Remember:

Cuarta entrega (Capítulos 8 y 9).

Me encontraba frente a mi doctor, en su despacho. Él me estaba estudiando con la mirada, traté de preguntarle el motivo de mi estancia allí, pero no me contestaba, directamente no vocalizó palabra alguna desde que yo entré por la puerta. Parecía absorto en sus pensamientos, como si estuviera en un profundo debate mental. Finalmente, dijo un simple:

Un trabajo de…

CAPÍTULO 8                       

 

Kyle
 

-Toma asiento, por favor. 

Giré mi cabeza y busqué a mi alrededor una silla que se viera mínimamente cómoda, no hubo suerte, así que me limité a sentarme en una silla negra de plástico que había a mi lado. 

- ¿Por qué me ha llamado? - me atreví a volver a preguntar.

-Tenemos un tema muy importante del que hablar...- dijo, y se paró como si estuviera buscando las palabras perfectas para explicar aquello por lo que había pedido mi asistencia.

-De acuerdo - le contesté al ver que no decía palabra alguna, y me limité a esperar su respuesta. 

-Bueno...Hemos analizado los resultados de las pruebas que hemos llevado a cabo las últimas semanas- dijo al fin -. Y hemos llegado a una decisión... En cuatro días empiezan las clases, así que es imposible que te incorpores a un grupo tan rápido, pero hemos decidido que a partir de octubre comenzarás a asistir a clase en tu nuevo instituto. Mientras tanto, recoge tus cosas, pasado mañana vendrá tu madre a buscarte para llevarte a casa. Pensamos que es bueno que te acostumbres a tu hogar antes de meterte la presión de comenzar a estudiar de nuevo. Claro está, deberás seguir viniendo aquí semanalmente y seguirás teniendo citas en la habitación verde con la psicóloga. Además, pensamos que un cambio de escenario vendrá bien para que sigas recuperando algunos de tus recuerdos. ¿Qué te parece?

Forzó una sonrisa y eso solo hizo que yo apretara más los puños; estaba furioso. 

- ¿Que qué me parece? Me parece que habéis tomado una decisión sin preguntarme tan si quiera, cuando yo soy el más influenciado. 

-Por favor, tranquilízate Kyle -dijo él - Además, te estoy preguntando ahora.

-No, no me ha preguntado, tan solo me lo ha afirmado, me ha explicado la planificación de mi vida, con la intención de que yo le escuchara y acatara sus instrucciones. ¿Acaso no debería de ser yo quien decidiera si estoy o no listo para llevar a cabo ese gran paso al que me queréis someter? 

Se quedó callado, y yo me apoyé en la silla ya más relajado. Me miró sorprendido, se notaba que no esperaba aquella pequeña rebeldía por mi parte. 

- ¿Cuándo crees que estarás listo para llevarlo a cabo? - me preguntó mirándome fijamente a los ojos.

Ahora el sorprendido era yo, no me esperaba que me preguntará mi opinión, pensaba que se limitaría a regañarme por mi falta de respeto al levantarle la voz. 

-Yo...Yo...- dije y tosí para aclararme la garganta - Pido una semana de tiempo para despedirme y recoger mis cosas con calma.

-Así será, en 7 días volverás a casa, no se hable más. Ya puedes irte.

Salí de aquel despacho con paso firme, sin devolverle la despedida, estaba ocupado procesando aquel encuentro. Volví la vista atrás y me sorprendió lo rápido que se me había pasado aquel tiempo en el hospital, y para ser sincero, aunque al principio mi único deseo había sido salir de ahí, ahora me daba pena marcharme. Me dolía tener que despedirme de Celia y Manu. Aunque... El doctor había dicho que yo tendría que seguir viniendo aquí regularmente, podría verles aunque no sería lo mismo. Tenía sus números, así que podría escribirles y así no perder el contacto, sonreí al pensar en aquello. 

Los días pasaron con rapidez, sin darme cuenta ya me encontraba terminando de empacar mis cosas. Al día siguiente partiría, solo me quedaba una última noche allí. Celia, Manu y yo habíamos decidido pasar aquella última noche juntos, sin hacer caso de las normas que nos indicaban que cada uno debíamos dormir en nuestras respectivas habitaciones. Terminé de cerrar los broches de la maleta y me senté en la cama, me sentía cansado y los pies me pesaban como si acabase de correr una maratón. Finalmente, me recosté y me quedé contemplando el techo de mi habitación. Pensé en quién ocuparía aquel espacio cuando yo partiera, quizás una sonriente niña de rizos pelirrojos y pecosa durmiese en aquella cama en un par de semanas. Puede que un niño cuyo sueño es ser futbolista y con un pijama a rayas llorase sus penas en la misma almohada que yo en esos momentos estrechaba con fuerza entre mis brazos, quién sabe.

- ¡KYLEEE! NOS VAMOS A CENAAAAR, ¿HAS ACABADO YA DE EMPACAR? - me gritó Celia desde el otro lado de la puerta.

-Sí, ya voy.

Apresuradamente me levanté de la cama y me acerqué al espejo para peinarme un poco el pelo con los dedos. Después, a una velocidad que yo creía imposible, me calcé y cogí mi chaqueta ya que en aquella noche de septiembre se había colado una brisa que me causaba escalofríos y me destemplaba. Abrí la puerta y vi a mis amigos, sonrientes y dados de la mano como de costumbre. Celia se había maquillado un poco en honor a aquella última noche en mi compañía. Se había echado una base que la hacía un poco más morena, se había dibujado la raya perfectamente y se había puesto un poco de su pintalabios favorito, era rosado mate y según ella sabía a galleta. Vestía un bonito vestido floreado de tirantes que cuando giraba la falda se alzaba en vuelo y creaba ondas alrededor de ella. Estaba realmente guapa. Manu iba vestido con unos pantalones pirata y una camisa de manga corta con dibujitos y...

-No puede ser - le dije a Manu flipando - No pensaba que serías capaz.

-Es tu última noche, te dije que lo haría y yo soy un hombre de palabra.

Manu llevaba una enorme pajarita atada por el cuello de su camisa de un color rosa fosforito y con puntos verdes que parecían guisantes.

-Tío, eres mi ídolo - le dije dándole una palmada en la espalda.

-Pues sinceramente al llevar esa pajarita para mí has perdido todo el respeto que te tenía - dijo Celia poniendo los ojos en blanco.

- ¡Hala!, qué cruel eres conmigo, creía que me querías - dijo Manu colocándose la mano en el pecho como si una bala le acabara de dar.

-Sí, si te quiero mucho, pero sin ese espanto en tu cuello - dijo Celia riendo y empezó a andar acelerada en dirección al comedor.

- ¡Celia !¡No vayas tan rápido! - le gritó Manu.

-Es que me das vergüenza ajena, paso de que me vean con vosotros. Kyle, deberías de hacer como yo.

Pude ver como Manu la sacaba la lengua.

-Oye...a Celia siempre hay que hacerle caso, sobre todo cuando tiene razón. - le dije a Manu y salí corriendo tras Celia.

Pude ver como él me sacaba el dedo del medio y después corría para perseguirme. Llegamos al comedor en un tiempo récord, cada uno cogió su bandeja y nos sentamos en nuestra mesa.

-Qué morro tienes, Kyle - suspiró Celia mientras ponía una mueca de asco al meter la cuchara en lo que se suponía que era puré de zanahoria - Ya te libras de esto.

-Si no esta tan mal, anda, no exageres - dije metiéndome una cucharada de puré en la boca. Nada más ese líquido grumoso tocó mis papilas gustativas me entraron ganas de vomitar, así que cogí mi vaso de agua y empecé a beber con el propósito de quitarme ese regustillo a vómito de la boca.

-Decías...- me dijo Celia levantando una ceja y con una sonrisilla picara.

-Vale, como siempre tienes razón, esto es tóxico. Lo siento por vosotros, realmente me dais pena.

-Míralo por el lado bueno - dijo Manu - quizás con esta cosa que llaman comida, pero que estoy seguro de que es tóxica, tengan que hacerte un lavado de estómago y te quedes aquí con nosotros otro mes.

-Puff... ¿Aguantaros 30 días más? Prefiero no arriesgarme - dije apartando la bandeja de mí.

-Bueno, dejando nuestras críticas sobre lo que aquí llaman comida, ¿cómo hacemos lo de esta noche? - dijo Celia antes de que Manu pudiera replicarme algo.

-Buena idea - le contesté- A ver, al acabar la cena cada uno iremos a nuestras habitaciones como de costumbre, os acostaréis con ropa, pero arropaos bien por si algún doctor le da por ahí y va a desearos las buenas noches...

-Después, a la 1:00 am te mandaremos un mensaje y lentamente iremos a tu habitación...

-Pasaremos la noche ahí y si alguien entra nos esconderemos en tu armario ya vacío.

- ¡Genial! - exclamo Celia mientras se levantaba de la mesa y cogía su bandeja ya vacía - No vemos luego, chicos.

Cada uno nos levantemos de nuestros respectivos sitios y nos dirigimos a nuestra habitación. Yo me vestí con un pijama limpio que tenía, era una camiseta negra en la que estaba dibujada la cabeza de Jack Skeleton de la película ''Pesadilla antes de Navidad'' y unos pantalones negros muy finitos pero muy calentitos. Me lavé los dientes y me cepillé el pelo, después me acosté y cogí mi móvil para leer los mensajes, casi todos eran de mi madre.

Mamá: Hola, cariño, recuerda que mañana a las 10 en punto me paso a recogerte, un besito y descansa.

Kyle: Vale, hasta mañana.

También tenía un mensaje de May, pero a ella preferí no contestarla, ni tan siquiera leerla, no habíamos vuelto a hablar desde aquel día que me salió llorando de mi habitación tras venir a visitarme. Yo había decidido borrarla totalmente de mi vida y la verdad es que no estaba siendo fácil, pero cuanto más duro es el camino más gratificante la victoria. Me encontraba cansado, así que no tarde en quedarme atontado entre las sábanas de mi cuarto. Estaba a punto de introducirme en el mundo de los sueños cuando mi móvil vibró anunciando que tenía una nueva notificación. Con pereza bostecé y alargué la mano hasta coger mi móvil, encendí la pantalla y la desbloqueé. Miré la hora, era la 01:02am. Las notificaciones eran del grupo que teníamos Manu, Celia y yo.

Celia: Ya voy para allá, vete abriendo la puerta y déjanosla entornada.

Manu: Lo mismo digo chicos, adrenalina al 100%

Celia: Pues menos adrenalina e intenta no cagarla.

Los mensajes eran de hace un par de minutos así que ya estarían a punto de llegar, me levanté apresuradamente y abrí la puerta con sigilo. No tardaron en aparecer mis amigos por la puerta. Nada más pasar la cerraron tratando de no causar ruido alguno. Celia encendió la linterna que llevaba consigo para alumbrar la habitación, ya que encender la luz llamaría demasiado la atención y sería un auténtico y estúpido error.

-Bueno, chicos, que comience la fiesta, ¿no? - dijo Celia con una sonrisa de oreja a oreja.

Celia dejó la linterna fija y Manu encendió la suya. Las pusieron cada una en una esquina de la habitación apuntando hacia el centro de tal manera que todos nos pudiéramos ver. Celia ya se había quitado el maquillaje de su rostro y ahora lucía un precioso camisón lila semitransparente, se había puesto unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes blanco como ropa interior, de esa manera no se la veía ni un centímetro de piel que no formara parte de una de sus extremidades.

-Bueno, ¿cuál es el plan? - dijo Manu emocionado.

-Improvisemos - propuso Celia.

Y así pase mi última noche en el hospital, entre risas, bromas y juegos con los únicos verdaderos amigos que recordaba haber tenido jamás.

Serían como las 4:00 am cuando finalmente el sueño nos venció y caímos rendidos, bueno, me corrijo, Celia cayó rendida. Manu y yo decidimos bebernos un par de coca-colas para que no nos ocurriera la mismo. Dado que Celia se había quedado dormida en el suelo en una posición que solo a la vista resultaba incómoda, Manu y yo la subimos a la cama y la tumbamos de manera que estuviera más cómoda. Entonces, hizo algo que nadie nos esperábamos, entre babas que se le caían por la comisura del labio susurro el nombre de Manu.

- ¿Has oído eso? - preguntó Manu sorprendido - O tanta Coca-Cola me está volviendo loco o acabo de escucharla pronunciar mi nombre entre sueños.

-Lo que has oído no es producto de tu imaginación, es un hecho real que yo también acabo de presenciar, creo que lo mejor es que la dejemos dormir en paz - dije y nos sentamos apoyados en el armario ya vació de mi habitación.

-Está muy mona cuando duerme, la verdad, nunca la había visto tan inofensiva - dijo Manu sin apartar la mirada de nuestra amiga plácidamente dormida.

-Sí, parece realmente delicada cuando esta así, prométeme que cuidarás de ella cuando me vaya - le pedí.

-Claro que sí, eso siempre - me prometió.

-Y por favor, no le hagas daño - dije refiriéndome al dolor que la causaría a Celia si Manu no sintiera lo mismo que ella.

- ¿Por qué iba a hacerlo? ¿A qué te refieres? ¡Es mi mejor amiga! – exclamó.

-Vale, vale. Baja el tono. No puedes entender ahora a lo que me refiero, pero algún día lo harás.

-Odio cuando te pones tan misterioso y filosófico - dijo riendo - Se te va a echar de menos, tío.

-Yo a vosotros igual, pero nos seguiremos viendo ¿eh?, que no me libro de las sesiones psicológicas - dije poniendo cara de fastidio.

Y nos quedamos hablando, de la vida, de baloncesto y de cosas que ya ni recuerdo, hasta que finalmente caímos en los brazos de Morfeo. Aquella fue mi última noche en aquel hospital y esperaba que estos recuerdos jamás me abandonaran.

CAPÍTULO 9                                 

 

Kyle

 

A la mañana siguiente me levanté con el hombro entumecido dado que Manu llevaba apoyado en él durante toda la noche.  Me desperecé y bostecé fuertemente, causando que Manu también abriera los ojos. Celia no estaba en la cama, por lo que deduje que se habría levantado y estaría aseándose en el cuarto de baño. No me equivoqué, ya que al rato salió Celia ya vestida y aseada con su habitual sonrisa de oreja a oreja y con un aire feliz que hizo que me espabilara definitivamente y me levantara del suelo en el que había dormido. 

-Buenos días, Kyle - me dijo canturreando y se acercó para darme un leve beso en la mejilla de buenos días.

-Buenos días - le dije algo sonrojado por aquellas muestras de cariño a tan temprana hora de la mañana - Te noto de buen humor.

-Sí, no sé por qué lo estoy, presiento que hoy va a ser un buen día. Además, es tu última mañana aquí, no debemos pasarla de morros.

-Tienes razón...

-Menuda novedad...- dijo y soltó una risita.

-Buenos días, chicos - dijo Manu que al fin había conseguido espabilarse mientras se rascaba los ojos quitándose las pequeñas legañitas que se le había formado en los ojos.

- ¡Buenos días, Manu! - dijo Celia a la que se le ensanchó la sonrisa aún más - ¿Qué tal has dormido?

''Manu, dios mío, como no te hayas dado cuenta de lo que siente Celia hacía ti creo que voy a llamar a un médico para que te revise la vista porque, vamos, eso o te pego una bofetada, a ver si de esta forma espabilas, genio''. Y es que, por muchas veces que lo haya dicho ya, jamás me cansaré de repetir lo mucho que me fascinaba el brillo en sus ojos al nombrar aquellas cuatro letras que forman el nombre del chico que se encontraba a mi derecha, como su voz se volvía más aguada a causa de la emoción y como sus dedos tamborileaban por los nervios.

- ¿Qué tal habéis dormido, chicos? - dijo él levantándose definitivamente del suelo.

-Yo, genial, la verdad. Muchas gracias por llevarme a la cama, chicos, me di cuenta esta mañana.

-No hay de qué, chiquitina - dijo Manu y la tocó suavemente la mejilla como solía hacer. - Bueno chicos, no me echéis mucho de menos, pero voy al baño.

-Oh, ¿nos abandonas? Ya lloro por tu despedida - dijo ella a modo de burla.

Él nos lanzó un beso al aire y se metió en el baño, cerrando la puerta tras él. Nada más desapareció de nuestro campo de visión Celia me miró entusiasmada y soltó un gritito de felicidad y emoción.

-Y ahora ¿qué te ocurre? - le dije riendo.

-Ya lo sabes, así que para qué ocultarlo más... - dijo acercándose a mí y cogiéndome en el brazo para dar pequeños saltitos de emoción. - ¡Le has visto lo mono que está recién levantado! Ay... hemos dormido en la misma habitación, no habré babeado mucho, ¿verdad?

-Jajaja, estás como una cabra - le dije entre risas.

-Puede, pero siempre seré un encanto - dijo ella guiñándome un ojo.

-Bueno chicos, ya estoy - dijo Manu saliendo del baño.

- ¿¡Ya!? - preguntó Celia asombrada.

-Claramente, normalmente hasta tardo menos - confesó Manu orgulloso y divertido.

-Pero si no sé ni cómo te ha dado tiempo a vestirte, dime que al menos te has aseado un poco.

-Te dejo con la intriga, los misterios os gustan a las chicas, ¿no?

-Qué asco das - dijo Celia poniendo los ojos en blanco.

- ¡Hala!, ya empezamos a insultar.

-Anda, chicos, voy a vestirme, ahora vuelvo - dije interrumpiendo su discusión y metiéndome en el baño.

Todos habíamos dejado nuestra ropa ahí la noche anterior, así que nada más entrar, cerré la puerta y cogí la camiseta y los pantalones que había colgado del perchero que habían colocado para las toallas. Eran unos vaqueros negros con las rodillas rasgadas y una camiseta azul oscura que tenía dibujada el símbolo de ''Greenday''. Me lavé la cara y me peiné el pelo con los dedos. También me cepillé los dientes ya que no estaba muy conforme con mi aliento aquella mañana y salí de allí.

- ¿Ves, Manu? Mírale a él como ha tardado, pero qué guapo y limpito viene - comentó Celia nada más me vio salir por la puerta.

-Basta ya, Celia, en serio, pareces mi madre - dijo él riéndose a más no poder.

-Pues mira, ojalá estuviera tu madre aquí para ver qué hijo tan cochino que tiene.

-Chicos, parecéis un matrimonio de ancianos - dije riendo.

-Ya le gustaría a él estar con alguien como yo - dijo Celia tocándose su cabellera imaginaria de manera que se notase que se estaba cotoneando.

-Lo mismo te digo, “mademoiselle”. - dijo él soltando un beso al aire.

- ¿Ahora te nos has vuelto francés o qué?

- “Oui,oui” - dijo Manu asintiendo con la cabeza.

- ¿Sabes decir algo más aparte de ''si''? - dije riendo junto a Celia.

-Eh...pasa-palabra - contestó él y abrió la puerta de mi habitación - El que llegue último es un pringado.

-Eso no vale - gritó Celia, pero ya era tarde porque nuestro amigo había echado ya a correr.

Celia echó a correr y yo la imité, llegamos los tres exhaustos a la puerta del comedor. Claramente el primero en llegar fue Manu, que nada más llegar a la meta empezó a hacer comentarios sarcásticos sobre nuestra velocidad y forma física. La segunda en llegar fue Celia, ya que había comenzado a correr antes que yo, pero solo me ganó en la carrera por una milésima de segundo.

-Eres un tramposo - le acusó Celia a Manu con una mirada asesina.

- ¿Yo? ¿Tienes pruebas? - me dijo con aire distraído.

-No, pero tengo un testigo - dijo Celia con superioridad mirándome y señalándome a mí. Manu se quedó mudo, seguro que no se esperaba aquella inteligente respuesta por parte de Celia.

-No hablaré a no ser que esté en presencia de mi abogado - dijo él sacándonos la lengua.

-Pero no te piques hombre - le dijo Celia riendo y dándole un cariñoso golpe en el hombro.

Finalmente entramos al comedor y nos servimos el desayuno. Cogí un par de tostadas y las unté con tomate y aceite. Celia en cambio se llenó un bol de cereales y Manu tomo un yogur y una manzana. Comimos sin apenas masticar o saborear, queríamos dar una última vuelta juntos antes de que vinieran a por mí. Nada más tragar el último bocado, nos levantamos apresuradamente y dejamos nuestras bandejas en sus respectivos lugares, aquella fue la última comida de hospital que pensé que degustaría.

Salimos a los patios traseros donde había una cancha de baloncesto y otra de fútbol y un pequeño espacio cubierto de hierba. Nos sentamos ahí, contemplando la pared trasera de aquel edificio blanco al que llamábamos hogar, aunque, a partir de aquel día, yo sería un mero invitado más. Celia estaba sentada al lado de Manu, su mano estaba apoyada en sus rodillas, pero se le notaba cómo moría de ganas por dejarla caer contra la de Manu, que sobre la hierba reposaba a menos de un metro de Celia. Debe de ser difícil estar enamorada de tu mejor amigo...

-Oye, Kyle, ¿quieres que echemos un último partidito antes de que nos abandones? - preguntó el moreno que llevaba ya un rato contemplando la cancha con deseo. 

-Claro, ¿preparado para perder? - le dije con una pícara sonrisa y aires de grandeza. 

- ¿¡Cómo?! - dijo él molesto, sabía que actuaría de aquella manera, el baloncesto para él era sagrado. - Prepárate para tragar tus palabras, listillo. 

Decidimos que Celia haría de árbitro ya que no quería jugar, no insistimos mucho ya que en el fondo ambos sabíamos que preferíamos que fuera un uno contra uno. Ya no era un simple juego, se había vuelto algo más personal, la última jugada, la definitiva. La primera canasta la metió Manu, seguida de una mía. Llevaríamos ya una media hora de partido cuando Celia declaró que el que marcara el siguiente punto ganaría el partido. Ambos estábamos empapados por el sudor y nuestra respiración era irregular y pesada, además, el sol brillaba en lo más alto, causando que el calor se multiplicará por dos y cansándonos mucho más.  Manu fue más rápido que yo y me quitó la pelota en cuanto di el primer bote. Vi cómo se alejaba de mí a la velocidad de la luz y cómo botaba la pelota con una agilidad sorprendente, como si se tratase de una parte más de sus extremidades, como si formase parte de su ser. Al verlo a pocos metros de la canasta supuse quién había ganado la partida. Manu con un rápido movimiento se impulsó hacia arriba, lanzó la pelota y... ¿¡FALLÓ!? La pelota había dado al aro, pero no había entrado dentro de la red. Cayó y comenzó a rodar por el suelo, yo aproveché y tras una carrera logré llegar hasta ella. La recogí y comencé a correr recurriendo a todas las fuerzas que me quedaban. Estaba cerca de la canasta, tan solo un tiro y sería el vencedor. Salté, apunté y... ¡Entró!

- ¡EL GANADOR ES KYLE! - gritó Celia con todo el aire de sus pulmones y aplaudiendo sin parar.

Yo sonreí y me pasé la mano por la frente tratando de quitarme algunas gotitas de sudor. Estaba realmente sorprendido, desde el principio había dado por supuesto que Manu ganaría, pero aquello, había sido tan inesperado... ¡Yo había sido el ganador! Me acerqué con una sonrisa de oreja a oreja hasta Celia y Manu, que se habían juntado. Se sentaron de nuevo sobre la suave hierba.

-Estoy agotado - dijo Manu y se acabó tumbando completamente en el suelo.

-Lo mismo digo. Por cierto, ¿quién se iba a tragar sus palabras? - le dije sacándole la lengua y luego sonriéndole.

-Calla, anda; es solo que hoy estoy cansado, que si no... - trató de excusarse él.

-Chicos, dejadlo ya, anda, ha estado divertido - dijo Celia, tratando de poner paz como siempre.

-Si, tienes razón - afirmé.

-Se va a echar de menos a un digno contrincante como tú por aquí - confesó Manu mirando hacia la cancha fijamente; después, se giró y me guiñó un ojo. - Esto va a estar aburrido sin ti.

-Oye, que yo no me voy a ningún lado. -le dijo Celia con mirada asesina.

- ¡Sí, sí...perdona; tienes razón! - dijo él y me articuló con su boca un ''socorro, llévame contigo''.

- ¿Con qué esas tenemos? - dijo Celia que lo había visto todo y ahora se hacía la enfadada y la ofendida. - Tienes tres segundos para huir.

Manu se levantó apresuradamente y echó a correr.

-1... 2... ¡3! - gritó Celia y se levantó de golpe.

- ¡Eso no son 3 segundos! ¡Has contado demasiado rápido! ¡Tramposa! - chilló Manu.

- ¿Ahora además me llamas tramposa? - dijo Celia mientras echaba a correr tras él.

- ¡Manu, huye! - le animé yo entre risas - ¡Como te coja eres hombre muerto!

- ¡Gracias! ¡Sin presiones por lo que veo! - dijo él sarcástico y poniendo los ojos en blanco, pero sin parar de correr.

- ¡De nada! ¡Siempre es un placer ayudarte, amigo! - le grité y me eché al suelo a causa de las risas. Y es que ver a Manu huyendo de Celia era muy cómico.

Tras unos 10 minutos así, Manu cayó rendido sobre la hierba. Celia aprovechó para tirarse encima de él, comenzar a hacerle cosquillas y a pellizcarle por todo el cuerpo.

-Para...Para...ya...- dijo Manu al que se le empezaban a salir las lágrimas causadas por la risa.

- ¿Cuáles son las palabras mágicas? - dijo ella imitando la voz de Manu que en tantas otras peleas la había preguntado aquello.

-No me...copies - dijo él sin parar de retorcerse bajo Celia.

-Creo que no estás en condiciones de ordenarme nada - dijo ella orgullosa de su posición en esos momentos. - Vamos, solo dos palabritas de nada, no puede ser tan difícil, ¿no?

-Vale, pero que...que sepas que esta no te la perdono - dijo él finalmente que sabía que como continuase así iba a estallar. -  Me rindo.

- ¡Bieeeen! ¡Lo dijo! - exclamó Celia alegre, saltando lejos de él y agitando sus brazos en el aire en señal de victoria.

-Relájate, anda, que no es para tanto, yo estaba agotado... - refunfuñó Manu humillado.

En eso, pude ver como se acercaba a nosotros un médico.

-Kyle, tu madre te espera. Despídete - anunció él. 

Gracias por leernos...

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