Con diez cañones por banda.

Sidi, de Arturo Pérez Reverte.

No tenía patria ni rey, sólo un puñado de hombres fieles. No tenían hambre de gloria, sólo hambre. Así nace un mito. Así se cuenta una leyenda.

Un trabajo de…

Sidi (Cid entre los castellanos) es una palabra árabe que significa ‘señor’ y ella le fue adjudicada a Rodrigo Díaz de Vivar, según se cuenta en las leyendas, por los propios musulmanes quienes, según nos enseñaron en el colegio de la dictadura, eran los enemigos de España y de la religión. Nos exponían la imagen del Cid como un héroe de la patria, lo cual era una pura falacia, principalmente porque cuando este personaje campeaba por la península, España no existía. Se obviaba deliberadamente la verdad, y esta no era otra que El Cid Campeador luchó, cuando así le convenía, en el lado musulmán contra los cristianos, simplemente por dinero. Era una época de pequeños reinos que competían entre ellos, cristianos contra cristianos, cristianos contra musulmanes, musulmanes contra musulmanes. Y así lo deja claro el propio autor de esta novela, Arturo Pérez Reverte, en algunas entrevistas: “Eso de que El Cid era un patriota español es mentira”, a lo que añade: “toda la historia durante el franquismo se contamina de patriotismo barato para justificarse en una ideología de la que carece”.

El caso es que en Sidi nos hallamos ante una historia de aventuras, de vida fronteriza y peligrosa, de primitiva supervivencia y rapiña indiscriminada, de la ley del más fuerte y el desprecio por la vida, donde destaca un protagonista sublimado, posiblemente real no mucho más allá en un 20 % de lo que de él se dice, cuyas peripecias guerreras y caballerescas están mucho más cerca de la fantástica imaginación juglaresca del medioevo y de la necesidad popular de poseer héroes propios, que de la posible verdad.

De la mano del académico de la lengua Arturo Pérez Reverte, quien seguramente ha buceado entre los versos del Cantar de Mío Cid para desarrollar estas hazañas iniciadas tras el destierro de Rodrigo Díaz de Vivar y su leal mesnada, por orden del ofendido Alfonso VI, y que concluyen con la derrota del Conde de Barcelona, aliado del rey moro de Lérida, bajo las armas del ejército del rey de Zaragoza, así mismo musulmán y hermano del primero, apoyado por las huestes del Cid en su trabajo de mercenarios.

Pérez Reverte, intrépido reportero de guerras (Chipre, Líbano, Eritrea, Sáhara, Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, Kuwait, Croacia, Bosnia…) y osado novelista (El húsar, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, Territorio comanche, El tango de la guardia vieja, Las aventuras del capitán Alatriste, Falcó…), en cuyas obras, donde suele mezclar lo histórico con lo ficticio, crea protagonistas fuertes, decididos, valerosos, aunque también contradictorios, oscuros y no exentos de las miserias humanas, pero, en este caso, parece que quiso dar a conocer al mundo que en nuestra historia también hubo un ‘Lejano Oeste’, con sus pioneros y sus indios, con sus luchas por sobrevivir y con todas las violencias que ello conlleva: “Una frontera. Una zona vacía alrededor del Duero. Una zona fronteriza que, como tal, estaba sometida a incursiones de unos y otros. Una zona muy despoblada, pues la gente tenía miedo a vivir allí. Y allí iban a parar los desgraciados, los que no tenían nada. Llegaban allí, cogían un trozo de tierra, los frailes montaban su pequeño monasterio… (…) En definitiva una zona fronteriza amplia, peligrosa, apasionante, llena de gente peligrosa”.

En Sidi, Pérez Reverte intenta humanizar un poco el mito del Cid, haciéndolo cercano con sus hombres, llano y respetuoso con los superiores y natural con sus iguales, y no privándolo de las debilidades comunes a los humanos que le permiten quedarse con las pertenencias rescatadas, timar a unos comerciantes judíos o ceder ante la seducción de Raxida, la hermana del rey de Zaragoza (la única mujer que aparece en la novela porque la Edad Media “es mundo de hombres. Sería ridículo que apareciese una mujer saltando murallas o al frente de la mesnada. Eso es una estupidez. La mujer entonces estaba en el palacio, en la retaguardia). Sin embargo, no ha querido desnudarlo completamente de la cobertura de valores que lo elevaron a símbolo nacional. Es decir, Pérez Reverte ha creado su propio Cid, como han hecho todas aquellas personas que escribieron sobre esta figura histórica, desde el anónimo autor del Cantar de Mío Cid, hasta Menéndez Pidal, pero Pérez Reverte ha conocido muchas más fronteras y sabe de guerras y  batallas, del miedo y del olor de la muerte y, en todas ellas, ha conocido a muchos personajes reales que iban de caudillos sin dejar de ser lo que realmente eran: ladrones, violadores, torturadores, asesinos… simples mercenarios. Aquí no me resisto a exponer un pensamiento del autor: “¿Por qué mata la gente? Realmente se nos vende por razones de tradición histórica, que el ser humano mata por ideas, por banderas, por la patria… ¡y eso es mentira! He visto matar y morir a mucha gente y no he visto nunca matar a nadie, ni morir a nadie por la patria o por la bandera. He visto morir por cosas muy concretas: por hambre, por necesidad, por odio, por defender a la familia, por solidaridad…”

La trama comienza con el Cid y sus hombres persiguiendo a un grupo de musulmanes que han penetrado en una zona poblada por cristianos, han matado, quemado, raptado a las mujeres y robado posesiones y ganado. La búsqueda, la estrategia para no permitir que se escapen, los cálculos de probabilidades, el paisaje deshabitado, etcétera, recuerdan a un western de John Ford. Con calma, sin ruidos ni prisas innecesarias, dejando que aquellos se confíen, pues lo importante era darles caza, cortarles las cabezas a los morabíes para llevárselas ante quienes les han contratado y así cobrar lo estipulado, pero también vender como esclavos a los otros moros y quedarse con el ganado y los objetos rescatados, no estaba mal por darles la libertad a las mujeres y los niños raptados… El resto de las peripecias será mejor que las leáis.

En conclusión, Sidi es una novela trepidante de aventuras, en la que Arturo Pérez Reverte nos relata emocionantes escaramuzas, tensas negociaciones, ingeniosos diálogos y estremecedoras batallas. La visión de un mundo en continua beligerancia donde los escasos momentos de paz se saborean al máximo y donde la crueldad de la guerra se dibuja tal cual es: “El romanticismo de la guerra y de las ideas lo crea gente que nunca ha estado allí, Lo hacen los que diseñan banderas, monumentos e himnos nacionales. Los que arengan a las masas, pero nunca están, ni mandan a sus hijos”.

REFERENCIAS: Citas de Arturo Pérez Reverte sacadas de una entrevista para National Geogrphic:

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/arturo-perez-reverte-eso-que-cid-era-patriota-espanol-es-mentira_14733

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