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Cuentos populares de Japón (1).

Las leyendas tradicionales son algo común a todas las culturas, pues el ser humano siempre ha sentido la necesidad de expresar sus sentimientos, o explicar los fenómenos que le rodeaban, o buscar respuestas para esas cosas que no comprendía cuando el pensamiento científico todavía no existía.

Con el paso del tiempo y el avance de la ciencia, estos relatos fueron desplazando su interés hacía otros temas y, por consiguiente, otros tipos de enseñanzas, sobre todo morales y éticas, aquellas de cuyas lecturas se pudieran sacar unas moralejas o consejos para un mejor comportamiento de las personas que las leyesen, o escuchasen, ya que por entonces no todo el mundo sabía leer, más bien ocurría al contrario.

Así que estas historias se extendían mediante la expresión oral, es decir, de boca a oreja, en muchos casos por medio de vates, trovadores, bardos, rapsodas o juglares, llamase como se llamase en cada zona a la persona que iba de pueblo en pueblo cantando y recitando estas leyendas, a cambio de dinero o comida, claro está, y esto era posible porque su autoría era anónima, lo que quiere decir que no se conocía quién se la había inventado o si era cierta o no, por lo que no existía ni el copyrighy ni los derechos de autor ni nada parecido, y por eso mismo, ahora podemos hacer de ellas nuestras propias versiones.

El caso es que, pasando más el tiempo, muchas de estas leyendas han sobrevivido como cuentos infantiles, pues en muchos casos sus estructuras narrativas, los personajes, así como las moralejas eran las adecuadas para ello.

Ya hace casi siete años hicimos una primera incursión en los cuentos populares del mundo con un artículo dedicado a Cuentos populares africanos, por Ana L.C. (os aconsejo que lo leáis), y ahora pretendemos ampliar la serie recorriendo el planeta, imaginariamente, claro, e ir recogiendo aquellas leyendas y cuentos que nos parezcan interesantes.

Y para ello hemos decidido comenzar con Japón porque, a pesar de ser uno de los países más avanzados del mundo, sigue manteniendo con fidelidad sus tradiciones, sus costumbres y su memoria, es decir, tiene un gran respeto por su pasado.

Y allí, en el pasado de Japón, hallaremos historias apasionantes y misteriosas, pero también cargadas de ternura y buenas enseñanzas, pues en Japón parece que los mitos todavía están vivos. Solo tenemos que ver su producción de mangas y dibujos animados.

Los cuentos populares japoneses tienen una fuerte influencia de la cultura china, por algo son vecinos, además de las normas tradicionales de conducta surgidas en cada una de sus islas. Estas historias siempre intentan enseñar valores importantes como la paciencia, la honestidad y el trabajo duro.

Los temas más utilizados por las leyendas japonesas son: la pareja de ancianos sin hijos, el niño lleno de fortaleza, la niña hermosa que crece para ser princesa, el diablo (Oni), los samuráis que cooperan con el héroe, los bosques, un animal que resulta ser un humano hechizado o alguna criatura con poderes sobrenaturales.

Pero comencemos con nuestra serie de historias, en esta ocasión os traemos tres breves relatos: Momotaro, Kaguya Hime y La mariposa azul:

LA MARIPOSA AZUL

Kiyoshi era un buen hombre, tranquilo, bondadoso y de gran corazón, haciendo honor a su nombre, el cual vivía feliz con su joven esposa, Fumiko, y sus dos pequeñas hijas en su sosegada granja de las montañas. Pero ocurrió que un día la bella Fumiko enfermó, muriendo al poco tiempo y dejando viudo al desconsolado campesino y al cargo de las dos niñas: Akiko, de doce años, e Hikaru, de diez, dos chiquillas inquietas que poseían una voraz curiosidad que les producía la necesidad de estar haciendo constantemente preguntas, a las que Kiyoshi, con pocos estudios, ya que siempre estuvo dedicado al trabajo de la granja, era incapaz de responder. Así que, tras darle muchas vueltas en su cabeza, decidió enviarlas durante un tiempo a la casa de Masaru, el sabio de la zona, para que las instruyera. Desde el mismo momento en que llegaron, las dos hermanas no cesaron de hacer preguntas a su nuevo instructor, el cual respondía a todas acertadamente. Acostumbradas las niñas a sentirse más listas que su padre porque no podía darles las respuestas correctas, comenzaron a hallarse inquietas con esta nueva situación, por lo que, tras discutirlo entre ambas, decidieron buscar una pregunta que el sabio no pudiera responder, pero ¿cuál?...

- ¿Qué podemos preguntarle que no sepa? – pensaba en voz alta HIkaru mientras Akiko torturaba las uñas de sus dedos a dentelladas – Es imposible, nunca encontraremos nada.

- Espera – dijo Akiko de pronto saliendo como el rayo de la habitación y dejando a su hermana con la palabra en boca.

Tardó más de media hora en volver y lo hizo sofocada y las mejillas como amapolas y con una cajita entre las manos.

- ¿Dónde has ido? – preguntó Hikaru.

- Al campo – respondió la otra abriendo un poco la cajita y mostrando su contenido: una linda mariposa azul.

- ¿Una mariposa? ¿Para qué has ido a cazar una mariposa? – preguntó la hermana pequeña intrigada.

- Para engañar a Masaru – respondió con orgullo la hermana mayor.

- ¿Para engañar a Masaru? ¿Cómo vamos a engañar a Masaru con una mariposa? – volvió a preguntar Hikaru cada vez más interesada.

- Pues es muy fácil – aseguró la otra. – Le mostraré mi puño con la mariposa dentro y le preguntaré cómo cree que está ella, si viva o muerta. Si responde que muerta, abro la mano y la mariposa sale volando, pero si responde que está viva, aprieto el puño y la mato, y así nunca podrá acertar.

Las dos hermanas celebraron su futuro éxito con risas y saltitos nerviosos de emoción, así que, no pudiendo esperar más, fueron a buscar a Masaru con la mariposa encerrada en el puño de Akiko. Lo encontraron en el jardín dedicado a sus lecturas de la tarde y le hicieron la pregunta:

- Masaru, tú que lo sabes todo, en mi puño llevo guardada una mariposa azul, ¿cómo crees que está, viva o muerta?

Masaru miró con benevolencia a la pequeña Akiko y con una pícara sonrisa respondió:

- Depende de ti, Akiko, ella está en tus manos.

FIN

KAGUYA HIME

Un día, un viejo campesino encontró a una hermosa niña en una planta de bambú. La llevó a casa y él su esposa la cuidaron muy bien, dándole el nombre de Kaguya Hime. Cuando creció se convirtió en una mujer muy hermosa, tanto que muchos príncipes querían casarse con ella, pero la hermosa joven los rechazaba a todos, pero para no ofenderles, les propuso algo imposible: que se casaría con aquel que consiguiera la piedra de cristal del cofre del dragón. Y allá que fueron todos los pretendientes a luchar muy duro contra el feroz dragón, pero ninguno pudo obtener la piedra que les permitiría amar a Kaguya Hime. Ella, sin embargo, no estaba feliz, y todas las noches se quedaba mirando la Luna mientras suspiraba llena de tristeza. Al verla así, se la partía el corazón al viejo campesino quien le preguntaba por la causa de su dolor, pero ella no le respondía. Aunque una noche le reveló su secreto:

- Padre – le dijo, - yo no soy de este mundo, yo pertenezco a la Luna y me perdí de pequeña en la Tierra hasta que usted me encontró, pero mi gente pronto vendrá a por mí para llevarme de vuelta a mi verdadero hogar.

El viejo se quedó muy dolido y juró que eso no lo permitiría nunca, así que contrató a varios samuráis para que protegieran a la joven e impidieran que se la llevaran la gente de la Luna, sin embargo, una noche de luna llena, llegó una gran comitiva desde el cielo estrellado y los samuráis se quedaron petrificados por lo que no pudieron evitar que se llevaran a Kaguya Hime en una carroza de alados corceles, pero no sin antes despedirse de quienes habían sido sus padres en la Tierra y agradecerles todo su amor.

Dicen que a Kaguya Hime le gustó tanto la Tierra que en las noches de luna llena regresa para pasear entre los bosques.

FIN

MOMOTARO

Érase una vez una anciana que fue a la orilla del río a lavar la ropa y se encontró un enorme melocotón flotando en el agua. Ella lo cogió y lo llevó a casa para mostrárselo a su marido, quien intentó cortarlo por la mitad, pero al hacerlo, descubrieron que en su interior había un niño, al que llamaron Momotaro quien, cuando creció, se convirtió en un joven poderoso.

La aldea donde vivían los ancianos y Momotaro era visitada, de vez en cuando, por unos diablos que habitaban en una isla cercana y los destruían todo y robaban sus animales y cosechas, por lo que Momotaro decidió enfrentarse a ellos.

Antes de partir hacia la isla de los demonios, la anciana le preparó unas albóndigas mágicas que daban, a quien comía una, el poder de cien personas juntas. Momotaro las cogió y partió a cumplir su empresa.

Al poco de comenzar el camino, se le acercó un perro que parecía hambriento, Momotaro le dio una albóndiga y el perro decidió acompañarle. De la misma forma, se le añadieron un mono y un pájaro de múltiples colores.

Los cuatro juntos zarparon en un pequeño barco y se dirigieron hacia la isla de los demonios. Cuando ya estaban llegando, una espesa y oscura niebla se ciñó sobre ellos y los gritos que llegaban desde la isla les ponían los pelos y las plumas de punta. Al llegar, se dieron cuenta de que eran muchos los demonios que les esperaban, por lo que Momotaro propuso:

- Contra todos no podemos luchar, pero si vencemos a su jefe, los otros se rendirán.

Así que lo primero que hicieron al poner sus pies y patas sobre la arena de la isla fue buscar al jefe de los demonios. Cuando dieron con él, el perro se lanzó a morderle una pierna, mientras el mono le arañaba la espalda y el pájaro le picaba en los ojos, por lo que fue soncillo para Momotaro sacar su catana y matar al jefe de los demonios. El resto, al ver caer a su jefe, se rindieron prometiendo no atacar nunca más la aldea y, en compensación por los anteriores ataques, les entregaron su tesoro.

Cuando volvieron a la aldea, todo el pueblo los recibió como héroes a Mamotaro, al perro, al mono y al pájaro de múltiples colores.

FIN

Gracias por leernos...

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