Mis amigos los libros:

Vuelo estático, Jaan Kross

El destino de un pájaro sin alas es el precio que tiene que pagar por no hacer concesiones, esta es la resistencia del prisionero.

Un trabajo de…

Nada sabía de Jaan Kross (y es que, al parecer, hay cierta pereza por salir de los círculos literarios reducidos a unos cuantos autores pertenecientes a nuestra esfera cultural, como si no hubiera más literatura en el mundo), pero un día llegó a mis manos este libro, Vuelo estático (Paigallend, como título original), y me atrapó por completo la descripción de la pertinaz resistencia de un pueblo en defenderse de los sucesivos azotes sufridos a causa de los totalitarismo de diversos colores que intentaron borrar su nombre del mapa europeo, por eso, esta novela no solo es una breve historia de Estonia, sino también de Europa.

Jaan Kross (1920 – 2007), nació el mismo año en que la Rusia soviética reconocía la independencia de su país, Estonia, tras derrotar al Ejército Rojo, y vivió, como él, una vida paralela de ocupaciones, sometimientos, destrucción y miedo, pues mientras el país báltico surgido tras la caída del Imperio Ruso superaba la Revolución de 1917 y la Primera Guerra Mundial, volvió a ser independiente en 1920, aunque regresó a la URSS en 1939 tras el Pacto Ribbentrop-Mólotov firmado entre la Alemania nazi y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como un Tratado de no Agresión, lo que permitía a la URSS anexionarse parte de Polonia, Finlandia, Letonia, Besarabia, Lituania y, cómo no, Estonia. Dos años más tarde sería Alemania la que lo ocuparía y mantendría en su poder hasta 1944, que volvió a pertenecer a la URSS hasta 1990. Por su parte Jaan Kross (de quien podéis consultar una breve biografía en CENTENARIOS: Febrero 2012) fue detenido por los nazis en 1944 y dos años más tarde por los soviéticos, siendo condenado a cinco años de trabajos forzados y otros cinco de deportación en Siberia. Fue en este periodo cuando surgió su espíritu de escritor.

Vuelo estático (1998) es en gran parte la biografía de Ullo Paerand, un lingüista y poeta con bastante talento que resistió los años malos de la historia de Estonia ocupando algunos cargos de funcionario del Estado y termina, con la llegada al poder Gorbachov, trabajando en una fábrica de maletas. La descripción de Kross sobre la vida familiar es excelente y, así, podemos seguir a Ullo, hijo de madre separada, desde su dura infancia, pero superando las adversidades gracias a su inteligencia e ingenio. La novela comienza con los recuerdos de Ullo de un viaje de infancia a Alemania en la década de 1920 y termina con su muerte en 1980.

Mientras su padre estuvo con ellos la vida estaba llena de lujos y caprichos, pero cuando los abandonó, acuciado por las deudas, y se marchó con su amante a Holanda, llegaron los años de escasez. Junto a su madre, Ullo lucha por un futuro mejor y, a pesar de las humillaciones y el hambre ocasional, logra obtener una educación secundaria en una de las mejores escuelas de gramática de Tallín, gracias a su excelente memoria y a su espíritu emprendedor.

En 1936, durante los Juegos Olímpicos de Berlín, Ullo trabaja de periodista deportivo y gana una apuesta sobre los logros deportivos de Estonia. Pero pronto lo veremos trabajando en la Oficina del Primer Ministro, momento que Kross aprovecha para retratar a diversos personajes reales de la historia de Estonia. Pero el destino vuelve a jugársela de nuevo a Ullo en forma de las sucesivas invasiones de los soviéticos y los nazis, por lo que Ullo se une a los nacionalistas para luchar por la Restauración de la República de Estonia, rechazando la oferta de un representante del Vaticano para escapar a Occidente. A partir de este momento, vive el resto de su vida realizando trabajos domésticos y como obrero en una fábrica de maletas.

La historia de Ullo Paerand se cuenta en parte como una narración en primera persona, desde el punto de vista del personaje principal, y en parte como los recuerdos de su compañero de escuela Jaak Sirkel. El escenario de fondo es trágico, opresivo, sin embargo, la vida de los personajes va desarrollándose con toda naturalidad, buscando pequeños logros e intentando sobrevivir al día a día. Estos personajes (algunos de los cuales ya aparecieron en Los muchachos de Wikman) los utiliza Kross para dar cuenta de la historia de su generación, una historia sin cicatrizar y que es tema, así mismo, de la mayoría de sus cuentos y de algunas otras novelas. El lenguaje es brillante, aunque en algunos momentos peque de lentitud, pero la composición es hábil y los símbolos son claramente comprensibles y, aunque todavía no he podido definir cuál es el mensaje que Jaan Kross quería enviar con este libro, mi experiencia en su lectura fue bastante positiva, sobre todo por mi simpatía hacia el personaje principal.

Gracias por leernos...

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