realidad soy de pueblo. Tengo mi pueblo,
que es Alburquerque, y en Madrid tengo otros dos pueblos: la Prospe [Prosperidad], que es el barrio de mi adolescencia y juventud, y luego Chamberí. Y cuando vivía en París mi pueblo era Montmartre.
Quiero decir que soy de territorios pequeños. —En París se ganaba la vida como guitarrista flamenco. —Sí, fue justo cuando terminé Filología en la universidad. Como no tenía nada que hacer, y como en
aquellos tiempos además para ser escritor había que irse a París, pues me fui. Tocaba la guitarra en un restaurante español. Y allí escribía. —Ha dicho muchas veces que ha llegado a todo tarde: a los
libros, a la universidad, a la guitarra, a la publicación. —Pero a la escritura no, la escritura fue una cosa precoz, porque empecé a escribir con quince años y no dejé de escribir nunca. Aunque
publiqué tarde. Sí… He ido llegando tarde a los sitios, pero está bien. Está bien llegar tarde. —Pero hoy vivimos en la prisa. —Se está perdiendo la lentitud, que es fundamental para la vida. Sin
lentitud el conocimiento se atrofia y la mente se atrofia: es una desgracia. Leer un libro exige lentitud y entrena en la lentitud. Y actualmente se lee bastante en España, no nos podemos quejar de
lo que se lee: parece que hay como una reacción... Yo quiero verlo o necesito que ocurra: una reacción contra la tiranía del móvil y contra las prisas y contra esas píldoras que consumimos. De
TikTok, de Whatsapp. —Es difícil no leer 'Coloquio de invierno' como un canto a aquella España que todavía se sentaba a contarse historias. —Hubo un tiempo en que no había otra manera de entretenerse
que hablar. La gente hacía corros, en el invierno se reunían al lado de la lumbre, y hablaban: de esto, de lo otro, de aquello. Todos los que tienen mi edad han conocido esto. Luego llegó la
televisión y los corros desaparecieron, claro. —Todos sus personajes hablan muy bien: ya nadie habla así. —Yo es que tuve la suerte de oír hablar muy bien a la gente en mi infancia, porque yo vengo
de una familia campesina. Y en mi familia, que eran muchos, entre abuelos, primos, tíos y demás, todos hablaban muy bien, porque eran campesinos que respetaban mucho la cultura, a pesar de que ellos
no la tenían, porque no habían podido ir a la escuela y muchos eran analfabetos. Pero la respetaban y se esmeraban en hablar bien. Y claro, hablaban en el mismo molde en que habían oído hablar a sus
mayores, y eso venía rebotando a través de los siglos, de manera que cuando yo leía los clásicos españoles decía: coño, si esto casi parece como hablaban mis abuelos, mis padres… Ese es el verdadero
genio del lenguaje popular. No del lenguaje vulgar, sino del lenguaje popular. Tuve la suerte de heredar eso, la cultura hablada, y luego la cultura escrita, la alta cultura. Y lo que yo intento es
fusionar las dos. Eso es lo que vemos en 'La Celestina', en el 'Lazarillo', en el 'Quijote', en Galdós, en Rulfo, en Valle. Ellos consiguen un equilibrio milagroso entre lo culto y lo popular; en
ellos, lo culto parece popular y lo popular parece culto. Para mí esa es la mejor receta literaria. —Hay una palabra que odia: bocadillo. —Sí [y ríe]. Es por un recuerdo traumático, de cuando me
mandaron al internado a Madrid. Yo la palabra bocadillo no la conocía: en el mundo campesino no existía. Allí lo que merendabas era un cacho pan y queso, un cacho pan y chorizo, pero no un bocadillo.
Y entonces me dijeron eso en el colegio: ¿quieres un bocadillo? Y fue cuando fui consciente de que ese mundo no era mi mundo, empecé a sentir una gran nostalgia, no solamente de las personas, de mis
padres, de mis abuelos, de mi calle, de mi gente, del campo, sino también del gato, por ejemplo, del perro que teníamos en el campo, de todas estas cosas. Yo tendría ocho años. —¿Ese desarraigo
alimenta la literatura? —Puede alimentarla… O no. La literatura también se puede alimentar del psicoanálisis [y vuelve a reír]. Se puede alimentar de muchas cosas. Yo estoy contento con eso, ha sido
un privilegio el haber vivido los dos mundos, el campesino y el industrial, el rural y el urbano. Son dos mundos muy distintos. De Alburquerque a Madrid se tardaban once o doce horas en tren, pero
era como pasar de un siglo a otro. Como pasar del siglo XIX al siglo XX [deja un silencio]. Y lo que yo siento ahora es otro tipo de desarraigo, que para mí es más profundo y es más preocupante, que
es el desarraigo con mi época. Me siento desarraigado en el tiempo, porque mi mundo es el mundo de los tres mil años de cultura europea, y ese mundo se va como difuminando. Como vivimos tan apegados
a la actualidad, ese mundo va desapareciendo, incluso en las escuelas ya está un poco borroso. ¿A quién le interesa Montaigne, Platón, Thomas Mann? Me siento un poco ajeno a este mundo. —¿Siente pena
por ese mundo perdido del rural? —Hombre, en parte no porque hemos mejorado mucho. Y la España de entonces era una dictadura. Pero en el camino del progreso se han perdido muchas cosas. La llegada de
internet fue lo que descatalogó muchas cosas del pasado, y efectivamente se perdió todo ese mundo oral, se perdió la cultura campesina, que es una cultura milenaria. Esto John Berger lo cuenta muy
bien en 'Puerca Tierra', porque esto ha desaparecido no solamente en España, sino en todas partes. Es una desgracia. Es una pérdida mayor que el incendio de la biblioteca de Alejandría. John Berger
decía: cada vez que muere un viejo en África, es como si muriese una biblioteca. Yo siento lo mismo cuando pienso en mi abuela, que era analfabeta, pero también era una biblioteca andante. De
canciones, de refranes, de cosas. Todo ese pasado ha desaparecido. Ahora vivimos en una isla, que es la isla de la actualidad. Ese cordón umbilical con el pasado se ha roto. —También ha desaparecido
un lenguaje, un fraseo. —En el siglo XVI hablaba muy bien: el lenguaje estaba recién inventado, como quien dice. Y en las crónicas notariales, por ejemplo, donde declaraban gente analfabeta y los
secretarios iban tomando nota… Qué bien hablaban. Y esto fue así hasta hace no tanto. Pero lo que se ha impuesto es el lenguaje estándar de la comunicación, de los locutores. Es un lenguaje correcto,
pero diríase que no tiene alma, como que es un lenguaje seco, sin vida, sin expresividad. Es un lenguaje técnico. —¿Cómo ha cambiado su lenguaje después de tantos años escribiendo? —Esencialmente es
la misma escritura, pero sí que es verdad que intento ir hacia una cosa más esencial, una escritura como más transparente, más precisa. En mis primeras novelas no era así. Pero tampoco eso es malo.
Aquí hay un malentendido. Se piensa que lo barroco es es es malo y lo otro, la desnudez estilística, lo bueno. Pero si lees a Alejo Carpentier, por ejemplo, te das cuenta que tiene un ritmo
fascinante por muy barroco que sea: es una maravilla cómo fluye eso. Y luego lees novelas de aparente desnudez estilística que son un coñazo. El ritmo no depende exactamente del caudal retórico que
tenga la expresión [deja un silencio]. Yo siempre quiero que mis páginas tengan un resplandor, pero discreto. Que no se note mucho. Recuerdo que cuando empecé a escribir, por ejemplo, en 'Juegos de
la edad tardía', había algunas páginas que sí que exigían que ese resplandor se viese. Quería que la gente notase que yo escribía bien. Ahora quiero que intuya que ahí hay algo, algo llamado
literatura. —Por cierto: en la adolescencia fue poeta. —Me gustaba el cine negro, el tabaco rubio y la poesía [y ríe]. Igual que Don Quijote imitaba a Amadís, nosotros imitábamos a Humphrey Bogart:
nos subíamos el cuello de la gabardina a la salida del cine, nos encendíamos un cigarrillo y mirábamos a las chavalas [ahora suelta una carcajada]. Yo el amor lo conocí en mi adolescencia, pero como
catástrofe sentimental. Pero claro, era lo que demandaban Espronceda, Becker, Neruda, Juan Ramón Jiménez y todos estos. Me decían: chaval, tienes que enamorarte como nosotros, necesitas amores
desesperados y amadas imposibles. Entonces yo me enamoraba, pero me enamoraba literariamente, me enamoraba porque había que enamorarse. Yo creo que me enamoraba para poder escribir poesía, para poder
escribir poemas desesperados. —Pero nunca ha publicado poemas. —No, no, no. Escribí cientos y cientos de poemas, muchos cientos, pero los rompí todos. No se perdió nada, eh. —Hay una idea que recorre
'Coloquio de invierno': la certeza de que todo el mundo tiene una novela, por muy aburrida que haya sido su vida. Eso forma parte de su poética, también. —Casi nadie tiene grandes aventuras, no somos
Simbad, pero nos han pasado pequeñas cosas importantes, cosas que se nos han quedado en el alma, que se nos han quedado ahí grabadas en la memoria. Todos tenemos cosas que contar, claro que sí, todos
tenemos alma de narradores. Y si observáramos más y si pensáramos más y si le dedicáramos tiempo a evocar nuestro pasado descubriríamos grandes cosas. Cosas que ni sospechábamos que estaban ahí. Con
concentración, con soledad y con lentitud todo eso sale a la luz. Todos tenemos cosas que contar porque la vida está llena de lances; es pura narrativa, la vida. Pero las cosas que nos pasan, el
pasado, se lo tenemos que pelear al olvido, que lo va destruyendo. —O sea: es un esfuerzo. —Hay que currárselo, sí. Una de las formas de cultivar la memoria es la escritura, pero no por escribir bien
ni por ser escritor, sino por entrenarte en el arte de concentrarte, en el arte de dejar que sin prisas el pensamiento vaya buscando sus caminos, la intuición, los sentidos, porque también en la
escritura participan los cinco sentidos, y de qué manera. Los sentidos recuerdan a veces… Siento que estamos perdiéndonos un mundo muy rico que somos nosotros mismos: indagar en nosotros mismos,
ensoñar, perderte en la ensoñación mientras paseas. Nos estamos perdiendo muchas cosas con todo esto del móvil y todas estas chorradas. Pero eso no es de ahora: es de siempre. —Al leerle, parece que
es la prosa la que le va llevando a usted por la historia, y no al revés. —Lo bueno de escribir es que no es previsible, salvo en los 'best sellers', donde hay una escaleta. En los 'best sellers' la
escritura es puro trabajo administrativo. Pero yo detesto eso: el lenguaje tiene que ser creativo. El propio lenguaje te incita, enciende tu imaginación, te inspira, las propias palabras te van
llevando de una cosa a otra y entonces van surgiendo en ti cosas que tú no sabías que estaban dentro de ti. Y que son mejores que tú, porque lo que uno escribe es superior a lo que uno es, debe ser
superior a lo que uno es. Yo espero que mis libros valgan más que yo.
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Milena Busquets: «Me encanta escribir, pero me gusta más la vida» (sáb, 27 jun 2026)
Milena Busquets (Barcelona, 1972) tiene una de esas risas estridentes que pueden llenar una habitación, una casa, una noche, la vida: hay que reírse así para espantar el drama, el calor. Una
advertencia: ella puede afirmar algo y negarlo al momento para después acabar matizándolo, en un viaje en el que podría resumirse su literatura y su conversación. Y una cosa más: en sus libros la ley
de la gravedad es la de la ligereza. «Mi objetivo al escribir estos textos era entretener y acompañar, distraer y divertir, mezclar lo serio e importante con lo alegre y liviano, no sentar cátedra,
sino todo lo contrario: quitarle hierro al asunto tan difícil de vivir», dice al principio de 'Mujeres elegantes' (Lumen), donde recopila artículos y hallazgos que podrían servirnos para inaugurar el
verano. —Dice que tiene más lectoras que lectores. Pero conozco a unos cuantos hombres que siempre compran sus libros. —En mi última firma alguien hizo el cálculo y había un tres por ciento de
hombres; el resto eran mujeres. Y, sin embargo… Albert Serra me presentó el libro en Barcelona y me decía: tienes la reputación de ser una autora de mujeres, por hablar de sentimientos, de la vida
muy doméstica, pero a los hombres les interesa mucho lo que escribes. Igual es que a las mujeres les hace más gracia venir a una presentación y verme, el tú a tú, y los hombres igual me leen y ya: no
necesitan verme. Y realmente tienen razón, porque lo mejor de mí está en el libro. Eso intento. —Javier Cercas dice que los libros son mejores que sus autores. Y Luis Landero piensa lo mismo. —Yo
intento poner lo mejor de mí en los libros, pero es que yo creo que en persona estoy muy bien también, ¿no? [y suelta la primera carcajada de la entrevista]. Hablar me gusta mucho, y además: en mi
caso es muy parecido lo que escribo y lo que soy; oírme es como un complemento a mis libros. Idealmente, el libro tendría que ser la cumbre, pero yo creo que yo soy la cumbre. —[Risas]. —Y lo
prefiero. Me encanta escribir, pero me gusta más la vida. Leer y escribir son dos ejercicios muy solitarios, en cambio vivir es un ejercicio comunitario. Y me gustan las dos cosas, me gustan la
soledad y el individualismo terrible y el ego enorme que requiere escribir, y después me gusta la sensación de viajar en un barco con todo el mundo. Me divierte. Siempre hay un momento en el que
tienes que elegir. Y yo escogeré siempre la vida. Por esto igual no seré nunca Houellebecq o Chéjov o Céline. Creo que Proust siempre hubiese escogido la escritura, también. Pero cada uno está al
nivel de lo que escribe. Y aunque no quieras has de renunciar un poco a una parte de la vida. Yo estoy dispuesta a renunciar a... no sé, ¿un quince por ciento? [otra carcajada]. Un quince por ciento
sí, pero no un cuarenta. —Cuando hablamos de la separación entre vida y obra siempre esquivamos una verdad difícil, y es que hay autores que escriben como escriben, que llegan a ciertas cimas, porque
no son grandísimas personas. Pienso en Capote, por ejemplo. —Pero Capote no es malo. A Capote le pasó tal vez un poco lo que le pasó también a Warhol, que es que no encontraron los amigos que
necesitaban. Capote se dejó impresionar muchísimo por el brillo del dinero, por la gente glamurosa, por la gente guapa. Le gustaba demasiado la gente guapa. Y la gente guapa y la gente rica hay que
disfrutarla de lejos, no hay que acercarse… Como escritor no hay que acercarse mucho al poder, es muy peligroso. Y la belleza es evidentemente una forma de poder, y el dinero ya no digamos... Yo no
creo que Capote fuese en absoluto mala persona. Creo que era un pobre hombre, realmente, muy complicado, solitario, y que no dio con la gente adecuada. —Pero lo que tenemos de 'Plegarias atendidas'
no se puede escribir sin llevar algo de veneno dentro. —Es que se escribe con veneno, también. Con veneno del bueno, ese que está cerca del humor, que está cerca de la inteligencia, de la agudeza,
ese que te permite describir a la gente de una forma muy descarnada. Pero Capote también podía ser increíblemente compasivo, como lo fue en el artículo que le dedicó a Marilyn Monroe tras su muerte.
Ahí ves que se compadece realmente de esta mujer... [deja un silencio]. Esta discusión sobre si se puede ser un cabrón y un gran artista me parece tan antigua… Es que es evidente. Estoy pensando en
Picasso, que es el artista indiscutible del siglo XX, y que parece haber caído en desgracia por sus conductas. Pero yo creo que lo único que hacía era putear a sus mujeres. Yo creo que he puteado a
bastantes hombres también. —Le cito: «Para ser una verdadera ex debo sentir de vez en cuando unas ganas irresistibles, salvajes y profundas de fastidiarte». —Sí, sí, me gusta. A veces es lo último
que queda del amor, estas pequeñas cosas, que además son como pequeños códigos, que en el fondo ellos reconocen perfectamente y que son recíprocos. Y prefiero esto a perderlos completamente. Me
cuesta mucho cerrar las historias. Así como en los libros creo en los finales cerrados, pienso que en la vida, en las relaciones con la gente, con la gente que has amado, siempre quedan algunos hilos
y cosas pendientes. Y realmente cuando tengo un problema gordo acudo a mis ex, que son dos realmente, mis ex son los padres de mis hijos. Ese amor de pareja crea un vínculo muy difícil de romper del
todo… Yo tengo un respeto por toda la gente que me ha querido, a los que he querido. Y me encanta chincharlos. Quienes no te permiten que los chinches son los hijos. —Por cierto: en este libro salen
mucho sus hijos. —El que más habla es Héctor, que tiene diecinueve años y está estudiando para ser director de teatro. Cuando llevo un mes menos ocurrente, me dice: mamá, te estás volviendo idiota,
ya no es divertido ir a cenar contigo. Me dice cosas totalmente alucinantes, que me hunden en la miseria más profunda [vuelve a reír]. En este libro hablo mucho de mi vida cotidiana. El otro día
Albert Serra me decía: Milena, que hablen tus hijos aún tiene interés, pero deja de hablar de tu perro, que ya sabemos que se llama Kate, que ya sabemos que la paseas, por favor, no le interesan a
nadie los paseos con el perro [y otra carcajada]. —De Albert Serra, otro de sus personajes recurrentes, cuenta que nadie bebe champán como él. —Albert es completamente así: un artista como eran antes
los artistas, y él pide las botellas de champán de dos en dos. Después no sé cómo conseguimos pagarlas… porque claro, son carísimas, pero al final... Es una buena actitud. Como tener una botella de
champán francés siempre en casa. —¿Para emergencias? —Para emergencias, para celebraciones… Mi madre siempre tenía una. Podía no haber nada en la nevera, pero allí había una botella de champán. Y
ella no bebía, pero era una cosa como de buena suerte. Si tienes una botella de champán en la nevera, en algún momento tendrás algo que celebrar. —A su hijo no le hace mucho caso. Él le dice que las
listas han pasado de moda, pero el libro está lleno de listas. —Hay que hacer un caso relativo a los hijos, y cuando escribes has de hacer un caso relativo a todo el mundo. Creo que está muy bien que
la gente que sabe te dé su opinión, pero al final la decisión es tuya. Al final tú sabes el libro que quieres escribir y si todavía no lo sabes lo sabrás escribiéndolo, no siguiendo consejos. Y eso
es lo interesante de escribir. Y cuando has escrito varios libros, empiezas a notar el oficio. Es bastante gustoso, pensar: ¿esto lo puedo hacer?, ¿y cómo lo puedo hacer? Es una cosa más artesana. No
estoy totalmente imbuida emocionalmente, o no solo, hay una cabeza funcionando detrás. —Sostiene que 'Peter Pan' es una historia de amor. —Es así. En el fondo de casi todas las obras maestras hay una
historia de amor. No puedes entender que se utilice como insulto, eres un Peter Pan, porque la realidad es que Peter Pan acaba siendo extraordinariamente maduro, adulto y generoso, porque acepta
quedarse solo. Después llega una segunda tanda de niños, pero en principio acepta la libertad y la soledad que conlleva durante un rato. Y lo del amor es obvio, ¿no? La fascinación con Wendy, una
persona que te hace volar, cómo creer en algo hace que este algo viva… Es un libro redondo. Un libro muy para adultos, como 'El principito', que es un libro muy denostado pero que es fundacional, una
especie de Biblia extraña. Hay que escribir por si algún día te sale algo así. —En fin, ya es verano. Acaba de empezar el año, según sus cálculos. —Soy muy convencional en esto: todo lo bueno empieza
en verano, que es la estación de la gente sensata [y esta es la última carcajada de la entrevista]. Confundir el verano con el calor es una absoluta tontería. La luz es tan bonita… De repente los
pájaros, los animales, las lagartijas, todo explota de vida. Es como la vida está empujando. Me siento afortunada de vivir en el sur de Europa en estos meses. Es un privilegio.
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Fallados los XXIX Premios Nacionales de Edición Universitaria (jue, 25 jun 2026)
El jurado de los XXIX Premios Nacionales de Edición Universitaria, compuesto por destacadas personalidades independientes del ámbito cultural y de la divulgación científica, ha determinado las
mejores publicaciones editadas por universidades y centros de investigación españoles durante 2025. La deliberación tuvo lugar en la Librería del BOE. El comité ha estado formado por Nuria Azancot,
redactora jefa de 'El Cultural' ('El Español'); Eva Catalán, editora de Educación en 'The Conversation'; Andrés Seoane, redactor de Libros en 'La Lectur'a ('El Mundo'); Alberto Velázquez, colaborador
de Libros e Innovación en 'ABC'; Manuel Rodríguez Rivero, crítico cultural; Eva Orúe, directora de la Feria del Libro de Madrid; y José Manuel Anta, director gerente de la Federación de Gremios de
Editores de España. A continuación, se detallan las obras galardonadas, junto con la valoración del jurado en cada una de las categorías: Mejor obra editada. 'Animales en la Edad Media. Inventario
del fondo manuscrito medieval', de Laura Baldacchino y José María Sanz-Hermida (Universidad de Salamanca ). «Porque sorprende desde la forma hasta la presentación y porque la calidad de las
reproducciones y la belleza del iluminado hacen de él un ejemplar único». Mejor monografía en Artes y Humanidades. 'Toda la redondeza del mundo. Ciencia y experiencia de la primera circunnavegación',
de José María García Redondo y Vicente Pajuelo Moreno (eds) (Universitat de Barcelona). «Porque explora una cara poco conocida de una de las gestas más importantes de la historia no solo de España
sino internacional, que inauguró la visión del mundo tal y como lo conocemos». Mejor monografía en Ciencias, Ingeniería y Arquitectura. 'Landako bizitza tradizionalaren esku hartzea - Rehabilitación
de la arquitectura tradicional rural', de Jon Arcaraz Puntonet e Ibón Tellería Julián (Euskal Herriko Unibertsitatea - Universidad del País Vasco). «Por la originalidad de un estudio bilingüe que
analiza la arquitectura rural rehabilitada y su conexión con la naturaleza y con el contexto urbano, con claridad, rigor y una orientación práctica evidente». Mejor monografía en Ciencias de la Salud
. 'Pandemias. De la peste negra al COVID-19', de José Miguel Sempere, Rosa Ballester y Josep Bernabeu (eds) (Universidad de Alicante). «Por ser un libro bien editado, accesible y asequible y un claro
ejemplo de la transferencia del conocimiento científico a la sociedad, más en un asunto de evidente interés como son las pandemias». Mejor monografía en Ciencias Jurídicas y Sociales. 'La política de
la nostalgia. La España reaccionaria', de Jorge Novella Suárez (Universidad de Murcia). «Por tratar un tema muy de actualidad que plantea una reflexión sobre los cambios sociológicos, culturales y
políticos que se están produciendo desde una reflexión histórica y científica de los mismos». Mejor traducción. 'Escritos imprescindibles', de Aleksandr Solzhenitsyn y traducción de Marta
Sánchez-Nieves Fernández (CEU Ediciones). «Porque hay autores a los que siempre hay que volver y porque aunque parece un libro menor dentro de la trayectoria del autor amplía su figura más allá de
las fronteras de la Unión Soviética. -Mención especial del jurado para el libro 'O Rei Sabio. Un príncipe cristián, a Iberia musulmá e as orixes do Renacimiento', de Simon Doubleday y traducción de
Miguel Giadás Quintela (Universidade de Santiago de Compostela). «Por incidir en una visión amplia de Alfonso X y su relación con la cultura islámica que sentaría las bases culturales del futuro
Renacimiento español y europeo». Mejor obra didáctica . 'La IA como herramienta académica: su uso ético para elaborar trabajos de fin de grado y de máster', de Diego Barbadilla Mesa (Universidad de
Sevilla). «Por abordar un tema de absoluta actualidad desde una perspectiva muy original, ya que relaciona las dimensiones ética, social y cultural de la Inteligencia Artificial». Mejor colección.
'Armas y letras' (Universidad de Salamanca). «Por tratarse de una colección en la que se fusiona a la perfección su diseño con el contenido, que aborda una década esencial para España como es la de
los años 30». Mejor coedición interuniversitaria. 'Libro primero del espejo de la princesa cristiana', de Francisco de Monzón (Universidad de Salamanca y Universidad de Sevilla). «Por tratarse de un
testimonio de primer orden, no solo de la sociedad de su época (primera mitad del siglo XVI) sino también de un documento pionero de las reivindicaciones sociales de las mujeres». Mejor coedición
iberoamericana. 'Doña Mercedes o la vida perdurable', de Alvaro Pombo (Universidad de Alcalá y Fondo de Cultura Económica). «Por la originalidad de ofrecer al gran público una obra desconocida de un
Premio Cervantes y dar a conocer un formato que normalmente no se publica como obra literaria: el guion radiofónico». Mejor coedición con una editorial privada . 'El sol y sus eclipses en la ciencia,
la historia y las artes', de Rafael Bachiller, coordinador científico, (Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; Instituto de Astrofísica de
Canarias; Instituto Geográfico Nacional; GeoPlaneta). «Por la oportunidad, por la pedagogía, por la belleza y porque además de la parte científica contiene una parte en la que los eclipses dejan de
ser solo un fenómeno metereológico y se convierten en parte de nuestra historia y musa del arte». Mejor obra de divulgación científica . 'Diccionario Buñuel', de Jordi Xafra y Manuel Fructuoso
(Universidad de Zaragoza). «Culminación y resumen de la colección Luis Buñuel. Cine y vanguardias, este diccionario es también un pormenorizado estudio de la generación del 27 y sus aledaños
culturales y estéticos». Mejor edición digital y multimedia. Desierto. (El jurado lamenta la ausencia de libros verdaderamente creativos e interactivos en esta categoría). Las 225 publicaciones
presentadas —procedentes de treinta y seis editoriales universitarias— permanecerán expuestas en la Librería del BOE (calle Trafalgar, 27) y abiertas al público durante el mes de julio. Creados con
el propósito de fomentar la visibilidad del libro universitario en la sociedad, estos premios se han consolidado como una referencia imprescindible para el sector editorial académico, como refleja el
creciente número de candidaturas que concurren cada año. La ceremonia de entrega tendrá lugar el jueves 12 de noviembre, en el marco de la Asamblea General de la UNE , que este año se celebrará en la
Universidad de León. Las obras distinguidas en las veintiocho ediciones anteriores pueden consultarse en los siguientes enlaces: Listado de ganadores históricos organizados por categoría (1998-2025).
Listado de ganadores históricos organizados por editorial (1998-2025). Reportaje fotográfico (Los Premios Nacionales de Edición Universitaria cuentan con el patrocinio de CEDRO - Centro Español de
Derechos Reprográficos).
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Los entresijos que envuelven la última historia de amor de Federico García Lorca (mié, 24 jun 2026)
Manuel Francisco Reina, crítico literario y novelista, ha dedicado su vida a las letras. Cuando era cronista de ABC, coincidió con el protagonista de esta historia, Juan Ramírez de Lucas (quien
ejercía de crítico de arte en este diario) en los premios Mariano de Cavia de 2006, presentados por el antiguo subdirector del periódico, José Miguel Santiago Castelo. Tiempo después, con el ímpetu
de demostrar que el destinatario de 'Los sonetos del amor oscuro' no era Rafael Rodríguez Rapún, se embarcó en esta búsqueda. En toda obra humanística, la Historia es el único ente capaz de alterar
el libre albedrío de todo ser. Por eso, es relevante destacar que 'Los amores oscuros' (Berenice), la nueva novela de Reina, retrata la vibrante vida cultural del Madrid de los años 30, la meca del
cosmopolitismo español de la época, donde la Generación del 27 caldeaba las estéticas del Siglo de Oro y el modernismo con la innovación lírica y el mundo onírico. Aquí, Federico le presentará a su
enamorado, Juan, a todo su círculo social, escritores como Vicente Aleixandre o Rafael Alberti, bastante parecido al 'Medianoche en París' de Woody Allen. Partimos de la premisa de que ya conocemos
el final histórico de Federico García Lorca y de la novela, con lo que muchas escenas anuncian ese trágico final. Precisamente por esto, le preguntamos a Manuel si empleó algún 'foreshadowing' o
presagio narrativo a lo largo de su articulación de los hechos, quien lo afirmó efusivamente, porque «a pesar de usar todo ese mundo lorquiano emocional de la intuición, él era un tipo que conocía
muy profundamente la literatura grecolatina, en la que el 'fatum', el designio divino, está muy marcado». Ese mismo hilo rojo que une todos los hechos está sostenido, a mayores, por algunas licencias
poéticas, como «el momento en el que ambos amantes están separados ya en julio del 36 y, la noche en la que Federico es asesinado, Juan se despierta ahogado, como si hubiera recibido unos impactos».
Nada más abrir el libro, ya podemos entrever el desdoblamiento narrativo. La primera cita es de F. S. Fitzgerald, cuyo Nick Carraway es los ojos mediante los cuales nos adentramos en las vivencias de
'El gran Gatsby'. Esa misma estructura está presente aquí, donde Juan es el protagonista superviviente a través del cual vemos al héroe en cuestión: Federico. Partiendo de uno de los temas que más
obsesionaba a Fitzgerald, la idealización tiene su papel en la novela, especialmente, en la relación entre Lorca y Dalí. Esa misma exaltación es lo que catapulta la transición necesaria entre ese
amor fatuo que fue Dalí, superficial y juvenil, hacia el amor ágape, basado puramente en el compromiso y la conexión: «Después de todo este periplo vital, cuando Federico conoce a Juan Ramírez de
Lucas ya es un hombre maduro que ha vivido todo tipo de experiencias y que ya sabe lo que quiere. Sin embargo, Juan, siendo tan joven (17), da el paso adelante con Federico y le da todo lo que él
había querido siempre porque, en el fondo, Federico quería un compañero de vida». Aquí es donde entra en escena Pura Maortua de Ucelay, quien presentó a Lorca y a Ramírez de Lucas. Siendo parte del
Lyceum Club, donde las mujeres ejecutaban medidas para el avance social, fue una de las primeras directoras de teatro en España. De hecho, el autor nos cuenta en primicia que, en 1936, Pura estaba
con los ensayos de 'Así que pasen cinco años' (una de las últimas obras de Lorca), donde el personaje del fiel sirviente enamorado del protagonista, que se llamaba Juan, iba a ser interpretado por el
real Juan Ramírez de Lucas. Esto es simbólico porque, justo cinco años después, el dramaturgo fue asesinado. Manuel Francisco Reina acude a la novela testimonio para poder amalgamar estos datos
históricos con la ficción emocional. El novelista, que inicialmente concebía la investigación como un ensayo, decidió acudir a esa fórmula ya acuñada por Chaves Nogales y Truman Capote. «Si lo que yo
quiero es que esta historia llegue al mayor número de gente posible, esto permite empatizar mejor con los personajes». Al preguntarle por las inspiraciones de las que bebió para retratar la
melancolía, el deseo y demás, hizo un especial énfasis a los «inexplorados narraluces de los 60, entre los que estaban Luis Berenguer y Antonio Hernández. Escribían un tipo de narrativa que enfatiza
el habla y las costumbres andaluzas». De este modo, explica que de aquí viene el interés por las supersticiones y el peso de las maldiciones familiares, entre otros, insistiendo en que esta ola de
escritores andaluces fueron los precursores del realismo mágico. Toda esta poción de vida con motas literarias se epitomiza en el título de la novela, 'Los amores oscuros': «Me parecía interesante
esa metáfora que juega con la última obra poética y vida de Federico, todo está absolutamente imbricado».
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Jesús González Cieza debuta en la ficción histórica con 'Andanzas en Las Indias del mar Océano' (mié, 24 jun 2026)
Tras décadas lidiando con balances y estrategias corporativas, Jesús González Cieza (Madrid, 1955) ha cambiado los despachos por los océanos del siglo XVI en su primera novela histórica 'Andanzas en
Las Indias del mar Océano' (Editorial Adarve). Abogado, economista y exdirectivo de Vocento , la jubilación en 2019 le brindó la oportunidad de retomar una inquietud que, según sus propias palabras,
siempre había estado «latente, pero silenciada». Lector empedernido desde la infancia —pasando de los tebeos a la novela de aventuras y, finalmente, a la historia de España—, González Cieza ha
canalizado su pasión a través de talleres de escritura creativa y estudios de extensión universitaria en disciplinas tan variadas como la heráldica, la astronomía y el derecho del mar. El resultado
de este proceso formativo y creativo ha sido una obra que elude la etiqueta de simple novela histórica para reivindicarse como «historia novelada» . La trama de la novela sitúa al lector en el año
1560. El protagonista, un joven huérfano llamado Gonzalo Ulloa, se ve obligado a huir de Sevilla para escapar de la justicia de Felipe II . Su única salida es enrolarse a escondidas como grumete
inexperto en la nao Argonauta, con destino a San Cristóbal de la Habana. Durante la travesía atlántica, el joven Gonzalo trabará amistad con Francisco, un veterano soldado de los tercios y marino, a
quien aguarda Jagua, una altiva mujer indígena hija de un cacique asesinado por los conquistadores. Al ritmo de la navegación de la época, la novela explora la dureza de la vida a bordo para hombres
y bestias, los asedios de piratas y, una vez en tierras cubanas, el hallazgo de un cofre con joyas robadas que da un giro inesperado a la historia. Uno de los principales valores de 'Andanzas en Las
Indias del mar Océano' reside en su minuciosa labor de documentación. González Cieza busca dotar de profundidad a la trama, explorando no solo el ambiente marítimo, sino también las complejidades
sociales de las colonias . La obra aborda las contiendas de los conquistadores, el sistema de las encomiendas, el trato a los nativos y, de manera muy especial, la exigente legislación que la Corona
Española promulgó para intentar frenar y penalizar los abusos en el Nuevo Mundo. El germen del libro fue un modesto ejercicio de escritura de apenas doce páginas, centrado en el personaje de
Francisco, el atormentado arcabucero que terminaría convirtiéndose en el coprotagonista de la novela. A partir de ahí, el autor confiesa haber experimentado un proceso creativo asombroso. «Me ha
fascinado cómo han surgido personajes no imaginados, realizando acciones insospechadas para mí. Observar cómo la novela casi tenía vida propia ha sido lo que más me ha asombrado», reflexiona el
autor. Pensada para agilizar la lectura, la obra está estructurada en capítulos cortos (de diez a doce páginas), con un ritmo que equilibra la acción aventurera con la pausa descriptiva del día a día
en el siglo XVI . González Cieza no detiene su labor investigadora. Lector asiduo de textos coetáneos —actualmente inmerso en la 'Crónica del Perú' (1553) de Pedro Cieza de León—, el autor ya trabaja
en una secuela. Aunque 'Andanzas en Las Indias del mar Océan¡o es una obra autoconclusiva, las ramificaciones de la historia han empujado al autor a explorar una segunda parte. En ella, la trama
girará en torno a un elemento histórico fascinante: el Índice de Libros Prohibidos por la Inquisición del año 1559. Hasta que esa nueva entrega vea la luz, los lectores tienen en esta primera obra
una puerta de entrada al mar Océano, donde la historia de España se entrelaza con la aventura clásica.
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Fabrice Hadjadj: «Es imposible arrancar todo el mal, esa era la locura de los totalitarismos» (lun, 22 jun 2026)
Fabrice Hadjadj es un hombre atravesado por el encuentro. Fue un encuentro con Cristo el que le hizo caer del caballo, como Saulo de Tarso, como judío, luego ateo, anarquista y nihilista tras rezar
frente a una imagen de la Virgen, la misma de la que tres días antes se había burlado. Es el hombre que pasó de escribir 'Objet perdu' a 'La fe de los demonios', 'Tenga usted éxito en su muerte',
'¿Cómo hablar de Dios hoy?' o 'La suerte de haber nacido en nuestro tiempo'. Es el filósofo converso que hoy es director de Incarnatus est, convencido de que España es un lugar privilegiado para
impulsar una nueva generación de jóvenes lúcidos, creativos y esperanzados, una nueva escuela cuyo objetivo no sea tanto aprender algo como convertirse en alguien, asumiendo su humanidad y
recuperando la magnanimidad, la grandeza del alma. Es también un hombre atravesado por la cultura; de ahí que el cine haya sido el motor para escribir 'Tom Cruise y su misión: Imposible' (Ediciones
Encuentro, 2026). Este escritor mira al actor más allá del cine, quizá porque encarna nuestra búsqueda de vocación en un mundo que solo ofrece papeles y funciones. Cuando un actor se convierte en
símbolo de una generación, inevitablemente refleja algo de su época. Por eso, al hablar de Cruise, para Hadjadj es también hablar de toda la humanidad. «Soy hijo de mi época, en la que las películas
han tomado prestado el espacio de los folletines, esas novelas publicadas en los periódicos, como las de Alexandre Dumas. Han desaparecido, pero creo que estaría bien volver a encontrar esa dimensión
ficcional del periódico. Hay que reconocer, especialmente durante la juventud, la influencia de las películas, para mí, sobre todo, las de acción, de héroes y superhéroes. Son como los libros de
caballería para Alonso Quijano . Vemos películas con una heroicidad en tiempos de desaparición de la heroicidad. Y mi pregunta, que es la pregunta ya del Quijote, es: ¿cuál es la épica de nuestra
época? O bien debemos vivir como en una esquizofrenia, con una pura separación entre el sueño y la vida cotidiana, o bien hay una vinculación, pero que no debe ser una confusión, una locura del
Quijote», responde el pensador a este periódico. Hadjadj hace un repaso por la figura de Cruise, no solo en sus trabajos, también en lo que sabemos de su vida y experiencia. Temas hay muchos, pero
hay uno que es frecuente también para Hadjadj, y es el tema de la paternidad. Quizá porque también atraviesa al filósofo. «Tuve la suerte de tener un padre judío. No sé si conoces el refrán que dice
que 'un padre judío es una madre normal'. En mi caso, mi padre ha sido como una madre también para mí, mostró siempre una verdadera ternura. Me acuerdo de cómo me acompañó para escribir mis primeros
poemas a los cinco años; desde el momento en tuve la pluma en mi mano, empecé a escribir poesía. Creo que no sufrí la tentación del rechazo de mi padre, una suerte », reconoce al afirmar en su libro
que precisamente de «este rechazo del padre procede el designio, a la vez titánico y regresivo, de construirse a sí mismo». Aunque asegura que la figura del padre consiste siempre en una búsqueda.
«Nuestros padres son hijos, criaturas con sus defectos. Y eso lo descubrimos siendo nosotros padres porque experimentamos en ese momento que todavía somos adolescentes, incluso a los 50 años. Se ve
muy bien con Tom Cruise. Hay algo de adolescente que perdura. Al ser padres entendemos nuestra propia filiación, podemos perdonar a nuestros padres y vamos descubriendo que la paternidad es un
horizonte», destaca, sobre una experiencia que él mismo ha descubierto al ser padre de diez hijos. A Hadjadj le gusta Tom Cruise por sus películas, su épica, pero también porque no es un santo. «Creo
que la mirada cristiana, especialmente a la cultura, es una mirada para desprender los rasgos de Dios escondidos, perdidos en cierta confusión. La fe cristiana no consiste en quedarse entre sí y ver
la santidad en los santos, sino ver el trabajo de Dios en la basura, en los bastidores del teatro, en el trasfondo de una vida. Me acerqué a la figura de Tom Cruise, pero como el hombre humano. Su
fama, su existencia de estrella, funciona como una lupa para magnificar la condición humana. Es un hombre, entre tantos, con sus tentaciones, con esta frontera entre Dios y el demonio que pasa a
través de los corazones». También habla Hadjadj del control individual sobre la realidad que acontece como algo «bulímico», un síntoma de nuestro tiempo. «Es precisamente el tema del paradigma
tecnocrático. Cuando estamos frente a un problema con la tecnología, con la inteligencia artificial, ¿cuál es la respuesta? Más control. Luchamos contra la tecnología con más tecnología . Es el
problema del paradigma, que no es solo una opción, una posibilidad, sino el marco de la mente actual. El afán por el control viene al mismo tiempo con el afán por la pérdida del control. Estamos en
una sociedad de control y trance, porque es imposible quedarse en el control siempre, ahí viene la fatiga por una tensión excesiva». La experiencia de Tom Cruise sirve a Hadjadj para leer algunos de
los signos de nuestro tiempo. Entre ellos, esa tecnología, una realidad ante la que el hombre siempre se ha visto obligado a preguntarse. «Creo que es la gran aportación de sus películas. Cruise no
tiene doble, él arriesga su propia carne con las máquinas. Está siempre esta presencia del cuerpo y de la máquina, un cuadro para resaltar esta lucha de la carne y también el misterio de la carne
como carne viva. Los dispositivos de ahora son dispositivos 'chulos', de bolsillo. No es la gran máquina de la fábrica que aparece con sus motores, olor a gasolina, como un dragón. No. El móvil es
como una muñeca para todas las edades, consoladora. Dormimos con ella junto a la almohada, como las luces que le ponen a los niños que tienen miedo a la oscuridad. Parece 'cool', pero más que una
vinculación, es nuestra sumisión a una maquinaria mundial. Esta lucha contra la inteligencia artificial se transforma en un combate interior para no sucumbir a la tentación de dejar su
responsabilidad y encomendarse a los algoritmos». Es este combate el que también ha movido al Papa León XIV a preguntarse por ella y publicar 'Magnifica Humanitas', la primera encíclica de su
pontificado. «Creo que no es una encíclica sobre la inteligencia artificial, sino sobre la inteligencia humana, sobre la inteligencia encarnada. El tema central es la doctrina social de la Iglesia en
nuestro tiempo, se presenta no como un conjunto de soluciones o un algoritmo, rehusando la tentación también de los católicos de pedir al Papa soluciones, no entender al Espíritu Santo como el máximo
algoritmo y pensar: 'Hay solo que dejarse atravesar por el flujo de la gracia y todo se resuelve'. No. El espíritu creador y renovador es el que ha creado y que renueva tu responsabilidad, tu
libertad. A veces, con tu perplejidad y, sin embargo, con tu capacidad de meditar, discernir, deliberar, decidir y actuar de manera insustituible ». Hadjadj ha sostenido que incluso una época herida
por la técnica, la crisis y la pérdida de sentido puede ser vivida como una oportunidad. No se trata de nostalgia por un mundo anterior, sino de descubrir en el presente, con sus límites y
contradicciones, el lugar concreto donde se juega la posibilidad de una vida plenamente humana. «Las películas de 'Misión Imposible' son películas siempre en un ambiente apocalíptico. Pero el
apocalipsis es también la suerte de hacer grandes cosas o de elegir verdaderamente el bien o el mal. La palabra apocalipsis no se refiere primero a la catástrofe, sino a la liberación; es un
descubrimiento que consiste en este doble crecimiento del trigo y de la cizaña. No se puede arrancar toda cizaña sin arrancar también el trigo; hay que dejarlos crecer juntos. Es una palabra, es la
orden de Cristo. Es increíble. Es imposible arrancar todo el mal; era la locura de los totalitarismos, a veces con buenas intenciones. Es destruir la libertad humana, destruir la posibilidad misma
del mal. Eso es la destrucción total de todo. El apocalipsis es cultivar. ¿Por qué? ¿Por un mejor mundo futuro? No. Porque es nuestra misión que viene del eterno, que no tiene que justificarse por el
resultado. No es un tema de resultado como con los algoritmos». Hadjadj también responde al 'boom de lo católico', a este nuevo fenómeno de un sentimiento relacionado con la religiosidad, aunque no
de lo religioso, asegura Fabrice, en el que hace falta un discernimiento para reconocer qué es profundamente verdadero de todo ello. «Ocurre de una manera más potente en países como este. Hay una
gran tradición de piedad popular; no es como en Francia, donde lo que queda del catolicismo son los valores morales traducidos en valores de la República. En Italia es el arte, la cultura, pero en
España es la dimensión devocional, emocional, sentimentalista. Hay un retorno, pero sin la idea de que lo que se ha encarnado es el logos, la razón misma. Hay un retorno, pero con una cierta falta de
razón. Es una sed del corazón, pero un corazón sin razón a menudo. Tenemos que pasar de la religiosidad a la religión, pasar de un Dios sentido a un Dios que es el logos. Pasar a la fe como
capacidad, es una palabra de Don Giussani, capacidad extrema de la razón, creer y creer en Dios; es algo más que racional y, sin embargo, racional. Hay también entrevistas de Rosalía en las que ella
habla de la posreligión como algo bueno, pero descansa en esta dimensión emocional y es el propio credo de los hispanos, es decir, ser narcotraficante con un crucifijo o con un tatuaje de la Virgen
de Guadalupe en el pecho». Este 'boom' está también relacionado de forma inevitable, asegura el escritor, con el momento que atravesamos. «Vivimos en tiempos de colapso, es la caída del proyecto
progresista. Ya no hay esperanzas de sustitución como el mundo mejor de la sociedad sin clases sociales, el mundo mejor del comunismo, el mundo mejor del liberalismo, no. Creo que el progresismo ateo
se fue. En la posmodernidad ya no existe esta idea moderna de que lo moderno es lo mejor. Hay una equivalencia de todas las épocas, las épocas anteriores también. Es como un supermercado de las
épocas . Y a través de series Netflix, de videojuegos o de mercancías históricas, puedo elegir, no sé, los vikingos, los celtíberos. Esa afición también está incluso en medios cristianos, donde se
intenta volver incluso a una España pagana, con una ambigüedad, incluso en círculos católicos. También hay afición de personas como Pablo D'Ors. Es esta idea de la meditación con el vacío, meditación
con el lugar del puro silencio, de la desaparición de la personalidad. Es como reaccionar a una sociedad de la información, del narcisismo, pero como una reacción, solo una reacción». De ahí que,
ante una apariencia de que toda época es válida, también entra este retorno de la espiritualidad. Y aunque Hadjadj no rehúye de todo este fenómeno en sí, alude al discernimiento y a actuar en
consecuencia. «Es también el trabajo del Espíritu Santo en cada época; tenemos que reconocerlo, pero también tenemos que anunciar o proponer el discernimiento, la purificación de eso. Pero se
entiende muy bien que ahora ya no existen esperanzas de sustitución. Esto que existía en la modernidad, a través del proyecto moderno de un progreso ateo, del hombre capaz de hacer un mundo mejor,
como la anticipación del paraíso». Hadjadj es el director de Incarnatus est , un instituto internacional para jóvenes de entre 18 y 28 años que propone una formación integral en tres dimensiones:
académica, espiritual y comunitaria, donde los estudiantes viven en comunidad y donde estudio, vida cotidiana y vida espiritual se entrelazan de forma continuada. «Estamos luchando también con
fuerzas espirituales malignas que no están solo fuera, sino también dentro, en la soledad. La vida monástica se entendía como huida de la vida, pero la idea de los monjes era entrar en la arena, en
la plaza, con los cuernos más afilados y agudos, en el combate espiritual. Hay un combate espiritual donde el enemigo no es el otro, y es muy importante entenderlo, especialmente en España siempre
rasgada por guerras civiles. No podemos diabolizar a nuestro hermano humano porque existe el maligno; entonces no es él únicamente el mal, puedo ser yo un cómplice de ello. El mal se encuentra en los
dos lados de la mesa de juego. Están los 'pro-choice' y los 'pro-life', pero al entrar en esta pelea con esta polarización me hago cómplice también de la destrucción, de la imposibilidad de
encontrarse de nuevo».
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La Feria del Libro de Madrid logró ser un ejemplo de sostenibilidad (mié, 17 jun 2026)
Siendo el mayor evento literario anual que tiene lugar en la capital , un enorme conglomerado de visitantes , editoriales y otros profesionales de la cultura se vieron reunidos en el Parque del
Retiro, donde innovación energética y cultura se dieron la mano. El gigante multinacional , con la meta de reducir la huella de carbono, facilitó puntos de suministro eléctrico con garantía de origen
100% renovable. Además, el único grupo electrógeno que utilizó la feria empleó el suministro de 2000 litros de combustibles renovables. Para añadir, sobre el 80% de los libros que se vendieron fueron
transportados en vehículos propulsados con estos mismos combustibles, habiendo conseguido así reducir más de 5,5 toneladas de CO₂. Por ende, esta colaboración entre Repsol y la Feria del Libro se vio
reflejada, además, en el mural colorido de 8 metros creado por la artista Naranjalidad, en las dos jornadas de cuentacuentos para los pequeños que tuvieron lugar los sábados y un taller de lectura
con Patricia Fernández (booktuber), quien fusionará la comunicación digital con las nuevas generaciones.
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'La invención de los visigodos. Imaginario y recepción artística en la Monarquía Hispánica' (mié, 17 jun 2026)
Los visigodos forman parte de la memoria colectiva de los españoles. Durante siglos, la evocación del antiguo reino visigodo de Toledo ha sido aprovechada para legitimar el presente, entroncándolo
con un pasado mítico y lejano, en el que la península ibérica estaba gobernada por un único pueblo bajo la insignia del cristianismo. El libro es el producto de dos proyectos de investigación
financiados por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Universitat Jaume I . Reúne un total de dieciocho ensayos firmados por miembros del grupo de investigación 'Iconografía e
Historia del Arte' de la universidad de Castellón, más una 'Iconografía de la Corona Gótica' y un 'Catálogo de series godas'. Los primeros capítulos, escritos por Carles Rabassa, presentan los
orígenes del pueblo godo , las características de su sistema monárquico, la formación del reino visigodo de Toledo y las principales fuentes historiográficas. Posteriormente, Juan Chiva Beltrán
examina los elementos ceremoniales y rituales heredados de la tradición romana , compartidos por los bizantinos y omeyas. Los capítulos siguientes se centran en la recuperación del legado godo por
los reinos medievales . Juan Chiva estudia la continuidad de prácticas ceremoniales, rituales y constructivas visigodas en Asturias . Nathaniel Sola Rubio analiza la recepción del culto a Vicente
Mártir por parte de la monarquía asturiana y de la cercana Lusitania . Miguel Sánchez Rubio investiga cómo las crónicas de León y Castilla utilizaron el pasado visigodo para respaldar la dinastía
Trastámara . Los capítulos siguientes están dedicados a la promoción del mito gótico por parte de Felipe II y de sus sucesores, interesados en legitimar su poder sobre los territorios que conformaron
la Monarquía Hispánica. Al redescubrimiento del pasado visigodo y de algunos de sus protagonistas por parte del Rey Prudente dedica Víctor Mínguez el capítulo octavo. En el noveno, este mismo autor
nos ofrece una panorámica completa de las crónicas que apoyaron la «reinvención» de la memoria goda . Siguen dos ensayos dedicados a santos de época visigoda y cuya memoria fue reaprovechada durante
el siglo XVII, como prueba de la 'Pietas Austriaca'. Gaetano Giannotta estudia a san Isidoro y san Ildefonso, importantes obispos y padres de la Iglesia. Mercedes Llorente se ocupa de Hermenegildo,
el príncipe que abjuró del arrianismo y se convirtió al catolicismo. Sigue el ensayo de Inmaculada Rodríguez Moya, quien analiza las series de retratos regios que vinculaban visualmente a los
monarcas contemporáneos con los soberanos visigodos . Una intención similar tenía el programa escultórico y decorativo diseñado por Martín Sarmiento para el Palacio Real Nuevo de Madrid, estudiado
por Eva Calvo. En el siguiente, Antonio Gozalbo Nadal se centra en la índole guerrera de los godos y analiza los escasos testimonios materiales y las más numerosas reinterpretaciones artísticas de
esta condición. Sigue otro ensayo de Nathaniel Sola Rubio sobre la representación artística de las reinas visigodas. En el capítulo decimosexto, Inmaculada Rodríguez vuelve a poner el foco en las
series de retratos regios que incluyen a los soberanos godos, estudiando las que se realizaron en época liberal y durante el reinado de Isabel II. También el aprovechamiento del pasado visigodo para
la conformación ideológica del naciente Estado español se benefició del arte, como demuestra el ensayo de Mercedes Burgos Martínez en torno a las ilustraciones de la Historia de España de la casa
editorial Seguí (1920). El último capítulo, firmado por Teresa Sorolla Romero, versa sobre las distintas manifestaciones artísticas del relato de la vasca Amalia , heredera del linaje godo y
protagonista de novelas históricas, películas y cómics. Enriquecen el volumen una 'Iconografía de la Corona Gótica' y un 'Catálogo de series godas' que han sido coordinados por Nathaniel Sola. La
primera está conformada por 37 fichas en las que los autores resumen la biografía de los reyes visigodos y analizan el devenir iconográfico de su imagen. El otro es un catálogo de las series
iluminadas, grabadas, pintadas o esculpidas en las que se incluyeron estos soberanos con el fin de crear verdaderos teatros de la memoria. Ficha Título: 'La invención de los visigodos: Imaginario y
recepción artística en la monarquía hispánica' Autores: Víctor Mínguez, Carles Rabassa, Inmaculada Rodríguez (dirs.) Editorial: Universidad de Jaén. UJA Editorial Año de edición: 2025 Disponible en
UJA Editorial Disponible en Unebook (edición digital)
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John Connolly: «No escribo novela negra; para mí ese género significa un mundo sin esperanza» (dom, 14 jun 2026)
En 1999, John Connolly era periodista freelance del 'Irish Times' y escribía de madrugada. Trabajaba en el primer capítulo de lo que sería ' Todo lo que muere ' cuando recordó una historia que había
cubierto años antes: una mujer llamada Belinda De Pereira había muerto de manera muy violenta. La reacción inicial de la población fue de horror, de tristeza, hasta que salió a la luz que era
trabajadora sexual. La tristeza, entonces, se evaporó con llamativa rapidez. «Se convirtió en una persona secundaria», recuerda Connolly. «Una mujer sin importancia». La observación de cómo la
empatía pública funciona con criterios de selección que nadie enuncia pero todos aplican se convirtió en el motor secreto de toda la serie: ¿Por quiénes lloramos y por quiénes no, y qué dice eso de
nosotros? Charlie Parker, que surgió de aquella intuición, es un exagente de policía convertido en detective privado que investiga los casos que otros prefieren ignorar. Marcado por el asesinato de
su esposa y su hija, Parker habita un territorio donde la investigación criminal convive con preguntas sobre la culpa, la memoria y la redención. A lo largo de más de veinte novelas, el personaje se
ha convertido en una de las figuras más reconocibles de la ficción criminal contemporánea, precisamente porque sus casos rara vez tratan solo de resolver un crimen. El detective privado, recuerda
Connolly, nació como género en California en los años veinte y treinta. Un estado de enorme corrupción, controlado por las grandes empresas ferroviarias y del petróleo. «Si eras pobre y tenías un
problema, ni los tribunales ni la policía tenían ningún interés en ti», dice, con un sorprendente control del español. «Entonces necesitabas buscar ayuda en otro lugar, habitualmente en el detective
privado, que no tiene obligación hacia los tribunales ni los políticos; solo hacia la justicia». Parker es, en ese sentido, un heredero directo de Philip Marlowe, pero Connolly le ha hecho una
intervención que Chandler nunca hubiera autorizado: lo ha convertido en un hombre que literalmente ve fantasmas, que habla con su hija muerta y que parece operar en los márgenes de dos mundos
simultáneamente. 'Los hijos de Eva' (Tusquets) es la novela número 22 de la serie y se instala, como casi todas las anteriores, en el Maine rural y sus comunidades pequeñas, donde el aislamiento
geográfico y el peso de la historia crean las condiciones perfectas para que el mal prospere sin demasiado escrutinio. Connolly tiene una relación complicada y no del todo resuelta con su tradición
literaria de origen. Colm Tóibín, la figura más prominente de las letras irlandesas contemporáneas, ha descartado en varias ocasiones la ficción de género como irrelevante. Connolly lo menciona sin
acritud, pero con una precisión que delata que la herida no es reciente. Hace unos años editó una antología de tres siglos de ficción de género irlandesa, en parte como respuesta a ese desequilibrio.
«Estoy más cómodo siendo un forastero», dice. «Escribir sobre americanos me permite continuar siéndolo». Connolly insiste, contra todo pronóstico, que él no escribe novela negra. Al menos no en el
sentido estricto del término. «La novela negra, para mí, es un género que otorga un mundo sin esperanza» , dice. «Uno en el que el mal es nato y permanente. Sin la posibilidad de cambio». Hace una
pausa. «No quiero escribir esos libros. Y tampoco quiero leerlos». La declaración sorprende viniendo de un escritor cuyas novelas incluyen ángeles caídos, casas que no deberían haber sido construidas
y un detective que ha muerto clínicamente al menos una vez. «Quiero que los lectores terminen mis libros con más confianza en la posibilidad de cambiar el mundo para mejor», dice. «Aunque sea
ligeramente y tenga un coste». La redención en el universo de Connolly no es gratuita: está construida sobre una teología laica -o casi- en la que «actuar bien no garantiza salvación pero sí importa,
en la que la inacción es una forma de complicidad y en la que el mal triunfa exactamente en la medida en que los hombres buenos deciden no hacer nada», en palabras del autor. Es la cita de Edmund
Burke que aparece, de una forma u otra, en casi todas sus novelas: para el triunfo del mal solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada. Parker existe para hacer algo. Eso es todo. Y eso, en
el universo moral de Connolly, es suficiente para justificar veintisiete años de ficción. «No necesito hablar de religión para hablar de moralidad», dice. «Pero mis raíces son católicas . Las
palabras 'redención', 'expiación,' tienen para mí connotaciones muy específicas, pero no quiero predicar nada: ser sutil es más útil». La tensión entre lo que se puede escribir desde dentro y lo que
solo se puede ver desde fuera atraviesa también su manera de entender el presente político. 'Los hijos de Eva' arranca con el cadáver de una joven y desemboca, como suele ocurrir en sus novelas, en
algo más antiguo y más oscuro que cualquier crimen individual, pero la elección del tema no es inocente. «Hay un gusto por cierto tipo de ficción en el Partido Republicano en este momento», dice.
«Pero no quiero escribir esas novelas». Lo que sí ha cambiado con los años es su relación con la violencia que aparece en sus páginas. «Si fuera posible, me gustaría volver a mis primeras novelas y
reescribirlas con menos violencia», admite. «Son libros de un joven escritor sin mucha experiencia del dolor». La violencia en sus novelas más recientes no ha desaparecido, pero ha cambiado de
función: ya no sirve para mostrar la magnitud del horror, sino para registrar su coste. «Especialmente la violencia contra mujeres y niñas», dice. « Tengo que ser muy cuidadoso. No quiero usarlas
solo como víctimas». El lector, insiste, debe hacer su propio trabajo moral. «Parker no es completamente bueno. No quiero que los lectores piensen que lo es. Estas novelas son, en cierta medida,
fantasías de venganza con justificación. Pero la justificación no elimina las consecuencias». –¿Es Charlie Parker lo que usted no podría hacer, o lo que nunca querría tener que hacer? –Parker es una
manera de reflejar mis experiencias y verlas de una manera diferente. Es una versión de mí. A veces mejor. A veces peor. Aunque Parker es más alto y más guapo que yo. La broma funciona, pero
inmediatamente después, admite lo obvio: «No quiero terminar. Va a ser muy difícil para mí continuar sin Parker, sin esta oportunidad de examinar mi vida y el mundo a través de sus ojos». Veintisiete
años después de aquella primera novela escrita de madrugada, mientras el mundo sigue produciendo con eficiencia industrial el tipo de mal que sus libros llevan décadas nombrando, la pregunta que
atraviesa toda su obra permanece abierta. Tal vez eso sea, precisamente, lo que la mantiene viva.
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Argentina homenajea a un Borges infinito a los 40 años de su muerte (dom, 14 jun 2026)
«Yo, que me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca», escribía el célebre escritor argentino Jorge Luis Borges en su 'Poema de los dones', incluido en el libro 'El hacedor'. Quien
supo ser una de las plumas más prodigiosas de todo el territorio latinoamericano dejaba este mundo a sus 86 años un 14 de junio de 1986 en la ciudad de Ginebra (Suiza). Cuatro décadas más tarde, el
universo cultural de su país de origen recuerda su invaluable legado, que cambió para siempre la historia de la literatura andina. Exposiciones, charlas y espectáculos tendrán lugar en su honor con
motivo del 40 aniversario de la muerte del 'maestro' argentino. Uno de los sitios que será epicentro del homenaje a una de las mejores plumas de Argentina es el Centro Cultural Borges . Entre el 10 y
el 14 de junio este espacio, emplazado en la ciudad de Buenos Aires, presentará una programación especial centrada en la vida y obra del escritor. Bajo el título de 'Borges, autor del futuro' , se
pondrán en marcha distintas instalaciones alusivas al aniversario. Además, habrá conversatorios y ciclos de cine con el fin de redescubrir la obra del gran genio literario. Otro de los lugares de la
capital argentina que se viste de Borges por estos días es el Centro Cultural Recoleta . Ubicado en el barrio homónimo –Recoleta, que tuvo un rol central en la vida del escritor–, este espacio cuenta
con distintas propuestas alusivas a la fecha. Además de exhibir las primeras ediciones de sus libros, manuscritos originales y fotografías, una de las principales muestras consiste en una proyección
animada en formato holográfico que recrea la figura del ensayista. La exposición , que fue desarrollada junto a la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, se llama 'Borges: ecos de un nombre' y se
encuentra en la sala que lleva el nombre de 'Cronopios' en honor al célebre escritor y admirador de Borges, Julio Cortázar. El homenaje al autor también se hará sentir en las calles. En el marco del
aniversario de la muerte de Borges, los diferentes bares notables de Buenos Aires –lugares que servían tanto de inspiración como de espacio de trabajo para el escritor– durante junio y julio
ofrecerán distintos espectáculos en honor al autor de 'El Aleph'. La iniciativa, propuesta por el Ministerio de Cultura de la ciudad, consiste no solo en conferencias y disertaciones sobre su vida y
su carrera internacional, sino también en espectáculos musicales inspirados en algunos de sus poemas y cuentos. Por ejemplo, se realizarán interpretaciones de las canciones que escribió junto a
compositores como Astor Piazzolla, Sebastián Piana o Carlos Guastavino. A la vez, se ofrecerán diferentes recorridos guiados por bares y sitios vinculados tanto a la vida personal de Borges como con
su universo literario. Asimismo, en conmemoración del 40 aniversario de la muerte del escritor, se presentará el libro 'Los laberintos de Borges: entre el caos y el cosmos', que consiste en una
síntesis de las clases que Carlos Gamerro, docente especializado en Borges, dictó en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) entre los años 2006 y 2026. Cuatro décadas después de su
partida, la obra de Borges continúa viva en el país que lo vio nacer. Actualmente, y tras el fallecimiento de la compañera de vida del escritor, María Kodama –en el año 2023–, la obra del prolífico
autor se encuentra en manos de los cinco sobrinos de Kodama. Aunque, más allá del legado material del ensayista, existe también otro inmaterial: aquel que lo ha trascendido y que, en el aniversario
de su partida, convoca a los argentinos a recordar su vida y su obra , casi como si se trataran de alguno de sus cuentos, aún más valorados con el paso del tiempo. Como el mismo autor lo mencionaba,
en varias oportunidades: «El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez».
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David Gallagher: «Sin las novelas de Vargas Llosa sabríamos menos del ensayista liberal» (sáb, 13 jun 2026)
David Gallagher (Valparaíso, 1944) ha vivido muchas existencias. Chileno de origen inglés, se educó en Oxford donde estudió ruso y español, y fue profesor. Reclutado como crítico del famoso 'Times
Literary Supplement' (TLS), llegó a ser jefe de literaturas foráneas. De pronto abandonó su brillante carrera y se dedicó a las finanzas en Chile con tanto talento como el que había mostrado en la
literatura y la academia. Asesoró a bancos y creó fondos de inversión. Gallagher, además, es el descubridor para el mundo anglosajón del 'boom' latinoamericano al editar un número especial de TLS
sobre el tema en 1967. De ahí nació su relación con Carlos Fuentes, Octavio Paz, José Donoso y una singular amistad con Mario Vargas Llosa. Con el escritor peruano, Gallagher viajó mucho y vivieron
peripecias. En recuerdo de esa amistad, elaboró 'Tras las huellas de Vargas Llosa' (Centro de Estudios Públicos, 2025), un libro pensado para que lo lanzara el mismo Nobel, cosa que su muerte -en
abril de 2025- impidió. Gallagher y su libro se presentarán en Madrid el próximo 15 de junio en Casa de América durante el XIX Foro Atlántico de la Fundación Internacional de la Libertad (FIL) que
durante años presidió su gran amigo. –Conoció a Vargas Llosa en Londres en 1967. ¿Qué vio entonces en él que todavía no veía el mundo literario? –Ya había escrito dos tremendas novelas, 'La ciudad y
los perros' y 'La Casa Verde', ¡y tenía solo 31 años! Yo las había leído maravillado. Estábamos en una época en que muchos decían que la novela estaba muerta y bueno, si yo vi algo fue que con
novelas como las de él, no era así. Vargas Llosa junto a otros autores del 'boom' latinoamericano le dieron sangre nueva a la novela y desde entonces no se habla de su muerte. –El libro se titula
'Tras las huellas de Vargas Llosa'. ¿Qué huellas quiso seguir: las del escritor, las del amigo o las del intelectual público? –¡Las tres! Las del amigo por lo importante que fue su generosa amistad
para los que lo conocimos de cerca. La del intelectual público por la apertura con que compartió su trayectoria intelectual. Transitaba de un socialismo sartreano al liberalismo clásico y lo hacía en
sus ensayos como si estuviera reflexionando en voz alta, compartiendo con insólita honestidad sus dudas y cambios de ánimo. Y la del escritor por esas fabulosas novelas, radiografías del Perú y de la
condición humana, escritas con prosa clara, exenta de trucos, pero de a la vez inconfundible estampa propia. –¿Se puede escribir con libertad crítica sobre un amigo tan admirado? –¡Ese es un temazo!
Hacia 1968 perdí por un buen tiempo la amistad de Carlos Fuentes por una crítica negativa a su novela 'Cambio de piel'. Con Vargas Llosa tuve la suerte de que nunca escribió una novela que no me
gustara. –¿Cuál es, a su juicio, el Vargas Llosa más grande: el de 'La ciudad y los perros', el de 'La casa verde', el de 'Conversación en La Catedral' o el ensayista liberal? –El de las novelas sin
duda. 'La fiesta del chivo' y 'La Guerra del fin del mundo' están también en ese nivel, por cierto, y hay muchas otras novelas que son solo un poco menores. Creo que sin las novelas sabríamos menos
del ensayista liberal. Un caso similar: los magníficos ensayos de Octavio Paz los conoceríamos menos sin la poesía que los antecede. Creo que las obras de los grandes creadores les agregan una
potencia muy especial cuando optan por ejercer también como pensadores. –Usted ha destacado su claridad. ¿Era para Vargas Llosa la claridad una forma de moral intelectual? –Creo que sí. Vargas Llosa
era un fanático de la claridad. –Lo conoció cuando miraba con simpatía la revolución cubana. ¿La ruptura con Cuba fue ideológica o, sobre todo, moral? –Al comienzo creo que fue moral porque sentía
que las autoridades cubanas estaban mintiendo y él aborrecía la mentira. También como hombre justo le molestaba el maltrato que le propinaban a escritores disidentes como Cabrera Infante. Después fue
descubriendo el pensamiento de hombre libre que ejercía un Albert Camus o de un Georges Bataille, y finalmente, lo que no es lo mismo, el pensamiento liberal de Popper y de Hayek. –Ha dicho que
Vargas Llosa «no era para nada la típica persona de derecha». ¿Qué quería decir exactamente? –Me van a criticar algunos, pero yo lo veía más de centro, un liberal de centro. Le encantaba el partido
Ciudadanos. Tenía mucha afinidad con socialdemócratas como Felipe González. En Estados Unidos se entusiasmaba con Obama. Siempre fue crítico de Trump. No compartía la agenda «valórica» de la derecha
en temas como el divorcio, el aborto. Una vez en Chile se refirió a esa derecha como la «derecha cavernaria». –¿La derecha que lo celebraba entendió de verdad su alergia a las dictaduras, incluida la
de Pinochet? –A lo mejor no. El admiraba las reformas económicas del gobierno de Pinochet, pero para él éstas en ningún caso justificaban los atropellos a los derechos humanos. Era profundamente
demócrata. Por eso se volcó contra Fujimori el momento en que dio el autogolpe. –¿La aventura presidencial en Perú fue un error político o una prueba extrema de coherencia? –Prueba de coherencia sin
duda. En cuanto a error, no creo que haya sido la aventura misma un error electoralmente, sino el hecho de que lo rodearan mediocres políticos de derecha que quisieron aprovecharse de su prestigio.
Eso sí, la derrota electoral fue un triunfo para la literatura. Él era tanto o más que cualquier presidente del Perú. El cargo lo habría disminuido innecesariamente. –Cuando se apague el ruido
ideológico, ¿qué Vargas Llosa cree que quedará: el novelista, el liberal o el hombre que defendió la verdad contra sus propias tribus? –Creo que los tres, pero yo siempre voy a privilegiar al
novelista. La historia es efímera. El contexto en que se discuten las ideas también. Lo que no tiene nada de efímera es una gran obra de ficción como 'Don Quijote', 'Madame Bovary' o 'Conversación en
la Catedral'. –¿Qué le hacía reír a Vargas Llosa? –Él tenía mucho humor, contaba cuentos cómicos. Una de las cosas que me impresionaba de Mario es que tú le contabas cualquier barbaridad y su primera
reacción era una carcajada. Y sobre todo si le contabas alguna maldad de algún amigo en común. Le parecía cómica la maldad humana. Era una especie de empatía de novelista, porque Mario no juzgaba. Él
tenía una moral muy estricta, sobre todo apego a la verdad, pero soltaba una carcajada cuando oía algo absurdo que había pasado. Era una carcajada absolutoria. –¿Era más severo con los demás o
consigo mismo? –Creo que era muy severo consigo mismo. Tenía una tremenda disciplina como escritor. Y trabajaba mucho. Se levantaba muy temprano, salía a correr, después con los años a caminar, y se
sentaba a escribir y no lo veías hasta la hora de almorzar. –¿Qué novela de Vargas Llosa recomendarías a un lector joven que solo lo conoce por la política? –Tendría que hablar con el lector antes,
pero si es un lector serio, que realmente le gusta la literatura, 'Conversaciones en la catedral'. 'La ciudad y los perros' es bastante obvia y mucho más fácil. Pero 'Conversaciones en la catedral'
es desafiante para el lector, por la estructura, el lenguaje. Y si no, 'La fiesta del chivo', una novela que lees con la lengua afuera, extraordinariamente bien narrada, y donde sientes que hay una
pasión individual de Vargas Llosa procedente de su ira contra Fujimori.
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Eduardo Sacheri analiza la herida abierta en los argentinos por las Malvinas: «Son una señal de identidad» (sáb, 13 jun 2026)
«Las Malvinas se convirtieron en una señal de identidad para los argentinos. Tal vez la única que tenemos». Con esa contundente frase resume el escritor Eduardo Sacheri el peso tanto histórico como
simbólico que tienen estas islas en el imaginario de su país de origen. El también historiador y guionista, que presenta en España su libro 'Demasiado lejos' , habla con ABC sobre la herida abierta
que representa la guerra para sus compatriotas, a la vez que detecta puntos de encuentro entre el fervor de aquella época y aquel que caracteriza la manera de vivir el fútbol allí. En su nueva obra,
el exitoso autor argentino, que ha sabido conquistar al mundo con 'La pregunta de sus ojos' –en su versión cinematográfica, 'El secreto de sus ojos', protagonizada nada menos que por su coterráneo
Ricardo Darín -, ofrece una mirada distinta y prometedora tanto de la guerra de Malvinas como de sus implicancias para la cultura argentina. «Hay que hacer una diferencia entre la guerra de Malvinas
y el tema Malvinas en sí», aclara Sacheri, quien explica a este medio que «la guerra, desatada en abril de 1982, se incorporó a los libros escolares como un capítulo más de la dictadura militar». En
cambio, el «tema Malvinas», distingue, representa hasta el día de hoy «una cuestión de identidad para los argentinos». Y cita un ejemplo: «Si uno le consulta a un niño de 10 años o a una persona de
80, ambos responderán con seguridad que las islas son argentinas». Tan enraizada está la cuestión en la idiosincrasia del país suramericano que, según señala el escritor, la ausencia de las Malvinas
tras perder la guerra, se encuentra –paradójicamente- presente en Argentina a diario. De hecho, «hay calles y pueblos que llevan el nombre de Malvinas e incluso hay mujeres que se llaman así»,
enumera el autor, que se refiere a estos homenajes como un modo de «honrar la ausencia». Puesto a comparar el sentimiento de la época y el baño de ciega euforia que inundaba las calles argentinas al
inicio del conflicto armado -entre el 2 de abril y el mes de mayo de 1982- con algún otro episodio histórico, el autor no lo duda: «La restauración de la democracia en 1983». Según analiza, cuando la
dictadura militar liberó finalmente la Casa Rosada , «este hecho celebró con la misma unanimidad que el inicio la guerra de Malvinas». No obstante, la 'fiebre' de Malvinas, cuenta el escritor,
comienza a ceder lugar al realismo con el hundimiento del crucero ARA General Belgrano ocurrido el 2 de mayo, en el que murieron más de 300 argentinos, hecho que anticipaba el trágico desenlace de la
guerra para la nación albiceleste. Sin embargo, la Argentina enfervorizada del comienzo del enfrentamiento con Gran Bretaña también le recuerda otro sentimiento: el de la pasión de este país por el
fútbol . «El tema de Malvinas se vivió sin cuestionamientos, como el fútbol», apunta Sacheri en diálogo con ABC. Y describe el impacto inicial de la guerra en el pueblo argentino con una metáfora:
una especie de «efecto Mundial». Este sentimiento, detalla, nace antes de que se produzca el conflicto bélico. «En los años '30 el tema aparece ya en la agenda cultural. Hay escritores que viajan y
escriben libros desde las islas», relata, «luego, en los '40 el tema se da en las escuelas y los argentinos comienzan a aprender que las islas pertenecen a su país». Preguntado acerca del rol
destacado de la guerra de Malvinas en el contexto de la última dictadura militar argentina –entre 1976 y 1983- y como desencadenante de un proceso que llevó al país de regreso a la democracia,
Sacheri describe una evolución del espíritu de época «del oxígeno al derrumbe»: «Desde el 2 de abril de 1982, cuando comenzó la guerra, los militares vivían un extrañísimo boom de popularidad. Esta
les dio oxígeno, ya que la gente olvidó otros reclamos». Sin embargo, la derrota y humillación de Argentina tuvieron un impacto inmediato en el régimen autoritario. «A los pocos días, renuncia el
presidente (Leopoldo Fortunato) Galtieri y se encamina la democracia», recapitula el escritor. Apenas presentado en España, 'Demasiado lejos' recorre sus primeros pasos en la península ibérica y todo
parece indicar que le espera un destino más que exitoso. Por el momento «ha tenido una muy buena recepción», asegura su autor. Y confiesa su deseo más íntimo: «Que los lectores de otros países se
puedan adueñar del libro en sus propias vidas».
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Adrián Olmedo y Care Santos: «Estamos siempre esperando que pase algo, cuando eso que esperas ya está pasando» (vie, 12 jun 2026)
La literatura infantil es el primer contacto de los niños con mundos nuevos, desconocidos y que pueden ser la primera pieza de su próxima gran obsesión. Vivir estas historias en familia conforman una
experiencia inigualable, madres, padres e hijos compartirán recuerdos que no se borrarán. Sobre esta idea, Care Santos crió a sus tres hijos, con quienes compartió su amor por la lectura; y su
primogénito, Adrián Olmedo, acogió el amor por contar historias propias y de otros. «Cuando yo llegaba a casa por las noches a contarle el cuento, él me lo contaba a mí», recuerda Santos con una gran
sonrisa, «él no estaba de acuerdo con el cuento que le contaba y, o lo modificaba, o tenía uno mejor». Este pequeño creció y se convirtió en un contador de cuentos profesional, aunque se enfocó en el
mundo audiovisual, pero la semillita ya estaba ahí. De esa semilla nació una bella planta, o una piedra en este caso, a cuatro manos escribieron 'Kö: La historia más grande jamás contada', ganadora
del premio Anaya de Literatura Infantil 2026. Juntos han podido compartir la primera Feria del Libro de Madrid del escritor novel, acompañado de una orgullosa madre que cuenta con gran experiencia en
este ámbito. —¿Cómo surge la idea de sentaros a crear a Kö? —Adrián Santos: Nació de algo tan íntimo como lo nuestro. Todo viene de una piedra que yo le traje, y que se pasó años en una repisa al
lado de donde escribe mi madre. Y un día decidimos escribirle una novela. —Care Santos: Casi me parece que es lo más natural que podía pasarnos, un día mirando la piedra dijimos: 'Oye, ¿y por qué no
le escribimos una historia a esta piedra?'. Él ha sido uno de mis primeros lectores desde muy jovencito, no habíamos escrito nada juntos, pero hemos hablado muchísimo de sus guiones, de mis
novelas... —Y ese nombre, Kö... —A.O.: Barajamos muchísimas posibilidades, están todas dentro de la novela. Al final llegamos a Kő, que proviene del húngaro y la palabra entera es 'kőszikla'. Es la
forma más antigua que se conoce de la palabra piedra, y nos dio la sensación de que caía justo en el equilibrio perfecto de ser imponente y ser mono. —Porque claro, la protagonista es una piedra
desde su origen hasta hoy. —C.S.: Empezamos a hablar y vimos que podía venir de los volcanes que hubo por la zona de Girona. A partir de ahí empezamos a tramar, era fabuloso porque decías: '¿Qué
historia queremos? puede ser tan enrevesada, antigua, libre...' Y a partir de ahí se nos fue ocurriendo todo. Luego, para darle un poquito más de enjundia, nos basamos en 'El viaje del héroe', de
Joseph Campbell. El recorrido de salgo de casa [nace en un volcán], me planteo un reto [quiere vivir aventuras], busco al sabio que me impulsa [una rana muy curiosa], cruzo el umbral [un dinosaurio
glotón] y al final regresa con la sabiduría de un largo viaje. Hicimos eso y lo adornamos con ese guiño que tiene el tiempo moderno, estamos siempre esperando que pase algo, cuando ya está pasando
todo el rato. Kö está todo el rato, 'quiero vivir una aventura', pero la aventura ya va por más de la mitad. —Todo esto adornado con una profunda admiración y respeto hacia la naturaleza. —C.S.: No
estaba en nuestra intención inicial, pero salió porque al final tú escribes con lo que sientes, y creo que eso lo sentimos los dos, pero nunca lo hemos hablado. —Salen los nombres de muchos animales
y plantas que ya no existen, ¿cómo se documentaron? —A.O.: Empezamos investigando las fases de desarrollo de la tierra. Porque hubo un momento en el que mi madre cambió dos animales de orden y dije:
«Mamá, has puesto a un animal que se extinguió 300 millones de años antes que al otro'. —C.S.: Él es súper sistemático. Lo detecta todo. Así que la documentación corrió más de su cuenta que de la
mía. —A.O.: Bueno, ella dice sistemático, yo a veces creo que soy un poco quisquilloso, pero en este caso yo de pequeño tenía una obsesión muy fuerte con los dinosaurios, y eso también salió un poco
en esta novela. —'Kö' es un libro infanto-juvenil, para mayores de 10 años, pero los adultos también pueden leerlo. ¿Es una lectura que pueden compartir padres e hijos? —A.O.: Yo soy un ferviente
defensor de que una obra infantil que solo puede ser disfrutada por niños es una mala obra. Gran parte de la experiencia en literatura infantil es, como niño, compartir la experiencia con tus padres,
que te lean la historia, o comentarla con ellos, una obra infantil debería ser accesible para todo el mundo. —C.S.: Eso también tiene que ver con nuestra historia, porque hemos compartido muchas
historias. Desde chiquititos, primero les leía yo, luego leíamos en voz alta todos y era muy bonito, a veces hacíamos lecturas más teatrales. Simplemente nos íbamos turnando. Incluso ya de
adolescentes. Por una cosa o por otra, ellos estuvieron siempre involucrados en el juego de la lectura y hemos compartido muchísimas historias mientras ellos han ido creciendo. Y ahora es bonito que
compartamos la escritura también. —Hace unos días estuvieron en la Feria del Libro de Madrid, ¿cómo fue la experiencia? —A.O.: Mi primera Feria del Libro ha sido una experiencia muy chula. Ver a los
niños iluminárseles los ojos al pararse un momento a mirar el libro y decir: 'Ay, ¡quiero este! ¡quiero este! ¡quiero este!'. La verdad es que ha sido muy entrañable y divertido. —C.S.: Además, la
Feria del Libro de Madrid es maravillosa. Yo llevo viniendo décadas, pero es que es la mejor de España, con diferencia. —¿Qué la diferencia de otras? —C.S.: Sant Jordi es un día increíble porque no
hay otra cosa igual en España, pero bordea la locura. Para nosotros es muy intenso y muy bonito porque es el encuentro con tus lectores, pero es demasiado multitudinario. Yo vivo todo el año de lo
que me dicen en la Feria del Libro de Madrid y en Sant Jordi. Pero la Feria del Libro de Madrid tiene más cosas. Es una feria con casetas muy variadas, están los pequeños editores, y luego el sitio.
Por favor, que no se lleven la Feria del Libro del Retiro. Es maravilloso, eso de comprar libros e irte al césped a leer, eso eso solo se puede hacer aquí. Y la duración, son tres fines de semana. En
la Feria del Libro tienes para todos los gustos, si vienes el miércoles por la tarde, es todo para ti.
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La sorprendente vida de Hilma af Klint narrada en un cómic (vie, 12 jun 2026)
Pocas cosas me gustan más que los cómics que reflexionan sobre el arte y, especialmente, si dicha reflexión ataca al corazón del arte de vanguardia; o, si se prefiere, al constructo comúnmente
aceptado sobre el surgimiento de la abstracción en el arte y, por ende, al mismo concepto del arte contemporáneo. Este es el caso que nos ocupa. 'Hilma af Klint, la voz en el templo' (2026) es un
cómic que acerca al lector a una de las figuras más sorprendentes del arte del siglo XX, ya que, en cierto modo, esta artista se adelanta en el tiempo al propio Kandinsky, pues produce cuadros
plenamente abstractos en fechas anteriores al pintor ruso. Su figura es hoy incontestable. Sin ir más lejos, mientras escribo estas líneas, acaba de inaugurarse en el Grand Palais de París una
muestra en la que se exhibe la colección completa de sus monumentales 'Pinturas del Templo' (1906-1915) , consideradas una de las obras fundacionales del arte abstracto. Pero lo que me resulta
realmente fascinante es que esta misma autora afirmaba que estas pinturas eran un mensaje para el futuro. Un futuro poco menos que dictado por una suerte de entidades provenientes de otros planos
espirituales que ella denominaba «altos maestros». Esto la conecta con una realidad más propia del siglo XIX, momento en que, en Occidente, la razón enferma de orientalismo, y rosacruces, teósofos y
otras doctrinas de pensamiento que abogan por la existencia de otra realidad más allá de la sensible se ponen de moda en la vieja Europa. Son los años en los que videntes y espiritistas afirman
acercar el más allá al más acá. Los años en que triunfan los pintores simbolistas, muchos de ellos con un pensamiento romántico cercano a lo irracional, cuajado de alegorías y misticismos. Lo cierto
es que le tengo especial cariño a personajes tan contradictorios como Hilma af Klint. Me recuerdan que la «vanguardia» es igualmente un mito construido que ensalza lo que encaja y arrincona lo que no
lo hace. Pero, metiéndome en harina, ¿qué es lo que hace única a esta versión de Hilma en viñetas? ¿Qué le ofrece al lector no pueda descubrir en cualquiera de los textos de los catálogos de
exposiciones dedicados a la obra de esta singular creadora? Pues, en pocas palabras: mucho y bien narrado . Como suele suceder en estos casos, la visión de los artistas sobre cualquier tema —y los
historietistas de este cómic lo son sin lugar a dudas— acostumbra a distar de la de los teóricos del arte. César Herce , el guionista, parte de una exhaustiva documentación y, simplemente,
decide trascenderla de forma genial. Y así, acierta y aporta ese plus que hace de esta obra algo único y especial. Para afrontar un reto de estas características se hace, a mi juicio, la pregunta
fundamental: «¿Cómo enfrenta Hilma sus miedos, sus contradicciones? ¿Cómo enfrenta el dolor en su vida? Hilma lo hace a través del arte». En las páginas de este cómic, compara a Hilma con otras
mujeres creadoras, como Georgiana Houghton , una médium británica nacida en las Islas Canarias que, en fechas tan tempranas como 1861, comienza a producir dibujos plenamente abstractos en sesiones
espiritistas, en las que los espíritus guiaban sus manos. ¿Su razón? El dolor. ¿Su motivación? Contactar con una hermana muy querida fallecida en 1851. También nombra otros casos similares
posteriores a Hilma, como Josefa Tolrà i Abril , médium y dibujante que, hundida por la pérdida de sus tres hijos, comienza a dibujar a los 60 años, escuchando voces y vislumbrando seres ingrávidos
entre flujos de energía astral. Entre 1942 y 1959, año de su muerte, realiza casi un centenar de dibujos y, respecto a si son o no obras de arte, prefiero evitar el debate y zanjar la cuestión
haciendo notar que esa es, al menos, la opinión de los responsables de uno de nuestros grandes museos, ya que llegan a exponerse en el Museo Reina Sofía junto a otros autores relacionados con el arte
brut. Herce acierta de pleno porque decide tocar temas tan apasionantes como el «arte como terapia (o autoterapia)» y «la genialidad como un estado leve de locura», cuyos ejemplos más conocidos
serían pintores como William Blake o Yayoi Kusama. Por último, a modo de síntesis hegeliana, Herce resuelve con eficacia las contradicciones del personaje, ofreciendo las respuestas que Hilma buscó
toda su vida sobre su arte; respuestas que, evidentemente, son mucho más sencillas vistas desde la actualidad que forjadas día a día —el reto de todo creador que se precie—. No existen atajos para
ello y el proceso es siempre doloroso. El creador ha de cuestionarse a sí mismo , mirando con fe, pero también con incertidumbre, hacia el porvenir. El trabajo de Manuel Romero en el apartado gráfico
es igual de complejo, y lo resuelve con sorprendente maestría. Los museos han elevado las Pinturas del Templo de Hilma y el resto de sus cuadros y dibujos abstractos a la categoría de iconos de la
modernidad. Pero han relegado (por no decir ignorado) toda su obra pictórica figurativa, incluyendo sus composiciones más clásicas, y lo cierto es que Hilma era una excelente pintora académica. Su
obra, como su persona, tenía un pie en el pasado y otro en el futuro, en la tradición y en la modernidad. Era una mujer preocupada por la ciencia y los descubrimientos científicos y, a la vez, una
firme convencida de otra serie de cosas que hoy tildaríamos de seudociencia o superchería. Hilma es quizá la perfecta representante del momento en que le tocó vivir, donde la vanguardia era aún para
unos pocos y se mezclaba y confundía con una tradición que aún latía con fuerza. Romero consigue una especie de fusión entre ambos mundos aparentemente irreconciliables. Los grafismos más modernos
conviven con los más clásicos. Las formas puras y geométricas se mezclan con las simbólicas y las alegóricas. Y, por si todo eso fuera poco, utiliza de manera magistral el color para marcar las
transiciones entre lo que hay en este mundo y esas otras realidades que a Hilma le eran tan cercanas. El resultado: un todo orgánico en el que cada elemento parece encajar con el que tiene a su lado,
por diverso que sea, sin perder ni traicionar el peculiar grafismo al que el historietista nos tiene acostumbrados. Cuando oí hablar por primera vez de este proyecto, pensé para mis adentros: «Va a
ser difícil que supere el grafismo de Goya Saturnalia , su cómic anterior», y me gustaría reconocer públicamente que no podía estar más errado. 'Hilma af Klint, la voz en el templo' es, para mí,
desde ya, uno de los cómics del año.
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Barnes, el más audaz de su camada literaria (mié, 10 jun 2026)
Títulos tan perfecta y prolijamente insertados dentro de la tradición británica como 'Metroland' (la novela generacional y de iniciación), el díptico 'Hablando del asunto' y 'Amor, etcétera' (la
novela de parejas disfuncionales), 'Inglaterra, Inglaterra' (la novela satírica), 'Arthur & George' y 'El ruido del tiempo' (la novela histórica), 'El puercoespín' (la novela «extranjera» y
alegórica) o la crepuscular y ganadora del Booker 'El sentido de un final' y 'La única historia' o 'Mirando al sol' (la novela íntimo-modernista à la Ford Madox Ford y E. M. Forster), hacen olvidar a
menudo que Julian Barnes seguramente sea el autor más audaz en lo formal dentro de su camada literaria. A pesar de ese look donde parecen confluir rasgos de Bloomsbury y Carnaby Street, Barnes –mucho
más que Martin Amis, Ian McEwan o Salman Rushdie– ha sido siempre un buscador de nuevos horizontes y un experto manipulador de estructuras atómicas y atomizadas. Dan buena y excelente cuenta de ello
volúmenes de relatos unidos por un mismo tema o sentimiento ('Al otro lado del canal', 'La mesa limón', 'Pulso'), reflexiones sobre temas universales desde lo íntimo ('Nada que temer', 'Niveles de
vida', 'Elizabeth Finch' y ese reciente adiós a casi todo que es 'Despedidas' , así como novelas «diferentes» –tal vez entre lo mejor de su obra– como 'La historia del mundo en diez capítulos y
medio' y, muy especialmente, la en su momento consagratoria 'El loro de Flaubert', que convirtió a Barnes en el más francés de los escritores británicos. Sumarle a todo lo anterior crónicas de
viajes, apuntes gastronómicos y esa joya biográfica que es 'El hombre de la bata roja'. Un premio principesco ahora celebra y agradece todo eso y no hace cosa que poner en evidencia para todos
aquello que quienes lo seguimos desde sus inicios y los nuestros ya sabíamos: el premio para todo lector siempre fue Julian Barnes y ahora se lo ha ganado el Princesa de Asturias. Mis felicitaciones
y agradecimiento para ambos.
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'Diez veces Sábat': Todas las vidas de un genio del silencio (mar, 09 jun 2026)
El pasado martes 8 de junio, un Olavide Bar de libros en Madrid lleno hasta la bandera sirvió como un lugar de encuentro y celebración de la cultura periodística rioplatense. Allí se presentó ' Diez
veces Sábat' , un libro escrito por la periodista Diana Baccaro y editado por el diario Clarín como parte de la celebración de sus 80 años, dedicado a explorar la profunda huella que dejó el artista
y periodista Hermenegildo «Menchi» Sábat . El evento, que reunió a un panel de lujo compuesto por el editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum , quien se encargó de la presentación; el periodista
Juan Cruz , quien hizo de maestro de ceremonias; por supuesto, la autora del libro Diana Baccaro; y los ilustradores Manuel Álvarez Junco y Agustín Sciammarella . Se transformó rápidamente en un
viaje íntimo hacia la redacción de otra época y, sobre todo, hacia la mente de un hombre que relató la historia argentina sin pronunciar una sola palabra. El título de la obra no es casual. Como
explicó Diana Baccaro, a lo largo de su investigación buscó desentrañar a todos los «Sábat» que convivían dentro de Hermenegildo: el maestro, el fotógrafo, el poeta, el pintor, el editor y el músico.
Sin embargo, hubo una faceta que se erigió por encima del resto. Cuando debía llenar las planillas de registro en los hoteles, ante la pregunta por su profesión, Sábat escribía: «soy demócrata ».
Baccaro fue contundente al definir este rasgo rector: «Pudo haber sido el mejor caricaturista, el mejor músico, fotógrafo etc. pero sobre todo él fue un demócrata». Esa convicción se traducía en su
inquebrantable distancia con los gobiernos de turno, bajo la premisa de que cuanto más lejos estuviera del poder, más libertad tendría para ejercer como el editorialista gráfico que era. Sábat,
nacido en Montevideo, cruzó el Río de la Plata en 1966 para instalarse en Argentina con una regla de conducta que mantuvo hasta el final de sus días. Decidió no usar palabras en sus viñetas. Según
citó la autora del libro, Sábat justificaba esta elección con una frase brillante: «En un país donde todo el mundo se pelea por las palabras, yo quiero pelearme por las ideas». Su gran inspiración
para esto fue Charles Chaplin , convencido de que si él había logrado hacer reír al mundo entero desde el cine mudo, Sábat también podía «hacer sonreír al lector sin una palabra». Precisamente, este
silencio fue su arma más poderosa frente a los momentos más oscuros de la historia argentina. La presentación recordó cómo, aprovechando la celebración del Mundial 78, tuvo la valentía de
caricaturizar a la Junta Militar . Su trazo, por supuesto, tampoco se arrugó en tiempos de democracia. Durante el gobierno de Cristina Kirchner , Sábat fue duramente atacado tras publicar en 2008 un
dibujo de la entonces presidenta con la boca vendada, y cuatro años después, otro con un ojo morado. Mientras desde el poder lo acusaban de mensajes mafiosos o machistas, sus compañeras de redacción
se unieron para tomarse una foto arropándolo, sabiendo que Sábat siempre había sido un caballero que respetaba profundamente a las mujeres y que, en el lenguaje del humor gráfico , el golpe en el ojo
representaba una metáfora política muy distinta. Durante la charla, los invitados profundizaron en el agudo método de observación del maestro. Sciammarella matizó que Sábat no buscaba la risa fácil,
sino que realizaba una lectura profunda de la realidad, traduciendo de forma impecable la psicología y el carácter de los personajes al papel. En sintonía con esto, Álvarez destacó la imponente
presencia y la «esculturalidad» de sus figuras, explicando que el objetivo profundo del caricaturista era «modificar el monolito» del poder. Como ejemplo de esta desfachatez, recordó su genialidad de
retratar a «Perón en pantuflas», un detalle que lograba aportarle un «toque doméstico» terrenal a un líder intocable. Por su parte, Baccaro rescató una de las máximas del artista: «Yo me gano la vida
mirando caras». Según detalló la autora, Sábat escrutaba a las personas casi como un policía para «sacar el ADN de adentro», bajo la preciosa premisa de que podía «dibujar veinte veces la misma cara,
pero nunca el mismo gesto». También contó que, curiosamente, donde él se sentía verdaderamente libre era ante el lienzo , aunque la pintura le supusiera un desafío colosal, similar a plantarse ante
una «línea de toros» desde la primera hasta la última pincelada. Esa misma audacia creativa la trasladaba a sus clases. Manuel Álvarez también relató que en su faceta de maestro obligaba a sus
alumnos a «poner todo boca abajo» para forzarlos a mirar el arte desde una perspectiva radicalmente diferente. El propósito real detrás de este ejercicio lo aclaró Baccaro: se trataba simplemente de
que los estudiantes lograran «perderle el respeto» a gigantes como Picasso para poder empezar a crear desde cero. La crónica del evento en Madrid dejó flotando en el aire la imagen del hombre de
redacción . Ese señor que, mientras los semáforos cambiaban de color, chocaba ligeramente su coche porque su mente ya iba dibujando la viñeta del día. El mismo que llegaba a las oficinas de Clarín de
traje, corbata, boina y con las manos detrás de la cintura, saludando a sus compañeros con un humilde «¿cómo va el baile?» antes de sentarse a hacer magia. «Diez veces Sábat» no solo celebra a un
artista que publicó desde los 12 años y cuya iconografía ya es la memoria colectiva de Argentina. Celebra a un hombre que abrazó a las leyendas —desde Gardel a Troilo, desde Mozart al Jazz— en un
estudio pequeñito empapelado de sus ídolos, y que, con los dedos manchados de pintura, demostró que la elegancia y la ética jamás se negocian.
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