El arpa dormida:

Gerardo Diego, el poeta polifacético.

Todo lo que llevo dentro / está ahí fuera. / Se ha hecho -fiel a sí mismo- / mi evidencia. / Mis pensamientos son montes, / mares, selvas, / bloques de sal cegadora, / flores lentas. / El sol realiza mis sueños, / me los crea / y el viento pintor, errante, / -luz, tormenta- / pule y barniza mis óleos, / mis poemas, / y el crepúsculo y la luna / los avientan.

 

Con pinturas de István Sándorfi

Un trabajo de…

Gerardo Diego (1896-1987) fue un poeta español inscrito en la Generación del 27 quien, debido a su fecunda y múltiple personalidad artística, ejerció, además, como profesor, crítico literario, pianista y pintor.

 

Adelantado de la vanguardia en el mundillo literario español de su época, actuó como aglutinador de los poetas de su generación, quizá por ser uno de los pocos entre ellos que no marchó al exilio tras la Guerra Civil, agrupándolos dentro de la Antología de poesía contemporánea, y actuando, así mismo, como maestro de las siguientes promociones surgidas en la posguerra con su Antología poética en honor de Góngora.

 

Ingresó en la Academia Española en 1948 y sus dos premios más relevantes fueron el Nacional de Literatura de 1925 y el Miguel de Cervantes de 1979.

 

Quisiera ser convexo...

(de versos humanos)

 

Quisiera ser convexo
para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.

Su creación poética no siguió una línea temporal, sino que debe agruparse según los estilos y las tendencias de sus trabajos, así podemos estructurarla en tres apartados: Poesía de Vanguardia, Poesía Relativa y Etapa de Plenitud.

 

Su poesía de vanguardia apareció desde sus dubitativos e inseguros comienzos, los cuales se agrupan en tres libros escritos en 1918 de influencias modernistas, simbolistas, románticas y, como no podía ser menos, de la gran figura de Juan Ramón Jiménez: Iniciales, Romancero de la Novia y Nocturnos de Chopin, siendo esta último el más interesante de ellos y en el que el poeta relaciona la poesía con la música.

 

Guitarra

(de Imagen)

 

Habrá un silencio verde

todo hecho de guitarras destrenzadas

 

La guitarra es un pozo

con viento en vez de agua

A partir de ese momento, muchos fueron los poemarios donde cultivó la modalidad de vanguardia, considerándose Evasión el único ultraísta y catalogándose el resto como creacionistas, desde Imagen, Manual de Espumas o Limbo hasta Biografía Incompleta o Biografía Continuada, los cuales ya aparecieron en la década de los setenta del siglo XX. Destacan Fábula de Equis y Zeda, por su deuda con la poesía gongorina, y Poemas Adrede, por su inmersión en la poesía tradicional, tanto en el aspecto sintáctico como en el métrico.

 

Escuela

(de Biografía incompleta)

 

Aprende a contar así

uno       dos          tres

cuatro     monja    seis

 

Es la escala gradual

según se va del cero al hospital

 

Pero qué pasa en esa esquina

Es el buzón cantando Alerta

y como se hace postal la brisa

vuelven a casa los niños perdidos

 

Y en el jardín

oh en mi inolvidable jardín

el lirio de puntillas grita

Bandidos

 

Todo para que tú puedas contar

siete        ocho      nueve      amar

En el grupo de poesía relativa se pueden enumerar sus libros de realización más clásica, donde conviven formas como el soneto o el romance con combinaciones inventadas y en verso libre. En ellos se repiten cinco temas principales: el paisaje, el amor, la religión, los toros y la música.

 

Su trabajo como profesor de instituto y su afición viajera le llevaron a diferentes destinos dentro de la geografía española, lo que, indudablemente, contribuyó a imprimir a su poesía una multiplicidad de tonos en cuanto a temas y escenarios. Entre los libros de paisajes destacan Soria, donde Gerardo retorna al paisaje castellano tan entrañable para él, y Mi Santander, mi cuna, mi palabra. También pueden considerarse libros de paisajes Alondra de Verdad, Ángeles de Compostela (de los que hablaremos más adelante) y Vuelta del Peregrino, en donde que se evocan personajes históricos en su propio entorno natural.

 

El ciprés de Silos

(de Versos humanos)

 

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

 

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

 

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

 

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

A la poesía amorosa Gerardo Diego dedicó muchos de sus libros, en especial a partir de la década de los 1940, aunque, en sí, no forman un conjunto uniforme, pues tan pronto encontramos planteamientos metafísicos, reflexiones existenciales, como canciones galantes al estilo del Siglo de Oro. Los títulos más representativos son: Amazona, Amor solo, Sonetos a Violante o Glosa a Villamendiana.

 

Insomnio

(de Alondra de verdad)

 

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

 

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

 

Saber que duermes tú, cierta, segura
cauce fiel de abandono, línea pura,
tan cerca de mis brazos maniatados.

 

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.

En Versos divinos se recoge la poesía religiosa, en el que se reúnen desde su libro juvenil Viacrucis hasta el resto de poemas de esta temática escritos a lo largo de su vida que aparecen dispersos entre sus otros poemarios, como Ángeles de Compostela, o en aquellos que el propio autor denominó “inconexos”, donde se recogen poemas de circunstancias encontrándose, curiosamente, entre ellos algunos de los poemas más famosos del poeta, algunos títulos son: Versos humanos, Hasta siempre. La luna en el desierto y otros poemas, La rama, Cementerio civil o Carmen jubilar.

 

Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad.

Cuando venga, ay, yo no sé
con qué le envolveré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la luna,
cuando en tus brazos de hechizo
tomas al roble macizo

y le acunas en tu cuna.


Dímelo, que no lo sé,
con qué le tocaré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la brisa
que con tus besos tan leves
la hoja más alta remueves,

peinas la pluma más lisa.


Dímelo y no lo diré
con qué le besaré yo,
con qué.

Y ahora que me acordaba,

Ángel del Señor, de ti,
dímelo, pues recibí
tu mensaje: «he aquí la esclava».


Sí, dímelo, por tu fe,
con qué le abrazaré yo,
con qué.

O dímelo tú, si no,
si es que lo sabes, José,
y yo te obedeceré,
que soy una niña yo,


con qué manos le tendré
que no se me rompa, no,
con qué.

 

 

La música ocupó un papel importante en la vida de Gerardo por lo que ella tuvo  mucha presencia en su poesía, sobre todo en libros como el inicial de Nocturnos de Chopín; muy interesante es también  Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré, además de muchos poemas sueltos insertados en otros libros y varios sonetos de Alondra de verdad.

 

A C.A. Debussy

(de Alondra de Verdad)

 

Sonidos y perfumes, Claudio Aquiles,
giran al aire de la noche hermosa.
Tú sabes dónde yerra un son de rosa,
una fragancia rara de añafiles

con sordina, de crótalos sutiles
y luna de guitarras. Perezosa
tu orquesta, mariposa a mariposa,
hasta noventa te abren sus atriles.

Iberia, Andalucía, España en sueños,
lentas Granadas, frágiles Sevillas,
Giraldas tres por ocho, altas Comares.

Y metales en flor, celestes leños
elevan al nivel de las mejillas
lágrimas de claveles y azahares.

Su afición taurina quedó plasmada en dos libros: La suerte o la muerte y El cordobés dilucidado, con bellos poemas de cuidada estructura y organización en los que se pueden percibir recuerdos lopescos mezclados con lo popular.

 

Torerillo de Triana

(de La suerte o la muerte)

Torerillo en Triana,
frente a Sevilla.
Cántale a la sultana
tu seguidilla.

Sultana de mis penas
y mi esperanza.
Plaza de las Arenas
de la Maestranza.

Arenas amarillas,
palcos de oro.
Quién viera a las mulillas
llevarme el toro.

Relumbrar de faroles
por mí encendidos.
Y un estallido de oles
en los tendidos.

Arenal de Sevilla,
Torre del Oro.
Azulejo a la orilla
del río moro.

Azulejo bermejo,
sol de la tarde.
No mientas, azulejo,
que soy cobarde.

Guadalquivir tan verde
de aceite antiguo.
Si el barquero me pierde
yo me santiguo.

La puente no la paso,
no la atravieso.
Envuelto en oro y raso
no se hace eso.

Ay, río de Triana,
muerto entre luces,
no embarca la chalana
los andaluces.

Ay, río de Sevilla,
quién te cruzase
sin que mi zapatilla
se me mojase.

Zapatilla escotada
para el estribo.
Media rosa estirada
y alamar vivo.

Tabaco y oro. Faja
salmón. Montera.
Tirilla verde baja
por la chorrera.

Capote de paseo.
Seda amarilla.
Prieta para el toreo
la taleguilla.

La verónica cruje.
Suenan caireles.
Que nadie la dibuje.
Fuera pinceles.

Banderillas al quiebro.
Cose el mihura
el arco que le enhebro
con la cintura.

Torneados en rueda,
tres naturales.
Y una hélice de seda
con arrabales.

Me perfilo. La espada.
Los dedos mojo.
Abanico y mirada.
Clavel y antojo.

En hombros por tu orilla,
Torre del Oro.
En tu azulejo brilla
sangre de toro.

Si salgo en la Maestranza,
te bordo un manto,
Virgen de la Esperanza,
de Viernes Santo.

Adiós, torero nuevo,
Triana y Sevilla,
que a Sanlúcar me llevo
tu seguidilla.

Su etapa de plenitud consiste en dos obras, quizá las más significativas de toda su producción: Alondra de verdad (1026) y Ángeles de Compostela (1936). El primer libro consta de cuarenta y dos sonetos, considerados de los mejores de nuestra lírica del siglo XX, de diversos temas, como habréis intuido al ser nombrado este libro en varios apartados, y es que entre ellos podemos encontrar desde el amor, hasta los adelantos modernos, pasando por los paisajes, el sentimiento religioso y otros. El, título le viene dado por un poema perteneciente a Biografía incompleta, por su intención de crear una poesía alada y auténtica donde se mezclaran las novedades estilísticas de la poesía de vanguardia con la lírica clásica o el sentimiento popular.

 

Cuarto de baño

(de Alondra de verdad)

 

                           A Eusebio Oliver.

 

    Qué claridad de playa al mediodía,

qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,

si, entre espumas y platas y azulejos,

Venus renace  a la mitología.

 

    Concha de porcelana, el baño fía

su parto al largo amor de los espejos,

que deslumbrados, ciegos de reflejos,

se empañan de un rubor de niebla fría.

 

    He aquí, olorosa, la diosa desnuda.

Nimbo de suavidad su piel exuda

y en el aire se absuelve y se demora.

 

    Venus, esquiva en su rebozo, huye.

Su alma por los espejos se diluye,

y solo -olvido- un grifo llora y llora.

Por su parte, Ángeles de Compostela es tal vez su libro más unitario en el que se ensamblan los temas galaicos con los teológicos, mediante una impecable estructura.

 

Además de poeta, Gerardo Diego fue ensayista sobre literatura, música y pintura y, entre los muchos dedicados a la poesía, podemos destacar Cervantes y la poesía, La poesía de Jovellanos, Unamuno, poeta, La poesía de Ricardo León o Los poetas de la generación del 98. Su último ensayo fue el dedicado a Jorge Guillén.

 

Amor

(de Alondra de verdad)

 

Dentro, en tus ojos, donde calla y duerme
un palpitar de acuario submarino,
quisiera - licor tenue al difumino -
hundirme, decantarme, adormecerme.

 

Y a través de tu espalda, pura, inerme,
que me trasluce el ritmo de andantino
de tu anhelar, si en ella me reclino,
quisiera trasvasarme y extenderme.

 

Multiplicar mi nido en tus regazos
innumerables, que al cerrar los brazos
no encontrases mi carne, en ti disuelta.

 

Y que mi alma, en bulto y tacto vuelta,
te resbalase en torno, transparente
como tu frente, amor, como tu frente.

Gracias por leernos...

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