Po - e - mas:

Vino, primero, pura, de Juan Ramón Jiménez.

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Un trabajo de…

Vino, primero, pura,

vestida de inocencia.

Y la amé como un niño.

 

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

 

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…

¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

 

…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

 

Se quedó con la túnica

de su inocencia antigua.

Creí de nuevo en ella.

 

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

El poema que os voy a comentar en esta ocasión pertenece a uno de nuestros Premio Nobel de Literatura más reconocido mundialmente, Juan Ramón Jiménez, un poeta a caballo entre el modernismo y el vanguardismo que no siguió demasiado los preceptos de los movimientos literarios que le correspondían por su edad, como el novecentismo, pues más bien fue un autor con una fuerte identidad creativa, basada en la búsqueda constante de la perfección, que no es fácil de encasillar en ninguna corriente.

 

Sus obras pueden ser divididas en tres etapas, las cuales coinciden con distintos periodos de maduración personal:

 

En su época de juventud, entre los 19 y los 35 años, tuvo bastantes influencias de la poesía intimista de Bécquer y del modernismo que alcanzaba, por entonces, las cimas más altas de su popularidad, pero pronto le llegaron las veleidades simbolistas de la poesía de poetas como Baudelaire o Verlaine, esta sería la etapa denominada “sensitiva” y en ella creó obras, en sus comienzos, de exploración, con un lenguaje poético sencillo, auténtico y transparente en poemarios como: Arias tristes (1903), Jardines lejanos (1904) o Elegías (1907); para evolucionar hacia otro en el que predomina el contenido sobre la forma: La soledad sonora (1911), Pastorales (1911), Laberinto (1913), Platero y yo (1914), obra escrita en prosa que ha sido su trabajo más popular, o Estío (1916), con el que ya se realiza el cambio a la siguiente etapa.

 

La segunda época, la “intelectual”, que estaría entre sus 35 a 55 años, es decir, su periodo de madurez, fue la de búsqueda de una depuración de la palabra y huida de sus anteriores nostalgias y evocaciones intentando reflejar algo más concreto, más real, coincidiendo con su primer viaje a tierras americanas y sus lecturas de los poetas ingleses como Shelley, Yeats, Blake o Emily Dickinson, y realizando una poesía menos adornada y más profunda en un afán de alcanzar lo eterno a través de la belleza. Esta época, como ya he dicho anteriormente, la comienza con Estío (1916), pero también encontramos otros poemarios como: Diario de un poeta recién casado (Diario de un poeta y mar) (1916), Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1917-23), Belleza (1917-23) o La estación total (1923-36). Esta es su fase más cercana al novecentismo.

 

Una vez comenzada la Guerra Civil Española, Juan Ramón Jiménez marcha al exilio americano, concretamente el 22 de agosto de 1936, y aquí comienza su etapa “suficiente o verdadera”, la que va desde sus 56 a los 77 años, es decir, la vejez, donde Juan Ramón se repliega todavía más sobre sí mismo en su continua búsqueda de la trascendencia, la belleza y la perfección que, ahora, le conduce hacia una mística personal que le conduce hacia Dios, su Dios interior, mediante una lengua poética propia (idiolecto), repleta de neologismos. De este periodo destacan: Animal de fondo (1949), En el otro costado (1936-42) o Dios deseado y deseante (1948-49).

 

Vino, primero, pura es un poema que aparece en su libro Eternidades, de 1918, por lo tanto, perteneciente A su segunda época, la “intelectual”, algo que podremos comprobar con su sola lectura, pues tiene un lenguaje poético reflexivo, a la vez que básico, libre de accesorios y ornamentos que desvíen la mirada de lo esencial del tema que, en este caso, se limita a un repaso de su propia actividad artística y a la evolución de su pasión creativa, que no es otra que la poesía.

 

Si observamos bien, nos daremos cuenta de que está dividido en tres apartados temáticos que coincidirían con las diferentes fases de esa evolución. De esta forma veremos en que la primera estrofa el poeta se enamora de la sencillez y pureza de la poesía:

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

 

Sin embargo, en las tres siguientes se hastía de su superficialidad vanidosa y vacía:

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

 

Y solo se pudo reconciliar con ella a medida que se fue desnudando de sus ornamentos evolucionando hasta lo esencial, volviendo a su antigua pureza y llegando a la conexión casi mística del poeta y de la poesía en su desnudez:

…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

 

Esa misma sencillez que busca Juan Ramón Jiménez se ve reflejada incluso en la forma del poema de versificación libre, compuesto por versos heptasílabos, en su mayor parte, y carentes de rima.

 

Juan Ramón Jiménez utiliza el recurso de una alegoría para definir a la poesía como si fuera un ser vivo (personificación), la cual evoluciona a lo largo de su vida desde una niña inocente y sencilla que le enamora, pasando hacia una adolescente caprichosa, maquillada y adornada en exceso, que le causa rechazo y enfado, hasta una mujer profunda, llena y vital con la cual alcanza el clímax de su pasión, para descubrirnos, finalmente, que está hablando de la “poesía”, aunque, en el fondo, de lo que realmente habla es de su estado de ánimo en cada estadio de ese proceso creativo en su búsqueda constante de la perfección y la belleza.

 

En conclusión, Vino, primero, pura es un poema retrospectivo que nos muestra la evolución creativa de su autor, al mismo tiempo que una visión esencialista de la elaboración poética, donde se han depurado los elementos superfluos en beneficio del contenido, la forma en beneficio del tema.

Gracias por leernos...

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