MEZCLANDO COLORES: La noche estrellada.

Un trabajo de…

“Y soñó otro sueño más y les dijo a sus hermanos: ‘Mirad, yo he soñado un sueño y en él el sol, la luna y las once estrellas me hicieron reverencia.’”

Génesis 37:9

La noche estrellada, (De sterrennacht, en neerlandés), es un óleo sobre lienzo de 73,7 cm de alto por 92,1 cm de ancho, creado por el pintor postimpresionista Vincent van Gogh hacia el año 1889 en el sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence, Francia, y que actualmente se conserva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Estados Unidos de América.

Van Gogh se recluyó en este establecimiento unos meses antes de su suicidio y tras la fuerte discusión mantenida con su amigo Gauguin, que fue la causa de se cortara el lóbulo de la oreja. En el sanatorio comenzó a tener ataques epilépticos y alucinaciones, aunque no le dieron ningún tratamiento para ello, y se volvió violento con las otras personas, llegando incluso a ingerir pintura por lo que sufrió una fuerte intoxicación. Normalmente pintaba en el jardín del centro, entre los cipreses, pero este cuadro lo hizo desde la ventana de su habitación, durante el día y de memoria, recordando lo que veía por las noches y utilizando óleo humedecido y pinceles finos.

Esta obra es considerada como una de las más importantes y conocidas del pintor habiendo sido reproducida en multitud de ocasiones, pero sobre todo hay algo en ella que atrae e intriga a las personas que la observan, aunque siempre de manera diferente dependiendo del espectador, y es que dentro de la pintura existen multitud de detalles que nos pueden dar suficiente información para justificar su gran popularidad y convertir esta obra en una de las más sólidas y fascinantes realizadas por Van Gogh, pues en muy pocas mostró la naturaleza con tanto vigor y energía.

Veamos:

El cielo nocturno está surcado de nubes en movimiento espiral que da la sensación de ser rápido a causa del viento, lo que contrasta con el estatismo y la fuerte luminosidad de las estrellas y de la luna creciente, dibujadas de forma hiperbólica acrecentando su magnetismo. La oposición entre la movilidad y la quietud crea un efecto hipnótico hacia los ojos del espectador, quien se ve obligado a seguir las curvas y detenerse en cada punto luminoso creando un efecto relajante y placentero.

A los pies de las onduladas colinas se adivina un pequeño pueblo demediado por la torre de la iglesia dándole un sentido de estabilidad y donde se respira paz, tranquilidad y calma… sensación acrecentada gracias a la vaguedad de las formas, a los colores fríos y oscuros y las ventanas cálidas e iluminadas, que pueden evocarnos recuerdos de momentos acogedores en nuestros hogares de la infancia. La sombra de las montañas aporta los conceptos de distancia, aislamiento y tamaño.

Los árboles de la izquierda, tal vez cipreses, forman una estructura enorme y oscura que nos facilita el sentido de profundidad sin apoyarse en las clásicas normas de la perspectiva, sino por la simple oposición entre cipreses y pueblo; sus líneas curvas descubren el viento que revuelve las nubes y su volumen indefinido en primer plano crea una sensación de recogimiento, como si estuviéramos escondidos detrás y oteásemos desde su amparo todo el paisaje. Otra función de estos cipreses, junto con la torre de la iglesia, es crear un claro contraste de verticalidad con la horizontalidad del resto del paisaje, convirtiéndose en el puente que une la tierra con el cielo.

En toda la pintura predominan las líneas curvas, marcando movimiento que atrapan la vista del espectador, y las pocas líneas rectas son las que dibujan los contornos de las casas que, además, están delineadas en trazos más gruesos, igual que las montañas, dando la sensación de ser un dibujo de una vidriera medieval, técnica ésta que se denomina cloisonnismo y era muy utilizada por Gauguin.

Con los colores Van Gogh era una maestro a la hora de expresar emociones, por ello rara vez se correspondían con la realidad sino con sus sensaciones y las connotaciones que le inspiraban. En este cuadro trabaja solo con dos, el azul, para el pueblo y las montañas, y el amarillo, para las estrellas y la luna con sus correspondientes destellos, utilizando un amplio abanico de gamas y jugando con los complementarios, como el verde, sobre todo en los árboles. Estos colores son aplicados sin uniformidad, mediante pinceladas largas y decididas con las cuales define los contornos al igual que rellena los elementos.

Lo curioso es que el paisaje representado en el cuadro no se corresponde en todo con el existente en aquel momento, pues si por un lado eran reales las montañas, Les Alpilles, y la colocación de los astros celestes: Aries, Luna, Venus…, por otro aparecen elementos en la pintura totalmente inventados, como el pueblo, pues allí solamente había alguna que otra casa de campo aislada y la enorme aguja de la iglesia más típica de sus nativos Países Bajos que de aquella comarca francesa, templo que además no coincidía en la situación exacta de la iglesia de Saint Martín, que se encuentra al Norte del sanatorio y no al Este como aquí se representa.

Ésta no fue la única obra de Van Gogh sobre el tema de la noche estrellada, pues, por ejemplo, una año antes, desde que llegó a Arlés allá por febrero de 1888, comenzó a interesarse por los efectos de la noche, tal como le dijo a su hermano Théo en una carta: “Necesito una noche estrellada con cipreses o, tal vez, por encima de un campo de trigo maduro.” Sobre la misma obsesión le hizo también un comentario al pintor Emile Bernard: “¿Cuándo haré el Cielo estrellado?... Ese cuadro siempre me preocupa.” Pero pronto lo consigue y en septiembre de ese mismo año pinta primero La terraza de un café sobre la plaza del foro en Arlés y poco después La noche estrellada sobre el Ródano.

En La noche estrellada sobre el Ródano encontramos algunas cosas en común con la obra que nos ocupa: Las estrellas aparecen rodeadas por su propio halo de luz, la reflexión de las luces artificiales de Arlés sobre las aguas del río crea la sensación de movimiento, los edificios en la distancia también tienen ventanas iluminadas y sin embargo esta obra aporta otro elemento que no aparece en La noche estrellada, me refiero a las figuras humanas, una pareja, hombre y mujer, paseando por la orilla del río que aparece en la esquina inferior derecha de la pintura.

Otro de los cuadros con estrellas fue, pintado también en Arlés y en 1888, aunque las semejanzas con la obra que comentamos son bastante más tenues, pues las estrellas son menos luminosas y carecen de halo, la atención se fija más en el muro y el toldo amarillos del bar, el equilibrio se establece mediante el contraste claro oscuro de cada parte del lienzo, izquierda o derecha y las figuras humanas captan toda la atención del centro de la imagen y dan la única sensación de movimiento.

Sin embargo en ninguno de ellos encontraremos la expresión de la violencia interna que estaba viviendo Van Gogh a causa de su psiquis perturbada, con árboles como llamas y un cielo de estrellas arremolinadas sobre un cielo inquietante, que tal vez estaba avisando de los que ocurriría el 27 de julio de 1890, con tan solo treinta y siete años, cuando se quitó la vida de un disparo en el pecho. En su última carta a su hermano antes de morir le dejó escrito: “Yo arriesgué mi vida por mi obra, y mi razón destruida a medias.”

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