Fundido en negro

La cara norte del corazón, de Dolores Redondo

[Imagen que contiene persona, interior Descripción generada automáticamente] En agosto de 2005, mucho antes de los crímenes que conmocionaron el valle del Baztán, una joven Amaia Salazar de veinticinco años, subinspectora de la Policía Foral, participa en un curso de intercambio para policías de la Europol en la Academia del FBI, en Estados Unidos, que imparte Aloisius Dupree, el jefe de la unidad de investigación…

Un trabajo de…

Como nos indica el Diccionario de la Real Academia Española, “precuela” es una obra literaria o cinematográfica que cuenta hechos que preceden a los de otra obra ya existente, y eso es lo que ocurre con la novela que nos ocupa, La cara norte del corazón, de Dolores Redondo, donde se descubren momentos de la infancia de Amaia Salazar, que solo pudimos intuir en la Trilogía del Baztán, y sobre sus primeros trabajos como colaboradora en el FBI, junto al mentor, Dupree, de quien solo supimos, en su momento, que se comunicaba con él por teléfono cuando se sentía desorientada o deprimida.

Por lo tanto, era de esperar que esta novela estuviera estrechamente relacionada con las tres mencionadas anteriormente, sobre todo, por dos hilos conductores: la difícil relación de Amaia con su madre y el papel importante de los mitos en la vida de sus personajes, creando la autora dos paralelismos simultáneos entre esta historia y las narradas en la trilogía, ya que, por un lado, ambos personajes centrales, Amaia y Dupree, esconden secretos familiares que siguen siendo una pesada carga en la actualidad y, por otro, la entidad que adquieren mitos tan diferentes, y a la vez tan parecidos, de dos culturas tan alejadas como la vasca y la de Nueva Orleans, creando, de nuevo, una simbiosis entre lo mágico y lo real que da como fruto una atmósfera que atrapa a quienes lean estas páginas de un modo convincente y creíble, lo cual da base a la tesis de Dolores Redondo sobre la influencia innegable del lugar de nacimiento en nuestros pensamientos, creencias y comportamientos.

Amaia Salazar es la protagonista principal. Una Amaia de veinticinco años, con escasa experiencia. Una mujer joven y atractiva, aunque triste, incluso soberbia y poco empática, pero, sobre todo, intuitiva e inteligente. Una mujer nacida en una tierra verde, lluviosa, repleta de árboles protectores y seres mágicos que la cuidan, la cuidan, sí, sobre todo de aquellos demonios que la persiguen desde su infancia y quieren acabar con ella.

Huracán Katrina en el Golfo de México

Sin embargo, el protagonista central de la novela no es ni Amaia ni ninguno del resto de personajes, sino un fenómeno meteorológico real, ocurrido a finales de agosto de 2005, me refiero al huracán Katrina que devastó el sur de Louisiana y, en especial, la ciudad de Nueva Orleans, cuya atmósfera destructiva y opresiva está patente en gran parte de sus páginas. Y en este paisaje de angustia, pánico y lucha por la supervivencia comienzan a aparecer familias asesinadas, cuya características, metodología y composición de escenarios hace pensar que quizá se trate de la obra de un asesino en serie, cuyo modus operandi es actuar cuando ocurre alguna de estas catástrofes naturales. Amaia Salazar, subinspectora de la Policía Foral, quien ha vuelto a los Estados Unidos con la intención de participar en un curso de la academia del FBI dirigido por Aloisius Dupree, jefe de la unidad de investigación, es elegida por él como colaboradora en la resolución del caso, aunque pronto pasara a ser la estrella, algo que le granjeará la enemistad de más de uno de sus compañeros americanos de ambos sexos. Pero no queda ahí la cosa y todo se complica con la desaparición de unas niñas, y la aparición, más bien espectral, de otra, cuyo caso fue dado por cerrado sin solución hace años, lo que les lleva a desviarse de la primera investigación y sumergirse en una historia de zombis y magia vudú que les lleva en un recorrido a través de calles convertidas en canales, casas derribadas, árboles flotando junto con los coches y los cadáveres, hasta los pantanos del delta del Mississippi donde se levanta una mansión olvidada con secretos espeluznantes. Y entre medio de ambos casos, volvemos la vista atrás, hacia la sufrida infancia de Amaia, que nos descubre el porqué de que viviera con su tía Engrasi en vez de hacerlo con sus padres.

Barrio Francés, Nueva Orleans

Muchos son los temas que aparecen, aunque sea someramente, en La cara norte del corazón, pero el básico de la novela es la continua pugna entre el bien y el mal que se describe en diferentes enfrentamientos de sus personajes, quienes deben plantar cara a sus propios demonios si quieren seguir adelante, y quienes deben recorrer la cara norte de su corazón, es decir, los terrenos más desolados de sus vidas, si pretenden encontrarse consigo mismos. La inclusión en el mundo del vudú y la mención repetida del Barón Samedi es la aportación folklórica que le hace estar incluida, junto con la Trilogía del Baztán, en una posible tetralogía de la inspectora Amaia Salazar, sin embargo, no deja de ser curioso la proliferación de los muertos vivientes en un lugar como Nueva Orleans donde aprender a sobrevivir ha sido algo consustancial desde tiempos antiguos, y un ejemplo de ello lo tenemos en los pasajes del estadio Superdome, la sede de los Santos de Nueva Orleans, el equipo local de la NFL, donde se refugiaron miles de personas durante el Katrina, entre ellas Nana, la tía de Dupree, que aporta la imagen del dolor y el aferrarse a la vida en una catástrofe como aquella.

Superdomes, Nueva Orleans

En conclusión, La cara norte del corazón, con un lenguaje claro y correcto, diálogos creíbles, personajes más o menos verosímiles (aunque la realidad nos ofrece cosas mucho más sorprendentes), disquisiciones breves y productivas y descripciones vivas y perfectamente gráficas, no es un libro de divulgación, ni intenta moralizar, aunque si quedan reflejados algunos comportamientos humanos cuando las circunstancias tensan sus cuerdas, ni mucho menos profundizar en problemas filosóficos profundos, sino que su pretensión es la nada desdeñable de entretener, divertir y distraer, es decir, hacernos pasar un buen rato sumidos en unos problemas ficticios que nos liberen temporalmente de los nuestros propios, y esto lo consigue con suma eficacia, por lo tanto, La cara norte del corazón es una novela bastante aconsejable.

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