Libros

El escritor Paulo Coelho estalla durante una entrevista con «XL Semanal» (Mon, 20 Ago 2018 12:40:33 GMT)
El escritor Paulo Coelho, todo un fenómeno editorial con 225 millones de libros vendidos y autor de títulos como «El alquimista» o «El guerrero de la luz», es conocido -entre otras muchas cosas- por su reticencia a dar entrevistas. Sin embargo, debido a la publicación de su última novela, llamada «Hipie», el autor tuvo que aparcar su fobia, al menos por unos minutos, para conceder una a la periodista Virginia Drake, colaboradora del suplemento dominical de ABC «XL Semanal». Drake puso contra las cuerdas al escritor brasileño desde el principio con varias preguntas sobre su condición de hipie y su relación con el dinero. Según se desarrolla la charla, en las respuestas de Coelho se deja notar un creciente enfado con la periodista, a la que llegó a regañar por «no dejarle hablar». El enojo llegó a tal punto que, a mitad de la entrevista, el autor de «El alquimista» se levantó de su asiento y se dedicó a deambular, «durante un par de eternos minutos», por la habitación en la que se estaba desarrollando la entrevista. Tras esto, el escritor volvió a acomodarse y le solicitó a la redactora comenzar desde el principio: «No estoy cómodo. Borra todo, empezamos otra vez y déjame hablar». A pesar de que al cabo de un rato el escritor se plegó a continuar la entrevista, tan solo una pregunta después volvió a levantarse, y afirmó que no tenía claro si quería continuar respondiendo a las preguntas de la periodista: «me siento arrinconado y creo que no va a salir nada de esto». Puede leer la entrevista completa en «XL Semanal».
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El «desorbitado precio» de la casa de verano de Juan Ramón Jiménez (Mon, 20 Ago 2018 11:56:18 GMT)
Los propietarios de la finca Fuentepiña, donde se encuentra la casa en la que veraneaba Juan Ramón Jiménez , en la que escribió «Platero y yo» y en la que bajo uno de sus pinos estaría enterrado el burro, la han puesto a la venta por un millón y medio de euros. La web idealista.com publica el anuncio de venta, consultado por Efe, y se precisa: «Casa y finca de pinares del poeta Juan Ramón Jiménez. 10 hectáreas, casa principal del poeta, zona de cuadras... A sólo 10 minutos de Mazagón y con las mejores vistas de la zona». La casa donde Juan Ramón Jiménez escribió «Platero y yo» - Idealista En septiembre de 2017, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) suspendió cautelarmente el decreto de 2015 de la Junta de Andalucía por el que se inscribía en el Catálogo General de Patrimonio Histórico como Bien de Interés Cultural (BIC) este y otros lugares juanramonianos por errores en la tramitación, por lo que ahora mismo carecen de protección. En los últimos años, la propiedad ha sufrido un deterioro evidente debido al abandono, ha estado ocupada e incluso en octubre del año pasado la zona donde se ubica y su entorno fue objeto de tres incendios forestales. Tanto el alcalde de Moguer, Gustavo Cuéllar, como la sobrina nieta de Juan Ramón Jiménez y representante de su comunidad de herederos, Carmen Hernández Pinzón, consideran, según ha adelantado el diario «Huelva Información», «desorbitado» el precio de venta puesto a Fuentepiña.
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Una primera edición de «El origen de las especies», de Charles Darwin, saldrá a subasta en México (Mon, 20 Ago 2018 10:17:04 GMT)
Un ejemplar de la primera edición de «El origen de las especies», obra del naturalista británico Charles Darwin, publicado en 1859, ha salido de una colección privada para ser puesto a subasta el próximo día 21 en México con un precio de salida de entre 52.083 y 62.500 dólares. Esta obra de Darwin (1809-1882), que cambió el curso de la humanidad, es parte de la subasta «Libros de exploradores y viajeros, cartas y cartografía, geografía, ciencias y religión», que promueve la Casa Morton. Con el título original en inglés «On the Origin of Species by Means of Natural Selection», este se trata de uno de los 1.250 ejemplares de la primera edición publicada en 1859 por el editor británico John Murray. Específicamente, de una de las 23 «copias de cortesía» que el editor y Darwin destinaron para ser repartidas entre expertos y amigos, explicó la empresa. El propietario lo compró en 1993 en una subasta de la Casa Swann Galleries de Nueva York y como prueba de ello presentó a Casa Morton el recibo de compra, indicó la subastadora, que hizo una investigación para comprobar la autenticidad del ejemplar. Entre los detalles que lo confirman están los datos del impresor, el papel de algodón típico de la época y la anotación manuscrita «From the author», hecha en la primera página por sus empleados, explicó a Efe Rodrigo Agüero, especialista del departamento de libros y documentos de Morton. «En la línea 11, página 20, existe una errata. Puede leerse 'specieis' donde debería decir 'species'», explicó Agüero, quien se coloca guantes para manipular el ejemplar y mostrarlo ante los potenciales compradores. El libro de Darwin ha llegado a Morton «de manera fortuita», explicó a Efe Jesús Cruz, jefe del departamento de valuación y catalogación de libros y documentos. El libro tendrá un precio inicial de entre un millón de pesos (52.083 dólares) y 1,2 millones de pesos (62.500 dólares) en una subasta que llegará a un «abanico amplio» de posibles clientes, considera Cruz. El experto de Casa Morton recordó que la última ocasión que un ejemplar de esta primera edición fue sacado a la venta alcanzó un precio de unos cuatro millones de dólares, «aunque claro, tenía anotaciones del propio Darwin». Además, Cruz ha calificado de «raro, único, y poco común» tener en la subasta este ejemplar, el cual, asegura, «ya estaba en México» desde hace años, aunque por regla la casa de subastas se reserva la identidad tanto del vendedor como del comprador. Respecto a los posibles compradores, «están los coleccionistas, las instituciones, los coleccionistas de libros de ciencia, y también los que pueden comprarlo por el capricho de tenerlo», comenta el experto. Los coleccionistas también podrán hacerse en la puja de un ejemplar de la primera edición en español del libro de Darwin, autorizada por el autor y publicada en 1880 en España por Biblioteca Perojo, que saldrá con un precio de 50.000 pesos (2.604 dólares). Morton resalta que Darwin comenzó la obra el 20 de julio de 1858 con la idea de publicar un resumen documental en «Journal of the Linnean Society» pero lo amplió al libro, que presentó al editor en abril de 1859. Para noviembre, ya tenía los primeros ejemplares. La obra de Darwin está considerada como el fundamento de la teoría de la evolución, que contradice el creacionismo, la doctrina filosófica que defiende que los seres vivos provienen del acto de un creador. En la subasta también se ofrecen otros ejemplares como la primera y segunda edición de «Six months of residence in Mexico», del inglés William Bulluck, publicado en 1825 y que saldrá con un precio base de 16.000 pesos (unos 830 dólares).
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Mary Shelley y las gallinas: los «discutibles» cambios que su marido le hizo a «Frankenstein» (Mon, 20 Ago 2018 02:02:52 GMT)
En el prólogo a la edición de «Frankenstein» de 1831 Mary Shelley reconocía que una de las preguntas que se le hacían más a menudo era «cómo es posible que yo, entonces una jovencita, pudiera concebir y desarrollar una idea tan horrorosa». En la actualidad sigue planteándose la misma cuestión, aunque con la mueca condescendiente y paternalista que sugiere que buena parte del éxito de la obra se debe a su amante y luego esposo Percy B. Shelley. Tal ha sido la idea subyacente que se ha difundido de un modo más o menos implícito desde hace doscientos años. Sin embargo, del estudio de los manuscritos autógrafos que se encuentran en la Bodleian Library de Oxford se deduce que, como afirma el profesor Charles E. Robinson, «fue Mary Shelley quien concibió y escribió la novela». En el prólogo de la edición citada, mil veces reproducido, la autora explica pormenorizadamente cómo surgió la idea y cómo la llevó a cabo. Por sus diarios sabemos que la narración principal estaba esbozada a finales de agosto de 1816, pero que poco después —ignoramos si por iniciativa propia o por sugerencia de Shelley («Shelley y yo hemos hablado de mi cuento»)—, Mary incluye el marco narrativo de la expedición ártica de Walton. En la primavera de 1817, en Bath, ya tenía completo el primer borrador. (Todos esos foul papers iniciales se han perdido). El 18 de abril de 1817 comenzó a escribir una «copia en limpio» y a mediados de mayo tenía por fin el texto que serviría de base para la primera edición impresa de 1818. Mary Shelley Mary Wollstonecraft tenía dieciocho años cuando concibió la idea del estudiante que se atreve a emular a Dios. Sin embargo, no era precisamente una joven de carácter georgiano: a los dieciséis años se fugó con un aristócrata ateo y anarquista llamado Percy B. Shelley, casado, con varios hijos y con cierta tendencia a compartir esposa con los amigos. Mary había escuchado a los poetas lakistas en su casa, conocía bien a Wordsworth y a Coleridge, a Goethe y a Volney, y a los pilares teóricos de su obra: Alexander Pope y John Milton. Puede que Mary fuera joven, pero no era ni ignorante ni pacata. (Las expresiones de incompetencia literaria que se atribuye en algún lugar deben entenderse, más bien, como humilitas retórica). Desde niña tuvo vocación literaria («mi pasatiempo favorito era “escribir historias”») y, cuando se reunió en Villa Diodati con la «Liga del Incesto» (así llamaba Robert Southey a Byron y a sus amigos los Shelley, por razones obvias), participaba en las conversaciones científicas, filosóficas y literarias como participó finalmente en el reto del infame Byron. La personalidad de Mary Shelley, reservada y espiritual («soy muy reacia a exponerme personalmente en público»), pero también firme, se aprecia en la redacción del «Frankenstein», un proceso en el que su marido (se casaron al regresar a Inglaterra) ejerció de corrector de estilo. La mayoría de las correcciones de Shelley, dice el profesor Robinson, fueron «de orden menor»: un demostrativo por un sustantivo, formación de subordinadas o reorganización de formulaciones demasiado simples (copulativas o adversativas). Este tipo de sugerencias —algunas admitidas por Mary y otras no, como se desprende de los cuadernos manuscritos— se reducen sustancialmente con el paso de las páginas, de lo cual se deduce también un proceso de aprendizaje estilístico por parte de la escritora novata. Las pedantería de Percy B. Shelley Pero, además, las correcciones también revelan una cierta ostentación de superioridad literaria e intelectual por parte de Shelley. En cierto pasaje, Mary escribe que Victor «debería ir a la universidad»; Percy sugiere «debería convertirse en un estudiante universitario». En otro caso, Mary dice «Mis hijos están fuera» y Percy precisa: «Mis hijos no están en casa». Los delirios de Victor eran para Mary «extraordinariamente interesantes», pero para Percy eran «casi tan asombrosos e impresionantes como la verdad». En ocasiones (en bastantes, hay que admitirlo), la sencillez y la frescura de Mary se convierte en pura pedantería ilustrada cuando pasa por Percy: Mary dice que Victor «estaba harto de no hacer nada»; Percy sugiere: «Estaba hastiado de tanta ociosidad». La ostentación de superioridad intelectual y literaria en ocasiones afecta a decisiones importantes. En un momento clave de la narración, cuando Victor empieza a estudiar, Mary escribe: «Los acontecimientos que influyen decisivamente en nuestros destinos a menudo se deben a hechos leves o triviales». Esta sentencia —una imagen moderna y bastante ajustada del caos del mundo romántico— fue transformada levemente por Shelley y, al final, alguien decidió que sencillamente no apareciera en la edición definitiva de la novela en 1818. Fragmento manuscrito de «Frankenstein»Shelley (con la connivencia o por sugerencia del impresor) decidió también cambiar radicalmente la estructura de la obra: Mary la concibió como una novela en dos volúmenes, el primero con las cartas introductorias más quince capítulos, y el segundo con dieciocho capítulos. Esta estructura se reordenó radicalmente, convirtiendo «Frankenstein» en una novela de tres volúmenes (conforme a la tradición libresca del XVIII), de siete, nueve y siete capítulos respectivamente. Al estudiar este cambio estructural se observa que Mary era plenamente consciente de la necesidad y utilidad de dicha estructura, mientras que la reformulación parece deberse únicamente a motivos comerciales o de un supuesto equilibrio. La historia propuesta por Mary Shelley tiene sentido en su secuenciación, mientras que la propuesta del marido y editor tiene lamentables quiebras narrativas internas, propiciadas por la nueva estructura. Sometida al «confinamiento» obligatorio de los últimos meses de embarazo, Mary Shelley no quiso o no pudo rebelarse ante los cambios, modificaciones y reestructuraciones que su marido y otras personas estaban realizando en su texto. En el capítulo 2 de la Segunda Parte (el capítulo 3 de la Segunda Parte, en la edición de 1818), la Criatura se encuentra escondida en un cobertizo de una granja y narra la vida cotidiana de los De Lacey. Cuando habla de la joven Agatha, Mary escribe que la muchacha «también estuvo trabajando: a veces en la casa y a veces en el corral, donde daba de comer a las gallinas». Misteriosamente, en la edición de 1818 y en todas las posteriores, las gallinas desaparecen del texto: «[...] también estuvo trabajando: a veces en la casa y a veces en el corral». Punto. Resulta muy fácil imaginar al poeta sublime y al pulido editor torciendo el hocico estilístico ante la vulgaridad gallinácea y eliminando para siempre ese detalle campestre y pintoresco. En su reciente guía estilística, el polémico psicolingüista Steven Pinker afirmaba que el acto literario debe ofrecer al lector «una ventana al mundo» (se refiere a la visualización de acciones y hechos concretos, abandonando las abstracciones vacías y el lenguaje «burocrático», «The Sense of Style»); la Criatura de Mary W. Shelley nos ofrece esa ventana al mundo, aunque apenas sea una rendija en su cobertizo, y nos muestra a la joven, no solo «trabajando» (un verbo de actividad general, impreciso, vacío), sino «dando de comer a las gallinas». Shelley y el editor suprimieron una escena encantadora, muy propia del pintoresquismo romántico también, tal vez inocente, juvenil o primeriza, pero fresca, precisa y nítida. Eliminaron lo que consideraron sobrante o vulgar, quizá en exceso bucólico y pastoril, pero liquidaron también —y para siempre— todo lo que aquella escena tenía de significativo y representativo. En fin, Percy B. Shelley no solo se encargó de buscar editor para la historia de Victor Frankenstein y su horrenda criatura: también corrigió y modificó la novela. A sus aportaciones ortográficas, léxicas o sintácticas —más o menos aceptables—, deben añadirse mutilaciones y reordenaciones radicales cuyo valor es más que discutible. Pero al estudiar las distintas novelas tituladas «Frankenstein» que han llegado a nuestros días (manuscritos, 1818 y 1831, sobre todo), no queda sino dar por seguro que Mary Shelley sabía perfectamente lo que se traía entre manos, aunque cediera en algunos aspectos relevantes por timidez, por juventud, por inexperiencia, por obligación social, por imposiciones maritales o por «sugerencias» editoriales. Y al cotejar la obra original de Mary W. Shelley con el producto final «corregido», uno se siente tentado a pensar que la joven escritora sabía muy bien —al menos tan bien como sus correctores— dónde radica la quintaesencia de la literatura: seguramente, en la imagen de una muchacha dando de comer a las gallinas.
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El legado de Saramago se completa con un texto inédito (Sun, 19 Ago 2018 02:10:49 GMT)
«El arte no avanza, se mueve», escribió José Saramago en sus «Cuadernos de Lanzarote». Fue poco después de un encuentro literario en Ponta Delgada, donde confrontó sus ideas con Joao de Melo, Francisco José Viegas o Urbano Tavares en medio de la serena inspiración de las islas Azores. Hoy, 25 años después, la Fundación que preside su viuda, Pilar del Río, contribuye a completar su legado sacando a la luz la sexta y última de esas entregas, «El cuaderno del año del Nobel». Será una edición casi simultánea de este inédito del único Nobel portugués: el 8 de octubre se publicará en Portugal de la mano de Porto Editora (vinculada a la histórica Librería Bertrand, la más antigua del mundo y refugio favorito de Fernando Pessoa durante sus años lisboetas); tres días después Alfaguara la difundirá en España... en el año en el que los escándalos sexuales de la Academia Sueca harán que no se reúna el jurado. Congreso Según ha podido saber ABC, la puesta de largo se celebrará el mismo día que se inaugurará el primer congreso acerca de la obra del autor de «Ensayo sobre la ceguera» en la Universidad de Coimbra. El desembarco en las librerías coincidirá, por tanto, con el XX aniversario de la concesión del máximo premio mundial de las Letras, un orgullo para el país vecino, donde su espíritu se mantiene vivo en la Casa dos Bicos, ese feudo del Campo das Cebolas donde la Fundación Saramago despliega su labor. «En este cuaderno, hay menos vida personal que en los anteriores, en especial el primero. Y hay un mayor posicionamiento cultural y ético», explica Pilar del Río a este diario. Justo cuando se acaban de cumplir ocho años de la muerte del comprometido escritor, nos llega este broche final a sus diarios, relativo a un año que cambió su vida para sumergirlo en un maremágnum de citas, conferencias y entrevistas con la referencia puesta en su entonces flamante Nobel. Otros autores, como Günter Grass, han testimoniado la revolución personal que supone la entrega del codiciado galardón. Y Saramago lo comprobó enseguida, tanto que él mismo anticipó que se trataría del cuaderno postrero, ya que se le vino encima toda una avalancha de compromisos. De acuerdo con Pilar del Río, «el libro aparece en el momento en que más se necesita: entenderán lo que digo cuando vayan avanzando en su lectura. Veinte años después, es el momento adecuado para ciertas reflexiones y confidencias». Lo que está claro es que no quedó completamente perfilado, a juzgar por las lagunas que se encontraron en el archivo que había permanecido en el disco duro de su ordenador. Por ejemplo, algunos temas no se desarrollan, sino que únicamente se mencionan. Carpeta Quien fue su infatigable compañera testimonia las excepcionales circunstancias del hallazgo: «Fernando Gómez Aguilera estaba preparando un volumen centrado en los discursos y conferencias de José. Entonces una noche, mirando en su ordenador en Lanzarote, vi una carpeta en la que no había entrado nunca, llamada “cuadernos”. Ahí vi por primera vez que había un sexto volumen». Y prosigue su relato para este periódico: «Me quedé no ya emocionada, sino helada. También vi que él mismo avanzaba que se publicaría en 2001, aunque luego no fue así». Pilar del Río subraya la vigencia de los pensamientos contenidos en este libro: sobre la inmigración, sobre Europa, sobre la democracia, sobre la libertad, sobre América Latina. Además, la edición se completará con la de «Un país levantado en alegría», escrito por Ricardo Viel, brazo derecho de Pilar del Río en la Fundación, para radiografiar el contexto que rodeó a Saramago en aquel 1998. Y todo se amplificará a través del privilegiado altavoz de la Feria del Libro de Guadalajara (México), que contará con Portugal como país invitado del 24 de noviembre al 2 de diciembre.
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Las facetas desconocidas de Federico García Lorca (Sat, 18 Ago 2018 02:24:33 GMT)
Hace ya 82 años desde que, un 18 de agosto como hoy, era asesinado uno de los más grandes autores de la literatura española: Federico García Lorca. Dominó la poesía como nadie y convirtió el teatro en un especáculo expresivo difícil de comparar. Moldeó el lenguaje a su antojo, creando una forma de decir el mundo única, llena de capas que hacen las delicias de los lectores que vuelven una y otra vez a a su obra. Pero sus inquietudes no se encerraban en estos dos géneros. Pese a ser conocido como poeta y dramaturgo, el primer libro que publicó Lorca fue «Impresiones y paisajes», una obra de prosa en la que relata su paso por Castilla, Galicia y Andalucía gracias a los viajes organizados por uno de sus profesores de Universidad, Martín Domínguez Berrueta. El ejemplar de esta obra que puede consultarse en la Biblioteca Digital Hispánica es una reproducción de la primera edición. De otras de sus obras se conservan primeras ediciones que pueden consultarse en la Biblioteca Digital Hispánica. Es el caso de «Primeras canciones», un poemario escrito en 1922 que no fue publicado hasta 1936, siendo el último libro de poesías que se publicó en vida de Lorca; o de Bodas de sangre, una de sus obras teatrales más exitosas. En la BDH también se pueden consultar algunos manuscritos del poeta granadino ques e escapan de lo meramente literario. Por ejemplo, se puede encontrar «Viaje a la Luna», un guion cinematográfico que Lorca elaboró durante su estancia en Nueva York a propuesta del cineasta mexicano Emilio Amero. Pensada para ser una obra de cine mudo y dotada de un carácter surrealista, esta película no llegó a rodarse hasta 1998. Otra de los manuscritos originales que pueden consultarse en la BNE es el de la obra dramática «El Público». Escrita en 1930, fue la primera obra de teatro español en tratar la homosexualidad masculina, pero no pudo estrenarse hasta más de cinco décadas después. Además de a la literatura, en su vida adulta se dedicó asimismo a dar conferencias como «Juego y teoría del duende» o «Las nanas infantiles». De esta última también se conserva el manuscrito original que puede consultarse en la BDH. Federico García Lorca mantuvo a lo largo de su vida su gusto por la música, y trabajó como pianista en la grabación de discos. Algunas de estas piezas musicales en las que participó están disponibles en la Biblioteca digital Hispánica, como por ejemplo la colección de canciones populares cantadas por Argentinita, fechados en torno a 1932. Con esta cantante Lorca grabó al piano un total de diez canciones repartidas en cinco discos de 78 revoluciones por minuto.
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Pablo Neruda: con los pies en la tierra y en el cielo (Fri, 17 Ago 2018 05:22:30 GMT)
No sabemos si murió o le mataron, y parece que no tuvo muchos miramientos para abandonar a su primera esposa y a su hija, que nació con hidrocefalia. Sin embargo, Pablo Neruda ha pasado a la historia como uno de los grandes poetas del amor, un título que comenzó a ganarse ya desde los 20 años, cuando publicó esa obra inmortal que es «Veinte poemas de amor y una canción desesperada». «Neruda nos devolvía a lo nuestro, nos arrancaba de la vaga teoría de las amadas y las musas europeas para echarnos en los brazos a una mujer inmediata y tangible, para enseñarnos que un amor de poeta latinoamericano podía darse y escribirse "hic et nunc", con las simples palabras del día, con los olores de nuestras calles, con la simplicidad del que descubre la belleza sin el asentimiento de los grandes heliotropos y la divina proporción», aseguraba Julio Cortázar, para quien el chileno era uno de los titanes de la lírica mundial. Allende, en la portada de ABC, tras recibir el Nobel - ABC En esa fascinación también coincidía el célebre crítico literario Harold Bloom, que situó al escritor entre los veintiséis autores centrales de la historia de la literatura. «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él», escribió. En efecto, Neruda deslumbró con una poesía elevada que tenía los pies en la tierra, que cantaba la vida desde lo concreto, lo palpable, como si estuviese escrita con las manos llenas de barro (o de amor). En 1971, durante su discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura, el propio autor lo explicaba así: «La poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza». Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes) En otras palabras: los versos como suma del yo, el otro y el mundo. Así, sus composiciones no se despegaron de la realidad, como el propio poeta, que siempre hizo gala de su compromiso político y su militancia en el Partido Comunista. Esa faceta más social la inmortalizó en su «Canto general», donde el poeta, epatado por las maravillas de la naturaleza, observa el mundo desde el prisma de la empatía. De hecho, en el discurso del Nobel, Neruda insistía en la sencillez como motor de la poesía. «El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios (...) Si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también esa sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre», sentenciaba entonces.
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George R. R. Martin desvela por qué mata a los protagonistas de «Juego de Tronos» (Tue, 14 Ago 2018 11:07:46 GMT)
Desde el ajusticiamiento de Eddard Stark hasta la quema en la hoguera de Shireen Baratheon pasando por la sangrienta Boda Roja. La muerte de personajes con rol de protagonista en «Canción de hielo y fuego» es una de las más notables señas de identidad de la saga de libros creada por el escritor George R. R. Martin. Ahora el autor estadounidense ha explicado en la cadena pública «PBS» que este gusto por asesinar a los personajes de sus libros se debe al impacto que le causó la muerte de Gandalf en «El Señor de los Anillos» de J. R. R. Tolkien. «No puedo explicar el impacto que tuvo sobre mi a los 13 años. Tolkien acababa de romper esa regla, y lo amaré por siempre por eso», expresó el autor estadounidense. Martin explicó, al mismo tiempo, que, gracias a la muerte de Gandalf, el suspenso en la obra de Tolkien se volvió «1.000 veces mayor, porque cualquier personaje podría morir». «(La muerte de Gandalf) por supuesto, ha tenido un profundo efecto en mi propia voluntad de matar personajes en un abrir y cerrar de ojos», acabó por reconocer el autor. A la espera de que llegue el que será el próximo tomo de la saga a las librerías, que estará titulado como «Vientos de invierno», los fans de la saga podrán continuar matando el gusanillo con la serie de HBO, cuya última temporada será estrenada durante la primera mitad de 2019.
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Descubren el lugar exacto donde fue enterrado William Blake (Mon, 13 Ago 2018 17:11:11 GMT)
Se sabía que estaba en el cementerio de Bunhill Fields, pero se desconocía su paradero exacto. Una lápida explicaba que William Blake y su esposa yacían en la zona, pero no se especificaba el lugar de su entierro. Fue lo que vieron en 2004 Carol y Luis Garrido, dos admiradores del poeta británico que ahí encontraron una empresa a la que dedicar su tiempo: encontrar a William Blake. Catorce años después, la pareja portuguesa ha encontrado el lugar donde descansa el literato. Lo han conseguido haciendo una reconstrucción del antiguo cementerio de Bunhill Fields, que fue parcialmente destruido por los bombarderos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Su fuente principal de documentación han sido los textos administrativos que se conservan del cementerio, en los que las sepulturas se indicaban con coordenadas geográficas, y que han permitido localizar al poeta. Ahora una nueva lápida ha sido inagurada en el que, según sus cálculos, reposa la pareja. La nueva inscripción de la lápida, que ignora a su esposa, describe a Blake como «artista, poeta y profeta».
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La última novela de V. S. Naipaul (Mon, 13 Ago 2018 10:23:48 GMT)
Siempre a contracorriente, sutil taxidermista del desarraigo y de vidas «a mitad de camino», el enfurruñado y díscolo Premio Nobel de Literatura de 2001, V. S. Naipaul (1932), nacido en la isla de Trinidad en el seno de una familia hindú, nunca ha dejado de fustigar en sus obras –Una casa para el señor Biswas, La pérdida de El Dorado, Un camino en el mundo, En un Estado libre, Un recodo en el río o la novela actual, recién aparecida en España, Guerrilleros, de 1975– las múltiples cegueras y contradicciones y la afición a dejarlo todo, cómodamente, en manos de idealizadas demagogias tercermundistas. Un reguero de frustración, desencanto, autoengaños y angustiosas búsquedas identitarias llegado tras la descolonización, o si se prefiere, de odiseas visionarias y vidas sacrificadas, presentes en la obra de otro escritor surgido de «universos de segunda mano», su admirado Joseph Conrad, con el que ha sido a menudo comparado. Para aumentar su vena de subversión contra lo políticamente aceptado en Occidente como inevitable pero controlado, Naipaul también ha cargado sus tintas duramente contra el fanatismo musulmán y lo que él consideraba el mayor imperialismo de la Historia: el Islam. Hombre orquesta de diversos géneros, trabajados con igual coherencia y calidad, Naipaul, para seguir encolerizando a muchos, no ha dejado de repartir su crítica entre sus novelas y sus lúcidos y abrasivos ensayos, sin olvidar sus libros de viajes y de memorias. Experto en recorrer en su papel de observador global varios continentes, con sus muy diversos y complejos conflictos, su privilegiada perspectiva multicultural, densa y profunda, no deja nada al azar: ni religiones, ni fes en continua expansión, ni fanatismos que se reciclan sin cesar, ni románticas luchas de liberación, así como formas de hacer política, logros y melancólicas derrotas. En «Guerrilleros» –un libro que, como tantos otros de este autor, fue muy polémico, e incluso calificado de reaccionario–, el lector se enfrenta a la amargura de los antiguos luchadores el día posterior a las independencias. El fracaso, la decrepitud antes de la misma construcción de los sueños y la ausencia de un refugio para nadie dominan obsesivamente toda esta magnífica narración, ambientada en una isla que nunca se menciona, pero que podría ser Jamaica. Cenizas, podredumbre y desolación aportan un único color ambiental, el del detritus, en el que el paisaje calcinado y las vidas arrasadas conforman desde la primera página algo así como un gigantesco vertedero. Un mundo abandonado a su suerte antes incluso de que hayan logrado edificarse las grandilocuentes quimeras largamente disputadas. Pequeñas guerras Estamos frente a algo muy común en este autor, la melancolía e impotencia del poscolonialismo, tal y como apunta uno de los personajes: «Conseguimos las cosas cuando ya no las queremos. El mundo es para la gente que ya lo posee». Ante ese subuniverso o no man’s land «caótico y fallido» –campos a medio cultivar en estado deplorable, grandes zonas peladas, tierra seca y negra a causa de la última sequía, coches abandonados al borde de la carretera, vestigios herrumbrosos de algo que quiso ser un complejo industrial y más tarde se abandonó–, todos se arrastran como sonámbulos y nadie parece ver nada. Los protagonistas son ideólogos, héroes y líderes que se formaron en la metrópoli, en Londres, y que ahora han adquirido la forma vaga de soldados, de «guerrilleros». Llevan por fin cada uno «su pequeña guerra» en la otra punta de la tierra, más allá de toda ilusión y una vez pasado el impulso revolucionario. El cambio no es un signo de progreso, sino de permanencia. Las formas de algo que prometía la «novedad» no revelan más que siniestros signos precursores de un fracaso y de una degradación latente, ya a las puertas. Por otro lado, la errancia de los personajes de la novela, de una punta a otra del país, y a través de ellos mismos, les ha llevado a habitar en una especie de estado de espera, en el que la rebelión ha dado paso a la parálisis y a un endurecimiento dominado por el miedo, la desconfianza de los que les rodean y un odio abstracto, lleno de resentimiento. Mientras «los periódicos, la realidad y la televisión hablan sin cesar de la guerrilla» (una amenaza de algo a punto de desencadenarse que pende en cada página, sin llegar a materializarse), la «Comuna del Pueblo por la Tierra y la Revolución», liderada por el carismático líder Jimmy Ahmed, difunde, apelando a mantener viva la lucha, comunicados en toscas hojas ciclostiladas, en la forma de «cuentos de hadas y confusas redacciones escolares», como comenta Jane, admiradora del movimiento y de la independencia de la isla, recién llegada de Inglaterra con su compañero, Roche, el héroe arrestado, torturado, juzgado, encarcelado y más tarde deportado, tras las protestas internacionales. Antiguo hombre de acción, a Jane, que estuvo casada en su día con un joven y ambicioso político, Roche siempre le pareció «diferente a todos los que había conocido hasta entonces». Si este intelectual revolucionario, refugiado ahora tan sólo en «sarcasmos fáciles y amargos» y autor de un libro mítico que debía liberar a sus compatriotas pero que allí, en su isla de origen, «casi nadie había leído», es el símbolo del fracaso, Jane, su blanca y nívea compañera, que parece sacada de un despiadado retrato de la novelista A. S. Byatt, es el símbolo de la frivolidad y superficialidad de las izquierdas europeas, hipnotizadas con revoluciones lejanas, que visitarán algún día, para salir corriendo nada más poner los pies en ellas. O lo que es lo mismo: nada más derrumbarse aquellos mitos construidos a cómoda distancia. Como se dice para sí misma, siempre le quedará Londres: la conocida y en cierto modo querida «decadencia» y la «destrucción de una sociedad, que ella había preferido demorar, a favor de luchas más auténticas».
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Los olvidados (Mon, 13 Ago 2018 00:34:24 GMT)
Cuando Luis Buñuel filmó en México su película «Los olvidados» (1950) el escándalo fue inmediato. Hay cosas, dijeron los bien pensantes, a esos que nunca les pasa nada, que no se deben mostrar. Y menos, subrayaron, que las muestre un exiliado. El tiempo, implacable, jugó a favor de Buñuel. Hoy es una obra maestra. Buena parte de la obra literaria del Nobel V(idiadhar). S(urajprased). Naipaul, es decir, V. S. Naipaul (1932-2018), de origen hindú, trata de personajes olvidados. Recuperados del fondo de la historia, la intrahistoria unamuniana, para resaltar las vidas anónimas e invisibles. Buena parte de la historia literaria está plagada de vidas ejemplares, o no. Pero vidas que tienen un anhelo, un ideal, una melancolía. Héroes, mitos, o antihéroes, que es lo mismo, pero en pocas ocasiones tratan de gentes sin historia. He ahí uno de los hallazgos a los que dedicó, magistralmente, su obra Naipaul. La historia olvidada. Naipaul descubre una manera de narrar que conjuga la crónica, el reportaje, la crítica social (brutal, clara, directa, contundente), la ficción, la memoria y la experiencia de sus múltiples viajes (es conocida su mayúscula polémica con quien fue gran amigo y después distante colega, otro viajero incorregible: Paul Theroux). En cada página sabe cómo describir la situación, cómo perfilar los personajes, cómo avanza la acción y cómo narrar la sucesión de hechos, los desgarros imposibles y las profundas melancolías de un mundo a la deriva. Si hubiera que citar un libro sería «Un recodo en el camino» (1979), pero hay tantos y tan brillantes... La mirada del escritor Naipaul es una radiografía en tres dimensiones. Siempre en primera persona. Los personajes hablan, cuentan, sufren, ignoran, anhelan. «El regreso de Eva Perón» (1977), que pocos citarán hoy, es uno de los alegatos más duros jamás escritos sobre el ensimismamiento argentino. Pero Naipaul sabe, como exiliado de sí mismo, como desarraigado de su India original, como latinoamericano inglés (si no es un oximoron), que los argentinos, sí, «descienden de los barcos», como él. Naipaul estudió en Oxford. Presente y pasado, utopía y realidad, verdad y mentira, ficción y memoria componen los trazos de una geografía colonial, o post, en la que denunciar los desmanes contemporáneos. Sus páginas sobre el Islam, «Entre los creyentes: un viaje islámico» (1981), reverdecen de ácida lucidez, compromiso y valentía. Naipaul ignoró siempre las medias tintas. Conrad, Waugh, Maugham, Greene serían sus referentes en lengua inglesa. De la literatura en español se preocupó poco y mal. Su literatura contiene la claridad de la frase directa y las ideas precisas. La profunda voluntad de interesar, y no marear, al lector. Esa es su grandeza. La que premiaron en Estocolmo. Otro grande, Guillermo Cabrera Infante, lo fijó con esplendor: «La suya es la presencia de un escritor mayor en una literatura disminuida. Muertos Evelyn Waugh y Anthony Burgess, y ninguneado siempre Malcolm Lowry, Naipaul es el único escritor inglés que vale la pena leer». Y lo será hoy y mañana también.
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Muere V. S. Naipaul, el gran narrador de las colonias y azote del Islam (Mon, 13 Ago 2018 00:34:11 GMT)
La vida de un creador puede dar para mucho. Especialmente, la de uno que ha visto tanto mundo como el británico de origen trinitense y ganador del premio Nobel de Literatura 2001, Vidiadhar Surajprasad Naipaul. Más conocido como V. S. Naipaul. Una vida riquísima a nivel creativo que ayer llegó a su fin en Londres. El autor exhaló su último suspiro a los 85 años y en el calor del hogar. Acompañado «de quienes lo amaron durante toda su vida, una vida llena de maravillosa creatividad y esfuerzo», como explicó en un comunicado su segunda mujer, Nadira Naipaul. Un tranquilo final para un autor que desgranó a lo largo de medio siglo, tanto en forma de novela como de reportaje periodístico, la realidad social y cultural de territorios con pasado colonial, como India, Pakistán o su natal Trinidad. Pero que, al mismo tiempo, pasó los últimos años de su vida acusado de ser una persona cruel y un maltratador. V. S. Naipaul nació en 1932 en la localidad trinitense de Chaguanas, en el seno de una familia hindú. Ya en su adolescencia, el futuro autor dio muestras de ser un joven excepcional, aunque algo asocial y con cierta tendencia a la depresión, algo que le llevó a intentar quitarse la vida en alguna ocasión. En 1950 consiguió una beca para estudiar Arte en la Universidad de Oxford. Allí comenzó una relación con la que sería su primera esposa, Patricia. Reconocimiento Después de graduarse en Oxford, encontró trabajo en la National Portrait Gallery de Londres. Durante algún tiempo, además, trabajó como corresponsal de la «BBC» para los asuntos del Caribe. Fue entonces, a los 26 años, cuando el joven Naipaul decidió comenzar a escribir. El resultado fue una dilatada producción en la que figuran más de una veintena de títulos. En 1961 publicó su obra más recordada y que le lanzó a la fama, «Una casa para Mr. Biswas». Novela ambientada en Trinidad cuyo protagonista es un fiel retrato del padre de Naipaul. En 1979 desembarcó de nuevo en las estanterías de las librerías con «Un recodo en el río», un libro gracias al cual se alzó con el premio Booker Prize. Sin embargo, hubo que esperar a 2001 para que el creador se aupase, ya de forma definitiva, al Olimpo de los escritores. Había ganado el Nobel de Literatura. Durante la ceremonia de Estocolmo se le vio visiblemente emocionado, con lágrimas cayendo por sus redondas mejillas. «Soy la suma de mis libros. Cada libro, intuitivamente sentido y, en el caso de la ficción, intuitivamente trabajado, se basa en lo que ha sucedido antes y se desarrolla después», dijo días antes en el discurso Nobel. A pesar de que en lo profesional la vida del autor es calificada como excelente, en lo personal Naipaul fue protagonista de varios (y sonados) escándalos. Todo saltó por los aires con la publicación de sus memorias autorizadas. El escritor Patrick French fue el encargado de llevar a cabo esta misión, la cual culminó con la publicación de «El mundo es así»: un retrato veraz y amargo de Naipaul en las se dejan al aire las vergüenzas del creador británico. Entre las páginas de esta semblanza, Naipaul tuvo palabras de desprecio hacia su país de origen. En un momento del libro Naipaul le espeta a su madre que «Trinidad es un sitio demasiado pequeño, sus valores están todos equivocados y su gente es mezquina». También fue muy crítico con lo que él consideraba el mayor impreialismo de la historia: el Islam. Tuvo, a parte, discrepancias con su amigo Paul Theroux. En la biografía de French el estadounidense aparece reflejado como un ser servil y adulador. Y es que los dos creadores estaban enemistados desde que Theroux publicó «Sir Vidia’s Shadow» (1998), en el que presenta a Naipaul como un legitimador del imperialismo inglés con sus historias de africanos «de arco y flechas». Tras 15 años sin hablarse, decidieron enterrar el hacha de guerra en el Hay Festival de Gales en 2011. Theroux recordaba ayer a su difunto amigo con estas palabras: «Pasará a la historia como uno de los grandes escritores de nuestro tiempo». El escritor Salman Rushdie, con quien también tuvo disputas, fue otro de los que ayer quisieron rendirle tributo. «Estuvimos en desacuerdo toda nuestra vida, sobre política, sobre literatura, y siento como si acabara de perder a un amado hermano mayor», afirmó el autor en redes sociales.
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Federico García Lorca, un legado para la Historia (Mon, 13 Ago 2018 00:33:55 GMT)
Más de 5.000 archivos de un valor difícil de tasar en lo económico e incalculable en lo cultural. Un legado de toda una vida -breve, la de Federico- y para toda la larga vida que le espera en Granada, su Granada. La herencia documental ha llegado ya y para quedarse después de dos décadas desde que empezó a proyectarse el Centro Lorca, el lugar ideado para albergar en su corazón de cámara acorazada los dibujos, cartas, poesías, fotografías, carteles y libros de uno de los artistas españoles del siglo XX más reconocidos en el mundo entero y que dentro de pocos años pasará a ser de titularidad pública. El legado de Federico García Lorca se compone de 46 dibujos originales. También manuscritas, cerca de 2.400 cuartillas con muestras de poesía, teatro y prosa, además de la correspondencia que mantenía el poeta: 176 cartas enviadas a su familia y más de 2.000 folios del epistolario que él mismo recibió. El archivo fotográfico incluye un millar de fotografías. Además, están las partituras elaboradas por Lorca y varios cientos de las que conservó en vida, al igual que su biblioteca personal, otra de las partes de esta importante herencia. El legado de Lorca llega a Granada procedente de la Residencia de Estudiantes de Madrid - RAMÓN L. PÉREZ Palabra viva «La maravilla de estas cajas es que contienen muchas historias, eso no tiene fin, porque cada persona que se acerca, sea quien sea, tiene una mirada nueva». En un receso durante las labores de acomodación del archivo en la cámara acorazada, Laura García Lorca, sobrina del poeta, habla de sus sensaciones tras la llegada del legado. En la Plaza de la Romanilla, a las puertas del museo, habla del Centro Lorca como una «oportunidad» para Granada, donde cree que el espacio dedicado a su tío «puede ocupar un lugar de excelencia internacional en todas las facetas en las que él trabajó, con especial hincapié en la literatura». Son las cartas lo que más llama la atención de Laura García Lorca, buena conocedora del legado, con el que prácticamente se ha criado desde niña, cuando no podía imaginar que sería ella la encargada de velar por todos esos papeles en los que se evidencia la «viveza» de sus trazos caligráficos: «Da la sensación de que está recién escrito… Lo lees y puedes oírle». Las palabras, comenta, parecieran no estar en las páginas, sino tener «una existencia propia», como si Federico hubiera podido adelantarse a los acontecimientos. Más de 5.000 archivos componen este impresionante legado - PEPE MARÍN Lugar de luz «Cada mirada que se acerca a Federico es única», apunta Laura, sabedora de la «intuición» que tenía el poeta, quien parecía atisbar su trágico final. Son múltiples los ejemplos, que no solo se habrían limitado a su propia vida, sino que es también parte de ese legado familiar que ha permanecido hasta nuestros días. La sobrina del autor de «Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores» confiesa que precisamente se identificaba con esa obra «durante los años en que el Centro Lorca estuvo cerrado», una etapa que ha quedado atrás y ha dejado paso a una nueva, aunque ella no la pueda olvidar. «Pasaba por aquí y Doña Rosita se hacía muy viva», reconoce, antes de citar un fragmento del monólogo final: «Sabía que se había casado. […] Lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida Cada año que pasaba era como una prenda íntime que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme las notas de su examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes. […] Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía (¿no tiene derecho una obre mujer a respirar con libertad?). Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribundo que apretara sus dientes por última vez». Laura García Lorca, dolida, trata ahora de arrojar luz sobre este espacio marcado por los claroscuros de los últimos años. «He sentido que el que Lorca tuviera familia era como un estorbo, cuando lo único que hemos hecho ha sido poner a disposición de todos el legado», se lamenta: «A mí me resulta raro que ahí se interprete que ha habido algún tipo de bloqueo, como sí hubo durante el franquismo, cuando quisieron justificar el crimen… Mi familia tuvo especial cuidado en que no pudieran llevar a Lorca a su terreno y que pudieran suavizar el crimen». Laura García Lorca observa un ejemplar del «Romancero gitano» dedicado por el poeta - JAVIER ALGARRA Fue precisamente la familia García Lorca quien se encargó de preservar su memoria. Y lo hicieron mientras se desprendían del legado en los años 80 para crear la fundación que lleva el nombre del poeta y gracias a la cual ha sido posible «ordenar, catalogar y difundir esos papeles»: «Mi padre y mis tías se dedicaron a recopilar todo lo que estaba disperso por el mundo, esa labor fue la más importante». El legado de Lorca es fruto de ese arduo trabajo de compilación a partir de unos pocos legajos que su familia dejó en la caja fuerte de un banco antes de marchar a Estados Unidos tras el asesinato de Federico, un episodio -el final es la mitad de cualquier historia- que Laura García Lorca cree que está siendo «desvirtuado» con las nuevas teorías sobre los motivos del asesinato: «Me parece ridículo querer reducir el crimen a una cuestión de lindes, a unas rencillas familiares… El crimen fue fundamentalmente por motivos políticos y sobre todo sociales». Federico García Lorca - ABC Nueva búsqueda Al margen de la discusión sobre si primó su homosexualidad, o los apoyos a la República o la pujanza económica de su familia, o todo a la vez porque «está conectado», Laura García Lorca insiste en la necesidad de no remover su memoria ni la tierra en la que derramó su sangre: «Nunca hemos querido impedir que los demás busquen a los suyos, es un derecho, pero nosotros no estamos buscando al nuestro». ¿Por qué? La respuesta está en el simbolismo que caracteriza la propia obra de Federico: «Tiene mucha más fuerza que esté mezclado con los demás en una fosa común». «Es poco respetuoso que se pongan a hacer agujeros y busquen entre los restos para encontrar los del famoso», comenta sobre la excavación que tendrá lugar después del verano, cuando la Junta de Andalucía emprenderá una nueva búsqueda en el parque de Alfacar que lleva el nombre del poeta, con base a una vieja teoría: «Han dado ya tantas versiones… A mí me resulta raro que encontraran huesos durante la construcción del parque y los volvieran a esconder, es inverosímil», remacha la sobrina del poeta.
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Muere el Premio Nobel británico V.S. Naipaul a los 85 años (Sun, 12 Ago 2018 01:40:53 GMT)
El autor británico Vidiadhar Surajprasad Naipaul, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2001, ha fallecido este sábado en su domicilio de Londres a la edad de 85 años, según ha informado este domingo la cadena de televisión británica BBC. Naipaul, nacido en Trinidad y Tobago -donde están ambientadas parte de sus novelas-, comenzó a escribir en los años 50 y fue ganador de numerosos premios literarios a lo largo de su carrera, en la que destacan títulos como 'Una casa para el señor Biswas' o 'Un recodo en el río'. En un comunicado, su mujer, Nadira Naipaul, se ha referido al escritor como «un gigante en todos los sentidos» y ha asegurado que ha fallecido rodeado «de quienes lo amaron durante toda su vida, una vida llena de maravillosa creatividad y esfuerzo». Nacido en Trinidad en 1932 en el seno de una familia india, Naipaul creció en un entorno humilde. Se trasladó a Reino Unido a los 18 años tras recibir una beca de la University College, en Oxford. Escribió su primera novela estando en Oxford, pero no fue publicada. Dejó la universidad en 1954 y encontró un trabajo en la National Portrait Gallery de Londres. Su primera novela publicada, fue «El sanador místico», escrita en 1955, en un principio no fue bien recibida por la crítica, pero al año siguiente ganó su primer premio literario: el John Llewellyn Rhys Memorial Prize para autores jóvenes. También fue distinguido por la Reina Isabel de Inglaterra en 1989. «Cuando aprendí a escribir me convertí en mi propio maestro, me hice fuerte, y esa fortaleza está conmigo hasta hoy», declaró el escritor a la agencia Reuters en 2010.
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Sor Juana Inés de la Cruz, la monja literata que defendió que las mujeres pudieran estudiar (Sun, 12 Ago 2018 00:18:27 GMT)
No es frecuente que, en estos tiempos, las carreras universitarias consigan despertar el interés de los alumnos más que apagarlo, pero, mientras cursaba mi grado en Lengua y Literatura Españolas–nombre desafortunado para referirse a la antigua Filología Hispánica–, me conmovió profundamente la historia de Sor Juana Inés de la Cruz, la figura literaria más importante del Barroco mexicano y, posiblemente, del Barroco de toda Hispanoamérica. E igual que me conmovió entonces el que la misma mujer que escribió el célebre poema «Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón…» acabara convencida de que, como mujer, no debía escribir, ahora me sorprende con la misma intensidad el silencio del feminismo hacia los silencios de sor Juana. Juana de Asbaje y Ramírez nació entre 1648 y 1651 cerca de la ciudad de México, nueva España. Hija ilegítima de una mujer criolla, la propia sor Juana nos cuenta cómo aprendió a leer con apenas tres años, siguiendo a su hermana mayor a la escuela de lectura para niñas. La maestra que comenzó a enseñarle siguiéndole su juego muy pronto descubrió las aptitudes de la niña. Lo que comenzó como una travesura pronto se convirtió en la llave que le abrió a Juana la puerta de la sabiduría. Con ocho años Juana quería que la enviaran disfrazada de hombre a la Universidad, pero su madre, prudentemente, la envió a México con unos parientes. Juana leía y estudiaba por su cuenta cuantos libros caían en sus manos. Consciente de que necesitaba saber latín para acercarse al saber de los clásicos, se cortaba cuatro o seis dedos el cabello y si cuando le volvía a llegar hasta el punto en que se lo había cortado no se sabía la lección, se lo volvía a cortar en pena de rudeza, que no le parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias. Cerca de los dieciséis años se había convertido en una jovencita hermosa, lúcida y cuya fama de sabia llegó a los oídos del virrey, el marqués de Mancera, que la llamó a la corte para que sirviera como dama de compañía de su esposa, la marquesa Leonor. Allí fue sometida a una científica lid en la que cuarenta profesores universitarios de distintas disciplinas la examinaron. Después de verla desembarazarse con total soltura de las preguntas, argumentos y réplicas, el marqués afirmó que parecía un galeón real defendiéndose de pocas chalupas. En 1669 Juana ingresó en el convento de San Jerónimo. De su Carta de respuesta a su confesor, el padre Núñez de Miranda, y de su famosa Respuesta a sor Filotea es fácil extraer que no ingresó en el convento por vocación religiosa, sino para escapar al matrimonio. Ella era consciente de que en el convento iba a tener las distracciones propias de la vida religiosa, pero consideró que era el mejor camino para seguir estudiando. Mártir del conocimiento, como ha dado en llamarla Amado Nervo, no siempre fue fácil. En la Respuesta menciona cómo la superiora fue la primera en perseguirla y prohibirle estudiar durante tres meses y ella obedeció, pero solo en cuanto a no tomar libro […] porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crio, sirviéndome ellas de letras y de libro toda esta máquina universal. Y así su celda se convirtió en centro del saber de su época. En ella recibía la visita de los virreyes, los marqueses de Mancera primero, los de la Laguna después, con los cuales también entabló una estrecha amistad. Su relación con la marquesa María Luisa, la Lisi de sus versos, nos ha dejado algunos de los más hermosos poemas amorosos del Barroco español. Siguiendo los cánones amatorios impuestos por el amor cortés y la lírica petrarquista, los poemas de sor Juana dirigidos a la marquesa desprenden un lirismo que nos traspasa y nos hace preguntarnos de inmediato acerca de la naturaleza de ese amor. Ríos de tinta hay escritos sobre ello, sin que la crítica se ponga del todo de acuerdo sobre si se encuentra dentro de las fórmulas habituales hacia los benefactores o si las excede. Tal vez por su estrecha amistad, tal vez porque al ser dos mujeres se les permitía una mayor libertad y acercamiento, lo que se observa es una pasión que desborda la simbología de la época, aunque lo haga en un plano estrictamente platónico. Ser mujer, ni estar ausente, / no es de amarte impedimento, / pues sabes tú que las almas / distancia ignoran y sexo. Estos escritos profanos dieron lugar a severas voces discordantes. La más dolorosa debió de ser la de su confesor, el padre Núñez. Fruto de los continuos ataques de este es la Carta de 1682 en la que sor Juana se enfrenta a él y defiende su derecho a estudiar y a escribir. En la carta termina agradeciéndole la preocupación por la salvación de su alma pero le invita a que la deje porque hay otros caminos para salvarse. Hacia 1690, con los marqueses de la Laguna en España y publicando allí la obra de sor Juana Inés, nuestra poeta alcanzó su momento de mayor fama y reconocimiento. La publicación de Inundación castálida recibió un sinfín de alabanzas de escritores y literatos españoles. Pero en México la situación no era tan positiva. Al frente de la iglesia estaba el arzobispo Aguiar y Seijas, misógino exacerbado. Su posible enemigo, el obispo Fernández Santacruz, amigo de sor Juana, le pidió a la monja que escribiera una crítica a un sermón de un jesuita amigo del arzobispo: La carta Athenagórica. Este texto de sor Juana se publicó acompañado de una carta firmada por una tal sor Filotea, una figura tras la cual parece ser que se escondía el propio Fernández Santacruz. Esta carta en la que se criticaba que sor Juana no limitara su ingenio a escribir sobre materias religiosas dio pie a la poeta a escribir la Respuesta a sor Filotea, que se podría considerar el primer escrito feminista de América. En él sor Juana menciona a mujeres sabias de la historia y de la biblia, como Santa Catalina o la mismísima Hipatia de Alejandría, con la que llega a sentirse identificada; critica las envidias de que es objeto y reivindica el derecho a la mujer al estudio y al conocimiento. Esta Respuesta inició una polémica cuya violencia difícilmente pudo prever Juana. Con sus protectores en España, el nuevo virrey debilitado por unos motines, el abandono de Fernández Santacruz y los ataques misóginos de Aguiar y Seijas, sor Juana se fue quedando aislada y sola. Octavio Paz nos dibuja nítidamente el asedio que debió de sufrir. Vendió su biblioteca —sus más de cuatro mil libros—, suplicó al padre Núñez que volviera a ser su confesor y, finalmente, en 1692 dejó de escribir. En 1695 murió al atender a sus hermanas en una epidemia. Murió, aunque de algún modo ya había muerto antes, con su renuncia, con su silencio. Algunos autores han querido ver en esta renuncia un mero gesto para salvarse de la Inquisición. Se apoyan en el espíritu rebelde y combativo de sor Juana y en que ha aparecido un inventario según el cual encontraron en su celda ciento ochenta libros. Es más fácil admirarla así, indomable, invencible. Pero ese inventario no aclara cuándo fue realizado, y su biógrafo, Calleja, señala que no dejó en su celda más que tres libritos de devoción y muchos cilicios y disciplinas. ¿Conversión entonces? Tal vez, aunque cuesta creer en una posible llamada de la fe en una persona que ha reiterado que se hizo monja para que le estorbasen lo menos posible en el estudio. Queda una última explicación que haría su silencio aún más terrible, la explicación por la que el feminismo la ha olvidado: la convencieron, la rompieron, dominaron su espíritu y la llenaron de sentimientos de culpa. Su rendición no fue un acto exterior, sino interior. Incapaz de luchar contra todos, terminó creyéndose culpable de los males de su país, culpable del pecado de elación, de vanidad, culpable de querer leer y escribir y defender con su alma la igualdad de las mujeres. Y así las últimas palabras escritas en su testamento fueron las que me parten el alma: «yo, la peor de todas».
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Murakami asalta las ondas para estrenarse como DJ (Thu, 09 Ago 2018 02:48:32 GMT)
Que los Beach Boys apareciesen canturreando «California Girls» en su primera novela, «Escucha la canción del viento», ya daba alguna que otra pista sobre el universo referencial de Haruki Murakami (Kioto, 1949), pero entonces llegaron «Norwegian Wood» -traducida aquí de una manera un tanto incomprensible como «Tokio Blues»-, «Baila, baila, baila» y «After Dark», todas ellas cargadas de referencias cruzadas a los Beatles, The Dells y Curtis Fuller, y quedó claro que la música era algo más que un simple elemento ornamental en su obra. «Escribir es algo muy solitario, así que necesitas algo que te ayude a seguir haciéndolo», explicó el propio autor en 2009 en una de sus contadísimas visitas en España. Una excursión que, además de para cumplir a regañadientes con las obligaciones promocionales, aprovechó para recorrer a conciencia los pasillos de Jazz Messengers, una de las tiendas de discos más exquisitas de Barcelona. Porque, como él mismo ha reconocido, antes del Murakami novelista, del superventas melancólico capaz de postularse año tras año (sin éxito) para el Nobel de Literatura, ya estaba el melómano apasionado; el joven que se quedó extasiado tras ver en directo a Art Blakey and the Jazz Messengers en 1964 y que, una década después, dejó colgados sus estudios universitarios para abrir su propio club de jazz en Tokio. Con los años llegaría la escritura, el éxito y las novelas cada vez más ambiciosas, pero ahí seguía la música, enredándose con las palabras y alimentando las constantes vitales de sus novelas. También, cómo no, de «La muerte del comendador», que se publicará en España el 9 de octubre y cuya trama avanza a ritmo Mozart. Coleccionista Tal es su pasión que, no contento con coleccionar más de 10.000 vinilos y trufar sus narraciones de referencias musicales -no es difícil encontrar listas de reproducción con el centenar largo de canciones que «suenan» en sus libros- , el autor de «Kafka en la orilla» se ha estrenado también como pinchadiscos radiofónico para compartir algunas de sus canciones favoritas y reflexionar sobre las conexiones entre música y escritura. «Para mí, escribir tiende a ser un proceso muy físico. Es como escribir mientras bailo, aunque en realidad no baile», relató Murakami el domingo en la emisora Tokyo FM mientras inspeccionaba sus siete Ipods en busca de canciones que sirviesen para ilustrar tan estrecha relación. «Más que aprender técnicas de escritura a partir de otros autores, tiendo a prestar atención al ritmo, las armonías, la improvisación libre y ese tipo de cosas», subrayó el autor nipón, que centró su estreno como discjockey en una decena de piezas a caballo entre el jazz, el blues y el rock clásico. Una selección de favoritas encabezada por el swing estilizado de «Madison Time», de Donald Fagen, y salpicada de versiones pop de estándares americanos. De «What A Wonderful World», por ejemplo, se quedó con la poderosa versión de Joey Ramone, mientras que para descorchar «Between The Devil And The Deep Blue Sea» no recurrió a Ella Fitzgerald, sino a George Harrison. También se decantó por el «Knockin’ On Heaven’s Door» de Ben Sidran en vez del original de Dylan (quién sabe si como venganza por haberse llevado el Nobel antes que él) y recordó cómo se estremeció cuando escuchó por primera vez a Eric Burdon cantar junto a los Animals «Sky Pilot», himno antibélico lanzado en plena Guerra de Vietnam. Con «Love Train» de Hall & Oates cubriendo la cuota de soul-pop bailable, Murakami también se atrevió con curiosidades como «Heigh-Ho / Whistle While You Work / Yo Ho (A Pirate’s Life for Me)», relecturas de fragmentos de bandas sonoras de Disney firmadas por Brian Wilson, el maltrecho cerebro de los Beach Boys. Eso sí, ni rastro (más allá del guiño a Harrison) de sus adorados Beatles. Será que, después de todo, su relación con los fab four merece otro programa especial.
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Joël Dicker: «Me inquieta que la gente no se informe cuando lee cosas en internet» (Thu, 09 Ago 2018 02:44:25 GMT)
Antes de contar sus ventas por millones, Joël Dicker (Ginebra, 1985) tuvo que escribir cinco libros que nadie quiso publicar. Sin frustrarse, nunca cejó en el empeño de convertirse en novelista. Preguntaba, limaba errores, pulía tramas... Tecleó una y otra vez sin descanso, dejando las vacaciones de lado, rechazando las invitaciones de sus amigos; así hasta llegar a «La verdad sobre el caso de Harry Queberc», una obra que se convirtió en un gran fenómeno editorial en 2012. Desde entonces, ya convertido en un superventas del suspense, ha publicado «El libro de los Baltimore» y, ahora, «La desaparición de Stephanie Mailer» (Alfaguara). Vuelve con la misma premisa con la que alcanzó el éxito: un crimen pasado que no se cierra, que sigue marcando vidas, que determina el presente. El interés de la historia no es tanto el crimen en sí mismo –que no es especialmente interesante porque ya se ha cometido– sino todas las consecuencias que tiene en la vida de la gente que está alrededor y que tiene un vínculo con ese hecho. Y cuanto más tiempo pasa, mayores son las consecuencias, que se van perpetuando. Creo que eso es lo que me interesa realmente: el efecto del tiempo que pasa. Y el crecimiento de los personajes, me imagino. El corazón de la novela son los personajes. Esta galería de personajes que se encuentran en esta ciudad. El crimen es menos importante, es hilo conductor de la historia, el motivo que nos permite seguir un poco todo, que explica por qué en 2014 se encuentran estos individuos. ¿Sigue rechazando la etiqueta de novela negra? Sigo dudando. Sí: hay policías, hay una investigación, al final del libro descubrimos el culpable… Pero estos elementos de novela negra no son los que constituyen el libro. El libro tiene elementos de suspense, pero desde el primer momento, desde la primera frase del libro, ya intuimos el destino de Stephanie Mailer. Es un personaje que da título al libro, pero que dura media página. ¿Por qué es tan importante para darle título a la novela? Porque es el elemento que desencadena todo. Sin ella no hay historia. Y solo la conocemos a través de testimonios. Bueno, ese es el juego de la narración: un personaje muy presente que está muerto. Y lo descubrimos a partir de los recuerdos de los vivos que cuentan cómo era ella. Es algo metaliterario. La novela es una historia de personajes que, en realidad, no existen. Stephanie Mailer no existe, pero es que los demás tampoco. Hay varios momentos en la novela, que transcurren en la redacción de un pequeño periódico local, en los que se lamenta de la situación actual del periodismo. ¿Echa de menos el tiempo en el que todo el mundo compraba el periódico en papel? Lo echo de menos. Y me inquieta. Me inquieta que haya gente que no lea periodismo de verdad. Me inquieta que la gente no se informe cuando lee cosas en internet. Por ejemplo, si hay que pagar por un artículo, la gente no lo lee. Sin embargo, cuando vamos a la frutería o a la cafetería, tenemos que pagar por la fruta y el café. Si uno quiere algo que necesita, tiene que pagar. Y no entiendo a las nuevas generaciones que con las películas, con la prensa o con la música no quieren pagar. Quieren que sea todo gratis. Y no puede ser gratis. Si es gratuito, no existe. Bueno, en internet también hay contenidos de calidad. Pero existe un consumo perezoso, por así decirlo. Hacemos click en los vínculos gratuitos, leemos algo en Facebook sin comprobar nada… Para mí es una locura. Gracias a internet tenemos acceso a los periódicos del mundo entero. A todos. Sin embargo, se hace cada vez menos. Y no entiendo por qué. Le preguntaba todo esto porque no sé si hay un periodista dentro de usted. Con solo diez años fundó una revista en el colegio. Se ha informado muy bien (ríe). Yo no soy periodista. Tenía esa pequeña revista sobre naturaleza y animales, que duró siete años. El periodismo no me interesaba mucho porque se limitaba a la realidad. Pero me fascinaba escribir algo en mi casa, imprimirlo y mandárselo a los lectores por correo. Este proceso de compartir me gustaba muchísimo. La dedicatoria del libro termina con un «¡Leamos!». Es una invitación a la lectura, parece que casi desde un punto de vista lúdico, de «vamos a divertirnos con esto». El «¡Leamos!» de la dedicatoria es una invitación a integrar la literatura en la vida cotidiana, a incluirla no solo como placer, sino como fuente de conocimiento, de riqueza. Lo serio también puede provocar placer. No son cosas antagónicas. ¿Le preocupa el futuro de la lectura? Me preocupa. Estamos en un mundo en el que la gente no presta tanta atención a los demás ni al mundo que les rodea. Están ensimismados, viendo imágenes sobre ellos mismos, encerrados en ellos mismos. Hemos perdido esa costumbre de estar con un libro, de llevar un libro en el bolsillo para los momentos de espera. Y es una pena, porque hay gente que está pagando un gran precio por no leer. ¿Qué precio? Leí un artículo de un científico noruego que decía que según los datos que maneja el cociente intelectual de los jóvenes está disminuyendo. Y estoy seguro de que es así. Si no me equivoco, su madre trabajó como librera: supongo que en su casa no escaseaban los libros. Y mi padre era profesor de literatura en un instituto. En mi casa había millones de libros y hablábamos de literatura constantemente. He crecido rodeado de libros. Nunca me han dicho que no podía leer este libro o el otro porque eran de adultos. Todo era posible. Ha llegado al éxito muy temprano con «La verdad sobre el caso de Harry Quebert». En una entrevista con este periódico durante su promoción dijo que «el éxito siempre llega después del fracaso». Efectivamente. «Harry Quebert» es mi sexta novela, pero las otras cinco fueron rechazadas por las editoriales. Y porque me rechazaron, me preguntaba cómo podría escribir un libro de éxito. Eso hace que Harry Quebert no hubiese podido existir sin los cinco fracasos anteriores, que son importantes. Gracias a los fracasos se avanza, se progresa. Cuando se tiene éxito desde el principio no se aprende nada. El éxito no te da nada. ¿Por qué se ha tenido éxito? No está muy claro. La enseñanza del fracaso es mucho más clara. Te permite avanzar y evolucionar más. Bueno, ahora me gustaría saber qué llega después del éxito. Cuando no tenía éxito tenía que hacer tiempo para escribir. Hacía sacrificios: no me iba de vacaciones o no me iba a cenar con mis amigos. Una vez que tienes el tiempo, tienes que preguntarte por qué continúas escribiendo, cuál es la razón. Muchas veces no escribo para ver si tengo el mono de escribir. ¿Y por qué sigue escribiendo? Porque es un acto indispensable para mí. Me devora esa necesidad.
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El presidente de Colombia, Iván Duque, elogia a «El Libertador» Simón Bolívar en su primer discurso (Wed, 08 Ago 2018 11:46:00 GMT)
El realismo mágico de Gabriel García Márquez y el poeta español Federico García Lorca, gran exponente del surrealismo, sirvieron hoy como inspiración al presidente colombiano, Iván Duque, en su primer discurso como mandatario. Las palabras del nobel colombiano se filtraron en el discurso de Duque en sus primeros compases, cuando recordaba que bajo su Gobierno se celebrará en 2019 el Bicentenario de la independencia definitiva del país. Recordó entonces a algunos de los grandes próceres entre los que No faltó entonces la mención a Simón Bolívar, «El Libertador» que fascina a Duque y que atrapó a García Márquez, cuyas últimas semanas de vida plasmó en «El general en su laberinto». También desfilaron por su discurso otros participantes en la Independencia y en el intento de crear la Gran Colombia, como el general Francisco de Paula Santander, el mariscal Antonio José de Sucre, José María Córdova o Rafael Urdaneta. En medio de esa evocación apareció la épica garciamarquiana: «Cuando nos unimos como pueblo nada nos detiene. Cuando todos aportamos somos capaces de hacer realidad proezas propias que ni siquiera el realismo mágico es capaz de imaginar». Más sorpresa causó hacia el final de su discurso, cuando aseguraba que iba a luchar por la equidad y la educación y se acordó de García Lorca, el poeta asesinado en 1936 entre Víznar y Alfacar, en su natal provincia de Granada. Recordó entonces una parte de su célebre discurso «Medio pan y un libro» que le dedicó a su pueblo de Fuente Vaqueros en la inauguración de la biblioteca municipal. «Hay que entregar un pan y un libro», citó libremente Duque, que aseguró que «no hay peor hambre del conocimiento que el que no puede ser saciado». García Lorca dijo en 1931 a sus convecinos: «Y sabed todos que yo inmediatamente hago su elogio como poeta y como hijo de él, porque en toda la Vega de Granada, y no es pasión, no hay otro pueblo más hermoso, ni más rico, ni con más capacidad emotiva que este pueblecito».
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A los booktubers del PSOE se les olvida la paridad (Wed, 08 Ago 2018 02:16:45 GMT)
El último Plan de Fomento de la Lectura del Gobierno dura un minuto y medio: es lo que tardan en recomendar sus libros de verano siete miembros de la Ejecutiva del PSOE en un vídeo sin ningún tipo de vocación cinematográfica que estrenaron ayer. Aunque no son «millennials», ni han utilizado YouTube, se autodefinen como «booktubers», un término que la RAE todavía no recoge en su Diccionario (¿continúa la guerra entre Ejecutivo y la Academia que comenzó con el lenguaje inclusivo de la Constitución?). Abre el telón la vicepresidenta Carmen Calvo, que quizá ha descartado «El Quijote» por poco igualitario (o por denso), y prefiere los «Ensayos sobre el bien y el mal» de Amelia Valcárcel para descansar en agosto. ¿Responderá el libro a si está bien o está mal que de las once recomendaciones socialistas solo cuatro sean obras de mujeres? No lo sabemos, pues en el vídeo apenas se recitan los títulos de los libros a modo de lista de la compra. Prolifera la novela negra como entretenimiento. No hay, en cambio, ni un solo poemario en esta lista, en la que seguro que no ha intervenido Luis García Montero, flamante director del Cervantes. Patxi López, secretario de Política Federal, opta por «Total Khéops», del francés Jean-Claude Izzo, e Iratxe López e Ibán García del Blanco ofrecen títulos de Lorenzo Silva: «Lejos del corazón» y «El alquimista impaciente», respectivamente. Iratxe también recomienda a su autora favorita, Isabel Allende, con «La suma de los días», e Ibán añade «Limónov», de Emmanuel Carrère. La excentricidad se la lleva en la mochila Cristina Narbona, portavoz socialista en el Senado, con «Otra manera de vivir», de Jane Goodall. «Es una especialista en primates», comenta. También es famosa por copiar de Wikipedia sin citar, como reveló hace unos años el «Washington Post». Narbona recomienda además «La carne», de Rosa Montero. Dice que espera tener tiempo para leer los dos libros. Se nos quedaban en el tintero la prescripciones de Ander Gil (dos novelas históricas: «Memorias de Adriano» y «Capitán de mar y guerra») y Adriana Lastra («Las virtudes cotidianas», de Michael Ignatieff, y «El fuego invisible», de Javier Sierra) para completar esta lista heterogénea que no termina aquí. Según promete la web del PSOE, a partir de hoy, y de forma diaria, «un miembro de la dirección socialista desvelará cuál es su libro elegido».
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Ve la luz un cuento inédito de Ernest Hemingway (Wed, 08 Ago 2018 02:16:18 GMT)
Han pasado seis décadas desde que el gran escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway se suicidara a punta de fusil en 1961, pero sigue sorprendiendo a sus más fieles lectores. Hace unos meses conocíamos el primer relato de ficción escrito por el autor con apenas 10 años, y ahora nos sorprende con la publicación de un cuento inédito. La revista estadounidense «The Strand Magazine» ha sido la encargada de divulgar «A Room on the Garden Side», una breve historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial que Hemingway escribió durante una de sus estancias en París. Su origen se encuentra en el verano de 1957, cuando el autor escribió un total de cinco historias breves sobre las experiencias vividas años atrás, durante la Segunda Guerra Mundial. En agosto de ese mismo año se las entregó a su editor, Charles Scribner, al que le explicó que «las historias podrían ser un poco chocantes porque lidian con tropas irregulares, combates y personas que matan a personas». «De todos modos, siempre puedes publicarlos después de mi muerte», rezaba el final de la carta a Scribner. Estos cuentos se encuentran en la Biblioteca Museo John F. Kennedy de Boston y son conocidos dentro del entorno académico. Allí están los manuscritos de «A Room on the Garden Side», «Black Ass at the Crossroads», «Indian Country and the White Army», «The Monument» y «The Bubble Reputation», los títulos de los cinco cuentos que dejó en herencia el autor a su editor. Solo llegó a publicarse uno, «Black Ass at the Crossroads». Hasta ahora. Amor por París «Es una historia que refleja el amor de Hemingway por París, cómo odiaba la muerte y el sufrimiento y cómo amaba la vida», explica a ABC Andrew F. Gully, responsable de «The Strand Magazine». En 2.100 palabras, y narrada en primera persona, la historia está ambientada en el verano de 1944, cuando las tropas aliadas liberaron París de la ocupación nazi. En el epílogo de la obra, Kirk Curnutt, miembro de la junta directiva de la Hemingway Society, señala que la pieza «contiene todos los elementos que los lectores adoran en Hemingway». El cuento es una buena muestra de la fascinación de Hemingway por la guerra, que tanto plasmó en su literatura. El autor sirvió como voluntario en la Primera Guerra Mundial, conduciendo ambulancias en Italia, hasta que la metralla de una explosión le hirió de gravedad y volvió a Estados Unidos. Su experiencia en el combate le sirvió de inspiración para escribir la novela que le condujo a primera línea literaria: «Adiós a las armas» (1929). Lo mismo ocurrió con la Guerra Civil española y «Por quién doblan las campanas» (1940). Pero Hemingway no se cansó del campo de batalla entonces: fue soldado y reportero durante la Segunda Guerra Mundial y estuvo presente en Francia, en agosto de 1944, durante la liberación de la ocupación nazi y el Desembarco de Normandía. Cicatrices de batalla Desde ese momento su escritura se aderezó con las cicatrices de batalla, el amor, la guerra y la camaradería de los hombres que charlan sobre libros y vino, que están presentes en este nuevo cuento. Poco después de escribir «A Room on the Garden Side», Hemingway le confesó a su amigo Harvey Breit a través de una carta que odiaba «la naturaleza perturbadora de la fama», añadiendo que «probablemente sería mejor no publicar nada más; es más simple dejar las cosas una vez has muerto». Sin embargo, «A Room on the Garden Side» es la entrega veraniega de «The Strand Magazine», una publicación trimestral literaria que se dedica a divulgar trabajos inéditos de maestros literarios y nuevas obras de ficción de autores con gran relevancia en la actualidad. En cuanto al resto de inéditos, se desconoce cuándo saldrán a la luz, pues «la Hemingway Society quiere esperar a publicar los documentos en el momento correcto con el editor adecuado», según explica Andrew Gully.
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