Libros

Los libros que Bill Gates quiere que leas este verano (Thu, 24 May 2018)
Ya es un clásico. Cada verano, Bill Gates, el millonario fundador de Microsoft, elabora la lista de los cinco libros que recomienda para la época estival. En esta ocasión, según él mismo admite, se trata de una selección heterogénea, movida por el gusto personal. Además, responde a una serie de preguntas que le preocupan: ¿Qué convierte a alguien en un genio?, ¿por qué le pasan cosas malas a la gente buena?, ¿de dónde viene la humanidad y hacia dónde nos dirigimos? «Leonardo da Vinci» (Walter Isaacson) Después de retratar a Albert Einstein y Steve Jobes, Walter Isaacson realiza una biografía de Leonardo da Vinci, uno de los grandes genios de la historia. Lo hace, además, a partir de sus cuadernos: más de 7.200 páginas abarrotadas de dibujos y anotaciones. Según comenta Gates, se trata de un fresco total del Da Vinci, que consigue explicar por qué era un genio. «Es una de las personas más fascinantes de la historia», remata Gates. «Everything Happens for a Reason» (Kate Bowler) Cuando a Kate Bowler, profesora de la Universidad de Duke, le diagnosticaron un cáncer de colon muy grave, perdió el control. No entendía por qué. Para comprenderlo, escribió este libro. «Son unas sorprendentemente graciosas memorias sobre la fe», explica Gates. «Lincoln en el Bardo» (George Saunders) La primera novela de George Saunders, uno de los grandes maestros del cuento, toma la muerte de Abraham Lincoln para hablar de temas tan universales como la pérdida, el luto y el amor. Según Gates, se trata de «uno de esos libros fascinantes y ambiguos» que ofrece una nueva cara de Lincoln. «Origin Story: A Big History of Everything» (David Christian) Gates continúa su lista con un ensayo. David Christian narra la historia del universo hasta el día de hoy, aunando diferentes disciplinas y campos del saber en un solo texto. «El libro te deja con una gran idea de qué lugar ocupa el ser humano en el universo». «Factfulness» (Hans Rosling, Ola Rosling yAnna Rosling Ronnlund) «He estado recomendando este libro desde el día que salió», comenta Gates. Se trata de un ensayo que habla de cómo la vida ha mejorado a lo largo de los años y en qué necesita mejorar.
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Philip Roth y la epopeya de los judíos en América (Thu, 24 May 2018)
Durante décadas, Philip Roth fue el rey absoluto de la literatura norteamericana, su cabeza de serie. Durante décadas también, una y otra vez, se le negó el premio Nobel de Literatura, hoy en una crisis sin precedentes. Un galardón que, empeñado en lo políticamente correcto, no veía con demasiada simpatía a Roth, uno de los blancos predilectos y recurrentes de las feministas americanas, junto con el poeta Ted Hughes, marido de Sylvia Plath. Philip Roth compartía apellido con otros dos grandes autores judíos del siglo XX: el austrohúngaro, nacido en Galitzia, Joseph Roth, y el no menos magnífico Henry Roth, nacido en esa misma región del este europeo. pero llevado de niño a Estados Unidos. El mismo lugar de procedencia, por cierto, de la familia de Roth, emigrada a comienzos de siglo, como tantas otras familias judías que huían de los pogromos, de la precariedad más absoluta y de imposibles futuros. Algo que contaría el crítico Irving Howe en su gran clásico sobre la epopeya judía de la emigración «World of Our Fathers: the Journey of the East Europe Jews to America». También lo contaría otra importante autora judía americana, Susan Sontag, en su espléndida novela «En América» (Alfaguara). Henry Roth fue autor de un brillante e influyente debut narrativo, «Llámalo sueño», que continuaría con el ciclo novelístico «A merced de la corriente salvaje» (Alfaguara), donde se narraba precisamente la llegada de aquellos judíos, instalados principalmente en el East Side, que acudían aún a las funciones de teatro yiddish (un caldo de cultivo importante para el humor judío americano, desde Philip Roth a Woody Allen) y que hablaban una singular lengua de tránsito de los primeros llegados, mezcla de yiddish e inglés, como más tarde pasaría con el spanglish. Philip Roth y Saul Bellow, que sí logró el premio Nobel de Literatura en 1976, fueron, durante mucho tiempo, los nombres más internacionales de la literatura judía de los Estados Unidos. Con casi treinta años de diferencia, las obras de Roth, como la desternillante «El lamento de Portnoy» (1969), significaron desde el principio un revulsivo cómico, incisivo y provocador, continuamente mezclado con datos de su propia biografía (y con famosos alter egos como Nathan Zuckerman) que exploraban turbulenta y cáusticamente complejos, sexualidad explícita, religión y judaísmo enfrentado a la comunidad mayoritaria wasp que dominaba todo. Un choque notable que vivían estas familias judías de emigrados. Antisemitismo Por su parte, sus famosos antecesores, como Bellow, autor de una de las más importantes obras del siglo XX, «Herzog» (1964), en torno a un inolvidable héroe tragicómico -el profesor Moses Herzog, hijo de emigrantes-, o Bernard Malamud, nacido en 1914 en el barrio de Brooklyn, uno de los centros judíos por excelencia, hijo a su vez de emigrantes judíos huidos de la Rusia zarista, incluyeron en sus obras (como es el caso de «El hombre de Kiev») no pocas veces el tema del recuerdo de un feroz y cruento antisemitismo del que habían huido los suyos. Ese sería también el caso de la escritora Cynthia Ozick, otra de las grandes autoras judías americanas, con excelentes novelas como «El Mesías de Estocolmo», basada en la figura de Bruno Schulz, el gran escritor polaco asesinado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La nueva generación actual de escritores judíos, en algunos casos de proyección universal, se percibe más deudora de la singular maestría y de las atmósferas entre grotescas, metafísicas y kafkianas de Paul Auster y sus laberínticas peripecias, que de la generación anterior. Con materiales muy diversos, que van desde los atentados de las Torres Gemelas, las dictaduras latinoamericanas de los 70 a la búsqueda de las huellas de aldeas judías desaparecidas en Ucrania tras la Segunda Guerra Mundial, no por ello dejan de tocar nunca la dolorosa experiencia de la condición judía enfrentada a una no poco común ofensa antisemita. Ese es el caso de estupendos narradores como Michael Chabon, Nathan Eglander, Jonathan Safran Foer o Nicole Krauss, por citar sólo algunos de los más conocidos.
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Nunca conocí a Philip Roth (Wed, 23 May 2018)
Nunca conocí a Philip Roth. Estuve a punto en un par ocasiones, pero en ambos casos se frustró todo poco antes. Tampoco llegué a conocer a David Foster Wallace, quien meses antes de quitarse la vida se había comprometido a venir de promoción a Barcelona, una ciudad que amaba. Como tampoco he conocido nunca al tercer as de mi catálogo de autores norteamericanos: el esquivo y huidizo Cormac McCarthy. Con este, al menos aún tengo tiempo. Empecé a publicar a Roth cuando el agente norteamericano Andrew Wylie decidió «migrar» a su autor de los sellos Alfaguara y Seix Barral y cobijar toda su obra en una misma casa. Fue en el año 2004 y con su novela «La conjura contra américa», un libro en el que Roth cambiaba las historia de los Estados Unidos al imaginar que en lugar de Franklin Delano Roosevelt las elecciones a la presidencia las ganaba Lindbergh, héroe de la aviación y antisemita declarado. Y con la novedad llegaba el fondo impresionante del autor, diez libros más, cuatro o cinco obras maestras, y más adelante una sucesión de novelas más breves, pero más intensas si cabe: «Elegía», «Sale el espectro», «Indignación» (la mejor de su postrera etapa), «Humillación» y «Némesis» (la primera y las tres últimas reunidas posteriormente en un volumen imprescindible: «Las némesis»). Nunca conocí a Philip Roth por lo que atesoro las veces en las que tuve contacto o relación con él por circunstancial que esta fuera. Recuerdo por ejemplo que en el año 2006 recibí una llamada del secretario de los premios Príncipe de Asturias en la que se me comunicaba que si Roth se comprometía a venir a España a recoger el premio le concedían el premio de las letras de ese año. Llamé entonces a Estados Unidos y pregunté si estaría dispuesto a personarse en octubre en Oviedo. Roth dijo que no podía garantizarlo, que dependía de su estado físico, de la enfermedad que acababan de detectarle. El premio Príncipe de Asturias de ese año fue entonces a parar a Paul Auster. Seis años después, en 2012, la Fundación le entregaría el mismo premio a pesar de que tampoco pudo viajar a Oviedo a recogerlo. Nunca conocí a Philip Roth pero recuerdo un intercambio de correos a raíz de la traducción de una de sus novelas: «Everyman». La traducción correcta del término sería «hombre corriente», «un hombre cualquiera», pero a él no acababa de gustarle, quería títulos contundentes, contundentes como lo fueron sus últimos libros. Tras las idas y vueltas con nosotros y con su traductor, quedó el título de «Elegía», tan alejado del original y al mismo tiempo tan cercano al contenido de la novela. Nunca conocí a Philip Roth en persona y sin embargo, como tantos lectores fieles a su obra, lamento su pérdida como si le hubiera tratado a diario. Claudio López de Lamadrid es el editor de Philip Roth en España
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Philip Roth, el escritor juguetón (Wed, 23 May 2018)
Philip Roth tenía una gran talento cómico y un espíritu aventurero. Se tomaba en serio lo que hacía. También era valiente, y escribió los libros que quiso escribir. Con «El teatro de Sabbath» (1995) y «Pastoral americana» (1997) tuvo una especie de segunda vida como literato. En persona era divertido y casi infantil. Hace unos años, en Nueva York, una fría noche de enero fui al Zankell Hall, ese pequeño e íntimo espacio dedicado a la música de cámara que hay debajo del Carnegie Hall, a escuchar los tres primeros cuartetos de Bartok. El hombre que estaba justo detrás de mí me dio unos golpes bastante bruscos en el hombro antes de que empezase el concierto. Cuando me volví, vi a Philip Roth, al que conocía tanto por esos pequeños conciertos de cámara como por los actos literarios. Me sonrió. Parecía un niño en una salida nocturna. Me susurró: «Espero que se esté callado». Se lo garanticé. Él volvió a sonreír. Era como una conspiración. Roth amaba la música de cámara. Era elegante, un buen estilista literario con una enorme influencia tanto en la vida como en la literatura estadounidenses. Era divertido y una compañía estupenda. Tuvo una vida larga y productiva como escritor, desde «Goodbye Columbus», de 1959, hasta «Némesis», de 2010. Fue uno de los pocos autores vivos cuya obra fue publicada por «Library of America». Al final de su vida, era una presencia eminente en las letras estadounidenses. Colm Tóibín es escritor y crítico literario
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Philip Roth, valiente y arriesgado (Wed, 23 May 2018)
No conocía personalmente a Roth. Solo por sus novelas y relatos, que leí con gran admiración literalmente a lo largo de toda mi ya larga vida. Roth era un autor osado que se atrevía a abordar e imaginar esas difíciles y a veces desagradables verdades que hay en nuestro interior y que quizá no habríamos estado dispuestos a abordar por nosotros mismos, o nos habría incomodado hacerlo. Me refiero a nuestro yo sexual, a nuestro papel en la familia (padres, hijas), a nuestro yo de ciudadanos de nuestra república, a nuestro supuesto yo religioso. Se utilizó a sí mismo –como un escritor o una escritora pueden hacerlo si esa es su decisión– como espécimen humano en beneficio de los demás. Lo que más me asusta –un temor agudizado ahora tras la muerte de Roth– es que, actualmente, el atrevimiento escasea entre nosotros, los escritores, y que se verá más reprimido por la corrección política, por el poder coercitivo del dinero sobre los sectores que tradicionalmente han apoyado la literatura creativa, y (en particular en Estados Unidos, que fue el objeto de la escritura de Roth) por los desagradables y violentos efectos del oportunismo político, que silencian y censuran. Roth sufrió porque actuó conforme a su libertad de imaginación. Espero que los demás estemos tan dispuestos como él a correr riesgos con nuestra obra. Richard Ford es novelista y premio Princesa de Asturias de las Letras
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Philip Roth, el último titán de la literatura norteamericana del siglo XX (Wed, 23 May 2018)
Philip Roth (Newark, Nueva Jersey, 1933) fue uno de los muy pocos autores a los que la inmortalizadora Library of America comenzó a reeditar/ordenar su obra estando ellos aún vivos. Eudora Welty y Saul Bellow fueron los únicos otros dos. El último de los nueve volúmenes, dedicado a su obra ensayística («Why Write?/Collected Nonfiction 1962-2003»), apareció en septiembre de 2017 y cerró el círculo. Ahora, con el punto final de la muerte, todo está en su sitio y Blake Bailey (quien ya se había ocupado de Richard Yates, John Cheever y Charles Jackson) tiene el inevitable último capítulo para la biografía de Roth que ha venido, con plena colaboración de su sujeto, investigando desde hace ya años. Las últimas páginas, seguramente, no plantearán demasiados problemas: Roth se había retirado públicamente de la escritura en 2012 (lo suyo fue, sí, una rothirada en toda regla, sólo retornando para algún ocasional artículo y entrevista en la que advertía cosas como que «la vejez no es una batalla: es una masacre»); se le consideraba un mayúsculo de las letras de esos a los que condecoran presidentes; era invocado cada octubre cada vez que volvía a no ganar el Nobel (con particular indignación cuando sí lo ganó Bob Dylan, para muchos casi como si se lo hubiese robado; y el que este año no vaya a entregarse el galardón por muy rothianos escándalos sexuales puede reescribirse ahora como justiciera y poética señal de duelo); y aparecía feliz en fiestas del ambiente en las que era considerado el más grande entre los grandes, ya no en actividad pero sí en presencia e influjo. Había ganado todos los premios que valían la pena (desde uno de los National Book Award ya en su debut con «Goodbye, Columbus» en 1959 hasta un Pulitzer, un Príncipe de Asturias, un Man Booker International y un surtido de medallas honorables); su cumpleaños número 80 fue festejado en su ciudad natal como el de un prócer; y no parecía arrepentido de haber parado la máquina. Lo último que se le clavó al pecho fue uno de esos infartos absolutos y sin retorno -después de lo de Tom Wolfe hace unos días, cabe pensar que Thomas Pynchon, Joan Didion y Don DeLillo estarán preguntándose quién será el siguiente- que se lleva a uno de los últimos titanes de la literatura norteamericana del siglo XX. Obras maestras Y, en el caso de Roth, alguien que no sólo ofreció un último poco común y magistral esprint en su carrera con obras maestras como la bestial y ultra-fálica «El teatro de Sabbath» (de 1995, tal vez lo más indicado para entrar en lo suyo y ya no salir) así como la «American Trilogy» (compuesta entre 1997 y 2000 por «Pastoral americana», «Me casé con un comunista» y «La mancha humana») o «La conjura contra América» e «Indignación». Porque Roth, también, era y es una influencia más que palpable y admitida por más o menos jóvenes escritores como Jonathan Franzen, Nicole Krauss, Jonathan Safran Foer y Jonathan Lethem. Y no es casual que uno de los fenómenos de crítica de la actual temporada literaria en USA -«Asymmetry», de Lisa Halliday- no sólo emule algunos de sus procedimientos narrativos sino que, además, lo tenga, apenas enmascarado, como coprotagonista y otoñal amante de la joven heroína. Roth -se informó- habría sido novio maduro de Halliday. La novela, digámoslo, no está nada mal, aunque el morbo le ha ayudado así como que Roth -acaso encantado por ser retrato como alguien aún con todas sus facultades intactas- no haya dudado en recomendarla públicamente con un «Me ha clavado». Ahí como siempre: la persona de Roth como la de uno de sus mejores personajes. Un puzzle fascinante (muy recomendable, como manual de instrucciones para armar y desarmar, es el estudio «Roth desencadenado», de Claudia Pierpont Roth -quien no es una ex- en Literatura Random House) donde los alter egos de Neil Klugman, Gabe Wallach, Alexander Portnoy (quien potenció hasta límites insospechados y fijó para siempre nuestra percepción del ente Madre Judía) y, muy especialmente, Nathan Zuckerman, David Kepesh y los Roth alternativos funcionan como espejos no deformantes, pero sí recreadores de su creador. Alguien no sólo muy preocupado por su país, sino por lo que se escribía fuera (Roth fue editor de una muy reveladora colección de narradores centroeuropeos) y más o menos involuntario motivo de escándalo y chismes por sus «problemas» tanto con rabinos muy ortodoxos que lo consideraban traidor con su tradición, feministas que lo entendían como el misógino definitivo, y sucesivas parejas fatales (entre ellas la actriz Claire Bloom, quien lo retrató en una impiadosa autobiografía) que ficcionalizó apenas en «Cuando ella era buena», en 1967, o «Mi vida como hombre», en 1974. También allí, sus educadas escaramuzas críticas con John Updike (su competidor-contraparte wasp en la caza de la Gran Novela Americana, también absurdamente ignorado por el Nobel); su antipatía por el cine de Woody Allen y su amistad con Mia Farrow en tiempos complicados (ante rumores de que Roth había pulido la despechada memoir de la actriz, el cineasta se vengó parodiando con torpeza el universo rothiano en «Desmontando a Harry»); su disconformidad con su entrada en la Wikipedia; y su amistad con sus mayores que lo consideraban un igual a Saul Bellow y a Bernard Malamud en la escuela de «lo judío-americano», categoría que para él «no tiene ningún significado. Si no soy americano, no soy nada». Gran escritor Roth fue mucho y acaso ahora -ante la incontestable evidencia de lo finiquitado- lo sea más; y quien firma estas líneas siempre fantaseó con un último bis/encore con un Roth yendo a Estocolmo a recibir su merecido y reactivando a Zuckerman para un último asalto. Pocas veces hubo un «Gran Escritor» más gracioso, divertido e imposible de anticipar en las tramas que escogería para exponer sus inmensas ideas. Lo que no impidió qué el no tuviese algo de adivino en lo que hace a los giros en falso de su centrífugo país, las idas y vueltas de la en ocasiones más que impotente poderosa psique masculina e, incluso, los diferentes stages de su juguetona carrera. En «La contravida» -de 1986, acaso la más admirable y lograda de todas sus maniobras metaficcionales-, Nathan Zuckerman muere fulminado por un ataque cardíaco para «resucitar» páginas más tarde como si nada hubiese sucedido. No ha sido ni es el caso ahora. Pero también es cierto que Roth revivirá una y otra vez cada vez que se abra uno de sus libros y se lean cosas como: «Había aprendido la peor lección que la vida puede enseñarte: que no tiene ningún sentido» y «la vida es ese breve período en el que estás vivo». Para volverla comprensible, para prolongarla, leer y releer a Roth y a Zuckerman y a Kepesh y a tantos otros suyos. Goodbye, Roth. Hello, Roth.
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El día que Philip Roth se peleó con Wikipedia (Wed, 23 May 2018)
En el verano de 2012, Philip Roth protagonizó una de esas anécdotas memorables que a veces nos regala la vida. El escritor detectó que la entrada de Wikipedia de si novela «La mancha humana» tenía un error: decía que uno de sus personajes (Silk) estaba inspirado en el escritor y crítico literario Anatole Broyard. Eso era completamente falso y Roth decidió tomar medidas. Así, el escritor escribió a Wikipedia que rectificaran su información. Sin embargo, para pasmo del autor, se negaron. Le dijeron que no era una «fuente creíble» y que necesitaban más fuentes secundarias. Pero ahí no acabó la cosa. Como respuesta, Roth publicó una carta abierta en «The New Yorker» dirigida a Wikipedia, en la que contaba el caso. Empezaba de la mejor forma posible: «Dear Wikipedia, I am Philip Roth». En la carta, Roth denuncia que Wikipedia se negó a realizar la corrección argumentando que él «no es una fuente creíble» y que requerían «fuentes secundarias». Además, dedicó gran parte del texto a desmontar punto por punto la versión ofrecida por la página web, aclarando que su novela fue inspirada por un suceso que afectó a su difunto amigo Melvin Tumin, profesor de sociología en Princeton. El verdadero origen del personaje El autor estadounidense precisa que un día de 1985, mientras Mel pasaba lista en una de sus clases se dió cuenta de que dos estudiantes no habían asistido al curso y que tampoco habían dado explicaciones por su ausencia. Entonces preguntó si esos alumnos existían o eran fantasmas (en inglés, «spooks»). Después de esa clase, el profesor fue convocado por las autoridades universitarias para justificar el uso de esa palabra: «spooks», un término peyorativo que se usaba en referencia a jóvenes afroamericanos, daba la coincidencia de que los estudiantes que no habían asistido a su clase eran afroamericanos. En la carta, Philip Roth reitera que fue este evento lo que inspiró su novela y no algo que pudo o no pudo haber pasado en la vida de la figura literaria Anatole Broyard. A día de hoy la entrada está corregida.
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Los libros imprescindibles de Philip Roth (Wed, 23 May 2018)
Philip Roth, el autor de obras como «El Lamento de Portnoy» o «Pastoral Americana», ha fallecido hoy a los 85 años de edad en un hospital de Nueva York a causa de una insuficiencia cardíaca. Nacido en Newark, Nueva Jersey (Estados Unidos) el 19 de marzo de 1933, es el segundo hijo de una familia judío-norteamericana emigrada de la región europea de Galitzia (Ucrania) y estaba considerado uno de los mejores escritores norteamericanos de los últimos veinticinco años. ABC recuerda algunas de las obras que hicieron de Roth una figura destacada en la literatura de los últimos años. «Pastoral americana» Seymour Levov, modelo a seguir por todos los muchachos judíos de New Jersey, gran atleta y mejor hijo, sólido heredero de la fábrica de guantes que su padre levantó desde la nada, ha rebasado la mitad del siglo XX sin conflictos que puedan estropear su dorada Arcadia, una vida placentera que comparte con su mujer Dawn, ex Miss New Jersey, y con su hija Meredith. Y es en este preciso momento,con su vida convertida en un eterno día de Acción de Gracias en el que todo el mundo come lo mismo, se comporta de la misma manera y carece de religión, cuando el Sueco Levov verá derrumbarse estrepitosamente todo lo que le rodea. «El lamento de Portnoy» El largo relato que de sus frustraciones y complejos hace el protagonista, Alexander Portnoy, durante sus sesiones de psicoanálisis. Desde su crecimiento en un típico hogar judío de clase media en la Nueva Jersey de los años cuarenta, hasta su despertar sexual y el desasosiego que le provocan sus problemáticas relaciones con las mujeres, nada escapa a su agudo análisis y amarga autocrítica. Una lúcida e irónica visión, tremendamente divertida, de las costumbres y psicología judías, y del desmoronamiento del sueño americano. «La conjura contra América» Cuando el renombrado héroe de la aviación y fanático aislacionista Charles A. Lindbergh obtuvo una victoria aplastante sobre Franklin Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1940, el miedo invadió todos los hogares judíos de Norteamérica. Lindbergh no sólo había culpado públicamente a los judíos de empujar al país hacia una guerra absurda con la Alemania nazi, en un discurso transmitido por radio a toda la nación, sino que, tras acceder al cargo como trigésimo tercer presidente de los Estados Unidos, negoció un «acuerdo» cordial con Adolf Hitler, cuyas conquista de Europa y virulenta política antisemita pareció aceptar sin dificultad. «Sale el Espectro» Philip Roth dice adiós a su alter ego: Nathan Zuckerman. Veintiocho años después de introducir a Zuckerman en «La visita al maestro», Roth le dice adiós a su célebre protagonista y alter ego. En esta novena novela, Zuckerman ya es un hombre anciano, atormentado por la pérdida de sus medios económicos y el temor de ver morir a los que le quedan. Tras once años en Massachusetts, regresa a Nueva York, donde se cruza con una nueva generación de escritores, pero también con un viejo amigo moribundo. Sale el espectro es un estudio profundo de la obsesión, del olvido, de la resignación y del deseo imposible de satisfacer. «Elegía» En esta novela Roth desvía su atención hacia la lucha crónica de un hombre contra la mortalidad. El destino del protagonista de la novela comienza con la primera y abrumadora confrontación con la muerte en las idílicas playas de sus veranos infantiles, pasando por los problemas familiares y los logros profesionales en su edad adulta, hasta llegar a su vejez, momento en el que se siente desgarrado al comprobar el deterioro de sus contemporáneos y el suyo propio. Creativo publicitario de éxito con una agencia de publicidad en Nueva York, el protagonista es padre de dos hijos de un primer matrimonio, que lo desprecian, y de una hija de un segundo matrimonio, que lo adora, además del amado hermano de un buen hombre cuyo bienestar físico despierta en él una amarga envidia y el solitario ex marido de tres mujeres con quien ha mantenido matrimonios desastrosos. Es, por fin, alguien que acaba siendo aquello que no quería llegar a ser. Elegía hace referencia a una obra de teatro alegórica y anónima del siglo XV, un clásico del antiguo drama inglés, cuyo tema es la evocación de la vida en la muerte. «Goodbye Columbus» Es el primer libro de Philip Roth. La novela corta de la que toma el título narra el idilio veraniego de dos jóvenes universitarios. Neil Klugman procede de la parte pobre de Newark, y la preciosa Brenda Patimkin, de la zona residencial. Tal vez por eso, en su apasionada aventura intervienen decisivamente la noción de clase y la desconfianza. Completan este volumen cinco relatos cuyo tono va de lo iconoclasta a lo asombrosamente tierno, y que arrojan luz sobre el conflicto entre padres e hijos, y amigos y vecinos de la diáspora judía norteamericana. «El animal moribundo» David Kepesh, a sus ochenta años, confiesa a un personaje desconocido una de sus últimas experiencias sentimentales: la que mantuvo con Consuelo Castillo, una joven cubana, casi cincuenta años más joven que él. Desde que la revolución de los sesenta lo liberó de sus ataduras familiares, Kepesh, profesor universitario, famoso periodista, un hombre seductor, inteligente y culto, ha vivido al margen de cualquier compromiso. Y tiene una rica fuente para sus conquistas dentro de sus propias clases. A las puertas de la vejez, la vitalidad y la hermosura de Consuelo enfrentarán al protagonista con el significado de su vida. «Némesis» En el «calor sofocante de la Newark ecuatorial» una espantosa epidemia causa estragos y amenaza con dejar a los niños de la ciudad de Nueva Jersey mutilados, paralizados o minusválidos, e incluso con matarlos. Este es el sorprendente tema de la obra de Roth: una epidemia de polio que tiene lugar en un tiempo de guerra, el verano de 1944, y sus efectos sobre la comunidad de Newark, regida por la cohesión y los valores de la familia, y sobre sus niños. El protagonista de Némesis es Bucky Cantor, un joven de veintitrés años responsable de las actividades al aire libre de los alumnos de una escuela, lanzador de jabalina y levantador de pesas, que vive volcado en sus pupilos y frustrado por no haber podido ir a la guerra con sus coetáneos a causa de un defecto de visión. «La humillación» Para Simon Axler, uno de los principales actores teatrales norteamericanos, todo ha terminado. Ya sexagenario, ha perdido su magia, su talento y la seguridad en sí mismo. Imagina que la gente se ríe de él, no puede fingir que es otra persona. Su mujer se ha ido, su público le ha abandonado, su agente no puede persuadirle de que vuelva a actuar. De repente, estalla otra trama: un deseo erótico fuera de lo corriente que sirve de consuelo a su vida desposeída, pero que es tan arriesgado y aberrante que no apunta hacia el alivio y la gratificación, sino a un final aún más sombrío y espantoso. «La Mancha Humana» Durante el turbulento verano del escándalo Lewinsky, Coleman Silk, decano de universidad, ve cómo su carrera se arruina por pronunciar una expresión poco afortunada. La fiebre de lo políticamente correcto —la nueva caza de brujas en EE.UU.— desata, a partir de una sola frase, consecuencias devastadoras. Pero más allá de las acusaciones que recibe de ser racista o de llevar una aventura amorosa con una mujer joven, Silk guarda un secreto que debe ocultar si quiere sobrevivir en una sociedad opresiva. Philip Roth escribe con su habitual lucidez y nos deleita con la reaparición de su alter ego, el escritor Zuckerman.
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Los grandes personajes de Philip Roth (Wed, 23 May 2018)
Muchas de las novelas y relatos del recientemente fallecido Philip Roth están unidos entre sí por los nombres de su primera persona, el narrador-protagonista. Eran casi siempre distorsiones de su propia existencia, multiversos creativos que partían de una familia judía en un barrio suburbial de Nueva Jersey, capas de la cebolla argumental. En definitiva, no tanto personajes como disfraces en el armario del narrador. Alexander Portnoy La publicación en 1969 de «El lamento de Portnoy» elevó a Roth a la celebridad inmediata. El New Yorker lo tildó de «uno de los libros más sucios jamás publicados». No se queda corta la afirmación, ya que la historia de Alexander Portnoy, un hombre sediento de sexo que se lamenta ante su psicoanalista de las consecuencias de nacer en una estricta familia judía, contiene descripciones que harán palidecer a todos los provocadores de la siguiente generación de escritores, Chuck Pahlaniuk incluido. A la historia pasará la meticulosa descripción de Roth de un Portnoy adolescente, obsesionado con la masturbación, que violenta un hígado crudo, usándolo como vagina horas antes de que su madre lo sirva para cenar. David Kepesh Entre las dos novelas protagonizadas por Kepesh y la tercera pasaron casi 25 años. A través de este profesor que da clases de literatura en Nueva York, Roth explora diversos aspectos de la sexualidad y las emociones. Lo hizo debutar en «El Pecho», novela de 1972 donde Kepesh, a través de un paródico homenaje a Kafka y Gogol, se transforma en un pecho de 70 kilos de peso. En «El profesor del deseo», 1977, Kepesh echa la vista atrás y revisita su juventud pero donde Roth pone la lupa es, de nuevo, en sus experiencias sexuales y la relación que sus deseos guardan con la literatura que enseña. En su última aparición, «El animal moribundo» de 2001, Roth hace convivir a Kepesh con el extraño matrimonio emocional formado por la lujuria y el miedo a la senectud. Nathan Zuckerman Más que un personaje, Nathan Zuckerman son muchos tipos de narrador compartiendo un mismo nombre, además de la punta del iceberg del proyecto meta-ficcional de Roth. Zuckerman aparece por primera vez en «Mi vida como hombre», de 1974, y es, en realidad, creación de Peter Tarnopol, novelista ficticio creado por Roth. Además de ésta, Zuckerman aparece en otras 9 novelas, algunas de ellas tan reconocidas como «El escritor fantasma», de 1979, «Pastoral Americana», de 1997 o «La mancha humana», de 2001. Nathan Zuckerman aparece también como personaje en La tierra bajo los pies, la novela de 1999 escrita por… Salman Rushdie. Así son estos postmodernos. Philip Roth En la novela Decepción, de 1990, Roth comienza contando la historia de una persona que es escritor, americano, casado, vive en Londres y se llama Philip. El movimiento sorprendió a los críticos de un autor sobrádamente conocido, casi tanto como que el novelista utilizara a este alter-ego homónimo para flirtear con una mujer casada o formar parte de una misión de inteligencia en Israel, argumento de Operación Shylock, de 1993. Diez años más tarde, en La conjura contra América, narrará desde la juventud una historia fabricada de la familia Roth en la realidad alternativa de 1940 en que Franklin Delano Roosevelt pierde las elecciones. Además de estas novelas, Philip Roth también es autor de dos obras autobiográficas, una de ellas, «Los hechos», de 1988, escrita a medias con su personaje Nathan Zuckerman.
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Muere el escritor Philip Roth a los 85 años (Wed, 23 May 2018)
Philip Roth, el autor de obras como «El Lamento de Portnoy» o «Pastoral Americana», ha fallecido hoy a los 85 años de edad en un hospital de Nueva York a causa de una insuficiencia cardíaca. Nacido en Newark, Nueva Jersey (Estados Unidos) el 19 de marzo de 1933, es el segundo hijo de una familia judío-norteamericana emigrada de la región europea de Galitzia (Ucrania) y estaba considerado uno de los mejores escritores norteamericanos de los últimos veinticinco años. Eterno candidato al Nobel, y puntal de la literatura estadounidense, acumuló algunos de los máximos reconocimientos literarios, entre ellos el Pulitzer en 1998 y el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2012. Con su primera obra, «Adiós, Colón», un libro de relatos sobre la vida de los judíos en Estados Unidos publicado en 1959 después de dos años de estancia en el Ejército, obtuvo el importante National Book Award y lo situó en el primer plano del éxito editorial. Su primera novela, «Huida» (1962), narra la agonía de un joven catedrático que se debate entre razón y sentimientos, conflicto que constituye una de las claves de su producción literaria. Desde entonces, cada nueva obra suya ha fue un éxito editorial y objeto de escándalo e impacto en la sociedad estadounidense. Desde 1992, momento en el que abandonó la docencia, se dedicó por entero a la literatura. A lo largo de su carrera se ha servido de su personaje Nathan Zuckerman, su alter ego, para analizar con fino humor las desesperanzas y fantasías de sus compatriotas. «Pastoral Americana» (1998), «Yo me casé con un comunista» (2000) y «La mancha humana» (2001), forman la trilogía sobre la reciente historia de Estados Unidos, una sociedad a la que ha atizado con su látigo de ácida ironía por su capacidad para escudriñar el alma humana analizando del dolor, la crueldad o la soledad. Su capacidad de provocar, de remover los cimientos de la literatura norteamericana, volvió a confirmarse con «La conjura contra América» (2005), donde propone una versión alternativa de la historia de Estados Unidos, en la que el presidente Roosevelt es derrotado por el aviador Charles Lindbergh, un antisemita declarado que firma un tratado de paz con Hitler. Precisamente, en una de sus últimas apariciones públicas, el novelista lamentaba las diferencias entre la situación que inventó para esa novela y «la calamidad política» actual. Si bien Lindbergh «pudo ser un racista, un antisemita y un supremacista blanco», pero también fue «un auténtico héroe americano». Trump, en comparación, «es un fraude masivo, la suma diabólica de sus defectos, desprovisto de todo excepto de la ideología vacía de un megalómano». En aquel momento, también se pronunció sobre la oleada de acusaciones de abusos sexuales por parte de hombres que ha denunciado el movimiento «MeToo». «Nada de las conductas extremas sobre las que estoy leyendo últimamente en los periódicos me asombra», afirmó.
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Una biografía para rescatar del olvido a Alejandro Farnesio, «el mejor general de su época» (Wed, 23 May 2018)
El general Alejandro Farnesio murió a finales de 1592, a los 47 años, sin conocer de boca del emisario de su tío, Felipe II, que había sido relevado de la gobernación de Flandes. Al igual que el Rey entonces, también España dio durante muchos siglos la espalda al gobernador, como a otros héroes militares. «Leyendo sobre él me di cuenta de que era un personaje poco tratado por la historiografía y al que no se le había hecho justicia. Investigando quedé pronto fascinado por un militar que se entregó en cuerpo y alma al Imperio español», explica Luis de Carlos, doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, que acaba de publicar «Alexander: La Extraordinaria historia de Alejandro Farnesio» (Crítica). Una minuciosa biografía sobre un personaje que participó en los principales acontecimiento de la segunda mitad del siglo XVI, de Lepanto a las Guerras de Religión en Francia. «Su personalidad es muy atractiva. Con mucho carácter, inteligente y grandes dotes militares; fue un general extraordinario y, al mismo tiempo, un hábil diplomático», apunta De Carlos, que presentó ayer su libro en la Fundación Carlos de Amberes. Biznieto del Papa Pablo III por vía paterna y nieto del Emperador Carlos V por la materna, Farnesio se situó en la primera línea política de los Países Bajos, tras la prematura muerte de Don Juan de Austria. «Cuando llegó se encontró una situación realmente difícil. Solo con una hábil estrategia militar y diplomática logró recuperar buena parte de los Países Bajos. Lo consiguió gracias a su autoridad entre los militares, el pueblo y los aristócratas», señala De Carlos sobre un hombre considerado «el mejor general de su época». El autor de esta biografía recuerda, además, que «la actual Bélgica solo se entiende con los tratados que salieron adelante en su gobernación», Farnesio estaba camino de recuperar todas las provincias cuando Felipe II entró en escena. Las empresas de Inglaterra y Francia desviaron recursos y envenenaron las relaciones. «El Rey le consideraba casi un hijo, hasta que la relación se torció con la campaña en Inglaterra y, definitivamente, con la de Francia. Farnesio se atrevía a decir al Monarca lo que nadie le decía en alto».
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El primer poemario que se convirtió en best seller (Wed, 23 May 2018)
Llegó antes, mucho antes. Antes de que los versos se compartieran en las redes y de ahí saltaran a los libros, antes de que los poemarios se vendieran por miles y estuviesen en la sección de destacados de las grandes superficies. Antes de que un rapsoda ganase un concurso de televisión y se convirtiera en la estrella de Sant Jordi. Antes, cuando internet era una cosa extraña para el común de los mortales, José Hierro (1922-2002), Pepe Hierro para los amigos, publicaba «Cuaderno de Nueva York», una obra que armonizaba el aroma urbano con la introspección, el realismo con la estética visionaria, la tradición con la vanguardia y la cultura popular. Era 1998, el año en el que la poesía se convirtió en superventas. Edición conmemorativa de «Cuaderno de Nueva York» - ABC Aquel poemario, por diversos motivos que nadie podía prever, se convirtió en el mayor éxito editorial de la poesía española de finales del XX. «Los datos de circulación efectiva de su edición en Hiperión superan los 35.000 ejemplares vendidos, un número estratosférico dentro de la lírica patria», escribe Vicente Luis Mora en el epílogo de la edición conmemorativa por el veinte aniversario de la obra que acaba de publicar Nórdica Libros. «Fue, por así decirlo, el primer poemario best seller de los últimos tiempos», añade Diego Doncel, poeta, crítico y amigo del propio Hierro. Pero el impacto de aquel cuaderno fue mucho más allá de las cifras de ventas. «Cuaderno de Nueva York» se convirtió en todo un acontecimiento en el que los lectores, los medios de comunicación y la crítica tuvieron mucho que ver. Fue un fenómeno. Hierro se paseó por la prensa y la televisión haciendo gala de su poderosa personalidad, de ese encanto sin el que, como diría Stevenson, el resto de las virtudes son inútiles. Era una persona entrañable, campechana, «que llevaba dentro la conversación de las tabernas», tal y como recuerda Doncel. Y, sobre todo, un poeta que recitaba como nadie, con esa voz grave que iba directa al tímpano a depositar los versos, siguiendo siempre la música del poema, encandilando a la audiencia. Testamento literario El eco del cuaderno se fue haciendo más grande, como una bola de nieve atrapando atenciones. «Su lucidez y su inteligencia carente por completo de soberbia hacían pensar a cualquiera que una mente así no podía hacer más que buenos libros», subraya Mora, en conversación con ABC. Y «Cuaderno de Nueva York», de hecho, estaba concebido como un gran libro, como una suerte de testamento literario de su autor donde se encuentran las líneas, los tonos y los temas de toda su obra: los juegos entre la alta y la baja cultura, los ecos de la tradición lírica española (Manrique, Lope, Machado, Lorca), la situación del exiliado, la soledad en la metrópoli, el silencio… Todo ello a través de la experiencia propia del poeta en la ciudad. Un poeta que, según dejó escrito Umbral en el 98, era «nuestro más grande lírico vivo». Los galardones no tardaron el llegar: el Cervantes ese mismo año y los premios Nacional de Poesía y de la Crítica en 1999, que se unían al Príncipe de Asturias y al Nacional de las Letras que ya tenía. «De pronto descubrimos que el Pepe Hierro de los bares y las conversaciones era un clásico. Y necesitaba ese reconocimiento, porque era un autor del canon al que le faltaba ese impulso que, por otra parte, le permitió aparecer en los medios», asevera Doncel. «Nueva york es un tópico, pero me da igual» A día de hoy, aquel éxito sigue teniendo algo de misterio, de cuadratura del círculo. Desde luego, no fue algo premeditado. Poco podía esperarse aquella recepción el propio Hierro cuando, en el proceso de creación del libro, comentaba: «He comenzado unos poemas sobre Nueva York. Ya sé que es un tópico, pero a mí me da igual». El caso es que el resultado fue de todo menos tópico, que atrapó en sus páginas una sensibilidad urbana que, en silencio, los lectores (y la crítica) estaban esperando. El caso es que todo aquello derivó en un acontecimiento que marcó la poesía. «El éxito del poemario provocó un enorme número de lecturas entre los poetas jóvenes, que, debido a la carga de profundidad lírica del Cuaderno, entendieron la poética de Hierro y se vieron afectados por ella. No era difícil a principios del XXI encontrar libros de poetas jóvenes con citas o epígrafes de Hierro», remata Mora.
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Publican la novela póstuma de Michael Crichton, creador de «Parque Jurásico» (Tue, 22 May 2018)
Una novela póstuma del creador de «Parque Jurásico», Michael Crichton (1942-2008), descubierta recientemente, llega ahora a las librerías bajo el título «Dientes de dragón», un «thriller» paleontológico que será adaptado también para la televisión. Michael Crichton - Yolanda Cardo En «Dientes de dragón» (Plaza y Janés), Michael Crichton tomó como punto de partida de la historia la Guerra de los Huesos, un período de intensa especulación y descubrimientos de fósiles a finales del siglo XIX en Estados Unidos. En el aún denominado «Salvaje Oeste» americano y tras la «fiebre del oro», se comenzaron a descubrir restos fósiles de especies aún desconocidas, lo que desencadenó la denominada «Guerra de los Huesos», cuyos principales protagonistas fueron los paleontólogos Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh. Cope y Marsh, tras tener una relación amistosa, emprendieron una dura lucha entre ambos por el descubrimiento de restos de dinosaurios, un capítulo de la historia de Estados Unidos en la que Crichton encuadró la trama de su novela. Otras obras de éxito Además de «Parque Jurásico», Michael Crichton fue el autor de novelas de gran éxito internacional como «El mundo perdido», «La amenaza de Andrómeda», «Estado de miedo», «Next» y «Latitudes piratas», entre otras. Con ellas se convirtió en uno de los escritores más leídos del mundo, con ventas que superan los 200 millones de ejemplares. Fue también director de cine y creador de la serie de televisión «Urgencias». La reciente serie «Westworld», de HBO, está basada en la película homónima que escribió y realizó en 1973.
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Sherlock Holmes, el detective de la frase perfecta: 8 citas para el recuerdo (Tue, 22 May 2018)
Cuando un ávido lector piensa en los mejores personajes literarios británicos del siglo XIX, lo más posible es que en su mente resuenen con fuerza nombres como los de Oliver Twist, Jane Eyre o David Copperfield. Todos nacidos al calor de las luces y (en su mayoría) las sombras de la voraz industrialización que experimentó la Inglaterra de la época. Todos habitantes de algunas de las mejores páginas escritas. Es cierto que los anteriores no son más que algunos ejemplos, y que la lista podría ser mucho más larga. Sin embargo, no cabe duda de que si hay un personaje que ningún adicto a los libros pasaría por alto, ese es el inquilino del 221b de Baker Street: Sherlock Holmes. Desde que su nombre fue leído por primera vez han pasado ya más de 130 años, pero sus aventuras siguen siendo devoradas por los ojos de todos los devotos de la palabra escrita. Hoy, 22 de mayo, es además el aniversario de su padre, sir Arthur Conan Doyle, nacido en 1859. De Sherlock Holmes se ha dicho casi todo y se ha escrito casi todo. Casi todo porque parece que siempre hay una vuelta más de tuerca que darle al personaje, ya sea en forma de película, relato o serie de televisión. Lo mismo ocurre con las citas recurrentes con las que Doyle pobló las páginas de los 56 relatos y cuatro novelas sobre el detective. Llama la atención que la popularísima «Elemental, mi querido Watson», ni siquiera correspondiese a los libros creados por el autor escocés. ABC ha decidido recoger algunas de las frases más memorables del detective de la calle Baker:
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España aumenta la producción de libros un 4,6% en 2017 (Mon, 21 May 2018)
La Panorámica de la Edición Española de Libros 2017 se presentará el próximo mes de septiembre. Sin embargo, el Ministerio de Cultura acaba de dar a conocer un avance de este informe, elaborado por el Observatorio de la Lectura y el Libro a través del análisis de los datos proporcionados por la Agencia del ISBN. Este anticipo pone de manifiesto que hay un incremento del 4,6% en la producción editorial respecto al ejercicio anterior, pasando de 86.000 en 2016 a 89.962 en 2017. Este aumento se se refleja en la edición tanto de libros en papel como digitales. En concreto, la producción de libros impresos creció un 1,2%, con un total de 61.519 libros (60.763 en 2016). Los libros en papel representan el 68,4% del total. La edición electrónica aumentó un 12,7% (28.433 ISBN frente a los 25.237 de 2016), representando el 31,6%. Dentro de este capítulo, los libros digitales, muestran un incremento del 16,4%, con un total de 27.546 ISBN (23.656 en 2016), representando el 30,6% del total de la producción. La mayoría de ellos se publicaron en en formato ePub (12.753, que suponen el 46,3%), seguidos por Pdf (9.926, el 36,0%), Mobi (1.367) y otros (3.500). Las primeras ediciones crecieron un 4,8%, hasta los 88.119 ISBN (84.047 en 2016). Por su parte, las reediciones descendieron un 5,6%, con un total de 1.843 ISBN (1.953 en 2016). La edición de carácter público muestra un descenso del 6,4% y representa el 8,6% del total; mientras que la edición privada, con el 91,4% del total, aumentó un 5,8%. El 30,2% de esta producción privada fue editado por 92 empresas editoriales, que representan el 3,0% de las que tuvieron actividad en 2017. Cataluña y Madrid Las comunidades autónomas de Cataluña y Madrid representan el 63,5% del total de la producción, con una participación del 34,2% para Cataluña y 29,3% para Madrid. A continuación figura Andalucía con el 15,3% del total. La excepción de los libros de texto Por subsectores de edición, se producen aumentos en libro infantil y juvenil (+21,0%), creación literaria (+18,0%), libros de ciencia y tecnología (+5,1%), libros de ciencias sociales y humanidades (+3,8%) y libros de tiempo libre (+3,4%). En cambio, descienden los ISBN relativos a libros de texto (-27,6%). Lenguas y traducciones El 94,2% de los libros se editaron en lenguas españolas, destacando, a gran distancia, la edición en castellano (84,4%), seguida de la edición en catalán (11,5%), en euskera (1,7%), en gallego (1,5%) y en valenciano (0,8%). Las traducciones se incrementan un 36,8% y representan el 21,1% del total de la producción, siendo el inglés la lengua más traducida, con el 51,0% de la obra traducida. Estos datos avanzados de la Panorámica de la edición española de libros 2017 pueden consultarse en http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/areas-cultura/libro/mc/pee/contenedora/presentacion.html y en CULTURAbase, la base de datos estadísticos culturales disponible en la Web del Ministerio: http://www.mcu.es/culturabase/cgi/um?M=/t16/p16b&O=culturabase&N=&L=0
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Adriana Ivancich, la musa prohibida de Hemingway (Mon, 21 May 2018)
En 1949, Ernest Hemingway conoció en un bar de Venecia a Gianfranco Ivancich, un hombre con el que pronto entabló una gran amistad, que se cifró en un buen número de cartas al final de su vida. Sin embargo, para el escritor, más importante que Gianfranco fue su hermana, Adriana Ivanich, una mujer que entonces contaba 19 primaveras y de la que quedó prendado tras compartir con ella una cacería de patos. Fue el inicio de un amor platónico sobre el que planean más dudas que certezas, y que en una de sus cartas el autor de «Adiós a las armas» lo definió como un sentimiento tan fuerte como un rayo. Ahora, un nuevo libro del autor italiano Andrea di Robilant –«Otoño en Venecia: Ernest Hemingway y su última musa»– explora su relación y revela por primera vez la existencia de una dramática carta en la que la joven se despide del literato. Se trata de una misiva de abril de 1956 en la que Adriana le contaba a Hemingway que su prometido «no quiere que te escriba más y no quiere que me escribas», lamentaba la joven antes de declarar su amor por el escritor. «[Eso] me ha hecho sufrir... y siempre me hará sentir triste... He probado todo (ya sabes cuánto te amo...). No hay palabras que puedan cambiar su opinión... Nunca pensé que podría haber un adiós entre tú y yo». En otra carta desconocida, Hemingway, que a pesar de su imagen robusta se desnudaba en su correspondencia, le escribía a Adriana: «Cuando estoy lejos de ti no hay nada que me importe... Te echo mucho de menos. A veces esto es tan malo que no puedo soportarlo». A pesar de estas palabras, no está claro si realmente mantuvieron una relación amorosa. De hecho, Di Robilant cree que, lejos de un enamoramiento, lo que fue crucial fue la amistad que se acabó generando entre los dos, y que estimuló profundamente la creatividad del escritor. «Ella le trajo alegría a su vida, le inspiró», escribe el autor, «lo que lo llevó a un notable florecimiento literario en la última parte de su vida».En concreto, Adriana Ivancich le inspiró uno de los personajes principales de su novela «Al otro lado del río y entre los árboles». También la obra ganadora del Pulitzer «El viejo y el mar».
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Los lugares más bellos de España según García de Cortázar (Mon, 21 May 2018)
Nacido en Bilbao, una ciudad «siempre agarrada a su ría madre», el historiador Fernando García de Cortázar aprendió a través de sus padres el amor por explorar las tierras españolas y a entender el país desde un plano racional y, no menos importante, desde lo emocional. En «Viaje al corazón de España» (Arzalia ediciones), el autor vasco recorre la geografía ibérica en busca de lo más bello que ha dado la naturaleza y de lo más original del espíritu español. «No es un libro de viajes; sería desmerecerlo. Es un libro vivido, que pretende dar vida a las piedras», apunta Ricardo Artola, editor de una obra que ha cuidado al máximo cada detalle. Coincidiendo con una nueva cita del Aula de Cultura de ABC, García de Cortázar, director de la fundación Vocento, presenta hoy a las 19.30 h. su nueva obra en la sala Bertelsmann (Calle O’Donnell 10, Madrid), durante un acto en el que también intervendrá María Elvira Roca Barea, autora de «Imperiofobia y leyenda negra». La parte antigua de Cuenca, que levita sobre rocas milenarias; los olivos pacíficos de los campos de Jaén, testigos mudos de tantas y tantas batallas; la salvaje sierra de Gredos, «espinazo de Castilla» para Unamuno; la sublime puesta de sol desde Santa Tecla... El libro hace las veces de mapa por los latidos del país y permite ver España a través de los curtidos ojos del escritor y sacerdote de 75 años, décadas de sensibilidad histórica y literaria en un monumento de papel de 912 páginas. Porque la ruta es espacial, pero también temporal. A través de fragmentos de la vida del historiador y a través de la agitada historia de España. Un esfuerzo gestado durante años por acotar lo inabordable, pues, lo advertía Hemingway, España tiene tanto patrimonio acumulado en el tiempo que «lleva ocho siglos destruyéndolo y todavía le queda». A través de su vida La obra, dedicada a sus padres, que le «metieron en el cuerpo el gusanillo por viajar por España», resulta tanto un recorrido cultural por la geografía como una ruta por la vida del autor. De los valles vascos «eternamente refrescados por la lluvia», García de Cortázar saltó en su mocedad a viajar, junto a su familia, por Galicia y el entorno castellano. La Salamanca universitaria, «memoria viva del Siglo de Oro», fue el punto de partida para que García de Cortázar hiciera camino al andar como historiador por presentaciones de libros, congresos y toda suerte de eventos que le mostraron España desde su entramado cultural. «Solo el más de medio millar de bodas que he oficiado me ha dado la oportunidad de visitar cuarenta provincias», reconoce en el texto el vasco sobre su otra razón para trotar por España. Ganador del Premio Nacional de Historia de España en 2008, García de Cortázar es uno de los historiadores vivos más prestigiosos de España y uno de los mejores conocedores de los secretos que custodia la geografía ibérica. Así podemos saber por las páginas de «Viaje al corazón de España» en qué rincón abulense fue destronada la efigie de Enrique IV, en lo que vino a llamarse la Farsa de Ávila; o dónde sucedió la batalla de Roncesvalles (Navarra) que, según la tradición, causó la muerte de Roland, sobrino de Carlomagno, y los Doce Pares de Francia. De punta a punta, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo; el libro está dividido por comunidades y, a su vez, por provincias. Desde Huelva, el relato del autor, presentado a través de la figura del «viajero», serpentea por la piel de toro en un trayecto que no obedece a cuestiones prácticas. «No es un recorrido políticamente correcto, ni un texto escrito desde la barrera», advierte su editor. La España literaria Cada una de estas regiones incluye un gráfico ilustrado con datos históricos y culturales, desde la delicia gastronómica o el vino del lugar, pasando por un castillo y una visita obligada, hasta una cita anual o un paisaje capaz de helar (o hervir) la sangre. Una selección hecha con «pasión y admiración» por España. La Pontevedra de Valle-Inclán; la Barcelona de Mercè Rodoreda o Las Palmas de Benito Pérez Galdós. La literatura es el otro gran protagonista de las páginas de «Viaje al corazón de España», con énfasis en los escritores vascos que, como Miguel de Unamuno, enseñaron al historiador a dialogar «con el paisaje castellano de páramos de asceta, un paisaje vivo, que se despliega ante la mirada bebiéndote las venas...». Amén de la música que suena de fondo en sus viajes: las piezas musicales de Albéniz, Granados y Falla; la «Carmen» de Bizet y los acordes granadinos de Debussy.
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Bancarrota, demandas y disputas familiares: ¿el ocaso de Stan Lee? (Fri, 18 May 2018)
Stan Lee, que revolucionó el mundo del cómic al crear para Marvel los personajes de Spider Man, Los Vengadores, Hulk, Black Panther o los Cuatro Fantásticos, reclama a su ex compañía Pow Entertaiment 1.000 millones de dólares por aprovecharse de su vejez. Con 95 años, el mítico creador de superhéroes no está de acuerdo con las condiciones bajo las cuales firmó el año pasado la venta de su compañía al grupo empresarial chino Camsing Entertaiment. El texto presentado en un juzgado de California afirma que las personas al frente de Pow!, el cofundador Gill Champion y el CEO Shane Duffy (que ahora es vicepresidente de Camsing Entertaiment), no le revelaron todos los detalles de esta venta, incluido el hecho de que el comprador tendría los derechos exclusivos para usar su nombre e imagen. De acuerdo con la demanda, Champion y Duffy «conspiraron ... para para robar fraudulentamente la identidad, el nombre y la imagen de Lee como parte de un esquema nefasto para beneficiarse económicamente a [su] costa». El padre de Spiderman también afirma que no tenía conocimiento de haber firmado esa la cesión de derechos de su identidad y que o bien le engañaron con otro documento o bien falsificaron su firma. Lee argumenta que esos directivos se aprovecharon del hecho de que, en el momento de la firma de la venta, estaba perturbado por la muerte de su esposa. También alega que sufría degeneración macular, un trastorno de la visión relacionado con la edad que le impidió leer los documentos. La demanda también pone de manifiesto que Pow! habría tomado el control de las cuentas de sus redes sociales, incluyendo Facebook, Instagram y Twitter, que cuentan con millones de seguidores. Pow! ha enviado un comunicado al periódico británico The Guardian en el que afirma que todas esas acusaciones carecen de base legal. «En particular, la de que el señor Lee no cedió conscientemente todos los derechos de sus trabajos creativos o su identidad es tan absurda que nos preguntamos si es el propio señor Lee el que está detrás de esta demanda. No hay duda de que el señor Lee -que, junto a su hija, fue y se mantiene como accionista de Pow!- entendió perfectamente los términos de los acuerdos que firmó. La evidencia, que incluye declaraciones y la conducta posterior de Lee, es evidente y esperamos presentarla a los tribunales». La demanda se conoce después de que Stan Lee se haya visto envuelto en los últimos tiempos en varias polémicas. El pasado mes de abril se conocía que el propio Lee habría realizado una declaración en la que reconocía que su hija había abusado de él. Días después, publicaba un vídeo en el que desmentía tales cargos. Posteriormente, salía a la luz una demanda contra el creador de cómics por abuso sexual de una masajista, que le acusaba de manosearla y rozarla durante una sesión de masajes en Chicago. Además, según fuentes próximas al escritor, este habría sido víctima de varios fraudes en los últimos meses que han hecho que de su cuenta desaparezcan 1,4 millones de dólares
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Mengele: el infernal exilio del asesino más sádico de Auschwitz (Fri, 18 May 2018)
Ancianos, incapacitados, mujeres débiles y niños, a la izquierda; jóvenes robustos, a la derecha. El 3 de noviembre de 1944, el pérfido médico de las SS Josef Mengele (famoso por experimentar con seres humanos) perpetró lo que parecía ser una selección más en la rampa del campo de concentración de Auschwitz. Como solía acontecer, el primero de esos grupos (que ese día sumaba 481 personas de un total de 509) fue conducido directamente a las cámaras de gas. El segundo, por su parte, fue dirigido al interior del centro para trabajar hasta la extenuación. Lo que el «Ángel de la muerte» no sabía es que aquella iba a ser su última «selektionen». Poco después, el 17 de enero de ese mismo año, se vio obligado a recoger todas las pruebas que atestiguaban sus maldades y escapar de allí ante la llegada del ejército soviético. A partir de entonces comenzó una carrera contra los aliados que le obligó a cruzar el Atlántico y asentarse primero en Argentina y, posteriormente, en Paraguay y en Brasil. Su dilatado exilio tuvo siempre un objetivo: escapar de la áspera soga que la justicia internacional ansiaba colocar alrededor de su cuello. Al final, el «Ángel de la muerte» dejó este mundo en 1979 sin pagar por sus crímenes. Aunque, como explica a ABC el escritor y periodista francés Olivier Guez, sus últimos años bien podrían ser considerados un castigo. Y es que, a pesar de que no estuvo entre rejas, vivió un auténtico infierno pensando que el servicio secreto de Israel le buscaba. El galo lo sabe bien, pues ha estudiado las últimas décadas de existencia del médico para su nueva novela de investigación: «La desaparición de Josef Mengele» (Tusquets Editores, 2018). Una obra que ha obtenido el Premio Renaudot de 2017. Buena vida En su obra, impecable a nivel histórico, Guez rubrica a un Mengele culto y capaz. Y no le falta razón, pues el «Ángel de la muerte» se doctoró en antropología física y en medicina a lo largo de su vida. Sin embargo, sus inquietudes académicas no le impidieron unirse al partido nazi en 1937 y ofrecerse como galeno a las Waffen-SS en 1940. Tras acudir al frente oriental y ser herido en batalla, el joven Josef regresó a Alemania y fue ascendido a capitán en 1943. Precisamente ese mismo mayo fue trasladado a Auschwitz como oficial médico. Allí no tardó en darse a conocer por sus recurrentes experimentos en humanos y por sentir especial predilección por el estudio de los gemelos. Con ese cruel currículum a sus espaldas no tuvo más remedio que huir cuando se percató de que los soviéticos se encontraban a las puertas de Auschwitz. En ese momento comenzó un periplo por Europa que terminó varios años después, cuando su familia logró enviarle a Argentina. Allí fue recibido con los brazos abiertos en 1949 por un gobierno que necesitaba a los estudiosos nazis para modernizarse. Josef MengeleA pesar de sus crímenes, en Argentina nadie le buscó. De hecho, fue un total desconocido debido a su rango de capitán. Y es que, por entonces, la justicia internacional únicamente ansiaba castigar a los artífices del Holocausto. «Los años siguientes estuvo muy tranquilo. Enderezó sus negocios, se volvió a casar, hizo amigos, se compró una casa bonita...Tuvo una ‘dolce vita’», explica Guez Sin embargo, la captura por sorpresa en Sudamérica del popular Adolf Eichmann, arquitecto de la tétrica solución final, le acongojó. Sabedor de las tropelías que había cometido a lo largo de su vida como médico de las SS, y temeroso de que pudieran además encarcelarle por hacer abortos clandestinos en su nuevo hogar, decidió marcharse a Paraguay primero, y a Brasil después. «Hasta entonces nadie había tenido interés en capturarle», completa el autor. Con todo, en los siguientes años el Mossad sí estudió su captura, aunque terminó abandonando la búsqueda. Infierno final En Brasil fue donde definitivamente perdió la cabeza y vivió atormentado por sus demonios pasados. «La vida le castigó. Terminó sus días en total soledad y consumido por la paranoia y la incertidumbre. Algo letal para alguien que había soñado con ser profesor universitario», desvela Guez. Restos de Josef mengele - ABC En el año 1979 su infierno particular se terminó cuando, mientras nadaba en una playa, sufrió un accidente cerebrovascular y se ahogó. «Murió de forma tan mediocre como vivió: como un perro. Fue una muerte banal motivada por su soledad, su rabia y su amargura», destaca el escritor. ¿Fue ese castigo suficiente para una de las bestias nazis más reconocidas? El francés es claro: «Cada uno debe juzgarlo». Su cadáver tampoco obtuvo un final digno. Tras ser hallado muerto fue enterrado bajo un nombre falso en un suburbio de San Pablo. Sus restos fueron descubiertos en 1985.
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Mauricio Wiesenthal: «El populismo exculpa al pueblo de toda responsabilidad» (Thu, 17 May 2018)
Los españoles somos capaces de lo mejor y de lo peor. Y «La hispanibundia», término acuñado por Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), designa esa paradoja. «Hispanibundo» es el Quijote que arremete contra los molinos y Sancho en su Ínsula Barataria; la vieja Celestina y los descubridores del Nuevo Mundo; pero también la armada Invencible que se estrella contra las rocas de Inglaterra e Irlanda y los nacionalistas, los más «hispanibundos» de todos: «Todos los pueblos de España –por muy atinados y sensatos que pretendan ser– se vuelven “hispanibundos” en cuanto se les toca el delirio quijotesco de sus bandos, la tarasca de sus localismos o el asunto descomunal de sus caballería», advierte el autor. «La hispanibundia» nació hace medio siglo en unos cursos de verano en la Universidad de Sevilla y de varios libros de juventud sobre ciudades y lugares de España. El concepto fue tomando forma con «Imagen de España» (1973), «España hoy» (1979) y «Regione e Mete in Europa» (Milán, 1990) hasta culminar en el presente volumen. A lo largo de casi cuarenta capítulos, Wiesenthal pasa revista a las ganas de ser español, el honor, la corrupción, la austeridad, el buen gusto, lo quijotesco, el realismo, el populismo, la envidia, la justicia pasional que deviene injusticia, los bandoleros, pícaros, héroes, el antimoderno Velázquez, el sentido de la muerte, la Inquisición, el fracaso de la aristocracia, el griterío nacionalista, la enseñanza fallida, la furia... Complejos y folclore Acabado el trabajo, el autor se siente más comprometido que nunca con este «retrato español de familia». A la «hispanibundia» podría añadirse una segunda parte dedicada a la «europabundia», añade: «España tiene mucho qué decir en Europa y yo, por encima de todo, me siento europeo». Superar la España acomplejada por las estampas románticas y folclóricas que se le adjudicaron en el siglo XIX: «Nos convertimos en actores de teatro comprometidos con el papel que nos asignaban los escritores turistas», subraya. Espigando en las virtudes y los defectos de lo español, Wiesenthal destaca entre las primeras la mirar el mundo desde lo alto: «Ahí están los navegantes vascos… A los españoles no nos gusta encerrarnos en patios de vecindario; el localismo conduce a la rencilla. Otear más allá de nuestros confines otorga generosidad y amplitud de miras. De ahí la misericordia, la caridad y la solidaridad del español cuando se le reclama para colaborar en causas humanitarias». El peor pecado deriva, también, del patio de vecindario: «En España el enemigo siempre es el vecino, lo que explica el cainismo y las dos Españas que lamentaba Larra. Yo añadiría que el problema no es que haya dos Españas, sino que una siempre quiere acabar con la otra». Las etimologías nos explican «La hispanibundia». Wiesenthal destaca «ganas» porque atraviesa todas las lenguas latinas y define el apetito visceral de hacer algo. La «gana» se escucha en castellano, catalán y vasco. Como la palabra «pundonor» o «bandolero»: «Aprender de las palabras puede ayudar a compartirlas entre los españoles que nos sentimos españoles y los españoles que pretenden ser diferentes… En Cataluña sabemos mucho de banderas, bandos y bandolerías», acota. Al ejercitar la memoria histórica el autor constata que casi siempre son los liberales quienes se llevan la peor parte, mientras que los caciques y los populistas se retroalimentan… Wiesenthal acude a otra etimología –«populare»–, que en el latín de Virgilio significa talar álamos: «El populismo es devastador porque exculpa al pueblo de toda responsabilidad. Una sociedad civilizada exige cumplir con la justicia y la ley… El populismo es la victoria del “soltad a Barrabás” y la exención del pecado original. El populismo no sabe construir sobre lo que ya existe y aplica la tabla rasa. Todos los nacionalismos son populistas», zanja.
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