Espacio de contemplación:

Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello.

“He querido representar seis personajes que buscan un autor. El drama no alcanza a escenificarse precisamente porque falta el autor que buscan, y se representa, en cambio, la comedia de su inútil tentativa, con todo lo que tiene de trágica por el hecho de que estos seis personajes han sido rechazados”. (Luigi Pirandello)

Un trabajo de…

Todo comienza en un escenario de teatro desnudo y oscuro donde se está ensayando una obra de Pirandello, pero de pronto son interrumpidos por seis personas que afirman ser personajes dramáticos que esperan ser realizados por un autor. Estas seis personas (Padre, Madre, Hijastra, Hijo, Niño y Niña) están envueltos en una misteriosa aura de luz que sugiere la constante tensión del arte entre realidad e ilusión. Van vestidos de negro y desean contar sus historias a los actores y, especialmente, al director: “El padre, aburrido de su esposa, con la que tuvo al Hijo, le presentó a su secretario con quien ella pronto hizo más que una amistad, fugándose con él, con quien tuvo a la joven al niño y a la niña. Cuando esto hombre murió, la Madre se quedó en una situación muy precaria, por lo que el Padre la acogió de nuevo en su casa con toda su prole. Durante ese tiempo, el Padre frecuentaba la tienda de Madame Pace, donde se vendían prendas femeninas, pero que en realidad era la tapadera de otro tipo de negocio más lucrativo, aunque menos respetable, y allí tuvo relaciones con la Hijastra sin saber quién era realmente, sin embargo, un día la Madre los descubrió”. El director parece interesado en la historia y decide que el actor y la actriz principales ensayen los papeles, pero los personajes les interrumpen constantemente al no estar de acuerdo con esas representaciones.

 

Pirandello huye con esta obra del realismo llamando la atención del público sobre la arbitrariedad en la relación entre la realidad y lo ficticio, por ello dispone que el telón deba estar levantado y el escenario oscuro y desprovisto de cualquier decorado, para que impere la ilusión de que todo lo que ocurra en él parezca espontáneo y no ensayado, siendo la gente quien determine lo que va a considerar verdad o producto de una interpretación. Este autor opinaba que la sociedad, acostumbrada a la ilusión de la realidad en un escenario ya no sabe discernir lo que es realidad o ilusión en la vida cotidiana, y es que en la vida real se toman muchas cosas por verdaderas que no deberían ser. Así, al principio de “Seis personajes en busca de autor” el público es consciente de que está viendo a unos actores fingiendo sus personajes en un ensayo, pero ¿qué ocurre cuando aparecen seis “personajes” que afirman ser “reales”? Sí, el público sabe que también son actores representando otros papeles, pero esa reivindicación de su propia existencia, esa afirmación de su realidad llega a confundir, primero, a los otros actores y al director y, después, a los propios espectadores que llegan a interrogarse sobre la veracidad de la existencia de las creaciones del arte: “si están ahí, entonces, son reales. Existen como materia artística, aunque no hayan sido interpretados, incluso aunque no hayan sido escritos por ningún autor. Sin embargo, para que esa materia se realice deben encontrar a un autor que les de forma y a unos actores que les den vida.”

 

Esto nos lleva a analizar el convencimiento de que todos los seres humanos tenemos una identidad personal que permanece relativamente estable, sin embargo, Pirandello también desafía esta creencia general en la obra que nos ocupa, pues ¿somos igual ahora que hace tiempo? ¿No hemos abandonado ideas en el presente que defendíamos en el pasado o viceversa? ¿Actuaríamos de la misma forma ahora como hicimos en el pasado? Entonces, ¿podemos ser acusados en este momento de algo que hicimos hace tiempo?

La ficción de Luigi Pirandello (1867-1936), uno de los escritores más destacados del periodo modernista, se basa en la relatividad de la verdad en un tiempo en el que la ansiedad y la desazón imposibilitaban todo atisbo de certeza. Analiza detalladamente la desintegración de la identidad, pues no podemos confiar en el pensamiento racional, ni en las experiencias, a causa de su fragmentación, y el lenguaje ha perdido su capacidad de comunicación. Sus personajes suelen ser antihéroes apocados que analizan constantemente los dilemas de un universo indiferente. Sus tragedias están socavadas por la parodia y la farsa dibujando un mundo absurdo y sin esperanza.

Seis personajes en busca de autor

(fragmento)

Luigi Pirandello

 

De día, sobre un escenario de teatro.

Nota bene: La comedia no tiene actos ni escenas. La representación será interrumpida por primera vez, sin bajar el telón, cuando el director y el primer personaje se retiren para acordar el escenario y los actores desaparezcan del escenario; la segunda vez, cuando el tramoyista haga caer el telón por error.

Al entrar en la sala del teatro, los espectadores encontrarán el telón levantado y el escenario tal como está de día, sin bastidores ni decorados, casi a oscuras, vacío, para que tengan desde el principio la impresión de un espectáculo no preparado de antemano. Dos escalerillas, una a la derecha y otra a la izquierda, comunicarán el escenario con la sala. Sobre el escenario, la concha del apuntador estará junto al foso. Al otro lado, cerca del proscenio, una mesita y un sillón de espaldas al público, para el DIRECTOR. Otras dos mesitas, una más grande, una más pequeña, con muchas sillas alrededor, colocadas para tenerlas a mano, si hubiera necesidad, en el ensayo. Otras sillas, aquí y allá, a derecha e izquierda, para los ACTORES, y un piano, en el fondo, a un costado, casi oculto. Apagadas las luces de la sala, se verá entrar por la puerta del foro al TRAMOYISTA con un mono azulado y una bolsa atada a la cintura; cogerá de un rincón al fondo algunos listones, los colocará en el proscenio y se arrodillará para fijarlos. Al escucharse los martillazos, saldrá de la puerta de los camerinos el DIRECTOR DE ESCENA.

EL DIRECTOR DE ESCENA. ¿Qué haces?

EL TRAMOYISTA. ¿Qué hago? Estoy clavando.

EL DIRECTOR DE ESCENA. ¿A estas horas? (Mirará el reloj.) Son las diez y media. En un momento llegará el Director para el ensayo.

EL TRAMOYISTA. Bueno, ¡yo también necesito mi tiempo para trabajar!

EL DIRECTOR DE ESCENA. Lo tendrás, pero no ahora.

EL TRAMOYISTA. ¿Cuándo, entonces?

EL DIRECTOR DE ESCENA. Cuando no sea la hora de ensayo. Apresúrate y llévatelo todo. Déjame disponer la escena para el segundo acto de El juego de los papeles.

EL TRAMOYISTA. Resoplando, refunfuñando, recogerá los listones y se irá. Entretanto, por la puerta del foro, empezarán a aparecer los ACTORES de la compañía, hombres y mujeres, primero uno y después otro, después dos al mismo tiempo, a su gusto: nueve o diez, los que se supone que deban formar parte en los ensayos de la comedia de Pirandello El juego de los papeles, prevista para ese día. Entrarán, saludarán al DIRECTOR DE ESCENA y se saludarán entre ellos, deseándose un buen día. Algunos irán a los camerinos; otros, entre los cuales estará el APUNTADOR, que tendrá el guión enrollado bajo el brazo, permanecerán en el escenario esperando al DIRECTOR para dar inicio al ensayo, mientras que, sentados en círculo o de pie, cruzarán palabras; alguno encenderá un cigarrillo, otro se quejará del papel asignado, aquel leerá en voz alta a sus compañeros la noticia de una revista teatral. Sería bueno que tanto las ACTRICES como los ACTORES vistieran ropas claras y alegres, y que esta primera escena improvisada tuviera mucha vivacidad. En un determinado momento, uno de los cómicos se podrá sentar al piano y tocar una música bailable; los más jóvenes entre los ACTORES y ACTRICES bailarán.

EL DIRECTOR DE ESCENA. (Batiendo palmas para llamarlos al orden.) Vamos, vamos, orden. ¡Ha llegado el Director!

La música y el baile cesarán al mismo tiempo. Los ACTORES se volverán para mirar hacia la sala del teatro, por cuya puerta se verá entrar al DIRECTOR, quien, con un sombrero de copa, el bastón bajo el brazo y un grueso puro en la boca, cruzará el pasillo de butacas y, saludado por los cómicos, subirá al escenario por una de las dos escalerillas. El SECRETARIO le entregará el correo: un periódico y un guión sellado.

EL DIRECTOR. ¿Cartas?

EL SECRETARIO. Ninguna. Esto es todo.

EL DIRECTOR. (Entregándole el guión sellado.) Llévelo al camerino. (Después, mirando alrededor y dirigiéndose al DIRECTOR DE ESCENA.) Pero aquí no se ve nada. Por favor, que nos den un poco más de luz.

EL DIRECTOR DE ESCENA. ¡De inmediato! (Irá a dar la orden. Y poco después el escenario se iluminará con una intensa luz blanca en la parte de la derecha, donde estarán los ACTORES. En tanto, el APUNTADOR habrá tomado su lugar en el foso, habrá encendido la lamparita y extendido ante sí el guión).

EL DIRECTOR. (Dando palmadas.) Vamos, vamos, que tenemos que empezar. (Al DIRECTOR DE ESCENA) ¿Falta alguien?

EL DIRECTOR DE ESCENA. Falta la Primera Actriz.

EL DIRECTOR. ¡Como siempre! (Mirará el reloj.) Estamos atrasados diez minutos. Anótelo, hágame el favor. Así aprenderá a ser puntual en los ensayos.

No habrá terminado la amonestación, cuando del fondo de la sala se escuchará la voz de la PRIMERA ACTRIZ.

LA PRIMERA ACTRIZ. ¡No, no, por favor! ¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy! (Está toda vestida de blanco, con un sombrero excéntrico y un gracioso perrito entre los brazos; correrá a través del corredor de la sala y subirá apresuradamente por una de las escalerillas).

EL DIRECTOR. Usted insiste en hacerse esperar.

LA PRIMERA ACTRIZ. Discúlpeme. ¡Busqué desesperadamente un automóvil para llegar a tiempo! Pero veo que todavía no han empezado. Y yo no aparezco al comienzo de la obra. (Luego, llamando por su nombre al DIRECTOR DE ESCENA, le encarga el perrito.) Por favor, déjelo en el camerino.

EL DIRECTOR. (Renegando.) ¡También el perrito! Como si fuéramos pocos los que parecemos mascotas aquí. (Dará palmadas otra vez y se dirigirá al APUNTADOR) Vamos, vamos, el segundo acto de El juego de los papeles. (Sentándose en la butaca.) Atención, señores. ¿A quién le toca la escena?

Los ACTORES y las ACTRICES despejarán el proscenio y se irán a sentar a un costado, salvo los tres que participarán en el ensayo y la PRIMERA ACTRIZ, que sin hacer caso de la pregunta del DIRECTOR se sentará delante de una de las mesitas.

EL DIRECTOR. (A la PRIMERA ACTRIZ) ¿Interviene usted en la escena?

LA PRIMERA ACTRIZ. Yo no.

EL DIRECTOR. (Molesto.) ¡Entonces muévase, por Dios!

La PRIMERA ACTRIZ se levantará y se irá a sentar junto a los otros ACTORES que ya estarán acomodados aparte.

EL DIRECTOR. (Al apuntador) Comience, comience.

EL APUNTADOR. (Leyendo el guión.) «En casa de Leone Gala. Un extraño salón, comedor y despacho al mismo tiempo»

EL DIRECTOR. (Dirigiéndose al director de escena.) Pondremos la sala de color rojo.

EL DIRECTOR DE ESCENA. (Apuntándolo en un papel.) De color rojo, de acuerdo.

EL APUNTADOR. (Sigue leyendo el guion.) «Mesa puesta y escritorio con libros y papeles. Estanterías de libros y vitrinas con lujosas vajillas y utensilios de mesa. Puerta al fondo por la cual se llega a la habitación de Leone. Puerta lateral a la izquierda por la cual se va a la cocina. La puerta principal está a la derecha»

EL DIRECTOR. (Levantándose e indicando.) Por lo tanto, presten atención: allá, la puerta principal. Aquí, la cocina. (Dirigiéndose al ACTOR que hará el papel de Sócrates.) Usted entrará y saldrá por este lado. (Al DIRECTOR.) Colocará la mampara en el fondo y luego colgará las cortinas. (Se vuelve a sentar.)

EL DIRECTOR DE ESCENA. (Anotándolo.) De acuerdo.

EL APUNTADOR. (Leyendo el guión.) «Primera escena. Leone Gala, Guido Venanzi, Filippo, llamado Sócrates» (Al DIRECTOR) ¿Debo leer también las acotaciones?

EL DIRECTOR. ¡Sí, sí! ¡Se lo he dicho mil veces!

EL APUNTADOR. (Leyendo el guión.) «Al levantarse el telón, Leone Gala, con gorrito de cocinero y delantal, trata de batir un huevo en un cuenco con un cucharón de madera. Filippo bate otro, también vestido de cocinero. Guido Venanzi escucha, sentado»

EL PRIMER ACTOR. (Al director.) Disculpe, pero ¿me tengo que poner el gorrito en la cabeza?

EL DIRECTOR. (Fastidiado por el comentario.) ¡Obviamente! ¡Está escrito allí! (Señalará el guión.)

EL PRIMER ACTOR. ¡Pero si es ridículo!, usted perdone.

EL DIRECTOR. (Poniéndose de pie, furioso.) «¡Ridículo, ridículo!» ¿Qué quiere que yo haga si de Francia no vienen más comedias buenas y nos tenemos que resignar a poner en escena comedias de Pirandello, que nadie comprende y parecen creadas a propósito para que ni los actores, ni los críticos, ni el público queden contentos? (Los actores reirán. Y entonces él, levantándose y acercándose hacia el PRIMER ACTOR, gritará.) ¡El gorrito de cocinero, sí señor! ¡Y batirá los huevos! ¿Usted cree que no tiene que hacer nada más que batir los huevos con sus manos? Pues no. ¡Tendrá que representar el papel de la cáscara de los huevos que está batiendo! (Los ACTORES reirán de nuevo y harán comentarios irónicos entre ellos.) ¡Silencio! ¡Y presten atención cuando estoy hablando! (Se dirige de nuevo al primer ACTOR.) Sí, señor, la cáscara. ¡Lo que quiere decir la forma vacía de la razón, sin la plenitud del instinto, que es ciego! Usted es la razón y su esposa el instinto, en un juego de papeles asignados, por lo que usted, al representar su papel, es voluntariamente el títere de sí mismo. ¿Comprendido?

EL PRIMER ACTOR. (Abriendo los brazos.) ¡Yo no!

EL DIRECTOR. (Volviendo a su sitio.) ¡Yo menos! Así que mejor seguimos. ¡Después me elogiará el resultado! (En tono confidencial.) Le aconsejo que se ponga siempre de medio perfil, porque si no, entre las complicaciones del diálogo y usted que no se dejará escuchar por el público, nadie entenderá nada. (Dando palmadas de nuevo.) ¡Atención, atención! Empezamos.

EL APUNTADOR. Disculpe, señor Director. ¿Me permitiría cubrirme con la concha? ¡Corre un aire!

EL DIRECTOR. ¡Cómo no, hágalo!

El CONSERJE del teatro habrá entrado mientras tanto en la sala, con su gorrita galoneada, en la cabeza, y atravesando el pasillo de butacas, se acercará al escenario para anunciar al DIRECTOR la llegada de los SEIS PERSONAJES, quienes también han entrado en la sala y lo han seguido a cierta distancia, un poco desorientados y perplejos, mirando a su alrededor.

(…)

EL CONSERJE. (Con el gorrito en la mano.) Disculpe, señor.

EL DlRECTOR. (Brusco, despectivo.) ¿Y ahora qué ocurre?

EL CONSERJE. (Tímidamente.) Han llegado unos señores que preguntan por usted.

El DIRECTOR y los ACTORES se dan la vuelta sorprendidos para mirar desde el escenario hacia abajo, en la sala.

EL DIRECTOR. (De nuevo enojado.) ¡Estamos ensayando! ¡Y usted sabe muy bien que no debe entrar nadie mientras estamos ensayando! (Dirigiéndose hacia el fondo.) ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren?

EL PADRE. (Dando un paso adelante, seguido por los demás, hasta llegar a una de las escalerillas) Hemos venido en busca de un autor.

EL DIRECTOR. (Entre sorprendido e iracundo.) ¿De un autor? ¿Qué autor?

EL PADRE. Del que sea, señor.

EL DIRECTOR. Pero si aquí no hay ningún autor, porque no estamos ensayando ninguna comedia nueva.

LA HIJASTRA. (Con una alegre vivacidad, subiendo rápidamente la escalerilla.) ¡Mucho mejor, mucho mejor entonces, señor! Nosotros podríamos ser su nueva comedia.

… Continúa…

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