MIS AMIGOS LOS LIBROS: El Libro de los Baltimore, de Joël Dicker

Un trabajo de…

“Mañana ingresa en la cárcel mi primo Woody. Va a pasar allí los próximos cinco años de su vida.

Por la carretera que lleva al aeropuerto de Baltimore a Oak Park, el barrio de su infancia, adonde voy a acompañarlo en su último día de libertad, me lo imagino ya presentándose ante las verjas del impresionante penal de Cheshire, en Connecticut.

Pasamos el día con él en casa de mi tío Saul, donde fuimos tan felices. Están Hillel y Alexandra, y juntos volvemos a formar, durante unas pocas horas, aquel cuarteto maravilloso que fuimos. Ahora mismo no tengo ni idea de la incidencia que tendrá este día en nuestras vidas.”

 

Quien así nos introduce en su historia es Marcus Goldman, un escritor de éxito perteneciente a los Goldman-de-Montclair, apelativo inventado por los abuelos Goldman para diferenciar las familias de sus dos hijos: los Mantclair y los Baltimore, utilizando sus respectivas ciudades de residencia como un modo de distinguirlos que, en realidad, iba mucho más allá, pues  mientras “los Baltimore eran un abogado casado con una médica, y su hijo estaba en el mejor colegio privado de la ciudad”, los Montclair englobaban a un ingeniero, a una dependienta que vendía ropa cara en una tienda de moda, y al hijo de ambos, Marcus, quien estudiaba en un centro público.

Y así comienza la última novela del suizo Joël Dicker, aparecida tras su gran éxito La verdad sobre el caso Harry Quebert, donde Marcus también es el protagonista, y cuyo trama no pretende ser una más de las típicas enemistades entre hermanos a quienes la vida les ha tratado de forma diferente, no, hay mucho más… Cierto que juega con esa dicotomía y con el mítico sueño americano, y aquello de que los ricos también lloran, pero por medio de una malla bien argumentada y un buen juego psicológico, el protagonista y narrador irá desarrollando, con constantes saltos en flash back hacia distintos momentos temporales en los que nos va dando unos pocos datos con los que podamos ir formando nuestras propias hipótesis, para sorprendernos con un desenlace inesperado, lo que en esta historia se menciona constantemente como “el drama”, que, encima, tampoco es el final de la novela, sino la motivación de la misma. El tiempo de los hechos transcurre entre los últimos años del pasado siglo y el año 2012, cuando Marcus Goldman decide escribir el libro, pero el desenlace principal ocurre en el 2004.

Marcus siempre, desde pequeño, sintió una gran admiración y atracción por su otra familia, los Baltimore, y en ocasiones se avergonzaba de la suya propia a la que consideraba menos culta, más torpe y sin el glamour de aquellos. Sublimaba a su tío Saul, estaba platónicamente enamorado de su tía Anita y adoraba como a un hermano a su primo Hillel, un chico muy inteligente con problemas de adaptación, y cuando la familia acogió en su seno a Woody, quien se auto adjudicará el papel de protector de Hillel, los tres muchachos formaron “la banda de los primos Goldman”, con quienes sería feliz en sus constantes visitas a la mansión familiar o a la casa de vacaciones en Florida. Poco después se les incorporaría Alexandra, una bonita y encantadora muchacha de la que los tres se enamorarán, lo que será causa de sus primeros sentimientos enfrentados. Durante gran parte de la narración vemos pasar ante nuestros ojos un mundo paradisíaco, pero ya sabemos desde el principio que éste tiene un final: “el Drama”, sin embargo, no tenemos datos suficientes, a pesar de que se nos van dando en un constante cuentagotas, de lo que pudo ocurrir para que ese paraíso desapareciera. Es un mundo de triunfadores, hasta Alexandra llega a ser una cantante de culto, y eso no es fácil de administrar, sobre todo cuando la amistad se pone a prueba con la competitividad, la admiración con la envidia, y en ocasiones la razón se nubla y el instinto gasta malas pasadas.

Los personajes, a pesar de haber sido colocados en un mundo de lujo y éxitos, resultan creíbles porque están bien perfilados, todos se componen de aspectos claros y oscuros, en todos se percibe el propio sufrimiento por las dudas, los miedos, las esperanzas o los desengaños. En el transcurso del paso del tiempo vamos viendo sus diferentes evoluciones, percibiendo sus cambios, sobre todo en los más jóvenes, en quienes podremos apreciar su proceso de maduración. Incluso el propio autor, Joël Dicker, parece haberse dibujado en su personaje Marcus Goldman, a pesar de que él mismo lo niegue, pero asegura que esta historia “es más auténtica” que la de La verdad sobre el caso Harry Quebert, que “los personajes existen más, son más sólidos y siguen más presentes en la cabeza de los lectores”. Entraremos, pues, en la vida de los componentes de La Banda de los Goldman justo cuando ellos son todavía unos niños y los iremos acompañando en su crecimiento, por sus aventuras de la adolescencia, a su juventud, justo hasta el momento de sus graduaciones universitarias, y lo reviviremos todo en primera persona, como si estuviéramos allí, gracias a la capacidad descriptiva de Dicker, que nos permitirá visualizar los detalles más insignificantes

Calificar esta novela es complicado, y aunque se podría considerar como un drama familiar, no se queda simplemente en ello, ya que en su transcurso encontramos un examen de la amistad, un choque de clases, un análisis psicológico, aunque en sus páginas no se desarrollan largas disquisiciones ni profundos razonamientos, y a pesar de sus frecuentes referencias al hecho y acto de la escritura, no podemos asegurar que exista metaliteratura en ella; así mismo también podemos tropezarnos con una historia de amor e incluso con algunos sucesos que nos acercarían al thriller, aunque esto sería limitarla a un único foco despreciando el resto. En lo que no hay ninguna duda es en la facilidad con que Dicker desarrolla sus elaboradas y complejas estructuras narrativas las cuales, al contrario de lo que se podría pensar, no resultan ni pesadas ni complicadas para los lectores.

Pero si hay que concluir con un compendio de la misma, se podría decir que esta novela es una conmovedora historia familiar con todo lo que ello conlleva: secretos, rivalidades, misterios, relaciones de todo tipo…, la lectura de la cual nos puede llevar a la deducción de que todo lo que vemos en la vida tal vez no sea cierto, pues siempre habrá algo en las otras personas que se escapará de nuestras percepciones, todos somos seres duales, como ya dejó reflejado en sus personajes Vladimir Nabokov, de quien se dice que Dicker ha tenido bastante influencia, sobre todo en este trabajo. Y si lo que buscamos es una enseñanza de sus páginas, ésta podría ser que la envidia es un sentimiento universal que todos tenemos y, por lo tanto, como algo inevitable, debemos aprender a convivir con él y sacar lo positivo que contenga.

En su propia experiencia personal Joël Dicker, nacido en Ginebra (Suiza) el 16 de junio de 1985, ha hecho suya la filosofía de la frase atribuida a Churchill: “el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”, pues ha escrito siete novelas de las que solo ha publicado tres y una de ellas, Les derniers jours de nos pères, fue rechazada, en un principio, por todas las editoriales a las que fue presentada, pero cinco años más tarde recibiría el Prix des Ecrivains Genevois por ese mismo trabajo y dos años más tarde editaría La verdad sobre el caso Harry Quebert, la cual sería un éxito arrollador, siendo galardonada con el Grand Prix du roman de l’Académie française. Un hombre joven y atractivo que antes de escritor quiso ser estrella del rock, futbolista, estudió Derecho y nunca ejerció, y quien piensa que el éxito y el fracaso son simples percepciones, pues el éxito es tan frágil que puede desaparecer igual que llega.

 

«Escribir un libro es como montar un campamento de vacaciones. La vida de uno, que suele ser solitaria y tranquila, te la dejan manga por hombro un montón de personajes que llegan un día sin avisar y te ponen patas arriba la existencia. Llegan una mañana, subidos a un autocar del que se bajan metiendo bulla, entusiasmados con el papel que les ha correspondido. Y tienes que apañarte con lo que hay, tienes que ocuparte de ellos, tienes que darles de comer, tienes que alojarlos, Eres responsable de todo. Porque eres el escritor». (Página 159)

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