Pesadillas:

El fantasma de la ópera, de Gastón Leroux

“El fantasma de la ópera existió. No fue, como se creyó durante mucho tiempo, una inspiración de artistas, una superstición de directores, la grotesca creación de los cerebros excitados de esas damiselas del cuerpo de baile, de sus madres, de las acomodadoras, de los encargados de los vestuarios y de la portería.

Un trabajo de… 

Sí, existió, en carne y hueso, a pesar de que tomara toda la apariencia de un verdadero fantasma, es decir, de una sombra.” …

Gastón Leroux

(El fantasma de la ópera) - Fragmento

Si nombramos “El fantasma de la ópera”, a la mayor parte de la gente le vendrá a la memoria uno de los musicales que con ese título han tenido gran éxito por los escenarios nacionales y extranjeros, como el de Ken Hill o el más reciente de Andrew Lloyd Webber; también habrá quienes recordarán alguna de las diferentes versiones que sobre esta historia se han realizado para el cine, o alguna que otra de las series para televisión, pero pocos, seguramente, reconocerán que se leyeron el libro escrito por Gastón Leroux a principios del siglo XX, el cual fue apareciendo primero como una novela por entregas en el periódico parisino La Gaulois, y publicado posteriormente, en1910.

Es esta una novela que comparte elementos tanto del género de intriga y detectives, como del de terror, desarrollada en el mundo siempre misterioso de las tramoyas teatrales y escénicas donde se desenvuelven toda suerte de escenas de ficción provocando las ensoñaciones de los espectadores. En ese escenario se nos plantea la duda… ¿qué es verdad y qué es mentira?... Y en esa dimensión entre lo real e imaginario decidió Gastón Leroux colocar a su personaje que, maltratado por la vida, decide ser como los demás y aspirar a todo cuanto desee. Un personaje que ha hecho su hogar en el subsuelo de un palacio de la ópera inexistente, desde donde mueve los hilos de aquel teatro como a él se le antoja, aterrorizando a todos los empleados y directivos, hasta que se enfrenta a la única arma que puede detenerle, el amor.

El Fantasma es un hombre torturado que está en continua rebelión contra la sociedad, carcomido por el deseo de venganza al considerar que el mundo le ha marginado y por eso mismo se oculta detrás de una máscara, no tanto para esconder su rostro deformado, sino para crear un muro de terror entre él y los otros. Así, El fantasma de la ópera se convierte en una crítica de una sociedad que da más valor al dinero que a la preparación, la inteligencia o, incluso, la bondad, resultando de ello la creación de un monstruo que es capaza de destruir todo aquel montaje con la extorsión del miedo. Esta obsesión de venganza se apodera de Erik y le aleja irremediablemente de su meta de llegar a ser normal, de sentirse amado, de alcanzar el sosiego y la paz.

Para desarrollar esta metáfora de la vida, Leroux se vale de la figura del Fantasma y de su historia de terror gótico en el interior de un edificio, templo de la música y el arte, donde la realidad no tiene cabida, por lo que sus hazañas rayan lo imposible, el drama es fatigoso y la dirección un sin sentido, por lo que se llega a la deducción de que todo es una ilusión, un mal sueño… donde la realidad no es tal, sino que todo es una mascarada. Curiosamente, los tres personajes centrales nos muestran el resultado de sus respectivas convivencias familiares en su relación con las personas que les rodean, pues mientras Christine, educada por un padre atento y amoroso, es cariñosa y compasiva, Raoul, cuidado por su hermano mayor con rectitud no exenta de cariño, es, sin embargo, egoísta y apático, y, en el polo opuesto, Erik, el fantasma, sin el calor de una familia, es temerario e infantil.

En una sociedad donde el talento queda relegado a la apariencia, la inteligencia es peligrosa porque crea fantasmas y miedos, y la verdad, una vez desaparece la careta, siempre aparece desfigurada, esperpéntica, aterradora, pues ya nos hemos acostumbrado a crear una realidad paralela, ficticia, a nuestra imagen y semejanza, con la que nos encontramos más cómodos. Por ello, el empeño de Christine por ver lo que hay detrás de aquella máscara le lleva a una realidad terrible que ella no puede aceptar. A causa de todo esto, El fantasma de la ópera sigue presentándonos unos temas de actualidad, pues el mundo puede cambiar, pero el ser humano no.

En el transcurso de la trama hay momentos donde se utiliza la ira como válvula de escape a la frustración, lo curioso es que siempre esto ocurre en una única dirección: contra alguna mujer. Veamos algunos ejemplos: cuando Richard acusa a Mademoiselle Giry de robar dinero y le grita agarrándola de la muñeca, o cuando Erik amenaza a Christine con volar la Ópera si no se casa con él, o con los celos de Raoul, quien acusa a Christine de haberle engañado y le lanza toda una serie de insultos. Esto viene bastante relacionado con el estado mental de algunos de los personajes, pues a muchos de ellos se les podría cuestionar su cordura si nos atenemos a sus comportamientos, por ejemplo: Christine cree que escucha al “Angel de la Música” de su padre, lo que aprovecha Erik para ganarse su voluntad, o el señor Chagny que se desorienta por los pasillos del Palacio de la Ópera, o algunos de los empleados a quienes les parece normal la existencia del fantasma, incluso el mismo Erik acaba en un continuo delirio dominado por su obsesión por Christine.

El fantasma de la ópera es pues una novela bastante cargada de simbología de cuyos elementos podemos destacar la dualidad de la máscara usada por Erik, ya que si ésta, por un lado, le permite integrarse en la sociedad al ocultar la deformidad de su rostro, por otra, lo distingue del resto con quienes no interactúa y le hace sentir poderos, sin embargo, la compasión del gesto de Christine cuando le besa en la frente, rompe este esquema y lo desarma. Otro símbolo muy utilizado es la música, pues con ella se domina la voluntad de las personas, como ocurre con la propia Christine y su historia infantil del “angel de la música”. El laberinto existente en las profundidades del teatro simboliza el autodescubrimiento de uno mismo, como les ocurre a Christine, Raoul y el propio Erik. También podríamos considerar símbolos los brillantes ojos del fantasma o la cueva donde habita, así como el propio teatro donde vive y donde todo se puede hacer realidad.

La historia comienza con lo que parece ser el suicidio de uno de los tramoyistas del Palacio de la Ópera de París, pero cuando la policía parece tenerlo todo claro, se suceden varias muertes más y la desaparición, en pleno escenario y durante una actuación, de la cantante Christine Daaé, lo que nadie sospecha es que esta bella e inocente joven recibe clases del propio fantasma a quien ella confunde con el “Ángel de la música” del que le hablaba su padre. A partir de este momento, se sucede todo un argumento tenebroso que ocurre, casi siempre, al otro lado del telón.

Gastón Leroux, escritor y periodista francés, nacido en París en 1868, era un hombre bastante misterioso, cabalista y estudioso del más allá, alcanzó gran popularidad por sus novelas, tanto de aventuras o policiacas: El misterio del cuadro amarillo, El perfume negro, como de terror: La doble vida de Théophraste y La reina de Sabbat, aunque la mayor fama le vino con El fantasma de la ópera. Murió en Niza a la edad de 59 años.

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