AÚN LA IMAGINO CON INTENSO ALBOROZO: En el tiempo, como en la arena…

Un trabajo de…

Fresas de nata,

y aflora la mañana en tu rostro,

palabras mágicas de ácida dulzura

de las que se alimenta la alegría…

Fresas de nata…

Si al menos el reloj

se declarara en huelga

sólo para hacer un poco más largos

estos momentos…

Fresas de nata.

Maravilloso invento.

En el corazón

hay muchas habitaciones

y no siempre vacías.

No te sorprendas

si alguna vez, al despertar,

equivoco el nombre,

no por eso he dejado de quererte,

es que no he aprendido a olvidar.

Todavía creo

en eso de mirar a los ojos.

Lo leí en una pared

y lo confirmo en tu rostro.

En el tiempo, como en la arena,

al final las huellas se pierden.

A veces no sé si el cielo

se refleja en el agua

o el agua en el cielo.

Es verano y yo sólo espero

la llegada del invierno

para revivir tu primavera.

¿Qué hago mirando la lluvia

si no llueve?...

¡Maldita soledad!...

El guardián del castillo

vigila mis pasos…

debería preguntarle a dónde voy…

él me observa cada día

 y debe saberlo…

lástima que sea un gato…

Hay miles,

millones,

infinitas estrellas,

aunque yo sólo quiero

seguir la tuya.

No es tristeza,

ni vacío,

ni soledad,

ni nostalgia…

es mirar alrededor

y ver que no te veo.

Tu es mon escaller vers le ciel…

lo leí a los pies de la torre de hierro,

pero me hizo pensar en ti.

Y mirándome en el espejo

me di cuenta…

todo lo bello que podría tener

dependía de tu recuerdo.

En el camino del arco iris

no se marcan las huellas,

por eso en mi memoria

tus pasos son en blanco y negro.

En las calles que llevan a ti

los pasos suenan a madrugada,

y en las que de ti parten,

a ocaso y nostalgia.

Si unas simples gotas de agua

y un rayo de sol

pueden descomponer la luz,

¿por qué te sorprendes

al ver en qué me convierto

cuando me miras?

Hay momentos

en los que nuestra historia se repite

como en un espejo,

pero los segundos a tu lado son únicos.

No todo está en los libros,

pues lo que tú me inspiras

no puede escribirse.

Ahí afuera está el mundo,

sí…

y aquí dentro, agazapado

entre los viejos muros,

hay una pequeña parte de él…

no lo dudes,

no todo le ocurre a los demás.

Una mirada

y ruge el viento,

la ola se desboca.

Una mirada

y la cabellera de espuma

roza la mejilla de una nube.

Una mirada

y en el pecho,

el tambor de sangre galopa y galopa…

Tan sólo una mirada…

Llegó el viento

y formó rizos de nata

con mis castillos en el aire.

Úsame,,,

¿Qué sentido tiene

conversar con las gaviotas

sin volar?

¿Permanecer en puerto

sin devorar horizontes?

¿Balancearse en aguas mansas

anhelando huracanes?...

Úsame,

¿no ves que mi destino

es tu cuerpo sobre el mío,

tu fuerza moviendo mis remos

y tu voluntad llevando mi timón?

Te esperaré con las macetas en flor

y las hojas abiertas de la puerta callada,

te esperaré…

Te esperaré con mi traje de fiesta

y la mesa puesta, los cubiertos limpios

y el vino en calma,

te esperaré…

Te esperaré con la cama lista

y mis versos de amor calentando tu espalda,

te esperaré…

Yo prefiero la pintada hecha

por un “pero flauta”

a un cartel electoral.

Es mil veces más verdad

el grito del indignado

que el discurso moderado

de quien quiere gobernar.

Y me crispan los serviles,

quienes adoran la bota

que les pretende pisar,

despreciando así al vecino,

quien cansado y explotado,

sólo exige dignidad.

Por eso no te sorprendas

si busco paz en tus brazos

y en tus risas el consuelo

que me procura soñar.

Tu cuerpo pequeño reivindicaba

su espacio sobre el espejo de plata,

el mar acogía al sol

y tu sombra se alargaba.

La arena es mi enemiga

y no puedo acercarme,

 pero la brisa olía a ti

y creí poder tocarte:

un simple roce por tu piel.

Aprenderé a pensarte

en la distancia, aprenderé…

Brotó tu risa a la orilla del agua…

Ya era tarde.

No me pesan los zapatos,

uso varios números más grandes

y da igual los cordones sueltos…

para caminar sobre el mar

sólo es preciso que tú estés al otro lado.

Las sillas donde habito

poseen espíritu de libélula,

y me mantienen en suspenso

con el iris prendido

en sus alas trémulas,

pues para atravesar las nubes

sólo tienes que haberme llamado.

Y si el tiempo es roca

que cabalga en mi espalda lacerada,

todavía tengo mi voz para gritar

que libertad está en las palmas

de tus manos.

No me pesan los zapatos

porque no puedo usarlos…

“Ningún viento es favorable

para quien no sabe a dónde va”,

dijo Séneca, gran verdad.

Pero si mi barco no tiene

puerto que le espere,

¿qué importan vientos,

ni corrientes,

ni estrellas?...

Lo importante es que navegue.

Recuerdo aquella noche en calma

de un verano hasta entonces anónimo.

Un rayo rompió las tinieblas

dejando su luz prendida

de cada gesto, de cada mueca,

 de cada razón o sueño,

de cada ausencia, de cada vacío,

de cada átomo de aire,

de cada suspiro…

Llegaste tú y de mi pecho

surgió un gemido.

Recuerdo aquella noche de tormenta

de un verano que ya nunca olvido.

Sueño con un océano sin límites

donde todo comience y todo acabe,

no un universo repleto de estrellas,

sino un mar inmenso lleno de reflejos

 y profundos abismos donde olvidar…

 por eso nunca navego.

No tengo miedo a la muerte,

 temo que algún día me olvides.

Se disuelven mis deseos

como la hojarasca otoñal,

aunque los sueños aún persisten,

¿será cosa de la edad?

Sólo un instante,

no hizo falta más,

sólo un instante.

El viento se detuvo

en rizos inesperados

y las hojas otoñales

suspendidas en la nada

pintaron de rojo

y oro el universo.

Posaste tus labios

sobre el frágil tallo de mis sentidos

y abriste tus alas ingrávidas

en adiós multicolor.

Tras libar mi néctar

yo fui tuyo para siempre…

y sólo fue un instante.

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