La máquina del tiempo.

Tiempo de cenizas, de Jorge Molist.

En pleno Renacimiento, Joan y Anna, alejados de su tierra de origen, consiguen regentar una librería que se convierte en el centro de las intrigas de Roma. El establecimiento es un símbolo del clan español de los Borgia, que gobierna la ciudad con mano de hierro, y, por lo tanto, un objetivo a destruir por las grandes familias romanas que urden la caída del papa Alejandro VI y de sus ambiciosos hijos.

Un trabajo de…

“Tiempo de cenizas” es una novela de aventuras sobre un marco histórico que comprende el periodo en el que Alejandro VI (Rodrigo Llançol y de Borja [1431 – 1503]) ocupó la Cátedra de San Pedro (1492 – 1503), y la posterior caída de su poder terrenal encarnada en su hijo César de Borja Cattanei (1475 – 1507), en cuya trama se mezclan personajes ficticios, como es el caso de la pareja protagonista, Joan Serra de Llafranc y su hermosa esposa Anna, además de un extenso elenco de personajes reales y ficticios.  

 

Ya el título nos indica que se trata de una época convulsa, donde mantenerse vivo era toda una aventura y en la que imperaba el olor a carne quemada por decisión de los amargados, sombríos y rencorosos tribunales de la Santa Inquisición, de destrucción y sangre derramada en las innumerables guerras en honor de la codicia y la vanagloria personal, o el miedo al pillaje, la violación o el asesinato gratuito, y a todo esto se les sumaba, de vez en cuando, las inexorables epidemias de peste.

 

La línea argumental comienza con Joan y Anna, protagonistas, así mismo, de su anterior novela, “Prométeme que serás libre” (2011), regentando una librería en la ciudad de Roma que es el centro de reunión y símbolo del poder de los Borgia en los Estados Pontificios gobernados por el papa Alejandro VI, mediante las férreas manos de sus hijos: primero Juan y después César, en continua disputa con las familias más poderosas de la ciudad, encabezadas por los Orsini, a las que pretendía destruir antes de que ellas destruyeran su poder.

 

En ese mismo edificio de la librería también viven la madre y la hermana de Joan con sus dos hijos tras haberlas liberado de la esclavitud impuesta por Bernat de Vilamarí, marino mercenario y pirata en sus ratos libres, tras el ataque de su pequeña aldea catalana de pescadores, donde resultó muerto el padre de Joan. Y en este lugar también encontramos conviviendo con ellos a los criados, criadas y aprendices de la casa. En la librería trabajan exiliados florentinos que huyen de la sanguinaria teocracia del dominico Savonarola, entre los que destaca Nicolò dei Machiavelli (Maquiavelo).

 

Joan y Anna, para su suerte o para su desgracia, mantienen una directa relación con los hijos del Papa, sobre todo con los tres mayores: Juan, César y Lucrecia, y con el cruel lugarteniente de César, el valenciano Miquel Corella, así como con la casquivana y seductora esposa de Jofré, Sancha de Aragón. A causa de estas relaciones la vida de este matrimonio será de todo menos tranquila y los problemas y obligaciones se irán desencadenando de forma frenética, por lo que nuestro librero se verá obligado a participar en la toma del puerto de Ostia y en la Guerra de Nápoles junto al Gran Capitán como artillero, a luchar como corsario en el Mediterráneo, a hacerse pasar por fraile para derrocar a Savonarola en Florencia y a enfrentarse a la Inquisición y a la peste en Barcelona, mientras su esposa, Anna, una mujer valiente, decidida e inteligente, se las tiene que apañar para dirigir el negocio y bienestar de la familia.

La situación sociopolítica de aquella época era bastante complicada gracias, sobre todo, a la ambición de dos reyes: Fernando II de Aragón y Luis XII de Francia. Y es que cuando dos hipopótamos discuten, se ve alterada la paz de toda la charca. Ambos pretendían expansionarse a costa de los pequeños estados que se repartían la bota de la Península Itálica, pero para ello tenían que obtener el beneplácito del representante de Dios en la Tierra, el Papa, que, curiosamente, en esta ocasión era de origen hispano, lo que podía ocasionar sospechas de favoritismo hacia el aragonés. Pero Alejandro VI era tan ambicioso como ellos y, sin olvidarse del Reino de los Cielos, tampoco hacía ascos a los poderes terrenales, así que se dejaba querer y repartía sus favores a uno o a otro, según sus propios intereses. Cierto que tras la conquista del Reino de Granada por el Reino de Castilla (con alguna ayuda del de Aragón, faltaría más), cuya reina era Isabel I, esposa de Fernando (aunque de facto fuera éste quien dispusiera y diera las órdenes en aquel reino, mientras que en el suyo, Aragón, ella no pintaba absolutamente nada, así que eso de: “Tanto monta, monta tanto” no era nada más que una patraña publicitaria), el Papa les concedió el título de “Católicos” y comenzó a llamarles “Reyes de España”, lo que no sentó nada bien al Rey de Portugal Juan II, pues el concepto “España” equivalía al antiguo de “Hispania”, es decir, lo que en la actualidad denominamos “Península Ibérica”.

 

Sin embargo, el idilio entre Alejandro VI y Fernando II no duró mucho, ya que las pretensiones de la Casa de Borgia en extender los dominios de los Estados Pontificios chocaban directamente con los del rey hispano, ya contrariado con el Sumo Pontífice por dar cobijo a muchos judíos expulsados de sus reinos. Pero esto no parecía importarle mucho a Alejandro VI quien también tenía sus problemas a la puerta de su casa, pues sus pretensiones no eran bien vistas por los pequeños señores que rodeaban al Vaticano quienes, a la sombra de la Casa de Orsini, a la mínima ocasión, se levantaban en armas contra el Papa y sus secuaces extranjeros, a los que ellos denominaban, despectivamente, “catalani”. Y no digamos ya lo que le supuso el molesto grano que le salió en Florencia, nada menos que un gobierno teocrático impuesto por el monje dominico Savonarola quien, a parte de crear un sistema de terror en sus territorios, predicaba en contra del Papa.

 

En 1495 Alfonso II envía un ejército al Reino de Nápoles para rechazar la invasión francesa y al mando puso a un noble andaluz muy apegado a Isabel I, a favor de quien lucho durante la guerra civil castellana y que luego se distinguiría durante la conquista de Granada, su nombre era Gonzalo Fernández de Córdoba, que pasaría a la historia como “El Gran Capitán”. Tras recuperar Nápoles para el Reino de Aragón, Alfonso II le encomienda partir en auxilio del Papa y recobrar el puerto de Ostia en manos de los Orsini, quienes impedían la entrada de suministros a Roma. Poco tiempo después ayudaría a Venecia contra los turcos y vencería definitivamente a los franceses ocupando el Reino de Nápoles en su totalidad, del que fue nombrado Gobernador. Al morir el papa Alejandro IV y el ascenso al sillón del Vaticano el cardenal Della Rovere como Jaime I, enemigo declarado del anterior papa, Fernández de Córdoba ofreció protección a César Borja, sin embargo, Fernando II le ordenó detenerlo y enviarlo hacia tierras hispanas donde fue encarcelado. A partir de ese momento, las relaciones entre el Gran Capitán y el Rey de Aragón se llenaron de negros nubarrones y clara desconfianza, situación que se agravó tras la muerte de la Reina Isabel I y los nuevos esponsales del Rey con una princesa francesa. Fernando II no tardaría en destituirlo como gobernador de Nápoles y alejarlo de cualquier lugar donde pudiera hacerle sombra.

 

A grandes rasgos, este era el panorama en el que se desarrolla la trama de “Tiempo de cenizas”: una sociedad cambiante en la que nunca se estaba seguro de quién era tu amigo o quién tu enemigo. A parte de estos personajes que he nombrado hasta ahora, son muchos otros los reales que aparecen e intervienen en el argumento, lo que hace de esta novela una interesante ventana hacia el pasado desde la que podemos observar cómo se vivía y moría en aquellos momentos y cuáles eran sus inquietudes, sus ambiciones, sus sufrimientos y sus esperanzas.

El escritor del Raval de Barcelona, Jorge Molist, comenzó a los 45 años a dedicarse a lo era su pasión desde la infancia, ser escritor, desarrollando su creación literaria en la faceta de la novela histórica con títulos como: “Los muros de Jericó” (2000), “Presagio” (2003), “El anillo, la herencia del último templario” (2004), Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, “El retorno cátaro” (2006), “La reina oculta” (2007), Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, “Prométeme que serás libre” (2011), “Canción de sangre y oro” (2018), con la que consiguió el XXIII Premio Fernando Lara, o “La reina sola” (2021), además de la que aquí comentamos: “Tiempo de cenizas” (2013)

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