Libros

Una lección de humor de Nieto para profundizar en 'Los años Pedridos' (Fri, 27 Feb 2026)
'Los años Pedridos', el título del nuevo libro de José María Nieto , es un juego de palabras –una metátesis, nos recordó el autor, el gran humorista gráfico y viñetista de ABC–. Nieto presentó en Madrid el volumen que ha editado GallandBooks y que recoge, en 150 páginas a todo color, las mejores viñetas de los últimos siete años. A la presentación acudieron Isabel Díaz Ayuso , presidenta de la Comunidad madrileña, y su consejero de Cultura, Mariano de Paco, así como numerosos amigos y admiradores que disfrutaron de la conversación de Nieto con la columnista Rebeca Argudo , moderada por Carlos Aganzo en el Aula de Cultura de ABC. Argudo y Nieto hicieron reír a la audiencia al recordar cómo se conocieron en un choque, o más bien un desencuentro, en el antiguo Twitter, a cuenta de una diferencia sobre un animal (no político). Pero de aquel roce supieron despejar la X de la amistad que, desde entonces, les ha llevado a compartir los desternilles y cachondeos que la actualidad procura. Y cada día los procura mejor, si leemos el libro de Nieto, este 'Los años Pedridos'. El presidente del Gobierno no aparece en la mayoría de las viñetas elegidas. Pero es que, según Nieto, todos los demás que aparecen, los Puigdemones, los Ávalos y los Koldos, los Maduros, los Pablos de Podemos e incluso las Ayusos que ha pintado en sus viñetas, todos están ahí casi siempre por causa de Sánchez. Porque los nombró y desnombró, los cameló o los amnistió, o porque no las puede soportar si no puede desbancarlas. Nieto recordó que «al preparar la selección me di cuenta de lo duros que han sido este estos años para todos, con la pandemia y tanta polarización». Mientras iban proyectándose en una pantalla las mejores viñetas de los últimos años, Nieto y Argudo provocaron risas entre los asistentes, sobre todo al saber las circunstancias que rodearon la creación de algunas de aquellas viñetas. Ni se imaginan. Confesó el autor su frustración por no saber nunca cuándo va a funcionar un chiste, y contó alguna anécdota sobre el que él creía que era de los mejores que ha hecho y no le hizo gracia a nadie. Rebeca Argudo admiró el «virtuosismo de la viñeta que condensa la actualidad en un golpe de vista» –humor a primera vista, podríamos decir–, «una píldora nutritiva que resume lo mollar de la actualidad y la conversación pública, en eso Nieto es un maestro».
>> más información

Elvira Mínguez gana el premio Primavera por su novela 'La educación del monstruo' (vie, 27 feb 2026)
La obra 'La educación del monstruo', de Elvira Mínguez -actriz y novelista- , se alzó este viernes con el premio Primavera de Novela en su trigésima edición, dotado de 100.00 euros, convocado por la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, con el propósito de «apoyar la creación literaria y contribuir a la difusión de la novela como forma de expresión artística». La autora confesó que le «cuesta concebir» que alguien esté preparado para recibir una noticia «tan emocionante» y apuntó que «por mucho que hubiera soñado alguna vez algo semejante, como siempre, la realidad supera a la ficción». 'La educación del monstruo' llegará a las librerías el 15 de abril. El jurado, presidido por Carme Riera y compuesto por Antonio Soler, Nativel Preciado, Gervasio Posadas y David Cebrián, falló el premio el jueves en una reunión celebrada en Madrid, eligiendo como ganadora la obra de Mínguez. 'La educación del monstruo' es «una magnífica novela que, partiendo de una época escasamente trabajada en la literatura, como es la emigración española a Alemania, nos sumerge en un mundo de silencios y sospechas que atraviesa dos generaciones», señaló el jurado tras conocerse el fallo. En la edición de 2026, el certamen recibió 1.590 novelas originales. España encabezó la lista con 795 novelas, seguida de Argentina (280) y México (106). Dentro de España, las comunidades con mayor participación son Madrid (179), Andalucía (92) y Cataluña (63). 'La educación del monstruo' es una historia que se desarrolla en tres épocas. En su madurez, Matilde inicia una búsqueda personal que la llevará, primero, a querer saber más sobre la vida de su madre, Águeda, emigrante en Düsseldorf a principios de los años sesenta. Más adelante, Matilde regresará a su propia infancia, en Valladolid en los años setenta, cuando su colegio —dirigido por la hermana Olvido— y la ciudad entera estaban aterrorizados por los ataques de un violador de niñas al que parecía imposible dar caza. La novela sumerge al lector en la vida de unas mujeres que entendieron que reconstruir la memoria, personal y colectiva, es la única manera de enfrentar el mal que acecha y de escapar del 'monstruo'.
>> más información

Aena convoca un premio literario de un millón de euros (jue, 26 feb 2026)
Aena ha anunciado la convocatoria del nuevo premio Aena de Narrativa Hispanoamericana , que estará dotado con un millón de euros. Los cuatro finalistas recibirán 30.000 euros cada uno. El galardón reconocerá obras de narrativa escritas en lengua española o lenguas cooficiales de España traducidas a lengua castellana y ya publicadas, en esta convocatoria, en 2015. Sean cooficiales o originales en castellano, «se valorará por su calidad literaria, originalidad y aportaciones cultural». Esta iniciativa incluye la compra, por parte de Aena, de miles de ejemplares de las cinco obras finalistas, que se distribuirán entre sus trabajadores y las administraciones locales de los territorios a los que dan servicio los aeropuertos para su uso en bibliotecas, escuelas, centros culturales, etc. En marzo se harán públicos los cinco finalistas, y el 8 de abril se celebrará una gala en Barcelona en el transcurso de la cual se dará a conocer el ganador. La fundación Gabriel García Márquez y la Cátedra Vargas Llosa han decidido apoyar esta iniciativa de AENA. Hasta ahora, el galardón literario con mayor dotación económica en España era el premio Planeta, cuyo ganador recibe un millón de euros, mientras que el finalista recibe 200.000 euros. Después, el premio Alfaguara de Novela está dotado con 165.000 euros, aproximadamente, y el premio de Literatura en Lengua Castellana 'Miguel de Cervantes', que otorga el Ministerio de Cultura, con 125.000 euros. Mientras, el ganador del premio Fernando Lara de Novela recibe 120.000 euros y el premio Primavera de Novela, 100.000 euros. La autora Rosa Montero ha hecho en rueda de prensa el anuncio de este nuevo galardón, del que será la presidenta del jurado, acompañada del presidente y consejero delegado de Aena, Maurici Lucena. El resto de los miembros del jurado son: Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenco, Jorge Fernández Díaz, Leila Guerriero, José Carlos Llop y Elmer Mendoza. Jesús García Calero y Sergio Vila-Sanjuán actuarán como secretarios sin voz ni voto. «Lo que Aena quiere, en alguna medida y porción, es devolver a la sociedad lo mucho que la sociedad le ha dado a sus trabajadores y accionistas», ha asegurado Lucena que ha recordado que la empresa ya ha desarrollado iniciativas de apoyo al mundo de la cultura. Así, ha continuado explicando que desde la entidad consideran que para que la sociedad sea «libre en espíritu crítico, diversa y esté cimentada en principios democráticos», se debe fomentar la lectura y «enriquecer» el patrimonio literario, respaldando «el talento creativo». «Que los libros que se publiquen en Hispanoamérica, sean buenos libros», ha apuntado Lucena para después precisar que la escena cultural en España echa «de menos el mecenazgo» y que este premio trata de contribuir al refuerzo del mismo.
>> más información

Begoña Quesada: «El poder no solo corrompe, cambia la identidad personal» (jue, 26 feb 2026)
El diccionario de la RAE atribuye dos acepciones a la palabra «memento». La obra que reúne informaciones o «cada una de las dos partes del canon de la misa, en que se hace conmemoración de los fieles vivos y de los difuntos». Begoña Quesada se preguntó qué quedaría de la identidad humana si alguien pudiera modificar la memoria y cribar lo que debe ser recordado. En su novela 'Memento' (Edhasa), el neurobiólogo Lauro supera una crisis profesional al descubrir que es posible alterar la memoria. «La idea surge de mi experiencia personal. La identidad que nos conforma y su relación con la memoria», explica Quesada. La escritora asturiana pone de ejemplo la canción 'Memoria' de Rosalía: «Siempre que me acuerdo de algo/Siempre lo recuerdo un poco diferente/Y sea como sea ese recuerdo/Siempre es verdad en mi mente». Reconvertido en un cotizado colaborador de los servicios secretos europeos Lauro redirige su interés científico hacia otros objetivos más cuestionables desde el punto de vista ético: «El poder no solo corrompe, cambia la identidad personal», apunta Quesada. O la memoria de una nación para justificar el argumentario de un gobierno, añadimos… «Eso nos lleva a Hannah Arendt; el ciudadano ideal para una dictadura no es el nazi o el comunista acérrimo, sino la persona que no distingue la experiencia de la ficción. La verdad no conviene al poder porque no es manipulable y no se adapta a la narrativa política», afirma Quesada. Doctora en Relaciones Internacionales, la autora de 'Memento' ha trabajado en España, Estados Unidos y Reino Unido hasta recalar en Múnich, donde reside actualmente. «Cuando llegué a Alemania tenía una imagen de país aburrido y previsible, pero en estos años he podido comprobar que es una sociedad con muchas capas», advierte. Alemania ha inspirado tres de sus libros: 'Alemania, el país imprescindible' (2016), una mirada desde fuera; 'Nacidos después de muertos' (2021) una vida novelada de Elisabeth Nietzsche y 'Líneas de Fuga' (2023), donde imagina un viaje a España de Hannah Arendt con los hijos de Thomas Mann. Reconocida con el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos en 2023 por su obra 'En defensa de la imaginación', 'Memento' es la primera de novela de Quesada que no bebe de la cultura germana. «La imaginación es el oxígeno que nos van quitando poco a poco. Y la lectura es la base de la imaginación», concluye.
>> más información

Sonsoles Ónega: «No escribo contra los hombres; hay hombres buenos y mujeres malas» (mié, 25 feb 2026)
Uno de los momentos cumbre de 'Llevará tu nombre', la nueva novela de Sonsoles Ónega que, publicada por Planeta, sale hoy a la venta, sucede en el madrileño restaurante Lhardy. Y hasta ahí podemos leer, descubra el lector esa escena. Como no podía ser de otra manera, la multitudinaria presentación de la novela, con más de cincuenta medios convocados, se ha realizado en el emblemático local, cerrado para el acto y decorado para la ocasión con elementos especiales, como antiguas máquinas de escribir, libros, abanicos y ropa del siglo XIX, en el que se desarrolla la historia, que arranca en 1882. Y se invitó a los medios congregados, a quienes se sirvió el plato estrella, su mítico cocido, y, de postre, su famoso suflé, a que se vistieran de la época y se sentaran en unas mesas denominadas con los nombres de los personajes principales de 'Llevará tu nombre'. Así, entre otros, su protagonista, Magdalena Riva Fernández, Mada , una joven adinerada de la ciudad cántabra de Comillas, que ve cómo su mundo se derrumba, acusada por la segunda esposa de su padre de un horrible crimen, y, obligada por su propia familia, huye a un Madrid donde pobreza y opulencia se dan la mano. O la monja Vicenta María López y Vicuña, un personaje que existió en la realidad, fundadora en la capital de un cálido hogar de acogida para muchachas que buscaban un trabajo en el servicio doméstico. O don Gonzalo Guzmán Díaz de Miguel, escritor viudo, codiciada pieza por las jóvenes casaderas. O la duquesa doña Bárbara de Varona, conocedora de todos los entresijos, y también miserias, de la alta sociedad madrileña. Entre las paredes de Lhardy, que abrió sus puertas en 1839, se guardan secretos -hay muchos en la novela de Sonsoles Ónega-, confesiones literarias, alegrías y tristezas, y hasta conspiraciones. La propia reina Isabel II, y Alfonso XII, más o menos de incógnito, acudieron a los salones del primer restaurante en Madrid que permitió, en un feminismo 'avant la lettre', que fueran mujeres solas. Como feminismo hay en 'Llevará tu nombre', donde leemos: «Los matrimonios son una moneda al aire, pero si ella es una mujer independiente, decidirá su destino», homenaje a las féminas que quieren tomar las riendas de su vida, aunque en la presentación Ónega proclamó: «No escribo contra los hombres. Hay hombres buenos y mujeres malas». A partir de hoy, Lhardy guardará también entre sus muros una pequeña representación escénica que abrió el acto, en la que las actrices Anabel Alonso y Lucía de la Fuente dieron vida, respectivamente, a Vicenta María y Mada Riva en el primer encuentro que tienen en la novela cuando Mada llega a la casa regentada por Vicenta y le aclara que ella no quiere servir sino estudiar y convertirse en escritora. Y las lágrimas de Sonsoles Ónega, que no pudo contener la emoción al presentar en sociedad a su nueva 'hija' y someterla al juicio de los lectores, que son quienes más le importan: «Estoy en manos de los demás. Nunca sabes cómo va a ser recibido un libro. No hay receta infalible para conseguir el favor de los lectores. Ni el de los espectadores de un programa televisivo como el que yo conduzco. Lo que sí aseguro es que hago siempre mi trabajo con ilusión y dedicación sin límites. Porque en la vida lo único que no falla es el curro». No rehuyó Sonsoles Ónega comentar ciertas críticas inclementes que le afearon su anterior novela, 'Las hijas de la criada', ganadora del premio Planeta, éxito de ventas y llevada a una serie igualmente exitosa: «Por supuesto que se puede hacer una crítica negativa de cualquier novela, pero no estaría de más hacerlo no solo con descalificaciones sino con argumentos . Y lo que más me dolió, me violentaron el alma, fue que se cuestionase mi vocación literaria, cuando llevo escribiendo mucho tiempo, y, por supuesto, antes de ser presentadora, con lo que conlleva de figura mediática». Sonsoles Ónega defiende su literatura; no le resulta ofensivo, sino todo lo contrario, que se etiquete como «de supermercado» , pues quiere hacer obras cercanas, accesibles al gran público. Y sobre todo pone en valor su vocación de escritora. Como hace su personaje Mada Riva, que lucha contra viento y marea para poder ejercerla. Sonsoles Ónega lloró de emoción , como llora no pocas veces Mada Riva en su novela, pero ni una ni otra se rinden. Pese a quien pese, como demostró en esta muy especial presentación de 'Llevará tu nombre' en un día en Madrid de luz velazqueña.
>> más información

Julián Quirós: «Me repele la visión heroica del periodismo; esta novela es un retrato humano del oficio» (mar, 24 feb 2026)
«Buenas tardes, pues ya está comprendida la novela», dijo Julián Quirós a mitad de acto, después de que el resto de los intervinientes glosaran su obra. El director de ABC presentó su debut novelístico, 'El último brindis' (HarperCollins), en la Fundación Ortega-Marañón de Madrid. Le acompañaron en el escenario Juan Manuel de Prada, Pedro García Cuartango y Carlos Aganzo. «La corrupción es un espectáculo mucho más apasionante que la virtud», aventuró Cuartango. Citó el 'Edipo Rey' de Sófocles, y también a Joseph Fouché, el jefe de la policía que sobrevivió a la monarquía, la Revolución y Napoleón: todo hombre tiene su precio y lo que hace falta es saber cuál es. 'El último brindis', explicó, viene a ser la crónica de ese descubrimiento: una crónica disfrazada de ficción de una etapa que empieza con el procesamiento de Francisco Camps por el asunto de los trajes y que concluye con la muerte de Rita Barberá en 2016. «Es una novela negra sin derramamiento de sangre», sentenció ante una sala llena. Entre el público estaban el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, y Marta Carro; el embajador de Italia, Giuseppe Buccino Grimaldo; los magistrados Manuel Marchena y Enrique Arnaldo; el presidente de la Fundación Ortega-Marañón, Gregorio Marañón; Manuel Mirat, CEO de Vocento; Soledad Luca de Tena, consejera del grupo; el presidente de la Fundación Vocento, Enrique de Ybarra; el jurista Javier Cremades, y Juan Abarca, presidente del grupo HM Hospitales, entre otros. También destacados periodistas, columnistas y otras personalidades como Fernando Belzunce, Andrés Amorós, Emilio del Río, Cristina López Schlichting, José F. Peláez, Alfonso Ussía, Rebeca Argudo, Ignacio Gómez de Liaño, Jordi García Tabernero, Paula Varona, Antonio San José y Ramón Tamames, entre otros. Prada tomó la palabra y dijo: «La novela es bastante misericordiosa en su mirada hacia estas gentes que se han dedicado a hacer todo tipo de trampas y prevaricaciones y saqueos del erario público. Parece que el autor viese en estos personajes algo de las figuras de las fallas valencianas: arden, pero en su combustión hay algo alegre. Es difícil encontrar un personaje sombrío, maligno, quizás el peor sea el fiscal ». Hubo risas en el público. «Si algo nos enseña la vida es que ninguno somos plenamente inocentes ni culpables. Los peores también tienen recovecos. Y los buenecitos también esconden puñales de perfidia». Aganzo destacó el humor de la novela, y Prada señaló el retrato del director, que llega a Valencia para trabajar en un periódico local. Aunque avisó: «Los personajes de una novela nunca son el trasunto de otra persona: no leamos la novela así». Por ejemplo: no es Quirós, dijo, un gran bebedor. En cambio, a Yelbes, el personaje de la novela, «le gusta empinar el codo como empinamos el codo los españoles . Decía Chesterton que el católico bebe para recordar que está alegre y que el pagano bebe para olvidar que está triste». Otra vez hubo risas. «Yo me reconozco en el narrador, no en el director», explicó Quirós. «En lo que más me parezco a Yelbes es en que cita a Montanelli: lo que me ha salvado de tantos años de oficio es no tomarme nunca en serio». Y continuó: «Me repele esta visión heroica del periodismo, nunca me ha interesado. Cuando nos vendemos como supermanes la sociedad no nos cree, porque ya no es ingenua. Este libro es un retrato humanizado de los periodistas». También dedicó tiempo a mencionar a los santos inocentes de esta historia, «esa gente honrada, esa gente buena arrasada simplemente porque el tsunami pasó por allí». Gente, recordó, que vendió su casa para pagar el precio de demostrar su inocencia. «La impunidad y la inmunidad del poder político fue enorme. Pero de repente eso dejó de valer, se convirtió en chatarra, y se transfirió esa inmunidad y esa impunidad a los medios de comunicación y a los fiscales», remató.
>> más información

Óscar Beltrán de Otálora: «Me encanta la escondida historia reciente» (mar, 24 feb 2026)
Óscar Beltrán de Otálora tiene en su haber una sólida trayectoria en el periodismo. En la actualidad es responsable de nuevas narrativas en 'El Correo'. En 2022 debutó en la novela con 'Tierra de furtivos' (Destino), que consiguió el merecido beneplácito de crítica y público . Ahora, regresa con 'Déjame en las sombras' (Espasa), que presenta este miércoles 25 a las siete de la tarde en la librería El Faro (c/ Gaztambide, 4, Madrid), en muy buena compañía: Luis Mateo Díez —Premio Cervantes 2023—, y Adolfo García Ortega. —¿Qué le ha impulsado a escribir 'Déjame en las sombras'? —Quería escribir sobre un antihéroe en los tiempos más complejos posibles. Además, me encanta la historia reciente que permanece escondida entre las páginas principales de los libros. De esa mezcla surge 'Déjame en las sombras'. Es la historia de un derrotado de la Guerra Civil, un guerrillero heroico, que espió para los aliados en la Segunda Guerra Mundial, convertido en ladrón de joyas en la posguerra. Le encargan regresar a España para robar el dinero de los terroristas de la OAS, la Organisation de l´Àrmee Secrete. Esta última parte está basada en hechos reales, ya que este grupo terrorista francés opuestos a la independencia de Argelia se ocultaba en España en los años 60, bajo la protección del franquismo. —En su anterior novela, 'Tierra de furtivos', ¿le fue de ayuda su experiencia en cubrir informaciones sobre terrorismo? —Sí. Desde 1993 he escrito sobre ETA en 'El Correo'. En 'Tierra de furtivos' contaba la historia del posterrorismo, de los grupúsculos radicales que rechazaban el final de la violencia tras la disolución de la banda. Como periodista había escrito sobre algunos de ellos y conocía sus entresijos. La novela transcurre además en una atmósfera muy específica, en la que aparecen las plantaciones ilegales de marihuana, que se han extendido por toda España, y de las que también había escrito como periodista. —¿Cómo ha sido el proceso de documentación para 'Déjame en las sombras'? —Muy extenso. Deseaba construir al personaje principal y situarlo en lugares importantes de la Guerra Civil como el fuerte Carchuna, donde una operación de comando llevada a cabo por los guerrilleros de la República liberó a 300 prisioneros asturianos que construían un campo de aviación para los alemanes. Pero también la presencia de la OAS en España me ha supuesto un enorme trabajo de documentación. He consultado los Archivos Nacionales franceses, pero también he devorado libros con testimonios de miembros de ese grupo. En su día, además, conocía descendientes de algunos miembros de la OAS que fueron encarcelados en Francia. —La actividad de la OAS en España es poco conocida… —Ha pasado al olvido. Sin embargo, España fue la retaguardia desde la que se planearon algunos de los intentos de asesinato del general Charles de Gaulle llevados a cabo por la OAS en Francia. Algunos de sus principales dirigentes, en su mayoría procedentes de Orán, vivieron durante años en la costa mediterránea. Franco les apoyó hasta que la situación se hizo insoportable y a algunos les ayudó a huir a Sudamérica. En España se quedaron algunos que terminaron de formas muy diversa. Algunos de ellos, en la creación de los primeros grupos que llevaron a cabo la 'guerra sucia' contra ETA y colaboraron con los GAL. Como anécdota, Rockola, el local en el que nace La Movida madrileña, era propiedad de un turbio personaje de la OAS, 'El gitano'. —En su novela aparecen varios escenarios, ¿destacaría alguno? —Por distintas circunstancias he conocido Marsella y Niza. A esta segunda ciudad viajé como periodista en 2016, tras el atentado en el que un miembro del ISIS mató a 86 personas al atropellarlas con su camión en el Paseo de los Ingleses, mientras se celebraba la fiesta del 14 de julio. Son lugares en los que se junta lo peor y lo mejor del Mediterráneo. Como sucede con Alicante, uno de los principales escenarios de la novela porque hasta allí llegaron en 1961 miles de 'pieds noirs', los ciudadanos franceses nacidos en Argelia y que huían de la independencia. Me he centrado en ese Alicante de los años 60 en los que nació el turismo que ahora conocemos todos. Y en ese desarrollo tuvieron un destacado papel muchos 'pieds noirs' que traían a la España franquista una modernidad desconocida para la época. —Y logra que participe de varios géneros, el 'noir', 'thriller', novela histórica, novela de espías… —El objetivo es que el lector disfrute con las peripecias de un héroe sin saber qué va a ser de él. El 'noir' y el 'thriller', son géneros en los que hay verdaderos maestros en hacer disfrutar al lector del suspense, la emoción y el enigma. Y la novela histórica también me parece apasionante, por la posibilidad de introducirnos en un ambiente que ha desaparecido y hacerlo de una manera que resulta pedagógica, que le revele algo que quizá desconocía. Entre las frases de Luis Mateo Díez que me apasionan hay una que dice: «Estas cosas que nunca se cuentan son las que más se recuerdan, y por algo será». Creo que recuperar una historia de la que no se habla pero que sigue resonando de fondo es acceder a algo muy poderoso. —Es lector de 'noir', de novela de espionaje… ¿Tiene algunos autores de referencia? ¿Le Carré…? — John Le Carré fue un maestro. Introdujo la complejidad del ser humano en la novela de espías y la elevó a unas cotas que no han sido alcanzadas. En 'Déjame en las sombras' también he querido homenajear a Trevanian, un norteamericano que escribía con ese pseudónimo y que creó obras tan excepcionales como 'Shibumi', uno de los 'thrillers' más hipnóticos del siglo pasado. —En Juan Lecuona ha creado un gran personaje. ¿Cómo lo definiría? ¿Tiene su propio código ético? ¿Es sobre todo un superviviente? —Es un antihéroe al que le han encargado una misión suicida y sabe que apenas tiene posibilidades de salir con vida. Ha sido ladrón, espía y guerrillero, y en ese pasado ha descubierto que la valentía y la cobardía van de la mano. Por eso sabe utilizar la doblez humana, la mentira y la falsedad. Es lo que le ha enseñado la derrota. Se tiene que enfrentar a los miembros de la OAS, unos terroristas que se creen unos héroes y que no aceptan que ya han sido derrotados por la Historia. Ese enfrentamiento entre los vencidos por la Historia me parecía fascinante para construir la novela. —También resulta muy sugerente Ricardo Sicre, un hombre con munchas facetas… ¿Inspirado en una figura real? —Totalmente. Sicre fue uno de los vencidos de la República que tras una odisea increíble en la Segunda Guerra Mundial terminó trabajando para los norteamericanos como espía en el Mediterráneo. Al finalizar la contienda, desde Estados Unidos se le concedió la franquicia de la Coca Cola y el JB en España. En los 50 y los 60 se convirtió en un personaje imprescindible de la alta sociedad de la época. En su yate de Mónaco, el Ramaje, recibió a Grace Kelly, a Rainiero, a Dalí, etc… Además, era amigo de Ava Gardner, Hemingway y otros personajes imprescindibles. Es alguien a quien me hubiera gustado conocer, pero como no he tenido esa suerte lo he introducido en la novela para conocerle mejor. —Aunque con un protagonista, su novela tiene no poco de coral. ¿Aparte de Lecuona y Sicre, destacaría algún personaje? —Betty Lussier, la que fue la mujer de Sicre, es increíble. Era piloto de aviones, pero como no le dejaban volar en caza para luchar contra los nazis acabó siendo una espía que se especializó en buscar agentes dobles entre los alemanes. Allí conoció a Sicre. Pero también he disfrutado con Meriem Beichou, aunque es una figura ficticia, representa a las mujeres argelinas que querían ser europeas y que tenían que construir su propio mundo. —¿Qué aporta el periodismo a la novela, a la ficción? —El periodismo enseña muchas cosas. Entre otras, a manejar documentación, a entender el contexto de los hechos, a enfrentarse a la pluralidad de voces ante un acontecimiento. Creo que las herramientas del periodismo consiguen que una labor de ficción resulte mucho más verosímil. —¿Cómo ve la situación del periodismo hoy? —Soy optimista. Creo que el periodismo clásico, el que consiste en ver lo que ha sucedido y contarlo con honestidad tiene futuro. El valor de los hechos es sagrado y los periodistas sabemos respetarlo. Una de las amenazas procede de quienes quieren convertir el periodismo en propaganda.
>> más información

Los historiadores García Cárcel y Fusi sobreviven a la crítica contra su libro: «Yo no sé usar la IA» (lun, 23 feb 2026)
Este lunes se despertó la república de las letras agitada por una severísima crítica de José Luis García Martín al último libro de Juan Pablo Fusi y Ricardo García Cárcel, 'Vidas españolas. Razón biográfica de España'. El texto del crítico asturiano, titulado 'Un mal ejemplo' y publicado en los diarios de Vocento, era implacable y aseguraba haber hallado centenares de errores en la edición, desde erratas y nombres cambiados hasta errores de bulto, que le llevaron a una arriesgada conclusión: los autores, dos de los más reputados historiadores de nuestro país, habían caído en la tentación, más propia de los alumnos agobiados y los doctorandos bisoños, de usar la Inteligencia Artificial para entregar el libro en un pispás. Como si fueran simples tahúres de la prosa. Dice un sereno Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945 años) al otro lado del teléfono que todas las críticas, incluso las más ácidas, deben ser bienvenidas. Reconoce los fallos e incluso se culpa de algunos: «No se me da bien corregir pruebas en pantalla y en esta ocasión lo hicimos, seguramente no advertí que mis textos tenían errores». Evidentemente la responsabilidad última es de la editorial, en este caso Taurus, pero Fusi es benévolo incluso al decir que, «en todo caso, el editor me ha llamado para decirme que van a corregir todo de inmediato ». Pero el mal estaba hecho, todo el mundo en los grupos de wasap y los foros comentaba la posible caída de dos santones de la historiografía en el menos venial de los pecados del intelectual de nuestro tiempo: usar la IA para hacer trampas de plagio al solitario. «Cuando me dijeron lo de la crítica a nuestro libro me preocupé, pero cuando vi que nos acusaba de usar la IA se me pasó el sofoco de inmediato. Es que no sé cómo se usa, las únicas veces que he tenido contacto con la IA ha sido al buscar algo en Google, porque sale algo al principio». El mejor escribano echa un borrón y en la ficha de la crítica de García Martín se dice que el libro 'Vidas españolas' consta de 172 páginas, cuando tiene 500. Más allá de esta anécdota divertida, hay otro dato llamativo, y es que el libro se escribió a lo largo de 2024, para tenerlo acabado en otoño. A finales de año el manuscrito quedo completo y se guardó en un cajón, esperando la fecha de publicación. Noviembre de 2024 no era todavía el tiempo en el que el uso de la IA se había popularizado tanto como ahora. Además, resulta que 'Vidas españolas. Razón biográfica de España' no es un diccionario, sino una relación de biografías muy personales, «muy de autor», según Fusi, escogidas por su capacidad para explicar, en su conjunto y por capítulos, nuestra historia. «Me sorprende que el crítico [García Martín] no se haya percatado de ello, tan atento como ha estado a otras cosas», adelanta el historiador. Lo más curioso es que Fusi, según explica a ABC, siempre escribe a mano y luego pasa sus textos al ordenador. Al saber este detalle se entiende mejor la tierna risa que le da la acusación de hacer trampas con la IA. «No tengo demasiada pericia mecanográfica así que a veces dicto para ir más rápido, pero es posible que haya cometido algún error que luego no detecté. Cualquier persona que escribe está siempre en riesgo de fallar en algo. La pena es que no se haya detectado, pero si cambié el nombre de una publicación, parte del error es mío. También es que mi letra a veces... no la entiendo bien ni yo», confiesa con patente humildad y buen humor. El historiador Ricardo García Cárcel (Requena, 1948) estaba igualmente dolido por el revuelo en las redes y en los corrillos culturales, pero muy sorprendido por la acusación de la IA. «¡Pero si no sé ni cómo usarla! A mí no se me ocurre eso». Al igual que Fusi, pone en valor precisamente el trabajo autoral y los documentos manejados para la elaboración del libro. Si tiene fallos, que admite, sentencia: «se corregirán en la próxima edición». Pero el sentido de extrañeza ante la virulencia de las acusaciones le domina. Invocaba a la Fundación March, que encargó la edición del libro en el contexto de un proyecto mayor y cuyo director, Javier Gomá, es autor del prólogo. El propio Gomá escribió en redes para defender a ultranza la publicación y denostar al crítico asturiano, para el que no ahorró calificativos como «pobre diablo», lo cual elevó la temperatura en la red X. En la web de la Fundación Juan March puede verse el acto de presentación del libro con Gomá y los dos historiadores, un evento que ilumina perfectamente la dedicación de ambos en el proyecto. La crítica de García Martín revela sin duda los múltiples fallos de una edición deficiente al poner en la calle el libro. Según Fusi y García Cárcel, aunque el libro estaba acabado en otoño de 2024 el manuscrito quedó en un cajón en espera del momento de publicarlo. A finales del año pasado recibieron el aviso de que ese momento había llegado y una enorme presión por parte de la editorial, porque querían sacarlo a primeros de este año. El manuscrito fue enviado y las pruebas se corrigieron en pantalla, como decía Fusi en su conversación con este periódico, un método que a él no se le da bien. El resultado es mejorable y la editorial está ya corrigiendo los errores, cuya detección se debe, sin duda, al severo crítico asturiano que ha puesto de chupa de dómine el libro. Sus excesos indemostrados, al acusar a los historiadores de utilizar IA, han dado al traste con las bondades de su empeño, y han demostrado que la lupa excesiva en los cientos de erratas detectadas no le ha dejado valorar en perspectiva un libro interesante, lleno de aportes personales y enmarcado en un proyecto de valor para comprender mejor la historia de España. Fuentes próximas a la editorial no dan crédito a las cifras de García Martín. Aceptan que haya erratas pero el número es menor. En todo caso estudiarán imprimir con rapidez una segunda edición que devolverá las aguas a su cauce, aunque puede que no calme todas las conciencias por igual.
>> más información

Diego Golombek: «Dios es uno de los mayores logros del cerebro humano» (dom, 22 feb 2026)
El influjo de la hiperracionalidad del mundo contemporáneo prometió una sociedad libre de mitos en la que el laboratorio sustituiría a la catedral . Sin embargo, el ser humano sigue sintiendo la pulsión irreprimible de mirar al cielo en busca de respuestas, una suerte de sistema operativo espiritual que parece venir preinstalado de fábrica. Ignorar esta persistencia de lo sagrado es como tratar de entender la arquitectura humana obviando los cimientos. Diego Golombek (Buenos Aires, 1964) es biólogo, cronista y uno de los divulgadores más audaces de la ciencia en español, y disecciona este fenómeno en 'Las neuronas de Dios' (Siglo XXI), donde no se propone la tarea imposible de demostrar la tarea imposible del Creador, sino la de rastrear su huella biológica en los pliegues de nuestra corteza cerebral. —¿Cuál es su relación con la religión? —El misterio siempre me atrajo. Aunque nunca fui una persona religiosa, sí fui creyente desde niño. Como cualquier chico, hablaba con un ser superior, una costumbre que, sospecho, nunca nos abandona del todo. Quien asegure que no pide ayuda frente a una situación crítica, quien no haya implorado un «por favor, que pase tal cosa», que tire la primera Biblia. En 'Las neuronas de Dios' cuento cómo, en un momento dado, empecé a notar una correlación demasiado estrecha entre lo que ese ser superior opinaba y lo que yo quería que opinase. Claramente, ese Dios era yo mismo; como todos nosotros, de alguna manera, somos nuestros propios dioses. Ese descubrimiento me alejó de la religión, pero no me hizo perder el interés en ella. Lo maravilloso de la ciencia es que nos permite entender por qué hacemos lo que hacemos y por qué tanta gente mantiene su fe en la vida adulta. La religión tiene algo fascinante: se puede estudiar científicamente. A diferencia de otras pseudociencias movidas por intereses o ideas ridículas, la fe es un fenómeno profundo que merece ser comprendido. —Menciona varias veces en el libro que las alucinaciones nos llevan a algo interno, programado de fábrica. ¿Cuánto de intrínseca es la figura de Dios? —La gran pregunta es por qué, veintiún siglos después de Cristo y muchos más desde el origen del pensamiento religioso, sigue existiendo con tanta fuerza la figura de un Dios omnisciente y personal. Se podría argumentar que es una cuestión meramente cultural, pues somos una mezcla de lo que traemos «de fábrica» -lo biológico y genético- y lo que hacemos con ello -lo cultural y social-. Cuando un fenómeno se mantiene de forma tan robusta a lo largo de la historia y la geografía, como biólogo me siento obligado a plantear una hipótesis biológica: ¿y si no fuera solamente cultural? Esta es la hipótesis: los humanos que creyeron fuertemente en algo superior tuvieron mayores probabilidades de sobrevivir. A nivel individual, la fe pudo reducir el estrés y ofrecer otra perspectiva vital. A nivel social, proporcionó un estandarte común que otorgaba una ventaja estratégica sobre otras comunidades menos organizadas, permitiendo que las tribus cohesionadas por la religión se impusieran. Es una hipótesis, pero existe cierta evidencia al respecto. Se han hallado indicios genéticos que sugieren que las personas con mayores niveles de religiosidad presentan ciertas variaciones o polimorfismos en sus genes. —Si descubrimos que Dios vive en el lóbulo temporal, ¿eso lo hace menos real o simplemente explica el «hardware» que usamos para escucharlo? —Explica la idea de Dios. Dios es inexplicable, incluso desde la ciencia, porque no es una pregunta científica. Si partimos de ahí, pues nos ponemos de acuerdo. Lo que sí es una pregunta científica es qué correlatos tiene Dios en el comportamiento de la gente o en el sistema nervioso de la gente (por ejemplo, si hay áreas del cerebro que se activan frente a rituales o rezos), y eso es donde la ciencia puede hacer doble clic. Jamás puede poner la lupa y sería una estupidez que lo hiciera en la existencia misma de Dios. Eso sería un problema, obviamente, teológico, filosófico, pero no científico. —¿Es la búsqueda de la verdad científica una forma de ritual religioso para el cerebro secular? —La ciencia es, sin duda, una actividad ritual. Tiene sus rutinas y su propia lógica interna, pero se distancia de lo religioso en sus pilares fundamentales. Mientras que el pilar de la religión es la fe y el misterio, el pilar de la ciencia es la evidencia. La actividad científica consiste en robarle secretos a la naturaleza e iluminar lo que está a oscuras. Aunque es una tarea ciclópea porque lo oscuro es infinito, nunca podemos aceptar un límite definitivo. Aquí es donde los rituales científicos y religiosos se separan. La religión se sostiene en el mito y en la fe ciega; ese es su gran éxito y la razón por la que se mantiene. Resulta fascinante que, en pleno siglo XXI, más del 80% de la población siga siendo creyente. Sucede porque la religión ofrece respuestas certeras que cierran preguntas, mientras que la ciencia, cuando da una buena respuesta, lo que hace es abrir nuevas interrogantes. El éxito de la religión radica en que esas respuestas definitivas brindan tranquilidad y reducen la ansiedad. No podemos despacharlo simplemente como «el opio del pueblo», porque efectivamente tiene efectos positivos en el bienestar emocional. —¿Puede alguien que no sea religioso tener esta misma tranquilidad ante el final de la vida? —Creo que, efectivamente, la muerte es una fuerza impulsora extraordinaria para la fe y, sobre todo, para la religión, que ofrece una respuesta: nos dice que no nos preocupemos, que todo irá bien en un paraíso. Ya sea el cielo cristiano o el de los mártires musulmanes con sus vírgenes -sobre lo cual Enrique Jardiel Poncela escribió un libro fascinante y divertidísimo titulado '¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?'-, la religión propone un destino. El miedo a la muerte es absolutamente lógico; es el miedo a dejar de ser, al sufrimiento propio y al de nuestros seres queridos. La religión no elimina esa angustia, pero la calma. Quienes no somos religiosos también tenemos nuestros métodos. Nos angustiamos y sentimos miedo, pero existe otra forma de procesarlo: pensarlo desde un punto de vista biológico. —¿Podemos ser realmente libres si nuestra espiritualidad está predeterminada por la selección natural? —La cuestión de fondo es si podemos ser realmente libres. Desde la neurociencia y el estudio de la conciencia, existen fenómenos que cuestionan seriamente el concepto de libre albedrío. No se trata de un determinismo genético absoluto, sino de que el sistema nervioso establece un mapa del mundo antes incluso de que seamos conscientes de ello. Hace un tiempo, a la gran cuentista argentina Hebe Uhart le preguntaron si se nacía escritor. Ella dio una respuesta maravillosa: «No, se nace bebé». En la gran mayoría de los casos, lo evolutivo es solo una propensión. Hoy están de moda los análisis genéticos; envías una muestra de saliva y te devuelven un informe con tus características. Casi siempre hablamos de inclinaciones, no de destinos determinantes. Con la fe ocurre lo mismo: existe una propensión biológica a la religiosidad en los humanos, pero que terminemos siendo personas creyentes o religiosas depende finalmente de la cultura. —¿Qué es más asombroso: que un Dios haya creado el cerebro, o que un cerebro de kilo y medio haya sido capaz de crear a Dios? —No tengo duda: lo más asombroso es que el cerebro haya creado una idea tan poderosa como la de un ser superior, capaz de mantenerse a lo largo de las culturas y la historia. Todo comienza con un Dios animista que dota de espíritu a la naturaleza -al rayo, al sol, a las cosechas- para luego dar un salto hacia lo abstracto y lo humano. En general, nuestras deidades tienden a ser humanoides, pero más abstractas; ya no representan a la naturaleza, sino que son sus creadores. Desde hace décadas está de moda la idea de una ciencia «contra» la religión. Propongo un análisis preposicional: podemos poner la ciencia a un lado, la religión al otro y jugar con las preposiciones. Hoy impera el versus, el enfrentamiento, pero me parece una postura contraproducente. —¿Ha perdido la ciencia la capacidad de consolar al ser humano de la misma manera que lo hace la religión a día de hoy? —Desde un punto de vista práctico, creo que la ciencia no ha perdido esa capacidad de consolar. Si estamos vivos hoy no es por la religión, sino por la ciencia; concretamente por tres pilares: el acceso al agua potable, los antibióticos y la capacidad de alimentar al mundo. Por eso, cuando nos sentimos desconsolados ante el rumbo del mundo, debemos obligarnos a reflexionar sobre todo lo que hemos logrado gracias al conocimiento científico. A veces, la ciencia requiere de un rostro más humano. Ocurre lo mismo con un médico: aunque nos dé un diagnóstico en términos técnicos, su valor reside en que sigue siendo una persona y no una inteligencia artificial. Posee un grado de empatía y una forma de comunicación, tanto verbal como no verbal, que no puede nacer de otro lugar. — ¿La necesidad de trascendencia es un error o la función principal de nuestra existencia? —Existen áreas del cerebro que se activan frente a la religiosidad, aunque no conocemos neuronas específicas dedicadas a ello. Creo que tenemos una necesidad de trascendencia extraordinaria y hoy somos testigos de un gran espectáculo de esa necesidad. El fenómeno de las redes sociales responde a ese impulso de trascender en un mundo cuya socialización lo exige. Sin embargo, me parece que debemos distinguir entre dos tipos de trascendencia. Por un lado está la trascendencia material: el deseo de dejar un legado o una huella de nuestra vida sobre la tierra. Esta puede ser pequeñísima, como influir en una sola persona, tener hijos, escribir un libro o realizar un trabajo bien hecho. Por otro lado, está la trascendencia religiosa. Ambas nos definen como humanos, pero seguramente sigan caminos muy diferentes —Si la moralidad nace de la biología y no de una tabla de mandamientos, ¿cómo decidimos qué es el bien sin una autoridad externa? —Como dice una canción del grupo de rock argentino Divididos, «el bien y el mal definen por penal»; una forma de decir que, al no haber acuerdo, todo parece quedar en manos del azar. Está claro que el bien y el mal son fenómenos culturales que evolucionan. La cultura se define por el cambio: el esclavismo, que hace apenas doscientos años no se percibía como un mal, hoy es algo inadmisible. Lo mismo ocurre con el «ojo por ojo», presente en casi todos los textos religiosos antiguos. Sin embargo, hay evidencias claras de que reconocemos actos morales más allá de la cultura. Existen experimentos con bebés que aún no hablan a los que se les presenta una situación de ficción: si un personaje empuja a otro y le impide llegar a su meta, el bebé da señales de entender que eso está mal. Esto sugiere que traemos un concepto de bondad y maldad «de fábrica». —¿Estamos condenados a buscar un líder (sea Dios, un político o un algoritmo)? —Debido a nuestra cultura, no me cabe duda: no habría forma de responder a catástrofes o crisis sin un liderazgo. Sin reglas y consignas claras el resultado sería la anarquía; por mucha voluntad que pusiéramos, no lograríamos organizarnos. Por tanto, desde el punto de vista social, la necesidad de un líder es indiscutible. La pregunta es cuánto de esto responde a cuestiones cerebrales. Existe una necesidad social de liderazgo y, dado que nuestras estructuras sociales suelen ser un reflejo de nuestra organización neuronal, es muy posible que también exista una base en nuestro sistema nervioso que nos impulse hacia ello — ¿Y qué le dice un biólogo a una persona que no duda de haberse encontrado con Dios? —Lo primero que le dice un biólogo es: «Qué envidia, llámame cuando te pase otra vez». Lo segundo, sería preguntarle si está seguro de no padecer algún tipo de epilepsia, aunque sospecho que después de una pregunta así no seríamos muy buenos amigos. Debemos ser lo suficientemente humildes y magnánimos para respetar esas experiencias. No podemos despacharlas como una estupidez o una fábula, ni situarnos en una posición de superioridad asumiendo que el otro miente. Más allá de la fe, me encantaría entenderlo desde la ciencia. Me fascinaría comprender qué ocurre exactamente en el cerebro de una persona para que vea esa luz o esa virgen; qué procesos reales están sucediendo ahí dentro. —¿Siente envidia sana hacia aquel que siente la paz mental de un creyente? —Siento un poco de envidia, sí, y, sobre todo, una profunda sensación de asombro. Asimov decía que esta es una pelea en inferioridad de condiciones: vemos algo e inmediatamente queremos saber; formulamos preguntas que, a menudo, sabemos que no podremos contestar. Por otro lado, el gran físico Richard Feynman contaba que hay quienes ven una flor y simplemente dicen: «es hermosa». A los científicos nos critican por buscar las leyes de la física o la biología detrás de esa flor, pero entender cómo funciona y cómo llegó a existir es, en sí mismo, algo bellísimo. Esa capacidad de formular siempre nuevas preguntas es lo que me otorga cierta paz. Es probable que mi nivel de estrés sea siempre más elevado que el de una persona creyente y que, por tanto, mi esperanza de vida sea un poco menor; al fin y al cabo, un estrés bajo favorece la longevidad y la recuperación. Pero es un riesgo que acepto correr a cambio del asombro.
>> más información

Julián Quirós: «En Valencia descubrí la piel barata de un poder que parece sólido y no lo es» (dom, 22 feb 2026)
Julián Quirós llegó a Valencia en 2009 para dirigir 'Las Provincias', y estuvo allí hasta 2020, cuando se mudó a Madrid para ponerse al frente de ABC. En aquel tiempo vivió de primera mano el colapso de un sistema que vivió en una fantasía de inauguraciones, estrenos y megalomanía: todo era oropel. Ahora lo cuenta en 'El último brindis' (HarperCollins), una novela donde no aparecen los nombres de Barberá, Camps, Zaplana o 'El bigotes', pero donde se les intuye. El libro viene a ser la crónica del fin de una fiesta celebrada en un ático con vistas al mar y botellas de Moët & Chandon y amiguitas y gente que dice eso, amiguitas. Y es también el espectáculo de un naufragio o de una resaca o de una detonación. Y un fresco de grises en el que hay cómplices y víctimas entre los políticos y los ciudadanos y los empresarios. Quirós presentará la novela este martes a las siete de la tarde en la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón de Madrid. Le acompañarán en el escenario Juan Manuel de Prada, Pedro García Cuartango y Carlos Aganzo. —¿Qué recuerdos le vienen de esos años a la cabeza? —Recuerdo la incredulidad, pensar que aquello no podía ser verdad. Luego vi que las noticias se confirmaban y los casos se repetían, se iban acumulando, y uno tapaba al anterior. Fue una vorágine. En Valencia descubrí la piel barata del poder: parece que es muy sólida y realmente no hay nada, te abren un ojal y se cae todo. Vivir aquello fue fascinante periodísticamente, y literariamente también. Ver cómo se comportaban los individuos ante el colapso, qué distintos fueron unos de otros, cuánto de azar hubo en el sobrevivir o no sobrevivir… —¿Por qué una novela y no una crónica? —Los hechos ya estaban contados, y muy bien. Lo que me interesaba era desvelar una conciencia colectiva, desvelar un sistema de poder, desvelar cómo el poder crece, se consolida y cae. Y cómo opera el miedo después, cuando se resquebraja el sistema. Para eso necesitaba la libertad de la literatura. —¿Y cómo ha sido meterse ahí? —Ha sido fácil, pero trabajoso. Una vez que encontré los mecanismos narrativos, fluía la escritura, pero ha requerido mucho trabajo de precisión. Cuando te enfrentas a esto, los hechos se suceden de una manera compleja y múltiple que dificulta el relato. Tienes que simplificar la historia, simplificar los personajes, la cronología. Lo vi como un ejercicio de perspectiva, como una forma de darle una estructura a toda aquella secuencia de eventos distintos, pero que en el fondo conformaban una malla. Pasaron tantas cosas… Hubo hasta muertes. —La novela está dedicada a los periodistas. —Casi ningún trabajo de corrupción se destapa sin el trabajo general de los medios. En unos casos unos medios están más acertados, o tienen más suerte, y en otros menos, pero el conjunto se compensa. La prensa como conjunto cumple un papel trascendental. Sin la prensa no hubiésemos sabido de este escándalo, ni de muchos otros. Por eso es tan peligroso lo que está sucediendo: nos piden que renunciemos al papel de vigilantes y seamos una prensa oficialista. Es decir, que seamos una prensa subordinada al poder, como en cualquier régimen totalitario. —¿Entonces también hubo un ataque tan frontal a la prensa? —Sí, sí: el poder siempre se defiende desprestigiando lo que publican los medios. Las conductas del poder son repetitivas. Lo que pasó en la Comunidad Valenciana pasó en la Cataluña de Pujol con el famoso 3% y en la Andalucía de los ERE. —Da la sensación de que ya estamos curados de espanto con la corrupción. —Tiene que ver con la polarización y el sectarismo. Los políticos intentan convencer a sus votantes de que todo es mentira. Repiten: es mentira lo que dicen de nosotros. No dicen de mí, dicen de nosotros, y meten al votante ahí, para que se sienta parte del agravio. Y al final persuaden al votante de que si lo hacen los míos, bueno, es mejor eso a que gobiernen los contrarios. La corrupción se beneficia de todo esto: del partidismo, del sectarismo, de la polarización. Por eso en otros tiempos se perseguía más la corrupción: todo el mundo se ponía contra la corrupción independientemente de dónde procediera. Ahora se mira para otro lado cuando viene de los tuyos. —Ver tanta corrupción, ¿no le vuelve a uno más cínico? ¿No nos empuja la corrupción a la antipolítica? —Yo ahora creo más en la democracia liberal. Creo que todo poder lleva en sí el germen de la perversión, de la corrupción, y por tanto creo que necesitamos mecanismos institucionales para controlar al poder. Creo en aquello de Lord Acton: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Creo en la limitación de mandatos, creo en el periodismo crítico, creo en una justicia independiente. Creo en todo eso que se está desmontando en España y fuera de España. —¿Vamos a peor? —No son buenos tiempos para la democracia liberal, y por tanto la corrupción crecerá. Pero caer en la antipolítica es un error porque todos aquellos que llegan desde la antipolítica para limpiar el sistema acaban siendo más corruptos y más autoritarios que aquellos a los que destronaron. Y no solo eso: acaban generando más desgracias en las sociedades. Es lo que pasó en Iberoamérica. —¿No ocurre lo mismo con el periodismo? La alternativa a la prensa parece bastante peor. —Cuando nacieron las redes sociales nos decían: ah, esto va a salvar la democracia, por fin cualquiera de nosotros va a poder exponer sus argumentos y va a enriquecer el debate público frente a los vicios de la vieja prensa que lo controlaba todo y estaba corrompida y llena de intereses. Bien, pues ahora nos piden que verifiquemos todo lo que circula por ahí. Podríamos haber sido arrollados por la revolución tecnológica, pero lo cierto es que seguimos aquí y que lideramos los 'rankings' informativos de internet. Son los periódicos los que están financiando la generación de información, la generación de noticias y de investigaciones que nutren a todo el sistema mediático y de redes sociales. Seguimos reinventando el negocio, aún no hemos encontrado la solución, pero seguimos aquí. Creo que dentro de muchos años diremos: nosotros vivimos todo aquello. —Volviendo a Valencia… —No era solo una trama de gente que había llegado para pillar y salir corriendo. Era algo más complejo. Era gente que había ideado un modelo, un modelo de poder, un modelo para llegar y seducir a la sociedad. Eran unos tiempos de viva la vida, de creer que el crecimiento era imparable y que Valencia era una tierra prometida, una especie de paraíso. Y en esa relajación de costumbres y controles se produjo la corrupción. —En la novela también se habla de los corruptores: esos que organizaban fiestas con prostitutas en áticos privados para los políticos. —Los corruptores de aquellos años, que fueron nueve, fueron casi amnistiados, porque les quitaron las penas de cárcel a cambio de colaborar con la justicia. Les pusieron una multa irrisoria que pagaron con el primer contrato que consiguieron. Porque volvieron a ser los principales contratistas con la siguiente administración... —Hay un epílogo en la novela dedicado a los santos inocentes: aquellos a quienes acusaron de corruptos y se demostraron inocentes. —Lo que pasó fue que se creó un estado de persecución general o de causa general: todos eran sospechosos, iban a por todos, y se le dio la vuelta al poder. Durante años vimos la manga ancha que tenían los políticos, la barra libre de la que disfrutaban: podían hacer lo que quisieran. Ese poder pasó después a la prensa, a ciertas instancias judiciales, a la fiscalía: se permitieron hacer casi cualquier cosa. Y los sospechosos no tenían capacidad ninguna de defenderse, porque se había creado un estado de opinión en el que ya eran culpables. Y ese estado de opinión estaba fundamentado por los escándalos, pero se llevó por delante a muchos. Ese epílogo es periodístico, no hay ficción: son los nombres de gente inocente, de gente honrada, de gente sensata por la que pasó la apisonadora de la corrupción. Muchos quedaron marcados para siempre: por desprestigio profesional, por no poder volver a encontrar empleo, por gastar su poco patrimonio en defenderse judicialmente. Hay gente que vendió sus viviendas para no acabar en la cárcel.
>> más información

Israel Merino: «La España rural ya no existe; se ha convertido en una suerte de España periurbana» (mié, 18 feb 2026)
Debido al hechizo de la nueva mística rural, muchas personas optan en refugiarse en los mismos pueblos que antes despreciaban a cambio de huir de la ciudad, de la modernidad, del «lugar hostil» para volver al 'locus amoenus'. Sin embargo, en ambientes cerrados donde todo el mundo se conoce, es difícil no sentirse parte de un juego de matrioskas; aún más si interactuar con sus habitantes es como hablar con los Baker en 'Resident Evil 7: Biohazard'. Israel Merino (Fuensalida, 2000) se centra en el lado más crudo de estos espacios en 'Epifanía' (Temas de Hoy), donde desmonta la mitificación del pueblo como lugar de retiro idílico y pone en jaque las carencias de la España profunda: desde el machismo estructural hasta el peso asfixiante de sus jerarquías. —Ha pasado de escribir 'creepypastas' en un blog a escribir libros y columnas de opinión. —Como buena persona de la Generación Z que ha habitado Internet desde que tenía once años, a mí me empezaron a llamar mucho la atención todos los vídeos de las movidas que estaban de moda en la época: el Slenderman y estas cosas que tanto gustaban. Me puse también a escribir, a imitar; al final creo que un escritor es un poco un imitador, entonces me puse a imitar todo aquello que iba leyendo. Y por esta tontería de los cuentecillos de miedo y demás, un profesor de mi instituto me recomendó que leyera a Stephen King. A raíz de empezar a leerlo, pasé de querer imitar 'creepypastas' a querer imitar a Stephen King. Me encantaría decir en las entrevistas que empecé leyendo a Proust o 'La Divina Comedia' de Dante, pero cada uno empieza con lo que empieza. —En 'Epifanía' explora diversos tópicos sobre la idiosincrasia del 'pueblo cerrado', pero actualmente asistimos a una romantización de lo rural. ¿A qué atribuye este auge por idealizar el retorno al pueblo y la vida en el campo? —Considero que existen dos explicaciones fundamentales: la primera es la pandemia y la segunda, el precio de los alquileres en las grandes ciudades. Suelo decir, de una forma un poco provocativa pero también muy en serio, que la España rural ya no existe; que ha desaparecido para convertirse en otra cosa. El precio de la vivienda ha expulsado a quienes residían en los centros urbanos o en los anillos exteriores hacia los pueblos, debido a la gentrificación. El habitante original de Malasaña es desplazado por el 'nativo digital' y se muda a Legazpi; el de Legazpi debe marcharse a Carabanchel; el de Carabanchel a Cuatro Vientos; de ahí a Móstoles y, finalmente, de Móstoles a Toledo. Es un proceso de huida constante. Somos seres narrativos; necesitamos inventarnos un relato para justificarnos. Es normal idealizarlo, decir que el entorno es inmejorable, que la gente es maravillosa y que el panadero te reserva el pan, aunque sea mentira. —¿Cree que los jóvenes ocultan su verdadera personalidad o, por el contrario, se ven obligados a forzarla para encajar en un extremo donde se sientan protegidos? —Sí, totalmente. Me resulta muy curioso porque yo provengo de un pueblo de doce mil habitantes donde, aparentemente, no hay ni un solo gay. Por pura estadística debería haberlos, pero por lo que se sabe, no existen; o quizá están ahí y no lo dicen, no lo sé. No pretendo decir que las ciudades sean paraísos donde cada uno puede explorar su identidad libremente, pero es innegable que los pueblos, generalmente, son todavía más herméticos. Por eso mucha gente oculta su verdadera personalidad. No es lo mismo vivir en un pueblo que habitarlo. Tienes que someterte a las costumbres locales; debes transitar esos 'lugares comunes' de pensamiento que ya existen. Si no lo haces, la consecuencia es la exclusión. —¿A qué atribuye que persista este panorama tan conservador, impidiendo que se produzca un avance real en ciertos pueblos? —Creo que siempre ha sido así. Al final, las ciudades son lugares de tránsito y yo sostengo que el mestizaje siempre es beneficioso; en los entornos urbanos se conoce a gente nueva constantemente y existe un flujo ininterrumpido de viajeros y turistas. Históricamente, las ciudades más liberales o abiertas han sido las marítimas, precisamente porque allí llegaban los marineros, los comerciantes y los cruceros. Había un intercambio humano constante. En los pueblos la realidad es muy distinta. Aunque se hable mucho del turismo rural, este no llega a todas partes. La mayoría de los pueblos castellanos son simplemente núcleos de cinco mil casas feas construidas en los años ochenta donde el turismo no tiene impacto alguno. A esto se suma la carencia de infraestructuras culturales y de transporte: no hay una red de librerías, apenas hay bibliotecas públicas y el tren no llega a muchos sitios. —¿Cree que existe margen en el entorno rural para que las nuevas generaciones articulen identidades masculinas alternativas? —Confieso que términos como «nuevas masculinidades» aún me resultan ajenos, pero entiendo que la dificultad para integrarlas en el entorno rural responde al mismo inmovilismo que define a los pueblos. Casi todas las corrientes intelectuales y vanguardias sociales se gestan y retroalimentan en las urbes. Al pueblo solo llegan los ecos. Se venden como espacios de colectividad, pero esconden un individualismo rudo y brutal. El «hombre proveedor», aquel que debe ser autosuficiente, capaz de cazar, cultivar o levantar un muro con sus propias manos. Ese ideal del hombre perfecto e individualista es la cuna de la masculinidad ruda. Parece que, para preservar la identidad del pueblo, se considera necesaria esa figura del protector frente a lo foráneo, un rol ancestral que, en mi opinión, debería abolirse definitivamente. —¿Considera que la política local opera bajo una lógica de supervivencia cultural que desdibuja las directrices nacionales de los partidos? —Absolutamente. Existe una desconexión total entre las directrices nacionales y la praxis local. Para ilustrarlo, basta con mirar el caso de mi pueblo, Fuensalida. Allí, el Partido Popular ejerció una hegemonía ininterrumpida desde las primeras elecciones municipales hasta la legislatura pasada, cuando finalmente accedió el PSOE al poder. Si uno busca el nombre del municipio en las noticias, aparece tristemente vinculado a ser la localidad con más vestigios franquistas en su callejero de toda España. Lo paradójico es que el propio PSOE local se mostró reticente a modificar esos nombres. Los cambios se produjeron únicamente por imperativo de una sentencia judicial. Es asombroso recordar que llegaron a recurrir el nombre de la calle Millán-Astray, escudándose en que su figura no representaba el fascismo, sino la fundación de la Legión. Insisto: esto fue una decisión del PSOE. En la campaña de un alcalde, el carné del partido es un accesorio secundario frente a la identidad del vecino que aspira al cargo. —¿Existen «pueblos dentro de pueblos» donde la jerarquía es tan rígida que algunos vecinos son ciudadanos de segunda en su propio hogar? —Sin duda. Uno puede residir veinte años en un pueblo y, sin embargo, seguir siendo un forastero a ojos de los demás; la etiqueta es indeleble. Ser «del pueblo» exige algo más que el nacimiento: requiere prosperar según sus cánones. Puedes ser el descendiente de una estirpe reputada, pero si fracasas en los circuitos del éxito local —si dejas de ser productivo o si en la iglesia entregas una moneda en lugar de un billete— se te expulsa simbólicamente. Esta dinámica de exclusión se hace aún más evidente con las nuevas corrientes migratorias. Hablamos mucho de la España vaciada, pero olvidamos esa España periurbana que recibe un flujo constante de habitantes. Se crean entonces realidades paralelas: pueblos de veinte mil habitantes donde el núcleo originario se atrinchera en su identidad mientras relega a los nuevos residentes a las márgenes. —¿Cómo de doloroso cree que puede ser el sentimiento de exclusión en un sitio donde todos se conocen por su nombre? —Me resulta irónico observar cómo los vecinos «de toda la vida» murmuran con desprecio al ver a los extranjeros cohesionarse: «Mirad cómo se juntan entre ellos, los cabrones», dicen, olvidando que son ellos mismos quienes les niegan la palabra. Es una ceguera voluntaria: ¿con quién se supone que deben relacionarse si se les cierran todas las puertas? Es algo que Rafael Chirbes retrata magistralmente en 'En la orilla'. Estas personas optan por construir su vida como buenamente pueden, refugiándose en aquellos que comparten su misma situación de orfandad comunitaria. —¿La escritura de 'Epifanía' ha supuesto para una suerte de reconciliación con sus raíces o debe entenderse como el portazo definitivo para distanciarse de su origen? ¿O se sitúa quizá en un complejo término medio? —No considero que sea un portazo definitivo; al fin y al cabo, los vínculos con mi pueblo son indisolubles, me guste o no. Allí permanece mi familia, mi abuela y mis perras. No obstante, dudo si el proceso ha sido un ejercicio de redención o, más bien, un ajuste de cuentas pendiente. Si analizo la obra con frialdad, no todo es sombrío. El libro encierra una revelación, una epifanía; hay un trasfondo en los acontecimientos que, pese a su crudeza, admite una lectura positiva desde ciertas perspectivas. Es cierto que aproveché para resolver mis pequeñas rencillas personales a través del texto, pero dudo que mi relación con el pueblo se transforme radicalmente. Quiero pensar que no... aunque quizá, la próxima vez que regrese, terminen colgándome de la picota. —¿Tiene constancia de la recepción que ha tenido allí? ¿Sabe si sus vecinos han accedido ya a la lectura? —Es cómico. Sé que mi familia posee ejemplares y que algún vecino, de forma anecdótica, lo ha adquirido. La difusión es mínima por una razón tan curiosa como reveladora: mi pueblo, a pesar de sus doce mil habitantes, carece por completo de una librería. Es una paradoja desoladora que define bien el contexto del que hablo: no existe ni una sola librería en todo el municipio; absolutamente ninguna.
>> más información

Manuel Vilas escribe la novela de su divorcio: «Yo sigo enamorado de mi exmujer, pero ella no me quiere» (dom, 15 feb 2026)
¿Por dónde empezar? Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es el hombre que mira al cielo y dice: «Ya no recuerdo cuándo empezó a llover, esto es una plaga bíblica». Y es el mismo que luego se arrebuja en su abrigo y recuerda: «Lo compré en Palermo, de segunda mano. Fueron cincuenta euros. Da el pego, ¿verdad? Me iba a costar setenta y cinco, pero le dije al hombre que era Black Friday y…». Podría ser el hombre más triste del mundo, Vilas, y lo parece cuando por un momento se apaga y suelta: «A mí me han roto el corazón, y sigo vivo». Pero después se ríe con sus ocurrencias («del trauma huyen hasta los traumatólogos») y acaba siendo ese niño... Ver Más
>> más información

Juan Gómez-Jurado: «Si yo escribiera hoy una novela como Agatha Christie me la tirarían a la cabeza» (sáb, 14 feb 2026)
Llamas a la puerta del 221B de Baker Street, no están ni Sherlock Holmes ni el Doctor Watson, sino que detrás se encuentra la fortaleza de la soledad de Juan Gómez-Jurado (1977, Madrid). El escritor abre las puertas de su mundo más privado –ni su familia puede entrar cuando trabaja–, con estanterías repletas de libros –desde la obra completa de Julio Verne, los primeros libros que leyó, hasta decenas de cómics–, además de funkos y sus imprescindibles –'El misterioso caso de Styles' de Agatha Christie, Mortadelo y Filemón y 'El señor de los anillos'–que, según él, «le han convertido en el escritor que es hoy». Sigues contemplando la Batcueva personal del madrileño y aparece una pared con cientos de películas... Ver Más
>> más información

Cinco escritores a un paso del IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve (vie, 13 feb 2026)
Entre la escritora argentina Sofía Balbuena , el guatemalteco Rodrigo Fuentes , la mexicana Aura García-Junco , la española Margarita Leoz y la peruana Claudia Ulloa Donoso se encuentra el ganador del IX Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve , cuyo fallo se hará público el próximo 19 de marzo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Tras un «exhaustivo proceso de lectura y deliberación» entre un «elevado número de manuscritos presentados» (1.929), la Denominación de Origen Ribera del Duero y la Editorial Páginas de Espuma han seleccionado cinco obras finalistas de estos autores que, según explican en una nota, « destacan por su ambición literaria, solidez narrativa y singularidad en el estilo ». Se trata de ' Personaje secundario ' de Sofía Balbuena, ' Agua la boca' , de Rodrigo Fuentes; ' El fin del mundo (y otras utopías) ', de Aura García-Junco; ' La raíz firme de las cosas ', de Margarita Leoz y ' El miedo terrible de ser un animal ' de Claudia Ulloa Donoso. La selección final muestra un notable protagonismo de las escritoras , mayoría entre las candidatas finalistas, y confirma la capacidad de este premio de referencia de la literatura en lengua española para atraer talento procedente de distintos contextos culturales y geográficos . La escritora y profesora Sofía Balbuena (Salto, Argentina, 1984), residente en Madrid y con varios máster en Creación Literaria (UPF), Literatura Comparada (UAB) y Escritura Creativa (Universidad de Iowa), es autora de los libros de ensayo 'Doce pasos hacia mí', 'Borracha menor' y 'Gente sin paz' (con Sabina Urraca y Daniel Saldaña París), así como de la novela 'Sutura'. Aura García Junco (Ciudad de México, 1988), narradora, ensayista y guionista, estudió Letras Clásicas y fue seleccionada por la revista 'Granta' como una de las 25 mejores narradoras jóvenes en español en 2021. Entre sus libros figuran 'Anticitera, artefacto dentado' (2018), 'El día que aprendí que no sé amar' (2021), 'Mar de piedra' (2022) y 'Dios fulmine a la que escriba sobre mí' (2023). Además editó y antólogo 'Cuando hablamos de amor' (2024). La española Margarita Leoz (Pamplona, 1980) es licenciada en Filología Francesa por la Universidad de Salamanca y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Ha publicado los poemarios 'El telar de Penélope' y 'Caer', libros de relatos ('Segunda residencia' y 'Flores fuera de estación') y las novelas 'Punta Albatros' y 'Lo que permanece'. Sus artículos y críticas literarias han aparecido en revistas especializadas y algunos de sus cuentos han sido traducidos a varias lenguas. También los relatos de Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979) han sido traducidos a varios idiomas y recogidos en antologías internacionales. Aunque estudió Turismo en Lima, posteriormente realizó el grado de bachiller en Sociología y de maestría en Lengua en la Universidad de Tromsø, en Noruega. Autora de los libros de cuentos 'El pez que aprendió a caminar', 'Pajarito' y 'Séptima madrugada', así como de la novela 'Yo maté a un perro en Rumanía' (2022), en 2017 fue incluida en la lista Bogotá 39. Actualmente vive en la ciudad noruega de Trondheim. El único finalista masculino del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, Rodrigo Fuentes (Ciudad de Guatemala, 1984), es autor de la colección de cuentos 'Trucha panza arriba', publicada en varios países de América Latina y traducida al francés y al inglés, y de la novela de no ficción 'Mapa de otros mundos'. Reside entre Providence y Guatemala.
>> más información

El fenómeno del 'Book-dating': cómo enamorarse hablando de libros durante tres minutos (vie, 13 feb 2026)
Estamos viviendo una edad dorada en la invención de fórmulas para que otros se enamoren; a la vista está el éxito de las aplicaciones de citas, los amigos que hacen de Celestinas, el auge de la poligamia y, entre otras novedades contemporáneas para salir de Tinder, el resurgir del 'speed dating'. Nació en el escenario más inesperado a finales de los años noventa en Los Ángeles, cuando el rabino Yaacov Deyo ideó encuentros breves y cronometrados para que jóvenes judíos solteros pudieran conocerse de forma ágil y estructurada. La idea era maximizar las posibilidades de encuentros en poco tiempo, con citas de apenas unos minutos cada una. Nada podía salir mal. Este enamoramiento del amor tiene un roce con la cultura. Es más probable hacer 'match' con alguien al que también le gusten los libros que con alguien al que leer le parece prescindible -aunque alguna que otra lección dio María Pombo sobre el tema-, así que la idea de hacer un 'Speed dating' con temática literaria no resulta tan descabellada. El objetivo, bajo el lema 'Vive la historia de amor que siempre has leído', era claro para el 'Book dating': encontrar a esa persona especial con la que subirse al tren del amor antes de que el calendario marque el día 14. Tres minutos para medir química: suficiente tiempo para evaluar si tu cita prefiere García Márquez o la sección de autoayuda, y no demasiado para que descubras que odia los gatos o colecciona cactus de plástico. El romance literario es el nuevo 'lifestyle'. lo confirman Dua Lipa y Callum Turner, que coincidieron en la misma página de una lectura, y lo ratifica el millón de seguidores de '@hotdudesreading'. El mensaje es nítido: las expectativas románticas ya no se construyen en la gran pantalla, sino en las librerías, que son, para la periodista y guionista Raquel Martos, que también presentaba el evento, «un lugar muy cálido para romper el hielo». Esta estrategia se suma también al propósito de las cada vez más populares 'Reading Parties' ; eventos donde la gente se reúne para leer en comunidad con un toque de las fantasías de Jane Austen. Para Martos, compartir un libro va mucho más allá de la coincidencia: «Presupones curiosidad, sensibilidad, inteligencia… imaginas que quien lee tiene características que se parecen a las tuyas». En la planta superior de la librería Gaztambide, en Madrid, la teoría se convertía en práctica. Allí, entre mesas y sillas plegables, se desplegaba una coreografía organizada estratégicamente: diez personas rotando cada tres minutos con el cronómetro a favor del destino. Era el escenario perfecto para comprobar si, tras el filtro de una lectura compartida, surgía la chispa necesaria para que el encuentro terminara en un intercambio de números.  «¡Yo vengo aquí a buscar el amor!», exclama una de las participantes, confiada y con una sonrisa que lograba acallar el murmullo nervioso de la sala. Su declaración, libre de cinismo, actuó como el verdadero pistoletazo de salida. Esa confesión a viva voz es el motor de esta incesante invención de fórmulas: desde el código binario hasta el encuentro entre estanterías. Lo que presenciamos no es desesperación, sino una fe inquebrantable en la posibilidad del encuentro; una voluntad creativa que se niega a dejar el afecto al libre albedrío. «Tres minutos son mucho tiempo, pero aquí puede que os queráis quedar un cuarto», invita Martos antes de que comience el espectáculo. Los participantes pueden preguntarse cualquier cosa pero, en caso de auxilio, sobre las mesas descansan tarjetas con preguntas literarias diseñadas para romper el hielo y sortear la tensión: «¿Qué dice de ti el tipo de libros que abandonas?»; «¿Libros largos o novelas cortas?»; o la infalible «¿Qué libro hizo que te replantearas algo importante en la vida?». Todo es un «a ver cómo sale esto» hasta que apenas terminada la primera ronda, ocurre el milagro: una de las parejas pide saltarse las normas, ignorar el cronómetro y no cambiar de asiento. ¿Estamos ante la clave del éxito del 'speed dating'? ¿El tren del 14 de febrero tiene una parada obligatoria en la sección de novedades? Esta incesante invención de fórmulas, del código binario al encuentro entre estanterías. Nuestra fe inquebrantable en la posibilidad del encuentro. No es desesperación lo que nos mueve, sino una voluntad creativa que se niega a dejar el afecto al libre albedrío de un mundo cada vez más ruidoso. Al buscar el amor a través de la cultura, intentamos que nuestras pasiones actúen como un faro; convertimos la lectura, que suele ser visto como un acto solitario, en un lenguaje compartido para acortar distancias. Es fascinante cómo, en pleno siglo XXI, seguimos diseñando rituales contemporáneos con la misma devoción con la que se escribían las cartas de antaño. Inventar estos formatos es, en el fondo, un homenaje a nuestra propia humanidad: un recordatorio de que, a pesar de toda la tecnología disponible, seguimos confiando en que el próximo gran capítulo de nuestra vida puede empezar compartiendo la misma página de un libro. En ese baile de asientos y cronómetros, las fronteras también se desdibujaban: poco importaba el género en el intercambio de parejas. Martos observaba la escena con una mezcla de orgullo y complicidad: «No es solo un juego de citas rápidas, es un experimento social donde la cultura se convierte en puente entre personas». Mencionan a García Márquez, a Manuel Vilas, a Mariana Enriquez . Algunos dicen que «luchan por la dignificación de la ciencia ficción», otros lamentan que Patrick Rothfuss no vaya a escribir la tercera parte de 'El nombre del viento'. Entran con una facilidad olímpica a esta dinámica que no es tan sencilla de dominar. Este 'Book Dating' es una anomalía deliciosa: demuestra que lo que parecía una tendencia posmoderna en realidad no lo es. El papel sigue siendo un conductor que nunca falla. Allí, lo absurdo de cronometrar el afecto se celebra, y la timidez se transmuta en complicidad literaria: un encuentro que pone en jaque el deslizar hacia la derecha
>> más información

Marina Sanmartín: «¿Es la misma maldad la infantil y la adulta?» (mié, 11 feb 2026)
Marina Sanmartín, que recibe a ABC en su librería madrileña Cervantes y Compañía, está muy impactada con el accidente ferroviario. Le parece que es muestra, por desgracia trágica, de que «ahora vivimos un momento en el que hay suficientes problemas y dolor. Y quizá por eso necesitamos misterios sin brutal violencia explícita que nos enganchen, y que incluso a veces nos produzcan si no reírnos a carcajadas sí sonreír. Esto fue la novela enigma clásica y hoy es el 'cozy crime' ». Con ' La doble desaparición de Abril del Pino' (Salamandra), Sanmartín lo ha pretendido. Y, sin duda, lo logra. —En su nueva obra ha unido dos de sus pasiones: los libros y las librerías y la novela policíaca… —Así es exactamente. De hecho, creo que es la evolución natural de lo que escribo, y también, en cierto modo, esta novela tiene mucho para mí de primera novela, aunque ya haya publicado otras, y esta sea la sexta. Es nueva en muchos sentidos. Siempre he escrito novela policíaca desde la sombra, y me aquejó el síndrome del impostor. Ahora por primera vez he escrito desde la luz. Y eso es gracias a que dentro de esta novela está mi otra pasión que son los libros y el espacio de la librería, que para mí no hay mejor refugio. —¿Cómo surgieron sus dos pasiones? —Mi pasión por la novela negra surge sobre todo gracias a mi tía Ángela, que murió hace poco, con cien años. Era la persona con la que me quedaba cuando no podían atenderme mis padres, si tenían trabajo, si tenían que salir… Éramos cuatro hermanos, y mi hermana y yo pasábamos muchas noches en casa de mi abuela, y esta tenía dos hermanas solteras, que vivían con ella. Mi hermana dormía con nuestra tía Maruja, y yo con Ángela. Y una de las primeras cosas que me dijo fue: «Te quedas a dormir conmigo, pero la tía tiene que leer». Y mi tía lo que leía era Agatha Christie, la serie de Sherlock Holmes, de Conan Doyle, todos los maravillosos grandes clásicos de la ficción criminal, y me animó a leerlos. Y también con mi tía Ángela llegué a las librerías. Porque la acompañaba a comprarlos. Me acuerdo por ejemplo de la librería Soriano de Valencia. Y también mi padre era un gran lector y todos los fines de semana iba a comprar libros. Por suerte, tuve una familia que nunca me puso trabas para leer. Si el libro era difícil, lo leían conmigo, estaban pendientes. De pequeña estuve rodeada de personas que leían y eso es fundamental. —¿Cómo cree que afectó la pandemia a las librerías? ¿Cómo las ve en la actualidad? —Bueno, de las cosas malas a veces salen cosas buenas. Para las librerías no fue tan terrible, pues mucha gente durante el confinamiento se encontró o reencontró con la lectura. Y después de ese pico del 2020-2021, la situación se ha estabilizado. Y se mantiene. A pesar de lo que a veces se dice, tenemos una salud lectora de la que no nos podemos quejar. —¿Qué le parece lo que dijo la 'influencer' María Pombo sobre la lectura? —Dijo algo que es verdad, que estaba harta de que le advirtieran que leer nos hace mejores personas. Leer no hace mejor persona a nadie, en mi ensayo 'Desde el ojo del huracán. Una historia íntima de las librerías' lo cuento. Hitler tenía una biblioteca con más de dos mil volúmenes, pero como era un psicópata asesino daba igual lo que leyese. Pero estoy convencida de que leer te abre el mundo. Puedes, claro, elegir perdértelo o encontrar ese mundo por otro lado, de otra forma. Mi manera de conocer el mundo son los libros, te da armas para vivir mejor. Me da rabia que haya gente que no lo sepa porque todos necesitamos herramientas para comprender mejor el mundo. Vivimos una época en la que nos cuesta ponernos en el lugar del otro. Y es importante compartir lo leído. Por eso el auge de los Clubes de Lectura. La lectura en solitario es fundamental, pero la compartida es el final del ciclo.   —Su novela ha salido coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte de Agatha Christie, y nos recuerda su famosa desaparición, que también se produjo en Navidad, momento en el que se ambienta 'La doble desaparición de Abril del Pino'… —Lo tuve en mente desde el principio, además es una desaparición en la que la resolución del misterio se aleja mucho de lo tradicional. Quería escribir una novela con la que el lector se lo pasase bien, incluso aunque no sea habitual de novela policíaca. Y que fuera un homenaje al género. Después de hacer durante muchos años crítica, me apetecía un reto, con guiños a los seguidores del género, como esos, pero hay otros más difíciles de localizar que cuando el lector de este género los encuentre va a sonreír. —Por ejemplo… —Igual que hay una referencia muy importante a Agatha Christie, hay una a Sherlock Holmes y a su oponente, el villano Moriarty. O a la gastronomía que está tan presente en la novela criminal. Incluyo una cena donde lo que se sirve recuerda platos célebres de las policíacas más actuales. Y aparece 'El silencio de los corderos', y un policía que es la antítesis de Montalbano, que se expresa de una manera atildada que al inspector encargado del caso le saca de quicio. —Ese Club de Lectura tan especial que encontramos en su novela está sacado del filme 'El secreto de la pirámide'… —A mis pasiones tengo que añadir la del cine; con mi tía Ángela vi todos los estrenos de los años ochenta y noventa en Valencia. Y mi novela es también una novela sobre la infancia, sobre la crueldad infantil, y para escribirla he vuelto mucho a mi niñez. Y en ese aprendizaje de lecturas, de películas, en ese ir enamorándome de la ficción y sobre todo de la ficción criminal, jugó un papel muy destacado el cine de esa época: 'Indiana Jones', 'Los Goonies', 'El secreto de la pirámide'... Me parece un delirio maravilloso la idea de que Sherlock Holmes y Watson se hubieran podido conocer de pequeños. Ese tributo a la película también está. —En efecto, en su novela reflexiona sobre la infancia, cuestiona el mito de que los niños son inocentes… —La última parte en la conversación entre Ágata Caballé y el inspector es fundamental, es una conversación llena de preguntas con muy pocas respuestas, que es lo mismo que me ha pasado a mí cuando me he enfrentado a este tema. No consigo entender la maldad infantil ni me siento capaz de definirla, no sé si equivale a la adulta. No sé si es producto de no estar todavía 'socialmente domado', y lo digo con muchas comillas, o si las personas malas ya lo son de pequeñas, o si las dos posibilidades son ciertas. De hecho, Abril es víctima en la infancia, pero en la edad adulta es ella la que se convierte en malvada para vengarse de todos los que le hicieron daño; por su parte Ágata, que en la infancia es cruel, de adulta vive una vida casi de reclusión en su librería y procura ser una buena persona. Hay muchas interrogantes: ¿se puede cambiar? ¿Es la misma maldad la infantil y la adulta? ¿Somos capaces de vivir a pesar del peso de lo que nos sucedió cuando éramos pequeños? ¿Hasta qué punto el niño que fuimos marca para siempre nuestra existencia? —El pasado ya tenía un papel determinante en su anterior novela, 'Las manos tan pequeñas'... —Para Abril y para Ágata hay un acontecimiento que marca sus vidas, que es la primera desaparición de Abril, producto del maltrato infantil al que someten a Clara, su verdadero nombre. Son incapaces de desarrollar una vida adulta sin que esta tenga un enganche directo con ello. Cuando Ágata deja de perseguir a Abril, será esta la que no puede olvidar lo que ocurrió y decide vengarse como sea. En mayor o menor medida, toda nuestra vida está anclada en lo que aconteció en el pasado, sobre todo en la infancia. Es un periodo esencial y muy difícil para quienes cuidan a los niños. En mi caso, con las lecturas de empecé a ser yo. Pero es muy complicado sobreponerse a las infancias terribles. El pasado siempre está ahí, para bien o para mal. —Hay una dicotomía entre la novela negra propiamente dicha, con grandes clásicos como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, que es más social y sórdida, y la novela enigma con la reina Agatha Christie. ¿Usted se inclina más por esta última? ¿Da más pie a explorar lo que leemos en 'La doble desaparición de Abril del Pino': «Todo en Bergman, como en el fondo en cada uno de nosotros, era misterio»?   —Sí, nunca acabamos de conocer a los demás ni a nosotros mismos. Creo que mi novela tiene mucho de 'cozy crime'. El 'cozy crime' del siglo XXI equivale a la novela enigma de Agatha Christie o Josephine Tey, quien, por cierto, debería ser más conocida. El 'cozy crime' juega con los mismos palos, pero incorpora elementos muy de hoy como las redes sociales, que manejo en mi novela, el teléfono móvil o la capacidad de viajar.   —Usted utiliza bastante la ironía, por ejemplo, en la relación entre el inspector y su ayudante... —Exacto. Y también que, y eso lo he aprendido en mi propia vida, todo pasa a la vez: las cosas terribles y las buenas. En mi libro todo pasa a la vez. Es verdad que la desaparición de Abril del Pino es el golpe del taco del billar y todas las bolas se ponen en movimiento, pero también hay otras historias como que el inspector y Ágata se conozcan, o que el inspector se reencuentre con la amiga de su madre, que fue para él como una segunda madre, o que surja ese club de lectura que, aparte de sus críticas, era inocuo y se empieza a perfilar como posible responsable de los hechos criminales que están sucediendo. Todo al mismo tiempo. —¿Por qué la ficción criminal tiene tantos seguidores? —Suscita interés porque es camaleónica, y encuentra siempre a su lector, a pesar de los diferentes momentos y enfoques. Funcionó la novela criminal nórdica, la casi gore como la de Carmen Mola… Su éxito encierra varios aspectos. Por un lado, a la gente le gusta el misterio: la novela enigma es un desafío para ir descubriendo lo que pasa, la adivinanza siempre atrae. Por otro lado, el dolor ajeno nos hace sentir más seguros en nuestra realidad pensando que a nosotros esos sucesos terribles no nos ocurren. Y la tercera, sobre todo en las novelas más clásicas, la justicia siempre triunfa, y en la realidad no. Poder entrar en un universo donde por muchas cosas malas que pasen, sabes que se van a resolver al final, es como tomarte un orfidal. —La protagonista de 'Las manos tan pequeñas' era una escritora de novela policíaca, y aquí también lo es Abril del Pino, aunque domine desde la sombra. ¿Qué diferencias básicas destacaría entre Olivia y Abril?   —Con Abril hay otro guiño, pues es como Rebeca, un personaje que sin estar en primera línea mueve los hilos de la trama. Los perfiles son distintos. Con Olivia nos encontramos con una mujer que no es tan famosa como Abril, es muy apocada por la situación matrimonial que atraviesa y permanece supeditada a su marido hasta que pasa en Tokio el hecho luctuoso. Abril es casi una folclórica de los años cincuenta, una mujer fuerte, que sabe lidiar con los fans, que grita «Yo soy la novela negra». Es una mujer empoderada, a la que no se le caen los anillos por llamar la atención. Mientras que a Olivia Galván, de 'Las manos tan pequeñas', lo que más pánico le da es precisamente eso, llamar la atención, y está a merced de las decisiones de los hombres, a diferencia de Abril que toma las suyas propias. —Es muy oportuno hacer ver que puede haber maldad en los más débiles, más vulnerables. Serlo no les convierte en 'buenos' de manera absoluta. A alguien porque sea víctima —y hay que apoyarla —, parece que se le da el salvoconducto de bondad total...   —Al respecto hay un libro maravilloso, 'La ciudad de los vivos', de Nicola Lagioia. La víctima es un joven que cuando necesita dinero ejerce de chapero y tiene una vida dudosa. Y cuando aparece muerto, aparte de todo el escándalo que supone una violencia brutal, se produce un juicio social sobre la víctima. No deja de ser víctima, pero quizás no era una bellísima persona. Muchas veces el hecho de que nos hagan daño provoca el que lo hagamos nosotros. Se puede llegar al mal por muchos caminos, como exploré en 'El amor que nos vuelve malvados', mi primera novela. No vivimos en un mundo de buenos y malos, a veces nos toca uno u otro papel. —El personaje del inspector José Manuel Castillo es muy sugerente… —Para mí es una persona 'normal', si esto existe. Podría haber sido charcutero, pero resulta que es policía, que tiene una mujer, dos hijos, una madre, aunque poco a poco vamos descubriendo que como todos tiene sus historias. Como comentábamos, el 'cozy crime' incorpora las nuevas tecnologías que no había antes y me interesaba indagar esa vida paralela de los mensajes y su diferencia con lo que pasa en la realidad. En esta, Castillo y Ágata se relacionan de una manera educada y formal, pero por otro lado empiezan a desarrollar un vínculo por internet muy diferente, totalmente delirante. Castillo es un malabarista que tiene todas las bolitas en el aire, una de ellas cae y con ella todas las demás. —¿Está escribiendo otra novela policiaca? —La idea es continuar esta, pues el final es muy abierto, que haya una segunda o incluso una tercera parte donde se investigue por qué ha muerto Emilio Luna. También qué le pasará al inspector después de darle ese infarto que le rondaba.
>> más información

El último brindis (dom, 08 feb 2026)
La ciudad se levanta de fiesta, es el día patriótico de la región: procesión cívica, la real senyera pasea por las calles, Te Deum en la catedral, entrega de medallas insignes, conmemoración del Antiguo Reino, recuerdo de la Europa de la Reconquista y la Cruz, los espíritus se inflan, en el taller y en el campo resuenan himnos de paz y cantos de amor, en todos los pueblos se entona el glorioso himno regional. Es la fecha más simbólica y emocionante para el President de la Generalitat, para toda la ciudadanía local. El gran día, empañado ahora por la mancha de la corrupción. El ambiente es electrizante. La oposición ha despertado, muerde los tobillos del Gobierno regional después de lustros sesteando a la sombra de la Asamblea. La prensa sigue con los trajes de Milano, un caso menor y efectista que consume cientos de horas de televisión. Es la punta del iceberg. Ese día de fiesta todavía no resalta la foto global del enorme fregado que el President retiene bajo sus pies. La tierra se va a remover bajo su pisada para tragarse al grueso de sus colaboradores. Un terremoto les espera. De momento, le están atacando por algo inmerecido: la falta de honradez personal. «¿Usted se paga sus trajes?», le preguntaron unos meses antes en un desayuno informativo. Él dijo que sí. Un jurado, dos años después, lo acreditará, dejándole absuelto, inocente: se pagó sus trajes. Pero la penitencia apenas se ha iniciado todavía. Solo los asesores más próximos, quienes más le tratan, conocen sus auténticos puntos débiles: la fantasía y la vanidad jactanciosa. ¿Codicia? Ninguna. Apenas guarda novecientos euros en su cuenta bancaria, sin patrimonio, aparte de un piso pagado a medias con su mujer (más por ella que por él), ni siquiera un coche de segunda mano, nada; aparece entre los diputados más tiesos de la Asamblea, le cuesta llegar a fin de mes mientras le inventan una biografía de ladronzuelo. El President no gestiona como los demás barones autonómicos. Gobierna desde un castillo, desde arriba, desde el mito; reina más que gobierna, da directrices pero no ejecuta ni audita, proyecta ambiciones colectivas, se ilumina en la Historia, imagina epopeyas y dignidades. Se mueve en la simbología. Y los de abajo se aprovechan de la liviandad presidencial. Le corren el gusto. Le tienen tomada la medida. Nadie controla el corral en su nombre mientras él fantasea desde la torre del Palau. Deja hacer, no pregunta, tampoco le agrada que le vengan con problemas sin resolver, la relajación administrativa se extiende. Y los pillos, pocos y contados pero al acecho, se aprovechan de su carácter, de la escasa diligencia. Algunos se están forrando en la cara del President, ante su completa ignorancia: que pueda haber robos escapa a su entendimiento, en todo caso piensa que eso serán corruptelas de tiempos previos a él. Para eso sí es firme y vigilante, para los exámenes de lealtad; ha exigido vasallaje a todos los antiguos colaboradores del Fundador, adhesión sin fisuras, alineamiento, fidelidad y obediencia ciega, como su único señor. Y los otros le jalean a la manera de los monarcas medievales, le dan en el gusto al señor. Los trajes ondean las vergüenzas del President durante la fiesta, pero al menos las alcantarillas siguen selladas. El Director asiste asombrado a su primera celebración regional. Toda la clase política y civil aguarda sentada en el salón de reyes de la planta alta del Palau, esperando los discursos. De pronto, todo el mundo se pone en pie y empieza a aplaudir con fervor. «¿Qué pasa?». El President acaba de hacer acto de presencia. El monarca local recibe un sonrojante homenaje en forma de aplauso unánime y cerrado, medievalista, antes incluso de pronunciar los buenos días. Algunos de los que más palmean son los pillos que van a provocar su caída en desgracia. Los aprovechados se están choteando del soberano. Uno de ellos es el Conejo. Ha hecho desaparecer cinco millones de euros de su consejería, nunca más se sabrá dónde acabó aquel dinero que iba a servir para construir un hospital para los pobres de Haití. El President tampoco podrá imaginar que ese consejero, su mejor fontanero para los asuntos feos y delicados, quien aparentemente mejor sabrá sujetarle en los turbios meses que le esperan, ya es conocido con ese sobrenombre del Conejo en los bajos fondos del hampa política. Aplaude también Alfonso, el jefe provincial del partido y señor de una de las diputaciones, cuenta con su propia estructura de poder e intereses, algo rústica y opaca, tiene picapleitos a su servicio y un montón de partidarios trabajando como zombis en la Administración: cobran sin acudir al puesto de trabajo. Recuerda a un jesusgil en versión enlatada, le imita, también quiere ser presidente del club de fútbol si encuentra a otro que ponga el dinero, no va a ponerlo él, y presume de ser rico en abundancia, de que se hizo millonario antes de los cuarenta años, de que se le cae el dinero del bolsillo. Luego se verá que no es para tanto, montó un par de tiendas en su pueblo y ahí se acabó su emporio industrial; fuma Cohibas para almorzar, es socarrón, farda de un Ferrari que tiene treinta años —pero eso nadie lo sabe—, es un listo de pueblo que piensa que el President es un tonto de ciudad. Espabilado, sí, pero menos inteligente de lo que imagina. El Conejo lo maneja como quiere, alimenta el ego de sus ambiciones y a cambio recibe protección de ese jefe de la diputación al que utiliza para desequilibrar el poder del President, un juego discreto y maquiavélico. Aplaude mucho la presidenta de la Asamblea, a la infeliz le esperan nueve años dentro de una cárcel; fue una negligente consejera de Turismo y lo va a pagar con creces, apenas una bien mandada sin voluntad que no se enteraba de la jugada, una pobre mujer que todavía ignora su terrible horizonte. Le regalaron un reloj de dos mil cuatrocientos euros, y con ese reloj pudo contar durante años las horas que le quedaban para entrar en prisión. Al jefe de otra de las diputaciones provinciales le acaba de volver a tocar la lotería nacional, será la décima vez; es muy famoso en toda España por su gracia contando chistes y tiene un pacto de sangre con el Gordo de Navidad, que no se cansa de sonreírle. Otra docena de los presentes ha mejorado de casa en los últimos años, lucen buenos trajes hechos a medida, llevan a sus hijos a carísimos colegios privados, son grandes hormiguitas a la hora de sacarles partido a unos sueldos que no pasan de los tres mil euros mensuales. El monarca del Palau desconoce en ese momento que hasta el gerente de una depuradora pública, otro hombre del partido, se está haciendo de oro con las aguas fecales; faltan veinte millones de euros de la planta de tratamiento de Pinedo y nadie se ha enterado todavía, el dinero ha desaparecido entre las bacanales de gambas rojas y las bacanales con prostitutas a las que pagaban con dinero público bajo el epígrafe contable de «traductoras rumanas». Todo está por descubrirse. Las alcantarillas siguen cerradas, no por mucho tiempo. Al fiscal Cascano le faltan horas para escarbar en la montaña de informes que le van llegando desde sitios insospechados. Tiene el fiscal sin duda un ángel de la guarda que le consigue verdaderos tesoros, pero prefiere no darle muchas vueltas al origen de su suerte. Cascano todavía no ha abierto el grifo de la mugre, ocurrirá pronto. Ni el President ni su equipo lo sospechan. De momento, España solo está pendiente de la talla de pantalón del President, hacia qué lado vuelca el paquete, si usa cejilla y qué tipo de tiro estila. Una humillación insoportable. Todas las televisiones de España le están apuntando esa mañana. Génova espera. Porque no son cuatro trajes. La financiación del partido anda bajo sospecha. Las fieras huelen la sangre. El President echa balones fuera, no lidera, se le escapa el control de la crisis, no ha parado la ofensiva, va a peor, ha desoído todas las sugerencias. Conviene cortar alguna cabeza. Tiene que ser ya. Y, aprovechando la fiesta autonómica, mandan al Emisario desde Génova. Alguien tiene que lanzar un mensaje inequívoco a la opinión pública, a las tertulias, a las televisiones. El Emisario hace un aparte con la Alcaldesa mientras bajan por la escalinata del Palau hasta el patio gótico, ella le susurra algo muy breve y concreto al oído y zanja: «Dilo». El Emisario asiente y a continuación se acerca a los periodistas para dar un canutazo ante los micrófonos: «Tenemos toda la confianza en el President, toda. Hoy es fiesta, pero la fiesta se acaba a las cuatro. Después toca tomar decisiones». «Hijo de la gran puta». Será la primera vez que el atildado entorno del President oiga de golpe un lenguaje tan soez y arrastrado. Aquel día de fiesta se acabaron los «concho» para siempre. Los concho son el pasado, los trajes son el presente, llegaron a su vida igual que han llegado los hijos de la gran puta. El President empieza a odiar al Emisario, fue su consejero, fue su amigo, fue el compañero de la universidad y de la tertulia deportiva del bar del Agujero. Le ha dicho que se le ha acabado la fiesta, que destituya al Coordinador del Partido de una vez, pero él no quiere hacerlo; se empieza cortando una cabeza ajena y se acaba perdiendo la propia, lo sabe. Si mata a su número dos, antes o después también caerá él. No quiere hacerlo, pero obedece, qué remedio. «Que Paco haga algo, por el amor de Dios». Ese es el grito privado de la Alcaldesa que circula aquella tarde. Sea.
>> más información

Jaime Bayly: «Chávez y Maduro fueron humoristas involuntarios» (dom, 08 feb 2026)
Cuando Jaime Bayly se sentó a escribir sobre el 'Boom', pensó en el puñetazo de Vargas Llosa a García Márquez. De ahí salió ' Los genios ', una novela en la que lo mismo te contaba el fin de una amistad como la fractura del grupo literario por motivos políticos como todos los chismes que circulaban por el mundillo literario y rosa acerca del Nobel peruano, al que desnudaba muchas veces, casi siempre acompañado: en una escena, por ejemplo, lo vemos depilando con tijeras la mata de su actriz fetiche… Al presentarla, Bayly dijo dos cosas: que entendía la literatura como el acto de abrir el armario para ver qué esqueletos hay ahí y que las novelas eran un montón... Ver Más
>> más información

Hye-Young Pyun: «Trabajar puede hacer que tu personalidad e identidad desaparezcan» (vie, 06 feb 2026)
Se habla con frecuencia de la «ola coreana» o 'hallyu', un neologismo que celebra la expansión global del entretenimiento surcoreano. Sin embargo, al sumergirse en las aguas de este fenómeno, se descubre que su verdadera fuerza reside en una transparencia crítica: la disección de la crudeza con la que sobrevive la clase media. Hye-young Pyun es una de las autoras que mejor surfea estas corrientes. Su tabla, revestida de moqueta de oficina, conoce bien las maniobras del sistema; Pyun lleva años explorando la alienación laboral y considera que nunca se es lo suficientemente insistente con este malestar. «Las oficinas no solo producen insatisfacción», afirma con rotundidad. «Provocan un desprendimiento de la identidad. Dejas de ser quien eras antes de fichar.... Ver Más
>> más información

Uclés defendía en septiembre que la Guerra Civil «la perdimos todos» (mar, 03 feb 2026)
Fue el 30 de septiembre de 2025, cuando David Uclés ya había acordado participar en las jornadas Letras en Sevilla sobre el tema ¿La guerra que perdimos todos? El escenario era la sede central del Instituto Cervantes en Madrid, que dirige Luis García Montero. Estaban sobre el escenario el escritor Julio Llamazares y Uclés porque este último presentaba su novela «El viaje de mi padre» . Con este motivo, Uclés se emocionó al recordar la herida abierta de la guerra civil, y leyendo una cita del inicio del libro de Llamazares dijo algo que contradice tolo lo que ha estado contando en redes y entrevistas de prensa estos días y que motivó su salida y luego la cancelación de las jornadas de Sevilla . Como se recordará en su vídeo de renuncia había dicho que no podía compartir cartel con Aznar o Espinosa de los Monteros, a los que ofendía gravemente, y además se dolía del título, que le parecía insultante, porque blanqueaba el fascismo, y «porque la guerra la sufrieron todos pero no la perdimos todos, las perdió la república, la democracia». En la presentación de Llamazares dice, por contra, al invocar la herida abierta de la guerra civil: «El empieza con una frase que, cuando la leí, ya me tranquilicé, me gustó muchísimo y dice así la primerísima frase, la dedicatoria [entonces la lee]: 'A los que perdieron la guerra de uno y otro bando'.» Entonces, Uclés apostilla: «A mí eso ya me ganó, antes de escribir mi novela asistí a muchas presentaciones de novelas sobre la época y de alguna me fui porque decían que sólo querían honrar a las víctimas de una parte, hablando de todo el conflicto, y me pareció muy inhumano. Podemos hablar de quién causó más daño, de quién provocó la guerra, de quién la terminó, pero hombre, las víctimas...» Estas declaraciones realizadas en el Cervantes, cuyo director festejó la polémica reciente con un «celebro que David venda libros pero que no venda sus principios», son antitéticas a las que ahora han reabierto un áspero debate sobre una historia que desde la izquierda quiere delimitar la Guerra Civil a un enfrentamiento entre buenos y malos. En la conversación con Llamazares, además de David Uclés, intervinieron Juan Carlos Méndez Guédez, responsable del Departamento de Literatura y Pensamiento de la institución, y Pilar Reyes, directora editorial de la División Literaria de Penguin Random House. Y asistía mucho público, porque Llamazares es un autor muy leído y muy querido. Todos ellos debieron de alucinar, si recordaban lo que Uclés había dicho en septiembre, al contemplar su vídeo reciente en redes, que por cierto, ahora ha borrado y ya no se encuentra en su cuenta de Instagram. Llamazares decía aquel día de septiembre: «Como sucede siempre, cuando mi padre me contaba esas historias yo no le hacía mucho caso y ahora me arrepiento de ello. Mi padre murió pronto y sus recuerdos quedaron en ese limbo de la memoria en el que se desvanecen las vidas de los que nos precedieron y a los que no escuchamos cuando estaban vivos. Luego nos arrepentimos de ello y, como yo ahora, tratamos de reconstruir sus pequeñas historias con los retazos de lo que se quedó en el aire y aún alcanzamos a recordar». En honor de su padre y de sus compañeros, pero también por recorrer un territorio, el que atraviesa la espina dorsal de la península ibérica, que sintetiza como muy pocos su esencia, el autor ha repetido su viaje y lo ha hecho en los mismos meses del año en los que lo hicieron ellos para intentar sentir lo que ellos sintieron siquiera sea referido al clima. Por el camino se encontró con personajes que mantienen vivo el recuerdo de aquel invierno terrible, el peor del siglo XX, y de una primavera y un verano calurosos junto al mar, y con algunas de las historias que su padre le contó y que los paisajes conservan aun flotando como una pátina sobre ellos, «pues la historia permanece en los lugares en los que sucedió como las palabras sobre la memoria».
>> más información

                     Poesía

           Relatos y artículos

     Novelas, ensayos y teatro

                      Arte

                  Podcast

                 Docencia

ALCANCE

Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Ancrugon

Página web creada con IONOS Mi Web.

E-mail