Conversaciones con mi gato:

Tu mirada...

Sin preguntar cómo te llamabas, ni de dónde venías, de inmediato supe lo que tu mirada quería.

Un trabajo de…

Como el viento

 

Como el viento de las indecisas tardes de marzo, me llega sin pretextos,

rompiendo metáforas y textos, mil recuerdos, mil palabras, mil deseos que apuntan al horizonte de la hora cotidiana,

que bajo la sombra de la cita, mi vida se estremece al ritmo que marca el diapasón del vacío de otro día.

 

Sin razón la letra crispada en trazos indecisos, como las palabras sin matices ni razón en la oración,

ni el cielo me da la respuesta; diez mandamientos de divina procedencia, y entre tanta perfección celeste; se le olvidó al supremo juez el verdadero contexto del texto del primer mandamiento: si a Dios se le debe amar sobre todas las cosas…

 

Como el viento de las indecisas tardes de marzo me llega sin pretextos,

rompiendo metáforas y textos, sabiendo que ayer comprometido contigo mi alma a ti entregué,

y nunca se la podré entregar al cielo; pero como el viento de las indecisas tardes de marzo vagaré por la eternidad sabiendo que mi alma está en buen recaudo.

A contraluz de la mañana

 

Contemplaba tu rostro al contraluz de la mañana, y no he podido negarme y dejarme llevar por el caudal del pensamiento y no sé cuántos deseos más, por eso quiero que tú sepas lo que en ese preciso instante siento cuando contemplo tu rostro al contraluz de la mañana:

“Quisiera ser flor en tus manos, dulce en tu boca y brisa en tus labios, lluvia sobre tu piel, la sangre de tus venas y los latidos de tu corazón, el sonido de tu voz, la luz de tu sombra.

Quisiera ser todo el tiempo de tu vida, el guardián de tus pensamientos, cada segundo que respiras, quisiera ser tus pasos, llenar todos tus vacíos, la sonrisa de tu cara.

Quisiera ser tus noches y tus días, el caudal de tus oraciones y plegarias, el calor de tus manos, el receptor de tus sueños, todo esto quisiera y el resto de toda la eternidad por ti.

Pero lo que más quiero es dar gracias a Dios, por darme ese preciso instante cuando contemplo tu rostro al contraluz de la mañana.”

Lo que tu mirada quería

 

Llegaste a mí como aquella alma que busca el camino de Damasco, con la mirada buscando mil respuestas, desconsolada vacía de amor.

Sin preguntar cómo te llamabas, ni de dónde venías, de inmediato supe lo que tu mirada quería.

Y comencé por ti, a despertar a la vida, abrí sus secretos,

imploré a la luz y ella nos iluminó, descorrí el velo del cielo y dejarlo al descubierto,

bajé para ti una estrella, caminamos por las órbitas del firmamento con nuestros sueños,

abrimos mil amaneceres y cerramos sus atardeceres, vivimos todas las noches, en cada alba nos acompañó el constante susurro de un te quiero,

el verso y la prosa fueron fieles aliados en nuestra poesía, en cada palabra profunda, el eterno jardín nos ofreció las rojas rosas de la sinceridad y las amarillas de la amistad, entre la frescura de sus pétalos y sus fragancias nos besamos y amor puro y eterno nos juramos,

y sus espinas derramaron sangre como símbolo de gran sufrimiento que es a veces el amor.

Lloré miles de veces por ti, hasta casi morir, crucé el mismo umbral de la renuncia por ti, dejé pasados, presentes, desafié mil peligros, sufrí todos los quebrantos por ti,

por llenarte aquel vacío con que llegaste, quise darte todo y mucho más.

Sin preguntar cómo te llamabas, ni de dónde venías, de inmediato supe lo que tu mirada quería.

Noche romana

 

Bajo el cielo de la noche romana recita y canta versos con donaire el joven trovador a la mujer que ama; mientras titilan los ojos de la amada al igual que los brillantes destellos de una hermosa noche romana de marzo.

Su rostro se ruboriza al sentirse amada por el joven juglar que desgrana versos y rimas dedicados a aquella que cada día su corazón le roba:

 

“por delante de mi andan todos los sentidos,

mientras me siguen a paso lento los sueños,

y no sé su despertar o quedarme quieto.

 

Sentidos, sentimientos, deseos y sueños,

todos forman parte de mi universo, y de ninguno

me fío, cortos se me quedan los sentidos,

mas me faltan los deseos para saber cómo alcanzar

los sueños perdidos…”

 

Mientras esto sucede, la noche cautiva del tiempo corre con su silencio por encima de las siete colinas; entre tanto, dos corazones dialogan entre palpitaciones y deseos los enrevesados temas del amor.

Y todo bajo el cielo de una hermosa noche de marzo romana.

 

Oda al tiempo

 

Bien, creo que tú eres mi cuenta atrás, o la cuenta hacia adelante, no lo sé.

Sí sé que entre tú y yo hay un plazo, ignoro si hasta ahora lo llevo bien contado; pero sé que un día pasarás prácticamente sin avisar, en silencio a pesar, posiblemente, del momento dramático para los de mi alrededor, o quizás me pillas solo, y el plazo quedará finiquitado.

Dicen que seré yo el menos, pues tú todavía debes continuar, pero ¿sabes una cosa?... a pesar de la diferencia entre tú y yo, los dos sabemos que hay alguien más perfecto que tú y yo, alguien que pensó que todo los que empezó, todo, ha de terminar.

Cuando todo a su señal se pare, y entonces tú como yo, seremos tiempo muerto… nada más.

 

Tú, yo… y la armonía.

 

Lentamente cae la vida, igual de lenta que cae la muerte, entre una y otra el tiempo marca la existencia, vida, muerte… y la armonía.

Orbitas, caminos siderales, astros, distancias infinitas, impensable; el cielo y Dios entre interrogantes, la incógnita del más allá… y la armonía.

La luna y su cara oculta, el misterio de las mareas, el azul del mar y sus profundidades, el ir y venir de las olas… y la armonía.

Las primeras miradas, y los indecisos: te quiero, los labios pegados como el rocío al pétalo, como la luz a la sombra… y la armonía.

El sonido de la música, la sístole de tu corazón y la diástole del mío, tú queriéndome, yo amándote, los dos deseándonos, la voz de nuestro silencio, la lluvia en una tarde de abril, un arco iris y la hermosa noche por venir… y la armonía.

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