Mis amigos los libros:

El cuento de la criada, de Margaret Atwood.

El régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.

Un trabajo de…

Clasificar a El cuento de la criada dentro del género de ciencia ficción es simplificar mucho las cosas. Es cierto que esta historia es una clara distopía, pero Cuando Margaret Atwood estaba escribiendo esta inquietante e intensa novela, su pensamiento, seguramente, no estaba en un futuro indeterminado, sino en un presente cuyo mañana da miedo, pues tras siglos de luchas por lograr unas reivindicaciones sociales justas, en pocos años, con una globalización a la medida de las grandes multinacionales, unos inmensos medios de comunicación al alcance de todos, cuyas redes no nos acercan a nadie, sino que nos alejan a los unos de los otros cada vez más, una clase política revestida de populismo, incapaz de solucionar los problemas y una crisis calculada e inventada que nos ha metido el miedo en el cuerpo como un nuevo virus sin antídoto, se ha retrocedido más allá de lo que queremos imaginar.

En un mundo donde la desigualdad es la base indiscutible de la división social, donde se financia la violencia y se da pábulo al terrorismo, donde se distorsiona la educación, pues no se busca gente preparada y culta, sino mentes huecas ávidas de consumir, donde se persigue la razón en beneficio del pensamiento único y la palabra revelada, y la culpa de todo siempre la tiene el diferente, en un mundo así, que es el que tenemos, ¿sería muy difícil que poniendo como excusa la amenaza islamista, se hicieran con el poder unos políticos teócratas y crearan una república de cuyo sistema no se pudiera discutir su intangibilidad?... ¿No lo han hecho en muchos países islámicos, por qué no puede ocurrir lo mismo con alguna secta cristiana?...

En un presente en el que se siguen creando fronteras, en el que ganan elecciones personas como Bolsonaro o Trump y en el que se sigue matando a las mujeres simplemente porque “era mía”, nada de lo que ocurre en esta novela nos podría extrañar.

Y si llegase esta situación, ¿cuál sería el colectivo social más perjudicado?... ¿Acaso lo dudáis?... ¿Cuál podría ser si hoy está tan de moda las violaciones como estrategia de guerra, la sumisión al varón por ley en cientos de países y sociedades de todo el planeta y el desprecio más absoluto entre ciertos sectores de pensamiento reaccionario?... Pues las mujeres.

De la libertad de prensa ya ni hablamos porque con la confusión extendida en los medios donde no podemos discernir entre las noticias falsas de las reales, no creo que les preocupe demasiado.

Defred ya casi ha olvidado su nombre verdadero, simplemente la conocemos por la preposición “de” más el nombre de su dueño “Fred”, un Comandante al que, como su nuevo nombre parece indicar en inglés, Offred, que bien puede servir para un juego de palabras: offered (ofrecida), está asignada para engendrar descendencia, pues cada mes, cuando Defred está en su punto culminante del ciclo menstrual, debe colocarse entre las piernas abiertas de Serena Joy, una antigua cantantes de gospel bastante fanática de los valores tradicionales y esposa del Comandante, la cual la aferrará de sus manos y el señor de la casa intentará tener una especie de relación sexual con la joven. La libertad de las mujeres en la República de Gilead está completamente restringida. Defred puede salir a comprar, siempre acompañada por otra criada, pero no hablan con casi nadie, pues recelan de todo el mundo y temen ser pilladas en algún desliz, la puerta de su habitación no debe cerrarse nunca completamente y siempre está vigilada por las fuerzas de esta dictadura puritana, “los ojos”. Pero os estoy dando datos que debéis ir descubriendo al leer la novela, así que dejémoslo aquí.

Atwood pretende avisarnos no de los peligros futuros, sino de lo peligroso que podría ser volver atrás en los avances sociales. El cuento de la criada es una fábula con la pretensión de hacernos ver lo temerario que sería negar de nuevo a las mujeres todas las oportunidades de independencia que han venido reivindicando y consiguiendo en los últimos siglos. Eliminar estos derechos en aras de un ideal religioso, o económico, o político, o lo que sea, sería automatizar y despersonalizar a las mujeres y, por lo tanto, a más de la mitad del género humano.

Claro que, en esos casos, siempre hay una colaboración de personas del bando oprimido, y esta novela, la total sumisión de las mujeres se consigue gracias al trabajo de una gran cantidad de otras mujeres: las “tías”, las “marthas” y las esposas son el nuevo orden, y aceptan estos roles por diferentes motivos que van desde una sincera creencia en lo que están haciendo, hasta el miedo a las torturas o muerte. Y es así cómo funcionan las dictaduras, usando miembros de los grupos oprimidos para controlar a los suyos, mediante el miedo, la desconfianza y la mentira.

Pero no solo las mujeres están oprimidas en la República de Gilead, pues los hombres, aunque parezca que tienen más libertad, en realidad ellos también han sido privados de sus derechos y privilegios democráticos, por ejemplo, los “guardianes”, que son quienes aplican las leyes, no tienen derechos civiles y tampoco acceso a una mujer, otros sirven como soldados en guerras interminables, los “ojos”, o espías, están en una situación similar, e incluso los mandatarios pierden la satisfacción por el poder, pues una sociedad opresora, oprime a todos y todos, tarde o temprano, serán víctimas de ella.

Entonces, llegados a este punto, podemos comprobar cómo existen tres temas centrales en esta historia: La utilización de los cuerpos de las mujeres como instrumento político y el control de la fecundación, reduciéndolas a unas simples máquinas reproductoras en manos y al servicio de unos pocos. El lenguaje como un instrumento del poder, creando títulos y rangos para identificar las diferentes esferas sociales y donde el nombre propio carece de sentido deformando de esa forma la realidad con la finalidad de satisfacer a la élite. Y la complacencia de los oprimidos a cambio de unas migajas de los poderosos.

Pero a pesar de tanto control, siempre hay algo que no pueden gobernar, ni tan siquiera en nombre de un dios todopoderoso, pues el pensamiento de la persona es libre y sus deseos también… Y siempre quedan los recuerdos para saber quién eres en realidad…

Atwood no está en contra de las religiones, como se podría pensar leyendo esta novela, sino en el mal uso de las mismas para crear esclavos y eliminar los derechos del ser humano, tampoco es un grito de reivindicación feminista, sino el aviso de algo real y advierte que incluso las mejores sociedades pueden ser derrocadas.

Gracias por leernos...

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