Centenarios:

Octubre, noviembre y diciembre 2022.

En este número otoñal conmemoramos dieciocho centenarios literarios de personajes relevantes de las letras mundiales, entre los que destacamos los cien años del nacimiento del escritor portugués José Saramago y los cien de la muerte del novelista francés Marcel Proust. Seguidamente os ofrecemos una breve biografía de todos ellos acompañados de reproducciones de sus rostros y, en algún caso, de una pequeña muestra de su trabajo.

 

Pintura de William Turner

El 6 de octubre de 1822 nacía el médico y escritor puertorriqueño Manuel Antonio Alonso Pacheco en San Juan de Puerto Rico, que está considerado como uno de los autores más importantes del Romanticismo y el primer exponente de la literatura costumbrista y criolla de su país. Hijo de Juan Francisco Alonso, un militar de origen gallego, y la española María de África Pacheco, cursó sus primeros estudios en el Seminario Conciliar de San Juan, posteriormente se trasladaría a Barcelona para completar el bachillerato de Filosofía, doctorándose en esta ciudad en Medicina y Cirugía. Al concluir sus estudios, regresó a la isla para ejercer su profesión, aunque volvería a residir en España en dos ocasiones que sumarían más de ocho años. Su obra recoge las costumbres y tradiciones de los campesinos isleños e incluye su forma de hablar, buscando la identidad puertorriqueña. Sus primeros escritos publicados (en el Álbum puertorriqueño de 1844) fueron once composiciones en verso y diez más de prosa en El cancionero de Borinquén (1846). En 1849 publica en Madrid El Gíbaro, donde recoge todas sus obras anteriores y otras nuevas. Así mismo, fue autor de diversos artículos periodísticos sobre asuntos políticos de la metrópoli y sus incidencias en la vida de la colonia. Manuel Antonio Alonso Pacheco falleció en el Asilo de Beneficencia de San Juan en 1889.

 

Boceto

Manuel Antonio Alonso Pacheco

 

Color moreno, frente despejada,

mirar lánguido, altivo y penetrante,

la barba negra, pálido el semblante,

rostro enjuto, nariz proporcionada.

 

Mediana talla, marcha compasada,

el alma de ilusiones anhelante,

agudo ingenio, libre y arrogante,

pensar inquieto, mente acalorada

.

Humano, afable, justo, dadivoso,

en empresa de amor siempre variable,

tras la gloria y placer siempre afanoso.

 

¡Y en amor a su patria insuperable!

Este es, a no dudarlo, fiel diseño

para copiar un buen puertorriqueño.

El 15 de octubre de 1922 nacía la escritora portuguesa María Agustina Ferrerira Teixeira Bessa, más como Agustina Bessa Luis, en Vila Meâ, una pedanía de la ciudad de Amarante, Portugal, que llegaría a ser una de las escritoras más emblemáticas de la literatura portuguesa, tanto por la calidad de sus escritos, como por su valentía, inteligencia, sarcasmo y decir siempre lo que pensaba. Aunque desde pequeña vivió en diferentes ciudades, ella siempre mantuvo una fuerte conexión con su tierra natal. En 1945 contrajo matrimonio con Alberto Luis, a quien conoció a través de un anuncio en el periódico en el que buscaba una persona culta con quien intercambiar correspondencia. Su primer libro, Mundo Fechado, apareció en 1948, sin embargo, el reconocimiento le llegaría cinco años más tarde con A Sibila. A partir de ese momento se dedicó por entero a la escritura escribiendo decenas de novelas, muchas de ellas llevadas al cine, entre las que destaca La Corte del Norte. Además de novelas, también escribió teatro, biografías, ensayos y libros infantiles. Ha recibido numerosos premios y ha pertenecido a diferentes academias, tanto nacionales como internacionales, siendo sus obras traducidas a una gran cantidad de idiomas. Agustina Bessa Luis falleció el 3 de junio de 2019 en su domicilio de Oporto.

El 16 de octubre de 1922 moría el poeta mallorquín Miquel Costa i Llobera en la ciudad de Palma de Mallorca. Miquel había nacido en Pollença, una pequeña ciudad de la misma isla balear, en el año 1854. Aunque cursó la carrera eclesiástica y se doctoró en teología en la ciudad de Roma, su primera intención fue estudiar Derecho en Barcelona, carrera que nunca finalizó, aunque aquella época le sirvió para frecuentar varias tertulias literarias y hacerse amigo del pionero del Renacimiento Catalán, Antonio Rubió i Lluch, formándose, así mismo, en la culturas griega y latina. Se le considera una de las mayores representantes de la lírica mallorquina, reflejando en sus poemas, con su lenguaje sencillo y puro, los paisajes y luminosidad de la isla. Entre sus obras más conocidas podemos nombrar: Poesíes catalanes (1885), De l’agre de la terra (1897), Líriques (1899), Tradicions i fantasies (1903) y Horacianes (1906).

 

Cala gentil

Miquel Costa i Llobera

 

Sobre la cinta de blanca arena, 
que besa l’aigua de cèlic blau, 
grans pins hi vessen a copa plena 
olor de bàlsam, ombra serena, 
          remor suau... 
Oh, dolç estatge de bellesa i pau!

Un aquí troba la llum més clara, 
les colors vàries de to més viu; 
pura delícia de tot s’hi empara, 
i sol o lluna mostrant la cara, 
          tot hi somriu... 
Oh, de mos càntics inefable niu!

Per puigs i serres s’acaramulla 
frondós boscatge de verd etern, 
que eixa floresta de vària fulla 
la tardor trista mai la despulla, 
          ni el fred hivern... 
Oh, Paradís que apar al món extern!

Si aquí s’acosta qualque mal dia 
de nuvolades amb negre estol, 
sols hi duu tendra melancolia, 
com una verge sense alegria 
          que en pau es dol... 
Oh, bon refugi de callat consol!

Aquí, ben jove, pensí abrigar-hi 
un niu d’humana felicitat; 
després de tomba vaig somiar-hi 
a on tindria més solitari 
          repòs més grat... 
Oh, lloc per vida i mort fantasiat!

És que en la calma de tals paratges 
tan dolç és viure, veure i sentir, 
i vora l’aigua de purs miratges 
al ritme eòlic d’aquestes platges 
          tan dolç dormir! 
Mes jo tal sort jamai dec posseir.

Què hi fa? D’aquesta cala opalina 
prou el misteri n’hauré gustat, 
mentre ara, a l’hora que el sol declina, 
m’hi sent confondre dins la divina 
          serenitat... 
Oh, dolç moment; oh, glop d’eternitat! 

El 19 de octubre de 1822 nacía el poeta francés Louis Ménard en París. Fue compañero de Baudelaire durante sus estudios primarios, amistad que les duraría toda la vida compartiendo su afición por la “mermelada verde” (hachís). Tras publicar Prométhée livre en 1843, dejaría sus estudios literarios para dedicarse a la química, descubriendo en 1846 el colodión. Su fervor democrático y populista le llevó a apoyar la revolución de 1848, publicando Prologue d’une rèvolution, por lo que fue penalizado con la prisión, a consecuencia de ello se exilió, primero, a Londres y, posteriormente, a Bruselas, donde conoció a Karl Marx. Durante esta época volvió a escribir poesía, publicando una colección de poemas de influencia clásica en 1855, que fueron considerados meros plagios, por lo que se dedicó al estudio minucioso de los autores griegos antiguos, así como sus sociedades y creencias. Tras un periodo que dedicó a la pintura, Ménard retornó a la poesía, sobre todo tras la Comuna de París, que él defendió con vigor a pesar de estar residiendo en Londres. En 1876 se publicó su mejor libro, Ensoñaciones de un pagano místico, donde mezcla la poesía con la mística y la filosofía. En 1887 se convirtió en profesor de la Escuela de Artes Decorativas, y 1895 profesor de historia universal en el Hôtel de Ville. Ménard falleció el 9 de febrero de 1901 en París.

El 23 de octubre de 1922 nacía la escritora mexicana Altair Tejeda de Támez en Ciudad Victoria, Estado de Tamaulipas, México. Hija de profesores, ella misma se graduó en Filosofía y Letras por la Universidad de Coahuila, realizando una maestría en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su trayectoria profesional se desarrolló en la docencia tanto en la primaria como en la secundaria, y como columnista escribió diversas crónicas para El Diario de Ciudad Victoria. Fue madre de tres hijos y fue distinguida con la Medalla al Mérito Luis García de Arellano por el Congreso del Estado de Tamaulipas. Su producción literaria, compuesta por una buena cantidad de relatos y poemas, es diversa y abundante, con un estilo narrativo claro y directo y una poesía dinámica y nostálgica. Sólo escribió una novela, Ménage á trois; un ensayo, El péndulo, y varias obras dramáticas. Altair falleció el 17 de septiembre de 2015.

 

La espera inútil

Altair Tejeda de Támez

 

Abajo… la ciudad.
Arriba… el cielo.
Aquí, la abdicación de mi esperanza.
Cada estrella es un eco
de la voz misteriosa que me llama.
Cada soplo de brisa
es un beso en mi espalda.
Quiero decir tu nombre, pero tengo
un collar de silencio en la garganta.
Quiero mirar tu imagen
pero la ausencia extiende su pañuelo
y me venda la cara.
Quiero oír tu suspiro
negando la crueldad de la distancia
mas todo en vano…

 

Viajo en barca ligera, es de mañana;
quieta la mar y limpio el pensamiento.
Llena de ensueño el alma y sin insana
pasión, y libre el pensamiento.

 

Aprieta el sol su puño. La lejana
playa borrosa está… Un lamento
se escucha… Avanza la mañana
y el medio día me quema con su aliento.

 

No vislumbro aun la tarde. Sé que existe
y a veces, en mi sueño, la presiento:
la faz serena y la mirada triste.

 

Mí corazón se angustia. Y mientras llega
esa tarde que no lejana siento
rauda mi barca sin cesar navega.

El 30 de octubre de 1922 moría el poeta húngaro Géza Gárdonyi en la ciudad de Eger, habiendo nacido el 3 de agosto de 1863 en la pequeña población húngara de Agárdpuszta. Se graduó como educador y trabajó de maestro durante algunos años. Se casó con Maria Molnar, con quien tuvo cuatro hijos, pero su matrimonio fue un fracaso. Como escritor empezó trabajando para revistas y periódicos, siendo su primer éxito las cartas satíricas Göre Gábor sobre la vida rural. Más tarde sus escritos se centrarían en la novela histórica, entre las que destacan: Eclipse de luna creciente y Esclavo de los unos.

El 1 de noviembre de 1922 moría el escritor y periodista brasileño Lima Barreto, en Río de Janeiro, la misma ciudad brasileña donde nacería cuarenta y un años antes, justo el 13 de mayo de 1881. Hijo del tipógrafo Joaquín Henríquez de Lima y de la maestra de primaria Amalia Augusta, ambos mestizos y pobres, sufrió prejuicios toda su vida. A la edad de siete años quedó huérfano de madre. Al ser ahijado del vizconde de Ouro Preto, éste lo tomó bajo su tutela y así pudo cursar estudios en la escuela secundaria del Colegio Pedro II. En 1903 mientras cursaba el tercer año de ingeniería, se vio obligado a abandonar el curso, porque su padre se había vuelto loco y el apoyo de los tres hermanos era ahora su responsabilidad. Al año siguiente realizó un curso para secretario del Ministerio de Guerra, fue aprobado y permaneció en el cargo hasta su jubilación. En 1905 se unió al periodismo con una serie de informes que escribió para el Morning Mail, y dos años más tarde fundó la revista Floreal, de la que lanzó solo cuatro números. En 1909, Lima Barreto debutó en la literatura con la publicación de la novela Memorabilia del escriba Isaías Caminha. El texto sigue la trayectoria de un joven mulato que sufre graves prejuicios raciales. La obra, en tono autobiográfico, es un grito de rebelión contra los prejuicios raciales y una sátira implacable contra el periodismo de Río. En 1915, después de haberlo publicado en folletos, Lima Barreto publica el libro Triste fin de Policarpo Quaresma, su obra maestra. En esta novela, el autor describe la vida política en Brasil después de la proclamación de la República. La obra narra los ideales y las frustraciones del funcionario Policarpo Quaresma, hombre metódico y nacionalista fanático. Soñador e ingenuo, Policarpo dedica su vida a estudiar las riquezas del país. Además de la descripción política de finales del siglo XIX, la obra traza un rico panel social y humano de los suburbios de Río de Janeiro a principios de siglo. La obra de Lima Barreto, que fue escrita en la primera década del siglo XX en el período de la Primera República, representó la fase de transición de la literatura en la que se agotan las influencias europeas y surge una verdadera renovación del lenguaje y la ideología. Este período se le denominó el Premodernismo.

 

Frases

Lima Barreto

 

Brasil no tiene gente, tiene una audiencia.

 

No es solamente la muerte lo que nos iguala, la enfermedad y la locura también acaban con las diferencias que inventamos.

 

El verdadero amor es un estado de media locura, de algún tipo de obsesión suave, que gobierna un tipo de sentimiento tan delicado que puede llevar a una persona de la mayor felicidad al dolor más terrible.

El 4 de noviembre de 1622 moría en Lisboa, ahogado en el río Tajo, el poeta portugués Francisco Rodríguez Lobo, quien había nacido en la población portuguesa de Leiria en 1580. Rodríguez Lobo era de origen judío, sin embargo, recibió las órdenes menores mientras estudiaba en Coímbra. Está considerado el iniciador del período barroco en Portugal. Se inició en las letras con Romancero (1596), con el que inauguraba en Portugal este género de origen popular castellano. En Corte en la aldea y noches de invierno (1619), se nota claramente la influencia italiana. Del resto de su producción, destacan: Primavera (1601), O Pastor Peregrino (1608), O Desencarnado (1614) y las Églogas (1605).

El 9 de noviembre de 1922 nacía el dramaturgo español Lauro Olmo Gallego, en la población orensana de Barco de Valdeorras. Siendo pequeño, su familia se instaló en Madrid al emigrar su padre a Buenos Aires. Allí comenzó a estudiar en la Escuela Municipal, pero tuvo que dejar los estudios cuando llegó la guerra, los cuales completaría más tarde de forma autodidacta. En 1954 aparecieron sus primeras obras, compuestas de poemas y narraciones cortas. Un año más tarde estrenó su primera obra teatral, y recibiría el Premio Leopoldo Alas por Doce cuentos y uno más. Lauro Olmo escribía en lo que se denominaba “realismo social”, y formó parte de un grupo de autores que, durante los años 60, dieron un nuevo impulso al teatro español. En este tipo de obras la denuncia social era patente y fueron censuradas en varias ocasiones, por lo que muchas de sus obras fueron prohibidas en los escenarios españoles durante años, como: La condecoración, que se estrenó en Francia en 1965 y en España en 1977; La noticia, que no se estrenó hasta 1990. Su obra más famosa es la camisa, en la que se explica la realidad española de la década de los 60 y fue estrenada en 1962, y traducida a varios idiomas. A partir de ese momento escribió bastantes otras obras de teatro, muchas de ellas consistían en piezas breves de carácter cómico separadas entre sí por escenas musicales y coreografías. Casado con la escritora Pilar Enciso Pellico, ambos recibieron el Premio Manuel Espinosa y cortina de la Real Academia Española por la obra Asamblea General. También fue finalista al Premio Príncipe de Asturias de las letras de 1993. Lauro Olmo moriría en Madrid en 1994.

El 11 de noviembre de 1922 nacía el novelista estadounidense Kurt Vonnegut en Indianápolis, Indiana. Era el menor de tres hermanos y sus antepasados habían venido de Alemania en 1855. El estilo de Vonnegut era bastante satírico y lleno de humor negro. Sus obras estaban adscritas a la ciencia ficción y en total suman catorce novelas, entre las que destacaremos: Las sirenas de titán (1959), Matadero cinco (1969) y El desayuno de los campeones (1973). Vonnegut escribió sobre momentos trágicamente horribles, pero los hizo tan divertidos que se convirtió en uno de los autores estadounidenses más importantes del siglo XX. Ciertamente Vonnegut estaba preparado para escribir sobre la tragedia: su madre se suicidó el Día de la Madre mientras él estaba en casa de permiso durante la Segunda Guerra Mundial; fue uno de los siete prisioneros de guerra estadounidenses sobrevivientes durante el bombardeo incendiario de Dresde; su hermana, Alice, murió de cáncer pocos días después de que su esposo muriera en un accidente de tren; y el propio Vonnegut intentó suicidarse en al menos una ocasión. Sin embargo, logró cambiar su visión sombría del mundo con un sentido del humor seco y agudo que continúa entreteniendo y atrayendo a los lectores de hoy. Además de ser uno de los autores estadounidenses más vendidos del siglo XX, Vonnegut fue un artista gráfico consumado: ha producido ediciones ilustradas e, incluso, creó una portada para un álbum de la banda de rock progresiva Phish. En su libro Bagombo Snuff Box: Uncollected Short Ficition, enumeró ocho reglas para escribir un cuento. Se especializó en bioquímica, ingeniería mecánica y antropología en varias universidades, pero nunca completó un título en ninguna de ellas. Tiene un asteroide nombrado en su honor: el asteroide 25399 Vonnegut. Fue conocido por sus ideas humanistas y fue presidente honorario de la Asociación Humanista Estadounidense. Falleció el 11 de abril de 2007, a los 84 años, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos.

 

El perro lanudo de Tom Edison

Kurt Vonnegut

 

Dos viejos se encontraban sentados una mañana en la banca de un parque, gozando del sol de Tampa, Florida: uno, tratando tenazmente de leer un libro que era obvio disfrutaba, mientras que el otro, un tal Harold K. Bullard, le contaba la historia de su vida en el tono redondo y lleno de un orador ante un equipo de sonido. Echado a sus pies se encontraba el perro de caza labrador de Bullard, que atormentaba aún más al oyente sobándole los tobillos con su gran nariz húmeda.

Bullard, quien antes de su retiro había conocido el éxito en numerosos campos, gozaba revisando su pasado. Pero se enfrentaba al problema que complica la vida de los caníbales, esto es, que no es posible utilizar a la misma víctima una y otra vez. Cualquiera que hubiese pasado un día con él y su perro se negaba a compartir su banca con ellos de nuevo. Así que Bullard y su perro iban a través del parque cada día a la búsqueda de caras nuevas. Habían tenido buena suerte esta mañana, ya que inmediatamente habían encontrado a este desconocido y era claro que se trataba de alguien acabado de llegar a la Florida, aún bien cubierto por un traje de grueso paño, con cuello almidonado y corbata y sin nada mejor que hacer que leer.

- Sí - dijo Bullard, redondeando la primera hora de su conferencia -, en mis tiempos hice y perdí cinco fortunas.

- Eso decía usted - replicó el desconocido, cuyo nombre Bullard se había olvidado de preguntar.

- Con cuidado, no, no, no - dijo al pe­rro, que se volvía cada vez más agresivo con sus tobillos.

-¿Ah? ¿Ya le conté eso, no? - dijo Bullard.

- Dos veces.

- Dos en bienes raíces, una en fierro viejo, una en petróleo y una en transportes camioneros.

- Eso decía usted.

-¿Ah, sí? Pues sí, me imagino que sí. Dos en bienes raíces, una en fierro viejo, una en petróleo, y una en transportes camioneros. Y no me arrepiento de eso un solo día.

- No, me imagino que no - dijo el desconocido -. Perdóneme, pero ¿no sería posible cambiar a su perro a otro sitio? Me está...

-¿El perro?, - dijo Bullard cordialmente -. Es el perro más amiga­ble de todo el mundo. No debe tenerle miedo.

- No le tengo miedo. Es que me está volviendo loco, olfateando mis tobillos.

- Plástico - dijo Bullard, con una risita.

- ¿Cómo?

- Plástico. Debe haber algo de plástico en sus ligas. Caray, le apuesto a que son esos botoncitos. Tan seguro como que estamos sen­tados aquí, esos botones deben ser de plástico. Ese perro se vuelve loco con el plástico. No sé por qué, pero lo huele y lo encuentra, aun­que sea una pizca. Debe ser una deficiencia en su alimentación, aun­que come mejor que yo. Una vez se comió toda una caja de plástico para tabaco, ¿usted cree? Ese es el negocio al que me dedicaría ahora, sí señor, si los matasanos no me hubieran dicho que debía darle un descansito al corazón.

- Podría amarrar al perro a ese árbol - dijo el desconocido.

- ¡Me revientan todos estos jóvenes de ahora! - dijo Bullard­ -
Todos suspirando para que no haya fronteras. Jamás ha habido tan­tas fronteras como ahora. ¿Sabe usted lo que diría hoy Horace Greely?

- Tiene la nariz húmeda - dijo el desconocido, y retiró los tobillos, pero el perro se encorvó en paciente persecución -. Ya, ¡quieto!

- Si tiene la nariz húmeda, quiere decir que está sano - dijo Bu­llard-. Dedícate al plástico, ¡muchacho! Eso diría Greeley. Dedíca­te al átomo ¡muchacho!

El perro había localizado definitivamente los botones de plástico en las ligas del desconocido y movía la cabeza de un lugar a otro cavi­lando en la manera de hincar sus dientes en esa golosina.

-¡Lárgate! - dijo el desconocido.

- ¡Dedícate a la electrónica, muchacho! - dijo Bullard -. No me diga que ya no hay oportunidades. Las oportunidades están tocando en cada puerta del país, tratando de entrar. Cuando yo era joven, te­nía uno que salir a buscar una oportunidad para luego llevarla de las orejas a casa. Ahora...

- Lo siento - dijo el desconocido simplemente.

Cerró el libro, se puso de pie y jaló su tobillo lejos del perro.

- Tengo que irme. Buenos días, señor.

Con paso majestuoso atravesó el parque, encontró otra banca, se sentó dejando escapar un suspiro y comenzó su lectura. Su respira­ción había vuelto a la normalidad cuando sintió de nuevo la esponja húmeda de la nariz del perro sobre sus tobillos.

- ¡Oh, es usted! - dijo Bullard, sentándose a su lado -. El perro lo andaba cazando. Olió algo, y lo dejé que buscara. ¿Qué le dije del plástico? - satisfecho, miró a su alrededor-. Hizo bien en buscar otro sitio. Hacía mucho calor allá. Nada de sombra y ninguna señal de brisa.

-¿Se irá el perro si le compro una caja de plástico? - dijo el desco­nocido.

- Esa es una buena broma, una buena broma - dijo Bullard en tono amistoso. Repentinamente, le dio una palmada en la rodilla -. Oiga, ¿qué usted se dedica al plástico? He estado hablando acerca del plástico y a la mejor es a lo que se dedica usted.

-¿A lo que me dedico? -dijo el desconocido, vigorosamente, de­jando su libro-. Lo siento, nunca me he dedicado a nada. He anda­do de aquí para allá desde los nueve años, desde que Edison montó su laboratorio junto a mi casa y me mostró el analizador de inteligen­cia.

- ¿Edison? - dijo Bullard -, ¿Thomas Edison, el inventor?

- Si quiere llamarlo así, hágalo - dijo el desconocido.

-¿Si yo quiero llamarlo así? -Bullard soltó una carcajada -. ¡Pues claro que sí! Es el padre de la bombilla y de no sé qué más co­sas.

- Si usted quiere pensar que él inventó la bombilla, hágalo. No le hace daño a nadie. El desconocido reanudó su lectura.

- Oiga, ¿de qué se trata? - dijo Bullard, desconfiado -. ¿Me está tomando el pelo? ¿Qué es eso de un analizador de inteligencias? Ja­más oí hablar de eso.

- Claro que no - dijo el desconocido -. El señor Edison y yo pro­metimos mantenerlo en secreto. Jamás le he dicho a nadie. El señor Edison rompió su promesa y se lo contó a Henry Ford, pero Ford le hizo prometer que jamás se lo contaría a nadie más, en bien de la hu­manidad.

Bullard se encontraba fascinado.

- Uh, este analizador de inteli­gencia - dijo -, analizaba la inteligencia, ¿no es así?

- Era una mantequillera eléctrica - dijo el desconocido.

- Hablo en serio - le instó Bullard.

- Quizá sería mejor comentarlo con alguien - dijo el desconocido - ­Es terrible tenerlo guardado después de tantos años. Pero ¿cómo puedo estar seguro de que no pasará de aquí?

- Mi palabra de caballero - le aseguró Bullard.

- No creo poder encontrar una mejor garantía, ¿verdad? - dijo el desconocido, juiciosamente.

- No existe mejor garantía - dijo Bullard con orgullo -. ¡Le doy mi palabra, y si no que me parta un rayo!

- Muy bien. El desconocido se inclinó hacia atrás y cerró los ojos.

Parecía como si viajara hacia el pasado a través del tiempo. Guardó silencio durante un minuto, mientras Bullard lo miraba con respeto.

- Sucedió en el otoño de mil ochocientos setenta y nueve - dijo el desconocido finalmente, en voz baja -. Allá en el pueblo de Menlo Park, New Jersey. Yo tenía nueve años. Un joven - todos creíamos que era un brujo- había montado un laboratorio junto a mi casa y ahí dentro veíamos destellos de luz y escuchábamos estallidos y su­cedían cosas que nos asustaban. Se advirtió a los niños del vecindario que no se acercaran, que no hicieran ningún ruido que molestara al brujo.

- Yo no conocía Edison luego, pero su perro Sparky y yo lle­gamos a ser buenos amigos. Un perro muy parecido al suyo, así era Sparky, y jugueteábamos por todo el vecindario. Si, señor, su perro es igualito a Sparky.

- No me diga - dijo Bullard, halagado.

- Palabra - dijo el desconocido -. Bueno, pues un día Sparky y yo jugábamos y llegamos hasta la puerta del laboratorio de Edison. An­tes de que me diera cuenta, Sparky me había empujado a través de la puerta, y ¡cataplúm! , me encontré sentado sobre el piso del laborato­rio y frente a mí estaba el señor Edison en persona.

- Le apuesto a que estaba enojado - dijo Bullard, encantado.

- Puede usted apostar a que estaba yo muerto de miedo - dijo el desconocido -. Creí encontrarme cara a cara con Satanás. Edison te­nía unos alambres enganchados a sus oídos que terminaban en una cajita negra que tenía en las piernas. Quise salir, pero me agarró del cuello y me obligó a sentarme.

- Muchacho - dijo Edison -, siempre está más oscuro antes del amanecer. Quiero que lo recuerdes.

- Sí, señor - dije yo.

- Durante más de un año, muchacho - me dijo Edison-, he trata­do de encontrar un filamento que dure en una lámpara incandescen­te. Cabello, hilo, astillas, nada funciona. Así que mientras pensaba en alguna otra cosa para experimentar, comencé a darle vueltas a otra idea mía, sólo para dejar que saliera el vapor. Y logré armar esto - me dijo, mostrándome la cajita negra -. Pensé que la inteligencia podría ser sólo un cierto tipo de electricidad, así que hice este anali­zador de inteligencia. ¡Y funciona! Eres el primero en enterarte, mu­chacho. Pero no sé por qué no habías de ser el primero. Será tu gene­ración la que crecerá en la nueva era gloriosa en que la gente será cla­sificada tan fácilmente como naranjas.

-¡No lo creo! - dijo Bullard.

-¡Que me parta un rayo en este momento! - dijo el desconoci­do -. Y es cierto que funcionaba. Edison había probado el analiza­dor con los hombres de su taller, sin decirles de lo que se trataba. Cuanto más inteligente era un hombre, más a la derecha giraba la aguja del indicador en la cajita negra. Dejé que lo probara conmigo, pero la aguja no giró, sólo temblaba. Pero por muy tonto que fuera entonces, es cuando hice mi única contribución al mundo. Como le dije, no he levantado un dedo desde entonces.

-¿Qué hizo usted? - preguntó Bullard con ansiedad.

- Dije: Señor Edison, probemos con el perro. ¡Y me hubiese gus­tado que viera usted lo loco que se puso el perro cuando lo dije! El viejo Sparky ladró y aulló y rascó para poder salirse. Cuando vio que iba en serio, que no iba a poder salir, corrió derechito hacia el anali­zador de inteligencia e hizo que se le cayera a Edison de las manos. Pero lo acorralamos, y Edison lo sujetó mientras yo le colocaba los alambres en las orejas. ¡Y no lo va a creer, pero la aguja giró hacia el otro extremo del cuadrante, mucho más allá de una marca hecha con lápiz rojo en la cara del cuadrante!

- El perro lo rompió - dijo Bullard.

- Señor Edison - dije -, ¿qué quiere decir esa marca roja?

- Muchacho - dijo Edison-, quiere decir que el instrumento se ha roto, porque esa marca roja soy yo.

- Claro que estaba roto - dijo Bullard.

El desconocido dijo gravemente:

- Pero no estaba roto. No, señor. Edison examinó todo el aparato y estaba perfectamente en orden. Cuando Edison me dijo eso fue cuando Sparky - loco por salirse- se echó de cabeza.

-¿Cómo? - dijo Bullard, receloso.

- En realidad lo teníamos encerrado. Había tres cerraduras en la puerta: una alcayata, un cerrojo y una perilla con aldaba. El perro se paró, desenganchó la alcayata, jaló el cerrojo y ya tenía la perilla en­tre los dientes cuando Edison lo agarró.

- ¡No! - dijo Bullard.

- ¡Sí! - afirmó el desconocido, los ojos brillantes -.

Y fue entonces que Edison me mostró lo grande que era como científico, Estaba dis­puesto a enfrentarse con la verdad, sin importarle lo desagradable que pudiera resultar.

-¡Conque esas tenemos! -le dijo Edison a Sparky -. Conque el mejor amigo del hombre, ¿no? Conque un animal tonto, ¿no? - Ese Sparky era algo serio.

Hizo como que no escuchaba. Se rascó y se puso a morder sus pulgas y daba vueltas gruñendo a los agujeros de las ratas: cualquier cosa que le permitiera esquivar la mirada de Edison.

-¿Conque la buena vida, Sparky? dijo Edison -. Dejas que otro se preocupe por traer los alimentos, construir refugios y mantenerte ca­lientito mientras tú duermes frente a la chimenea o persigues a las chicas o jugueteas con los muchachos. Nada de hipotecas, nada de política, nada de guerra, nada de trabajo, nada de preocupaciones. Sólo tienes que mover la vieja cola o lamer una mano, y estás listo.

- Señor Edison - dije yo -, ¿quiere usted decir que los perros son más inteligentes que las personas?

-¿Más inteligentes? - dijo Edison -. ¡Estoy dispuesto a decirlo a todo el mundo! ¿Y qué es lo que he estado haciendo durante todo un año? ¡Trabajando como esclavo para hacer una bombilla que permita a los perros jugar por la noche!

- Mire, señor Edison - dijo Sparky- por qué no...

- ¡Un momento! - rugió Bullard.

-¡Silencio! - gritó el desconocido, victorioso -. Mire, señor Edi­son - dijo Sparky -, ¿por qué no guarda silencio acerca de todo esto? Ha venido funcionando a satisfacción de todo el mundo durante cien­tos de miles de años. Deje echados a los perros que duermen. Usted se olvida de todo, destruye el analizador de inteligencia, y yo le digo qué usar como filamento para su lámpara.

-¡Son puras mentiras! - dijo Bullard, la cara amoratada.

- Le doy mi palabra solemne de caballero. Ese perro me premió por mi silencio con un dato confidencial de la bolsa de valores que me hizo acaudalado e independiente por el resto de mis días. Y las últi­mas palabras pronunciadas por Sparky fueron dirigidas a 'Thomas Edison.

- Pruebe un trozo de hilo de algodón carbonizado - dijo -. Más tarde, lo hizo pedazos una jauría de perros que se había reunido afuera de la puerta a escuchar.

El desconocido se quitó las ligas y se las dio al perro de Bullard.

- Una pequeña muestra de mi estimación, señor, a nombre de un an­tepasado que murió de tanto hablar. Buenos días - se metió el libro bajo el brazo y se alejó caminando.

FIN

El 15 de noviembre de 1922 nacía el escritor italiano Giorgio Manganelli en la ciudad italiana de Milán. Manganelli descendía de una pareja humilde oriunda de Parma. Estudió letras en la Universidad de Pavía y trabajó como lector para conocidas casas editoriales, dedicándose asimismo a la docencia. Además de poeta, Manganelli era traductor, periodista y crítico literario. Consiguió varios premios, entre los que destaca el Premio Viareggio, y fue considerado por los críticos como uno de los escritores italianos más sobresalientes del siglo XX. Manganelli fue un gran viajero y fruto de sus viajes surgieron una buena cantidad de libros sobre este tema. Se casó con Fausta Chiaruttini, con quien tuvo una niña llamada Amelia Antonia, más conocida como Lietta. Sin embargo, su matrimonio entró en crisis y él mantuvo relaciones con la poetisa Alda Merini, con quien se casaría en 1950. Giorgio Manganelli murió a consecuencia de un infarto en la ciudad de Roma el 28 de mayo de 1990.

 

Veintisiete

Giorgio Manganelli


Un señor que poseía un caballo de excepcional elegancia, una mansión fortificada, tres criados y una viña, creyó entender, por la manera como se habían dispuesto los cirros en torno al sol, que debía abandonar Cornualles, en donde siempre había vivido, y dirigirse a Roma, en donde, suponía, tendría ocasión de hablar con el emperador. No era un mitómano ni un aventurero, pero aquellos cirros le hacían pensar. No empleó más de tres días en los preparativos, escribió una vaga carta a su hermana, otra todavía más vaga a una mujer que, por puro ocio, había pensado en pedir por esposa, ofreció un sacrificio a los dioses y partió, una mañana fría y despejada. Atravesó el canal que separa la Galia de Cornualles y no tardó en encontrarse en una zona llena de bosques, sin ningún camino; el cielo estaba agitado y él con frecuencia buscaba abrigo, con su caballo, en grutas que no mostraban rastros de presencia humana. El día decimosegundo encontró en un vado un esqueleto de hombre, con una flecha entre las costillas: cuando lo tocó, se pulverizó, y la flecha rodó entre los guijarros con un tintineo metálico. Al cabo de un mes encontró una miserable aldea, habitada por aldeanos cuya lengua no entendía. Le pareció que le prevenían de alguna cosa. Tres días después encontró un gigante, de rostro obtuso y tres ojos. Le salvó el velocísimo caballo y permaneció oculto durante una semana en una selva en la que no penetraría jamás ningún gigante. Al segundo mes cruzó un país de poblados elegantes, ciudades llenas de gente, ruidosos mercados; encontró hombres de su misma tierra, supo que una secreta tristeza arruinaba aquella región, corroída por una lenta pestilencia. Cruzó los Alpes, comió lasagna en Mutina y bebió vino espumoso. A mediados del tercer mes llegó a Roma. Le pareció admirable, sin saber cuánto había decaído los últimos diez años. Se hablaba de peste, de envenenamientos, de emperadores viles o feroces, cuando no ambas cosas a un tiempo. Puesto que había llegado a Roma, intentó vivir allí al menos un año; enseñaba el córnico, practicaba esgrima, hacía dibujos exóticos para uso de los picapedreros imperiales. En la arena mató un toro y fue observado por un oficial de la corte. Un día encontró al emperador que, confundiéndolo con otro, lo miró con odio. Tres días después el emperador fue despedazado y el gentilhombre de Cornualles aclamado emperador. Pero no era feliz. Siempre se preguntaba qué habían querido decirle aquellos cirros. ¿Los había entendido mal? Estaba meditabundo y atormentado; se tranquilizó el día en que el oficial de la corte apuntó la espada contra su garganta.

FIN

El 16 de noviembre de 1922 nacía el escritor portugués, Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, en el pueblecito de Azinhaga, Portugal. El escritor más conocido y célebre de Portugal, nació en una familia de trabajadores agrícolas pobres. Cuando Saramago tenía dos años, su familia se mudó a la capital portuguesa de Lisboa. Después de graduarse en la Escuela Técnica, Saramago encontró trabajo en un taller de reparación de automóviles, donde estuvo ocupado durante dos años antes de pasar al Servicio de Bienestar Social de Portugal. Se casó con su primera esposa, Ilda Reis, en 1944, y su único hijo nació tres años después. Durante ese tiempo, Saramago pasaba regularmente sus horas después del trabajo en la biblioteca pública, ampliando su educación literaria. También escribió su primera novela, Tierra de pecado, publicándola en 1847 a la edad de veinticinco años. Saramago se decepcionó con este trabajo y, después de terminar una novela inédita y trabajar en otra, dejó de escribir durante dos décadas. Durante su periodo de silencio, Saramago tomó un trabajo con un editor en Lisboa, coma y esto le ayudó a mantener el contacto con la escena literaria. Tradujo las obras de varios escritores importantes del francés al portugués. Finalmente volvió a publicar su propia escritura en 1966, un libro de poesía, Posibles poemas. A este libro le siguió su colección de poemas de 1970, Probablemente alegría, y, en 1975, el poema largo, El año 1993. En 1969, Saramago se unió al Partido Comunista portugués. La década de 1970 fue una época de cambios para Portugal y Saramago: Antonio Salazar, que había llegado al poder en Portugal en la década de 1930, murió. La Dictadura continuó bajo el primer ministro Marcelo Caetano, quien había mantenido el control desde que Salazar sufriera un derrame cerebral dos años antes. En ese mismo año, Saramago y Reis se divorciaron. Dejó su trabajo editorial en 1971 y se dedicó al trabajo periodístico, ejerciendo como editor en el periódico Diario de Lisboa hasta 1973 y luego se convirtió en subdirector del Diario de noticias hasta 1975. La mayoría de sus obras de no ficción durante este período son colecciones de sus escritos periodísticos. En la 1974, una revuelta militar derrocó a la dictadura portuguesa. Después de un breve período de izquierdismo radical, el Gobierno portugués comenzó un tiempo de reacción moderada contra la izquierda. En esta última fase, Saramago, como comunista, perdió su trabajo en el periódico. Desempleado, volvió a escribir ficción larga. La primera novela de este segundo período, Manual de pintura y caligrafía, fue una meditación sobre el conflicto entre los valores artísticos y materialistas. Su siguiente trabajo, Levantando del suelo, fue el resultado de varias semanas de vivir en el campo portugués. Saramago alcanzó renombre internacional por primera vez con Baltasar y Blimunda, Y la traducción de su novela de 1982, Memorial del convento. Esta fue una extraña novela histórica, que mezclaba la historia de la construcción de un convento durante la época de la Inquisición con el relato de dos amantes que intentaban escapar de aquella en una máquina voladora. El uso de situaciones imposibles le valió a Saramago una reputación como practicante del “realismo mágico”. Continúa este tipo de ficción en El año de la muerte de Ricardo Reis. Más tarde llegaría La balsa de piedra en la que imaginaba a Portugal separándose del resto de Europa y flotando. La historia del asedio de Lisboa es generalmente considerada como la obra más cómica de Saramago. En esta novela, un corredor de pruebas intenta cambiar la historia agregando una palabra a un texto. La controversia siguió a la publicación de El Evangelio según Jesucristo. La representación de Jesús como un adolescente problemático que se convierte en comunista, fue condenada por la Iglesia católica y por el Gobierno portugués. El libro de Saramago de 1995. Ensayo sobre la ceguera, puede ser su novela más conocida. En este cuento, una extraña dolencia que deja a las personas viendo solo una espesa blancura, se extiende por una población, dejándolos a todos ciegos. Según Saramago, comenzó este trabajo cuando se preguntó qué pasaría si todos se quedarán ciegos, solo para darse cuenta de que todos ya estaban ciegos, ya que las personas no podían verse entre sí. Tras la publicación de dos novelas, más, Saramago fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura 1998. Ante ello bromeó diciendo que aceptaría el premio en nombre de todas las personas de habla portuguesa, pero que se quedaría con el dinero del premio. Después llegó La caverna, que se basa en la metáfora de la República de Platón, en la que una cueva representa un estado de ignorancia. La figura central, un alfarero, descubre que ya no hay un mercado para sus productos y se prepara para retirarse “al Centro”, una combinación de complejo de apartamentos y centro comercial. Sin embargo, descubre una cueva en lo profundo de los recovecos del Centro que llama la atención sobre la artificialidad y la regimentación de la vida en nuestra residencia ultramoderna. Saramago se casó con la escritora española Pilar del Río en 1988. Después de que el Gobierno portugués se opusiera a El Evangelio según Jesucristo, la pareja se mudó a las Islas Canarias, donde viviría hasta su muerte en 2010. Las opiniones políticas del autor continuaron provocando controversias. A principios de 2002, durante una visita con otros escritores a Israel, comparó la ocupación israelí de la Cisjordania con los campos de exterminio nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ofendiendo profundamente a muchos de sus colegas.

 

Inventario

José Saramago

 

De qué sedas están hechos tus dedos,
De qué marfil tus muslos lisos,
De qué alturas llegó a tu andar
La gracia de gamuza con que pisas.

De qué moras maduras se extrajo
El sabor acidulado de tu seno,
De qué Indias el bambú de tu cintura.
El oro de tus ojos, de dónde vino.

A qué mecer de ola vas a buscar
La línea serpentina de tus caderas,
De dónde nace la frescura de esa fuente
Que sale de tu boca cuando ríes.

De qué bosques marinos se soltó
La hoja de coral de tus puertas,
Qué perfume te anuncia cuando vienes
A rodearme de deseo las horas muertas.

El 18 de noviembre de 1922 moría el novelista francés Marcel Proust, en París, Francia, la misma ciudad donde naciera 51 años antes, justo el 10 de julio de 1871. Es el escritor francés más célebre del siglo XX gracias a su obra en siete volúmenes, la novela En busca del tiempo perdido. Marcel Proust nació en Auteuil, un suburbio de París. El padre de Proust, médico y profesor, había recibido la Legión de honor el año anterior por sus esfuerzos teóricos y prácticos para detener la propagación de las epidemias. Este éxito le dio estatus a la familia, pero, debido a que la madre de Proust era judía, le colocaba en una situación extraña en la sociedad parisina. Proust era un niño débil, enfermo de asma, que se intensificó cuando era adolescente y limitó sus actividades durante la mayor parte de su vida. Durante su infancia, su familia dividió su tiempo entre París, Auteuil e Illiers, un pueblo al suroeste de París. A pesar de la seguridad del prestigio de su padre y la riqueza de su familia, Proust estaba atormentado por su mala salud y por su relación tensa, aunque amorosa, con sus padres. En 1882, ingresó en El Liceo Condorcet, una escuela secundaria privada, donde persiguió los principales intereses de su vida: el teatro, la lectura y la escritura. Tras concluir los estudios secundarios, pasó un año voluntario del servicio militar con el 76º de Infantería en Orleans, donde, a pesar de su débil constitución, se deleitó con la rutina y la camaradería. La presión de su familia para establecerse en una ocupación lo llevó a estudiar Derecho en la Facultad de la Sorbona y Diplomacia en la Escuela de Ciencias Políticas, pero gran parte de su energía la dedicó a la escena social parisina. Proust comenzó a frecuentar salones literarios burgueses, reuniones en las casas de prominentes matronas de la sociedad que atraían a figuras de las artes. Al principio, Proust solo ingresaba en salones vinculados a la escuela y amigos de la familia. Eventualmente, sin embargo, fue aceptado en algunos de los salones más exclusivos que representaban el más alto nivel de la nobleza francesa. Al mismo tiempo, continuó escribiendo cuentos y ensayos como los que había publicado en la revista del Liceo. Aprobó el examen del Derecho en 1893, pero nunca ejerció la profesión. A los ojos de familiares y conocidos era un diletante, incluso la publicación en 1896 de sus primeras historias y bocetos bajo el título de: Placeres y Arrepentimientos, no logró ganarle una reputación como escritor serio. Las muertes de su padre en 1903 y su madre en 1905 sirvieron como catalizadores para los esfuerzos literarios de Proust. Todas las influencias de este tiempo darían como resultado: Recuerdos de un tiempo pasado. Antes del cambio del siglo, se interesó por la obra del crítico de arte e historiador inglés John Ruskin, la cual tradujo al francés, a pesar de su escaso conocimiento del inglés. En busca del tiempo perdido, que Proust escribió y reescribió en un lapso de al menos catorce años, también se basa en material narrativo de varios esfuerzos anteriores. La trama de esta novela es una versión transmutada de la vida de Proust. Sin embargo, tuvo dificultades para encontrar un editor para su novela y, por lo tanto, pagó de su bolsillo la impresión del primer volumen. Cuando se publicó, sin embargo, su valor pronto fue reconocido. Las dificultades de impresión y el estallido de la Primera Guerra Mundial retrasaron la publicación de los volúmenes posteriores hasta después del fin de la guerra. Pero el retraso resultó fortuito porque permitió a Proust el tiempo para ampliar y revisar la novela. Cuando fue galardonado con el prestigioso Premio Goncourt en 1917 por el segundo volumen, Proust fue elogiado por la crítica. Por lo general, dormía durante el día y escribía por la noche. Para protegerse del ruido urbano, hizo aplicar un revestimiento de corcho a las paredes de los dormitorios de un apartamento que ocupó durante esos años. Su sentimiento de culpabilidad por su homosexualidad, a veces lo llevó hacia el sadomasoquismo, pero no era un recluso como a veces se dice que lo fue. Salía a menudo a cenar en el Ritz, todavía asistía a veces a veladas de sociedad y, ocasionalmente, patrocinaba el ballet y el teatro. Su verdadera devoción, sin embargo, era su trabajo. Cuando se estaba muriendo de neumonía, demasiado débil para escribir de su propia mano, insistió en dictar adiciones a textuales a su ama de llaves. A la muerte de Proust, los últimos tres volúmenes de En busca del tiempo perdido, permanecieron inéditos.

 

Frases

Marcel Proust

 

Las nueve décimas partes de los males que sufren las persona surgen de su intelecto.

 

No es sólo a fuerza de mentir a los demás, sino también de mentirnos a nosotros mismos, que dejemos de notar que estamos mintiendo.

 

El deseo hace que todo florezca; la posesión hace que todo se se desvanezca.

 

La gente no sabe cuándo están felices. Nunca son tan infelices como se creen que son.

 

A partir de cierta edad hacemos como que no nos importan las cosas que más deseamos.

 

El único verdadero paraíso es el paraíso perdido.

 

No recibimos la sabiduría; debemos descubrirla por nosotros mismos.

 

Las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.

 

Mentimos toda la vida incluso, o sobre todo o tal vez sólo, a quienes nos aman.

 

Vale más soñar la vida propia que vivirla, aunque vivirla es también soñarla.

 

El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.

 

La felicidad en el amor no es un estado normal.

El 23 de noviembre de 1922 nacía, en la población de Sueca, el literato valenciano Joan Fuster. Estudió derecho en la Universidad de Valencia, ejerciendo después como abogado durante algún tiempo, ocupación que abandonó para dedicarse a la literatura. Sus primeros libros publicados fueron de poemas. Más tarde abandonaría la poesía para dedicarse a los ensayos, género en el que tendría una fructífera producción sobre diversos temas. Asimismo, fue autor de ensayos críticos y de historia literaria que incluyen estudios sobre clásicos valencianos, así como de literatura contemporánea. Entre 1968 y 1994 se publicaron seis volúmenes de sus obras completas. Durante toda su vida colaboró en diversos diarios y revistas valencianas, catalanas y del resto del Estado español. Poco después de morir aún se editó póstumamente alguna obra inédita. Juan Fuster fue muy premiado, tanto en el ámbito de la lengua catalana como de la valenciana.

 

Joan Fuster

Eres així com et recobre i jure?

 

Eres així com et recobre i jure?
Ja no ho sé. Cada instant, buscant-se objecte,
t’adjudica diversa retirança.

Eres? Ets! Ets així! Tot jo t’hi obligue.
I així, i així, i així!
Oh l’inventari
de lloances que en faig, oh ardents successos!

Concorren a invocar-te, i t’enuncien,
unes últimes forces de tristesa.
En elles he escollit bandera i ala.

El 27 de noviembre de 1822 nacía, en Lorca, el poeta y periodista español José Selgas. La obra literaria de Selgas abarca casi todos los géneros, desde la poesía, llena de sensibilidad y naturaleza, hasta la novela, pasando por el teatro y la narración breve. Huérfano desde pequeño, viajó a Madrid donde pudo estudiar gracias a unos protectores. Fue elegido diputado a Cortes en 1866 y académico de la Real Academia Española de las Letras en 1869. En 1879, tras la Restauración de Martínez Campos, fue promovido a la Secretaría de la Presidencia del Consejo. Jesé Selgas falleció en 1882.

 

José Selgas

El amor y el olvido

 

Hija querida de la dulce aurora,

Pura como sus tímidos fulgores,

Entre infinitas y galanas flores,

Una más bella acariciaba Flora.

 

Alzábase la flor encantadora,

Y creciendo en bellísimos colores,

Mostraba su ternura a los favores

Del solícito afán de su señora.

 

Flora halló una mañana carcomido

El hermoso botón, y en él escrita

La huella de un gusano maldecido.

 

-Tú eres la rosa del amor bendita,

Y ese gusano ruin es el olvido.

Dijo, y lloró sobre la flor marchita.

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