Juguetes:

A Elsa no le gustan los gusanos, de Antonio Cruzans.

Elsa se lo pasa muy bien en el campo. Con los árboles, algunos tan grandes como palacios; con las flores, que se confunden con golosinas; con los pájaros cantores que vuelan de aquí para allá y de allá para acá y se pierden entre las ramas; con las hojas secas, crujientes como galletas cuando las pisas y bailarinas en el viento, con el que huyen y huyen haciendo piruetas.

Un trabajo de…

Elsa se lo pasa muy bien en el campo. Con los árboles, algunos tan grandes como palacios; con las flores, que se confunden con golosinas; con los pájaros cantores que vuelan de aquí para allá y de allá para acá y se pierden entre las ramas; con las hojas secas, crujientes como galletas cuando las pisas y bailarinas en el viento, con el que huyen y huyen haciendo piruetas.

Pero lo que más le gusta a Elsa son las mariposas. Todas, todas las mariposas le gustan: las pequeñas y las grandes, las blancas o las de muchos colores, y por eso las persigue corriendo tras ellas en su vuelo de flor en flor hasta que se pierden. Y Elsa ríe que te ríe, aunque no puede cogerlas, porque ella sabe que sus alitas son como las de las hadas: cuando las tocas, se deshacen.

En cambio, hay algo en el campo que a Elsa no le gusta nada, nada, nada… porque le da mucho, pero que mucho asco: ¡los gusanos! Así que, cuando ella ve uno arrastrándose por el suelo, ¡va corriendo a pisarlo!, pero Papá o Mamá la detienen antes de que lo haga:

-¡Elsa!... ¡Eso no se hace!

Y ella vuelve hacia atrás con el ceño muy fruncido y se separa del bichejo resignada:

-¡Puag! ¡Qué feo!

Aunque Mamá vuelve a censurarle:

- ¡No hagas eso, Elsa! ¡Pero si es hermoso!

Y Elsa frunce más el ceño porque no entiende nada de nada.

 

Una tarde Elsa vuelve con fiebre del colegio y bastante triste porque sabe que, por lo menos, por lo menos, tendrá que quedarse dos días en casa. Sin embargo, cuando Papá llega, le trae una sorpresa: una caja de cartón tapada y con unos pequeños agujeros por encima, que deja sobre la mesa.

- ¿Es un regalo? – pregunta Elsa.

Y Papá afirma con la cabeza, muy sonriente.

- ¿Qué es? – pregunta Elsa, a la que ya se le ha olvidado la fiebre.

- Ábrela y lo sabrás – le dice Papá. - Pero con cuidado.

Y Elsa va levantando la tapa poco a poco, cada vez más llena de curiosidad. Aunque, cuando ya la ha abierto del todo y ve que en su interior hay unas grandes hojas verdes y frescas sobre las que se arrastran un montón de gordos gusanos blancos, se le escapa un grito y vuelve a cerrar la caja alejándose de ella.

- ¡Son gusanos! ¡Son gusanos! – grita Elsa entre asqueada y asustada.

- No – niega Papá. – Son mariposas.

- ¡No son mariposas, son gusanos! – grita Elsa a punto de echarse a llorar. - ¡Las mariposas son muy bonitas y esos gusanos son gordos y muy feos!

- Porque todavía no se han cambiado de traje – asegura Papá.

Elsa lo mira como si su Papá se hubiera vuelto tonto.

- ¿Traje?... Los gusanos no llevan traje – replica Elsa cada vez más enfadada.

- No, los gusanos no – responde Papá, - pero las mariposas sí. Ahora ellas visten su traje de gusano, pero pronto se lo cambiarán por el de mariposa. Además, no les digas gusanos, se llaman orugas.

- ¡Pues que se cambien ya! – protesta Elsa.

- Todavía es pronto – le dice Papá. – Necesitan unos días para hacerlo y tú debes ayudarles dándoles hojas frescas para que coman y se hagan todavía más gordos. Luego, se vestirán de mariposas.

 

Y así lo hizo Elsa y, poco a poco, les fue perdiendo la repugnancia, aunque cada día estaban más grandes y gordos, pues devoraban las hojas que Mamá y ella cogían de los árboles del parque cercano de casa, como los gatos las salchichas. Hasta que otra tarde, al volver del colegio, abrió la tapa y las orugas no estaban… En su lugar habían aparecido una especie de bolas blancas, parecidas al algodón, que llenaban toda la caja.

- ¡Se han ido los gusanos! ¡Se han ido! – gritaba Elsa preocupada.

- No, cariño, no se han ido – le respondió Mamá. – Están ahí dentro de esos capullos de seda.

- ¿Los has metido tú? – preguntó Elsa.

- No, han sido ellos quienes los han fabricado y se han metido dentro – respondió Mamá.

- ¿Por qué? – volvió a preguntar Elsa.

- Porque se van a vestir de mariposas – aseguró Mamá.

- ¿Ya? – exclamó Elsa ilusionada.

- Bueno, aún tardarán unos días…

Y fue cierto, porque pasaban días y días y los capullos, que según Papá se llamaban crisálidas, seguían allí sin ningún cambio para desespero de Elsa. Cada tarde, a la vuelta del colegio, abría la caja ilusionada y allí estaban aquellas bolas blancas que no se movían ni hacían nada.

- Creo que hoy deberías abrir la caja muy despacio – le dijo Mamá una tarde ya de primavera.

- ¿Por qué? – preguntó Elsa.

- Me ha parecido oír ruido dentro, no sé, tú ábrela despacio – respondió Mamá.

Y Elsa así lo hizo mientras el corazón le hacía ¡bum, bum! ¡bum, bum! cada vez más rápido, pero cuando llevaba un poco de la tapa levantada, ya no pudo más y la lanzó hacia atrás… y del interior de la caja de cartón aparecieron tantas mariposas blancas que aquello parecía una nube que giraba y giraba alrededor de ellas como las hojas secas con el viento.

-¡Mariposas! ¡Mariposas! ¡Mariposas!... – gritaba Elsa llena de alegría mientras saltaba y saltaba entre todos aquellos cuerpecitos con alas que llenaban por entero la cocina.

- Ven, abramos la ventana – le dijo Mamá.

- Pero entonces se irán – Elsa dejó de saltar.

- Claro, ellas no pueden vivir aquí dentro -  aseguró Mamá, - necesitan volar sobre los campos y visitar las flores para poder alimentarse. Al sábado iremos y allí las podrás perseguir, ¿vale?

Y Elsa, aunque un poco triste por perderlas, dijo que sí. Y al abrir la ventana, todas las mariposas salieron por ella para volar sobre los tejados de la ciudad en dirección al campo.

-¡Adiós, mariposas, nos veremos al sábado! – les gritaba Elsa asomada a la ventana hasta que las perdió de vista.

 

Ahora, Elsa, cuando pasea por los caminos del campo y se cruza con un gusano, o una oruga, como dice Papá, se hace a un lado para dejarlo pasar y ya no le da asco porque sabe que, dentro de ese traje, en realidad, hay una bonita  mariposa.

Gracias por leernos...

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