Los clásicos divertidos

Análisis de obras que por su importancia han logrado el adjetivo de clásicas para la literatura universal y, por su humor, son calificadas como divertidas.

 

Artículos: 24 hasta el momento.

LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Historia de la vida del Buscón, de Francisco de Quevedo, por Ancrugon

 

Como ya indicamos en su momento en el breve artículo sobre El Lazarillo de Tormes, (El volumen de una sombra Nº 4. Primera Temporada. Mayo 2011), la novela picaresca es un género nacido en España como reacción y crítica a las instituciones imperiales corrompidas y degeneradas que mal gobernaban un reino desgastado, pobre, hambriento y cuyo pueblo se desangraba en mantener una hegemonía mundial de la que se aprovechaban muy pocos y, por extensión, a todos los medios de propaganda o manifestación, tanto sociales como culturales del llamado Renacimiento y su posterior eufemístico Siglo de Oro español: 

 

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens, por Ancrugon

 

Los papeles póstumos del Club Pickwick es una de las novelas de humor más populares desde su primera publicación en formato de serie por entregas, en una revista de 1836, y todavía en la actualidad hay seguidores que recorren los viajes imaginarios de los pickwickianos buscando recrear el mundo presentado en la narración. Las razones de su popularidad son varias: la novela es divertida, de fácil lectura, rica en caracterizaciones y encierra unos valores humanos bastante positivos, todo ello hace de este libro una delicia para el paladar de cualquier buen lector.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Letrillas venenosas, por Ancrugon

 

Según dictan las normas, una letrilla es una composición poética, generalmente breve y normalmente en versos de arte menor, cuyas estrofas mantienen una estructura simétrica, cerradas ellas por el mismo estribillo que repite el pensamiento central y más importante de forma reiterada y machacona.

Aunque pueden tratar de diversos temas, las más conocidas son las satíricas y burlescas, puesto que en éstas se encierran reflexiones bastante agudas y directas sobre los problemas políticos y sociales de la época en que fueron realizadas, planteados en forma divertida y jocosa para el deleite de los lectores avezados. Pero a pesar de la distancia temporal no por ello dejan de tener una candente actualidad, y es que el ser humano no cambia nunca ni aprende jamás repitiendo los mismos errores una y otra vez.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender, por Ancrugon

 

El humor es un buen detector de impostores y le agrada desenmascarar las realidades de la vida sobre todo cuando los tópicos o estereotipos se agazapan en ella, permitiéndonos afrontar situaciones embarazosas por medio de un cierto distanciamiento y de su expresividad jocosa, burlona y ligera...

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Maribel y la extraña familia, de Miguel Mihura, por Ancrugon

 

Miguel Mihura, nacido en Madrid el 21 de julio de 1905 y fallecido en la misma ciudad setenta y dos años después, era hijo del también escritor y periodista, aunque bastante menos conocido, Miguel Mihura Santos. Niño hipocondriaco y sensiblero, tuvo una juventud bohemia de vida fácil y recreada, buscando continuamente el calor de los bares de tertulias y de otros jóvenes de su misma calaña como Tono, Edgar Neville o Enrique Jardiel Poncela quien le influiría en sus trabajos posteriores. Acostumbrado a pocos sacrificios y escasos o nulos esfuerzos, abandonó prematuramente sus estudios y se dedicó por entero al humor y a las historietas trabajando en varias revistas del ramo y siendo uno de los fundadores de dos publicaciones que han hecho historia: La Ametralladora y La Codorniz donde se parodiaban las convenciones sociales de la época.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, por Ancrugon

 

“El sueño de una noche de verano” (Midsummer Night’s Dream) es una comedia en cinco actos escrita por William Shakespeare entre los años 1590 y 1596 siendo representada, por primera vez, al poco tiempo de ser concluida. En ella se narran los acontecimientos ocurridos en la boda del Duque de Atenas, Teseo, con la bella Hipólita y se incluyen las aventuras de cuatro jóvenes amantes atenienses y un grupo de seis actores aficionados que están manipulados por las traviesas hadas que habitan el bosque. Posiblemente, Shakespeare se inspirase en la lecturas tanto de Reginald Scot, sobre todo en su obra “The Dicoverie of Witchcraft” (El descubrimiento de la hechicería), como en la clásica de Apuleyo “El asno de oro.” Hay quien piensa que esta obra fue escrita para ser representada en la boda de Elizabeth Carey, Lady Berkeley, y otros dicen que estaba destinada a la misma reina para ser representada en la mágica noche de San Juan.

En la obra se entrelazan tres planos diferentes unidos por la celebración de la boda de Teseo y la reina amazona Hipólita, desarrollándose en los escenarios del bosque y del reino de la Tierra de las Hadas, todo bajo la luz de la luna.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El esperpento - Luces de bohemia, de Ramón de Valle-Inclán, por Ancrugon

 

 

“Hay tres modos de ver el mundo, artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantando en el aire.”

Ramón del Valle-Inclán

 

 

Si nos atenemos a la primera definición dada por el Diccionario de la Real Academia Española, un esperpento es un “hecho grotesco o desatinado”, es decir, una deformación de la realidad o, por lo menos, de lo que es considerado correcto de acuerdo a lo establecido convencionalmente dentro de un grupo social o cultural. Pero en la segunda acepción nos dice: “Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado.” Y de aquí es fácil deducir que surge la tercera definición: “Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.” Pues bien, así llegamos a lo que el propio Valle-Inclán afirma refiriéndose al tercer modo de ver el mundo: “ desde un plano superior y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete. Esta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos…”

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Cuatro corazones con freno y marcha atrás, de Enrique Jardiel Poncela, por Ancrugon

 

Los caminos de la creación son inescrutables. Nadie, absolutamente nadie, puede asegurar a ciencia cierta cuál será el momento en que la inspiración se fijará en su persona para dotarle de esa gracia divina con la que realizar una obra de arte, pero tampoco puede asegurar ni dónde, ni cómo, ni de qué forma… A veces, todo es cuestión del azar… Pongamos un ejemplo: Supongamos que corría el año 1934. Imaginemos a un empresario neoyorquino, de teatro, claro está, que pretende poner en los escenarios norteamericanos algo surgido de la genialidad y la casta hispana, sugiramos que este señor se llamara Chappell, ¿por qué no?, y para tal evento le encarga dos obras, un dramática y otra cómica, a un dramaturgo español de moda en aquella época, el cual podría ostentar el nombre de Gregorio Martínez Sierra, de peores se han visto ¿no?, y que tal señor, bien por el cansancio de la edad o porque no estaba de humor o porque no le salían demasiado bien las comedias, decide aceptar el encargo de la obra trágica y le pasa el marrón de la segunda a otro escritor, que por entonces estaba abriéndose caminos por la fama, a quien le bautizaremos como Enrique. Éste, que no estaba precisamente pasando por su mejor época económica, acepta el reto gustosamente. Así que comienza a revolver entre sus papelotes y encuentra un acto que había escrito ocho años atrás, pero que luego dejó abandonado en el sueño de los justos, así que rescató este material y se estrujó un poco la materia gris hasta dar con una sinopsis de un pieza teatral completa, la cual fue aceptada por el empresario yanqui, pero con la condición de que estuviera concluida en el plazo de seis semanas… sin embargo se olvido de enviarle el anticipo pecuniario prometido, por lo que nuestro amigo Enrique, a quien la obra no le interesaba demasiado y sí el dinero, decidió abandonar y la dejó inconclusa.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, por Ancrugon

 

A estas alturas supongo que pocos desconoceréis la identidad de este increíble creador que fue Oscar Wilde, un hombre que hizo arte de la provocación, la transgresión y la ruptura de las normas como fe y catecismo de una forma de vida escandalosa, no sólo para su época, no nos equivoquemos, incluso para la actual pues en el fondo seguimos siendo tan trasnochados como entonces…

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Dos años de vacaciones, de Julio Verne, por Ancrugon
 

Nuestro personaje de este mes es, con toda seguridad, uno de los reyes entre los clásicos de la aventura, porque su espíritu soñador y su afán de alzar vuelos que le transportasen a mundos y situaciones inverosímiles y fantásticas, hacen de él un visionario y un pionero entre los creadores de su tiempo, incluso de siglos posteriores. Me refiero, como podréis suponer, a Juilio Verne, el padre de la ciencia ficción.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Greguerías, de Ramón Gómez de la Serna, por Ancrugon

 

Se dice que las greguerías fue un invento de Ramón Gómez de la Serna, un escritor y periodista madrileño que militó en la vanguardia intelectual española allá por la primera mitad del siglo XX, incluyéndolo los estudiosos en la generación del 14, también conocida como Novecentismo… Y seguramente me diréis, ¿y lo metes entre los clásicos?... Y yo os responderé, ¿y por qué no?... pues, que yo sepa, esa calificación no se refiere a limitación temporal alguna, ya que la palabra clásico viene del latín classicus y significaba “perteneciente a una clase, en particular superior a otras por algo digno de imitar”, por lo que cuando calificamos a alguien como clásico, no es que sea antiguo ni trasnochado, sino sublime y utilizable como modelo y, os lo aseguro, Ramón Gómez de la Serna lo era.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Tartufo, de Moliere, por Ancrugon

 

Moliere, pseudónimo del gran dramaturgo francés Jean-Baptiste Poquelin, nacido en París el 15 de enero de 1622 dentro de una familia burguesa bastante rica a costa del comercio; cursó estudios en un colegio jesuita de Clermont, gracias a lo que tal vez se debiera su anticlericalismo, y se licenció en derecho en la Facultad de Orleans, donde se relacionó con gente de mal vivir como Cyrano de Begerac, Chapelle o D’Assoucy. Pronto le entra la afición por el teatro y organiza, junto a Madeleine Béjart, L’Illustre Théâtre que sólo le produjo deudas y le provocó su primer enfrentamiento con la Justicia.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Vuelva usted mañana, de Mariano José de Larra, por Ancrugon

 

A veces algo escrito en épocas pretéritas tiene una validez inusitada en el presente por el hecho de parecer que el tiempo no ha pasado, como si el hecho narrado en los papeles amarillentos del ayer fuese algo natural hoy y como si el autor, muerto ya hace muchos años, estuviera hablándonos de los sucesos actuales. Este es el caso de los artículos mordaces y satíricos escritos por el sublime escritor, periodista y político español Mariano José de Larra, importante representante del romanticismo ibérico quien, a pesar de su corta vida, tuvo la virtud de ser un gran observador y un excelente crítico de las costumbres y maneras de su patria.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Fábulas, de Samaniego, por Ancrugon

 

Fábula es una composición literaria narrativa breve, normalmente rimada, aunque no es imprescindible, cuyos personajes suelen ser animales con características humanas y que concluye con una moraleja, la cual posee una enseñanza que puede ser moral o simplemente instructiva. Sus orígenes datan de dos mil años antes de Cristo, como demuestran las tablillas de arcilla encontradas en las excavaciones de la antigua Mesopotamia y que, según parece, estaban dedicadas a la enseñanza en los colegios. Posteriormente fue un género bastante usado en todas las épocas, desde la antigüedad clásica, hasta nuestros días, sin embargo comenzaremos con una autor español del siglo XVIII, Felix María Samaniego.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El jardín de los exempla - 4º, por Ancrugon

 

Contar cuentos es una acción humana tan antigua como la misma capacidad de hablar. Con ellos se ha entretenido, comunicado, informado, enseñado...; han sido (y son) medio de expresión, de arte, demostración de un hecho, o simple juguete. Los cuentos siempre fueron los amigos confidentes de nuestros ratos solitarios en la infancia, y los niños ríen, lloran, odian, aman, temen, se emocionan con las peripecias de unos personajes que llenan por entero su imaginación. Pero también los mayores leen cuentos y buscan, en su intensa brevedad, esa pizca mágica de algo que, aunque incorpóreo e inmaterial, puede colmar cumplidamente tantos momentos vacíos: la imaginación.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El jardín de los exempla - 3º, por Ancrugon

 

Contar cuentos es una acción humana tan antigua como la misma capacidad de hablar. Con ellos se ha entretenido, comunicado, informado, enseñado...; han sido (y son) medio de expresión, de arte, demostración de un hecho, o simple juguete. Los cuentos siempre fueron los amigos confidentes de nuestros ratos solitarios en la infancia, y los niños ríen, lloran, odian, aman, temen, se emocionan con las peripecias de unos personajes que llenan por entero su imaginación. Pero también los mayores leen cuentos y buscan, en su intensa brevedad, esa pizca mágica de algo que, aunque incorpóreo e inmaterial, puede colmar cumplidamente tantos momentos vacíos: la imaginación.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El jardín de los exempla - 2º, por Ancrugon

 

Contar cuentos es una acción humana tan antigua como la misma capacidad de hablar. Con ellos se ha entretenido, comunicado, informado, enseñado...; han sido (y son) medio de expresión, de arte, demostración de un hecho, o simple juguete. Los cuentos siempre fueron los amigos confidentes de nuestros ratos solitarios en la infancia, y los niños ríen, lloran, odian, aman, temen, se emocionan con las peripecias de unos personajes que llenan por entero su imaginación. Pero también los mayores leen cuentos y buscan, en su intensa brevedad, esa pizca mágica de algo que, aunque incorpóreo e inmaterial, puede colmar cumplidamente tantos momentos vacíos: la imaginación.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El jardín de los exempla - 1º, por Ancrugon

 

Contar cuentos es una acción humana tan antigua como la misma capacidad de hablar. Con ellos se ha entretenido, comunicado, informado, enseñado...; han sido (y son) medio de expresión, de arte, demostración de un hecho, o simple juguete. Los cuentos siempre fueron los amigos confidentes de nuestros ratos solitarios en la infancia, y los niños ríen, lloran, odian, aman, temen, se emocionan con las peripecias de unos personajes que llenan por entero su imaginación. Pero también los mayores leen cuentos y buscan, en su intensa brevedad, esa pizca mágica de algo que, aunque incorpóreo e inmaterial, puede colmar cumplidamente tantos momentos vacíos: la imaginación.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El Quijote y los molinos de viento, de Cervantes, por Ancrugon

 

La realidad también está compuesta de diferentes trozos de espejismos, sin ellos, el abrumador peso de la verdad aplastaría nuestra miserable existencia y entonces nos daríamos cuenta de cuan insignificantes somos y qué poco valor tiene todo lo que nos rodea… seguir viviendo así, carecería de sentido. Por ello, los engaños, las quimeras, las ilusiones o los sueños, da lo mismo como queráis llamarlos, hacen de nuestro paso por este viejo planeta algo llevadero, incluso divertido, más aún, a veces también llegamos a pensar que hemos nacido para alguna causa y que todo lo que hacemos, o por lo menos parte de ello, es esencial y perdurará por los siglos de los siglos…

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Don Quijote y el caballo volador, de Cervantes, por Ancrugon

 

Si hay una historia en la literatura que contenga una gran variedad de momentos sublimes llenos de humor, al mismo tiempo que una clara intención didáctica moral, esa es la que hace referencia a las aventuras de el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, caballero andante que decidió emplear su vida en desfacer entuertos, ayudar a los débiles, luchar contra el mal y extender, allá por donde fuere, la bondad y la grandeza de corazón que provocan, en quienes los vieren, el resurgimiento de la fe en el género humano.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Una enemistad productiva, por Ancrugon

 

Si la literatura ha sido en alguna época un campo de batalla donde dos contrincantes se han enfrentado con armas tan peligrosas y envenenadas como las palabras y las ideas, esa fue, sin lugar a dudas, en vida de dos de los más grandes poetas de la lengua española, me refiero a Góngora y Quevedo.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, por Ancrugon

 

En El fantasma de Canterville se aprecia el estilo característico de Oscar Wilde en su empeño por dar la vuelta a todo e imprimir en cada historia su propia personalidad, por ello, aunque se trate de una historia de terror, aparecen escenas escritas con un humor recubierto de ternura e ironía, sobre todo en los diálogos, bastante vivos e ingeniosos, y con su típicas descripciones más anímicas que reales.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: El Lazarillo de Tormes, por Ancrugon

 

“El Lazarillo de Tormes”, realmente titulada “La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades”, es una novela española del siglo XVI, del género de picaresca, cuyo autor es  desconocido. Está escrita en primera persona y como si fuera una larga carta, lo que se llama estilo epistolar, donde el protagonista, Lázaro, cuenta toda su vida, desde su nacimiento hasta su matrimonio, en la que pasa un sinfín de penurias a las órdenes de diversos amos, los cuales representan distintos estamentos de la sociedad española contemporánea, lo que le llevó a ser prohibida por la Inquisición.

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LOS CLÁSICOS DIVERTIDOS: Entremeses, por Ancrugon

 

Los entremeses o pasos eran unas piezas dramáticas humorísticas en un solo acto que solían representarse en los intermedios de las obras largas. Estaban protagonizados por personajes jocosos representantes de clase baja, que muchas veces se mostraban tipificados y presentados de forma grotesca o exagerada. Estas pequeñas farsas teatrales fueron muy populares en la España del Siglo de Oro, hasta su prohibición en 1780 por los dirigentes políticos de la Ilustración, quienes, guiados por su ideal estético neoclasicista, los prohibieron por su vulgaridad y chabacanería, al mismo tiempo tenían también en contra a la Iglesia, pero en este caso era por cuestiones morales. Con posterioridad, finales del siglo XIX y principios del XX, volvieron a ser reivindicados y representados, pero con el nombre de sainete. 

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