ESPEJOS A RAS DE SUELO: El proceso

Un trabajo de…

“Alguien debió de haber calumniado a Josef K., puesto que, sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana…”

                                      El proceso,

Franz Kafka

 

 

 

         El proceso es una novela de Franz Kafka, que se publicó póstumamente, como casi toda su obra, gracias a que su amigo Max Brod incumplió la última voluntad de Kafka de quemar todos sus escritos.

        

         Últimamente escuchamos a menudo la palabra “proceso” o “procés” acompañada de complementos alternativos: “catalán”, “soberanista”, “independentista”, “rupturista”…

         Cuando suprimimos los adjetivos nos queda el nombre descarnado, ése que se hace común a todos los mortales (sólo los héroes son mortales; los dioses son los que poseen la inmortalidad). Y, de repente, el proceso se refiere a eso que vivimos todos cada día; se convierte en algo que contiene y es contenido; se convierte en la mañana que despierta tras una pesadilla o un sueño plácido… en la metamorfosis del gusano o del adolescente que deja atrás su piel de niño para vestir su piel de lobo… en la transformación del magma en rocas… en la transmutación de la harina y el agua en pan… en la disolución del azúcar en el café con leche… en el deshielo de los anhelos y la disipación de las dudas…  en el paso a paso diario, cotidiano, ordinario, común y corriente, que acontece y nos acontece… en las rupturas y en los crecimientos… en los encuentros y las sincronías… y en las emancipaciones…

Yo miro el “proceso catalán” como un proceso de emancipación. La emancipación es un proceso adolescente que se vive en la adolescencia; aunque a menudo queda atrapado en algún lugar de la existencia humana y no aflora hasta mucho tiempo después, cuando dejamos que las aguas sigan los cauces marcados. No siempre tenemos voluntad y corazón dispuestos a asentir a los procesos que ya hace tiempo que se han encarnado.  Cuando somos adultos y revivimos los procesos de emancipación adolescente debemos hacerlo con cuidado porque actualizarnos no implica “regresar” a la adolescencia intentando embutirnos en un pantalón o colocándonos pociones mágicas que nos hagan crecer el pelo o limar las arrugas… Actualizar la emancipación que quedó atrapada en los resquicios del impasse adolescente no implica zarandearnos en búsqueda de aprobaciones externas y en mostrar y demostrarnos que permanecen intactas nuestras dotes de seducción…

Quizá, nuestro proceso de emancipación personal necesita ser mirado con afecto, validado en sus retrasos y en sus presencias; quizá necesitamos mirar nuestros anhelos y darles el lugar que tienen, desde lo que han sido, y atender las necesidades que ahora toman forma en nuestra vida adulta. Quizá no es momento de aparentar juventud; sino, momento de disfrutar del adulto que está en nosotros.

Sigo con atención las intervenciones de los políticos en el “proceso catalán” y oscilo entre el escándalo y la mueca. No puedo evitar ver reflejada en todo ello la vivencia diaria  con los adolescentes en el aula. A veces salgo de clase como si un trozo de manzana se me hubiera atragantado en la garganta, y busco con la mirada un príncipe que me salve de mi angustia. Y otras los miro divertida mientras se sienten dueños del mundo y se dejan perder en las miradas…

         Sin embargo, cuando estos procesos los veo en los adultos, me cuesta asentir al proceso de la vida; lo reconozco. Y el desorientado trozo de manzana se me instala en el estómago y me provoca un espasmo que recorre las líneas divisorias de la dignidad y la paciencia. Me cuesta mantener la mirada en los políticos que flirtean tras haberse denunciado. No sé si es que no entiendo el código de los parlamentos; no sé si ya no importan las palabras; no sé si a las palabras ya no les importan los significados…

 

         En el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como “la vida en común, los acontecimientos comunes…” Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.

Todo indica que lo poetas tendrán siempre mucho trabajo.

 

                            Wislawa Szymborza,

fragmento del discurso como Premio Nobel, en 1996

Lo curioso es que no puedo dejar de pensar en las personas que creen en los procesos, más allá del traje que se vista, de la falsa sonrisa que se esboce; más allá de las amenazas catastróficas y las falsas lealtades; más allá de los números que disfrazan las estadísticas; más allá de “Halloween”… Son personas que pasan inadvertidas porque viven con los pies en la tierra que pisan y saben distinguir entre sus raíces y las flores que germinan. Y no estoy hablando en abstracto. Estoy citando a la gente que he tenido la suerte de encontrarme en mi camino, y que forman parte de mi propio proceso. Estoy hablando de la gente que vive y saborea la tierra y no se llena la boca de préstamos léxicos ni silencios obtusos. Gente que mira; gente que muestra; gente que expresa.

 

         Del montón                                              

 

Soy la que soy,

casualidad inconcebible

como todas las casualidades.

Otros antepasados

podrían haber sido los míos

y yo habría abandonado

otro nido,

o me habría arrastrado cubierta de escamas

de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza

hay muchos trajes.

Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.

Cada uno, como hecho a medida,

se lleva dócilmente

hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,

pero no me quejo.

Pude haber sido alguien

mucho menos personal.

Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,

partícula del paisaje sacudido por el viento.

Alguien mucho menos feliz

criado para un abrigo de pieles

o para una mesa navideña,

algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,

al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada

por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella

que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,

o solo asco,

o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido no en la tribu debida

y se cerraran ante mí los caminos?

El destino hasta ahora ,

ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado

recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado

de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,

lo que habría significado

ser alguien totalmente diferente.

 

                   Wislawa Szymborza

Cuentan que a finales del  S. XII El Cid vivió el proceso de la pérdida y recuperación de su honra. Que se lo cuenten a doña Jimena.

Cada día vivimos el nuestro. Tanto si somos catalanes como si no. Yo intento que mis alumnos descubran que no sólo pueden vivir procesos de honra, sino también de honor. Intento abrir cauces que favorezcan sus propias vivencias de emancipación. Sé que a veces los procesos son kafkianos y que algunas personas que viven de la política  nos ofrecen a diario ejemplos de enunciados perifrásticos y eufemísticos, y hablan de “personas de color negro” y personifican los adverbios... Existe el “no tranquilo”, aunque otros prefieran el “sí intranquilo”.  No hay más que asomarse a los parlamentos para encontrar ejemplos de sobra sobre lo que la gramática textual denomina falacias argumentativas. Yo soy adicta a estos enunciados que me ofrecen innumerables ejemplos de la diferencia entre la comunicación que prioriza el mensaje o la que prioriza la relación. Supongo que otros encontrarán aquí mismo ejemplos de esquizofrenia y /o de modos varios de sobrevivir.

         El proceso “catalán” me está despertando muchos monstruos. No todos vienen de lo tenebroso; algunos son divertidos, aun cómicos. Me sorprende observar cómo se mezcla lo rancio con lo añejo; lo anticuado con lo ancestral. Me sorprende tanto que se confunda la libertad con la independencia, los permisos con los privilegios… las personas con los votos…

De cualquier modo no podemos olvidar que todos los procesos individuales nos llevan a lo global, que lo fractal está integrado en lo sumativo… y al revés. El propio F. Kafka, de quien se cuenta que tenía una imaginación desbordante, invirtió su energía y su talento en integrar su proceso personal en el proceso amplio del mundo literario. Así nos lo cuenta Guillermo Sánchez Trujillo en su libro Crimen y castigo de Franz Kafka. Según sus investigaciones y estudios, F. Kafka se inspiraba en los grandes escritores que admiraba y utilizaba citas de sus novelas integrándolas de forma magistral en sus obras otorgándoles de esta manera un orden y un sentido. Hay quien dice que F. Kafka “copiaba”. Es posible que pueda nombrarse así. Yo en ocasiones he llegado a sentir que mi vida era una “copia” de no se sabe qué original.

         Quizá nuestras vidas y procesos personales no sean más que palimpsestos. El palimpsesto es un texto antiguo escrito sobre un pergamino. El nombre originario es “palimpsesto de Arquímedes” y se refiere a un texto antiguo escrito en griego sobre otro anterior en pergamino, que en su origen fue una copia en griego de diversas obras de Arquímedes. Con posterioridad fue borrado rudimentariamente y usado para escribir salmos y oraciones de un convento.

         Lo palimpsestos me recuerdan de algún modo los pentimentos en las obras de arte. Me sorprende ver cómo nuestras vidas dejan traslucir lo que ya ha sido escrito o pintado, y hay alguien que “decide” qué orden es el importante.

         Arquímedes vivió en el S.III a.C. El palimpsesto no fue escrito hasta el S. X por un escriba anónimo. Y en algún momento del S. XII el manuscrito fue desvelado de nuevo; las hojas fueron dobladas y reutilizadas para contener un texto litúrgico. La obra de Arquímedes fue recuperada, gracias a que el borrado no fue completo y gracias también al trabajo científico y académico realizado entre 1998 y 2008 utilizando métodos de procesamiento digital.

         No puedo dejar de sonreír al descubrir que alguien en un momento dado priorizó los salmos y las oraciones de un convento sobre el equilibrio de los planos, las espirales, la medida del círculo, la esfera y el cilindro, los cuerpos flotantes, el método de los teoremas mecánicos… Y sigo sonriendo cuando imagino la cara de los que descubrieron estas discriminaciones.

         No sabría decir si el proceso “catalán” es el pergamino o el palimpsesto.  Me cuesta determinar qué se esconde tras el pentimento. No sé si en la distancia estas caras de algunas personas que se ganan la vida con la política me harán sonreír más tarde cuando el tiempo coloque sus arrogancias en coches descapotables; pero, ahora, mirando las sendas comunes que se nos muestran y expanden sólo me queda una mueca, que no me atrevo a decir que sea sonrisa.

         Mi madre solía decir: “¡Dios mío, qué cosas hay que hacer para ganarse la vida!”

Gracias por leernos...

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