Libros

Sale a la venta el nuevo libro de George R. R. Martin (Tue, 20 Nov 2018)
«Fuego y Sangre» (Plaza & Janés), el nuevo libro de George R. R. Martin sale a la venta hoy. El libro relata la fascinante historia de los Targaryen, la dinastía que reinó en Poniente trescientos años antes del inicio de «Canción de hielo y fuego», narrada por el archimaestre Gyldayn, de la Ciudadela de Antigua. Esta obra, magníficamente ilustrada con ochenta láminas inéditas de Doug Wheatley, se convertirá, sin duda, en una lectura ineludible para todos los fans de la aclamada serie. George R. R. Martin es el autor de «Canción de hielo y fuego», la saga que inspiró la serie de HBO «Juego de tronos». Martin vendió su primer relato en 1971 y desde entonces se ha dedicado profesionalmente a la escritura. El autor ha vendido noventa millones de ejemplares de toda su obra en cuarenta y siete idiomas, de los cuales más de tres millones han sido en lengua española. El de «Fuego y Sangre» es un lanzamiento internacional en el que participan países como Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Holanda o Polonia.
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Descubren la autoría de uno de los clásicos de la literatura del siglo XV (Tue, 20 Nov 2018)
Un libro publicado por la Institució Alfons el Magnànim, Centro Valenciano de Estudios e Investigación, revela que fue Enyego d'Avalos el autor de «Curial e Güelfa», un clásico anónimo de la literatura europea del siglo XV. La publicación, un resumen de la tesis doctoral de Abel Soler, marca un antes y un después en la lectura, comprensión e interpretación de esta novela caballeresca y la historia del hallazgo es también «entre detectivesca y novelable», según un comunicado de la Diputación de Valencia. A diferencia del «Tirant lo Blanc» (Valencia 1460-1464), el otro gran clásico de las letras medievales catalano-valencianas, el Curial, se publicaba como un libro de autor desconocido desde que se descubrió la única copia conocida: un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid. El anonimato suponía un gran obstáculo a la hora de entender una parte sustancial de la novela, que tiene gran relación con la biografía del escritor, según las fuentes. Gracias a los estudios de Júlia Butinyà (UNED) y de Antoni Ferrando –catedrático de la Universidad de Valencia y director de la tesis doctoral de Soler– se sabía que la novela se había escrito en la Italia de Alfons el Magnánimo (el rey que se llevó la capital de la Corona de Aragón de Valencia a Nápoles). El Curial se había redactado en un ambiente influido por el humanismo y, según los filólogos era la obra de un valenciano o de alguien con un lenguaje aprendido en Valencia pero con contactos con Castilla. Lo que ha hecho Soler es precisar que el Curial (Nápoles-Milán 1445-1448) fue escrito por Enyego d'Àvalos (1414-1484), un caballero nacido en Castilla, pero criado desde los 7 u 8 años en Valencia, trasladado a Italia en la edad adulta e italianizado culturalmente gracias a haber vivido entre preceptores humanistas. Vista la trayectoria y los intereses lectores de D'Àvalos, se comprende mejor el Curial como una obra de «caballería humanística», donde el caballero protagonista estudia los clásicos antiguos y es tan bibliófilo como el autor. El libro sintetiza también la aventura cultural de un investigador intrépido y perseverante, que ha invertido cinco años en la investigación: la de buscar al autor del Curial por bibliotecas y archivos de Madrid, Valencia, Barcelona, Milán, Nápoles y otros lugares de Italia. El autor descubrió que, al principio de la obra y repetido en tres ocasiones, el escudo que luce Curial en honor de su prometida es el mismo de la prometida de d'Àvalos. También advirtió que el desfile de las Artes Liberales estaba «plagiado», incluyendo faltas de ortografía, de un manual de la corte milanesa de los Visconti, donde D'Àvalos fue cortesano de primera fila, y que el papel del códice de Madrid era el usado por el 1447 a la misma corte de Milán. Además, encontró fragmentos del Curial extraídos de libros que poseía D'Àvalos y constató en la Biblioteca degli Intronati de Siena (Italia) que un libro titulado «Llibre de noblesa i cavalleria», mandado a copiar por d'Àvalos, contenía un relato de Boccaccio que condiciona buena parte del argumento del Curial. Este cúmulo indicios que hacen atribuible la obra a D'Àvalos, «sin alternativa posible porque no había ningún catalanófono más en la corte capaz de escribir una obra tal», hace «innecesario disponer de un documento donde se exprese explícitamente que es el autor», según las fuentes. Ahora «sería la hora de dedicarle alguna escuela, calle o instituto de educación secundaria», bromea el autor, que añade que este personaje del «siglo de oro» valenciano en un «dorado exilio napolitano» era el «eslabón perdido» de nuestra literatura clásica, ahora encontrado.
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Michael Connelly: «La novela negra es una de las mejores herramientas para retratar la actualidad» (Tue, 20 Nov 2018)
Michael Connelly (Philadelphia, 1956) está de estreno. Después de casi tres décadas tomándole el pulso al crimen en Los Ángeles de la mano del problemático y cada vez más envejecido Harry Bosch, el autor estadounidense, uno de los más hiperactivos superventas de la novela negra, acaba de poner en marcha un podcast sobre crímenes reales y, no contento con el éxito que está cosechando la serie televisiva «Bosch», regresa a las librerías españolas con «Sesión nocturna» (Alianza de Novelas). Una nueva novela con la que el también creador del abogado Mickey Haller estrena una nueva serie protagonizada por Renée Ballard, detective de la policía angelina desplazada al imprevisible turno de noche después de denunciar a un superior por acoso sexual. Una excusa tan buena como cualquier otra para seguir hurgando en el día a día del Departamento de Policía de Los Ángeles mientras Connelly le continúa tomando el pulso a la novela negra como vehículo de crítica social y escenario de realismo descarnado. ¿Por qué abrir una nueva serie? ¿Qué le ha llevado a crear un personaje como el de Renée Ballard? No hay grandes razones, en realidad. Lo que quería sobre todo era rendir homenaje a Mitzi Roberts, una amiga que es detective de homicidios y que también trabajó en el turno de noche. Sus historias son las que me inspiraron para escribir «Sesión nocturna». Llevaba más de 25 años escribiendo sobre Harry Bosch, que siempre investiga asesinatos, y no había creado un personaje nuevo en once años. De pronto, con Ballard, se me abrió la posibilidad de tratar cualquier caso que se diese de madrugada, no sólo crímenes y asesinatos. ¿Cómo definiría a Ballard? Me imagino que será un error verla simplemente como una versión femenina de Bosch. Sí que sería un error, sí, aunque ambos tienen cosas en común. Los dos operan en esa zona un poco gris a la hora de entender la justicia. En cualquier caso, la gran diferencia es que mientras que Harry es una mezcla de diferentes tipos de policía, Ballard está directamente inspirada por una única persona. Otra cosa que siempre digo es que Harry es implacable mientras que ella es feroz y determinada. ¿Qué supone el hecho de cambiar de enfoque y enfrentarse a la novela desde una perspectiva femenina? Oh, en realidad no pienso de ese modo, en enfoque masculino o femenino. Para mí todo se limita al trabajo policial y a qué hace o deja de hacer un detective en determinada situación, independientemente de si es hombre o mujer. En cualquier caso, siempre que tenía una duda podía llamar o escribir a Mizti y preguntarle para enfocar las cosas de la manera más realista posible. A Ballard le envían a trabajar la turno de noche como represalia por haber denunciado a un superior por acoso sexual, algo por lo que se ha llegado a decir que con «Sesión nocturna» usted anticipó la oleada de escándalos por denuncias de acoso sexual que se produjo el año pasado en Estados Unidos… Ojalá pudiera decir que sí, pero no creo que pueda colgarme la medalla. Sucedió por casualidad. Lo que yo quería escribir era una historia sobre lo que ocurre cuando alguien se las tiene que ver con obstáculos añadidos solo por el hecho de ser mujer; alguien que, al mismo tiempo, se resistiera a plegarse a los dictados de burocracia policial y siguiera investigando fuera de su turno. Lo que sí que da la sensación es que la novela negra se está volviendo cada más social y crítica para mantener la sintonía con los tiempos que corren. Así es. La mayoría de autores de novela negra trabajamos muy rápido, por lo que podemos ser los primeros en abordar temas contemporáneos en los libros. Es un género muy rápido, muy vivo, y es inevitable que la realidad social se acabe filtrando en las novelas. La novela negra es una de las mejores herramientas para retratar la actualidad. ¿Hasta qué punto es más complicado explorar y mostrar el trabajo policial ahora que hay docenas de series y películas que lo muestran a diario? En realidad es más fácil, ya que los libros te siguen permitiendo algo que ni la televisión y ni el cine tienen: mayor profundidad. Además, está el trabajo con los personajes, la manera en que te puedes meter en sus cabezas mientras trabajas y desarrollarlos desde una perspectiva interna, y eso es muy difícil de conseguir fuera de un libro. Supongo entonces que prefiere trabajar en las novelas antes que hacerlo para la televisión… ¿Sabe qué? Soy el tipo más afortunado del mundo, porque hago las dos cosas y las dos me encantan. Con la televisión al principio me costó, pensaba que no me interesaba, pero cuando Amazon me dijo que quería hacer algo un poco diferente, decidí implicarme, y no solo he elegido qué libros se adaptaban; también he escrito guiones. ¿Cómo cree que se leen en el Departamento de Policía de Los Ángeles sus novelas? La imagen que da no es siempre la más favorecedora. En mis libros siempre he abordado más la corrupción moral que cualquier otra cosa, así que en el fondo creo que algunos de los policías que leen mis libros lo que quieren es ser como Harry y Ballard. Quieren ser los buenos. ¿Qué planes tiene para Ballard? Ahora mismo acaba de salir una novela, «Dark Sacred Night», en la que ella y Bosch han de colaborar para resolver un crimen.
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Cinco expertos externos completarán comité para los próximos Nobel de Literatura (Mon, 19 Nov 2018)
Cinco expertos externos completarán el comité que elegirá a los ganadores del Nobel de Literatura los próximos dos años, anunció hoy la Academia Sueca, que vive una crisis histórica por un escándalo sexual y de filtraciones. El nuevo Comité Nobel incluirá, además de a los académicos Per Wästberg, Horace Engdahl, Kristina Lugn, Anders Olsson y Jesper Svenbro, a los escritores Kristoffer Leandoer y Gun-Britt Sundström y a tres críticos literarios: Mikaela Blomqvist, Henrik Petersen y Rebecka Ahlberg Kärde. La medida ha sido tomada de forma consensuada con la Fundación Nobel, que había sugerido ya hace unos meses la creación de un nuevo comité para el Nobel de Literatura, un premio que este año ha sido aplazado a 2019 por el escándalo que ha sacudido a la institución. La Academia Sueca decidió en mayo el aplazamiento, algo que no ocurría desde hacía siete décadas, por la pérdida de «confianza» del mundo exterior en la institución y por su propio «debilitamiento», tras la salida entonces de ocho de sus dieciocho miembros. «Que la Fundación vea de forma positiva esta apuesta implica que podemos seguir trabajando con tranquilidad antes del próximo premio. Nos da seguridad. Hemos avanzado un paso más en la reconstrucción», declaró hoy el secretario provisional de la Academia, Anders Olsson. Olsson aclaró que es una medida «temporal3 hasta 2020, período en el que se fallarán tres premios, uno correspondiente a 2018. La Academia vive una situación crítica desde que hace un año un diario sueco publicó las denuncias de 18 mujeres por abusos contra el artista francés Jean-Claude Arnault, vinculado a la institución por su esposa -la poetisa Katarina Frostenson- y su club literario. Una auditoría concluyó que no había influido en decisiones sobre premios y ayudas, aunque el apoyo económico a su club incumple las reglas de imparcialidad al ser su esposa copropietaria. Presionada por la Fundación, la Academia ha cambiado los estatutos para posibilitar la renuncia real de sus miembros y la elección de nuevos; y recurrido a un grupo externo de expertos en derecho, resolución de conflictos, organización y comunicación. Cinco miembros de la Academia han renunciado formalmente desde la pasada primavera y tres la han abandonado de forma temporal, entre ellos sus dos últimos secretarios, Sara Danius y Peter Englund; mientras que han sido elegidos nuevos académicos el catedrático Mats Malm, el jurista Eric Runesson y la escritora Jila Mossaed. Queda por resolver la situación de Frostenson, que ha rechazado renunciar voluntariamente como le había pedido la institución, lo que ha provocado que se abra una investigación por posible violación de los estatutos de la Academia. Arnault fue condenado el mes pasado a dos años de cárcel por un caso de violación cometido en 2011 contra una mujer y, aunque la sentencia ha sido recurrida, permanece en prisión preventiva por orden del tribunal.
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«La derrota del vencedor»: la versión no contada del final de ETA (Mon, 19 Nov 2018)
Dice Rogelio Alonso (Calatayud, 1970) que la versión oficial de la derrota de ETA esconde varias falsedades. La más importante, que mientras que el brazo armado de la banda (el hacha, para entendernos) sí ha sido derrotado, su brazo político (la serpiente) ha sido engordado por los distintos Gobiernos de España, que han renunciado a la victoria política y que han permitido que aquellos que no condenaron el terrorismo estén hoy en las instituciones. Es una de las tesis centrales de su libro «La derrota del vencedor» (Alianza), que ahora expondrá en la próxima conferencia del Aula de Cultura ABC, moderada por Fernando García de Cortázar, historiador y director de la Fundación Vocento. El evento se celebrará mañana a las 19.30 horas en el Museo ABC de Madrid (Calle Amaniel, 29-31). Se trata, subraya Alonso, de un tema de candente actualidad, sobre todo después de Alsasua. «Es incompatible sacar pecho de una hipotética victoria sobre ETA cuando luego denuncian los efectos de haber renunciado a derrotarla», sostiene. Y no solo se ve ahí. «También en los homenajes a los terroristasque se suceden en el País Vasco y Navarra (...) Y ningún Gobierno, ni este ni el anterior, hacen absolutamente nada por aplicar dos leyes de víctimas que expresamente prohíben los homenajes a los terroristas de ETA», recuerda. Crispación «Cuando dicen que hay que evitar la crispación, en realidad piden que no cuestionemos ni desafiemos la hegemonía política del nacionalismo», espeta. ¿Y por qué se ha producido esta situación? «Se ha aceptado el modelo del final del terrorismo que el PNV quería: un final donde no se deslegitiman los fines nacionalistas. Y los dos grandes partidos nacionales son rehenes de estos partidos. El PP necesitó al PNV para aprobar los presupuestos, y el PSOE gobierna con el apoyo de Bildu y el PNV... Se ha formado un Gobierno gracias a los apoyos de diputados que no condenan el asesinato de ciudadanos españoles», critica. El autor insiste en que ahora se habla mucho de la batalla del relato, una cortina de humo, en su opinión. «Si ETA hubiera sido derrotada, no tendríamos que librar esta batalla. Pero en el País Vasco los partidos constitucionalistas son residuales y los nacionalistas tienen la hegemonía», remata.
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Félix Ovejero: «El nacionalismo español, políticamente, es residual» (Fri, 16 Nov 2018)
A Félix Ovejero (Barcelona, 1957) le molesta que la emoción se haya convertido en argumento, y que las ideas se vean desplazadas en los discursos por las emociones. Dice que más que hacer propuestas concretas, los políticos han descubierto que es más rentable ofrecer posturas. Esa crítica es una de las líneas vertebradoras de su último ensayo, «La deriva reaccionaria de la izquierda» (Página Indómita), donde lamenta que la izquierda de hoy, movida por la necesidad de «pensar a la contra», haya renunciado a su tradición ilustrada y se muestre complaciente con el nacionalismo o la religión. El título de este ensayo ya parece una provocación. Responde a una impresión, que justifica el libro, de que la izquierda ha abandonado algunas de las líneas programáticas con las que se había comprometido constitutivamente. ¿Qué líneas? Las de progreso, de igualdad frente a la retórica de la diferencia, de compromiso con la ciencia y de una visión optimista del proceso de globalización. Y también se ha abandonado la verdadera crítica de ideas, como se deja ver en el trato de la religión, frente a la que se ha adoptado una posición complaciente. Frente a cualquier crítica al islam, que tiene una dimensión totalitaria, se adopta una posición comprensiva en nombre de una retórica de la diferencia y el multiculturalismo. Este libro parte de un compromiso con los principios de la izquierda, con su base ilustrada frente a esa deriva. Es muy llamativo el tema de la religión... Lo que sostengo es que toda religión conlleva una idea acerca de cómo debemos de vivir todos, no solamente cómo tienen que vivir los que cultivan la religión. Cualquier religión tiene una idea del bien que afecta no solo a quien lo practica, sino a los demás. No me parece mal mi aborto, sino que me parece mal cualquier aborto, por ejemplo. Pero eso, que el cristianismo lo había resuelto, mal que bien, diciendo que la religión es un sentimiento privado, en el caso del islamismo, donde hay una vocación pública mucho más cargada, de teocracia, resulta incomprensible que la izquierda se muestre complaciente. ¿Cuándo y cómo se muestra complaciente? Pues ante cualquier crítica aparece la descalificación por «islamofobia». Por supuesto que yo puedo criticar y descalificar creencias que me parecen poco fundamentadas. Y más cuando han servido y sirven como instrumento de opresión a un segmento de la población. A las mujeres en una gran parte de las veces. Es una de las consecuencias, según comenta en el ensayo, de esa necesidad de «pensar a la contra». Del pensamiento reactivo, que es una de las líneas que articulan el libro. Si uno mira a largo plazo descubre que una parte nada despreciable de los objetivos de la izquierda se han realizado políticamente. La democracia tal y como la conocemos, con sufragio universal, es una reivindicación de la izquierda. La sanidad pública, la enseñanza pública, la existencia de los bancos centrales… Entonces, parece que con la realización de este proyecto la izquierda no encuentra elementos con los que renovarse y actúa reactivamente. Piensa a la contra. Y ese pensar a la contra se aplica a cosas que, en mi opinión, habría que darle dos vueltas: la prostitución, la maternidad subrogada, el progreso técnico… Pues no. Parece que uno ya tiene la opinión formada a la contra de lo que diga el otro. El otro gran frente del libro es el nacionalismo y cómo la izquierda es comprensiva con esa ideología que excluye. Es la gran patología, desde luego en el caso de España. Porque supone fundamentar las fronteras políticas en las identidades culturales. La idea de levantar una frontera consiste en decir que el tipo que está al otro lado no tiene los mismos derechos que yo. Y además fundamentan la ciudadanía no en un conjunto de individuos que se comprometen mutuamente a defender derechos ni libertades, sino en una cultura, en una esencia impermeable al tránsito de los siglos. Ese es el pensamiento reaccionario que nace contra la ilustración francesa, que nace en el historicismo alemán y termina, en sus versiones más consecuentes, en el nazismo. ¿Es por eso habla de una «izquierda antiilustrada»? Es que en ese sentido es directamente antiilustrada. Cuando nace la ilustración hace doscientos años aparece en Alemania el historicismo alemán, que dice que esto de fundamentar la vida compartida en las constituciones y los ideales universales de la razón (igualdad, libertad, fraternidad) no tiene sentido. Y dice que tiene que asentarse en la tradición, en las esencias, en lo que comparte el pueblo. Como la lengua. Sí… Y eso que se dice de que compartir una lengua es compartir una mirada del mundo es falso en diversos sentidos. No es así desde los conocimientos que hoy tenemos de lingüística. Y ni siquiera en el caso español la lengua que quiere construir esa nación es mayoritaria en el seno de esas hipotéticas comunidades políticas. ¿Teme que el nacionalismo catalán termine por hacer florecer un nacionalismo también identitario pero español? El nacionalismo español, políticamente, es residual. Hay algunos estudios empíricos que muestran que este es uno de los países con menores indicadores objetivos de nacionalismo. En la población se puede dar, pero no tiene una presencia institucional, pública y articulada. Franco nos vacunó frente a esto, y para bien. Dime un político español de gran nivel de presencia, como Torrá o Jordi Pujol, que haya dicho frases racistas como que los andaluces son tal cosa, o que los otros son esta otra. O que son una raza inferior. Jamás. Ni Franco diría algo parecido. Le cito: «Hoy lo revolucionario es defender la Constitución». Hoy, cuarenta años después. ¿Esto es otra consecuencia de ese «pensar a la contra»? El caso de la Constitución es una de las mayores paradojas que hay por parte de la izquierda. Se habla de una especie de contaminación de origen. Y es cierto: se hizo bajo unas circunstancias históricas innegables en las que el peso de los militares era indiscutible. Pero no hay ninguna constitución que se haya hecho en un vacío histórico. La republicana no la votaron las mujeres, la de Estados Unidos ni las mujeres ni los negros, la alemana la impusieron las provincias aliadas... Volviendo atrás, ¿cuándo nace esta idea de la «izquierda reaccionaria»? Quizás mi sensibilidad esté agudizada. Por estar en Cataluña y por ser un hijo de la «inmigración», reparo pronto en la fascinación nacionalista de la izquierda catalana. En los ochenta ya se veían las señales, aunque tardé en percibirlas. Y ahora eso se ha extendido más allá con las políticas de la identidad y del género, que desprecian el conocimiento científico cuando los resultados les incomodan. La idea misma de «perspectiva de género» supone el abandono del afán de objetividad que ha de tener el conocimiento. ¿Por qué? Si se puede resumir el ideario de la izquierda en una frase, esta sería: «Ninguna desigualdad sin responsabilidad». Es decir, que todo aquello que se deriva de haber nacido en un lado u otro de la frontera, negro o blanco, una clase social u otra… Todo eso no es atribuible a una responsabilidad personal y tampoco puede justificar derechos especiales ni privilegios. Las diferencias en el sexo no pueden justificar privilegios. La aspiración final es un proyecto igualitario. Pero el feminismo es lo que busca: igualdad, nazcas hombre o mujer. El feminismo fue eso durante mucho tiempo. Ahora bien, eso cambia cuando, por ejemplo, se desprecian cosas como el principio de presunción de inocencia, que es una conquista que se discute porque la palabra del varón vale menos que la de la mujer… Eso será una parte del feminismo. El feminismo de la última generación, de la literatura de género, que se llama, tiene un afán anticientífico. Están restringiendo publicaciones académicas porque los resultados de la investigación resultan incómodos. Esto es prohibir resultados empíricos, prohibir la verdad. Eso de rechazar algo porque genera incomodidad también está pasando en la cultura, con el lenguaje. Se rechazan ciertas cosas porque ofenden, no tanto por su contenido. Eso es una de las cosas más estúpidas que pasan, es un despropósito mayor. No hay nada más democrático que el lenguaje. Nadie decide el uso de las palabras. Las palabras son un modo de entendernos rápido, económico y eficaz. Creer que porque modifiquemos las palabras vamos a conjurar realidades… La injusticia está en la realidad, no en la palabra, que simplemente es un modo de entendernos. El mundo no mejora porque yo empiece a decir ciudadanos y ciudadanas, que estáis cansados y cansadas, que habéis sido despreciados y despreciadas… Es insostenible, porque el lenguaje es economía. También se está «revisando» la cultura a toro pasado. De pronto nos ha entrado una moralina retrospectiva. ¿Vamos a revisar «Casablanca» y a borrar el momento en que la gente fuma o en el que el tipo trata de tal manera a la mujer porque ahora nos parece mal? Retrospectivamente no hay nada que se sostenga, absolutamente nada. Usted dice que no hay debate desde el moralismo. El asunto es que hemos desplazado el debate de ideas al debate de mi trato de las ideas, de si yo soy honesto, coherente, íntegro y los otros no. Y con integridad, con honestidad y con coherencia se puede defender un campo de concentración nazi o una comuna hippie. Dígame usted qué propone. Mi compromiso es con la razón. Donde la razón me lleve, que dirían los clásicos.
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Día de las Librerías: una celebración en «tiempos complicados» para el gremio (Fri, 16 Nov 2018)
Hoy es el Día de las Librerías en España, una celebración a la que se han sumado casi 4.000 establecimientos nacionales. Celebran su día su día en «tiempos complicados», aunque con «más estabilidad» que en años anteriores, y con la «preocupación» por el pequeño establecimiento, tal y como ha alertado el presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), Juancho Pons. «Los últimos estudios que hay muestran que las librerías más grandes de ciudades más grandes son las que están mejor y las más pequeñas de ciudades pequeñas, las que lo pasan peor. Por eso le damos muchísima importancia a que es el Día de las Librerías en toda España y sea una cosa bastante nacional», ha señalado en una entrevista con Europa Press el librero. De hecho, Pons cree que si estos pequeños establecimientos «corren peligro» a día de hoy es por el hecho de que «los índices de lectura» en España «todavía siguen siendo bajos». «El índice de lectura habitual aquí es del 50% frente a otros países europeos que llegan al 70%: eso hace que estas librerías lo estén pasando mal», ha lamentado. A esto se le suma el empuje de plataformas como Amazon, cuya competencia se ha criticado desde el sector de los libreros. «La sociedad tiene una falsa percepción de que todo allí es más barato, pero los libros tienen una ley de precios fijos en España y cualquier novedad tiene el mismo precio: hay que quitarnos esa idea de que en determinadas plataformas todo es más barato», ha reclamado Pons. Recuperación de las librerías El total de librerías en España es de 3.967 establecimientos y, a pesar del descenso en 2014, se aprecia una recuperación del 8,7% en los dos últimos años y del 3,7% en el último periodo, según el Mapa de las Librerías elaborado por Cegal. En el año 2016, el dato es de 8,5 librerías independientes por cada 100.000 habitantes. Las librerías y cadenas de librerías se mantienen como los principales canales de ventas de libros. Ambas suman 1.224,81 millones de euros, el 52,8% del total de la facturación, de manera que la venta de libros en librerías prácticamente se mantuvo en 2017, creciendo un 0,2%. Según datos de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), obtenidos del avance del Análisis del Mercado Editorial en España, las librerías independientes y las cadenas de librerías continúan siendo los principales canales de venta de libros. Preguntado sobre la crisis de hace cuatro años, en las que los datos arrojaban el cierre de dos librerías cada día, se ha mostrado «optimista». «Los datos generales de 2017 muestran que ahora se compensan las que se cierran por las que se abren, incluso ligeramente hay más aperturas», ha indicado. «Las cosas dejan de empeorar y empieza a haber pequeñas cosillas buenas, poco a poco se está a empezando a tener más noticias positivas que negativas en los medios. Además, otro año más siguen habiendo muchísimas librerías abiertas, por lo que creemos que hay mucho que celebrar», ha señalado. Las ayudas más recientes convocadas por el Ministerio de Cultura y Deporte para las librerías han aumentado hasta los 321.290 euros, un 168% más que el año pasado. «Este incremento es muy bueno, si bien quizás hay que darle la vuelta. Están destinadas a la informatización, y en pleno siglo XXI casi todos los establecimientos ya tienen eso: lo que nosotros queremos es que estén dirigidas por ejemplo a presentaciones, que un autor de nivel nacional pueda ir a distintas librerías de la geografía española», ha concluido. «Más vida en cada historia» Por octavo año consecutivo, CEGAL organiza esta jornada de carácter festivo en torno a los libros y la lectura, que irá acompañada de una agenda de actividades bajo el lema «Más vida en cada historia». «En esta nueva edición, además de continuar destacando a las librerías como comercios cercanos con una amplia implicación cultural en ciudades y barrios, queremos resaltar la presencia cada vez mayor de los libreros en los espacios virtuales, lo que está facilitando la comunicación con el público lector», ha explicado Pons a Efe. En Madrid, por ejemplo, las librerías abrirán hasta las 22 horas este viernes y harán descuentos del 5 por ciento para celebrar su día grande, ha informado la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). Además, han programado varias actividades para todos los públicos.
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Escribir serenamente el mundo (Fri, 16 Nov 2018)
Ida Vitale es una de las grandes vocaciones poéticas de nuestro idioma. Y también una de las grandes vocaciones vitalistas en un siglo en el que su continente no ha dejado de estar sumido en guerras, revoluciones, democracias interinas, dictadores crepusculares… En ella los años, los 95 años, se pueden contar por pedir plazos a la vida para vivir un poco más, para estirar un poco más esa contemplación serena del mundo en la que siempre ha confiado. Su biografía empieza en Montevideo en 1923, su bibliografía poética en 1949 con «La luz de esta memoria»: relacionar en ella su vida y sus libros no es una circunstancia, es señalar la esencia de alguien que ha creído en el valor en sí mismo de la palabra poética, valor en el sentido órfico, fonético, conceptual. De igual forma que pertenecer a la generación uruguaya del medio siglo ( la llamada del 45) le hizo vivir en una doble dimensión: la filoeuropeísta, la que defendía el modelo de la poesía y la cultura europeas, como ocurría en el vecino Buenos Aires de Borges, Victoria Ocampo o Bioy; y la de intentar crear una voz personal más allá de una época de urgencias reivindicativas y narrativismo. Por eso la poesía urgente de sus primeros libros, su conciencia social nunca está cercana a Benedetti, nunca adquiere del todo un carácter coloquial o popular. Conoció a Juan Ramón y fue estrecha colaboradora de Octavio Paz y eso le cambió el rumbo. México para ella no fue solo un exilio sino una depuración, le ayudó a construir una poética que ha sido extensamente cultivada en toda Hispanoamérica, que fue bendecida por la revista «Vuelta» o por la neoyorquina «Escandalar». La poética del poema breve como un súbito relámpago de conocimiento, como una forma tensionada de lenguaje, como un vuelo de Ícaro hacia otras dimensiones que se sabe terminará convertido en ceniza. Es una poética neobarroca no lejana a Servero Sarduy, Eduardo Milán o Arturo Carrera pero que en Ida Vitale adquiere la dimensión de la poesía solar, optimista, confiada. En ella hay una confianza en el lenguaje aunque se acepte su crisis, una confianza en el mundo aunque se sepa su misterio. Vitale mira el misterio no como un acto mental sino vital, va a él para ponerle palabras, para darle la dimensión humana comprensible, la del lenguaje y su insuficiencia. Qué duda cabe que en toda su poesía está esa sensibilidad femenina de la mujer que engendra realidades y lengua para darlas a luz, porque lo sorprendente en ella es que no ha parado de dar nacimiento a una de las obras que resumen muy bien el carácter de una época. Su viejo cuerpo de gran dama sigue procreando libros en los que el mundo nace en cada verso y la confianza en el mundo es una prueba moral. Tiene ya el cabello tan blanco que es casi transparente, pero el tiempo no ha llenado de arrugas su poesía. La ha vuelto más visible, más clara, más humana, más luminosa. Está empeñada, como Juan Ramón, en evitar la fealdad del mundo.
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Ida Vitale y los misterios (Fri, 16 Nov 2018)
La escritura se despertó en Ida Vitale frente a un poema que no lograba entender: aquellos versos de Gabriela Mistral reflejaban un misterio en el decir —la forma de las palabras, su orden, su música— que ella interpretó igual que un desafío. Con ese feliz atrevimiento escribe Ida Vitale: también contra lo obvio, en un discurso tan exigente con el lenguaje —con la palabra clara, pareciera advertirnos, se alcanza mayor profundidad— como cómplice con quien lee. Una escritura compleja en su andamiaje —brota de la urgencia, crece en la conciencia—, desde luego, pero nunca inaccesible, sino todo lo contrario: sabia al transformar la realidad en un símbolo, y ampliar el significado de aquello que vivimos. Creo que su poesía ensancha el sentido cuando se lee en paralelo a sus otras escrituras: a su faceta como crítica literaria, y a su labor como traductora. Las presenta casi como una conversación: en sus reflexiones sobre la obra ajena se rastrean sus reflexiones sobre la obra propia, y los recursos que cede de su idioma se le devuelven como inspiraciones. La exactitud de Antonio Machado, el rigor de Juan Ramón Jiménez y la sensación de las imágenes de Gaston Bachelard se intuyen —entre otros ecos— en su obra. Los poemas de Ida Vitale se desprenden de aquello que resta al añadirlo, y buscan lo necesario, lo esencial: cada elemento del texto ocupa —a su vez— el centro mismo. Nada sobra, nada falta. Dice lo que hay que decir, sin rodeos, y a la vez enfoca la palabra para desentrañar el misterio del mundo, retratándolo para pensárselo mientras. Aconsejaba en uno de los poemas de «Mella y criba»: «Pero la luz acecha/ aun para lo enterrado./ Insiste en dar con ella». La escritura de Ida Vitale, generosa y visionaria, ilumina aquello que desconocemos, aquello que nos queda cerca. Elena Medel es poeta
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Adelanto editorial: Las memorias inéditas de Ida Vitale en México (Fri, 16 Nov 2018)
Con motivo de la concesión del premio Cervantes a la poeta Ida Vitale, adelantamos un fragmento de su libro todavía inédito «Shakespeare Palace. Memorias de mi vida en México», que Lumen publicará el próximo 23 de noviembre en México y que llegará a España en enero de 2019. Algo previo No pretendo presentar como memorias las páginas que siguen, aunque estén determinadas por la mía. Aquéllas suelen pretender una ejemplaridad, un zumo moral exprimido de los recuerdos que se ofrecen. No es ésa mi intención, si bien todo lector tiene el derecho a utilizar lo que lee tanto como lo que vive para pensar lo suyo. No comienzan con nuestra llegada, ni nuestra partida les puso el punto final, físico y espiritual. Una ciudad, un país, un paisaje, en el más amplio, complejo e impreciso sentido de estas palabras, y seres, lenguaje, afectos, olores, rumores, guardados en un misterioso matraz, a veces matriz, se amalgaman y desprenden imprevistas añoranzas. Una nada casual nostalgia impone su resurgir y echamos mano de nuestras evocaciones, tal cual como hoy las organiza. No es fácil aceptar el riesgo de una escritura sin libertad. Las cosas que ya no pueden mejorar ni empeorar segregan una sustancia poderosa pero secreta, estímulo o freno que nos guía y determina la selección, el orden de lo dicho y aun de lo en otro tiempo sentido, obligándonos a un viaje nunca exento de melancolía, sobre todo en aquellos casos en que evocamos momentos de rara felicidad. Para que la memoria asuma su tarea, un involuntario contrato interior cierra las puertas a la fantasía, y así la libertad, gloria de la escritura, padece más maniatada de lo que se querría. «No es fácil aceptar el riesgo de una escritura sin libertad» Sin embargo, la libertad tiene sus recursos y los usa en la elección de los recuerdos. Sí, la memoria se cree poderosa, pero es la libertad la que en su juego, al fin dominante y arbitrario, elige aceptar o borrar. Ella extrae del pasado, caja de Pandora cuya obstinada cohesión deshace, vientos y reposos, lo insípido, lo memorable, incluso lo que podría olvidarse, lo deleznable, si pese a serlo nos ha dejado alguna enseñanza o, simplemente, alguna vibración. Decía Michaux: Mémoire n’est plus obstacle. Quizás me apoyo en el absurdo intento de que no muera el tiempo ya pasado, de que por un instante, al frotar y limar mi cerebro con otros (Montaigne), suspendamos entre algunos nues­tra eterna caída. Que la gratitud y los afectos no sean inexorables cenizas. Todo comienza antes Antes de que el destino nos pusiera a Enrique [Fierro, su marido] y a mí en México, éste fue una desaforada ilusión adolescente, una burbuja que las líneas de mi mano sostuvieron por unos días hasta que se desbarató. Retrocedo a una época ya casi inasible, al final de los estudios preparatorios (los dos años que seguían a los cuatro de secundaria, previos al ingreso a la universidad): con Alicia —amiga con la que practicamos la constancia, desde la escuela hasta su muerte— mirábamos sin deslumbramientos un futuro de abogadas al que nos conducían los preparatorios de derecho. Habíamos optado por éstos, porque insinuaban, con el engaño de una novela realista que de pronto echara mano de fantasmas, una vaga proximidad con los cursos de humanidades con los que sí soñábamos. La inexistencia de éstos no condecía con el pasado cultural del país y nos dejaba sin un auxilio institucional que suponíamos imprescindible, sin un derecho cuya imposibilidad de cumplirse nos hacía sentir estafadas. El Uruguay había alcanzado un nivel bastante saludable sin esos cursos por cuya falta nos angustiábamos, pero al imaginar la cultura como un crecimiento infinitamente posible, insistíamos en ir en su búsqueda donde fuese. Uno de mis profesores se había formado en la no muy remota ciudad argentina de La Plata, en la que desde hacía muchos años era posible seguir los ansiados estudios. Pero ni el resultado a la vista me convencía ni teníamos noticias de becas para ninguna universidad argentina. Así llegamos a una conclusión que creímos sabia: sólo México podía resolvernos el problema que nos obsesionaba. Empezábamos a leer y admirar autores traducidos en editoriales mexicanas que suplían en parte a las españolas, rehuidas por llegar del dominio franquista. Estas lecturas pudieron ser arcos de un puente que nos pareció de sencilla plata. Una tarde —debía ser en los primeros meses del 43— caminaba con Alicia por el centro de la ciudad, ambas dándole vueltas en la cabeza a nuestro tema, como solíamos. Sin duda hartas de no avanzar en el asunto, allí mismo resolvimos tomar el toro por los cuernos y llamar a la embajada de México y pedir una cita con el agregado cultural. O con el mismísimo embajador. Sin conocer a ninguno de los dos, claro está. La embajada estaba en el Prado, un barrio lleno de hermosas residencias finiseculares con grandes jardines desatendidos; allí había estado la casa de mis abuelos, allí mí tía Ida había plantado árboles raros en el Uruguay. Alejado de las playas que no estaba de moda frecuentar cuando se fue creando, no nos resultaba muy familiar ni era cómodo el traslado hasta él y ya eso nos pareció una aventura que debía dar comienzo a otra. «Empezábamos a leer y admirar autores traducidos en editoriales mexicanas que suplían en parte a las españolas, rehuidas por llegar del dominio franquista» Lamento haber olvidado el nombre —o quizás nunca lo supimos— del funcionario que nos atendió, con paciencia que supongo no exenta de cierta curiosidad. Poco a poco fue atrayendo a tierra el fantástico globo que habíamos construido en nuestra impráctica, disparatada hipótesis, mientras nos sentíamos capaces de riesgos mayores, dignos de Verne. Existían, sí, las becas, becas exiguas, que no incluían el pasaje, algo básico, aunque en nuestra imaginación no había pesado la lejanía de nuestra meta. Tampoco era seguro que fueran suficientes para pagar alojamiento, comida y esos etcéteras que en boca del amable señor fueron alcanzando, de modo clínico e impostergable, aunque de gran gentileza, un peso abrumador como para irnos hundiendo a cada una, sin que nos atreviéramos a mirar la angustia de la otra, en los cómodos sillones en que nos habían sentado. Nunca supimos a qué punto exacto debíamos llegar. Ahora supongo que a Veracruz, en barco, y de allí a la capital, en ferrocarril, tampoco incluido en la beca. Ni siquiera habíamos estudiado en un mapa las distancias, las representaciones de esa realidad inconsistente para nosotras, fuera del espacio sin peso de lo quimérico no puesto a prueba. Quizás no se entienda el tamaño de nuestra frustración porque aún no he dicho que nuestro proyecto había comenzado por lo que supusimos una base seria: un mes atrás —al menos yo— había tramitado mi primer pasaporte. Por mucho tiempo lo guardé, inviolado, hasta el día en que, inexplicablemente, lo perdí. Incluía la mejor fotografía de mi vida, prueba de que el técnico que me la tomó en la policía había entrado, quién sabe cómo, en mi mismo nivel de irrealidad. Porque todos saben que las fotos que en aquel lugar se producen son siempre las menos agraciadas de la colección que, quiérase o no, se va armando en nuestra historia. «Nunca supimos a qué punto exacto debíamos llegar. Ahora supongo que a Veracruz, en barco, y de allí a la capital, en ferrocarril, tampoco incluido en la beca» Esta que voy a recordar es una historia ya antigua, aunque no tanto como la anterior, la que no llegó a ser. Alguna vez, en ocasión de una lectura-homenaje o un acercamiento, que también lo era, a Jaime Sabines, en el que se me ofreció participar —y yo acepté con alegría—, estuve tentada de hablarle de Rosario Castellanos, de esa Chayito que él quiso bien. Y no lo hice, por inveterado temor de parecer buscadora de cercanías. Por los años sesenta leí Balún Canán, recién llegado a librerías de Montevideo. No conocía a su autora, como tampoco conocía mucho de la literatura mexicana de ese momento, pero escribí con entusiasmo en la página literaria de un diario, donde a veces colaboraba sobre aquella novela que me abría un mundo distinto. Alguien, sin duda desde su embajada en Montevideo, le hizo llegar mi nota. Sabría después por ella que eso coincidió con un momento desdichado de su vida (una operación y, según entendería mejor más adelante, el final de su matrimonio). El estímulo de la lectura de una lejana desconocida la alcanzaba con precisión inesperada. Un tiempo después una carta me anunció su llegada desde Chile, de paso para México. Pudimos estar juntas unas horas. En ese momento, un viaje a México me seguía pareciendo tan imposible como después del sensato desahucio sufrido en la adolescencia, aunque Rosario hablase de esa eventualidad como algo normal. Pero llegaron los militares y México, ilusa idea de un pasado remoto, ya detrás de la línea de sombra, reapareció gracias a Julio Zamora Bátiz, su embajador ejemplar, que habiendo asistido, en un ciclo de homenaje a México, a una conferencia de Enrique sobre Nezahualcóyotl, espontáneamente averiguó cosas, ató cabos y resolvió ofrecerle una escapatoria en forma de beca. Quince días antes de nuestra partida, estando yo en casa de Alicia y sin saber que Rosario había sido nombrada embajadora en Israel, el informativo que mi amiga jamás dejaba de escuchar nos dio la noticia de la absurda muerte de la escritora, al intentar encender una lámpara. Estaba acostumbrada a ciertas manifestaciones del destino que prefería registrar sólo cuando me eran favorables, sin serlo muchas veces, pero aquélla me pareció mucho más terrible de lo que demostré. Pensé que nuestro viaje comenzaba por un signo inclemente: en el país al que nos dirigíamos sólo conocía a poquísimas personas y una de ellas acababa de desaparecer. Esa pena que me quedó, tan sorpresiva, fue lo que no le conté a Sabines. No sé si en esta lista de lazos con México debo citar un tenso rato en el aeropuerto, en 1964, cuando pretendí visitarlo por primera vez, como breve turista al regresar de Cuba, donde había sido jurado de un concurso literario, pretendí visitarlo por primera vez, como breve turista. Me encerraron en una sala hasta que, después de un tiempo, sin duda calculado para ponerme en un estado de perturbación propicio al descubrimiento de mis proyectos atentatorios contra la seguridad del país, apareció por allí un fotógrafo, éste sí nervioso, que pretendía tomar disimulado registro de mi paso. Durante un largo rato, indignada por la absurda demora, me entretuve en impedírselo, abrumando mi cara entre las manos o dándole la espalda, pero luego de tanto jugar al gato y al ratón, tomándome ilusamente por el gato, al fin lo dejé hacer, dado que, aunque a lo mudo, ésa parecía ser condición esencial para que yo visitara Teotihuacan, reconociéndole al fotógrafo, por otra parte, su condición de tristísimo y bien amaestrado ratón. Pero ésa es una historia ya muy antigua, para ambas partes, al fin, pese a todo, fui aceptada.
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Isabel Allende, primera escritora en español en recibir la medalla de honor del National Book Award (Thu, 15 Nov 2018)
La escritora chilena, Isabel Allende , se ha convertido en la primera escritora en lengua española en recibir la medalla de honor del National Book Award (premio Nacional de Literatura de EE.UU.), por su contribución al mundo de las letras estadounidenses. «Ella es el primer autor en español en recibir por primera vez este premio y el segundo no nacido en EE.UU.», aseguró el escritor mexicano Luis Alberto Urrea, encargado de entregar el premio, durante una ceremonia celebrada en Nueva York. En un discurso emotivo, Allende, que subrayó su situación de extranjera a lo largo de toda su vida, calificó de un «honor no esperado» el galardón y agregó que lo aceptaba «con humildad, en nombre de millones de personas como yo que han venido a este país buscando una nueva vida». «Ser una desenraizada crónica me ha dado algunas ventajas. La mayoría de mis escritos vienen de la nostalgia, la pérdida y la separación, de mi deseo incurable de pertenecer a un lugar. Parezco chilena y sueño, cocino, hago el amor y escribo en español», dijo la escritora, que ha vendido más de 70 millones de copias de sus novelas. En su discurso tras recibir el galardón anoche, Allende también advirtió contra los nacionalismos, el racismo, la crueldad y el fanatismo en «un tiempo en el que los valores y principios sostienen nuestra civilización están siendo asediados». «Vivimos tiempos oscuros, amigos, tiempos de guerra en muchos lugares y una guerra potencial en todas partes», dijo la escritora, que lleva viviendo 30 años en Estados Unidos y que se identificó con la «diáspora» de la gente en todo el mundo que busca una nueva vida. Allende, nacida en Perú y que también vivió 13 años en Venezuela tras el golpe de estado en Chile de 1973, tuvo tiempo para reflexionar sobre la importancia de la literatura como un instrumento para no olvidar tragedias humanas y, en su caso, para dibujar «la vida de otra gente, especialmente de las fuertes y apasionadas mujeres que conozco en todas partes». «Es un premio extraordinario, significa que, a lo mejor, después de todo no soy extranjera, que a lo mejor es tiempo de echar raíces y relajarme, que he encontrado un sitio al que puede que pertenezca pertenezco, que a lo mejor no me voy a ningún otro sitio nunca más», añadió. Durante la ceremonia, el libro «The Friend» de Sigred Nunez recibió el premio nacional de novela de ficción y «The New Negro: The Life of Alain Locke», de Jeffrey C. Stewart, se impuso en la categoría de no ficción. El premio al mejor poemario recayó en Jostin Phillip Reed por su libro «Indecency».
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Ida Vitale: «El Cervantes es un premio a la ancianidad, pero no da la inmunidad» (Thu, 15 Nov 2018)
A sus 95 años, recién cumplidos, por cierto, quién le iba a decir a Ida Vitale (Montevideo, 1923) que este 2018 iba a venir cargado de emociones, y premios. Si hace un par de meses celebrábamos juntas, con una conversación en estas páginas, la concesión del premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances, ayer mismo la uruguaya descolgaba el teléfono de su nuevo apartamento en su ciudad natal –a finales de verano, se mudó, dejando media vida, entre amigos y libros, en Austin– emocionada, esta vez, por las noticias que llegaban de España: había ganado el Cervantes «por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía hodierna en español», y por ser «un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español». Es la quinta mujer en lograrlo, desde que el galardón se creara, allá por 1976, y rompe, por sexta vez, esa regla no escrita de la alternancia anual entre autores españoles e hispanoamericanos. Todos motivos para el alboroto, aunque ella prefiere verlo, y tomárselo, con perspectiva, esa que sólo te da la edad, y la sabiduría. ¿Cómo está? Estoy enloquecida, porque en un rato tengo que salir para una cosa que ya estaba prevista en una ciudad de acá. ¿Recuerda que cuando estuvimos hablando me dijo que el Cervantes ni mentarlo, que era para prosistas? Sí, me acuerdo… Bueno, sí, es que España anda muy alborotada. ¿Y usted, anda también alborotada? Bueno, este premio fue más discreto, porque me llamaron como a las nueve y media. Recuerdo que antes hubo uno (en 2015 recibió el Reina Sofía de Poesía) que me llamaron como a las seis de la mañana. Realmente, sí, es increíble. Creo que es un premio a la ancianidad. Es la quinta mujer que recibe el Cervantes en cuarenta y dos años… Eso no dice nada bueno del premio Cervantes. Ha estado equivocado (ríe). Que se lo hayan dado a usted, ya es un paso en la buena dirección… Pero yo no me atrevo a representar a todas las españolas, y no españolas, que debieron haberlo recibido. Es complicado eso de tener que asumir la representación de todas las mujeres. Habrá más de una que esté pensando que le correspondía a ella, y yo pienso lo mismo, de pronto. Además, ha roto la alternancia entre España y Latinoamérica: el año pasado lo ganó Sergio Ramírez, nicaragüense, y este año usted, uruguaya. Ah, bueno, no quiero arrostrar las furias españolas, entonces (ríe). Por lo menos, además, le ha tocado a un poeta, más o menos poeta. Porque este más bien se supone que es un premio para la prosa, ¿no? Que tiene tantos y tan buenos representantes en este momento. En este caso, es un reconocimiento a la poesía, que tanta falta nos hace. Por lo visto. Lo agradezco mucho. Ya terminaré de poner en mi lista de agradecimientos a una larga lista de españoles que me van a llamar, ya sé. Por suerte, tengo muchos amigos en España todavía. Usted se enteró muy rápido, espero que los demás vayan más lentos. Lo gracioso es que yo me voy a ir de acá antes de las dos de la tarde, y van a creer que no quiero atender, pero voy a estar en un auto, viajando. Entonces, me alegro doblemente de que haya cogido el teléfono. Piense que es considerado el Nobel de la literatura en español. Sí, sí, todos lo dicen, por eso lo borré de todo pensamiento distraído que podía tener. La verdad es que esto es una locura… Nada, nada. ¿Cómo se recibe a los 95 años y con una trayectoria como la suya? Bueno, no sé. Es que la trayectoria parece ser siempre algo externo. Yo la verdad es que nunca me sentí muy cercana de los premios. Bueno, en general, creo que los poetas no viven pensando en los premios. Quizás hay más costumbre para la novela, con todos mis respetos, que me parece muy importante. Yo soy una gran lectora, quizá más lectora de novela que de poesía. ¿Y cómo llegó la poesía a su vida? La «poesía», más o menos entre comillas, llega de muchas maneras. Cantar es una de ellas. Y en eso, cuando yo era chica, no andábamos tan mal, porque teníamos un profesor de música recién llegado de Europa, supongo que de alguna guerra o en previsión de alguna otra. Cantábamos Schubert, Beethoven, pero con letras de algún poeta uruguayo más o menos adaptadas. Hasta que dio con aquel poema de Gabriela Mistral… Sí, uno está acostumbrado a oír las cosas de una manera determinada, y cuando llega la distinta, pues llama la atención. Fue, también, una gran profesora… Con lo importante que es la educación en la actual sociedad, ¿verdad? Bueno, sí, claro, el pobre papel que nos queda, eh. Hace un tiempo vi, con gran escándalo, que en España, en un lugar concreto, los maestros eran atacados por padres, que no estaban de acuerdo con el trato a los hijos o que no les gustaban las notas. Eso es una cosa horrible, atacar a un maestro que enseñe bien y que se dedique a los alumnos… Cuando yo iba a la escuela, era inconcebible. El maestro y el padre estaban aliados a favor del niño. ¿Qué pasa ahora? Los niños se han insubordinado, y ya ni los padres les manejan, el espíritu de colaboración se ha disuelto. ¿Se sigue considerando maestra? Sí, sí, claro, siempre es mejor eso que considerarme simplemente cocinera de mi casa (ríe). Es que es un gremio al que le debo mucho. También desempeñó un gran papel en el periodismo cultural de su país. La verdad sea dicha: una de las cosas que hay que reivindicar en Uruguay es que la mujer hace mucho que tiene un papel importante en la vida ciudadana. Su memoria es prodigiosa, se acuerda de cosas como si hubieran sido ayer. Bueno, generalmente uno se acuerda de las cosas que pasaron hace mucho con más claridad que de dónde dejó los lentes o las llaves hace un minuto. Eso es normal. Donde la memoria incluye muchos nombres propios, verá que mi memoria no es tan impecable. Me desespero por recordar el nombre de un autor o de un músico, lo que sea, y me falla. Eso está estudiado: la catástrofe empieza por los nombres propios. Pero pasa, pasa, todo tiene que pasar, ¿no? ¿Recuerda con qué libro llegó su abuelo a Montevideo desde Italia? Sí, sí (ríe). Se hablaba de un velero, que tardó tres meses en llegar, porque con viento en contra retrocedía. Viajó con un libro sólo: la «Ilíada», en griego y en latín. Fue lo primero que me encontré en el sótano, que era una parte de la casa muy importante para mí. Me encantaba ese sótano, que tenía una ventanilla al nivel del jardín. Era bonito. Era un sótano bastante agradable y ponían cosas en desuso, una maquinita de moler café, por ejemplo. Era una fuente de tesoros… Como un rincón prohibido… No era prohibido, nunca sentí que me vigilaran. Me vigilaban mucho más en la azotea, donde estaba el cuarto de la empleada; ahí no se cumplían las leyes, yo estaba en contacto con el tango, esa vulgaridad (ríe). Descubrí el lenguaje de esa música, que me llamó mucho la atención: «Me amuraste en lo mejor de mi vida». ¿Qué será «amurar»? Debe tener que ver con colgarse de la pared (ríe). ¿Ya ha logrado asentarse, más o menos, en Montevideo? Todavía tengo un cuarto patas para arriba, lleno de cajas y de libros. La vida está complicada y esto me lo va a complicar un poquito más todavía. Pero va a venir a España a recoger el premio, ¿verdad? Sí, sí, se supone, si estoy viva… Nunca se sabe lo que va a pasar mañana. Pues claro que lo estará. Bueno, no, el premio no da la inmunidad (ríe). Pero da fuerzas para seguir viviendo, y para seguir escribiendo. Sí, en eso estoy, en el no hacerlo. Ahora tengo ganas de echar la capa en el suelo y quedarme dormida, que dicen ustedes. Nunca me imaginé que los 95 me iban a llegar tan cargados. Piense que, además, un premio siempre ayuda a llegar a más lectores. Ah, bueno, sí, a los lectores sí. Pero no creo que facilite mucho la tarea del que tiene que terminar el libro. Para terminar, no quiero colgar sin preguntarle por la importancia que tiene el premio Cervantes para el español, esa lengua que tanto nos une. Sí, supongo que eso es lo primero que uno tiene que pensar, que lo que viene ganando es la lengua, y la poesía.
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El Cervantes rompe por sexta vez la ley de premiar un año alternando España con América (Thu, 15 Nov 2018)
El premio Cervantes, que acaba de ganar la poeta uruguaya Ida Vitale, es el máximo galardón de las letras hispanas. Además de las bases, conocidas, hay una ley no escrita que «obliga» a que el premio recaiga un año en autor español y otro en escritor hispanoamericano, alternando así los premios en las áreas fundamentales del idioma. Pero los escritores corrigen y reescriben y tal vez también los jurados. Pero esa ley no escrita se ha roto este año. Después del nicaragüense Sergio Ramírez, premiado en 2017 -y presente en el jurado de este año- «tocaba» autor español. Sin embargo, el Cervantes ha volado a Uruguay, también territorio de La Mancha de un idioma universal en el que cada vez los españoles estamos en más manifiesta minoría. Era la sexta vez. El recuento se abre y cierra con escritores de Montevideo. La ley no escrita empezó a resquebrajarse en 1980, cuando recayó en el también uruguayo Juan Carlos Onetti -aunque para más señas vivía en una cama de la calle Avenida de América madrileña, en la que también escribía- y en 1981 el premio fue para Octavio Paz, el gran Nobel de Literatura mexicano. En 1982 la cosa quiso tal vez compensarse y se premió al granadino Luis Rosales y en 1983 al gaditano Rafael Alberti. Andalucía esos años ganó por goleada. Se recupera la tradición por un par de años y se vuelve a romper en 1985, cuando ganó el novelista gallego Gonzalo Torrente-Ballester, y 1986, en el que el Cervantes recayó en el dramaturgo caracense Antonio Buero Vallejo. La tradición se retoma hasta 1989 y 1990, cuando son dos hispanoamericanos los ganadores, el paraguayo Arturo Roa Bastos y el argentino Adolfo Bioy Casares. Desde entonces, los jurados del Cervantes se impusieron más disciplina y en 28 años, hasta este 2018 solamente había ocurrido una vez más que se rompiera la alternancia. Fue en 1995 y 1996, fechas de cambio político en España, por cierto, cuando se repitió autor español. Lo ganaron, respectivamente, Camilo José Cela, que ya era Nobel y no tenía el Cervantes para vergüenza patria, y al año siguiente José García Nieto, también poeta exponente del neogarcilasismo. Y desde entonces, veintidós años se ha cumplido la ley no escrita hasta este 2018, en el que se compensó la última y se empata en tres rupturas de la «ley no escrita» para cada lado del Atlántico. Los escritores corrigen y reescriben y tal vez también los jurados. España aporta apenas ya el 10% de los hablantes de la lengua de Cervantes, así que hay motivos para argumentar que esta ley, en honor de una lengua cuya grandeza está en su globalidad, pueda ser interpretada por los jurados. En un lugar de La Mancha que da, prácticamente, la vuelta al mundo.
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Este es el poema de Ida Vitale que ha leído el ministro de Cultura (Thu, 15 Nov 2018)
La poeta Ida Vitale ha ganado el Premio Cervantes 2018, según el fallo del jurado hecho público hoy por el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao. En el anuncio del fallo, el ministro de Cultura, que le ha echado misterio, ha querido leer un poema de la ganadora antes de proclamar de quién era. El poema elegido es uno de los más conocidos de la autora. «Gotas» ¿Se hieren y se funden? Acaban de dejar de ser la lluvia. Traviesas en recreo, gatitos de un reino transparente, corren libres por vidrios y barandas, umbrales de su limbo, se siguen, se persiguen, quizá van, de soledad a bodas, a fundirse y amarse. Trasueñan otra muerte. Vitale es la quinta mujer en obtener el Premio Cervantes, en sus más de 40 años de historia. Solo otras cuatro veces ha sido reconocida una escritora: las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y la mexicana Elena Poniatowska (2013). Es una de las pocas ocasiones en las que no se ha cumplido la ley no escrita que reparte alternativamente el Cervantes entre Latinoamérica y España, ya que el año pasado lo ganó el nicaragüense Sergio Ramírez. Entre los candidatos a este prestigioso premio también figuraban autores como Enrique Vila Matas, Luis Goytisolo, Javier Marías o María Victoria Atencia. Y de estrambote por llegar hasta aquí, os vamos a dejar con otros dos poemas de la uruguaya: Cuadro Construimos el orden de la mesa, el follaje de la ilusión, un festín de luces y sombras, la apariencia del viaje en la inmovilidad. Tensamos un blanco campo para que en él esplendan las reverberaciones del pensamiento en torno del icono naciente. Luego soltamos nuestros perros, azuzamos la cacería, la imagen serenísima, virtual, cae desgarrada. --- Penitencia ¿Mirar atrás será pasar a ser de sal precaria estatua, un perecer petrificado preso en sí mismo, parte del roto encanto de un paisaje cuya música no logro más oír? ¿Debo matar lo que miré, el mito que minuciosa pliego y despliego, grava para mi paso solo? ¿Ciega borrar lugares, playas, vientos, el tiempo? Sobre todas las cosas, anular horas que se han vuelto inútiles como lluvia que cae sobre el mar implacable, como mis propios pasos si no son penitencia.
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La poeta Ida Vitale gana el premio Cervantes (Thu, 15 Nov 2018)
La poeta Ida Vitale (Montevideo, Uruguay, 1923) ha sido galardonada con el premio Cervantes 2018, considerado el Nobel de literatura en español y que está dotado con 125.000 euros. Con Vitale se rompe, por sexta vez, la tradición de alternar el galardón a un lado y otro del charco, pues el año pasado el Cervantes recayó en el nicaragüense Sergio Ramírez. Vitale es la quinta mujer en recibir el premio, después de María Zambrano en 1988, Dulce María Loynaz en 1992, Ana María Matute en 2010 y Elena Poniatowska en 2013. El ministro de Cultura, José Guirao, ha sido el encargado de dar a conocer el nombre de la ganadora, en una rueda de prensa que se ha celebrado en la sede del Ministerio, en Madrid. Antes de anunciarlo, Guirao ha leído uno de los poemas de Vitale, titulado «Gotas»: «¿Se hieren y se funden? Acaban de dejar de ser la lluvia. Traviesas en recreo, gatitos de un reino transparente, corren libres por vidrios y barandas, umbrales de su limbo, se siguen, se persiguen, quizá van, de soledad a bodas, a fundirse y amarse. Trasueñan otra muerte». El jurado le ha otorgado el premio a Vitale «por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía hodierna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español». Nacida en Montevideo el 2 de noviembre de 1923, Vitale es una de las grandes poetas de la lengua española. A los versos ha dedicado su vida, aunque a lo largo de los años haya ejercido de periodista, traductora y crítica literaria. Había que comer, y la poesía, ya saben, perras da pocas. Integrante de la llamada Generación del 45, estudió humanidades y fue profesora hasta 1974, cuando la dictadura militar hizo que se exiliara en México durante diez años. Memoria Desde su primer libro, «La luz de esta memoria» (1949), su obra se destacó por el rigor formal, una límpida dicción y un refinado sentido del idioma. Empujada por la dictadura, se exilió a México en 1974 y, tras conocer a Octavio Paz, éste la integró en el comité asesor de la revista «Vuelta». Además, participó en la fundación del semanario «Uno más Uno» y continuó dedicada a la enseñanza, impartiendo además un seminario en el Colegio de México. Amplió sus perspectivas cultivando el ensayo y la crítica literaria. Vitale también ha tenido un importante papel como traductora, particularmente de autores franceses e italianos, como Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello. También ha dado conferencias y lecturas, y participado en jurados, además de colaborar en numerosos diarios y de dirigir la página cultural del semanario «Jaque» en 1984. Su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista y la cristalización conceptual en su perfil más preciso. Entre sus numerosas obras destacan, además de «La luz de esta memoria», «Procura de lo imposible», «Léxico de afinidades», «Sueños de la constancia» y «Cada uno en su noche». Este año había sido reconocida ya con el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, al que ahora se suma el Cervantes. Además, destacan en su celebrada trayectoria el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el García Lorca, el Octavio Paz, el Alfonso Reyes y el Max Jacob. El 23 de abril de 2019, día en que se conmemora la muerte de Cervantes, Vitale recibirá este galardón durante una ceremonia que tiene lugar en Alcalá de Henares y que está presidida por los Reyes Don Felipe y Doña Letizia. En esta edición, el jurado ha estado presidido por la escritora y académica de la RAE, Carme Riera, y ha contado con la presencia, entre otros, del ganador del año pasado, el escritor Sergio Ramírez, así como de Eduardo Mendoza, ganador en 2016. El palmarés de los últimos años se completa con los nombres de Fernando del Paso (2015), que falleció ayer, Juan Goytisolo (2014), Elena Poniatowska (2013), José Manuel Caballero Bonald (2012) y Nicanor Parra (2011), entre otros
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Cenizas, espías y anarquistas en la explosión que fundió la plata (Thu, 15 Nov 2018)
En la noche del 18 de agosto de 1947, la explosión de un polvorín de la Armada, en Cádiz, arrasó varios barrios enteros y mató a doscientas personas. Dicen los que aún recuerdan la tragedia que el estruendo se oyó en Sevilla, y que la nube del hongo se vio en Portugal. Pero, a pesar del ruido generado, las causas del horror y la posible implicación anarquista fueron silenciadas por el Gobierno, deseoso de echar tierra sobre el socavón y evitar responder a la pregunta de qué hacían minas de la Primera Guerra Mundial y otros explosivos hacinados tan cerca de la población. La escritora Almudena de Arteaga vivió literalmente encima del misterio durante tres años. Esposa de un marino, la novelista estuvo residiendo en el recinto militar de Cádiz afectado y no tardó mucho en escarbar sobre los enigmas de la explosión. Este miércoles, presentó en el Salón de Actos del Cuartel General de la Armada su novela «Cenizas de plata y sangre» (La Esfera de los Libros), que mezcla su investigación histórica con una trama ficticia de espionaje y amor en tiempos de la posguerra. «Entonces no había los medios actuales. Fue una hecatombe, con la ciudad sin luz ni agua durante días», explica De Arteaga a ABC. La novelista aúna ficción con los frutos de una minuciosa investigación que le llevó tras la pista de un anarquista y de una espía, una suerte de «Mata Hari del sur», que pudieron haber detonado el polvorín. La agente doble se llama Ingrid en la novela, pero tiene su inspiración histórica en Larissa Swirski, la mujer que usó Ian Fleming como la fruta prohibida de 007 en «Casino Royale». De Arteaga llegó hasta Larissa siguiendo el hilo a un documento del archivo del general Varela. Dos meses después del suceso, este militar recibió una extraña carta: «Si usted cree que la catástrofe ocurrida fue un acto de sabotaje, creo que podría contarle una historia interesante». La carta, firmada por «A. Reque», apuntaba la posibilidad de que la espía hubiera saboteado «con el auxilio rojo» el almacén. «Esto me dio pie a meter en la novela a una mujer muy inteligente que se autodenominaba “la Reina de Corazones”, que hablaba seis idiomas, y estaba casada con un marino español», señala la novelista. Otro de los personajes principales de «Cenizas de plata y sangre», el anarquista Frías, también se mueve entre la realidad y la ficción. «Agradeceré siempre a la hemeroteca del ABC el haber encontrado una noticia sobre el arresto de un anarquista apellidado Frías. Los servicios secretos mencionaban a este misterioso hombre viajando a Ceuta desde Francia en esas fechas», asegura De Arteaga. El sabotaje era un método recurrente por parte de opositores al franquismo, que habían intentado atentar cerca de Cataluña poco antes de lo ocurrido en Cádiz y que sí lo lograron en un polvorín de Alcalá de Henares, causando cinco muertos, un mes después. No obstante, las autoridades responsabilizaron de la catástrofe únicamente al mal estado de conservación del almacén. Un incendio en los años 60 en el archivo de San Fernando quemó la mayoría de los documentos al respecto e impide hoy plantear nuevas hipótesis. De Arteaga, en cualquier caso, coincide en sus conclusiones con el informe oficial: «Es cierto que las minas estaban en mal estado y había un proyecto de traslado. Lo cual no quita que alguien ayudara a que explotaran».
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Fernando del Paso, el James Joyce de las letras hispanas (Thu, 15 Nov 2018)
Quiso la casualidad, que casi siempre es causalidad, que un día antes de que se fallara el premio Cervantes de este año (cuando lean estas líneas, es posible que ya tengamos ganador/a), falleciera, al otro lado de ese charco que nos hermana tanto como la lengua, Fernando del Paso, uno de los más ilustres merecedores del bien llamado Nobel de las Letras hispanas. Desde hacía meses, su estado era delicado, tras haber sufrido varios infartos cerebrales que afectaron a su capacidad de habla y a su motricidad, y su muerte fue ayer confirmada por su hija Paulina del Paso, en el hospital de Guadalajara (México) donde estaba ingresado. El mexicano ganó el Cervantes en 2015 «por su aportación al desarrollo de la novela, aunando tradición y modernidad, como hizo Cervantes en su momento». El ilustre caballero andante que fue este dandi del lenguaje cabalgó por la literatura en español con la lanza de sus palabras en el ristre, regalando una obra arriesgada, siempre fiel a la Historia de su México, en los últimos años más querido que lindo. La noticia del galardón la recibió, entonces, en la cama. Y a todos nos dejó con la boca abierta, como cada vez que abríamos cualquiera de sus libros. Don Fernando, como Don Quijote, fue un personaje literario, capaz de habitar este mundo creando otro para los demás. Dandi de las letras Nació en Ciudad de México en 1935 y, al entrar en el bachillerato, se decantó por la rama de ciencias biológicas, esa que, dicen los necios, casa mal con la literatura. Más tarde, estudió en la facultad de Economía de la UNAM. Pese a la advertencia que le hicieron sus padres («¿Escritor? ¡Te vas a morir de hambre!»), los números no le sedujeron, y comenzó a escribir. Mucho y de todo. Tanto que, con apenas 30 años publicó su primera novela, «José Trigo». Una década después llegó «Palinuro de México» (su favorita) y a finales de los 80 brindó esa obra maestra que es «Noticias del Imperio», un alarde narrativo donde lo de menos es la Emperatriz Carlota y su amorío por Maximiliano. No sería odioso compararlo con James Joyce, barriendo un poco para las letras hispanas. Lean y juzguen. Y, si les quedan fuerzas, pónganse con su cuarta novela, «Linda 67». No contento con ese tridente novelesco, del Paso además cultivó el ensayo, la poesía («Sonetos del amor y de lo diario»), el relato («Cuentos dispersos») y hasta tuvo tiempo de escribir una obra de teatro en verso sobre Lorca («La muerte se va a Granada») y dos pequeños libros, también en verso, para niños («De la A a la Z por un poeta» y «Paleta de diez colores»). Todo eso mientras viajaba por el mundo, sin perder de vista su patria, donde siempre regresaba. Asistió dos años al famoso programa de escritura creativa de la Universidad de Iowa (EE.UU.), vivió catorce años en Londres, donde colaboró con la BBC (¿no había mencionado que también ejerció el periodismo cultural?), y casi una década pasó en París, ejerciendo, primero, como consejero cultural y, después, como cónsul general de México. En su currículum no figuraba ningún máster, ni falta que le hacía; hasta trabajó en varias agencias de publicidad y fue un más que digno dibujante y pintor, que expuso en Londres, Madrid, París y EE.UU. Porque no sólo de literatura vivía su arte, aunque casi todos los que de él se acordaron ayer fueron escritores, y compatriotas. Elena Poniatowska le describió como «un hombre lleno de luces» en cuya literatura volcaba una «cascada de palabras», explicó a Efe. En Twitter, Emiliano Monge dijo que «hirvió, destiló y condensó nuestro barroquismo, hasta volverlo traslúcido», y Juan Pablo Villalobos se deshizo en elogios: «Genio absoluto, estridente y brillante. A sus pies, maestro». A su paso por Madrid para recoger el Cervantes, Del Paso dijo que le gustaría ser recordado por su «respeto a las letras». Hoy son esas letras las que le rinden respeto, con la esperanza de que, vaya donde vaya, siga escribiendo. Maestro de las palabras Por Sergio Ramírez, premio Cervantes 2017 Fernando del Paso fue una de las grandes voces de la lengua. Su obra es una obra perdurable, construida a través de novelas que, cada una en su momento, fue trascendental. Desde «José Trigo» a «Palinuro de México» o «Noticias del Imperio»... Son tres eslabones muy importantes en su obra, sobre todo porque él siempre, a pesar de que todos sus temas estaban relacionados con historias de México, supo ir al fondo de las palabras para dejar plasmada una experimentación verbal muy aventurada, pero muy certera. Fue dueño siempre del uso de las palabras con una gran maestría, y eso se consuma en «Noticias del Imperio», que es también un alarde estructural, no sólo verbal, y un libro que enseña como pocos la historia de México. Cuando, hace algún tiempo, la revista «Nexos» hizo una encuesta sobre los libros más importantes publicados en México en los últimos veinte años del siglo XX, «Noticias del Imperio» estuvo a la cabeza en todas las rondas de preguntas. Esto puede dar una idea de lo que significó Fernando del Paso como novelista, y esta gran culminación de su obra que fue «Noticias del Imperio». Como sucede cada vez que un gran novelista muere, se interrumpe una obra, se interrumpe una percepción del mundo, pero la obra de Fernando del Paso es muy completa, ya trascendental, y va a perdurar mucho. En América Latina, a los escritores nos toca cargar con esta cruz de los países, y siempre estamos muy pendientes de la realidad presente, que de alguna manera va a dar en las novelas, como en el caso de Fernando del Paso. En su obra fue una preocupación constante, como lo fue en su vida. Como escritor y como hombre, le desvelaba el hecho de los crímenes que se quedan impunes, como los de Ayotzinapa, y de eso está lleno América Latina. Es muy difícil que un escritor tenga una actitud ajena a estos acontecimientos, y él ha sido un ejemplo de esto.
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El escritor Fernando del Paso muere a los 83 años (Wed, 14 Nov 2018)
El escritor mexicano Fernando del Paso, que ganó el premio Cervantes en 2015 «por su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad», ha fallecido en la ciudad de Guadalajara (México) a los 83 años un día antes de que se falle el Nobel de las letras hispanas, confirmaron sus familiares. Según ha asegurado a Efe la Universidad de Guadalajara, que se puso en contacto con el hijo del escritor, el autor murió en un hospital de la capital del estado de Jalisco a las 09.06, hora local. Del Paso, uno de los novelistas mexicanos más originales, nació en Ciudad de México en 1935. Estudió el bachillerato de ciencias biológicas y económicas y acudió dos años a la facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su primera novela, «José Trigo», fue publicada en 1966, año en el que obtuvo el premio Xavier Villaurrutia. En 1976 apareció «Palinuro de México», que recibió el premio de Novela México a la mejor novela inédita y, posteriormente, el premio Internacional Rómulo Gallegos (1982) y el premio a la Mejor Novela Publicada en Francia (1985). Su tercera novela, «Noticias del Imperio», fue publicada en 1986. De estas dos últimas obras existen traducciones al inglés, francés, portugués, alemán, holandés y chino. En 1995 publicó su cuarta novela, «Linda 67», en 1998 «La muerte se va a Granada», obra de teatro en verso sobre Federico García Lorca, y en 1999 «Cuentos dispersos». Publicidad, periodismo, arte Del Paso escribió, también, ensayo y poesía, además de una serie de sonetos bajo el título «Sonetos del amor y de lo diario» y hasta llegó a publicar dos pequeños libros en verso para niños: «De la A a la Z por un poeta» y «Paleta de diez colores». Más allá de su intensa trayectoria literaria, trabajó en diversas agencias de publicidad y desarrolló una gran labor como periodista cultural. Vivió dos años en Estados Unidos, donde asistió al International Writing Program de la Universidad de Iowa, catorce en Londres, como colaborador de la BBC, y ocho en París, donde trabajó como consejero cultural y después como cónsul general de México. Como dibujante y pintor presentó sus obras en Londres, Madrid, París y varias ciudades de Estados Unidos. En 1991 logró el Nacional de Letras y Artes mexicano, en 1998 fue nombrado miembro honorario de The American Association of Teachers of Spanish and Portuguese y en 2015 fue galardonado con el Cervantes por una obra cuyas novelas, «llenas de riesgos, recrean episodios fundamentales de la historia de México, haciéndolos fundamentales».
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Darío Jaramillo gana el premio de poesía Federico García Lorca (Wed, 14 Nov 2018)
El poeta colombiano Darío Jaramillo (Santa Rosa de Osos, Antioquia, 1947) ha obtenido por mayoría el premio internacional de poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca en su decimoquinta edición. El alcalde de Granada, Francisco Cuenca, ha hecho público el fallo del jurado, que ha destacado que Jaramillo sea un relevante poeta «del amor, del sentimiento y de la intimidad», además de un renovador formal de estas temáticas en constante evolución. Mercedes Cebrián, representante de la Residencia de Estudiantes y que ha hablado en nombre del jurado, ha subrayado además la «permanente evolución» del poeta y escritor colombiano galardonado «desde una estética 'whitmaniana' hasta un despojamiento esencial que incluye un intenso sentido religioso». Según el acta del jurado, Jaramillo acoge además en su obra un importante sentido del humor y un acercamiento a la canción popular latinoamericana. El alcalde de Granada, que ha conversado por teléfono con el poeta tras la deliberación y fallo del jurado, ha explicado que ha recibido el premio «con emoción y mucho agradecimiento». Poeta, novelista y ensayista, Jaramillo estudió bachillerato en Medellín y posteriormente se graduó como abogado y economista en la Universidad Javeriana de Bogotá. Durante años desempeñó importantes cargos culturales en organismos estatales y fue miembro de los consejos de redacción de la revista «Golpe de Dados» y de la fundación particular «Simón y Lola». De su poesía se han hecho tres reediciones completas: «77 poemas», «127 poemas» y «Libros de Poemas»; además de cinco selecciones parciales: «Antología poética», «Cuánto silencio debajo de esta luna», «Razones del ausente», «Aunque es de noche» y «Del amor, del olvido». Ha sido ganador del premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus (1978), finalista del Concurso de novela colombiana Plaza & Janés (1983) y del premio Fundación José Manuel Lara a novela publicada en España (2007), además de ganador del premio de Novela Corta José María de Pereda (2010).
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Albiac destaca que Blaise Pascal nos enseñó a comprender que «el "yo" es odioso» (Wed, 14 Nov 2018)
El filósofo francés Blaise Pascal (1623-1662) dejó a su familia, y a la posteridad, un curioso legado: un cajón lleno de pliegos y recortes que contenían sus ocurrencias, pero también citas e ideas de todo lo que fue leyendo y quería rescatar del temido olvido. Aquello era un barullo desorganizado, para ser exactos, pero en un principio se pensó que era un libro inacabado, y así salió a la luz. A la criatura se la bautizó como «Pensamientos», y es la obra que mejor sobrevivió al filósofo y matemático, una de las grandes mentes del siglo XVII. Ahora, vuelve a la palestra gracias a la edición crítica que ha realizado el filósofo y columnista de ABC Gabriel Albiac, y que publica Tecnos. Base de datos digital «Nos hemos inventado un libro que no existe. Si fuésemos rigurosos tendríamos que hablar de sus papeles póstumos», explica Albiac, antes de detallar el laborioso proceso de recuperación (casi de recreación) de este trabajo. Para regalar a los lectores una visión más exacta de lo que Pascal concibió, ha tenido que rastrear cada uno de los papeles para ver su procedencia, además de ordenarlos. Pero esta nueva publicación no se queda ahí y se completa con una base de datos digital que es el reflejo binario de aquel cajón que se encontraron sus familiares. El libro fue presentado ayer en el Museo ABC de Madrid por Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca y Bieito Rubido, director de ABC. El filósofo opina que quizás era inevitable que la obra magna de Pascal fuera fragmentaria y circunstancial, pues su vida siempre estuvo atravesada por la enfermedad, por los achaques que, ya en sus últimos años, le impidieron empuñar la pluma. «Es un personaje fascinante, que se sobrepuso a una biografía trágica. Estuvo moribundo toda su vida, pero tuvo esa fuerza tremenda para tratar de pensar, para tratar de entender», recuerda. ¿Entender el qué? «Algo muy fundamental y que tenemos que tener presentes si no queremos morir como imbéciles: que el “yo” es odioso». «Con Pascal y el siglo XVII se produce el estallido de la concepción clásica del “yo”. El yo es un sistema de convenciones que funciona para determinadas actividades y otras no. Llevo años diciendo en mis clases la misma boutade: “No fantaseen con que tienen una identidad. Lo único que tienen es un código alfanumérico que hace que jamás puedan escapar de hacienda», subraya Albiac. La fragilidad de la razón En sus paradojas, continúa, se condensan las condiciones trágicas del hombre barroco, que todavía resuenan en la subjetividad moderna. Sobre todo, la fragilidad de la razón frente a otros ámbitos, como el de la fe, y esa primacía de la pregunta sobre la respuesta, tan rabiosamente actual. Por eso, más allá de la identidad, los escritos de Pascal plantean un quiebro al racionalismo. Él fue un ilustre matemático y un filosófo inmortal, pero no encontraba ningún fin en esos campos: tan solo los dominaba para reventarlos desde dentro, al modo que Picasso hiciera siglos después con la perspectiva. ¿Y qué buscaba, al cabo, con toda esa destrucción? «Él no pretendía ser matemático ni filósofo. Quería ser un cristiano, aspiraba a la santidad. Y para aspirar a la santidad lo primero que tenía que hacer era destruir el mundo, apostar por otra cosa: la conversión. Destruye las matemáticas y la filosofía para sentir el espanto que se produce al quedar en el vací o, que se asoma al absoluto. Ahí donde lo único que le puede salvar es la gracia», remata. Un «periodista clandestino» Durante la presentación, Jon Juaristi destacó ayer que Pascal es un autor para él «cercano, siempre presente, al que pongo en relación con Shopenhauer y el Eclesiastés». Del libro de Albiac, añadió, «hay aspectos que me interesan mucho más que su célebre apuesta favorable a la existencia de Dios. Me interesa la devastación y el desencanto del mundo que deja un camino para construir un arte de vivir». Más reservas tiene Juaristi con «la idea de conversión tratada como aniquilamiento o la nada como sustrato del mundo». Luis Alberto de Cuenca advirtió que no es filósofo, sino filólogo, para añadir: «El libro de Albiac, al que tanto admiro, es sobre todo un monumento a la filología. Es difícil ver una prospección textual tan bien tratada, con los últimos adelantos metodológicos de la crítica textual, como la que aporta Gabriel». De Cuenca sentenció: «Gracias a su trabajo esa colección de papelitos que dejó Pascal nos maravilla. Esta edición crítica es tan memorable que me hace pensar en la oda horaciana: “Es un monumento más eterno que el bronce”». Finalmente, Bieito Rubido recordó el éxito de Pascal como «periodista clandestino» por sus cartas, de las que circularon miles de copias y por las que Voltaire dirá que «fue el inventor de la prosa francesa moderna». Reflexionó sobre la fortuna de que sus notas sobrevivieran para ser leídas hoy y elogió la labor crítica de Albiac. Al director de ABC le interesa una lectura actual del filósofo, por «el permanente cuestionamiento de un científico que atisba la imposibilidad de dar una fundamentación sólida a la razón humana y que nos pone permanentemente ante la prioridad de la interrogación». También, la sorpresa de su opinión sobre la política, ya en el XVII: «La tesis de que la política y el mal son exactamente lo mismo».
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